Del otro lado| Social | P.R.
#1
Día 34, Año 18.
Verano.
Hora: 9:30 p.m.
Navegando hacia Isla Chika.

vestimenta




La noche sobre el mar siempre había tenido algo especial para mí, me recordaba a esos viajes largos con los que salía a pescar junto a mis hermanos y mi padre, recuerdo incluso como pasaba horas en la baranda observando el horizonte morir antes del anochecer, quizás era la inmensidad del cielo cubierto de pequeñas luces lo que atraía toda mi atención, o tal vez aquella calma que solo podía encontrarse cuando no había tierra a la vista, era el sonido de las olas golpeando suavemente contra el casco mientras avanzabamos en la planicie inmensa de aquella corriente, como una melodía constante que no necesitaba de ningún instrumento para ser escuchada, y quizás por eso me gustaba navegar.

Era simplemente dejándonos llevar por el océano mientras el barco atravesaba aquella inmensa oscuridad nocturna, y en esta noche… me encontraba sola en el camarote de las mujeres.

Merlot había tomado el control de la navegación por lo que era mi turno de descansar, Maki seguramente estaría terminando alguna de sus revisiones al barco y, por lo que imaginaba, Hyák y Barto se habrían retirado a sus respectivas habitaciones. El silencio del camarote terminó siendo incluso más profundo que el del exterior, me alejé de la ventana y terminé sentándome nuevamente en el suelo, apoyando la espalda contra el borde de la cama, como si volviese a concentrarme en algo importante.

A mi alrededor había hojas por todas partes, partituras, algunas estaban apenas comenzadas, otras tenían fragmentos tachados una y otra vez, pequeñas notas escritas en los márgenes y correcciones, que después de tanto insistir, ya ni siquiera sabía si tenían sentido salvar lo escrito. Contemplé los pentagramas durante unos segundos, y nada, la melodía seguía sin convencerme en lo más mínimo.

Dejé escapar un suspiro pesado y llevé la mirada hacia la cama, allí estaba Amphitrite, descansando dentro de su estuche abierto, como si esperara pacientemente a que dejara de darle vueltas a las cosas y volviera a tomarlo entre mis manos, quería de verdad pronto tocar música, pero no el mismo repertorio de siempre… no quería estancarme en algo sencillo y monótono.

Quería una melodía que pudiera recorrer el barco durante la noche y convertirse en mi pequeña forma de decirles “buenas noches” a todos mis nakamas, pero… cuanto más lo intentaba menos conseguía encontrar aquello que buscaba. Quizás no me faltaban ideas, quizás simplemente había dejado de escuchar mi corazón, mis emociones, ¿desde cuando me volví egoísta?, fruncí los labios y desvié la mirada — ¿Será un bloqueo artístico…?

Necesitaba despejarme, fue entonces que recordé el periódico que había comprado en el último puerto, quizás leer un rato conseguiría distraerme lo suficiente como para recobrar la inspiración perdida, busqué entre mis cosas hasta encontrarlo y comencé a pasar las páginas una tras otra.

El periódico estaba lleno de noticias que sinceramente no despertaban demasiado mi interés, Yojimbo aparecía nuevamente entre los artículos, seguido de una extensa nota sobre la muerte de un miembro de la marina, alguien llamado Tucrow, hablaban de sus recientes hazañas de sacrificio, para ser sincera… apenas comprendía que pasaba, continué leyendo sobre algo de consejo de guerra y con eso fue suficiente para desconectarme de continuar leyendo, pasé de largo, no tenía ganas de leer sobre facciones en esta noche… — Definitivamente esto no está ayudando… — Pasé a otra página, una más, otra más, comencé a hojear tan rápido que ya no leía los encabezados.

Entonces me detuve precisamente en una palabra que resaltaba entre el resto, al menos para mí… y eso era… Música.

Mis ojos se iluminaron de inmediato con esperanza, volví sobre la página y la abrí por completo, allí había un anuncio acompañado por la fotografía en blanco y negro de un hombre que llevaba unos curiosos lentes con forma de corazón y una sonrisa llena de carisma y seguridad, era imposible de ignorar, comencé a leer con atención aquel articulo.

— ¿Te sientes aburrida? — reflexioné un poco, mirando el techo unos segundos para comprobar mi estado de ánimo — Quizás un poco.. sí.

— ¿Sola?.... — continué leyendo en voz alta, me quedé pensativa mientras miraba a mi alrededor, efectivamente estaba sola. — Pues no hay nadie aquí….

Mis ojos continuaban descendiendo por el anuncio hasta encontrar una frase que me hizo detenerme, incluso parpadeé un par de veces al desconcierto… — ¿Necesitas que alguien encienda la chispa del amor?... ¿Amor?

Incliné ligeramente la cabeza, confundida, aquello no parecía tener demasiado que ver con lo que estaba buscando pero debajo de aquellas palabras apareció finalmente lo que había llamado mi atención, Garnet Matlock, la futura estrella musical… — ¡¿Es artista?! — La emoción me hizo que apretara el periódico entre mis manos, de repente, toda mi frustración de hacía unos minutos pareció desaparecer por algo más que curiosidad, era esperanza, cómo encontrar el mejor de los tesoros del planeta, alguien de mi mundo.

Seguí leyendo con tanta rapidez que casi saltaba las demás líneas, estaba el apartado de su contacto directo — ¡Aquí! — dije con una sonrisa de emoción mientras dejaba el periódico a un lado y busqué tan rápido como pude mi Den Den Mushi Visual — Solo será un momento, permíteme usarte, ¿sí? — tomé al pequeño caracol blanco y comencé a marcar los números que aparecían en el anuncio, y mientras esperaba a una señal del otro lado de la línea telefónica, me quité el sombrero y acomodé los primeros mechones de mi pelo naranja, tratando de verme presentable frente a la cámara.

Estaba a punto de hablar con una superestrella, ¿y si realmente podía ayudarme con mi bloqueo músical?, quizás pudiera contarme que hace cuando pierde la inspiración, ¿tendrá algún instrumento favorito como yo con Amphitrite?, ¿qué estilo de música será su preferido? ¿de qué manera plasma sus sentimientos en la música?, en este momento mi cabeza comenzaba a llenarse con miles de preguntas, quería saberlo todo… TODO sobre él.

El Den Den Mushi comenzó a sonar con el típico sonido de los caracoles, el tan famoso “pere, pere, pere, pere”, me quedé completamente quieta, mis ojos se fijaron en él mientras una pequeña sonrisa aparecía en mi rostro, mi corazón comenzó a llenarse de aquella extra mezcla de emociones entre curiosidad y nerviosismo.

Finalmente, cuando la llamada fue contestada… escuché el tan esperado…

Gotcha.
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#2
La quietud de la noche reinaba, sorprendentemente en el Solar Karma. La luna, en lo más alto de la oscura bóveda celestial, bañaba con su tenue luz las costas de Punk Hazard, dónde se encontraba anclado el galeón insignia de los Alas Negras. Garnet Matlock, por su parte, estaba tumbado en la cofa del palo mayor del navío, sintiendo con su cuerpo semidesnudo - pues tan sólo cubría su trabajado y curtido cuerpo un humilde tanga de color morado - la brisa marina.- Hace una noche de locura máxima, ¿es o no es? - comentó al aire, observando al noche estrellada en calma, para variar. Hacía escasos minutos que ya había preparado la cena para todos sus amigos - y los 700 prisioneros que se habían acoplado en la isla bajo las alas de Yojimbo - y, por supuesto, cenado, llevando o la fiesta a otro lado o introduciéndose cada uno en sus camarotes.

La mera visión estelar que el propio cielo le regalaba a Garnet, hacía que le corazón del músico latiera con fuerza y motivación. Había algo que le impulsaba en ese momento a moverse. - El menda quiere tocar música. - sentenció, levantándose del sitio hasta ponerse de pie en lo más alto del galeón, subiéndose al borde de la cofia para, seguidamente, flexionar sus piernas y, en ese preciso instante, ejecutar un salto que le llevó a aterrizar en la cubierta del barco.- ¡Alehop! - exclamó a la nada el pelirrojo, mirando a su derredor. No había ni un alma. Se encogió de hombros y se dirigió camino hacia su camarote, con la intención de encontrarse con su más buen amigo y compañero, Sabertones.

Nada más entrar en la habitación, pudo ver su cama un tanto revuelta, al mismo tiempo que encima de su escritorio había una pila de wanteds, así como papeles a diestro y siniestro que contenían varias de las composiciones en las que el pelirrojo había estado trabajando. Ciertamente, su momento artístico, en lo que a creación respectaba, iba viento en popa, y con los proyectos que tenía en mente el skypiean junto al resto de sus hermanos... Estaba claro que prontamente su camino hacia el estrellato. O eso quería creer. Miró con cierta resignación hacia el Den Den Mushi que había comprado para atender las llamadas de la línea caliente. Perfectamente podían haber transcurrido semanas, incluso un mes... Y aún no había atendido ninguna llamada. El pelirrojo suspiró, llevando sus manos a las caderas.- Relaja la raja Garnet... Ya llegarán las titis, ¿es o no es? - se intentaba convencer a sí mismo de que publicar aquel anuncio no había sido ninguna pérdida económica importante.

~Pere pere pere~


De repente, y como si el destino quisiera darle una nalgada en el trasero, el Den Den mushi que había apoyado sobre el escritorio comenzó a sonar.- ¡Pero qué! - Se sobresaltó, abriendo los ojos de par en par.- ¿Está pasando lo que el menda cree? - ahora pestañeaba perplejo.- PUEJEJEJE ¡Y UNA POLLA COMO UNA OLLA! ¡¿ME ESTÁN LLAMANDO!? - esbozó una amplia sonrisa corriendo directo como un condenado hacia el escritorio, sentándose en la silla que había entremedias, no sin antes cerciorarse de que estaban al alcance tanto el Den Den Blanco como el propio Den Den Visual por si pagaban la tarifa con cámara. Garnet se sentía ansioso, nervioso, ¡era su primer cliente! ¿Cómo le iría? ¿Cómo sería? ¿Qué le pediría? Y más importante aún.- ¿Con qué frase épica le respondo a la llamada, huh? - se preguntaba mientras conectaba el Den Den Mushi Blanco al Den Den normal, para que no hubiera ningún cotilla que interceptara la llamada. Era esencial descolgar la llamada con una catchphrase pegadiza que invitara al cliente a quedarse expectante de la conversación.- Como sea, ¡no puedo esperar más para responder! - la ansías le pudo por completo, llevando su diestra al receptor del caracolófono, descolgándolo al momento.

Gotcha

- ¡Garuneto al "sex-apareto"! ¿Es o no es? - exclamó con una sonrisa nerviosa y una voz seductora, que se desvaneció al momento, llevando su mano izquierda directa a su rostro, resonando el choque del palmeo.- Bravo, Garnet... ¿No tenías nada mejor o qué? - se regañó mentalmente, con una cara de claro disgusto mientras apartaba su mano de su faz. - Dime, neko-chan, ¿qué es lo que...? - Iba a terminar de formular la pregunta cuando, desde el Den Den Visual que tenía conectado al Den Den Mushi, se activó la cámara, proyectándose la imagen en la pared dónde quedaba apoyado el escritorio.- ¿Huh? ¿Una llamada con Den Den Visual? - pensaba el pelirrojo, mientras se terminaba de formar la imagen proyectada.

En el momento en el que la imagen finalmente se proyectó, Garnet pudo observar el rostro y cabeza de una mujer joven. Tenía una larga cabellera de color naranja, sobre cuyo lado derecho de su cara recaía parte de su flequillo. Las facciones de su cara eran delicadas, suaves y aún así llamativas, destacando por encima de todo esos enormes y radiantes ojos de un color tan intenso como el océano, que entraban en sintonía a la perfección con sus pendientes, que poseían forman de estrellas. Tanto el tamaño de su nariz como sus cejas eran sutiles y de rasgos finos, lo que le dotaba de una mayor elegancia, elegancia que quizás contrastaba con la tímida sonrisa que se dibujaba en su cara. En una primera instancia, era lo único que pudo ver en la proyección, pues no se divisaba nada más, ni de sus ropajes ni del resto de su cuerpo. Pero sólo con eso ya era suficiente como para romper a Garnet. Era preciosa. Y por alguna razón le suena haberla visto en algún lado, pero no reparaba dónde y de qué.

- Puejejeje. - Comenzó a reír de esa manera tan suya, los ojos ya se le habían transformado en dos corazones.- Espero que hayas llamado para que te diga toda clase de guarrerías, ¿es o no es? - dijo en una primera instancia, dándose cuenta de que esa no era manera de tratar a la clientela.- ¡Relaja la raja, Garnet! ¡No puedes perder el tipo cada vez que aparezca un bombón caído del cielo! - exclamó hacia sus adentros, mientras meneaba su cabeza hacia los lados para centrarse. Tras eso, volvió a enfocar su mirada en la chica de ojos celestes.- Perdona por lo antes, neko-chan, ¡palabra del rock and roll que no volverá a ocurrir! - se disculpó de corazón, encarando la palma de su mano izquierda hacia el den den.- Verás, antes de que sigamos, te masticaré un poco todo como parte del... -
Se quedó pensativo por un segundo, desviando su mirada hacia el techo.- ¿Protoculo? - Le dio vueltas a la palabra que estaba buscando, chasqueando los dedos de su zurda tras dar con la respuesta.- ¡Protocolo! ¡Eso es, puejé! - dijo tras dar con la tecla, volviendo a fijar su mirada hacia la hermosa mujer.- Estaremos charlando hasta que tú quieras o hasta que el dinero te permita pueje, sobre cualquier cosa que quieras. - informó, acercando su diestra a su boca y, por consiguiente, el receptor de la llamada.- Las llamadas son privadas y codificadas, así que nadie podrá coscarse de nada de lo que hablemos, ¿es o no es? - dijo con un tono más bajo y seductor, como dando a entender que podrían decirse toda clase de cochinadas.- También, el cliente decide si quiere hacer una llamada normal o una con imagen cosa que... - miraba fijamente hacia el rostro de la chica, sintiendo como sus mejillas se sonrojaban.- Me da que ya tienes más que claro. - añadió, pasando a carraspear.- Así que... ¿Será un llamada con Den Den Visual, no? Y, ¿cuál es el motivo de su llamada, neko-chan? ¿Podría el menda saber tu nombre? - preguntó, esperando a sus múltiples respuestas, expectante para saber como abordar la primera de sus llamadas. Ciertamente, estaba nervioso.

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#3
Del otro lado…

Escuché una voz ciertamente animada, acompañada de una presentación tan llamativa que me tomó completamente con la guardia baja, incluso parpadeé un par de veces mientras procesaba sus palabras iniciales, y un breve silencio se hizo presente, llevándome a pensar que quizás la recepción de la llamada no era tan buena, y claro, estando dentro de la habitación en medio del mar tal vez no había sido tan buena idea realizarla desde allí.

— Uhmmm … — murmuré, aguardando algún sonido, cualquier indicio de que la comunicación continuaba, me parece haber escuchado la voz de un hombre adulto, ¿sería la persona del afiche o algún representante?

Hasta que finalmente escuché su voz nuevamente, pronunciándose por toda la habitación y logrando que mi atención se mezclara con la incertidumbre del momento, entonces soltó una pregunta que me hizo sentir escalofríos desde la cintura hasta la nuca, como un una corriente eléctrica ascendiendo por mi cuerpo, ¿una propuesta sugestiva?, espera… ¿esto era a lo que se refería con una línea “caliente”?, pronto mi rostro, e incluso el resto de mi cuerpo, comenzaron a tornarse en tonos cálidos, un sonrojo notorio que se extendió por mis mejillas mientras la vergüenza y nerviosismo me inundaba por completo, llevándome a cubrirme la boca con la diestra como si con eso podía disimular la incomodidad que ahora sentía — N-n-n-no… ¡NO!, este… no es nada de eso… — expresé entre balbuceos, negando con la cabeza de un lado a otro.

Sin embargo, al escucharle hablar con un tono de voz más tranquilo y enfocado, poco a poco comencé a relajarme, sus condiciones eran claras, podíamos hablar lo necesario o hasta que el dinero alcanzara, y supongo que eso dependería de cómo fuera fluyendo nuestra conversación, asentí con la cabeza mientras le escuchaba con mucha atención, él aclaraba todo lo relacionado con la llamada y la privacidad, aunque no terminé de comprender aquello último donde su tono de voz pareció varias hacia uno más suave, casi como un ronroneo afectuoso, no sabía muy bien cómo interpretarlo así que preferí no darle demasiadas vueltas. — Si no es mucha molestía, sí me gustaría que fuese una llamada con Den Den Visual… — dije mientras mis manos se entrecruzaban con algo de nerviosismo, no quería parecer pretenciosa, mucho menos dar la impresión de que mis intenciones eran sospechosas, supongo que sí le explico el motivo entenderá que es un asunto de instrumentos y composición, cosas de artista, ¿no?

— ¡AH! ¡Sí! — exclamé de pronto con los ojos muy abiertos al descubrir que aún no me había presentado en el transcurso de esa llamada — Mi nombre es Miyori Hoshino, encantada de conocerte… ¿Garnet Matlock? — pregunté mirando de reojo el afiche para corroborar que había pronunciado bien su nombre.

—Verás… leí recientemente tu anuncio en el periódico, y aquí dice que eres una superestrella de la música… expliqué mientras colocaba el Den Den Mushi un poco más lejos para ampliar la imagen y mostrarme a medio cuerpo, de esa manera también podía verse el instrumento que reposaba sobre la cama, giré un poco el cuerpo para tomar a Amphitrite, mi amado violín azul, y mostrarlo frente a la cámara del caracol blanco.

— Yo también soy artista, y necesitaba un consejo… bueno, eso… ¿puedo pedirle un consejo?
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#4
La bella mujer de pelos anaranjados y ojos celestes escuchaba con atención a todo lo que tenía que decirle el pelirrojo. Una vez que Garnet hizo de las suyas y le soltó su típico comentario subido de tono, fue que vio como la chica, ante sus marranerías, comenzaba a tonar su la piel de su faz de un color rojizo que fácilmente podía envidiar el cabello del artista. Tal era su vergüenza que, con su diestra, procedió a taparse la boca, mientras comenzaba a negar con dificultad la petición indecente del skypiean. Por una parte, sentía pena que la primera llamada de su línea caliente, con una chica tan guapa como lo era su primera clienta, no fueran a tirar por el lado de la perversión que él podía esperar. Sin embargo, ver a la pelinaranja en una actitud tan frágil y vulnerable, no pudo evitar que a Garnet se le ruborizaran ligeramente las mejillas.- Me cago en la puta... Es muy linda... - pensó de manera inmediata, tras lo cuál, al darse cuenta de que se estaba dejando llevar demasiado por sus instintos primarios - siendo él el que daba los servicios -, comenzó a agitar su cabeza hacia los lados.- Echa el freno magdaleno... Mente fría o espantas a la clientela, ¿es o no es? - insistió mentalmente, disculpándose posteriormente y prosiguiendo a explicar su protocolo.

Una vez hubo finalizado y dejando caer las preguntas que marcarían el compás de la llamada, la señorita de rostro angelical declaró querer que la llamada fuera mediante el Den Den Visual.- ~¿Ah síiiiii?~ - respondió con un tono cantarín, mientras arqueaba su ceja izquierda y agarraba con su siniestra el Den Den Visual para conectarlo con el Den Den normal.- ¿Para qué querrá neko-chan que ponga la cámara? Ha soltado que no quería nada de guarradas, ¿es o no es? - se encontraba dubitativo pues no entendía demasiado bien aquella contradicción. Mientras seguía conectando los dos caracolófonos, la clienta recordó el mero hecho de que no había dicho su nombre, siendo este Miyori Hoshino, pasando a preguntar si él era el mismísimo Garnet Matlock.- Miyori... ¡Es un nombre muy bonito, Miyo-chan! - le llamó con un apelativo cariñoso ahora que ya sabía su nombre real.- En cuánto al menda, pueje... - terminó de conectar los dos caracoles, haciendo que los ojos del Den Den Visual enfocaran a Garnet para proyectar, al otro lado, la imagen del skypiean, emitiéndose en la imagen aparte del rostro, el torso superior - pectorales,  hombros y sus alas tintadas de negro - del pelirrojo. - - Garnet Matlock, el mismo que no calza y no viste, ¡encantronio, Miyo-chan! - se presentó - señalándose con su pulgar izquierdo -, haciendo alusión a su semidesnudez.

La señorita Hoshino prosiguió, pues, explicando el motivo de su llamada siendo este que, cuando leyó la tira del periódico, pudo observar que en éste se mencionaba que era toda una superestrella musical. Garnet, al escuchar aquellas palabras, comenzó a rascarse su mejilla izquierda con el índice de su mano izquierda. - Bueno, lo cierto es que... - Iba a explicar que aún no era la mayor superestrella de todos los tiempos cuando, teniendo su mirada fija en la transmisión, pudo ser testigo de una visión divina. Miyori, bajo una causa que el pelirrojo tardaría cosa de un párrafo en comprender, alejó la imagen de su transmisión, de forma que esta comenzó a emitir, no sólo su cara, sino también la mitad superior de su cuerpo. Con un blanco inmaculado que reflejaba una pureza e inocencia, además de una elegancia que hacía juego con los rasgos de su rostro, Miyori parecía estar cubierta de lo que podía confundirse con un vestido de novia, poseyendo un tejido más traslucido en la parte de las mangas, claviculas y cuello, con bordados de estilos florales mientras que, en el cuerpo, la tela ya era opaca. - Joder... Es un puto ángel... - pensó en una primera instancia, volviendo ese rubor a sus mejillas, y pudiendo ser visibles por cámara. Por supuesto, Garnet no pasó por alto como el vestido acentuaba las curvas de los atributos femeninos que poseía la mujer, reflejándose en un poderoso escote que causó que al música se le volvieran a tornar los ojos en forma de corazón.- Pueje pueje... - rió simplemente, ante la hermosa vista que estaba atestiguando Garnet hasta que hubo un detalle que hizo que saliera de su erótico sueño.

El motivo por el que verdaderamente había alejado al caracol visual era para que el músico pudiera ver el instrumento de Miyori tras agarrarlo de su cama. Era un hermoso violín, de un color azul intenso, tan llamativo que hicieron que los ojos de Garnet volvieran a la normalidad y que, por supuesto, dejara de babear hacia la pobre chica. Declaró que ella también era una artista, además de preguntarle si podía pedirle un consejo. Al escuchar la palabra "artista", el corazón de Garnet comenzó a latir con fuerza y emoción. Una chica preciosa y que encima era música... Era algo que no había visto nunca, por mentira que pareciera. El interés de la llamada acababa de subir en un 500%. No podía evitar sonreír ampliamente.- Wow, es un instrumento precioso, Miyo-chan... - alabó con suma sinceridad la calidad del instrumento en una primera instancia.- Además, su color pega que te cagas con el de tus ojos, es como si estuvierais hecho el uno para el otro... ¿Cómo se llama tu colegui? - añadió y preguntó, de manera genuina, reposando su mano izquierda sobre su barbilla, completamente interesado en el que - como buena artista - debía ser el compañero y amigo de Miyori.- ¿Y qué si puedes pedirme consejo? ¡Pues claro! ¡No todos los días uno puede hablar con una chica tan guapa de música! ¿Es o no es? - no dudó ni un segundo en ofrecer ese tipo de servicio, irguiendo su tren superior hacia delante para apoyar su brazo derecho sobre el respaldo de la silla. Seguidamente, volvió a echar su torso hacia atrás. - Así que suelta... ¿Qué te ronda por la cabecita, Miyo-chan? -

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#5
“Wow, es un instrumento precioso, Miyo-chan…”

Tras escuchar aquellas palabras, mi mirada se enfocó en la imagen que proyectaba la pantalla del caracol, sólo entonces pude reparar en las facciones de aquella persona que hablaba conmigo a la distancia, y fácilmente, distinguí el escarlata de su cabello acompañado de un corte de pelo algo desordenado y largo, no se veía mal para nada, tenía incluso rasgos que me recordaban mucho a las personas de Skypiea. Su cuerpo, al menos en la parte que podía observar, era de complexión musculosa aunque sin llegar a ser exagerada, también lucía una frondosa barba bien cuidada y, en su rostro, encontré un carisma imposible de olvidar.

Ante la ausencia de ropa me quedé en silencio durante unos minutos, no era por cuestionarlo ni porque no supiera cómo reaccionar a ello, simplemente estaba ensamblando ideas y, posiblemente llegué a la conclusión de que él era un hombre al que le gustaba no llevar ropa encima… ¿Sería como Enji quizás?, aunque recuerdo que a Enji le gustaba más andar en ropa interior, o sin ello.

“¿Qué te ronda por la cabecita, Miyo-chan?”

Reaccioné, si…

— Ah… — murmuré con lentitud tras haberme quedado absorta ante la imagen que tenía frente a mí, sí, era sin duda la persona que aparecía en el afiche pero verlo cobrando vida… se sentía diferente, y no sabía por qué… — ¡Oh! ¡Sí, sí! — volví a anclarme a la realidad.

— Mi instrumento se llama Amphitrite, es azul porque mi familia se dedica a la mar, son pescadores navegantes… entonces tiene el color del mar. — comenté con una sonrisa enamorada mientras miraba con cariño mi violín — Es un regalo de mi padre, me lo dió cuando cumplí los diez años, y desde entonces ha sido mi mayor tesoro en todo el mundo… — dije débilmente con una sútil sonrisa y calidez, lo hice sin apartar la mirada de los detalles de la madera tallada por las manos de mi padre, no solo era un hombre de la mar, sino también un hombre hecho y derecho del oficio.

Luego levanté la mirada hacia la persona que me había preguntado por Amphitrite — ¿Tú también tienes un instrumento favorito? — Comenzó, muy dentro de mi interior, una llama creciente — ¿Qué clase de música te gusta tocar? — crece y crece — ¿Desde cuándo aprendiste a tocar música? ¿Has visto el mundo? ¿Si es así, cuánta música hay en él? — con cada pregunta parecía acercarme más a la pantalla en simple gateos, como si al hacerlo pudiera encontrar las respuesta a cada una de mis dudas, pronto caí en cuenta de que me estaba dejando llevar por mi curiosidad musical, curiosidad reflejada en preguntas formuladas en tonos sonoros, casi como melodías y tarareos al hablar.

— Perdón… — dije una vez que me alejé de la cámara del caracol, pasando de un simple gateo a volverme a sentar en una posición más prudente para la conversación, recordando que mi llamada no era para ser una persona entrometida — Quería saber… ¿Qué sueles hacer cuando tienes un bloqueo?, ¿qué haces cuando no puedes encontrar la melodía correcta?
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#6
Tras salir de un estado de absorción, Miyori comenzó a responder una a una las preguntas que le había formulado Garnet. La primera de todas fue, la presentación de su instrumento musical, Amphitrite, el violín azul que poseía aquel color porque, al ser sus padres pescadores, evocaba al mismísimo mar.- Claro, por eso ligaba también con sus ojos el violín... Vaya atino colega pueje... - pensó inmediatamente, al caer en lo que le había dicho anteriormente y que, al ver por primera vez el rostro de la joven, sus ojos le transportaron a la calma e inmensidad del bello mar azul. Siguiendo esa lógica, lo normal era que ella y su instrumento estuvieran hechos el uno para el otro.- Esa sonrisa, es la de un loco de la música... - añadía Garnet, risueño, a su línea de pensamiento, al ver con la mirada y sonrisa tan llena de amor que le dedicaba Miyori a su instrumento. Había visto relaciones románticas que respiraban menos amor que lo que podía haber entre la pelinaranja y su querido violín. Y ciertamente, no era para menos pues, aquel instrumento, era un regalo que recibió por parte de su padre cuando cumplió los diez años, convirtiéndose así en su mayor tesoro. En ese momento, el pelirrojo no pude evitar viajar al pasado, mucho años atrás, cuando fue su noveno cumpleaños. Recordaba perfectamente ese día, como si fuera ayer. Fue el día en el que su madre le regaló su primer instrumento, un laúd sin nombre que luego se convertiría en Fallen Sound. Fue el día en el conoció a su mejor amiga: la música.

- Así que Amphi-chan, ¿huh? ¡Encantronio! ¡Tú también eres un bellezón! Puejeje - Le saludó, como si fuera una persona más, posicionando sus dedos índice y corazón sobre su sien izquierda, mientras guiñaba su ojo izquierdo. A juzgar por la forma con la que hablaba de su instrumento, esa calidez y ternura que se escapaba con cada gesto y mirada por parte de Miyori... Garnet estaba seguro de que justamente ella podía entender esa locura. Alguien que trataba su instrumento como su mayor tesoro era alguien de fiar para Garnet.

Tras aquello, Miyori alzó su cara, fijando sus ojos en la pantalla, aunque el pelirrojo podía sentir como sus miradas se cruzaban, a pensar de no estar físicamente el uno frente al otro. Comenzó a preguntar que si él tenía un instrumento favorito.- ¡Claro qu-...! - Iba a responder a su cuestión pero, su primera cliente, comenzó a formular una batería de preguntas, una detrás de la otra, acercando cada vez su cara hacia la pantalla. De normal, el mero hecho de que le interrumpieran, habría ocasionado que Garnet se enfureciera pero, ver la cara de la mujer tan cerca, y con esos ojos que reflejaban, además del más azul de los océanos, pura bondad e inocencia, dejaban a Garnet sin excusas para poder enfadarse.- Tch, es tan adorable como un cachorro... - chasqueó mentalmente la lengua. Nuevamente, y antes de que pudiera siquiera responder, Miyori se disculpó, dándose cuenta quizás del exceso de su entusiasmo, procediendo pues con su siguiente cuestión, la que era el motivo de la llamada. ¿Qué era lo que hacía cuándo tenía un bloqueo? Honestamente, era una muy buena pregunta. Sin mucho pensárselo, Garnet inclinó hacia delante su torso, acercando su rostro hacia la cámara.

- Muy bien Miyo-chan, vamos por partes. - enunció, anteponiendo su mano izquierda frente a la cámara, extendiendo el dedo índice de dicha mano.- Primerito, ni se te ocurra pedir perdón, te lo dije antes, ¿es o no es? - Dejó una pausa de un segundo, tras lo cuál chaqueó los dedos de su mano izquierda, al mismo tiempo que le dedicaba un guiño a la joven.- No todos los días uno puede hablar de música con una pibita tan guapa. Así que sí, ¡puedes preguntarme todo lo que se te pase por el tarro! ¿Estamos? - dejó en claro a Miyori, con una sonrisa que inspiraba confianza. Dejo unos segundos para que calara el mensaje y apoyó su brazo izquierdo sobre el escritorio, apoyando su cabeza a su vez sobre su siniestra. - Bien... Y ahora vamos al meollo  de verdad. Puejé. - esbozó una sonrisa juguetona, dejando el receptor del caracolófono sobre la mesa, para seguidamente levantarse de la silla. En ese momento, en la pantalla de Miyori, no sólo debió transmitir el abdomen de Garnet - y por tanto, la cicatriz en forma de huella que reposaba sobre este - sino que, además, enfocaría al tanga morado con todo el paquetonio.- Espera un momento, ahora vuelvo. - comunicó, dándose la vuelta - y viéndose ahora el culo por la pantalla -, para dirigirse hacia la cama, dónde reposaba su Sabertones. Lo agarró con con cuidado, firmeza y decisión, a su fiel compañero y, tras eso, volvió directo hacia su asiento.

- ¡Al loro, Miyo-chan! ¡Este es Sabertones! ¿A qué mola? - exclamó, mientras mostraba su feroz guitarra eléctrica a la pantalla, siendo lo más destacable la parte del cuerpo pues emulaba la cabeza de un tigre dientes de sable.- Me lo hizo mi mejor amigo, mi hermano de otra madre. - añadió, ahorrándose de momento la información de que tuvo un instrumento antes que, lamentablemente, fue destrozado. Garnet bajó en ese momento la guitarra, para que se le volviera a ver mejor por cámara. - La música que más me flipa tocar con él es rock y punk pero, ¿qué clase de músico sería si me da por no catar otras melodías, huh? - declaró, arqueando su ceja izquierda ante la cámara.- Así que, ¿que qué música me gusta tocar? Pueje... La que me ruge del alma y corazón tocar, sea cuál sea, ¿es o no es? - comentó, con una absoluta determinación hacia la que era ahora su compañera de tertulia. Y es que, si Garnet quería ser la mayor superestrella del mundo, debía ser capaz de tocar cualquiera tipo de melodía. Y es que su amor por la música no tenía límites.- Las otras preguntas... - Se quedó pensativo Garnet, mirando hacia el techo con su mano izquierda puesta sobre su mentón. Se encogió de hombros.- Se me han olvidado puejeje... ¿Cuáles eran, Miyo-chan? - volvió a preguntar, dirigiéndose su mano derecha hacia el receptor de nuevo para agarrarlo y acercarlo a su boca.

- Bueno, ¡luego me las recuerdas! Vayamos a lo importante. - dejaba Garnet en claro que quería zanjar un tema antes que ninguno, y era aquello del bloqueo. El gran problema y obstáculos de los artistas. - ¿Estás en un bloqueo?  Sí... Los bloqueos son una puta mierda... Es cómo cuando bebes alcohol a más no poder, y quieres potar pero no te sale nada, ¿es o no es? - comparó esa sensación de agonía con un símil que perfectamente podría haber tenido no hace mucho tiempo. - ¿Qué hace el menda cuando sufre uno de esos bloqueos? Pues le gusta volver al principio de todo, a esa primera pieza que te dejó con el culo roto, que te enamoró... ¿Te coscas de lo que hablo? - volvió a depositar el receptor sobre la mesa, pasando ahora a coger con ambas manos a Sabertones. - Pero al igual que la música, cada persona es un mundo... - añadió, mientras empezaba a trastocar las clavijas de su instrumento, cerciorándose de que estaba bien afinado. Su vista se mantenía fija en el instrumento, con un soberana sonrisa.- Te puede venir bien pensar en algo que te ha pasado... O una emoción que ruge en tu interior... Buscar un tema que con el que quieras explotar una melodía, ¿es o no es? - explicó, mientras pasaba su diestra sobre las cuerdas de su guitarra, tocando un primer y sonoro acorde. Alzó la vista entonces hacia Miyori, mirándola en una primera instancia con seriedad. - A veces no hay que forzarse en crear piezas por crear, o podrás confundir lo que es tu pasión por una obligación. - añadió, pasando a esbozar una sonrisa socarrona, mientras desviaba sus verdosas pupilas hacia Amphitrite.- Ah, y aún no me has presentado del todo a Amphi-chan... - volvió a cruzar el verde de sus ojos con el azul de los orbes de Miyori.- Dime, ¿tocamos algo juntos? Podría ayudarte a salir de ese bache, ¿es o no es? - propuso mientras se colocaba en posición, agarrando con su siniestra el mástil del instrumento, con su diestra el cuerpo de Sabertones.

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#7
Hasta el momento aquel extravagante artista me había resultado ser una persona muy atenta, cordial y amable,y eso hacía que me sintiera bastante cómoda con su presencia, claro que me había sonrojado un par de veces cuando mencionaba que le parece parecía bonita, aunque ciertamente yo no me considero como tal, la belleza siempre me ha parecido un aspecto bastante relativo, sin embargo, ese tipo de elogios conseguían ponerme un poco nerviosa y avergonzada.

Asentí levemente cuando me dio permiso para ser curiosa y hacer todas las preguntas que me ocurrieran, aun así, seguía pensando que quizás me había emocionado demasiado. — De acuerdo — dije finalmente, acompañando mis palabras con una sonrisa gentil y agradecida.

Me quedé atenta a sus palabras a continuación, pero… lo siguiente, por supuesto, fue algo que jamás habría imaginado.

Habían muchos factores que daban motivo a mi siguiente reacción, y no sabía cual tenía más peso, la primera es que nunca pensé que él estuviera completamente semi-desnudo, una cosa es usar boxer y otra es andar en una tanga,tomando en cuenta el tamaño de su hombría oculta en esa “pequeña” pieza de ropa interior, lo consiguiente fue el distinguir la tonalidad morada de la tela, que bien no es muy extraño de ver en una lencería de cualquier género, sin embargo, al libido humano eso enciende sin duda alguna la idea de un tabú, y por último, y no menos importante, a pesar que en su cuerpo vi la señal de una cicatriz idéntica a la mía, fue el verlo girarse cuando mostró sin pudor las posaderas que le pertenecían.

¿Mi reacción?, claro… uno pensaría que al haberme criado entre puros hombres estaría acostumbrada a esto, pero lo cierto es que… no.

Si antes estaba roja como un tomate, seguramente en ese momento hervía de un rojo intenso, sintiendo cómo la sangre me subía hasta las sienes, y claro… terminé desmayándome dramáticamente contra el suelo, dejando únicamente mi pierna izquierda alzada a la vista ante la pantalla, había muerto… pero de vergüenza absoluta.

¿Cuánto tiempo pasó?, no lo sé…

Pero, en cuanto Garnet retomó la conversación, volví a sentarme para aparecer nuevamente en la pantalla de la llamada, ahora estaba un poco despeinada y todavía bastante acalorada, así que tomé una hoja de las partituras y comencé a abanicarme con ella mientras escuchaba hablar sobre su instrumento, Sabertones. — ¿Ah? ¿Mejor amigo? ¿C-cual mejor amigo? — pregunté mientras agitaba la hoja con más fuerza, intentando despejar mi cabeza de lo que acababa de ver, quitar esa inquietud que incluso me hizo tener palpitaciones rápidas, cuando finalmente reuní el valor suficiente para volver a mirar hacia la cámara, fue entonces cuando tuve mi amor a primera vista.

Una hermosa guitarra eléctrica con detalles felinos apareció frente a mí.

— ¡Oye! ¡Qué genial! — exclamé con voz alta, completamente fascinada mientras volvía  acercarme a la pantalla para observarla con mayor atención, al parecer aquel Skypiano de cabello escarlata tocaba una música bastante intensa, bueno, su preferencia, y tal género musical hizo que inevitablemente recordara un poco a Maki. — Lo que ruge del alma y corazón al tocar… — repetí lentamente pensativa, y por eso mismo me quedé en silencio unos segundos, reflexionando sobre aquellas palabras, me parecieron bastante curiosas, ¿un rugido?, nunca había pensado en la música de esa manera, la mía solía ser mucho más tranquila y delicada, tocar música con el corazón es una bendición, si, para mí la música es una bendición. — ¿Otras preguntas?

Cierto… había hecho muchas preguntas antes, pero sinceramente ya ni siquiera recordaba cuáles eran, seguramente terminaría recordándolas conforme avanzara la llamada. — No soy buena bebiendo, supongo que quizás sea algo parecido a eso, sí… — comenté finalmente antes de flexionar las rodillas y apoyar el mentón sobre ellas, escuchando con atención al artista “extranjero”.

Las palabras del nudista de la prenda morada me hicieron remontarme a mis comienzos en la música, recordando con cariño aquella melodía que despertó en mi amor por las canciones y, sobre todo, aquella que siempre me hacía recordar mi amado hogar en Baterilla — Sí, tiene sentido… — respondí con una pequeña sonrisa.

Al igual que él, tomé mi amado violín azul y ajusté cuidadosamente la clavija, lo cierto era que hasta ese momento había estado intentando crear música con la mente y no con el corazón, entonces me parece que tiene mucho sentido lo que dice, no hay que forzar lo que debe fluir por su cuenta… — Me encantaría, sin duda, tocar una melodía contigo… ¿Te parece bien si comienzo yo?

Coloqué el arco sobre las cuerdas y enderecé la espalda, adoptando una postura adecuada, después acomodé el violín bajo mi mentón y cerré los ojos con una expresión serena, dejando que todos aquellos recuerdos acudieran a mí, solo entonces comencé a imitar esa canción pirata en mi cabeza, a entonar la clásica melodía de aquella maravillosa canción perteneciente a los próceres de la mar, a todos aquellos seres que habían surcado el océano y cuya victoria había quedado inmortalizada en esa hermosa canción. Inspiré profundo para finalmente… cantar.



♫♪♫♪
Yo-ho-ho-ho, Yo-ho-ho-ho
Yo-ho-ho-ho, Yo-ho-ho-ho
El sake de Binks será,
lo que vamos a entregar
Navegar por el mar,
piratas hasta el final
Ese barco es nuestro hogar,
siempre nos hace llegar
Calaveras en las velas nos harán notar
La tormenta viene ya,
y muy pronto llegará
El sonar de los tambores nos alcanzará
No te vayas a rendir,
es momento de vivir
Que el sol, siempre volverá a salir
Yo-ho-ho-ho, Yo-ho-ho-ho

♫♪♫♪
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#8
Si bien Garnet no se había dado cuenta del peso de sus acciones, la pobre doncella en busca de un método para salir de su bloqueo, fue completamente abatida por el libertinaje del pelirrojo en tanga. Ciertamente, aquella fina y poco discreta prenda morada, era un poder que conllevaba una gran responsabilidad. Para fortuna de Miyori, en el momento en el que el oriundo de Skypiea volvió a su asiento con Sabertones entre sus brazos, la pelinaranja se encontraba ya plenamente - o casi que plenamente - en sus facultades.

Cuando el músico de los Alas Negras mostró a la preciosa joven a su fiel compañero, Sabertones, ésta alabó la grandeza del instrumento, exclamando lo genial que era su guitarra eléctrica, con un entusiasmo tan genuino que causó que la chica se acercara hasta el Den Den, con tal de poder apreciar mejor la obra artesanal de Tobías. Garnet tan sólo podía observar aquellos ojos llenos de ilusión y emoción mientras profesaba su amor hacia el instrumento. Ver a alguien mirar así a la guitarra que tanto amaba el pelirrojo, llenaba a Garnet de vida. Del mismo modo, también le transmitió cierta ternura cuando, hablando sobre la música que al pelirrojo le gustaba tocar, Miyori adoptó una postura más reflexiva. Realmente, la mujer aparentaba estar interesada en las palabras y gustos del pequeño guarrindongo.

Su interés se veía reflejada hasta en sus gestos, pasando a sentarse con las rodillas flexionadas, y apoyando su mentón sobre estas, dando la sensación de que estaba escuchando una anécdota de un ser querido, como cuando un abuelo relata a su nieta un cuento, por ejemplo. Garnet comenzó a explicar y detallar las posibles maneras de salir de un bloqueo musical, llevándose toda la atención de la chica de los ojos del color de mar. La joven, con una tímida pero cautivadora sonrisa, pareció comprender a la perfección al punto al que quería llegar el pirata. Y cuando propuso que tocaran una pieza juntos, para ver si con ello conseguía que las musas llegaran a Miyori, fue cuando el pelirrojo sintió como el vello de todo su cuerpo se erizaba.

- ¡Todo tuyo, Miyo-chan! El menda te seguirá toques lo que toques, ¿es o no es? - le contestó Garnet, qeudando atento a cualquier estímulo y señal que pudiera propiciar el comienzo del dueto. Aceptando la proposición la mujer de cabellos que parecían nacer del mismo fuego, Miyori tomó a su Amphitrite así como su arco, adoptando una postura completamente elegante, lista para tocar la pieza que ella misma iba a escoger. En ese momento, la melodía comenzó a fluir, así como la magia de aquel momento que, seguramente, el pelirrojo jamás sería capaz de olvidar. Las notas limpias y armoniosas que emitían el violín de tintes azulados, acompañados de la figura de una Miyori en calma y quietud, hasta el punto de que ocultaba sus orbes celestes tras sus párpados, daban la visión de que, Garnet, estaba frente a un ángel.- ¿Me han mandado de vuelta a Shandora o de qué coño va esto? - pensaba perplejo el pelirrojo y con una sonrisa un tanto incómoda en su rostro, sin ser siquiera consciente aún de que canción estaba tocando Miyori. Las mejillas le ardían como si contuvieran dos soles en su interior.- ¡Ah sí! Que tengo que tocar... - reaccionó a tiempo, aún sin percatarse de que canción estaban tratando. Iba a comenzar a trastear con su guitarra cuando sus ojos se abrieron de par en par hacia Miyori.- Para el carro... ¿El Sake de Binks? No me digas que ella... - dilucidaba mentalmente, sospechando sobre que tipo de persona debía ser su clienta. Sin embargo, en ese momento sólo había espacio para la música. El resto de pensamientos, podían quedar relegados para después.


♫♪♫♪

Yo-ho-ho-ho, Yo-ho-ho-ho
Yo-ho-ho-ho, Yo-ho-ho-ho
El sake de Binks será,
lo que vamos a entregar
Navegar por el mar,
piratas hasta el final
Ese barco es nuestro hogar,
siempre nos hace llegar
Calaveras en las velas nos harán notar
La tormenta viene ya,
y muy pronto llegará
El sonar de los tambores nos alcanzará
No te vayas a rendir,
es momento de vivir
Que el sol, siempre volverá a salir
Yo-ho-ho-ho, Yo-ho-ho-ho

♫♪♫♪
 

Las voces de los dos artistas se unieron y fusionaron al unísono, al igual que lo hacían sus instrumentos, creando en un momento de pura improvisación una pieza musical que narraba cierta historia de piratas. Y es que, la música era algo mágico y maravilloso. Algo que, sin ser algo material o palpable, era esencial para la humanidad. Bien podía ser el combustible que avivaba la llama de nuestros corazones, así como una manta que te arropaba en los momentos de mayor vulnerabilidad. Y es que, no sólo era el mayor apoyo para las emociones humana. No. También era un puente hacia ellas, un medio de conexión que te permitía estrechar fuertes lazos con otras personas gracias a ella. Y aquella noche, ante aquella primera llamada, y ante aquella canción entonada y tocada por dos amantes de la música, Garnet sentía que esos lazos, quizás, podían estar empezando a formarse en torno a Miyori.

- ¡PUAJAJAJA! ¡Cómo te las gastas Miyo-chan! Ha sido una pasada, ¿es o no es? - Garnet estaba eufórico, con una energía rebosante hasta tal punto que parecía que el pecho le iba a explotar de la emoción.- Suéltalo, ¿te sientes algo mejor, Miyo-chan? - preguntaba el pelirrojo, agachándose mientras dejaba sobre el suelo y con delicadeza a Sabertones, apoyando el mástil sobre el escritorio. En el momento en el que volvió a erguirse para volver a posicionarse frente a la cámara, su vista se ancló en uno de los cárteles de recompensa que reposaba sobre su escritorio. Si bien su imagen estaba tapada por otro cártel, se veía lo suficiente como para poder divisar el nombre al que correspondía aquella recompensa. Miyori Hoshino rezaba el Wanted. Aquello explicaba que supiera el Sake de Binks, y porqué le sonaba al ver su cara.

- Y otra cosa, mariposa... - enunciaba, a la par que agarraba el trozo de papel en el que había visto dicho nombre. 90 millonacos de berries... Nada mal.- ¿Qué hace una chica como tú siendo pirata? - dijo de manera juguetona, con su ceja izquierda arqueada mientras extendía el cártel de Miyori hacia el Den Den.- El menda también es pirata, ¿eh? Así que no te rayes, pero me ha pillado en bolas ver a alguien como tú siendo de esta guisa. - sencillamente, lo poco que había hablado con ella, daba a entender que era una persona pacífica y pura - a no ser que estuviera engañando por completo al pelirrojo -. Simplemente, alguien que amaba tanto la música como ella, no podía ser mala persona, en absoluto. Y que alguien tan gentil y llena de amor como ella se echara a la mar, sólo podía significar una cosa para Garnet.- Hablemos de sueños, Miyo-chan. - pronunció, con una amplia sonrisa que irradiaba determinación a más no poder, mientras apoyaba sus dos codos sobre el escritorio. Asimismo, apoyó su barbilla sobre sus manos.- ¿Por qué te echaste a la mar? ¿Cuál es tu sueño? - preguntó, manteniendo en ese momento una expresión más seria.- Al menda le gustaría saberlo todo de la persona con la que acabo de tocar esta canción. - esbozó una sonrisa ladeada.- Pero eres la clienta, así que si no te apetece, ajo y agua para mi puejeje. - aclaró, dirigiendo toda la atención de todos sus sentidos hacia la bella joven.- Esta noche soy todo tuyo, Miyo-chan. -  espetó de forma genuina y sin segundas intenciones detrás. Sentía que quería hablar y conocer todo y cuánto pudiera sobre ella.

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