[Aventura T2 - PR] La ciudad de los ladrones
#1
Día 60 de Verano, Año 18
Mercado de Pueblo Baquella, Baterilla
13:00 p.m.

El viento sopla y trae consigo el aroma a sal y pescado típico de las lonjas. Los marineros gritan instrucciones a los estibadores para descargar el fruto de sus faenas, y estos a su vez lo hacen con los mozos de carga para que repartan las capturas por el mercado. Los vendedores también gritan, pero estos lo hacen como reclamo para los posibles compradores. Gritan para ofrecer lubinas, arenques, merluzas y todo tipo de pescado. La noche fue buena para los barcos pesqueros, y todo el mundo quiere sacar provecho de la bonanza. En días como este, el mercado de pueblo Baquella está muy concurrido. La gente del pueblo se agolpa para poder conseguir lo que buscan; unos están detrás de las piezas más selectas, otros buscan poder obtener algún buen precio, y los últimos, bueno, ellos esperan tener capacidad para llevarse algo, lo que sea. El caso es que entro todo ese bullicio, todo el mundo grita. 

En esta situación es que nuestro protagonista llega paseando hasta el mercado junto a su inseparable Jake. Él se encuentra en una calle amplia, de unos 20 metros de ancho, y que se extiende hacia el frente más de lo que puede alcanzar su vista entre tanta gente. A su derecha, los puestos de diferentes tipos de comida se extienden a lo largo de la calle. A su izquierda un callejón corta la hilera de puestos comerciales. El primero de ellos, justo después de la oscura calleja, no se dedica a vender el típico producto de la isla. Desde este, un aroma dulce comienza a recorrer la calle. El delicioso olor de unas tartas de manzana recién horneadas, que atrae a todo tipo de gente. Junto al puesto, un mendigo agita su taza de metal en busca de unas monedas. Sin embargo, esto no hace que la gente deje de acudir a los distintos puestos, simplemente, lo ignoran y siguen con sus compras. Hoy el mercado ha atraído a gente de lo más variopinta. Gente humilde, gente pudiente, e incluso personas que vienen acompañados de sus mayordomos. Todo tipo de personas se muestran ante Finn. Pero hay otra clase de gente que prefieren mantenerse ocultos. Gente cuyas intenciones difieren mucho de llevarse algo de pescado a casa, aunque en cierto modo, se podría decir que ellos también están pescando.

Entre el ruido provocado por las voces, gritos y cajas arrastradas, Finn podría escuchar que alguien le chista. El sonido provendría de su izquierda, de la zona donde los puestos terminan y la oscuridad se cierra sobre un estrecho callejón. Si mirase a ese lugar, podría ver como una cabeza se asoma y le hace gestos sin parar, movimientos con su mano que le indican que se acerque.

Hombre Misterioso
—Psst. Chico, por aquí —repite el gesto con la mano—. Vamos, no te hagas el duro. Eso sería inaceptable. ¡Inaceptable! Ven. Tengo una propuesta que hacerte.

La aguda voz del hombre llegaría hasta Finn pese al alboroto que se vivía en el mercado. ¿Qué tramaría aquel hombre? ¿Estaría del lado del bien o del mal? ¿Sería un aliado para Finn o un posible enemigo? Me temo que eso solo podrá averiguarlo nuestro protagonista por él mismo. O tal vez prefiera alejarse de él y seguir con su día tranquilamente.



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#2
Baterilla era una isla conocida por su vivo movimiento, sobre todo en Baquella, en el puerto donde convergen comerciantes, pescadores y compradores ambos todos en un mismo punto por la misma razón encontrar un justo trato que les beneficie. Yo particularmente en realidad me encontraba por aquellos lados, aunque no por eso, más bien como podría estar un buscavida cualquiera a la espera de alguna oportunidad azarosa donde pudiera rasguñar algo, o encontrar alguna situación interesante. Usualmente allí se solían escuchar historias super entretenidas mitad realidad mitad fábula, donde contaban de los periplos de piratas, batallas, aventuras y nunca pero nunca tenía desperdicio algo de ello…

Poco más había pasado de la hora del almuerzo y aún no había comido, la tripa rugía, y el lugar era el perfecto para poder conseguir una oferta que no pagaría, por supuesto, pero era divertido indagar por los mercados averiguando precios que nunca iría a pagar. Y claro, con la compañía de mi peludo amigo todo era mejor, Jake no era una simple mascota, era un compañero de vida, y tenía la extraña habilidad de hacer de cada momento un momento especial, divertido. El mediodía había pasado apenas y la tarde estaba en su nacimiento, el sol en el zenit de su brillo y el verano inclemente, pero agradable hacía del día, cargado de bullicio y movimiento en aquel lugar un perfecto caldo de cultivo de un buen y agradable día.

La calle era amplia, y yo iba más volcado a la pared izquierda que por el centro. Los gritos iban y venían, el ruido y movimiento estaban a la orden del día y lo que en otro momento sería inconfundible como lo que una persona decía a viva voz con fuerza de su pulmón, se perdía en la multitud de un desincronizado y caótico coro. Entre tanto ajetreo y gente, a pesar de verse algunas delicias y la conglomeración de gente que se reunía alrededor intentando conseguir un pedazo, el que gozaba de una nariz sensible y un olfato fiable era mi pequeño amigo, no yo, que a pesar del crisol de aromas, no era capaz de distinguir uno fehacientemente de manera cabal.

Lo curioso no era ésto sino que mientras transitaba por allí, oculto ante ojos de todo, audible ante la sordera del bullicio, de un callejón que daba a la calle que iba, un rostro por demás peculiar, agraciadamente extraño como quien te señala, pero con la nariz, en el sentido más literal, ya que había visto gente extraña, incluso gente pez, pero no con una nariz como esa, me llamaba… ¿Porqué a mí? No lo sé. ¿Y por qué atender a su llamado?... Y… ¿Por qué no? Ambos, Jake y yo nos volteamos al sujeto para verle directamente y miramos hacia atrás nuestro solamente para confirmar que éramos nosotros a quienes llamaba, y luego reconfirmarlo cuando directamente se dirigió de manera explícita.

—¿Sape?— me pregunté en voz alta un poco agarrado fuera de lo previsto mientras mascaba un chicle y rascaba mi nuca un instante con la diestra. ~Vaya nariz más loca.. ~ es lo único que pude pensar, y uno no puede decirle que no a una nariz así. Ignoré los posibles peligros adjuntos a la situación, como que un fulano extraño te llame sospechosamente desde un callejón, pero “seguro” está preso, y la vida se conforma de los momentos que uno se dice “ya que, a la mierda” y la caga de alguna u otra manera, puede salir bien o resultar en una anécdota que tiempo después uno puede contar entre risas.

Me acerqué al sujeto con calma y curiosidad, empatada por Jake, y al estar a unos dos metros frente a él simplemente hice lo que mejor sabía hacer, nada realmente. —Sape… ¿Qué hay mi loco? ¿Qué es eso de lo que hablas ah?— le pregunté con tranquilidad y curiosidad, aunque atento sin bajar la guardia.

Hora de aventura
[Imagen: 4ZOZ7IA.jpeg]
~Pensamiento~—Hablar—
[Imagen: PuthOpc.gif]
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#3
Entre el bullicio, una voz se había levantado, y nuestros héroes habían atendido a ella. Un hombre los llamaba con insistencia para que se acercasen a un callejón. En cualquier otra ocasión, esa hubiera sido una mala idea. En esta... bueno, en esta estaba aún por verse. Los delgados brazos del hombre no dejaron de hacerles gestos para que se acercasen hasta que Finn se detuvo un par de metros por delante. En ese momento, el extraño de nariz aún más extraña se refugió detrás de la cobertura que le ofrecía la esquina y comenzó a hablar. Su voz aguda y desagradable llegaría tan solo hasta Finn y Jake.

—Hola, chico. ¿Eres alguna clase de mercenario o luchador? ¿Qué digo? Con ese cuerpo seguro que si. Eres justo lo que necesito —se levantó e hizo una especie de reverencia—.  Mi nombre es Citronagrio. Y estoy aquí porque... porque me han robado. Como puedes ver, yo no soy tan fuerte como tú —sacudió sus brazos enclenques al aire—, pero necesito recuperar lo que me robaron. Es muy importante para mi. Es una reliquia de mi familia. No puedo desprenderme de ella. Es algo inaceptable. ¡INACEPTABLE!

El hombre se detuvo unos segundos para reponerse del grito.

—¿Qué dices? ¿Me ayudarás? —hizo una pequeña pausa, pero volvió a hablar antes de que Finn pudiese responder—. ¡Oh! Claro, claro que lo harás. Pareces un buen tipo.

Citronagrio se acercó a la esquina con cuidado, dejando asomar tan solo uno de sus ojos y su enorme nariz. Señaló en dirección a una mujer que estaba haciendo algunas compras junto a su mayordomo y susurró.


—¿Ves a esa pelirrosa? Ella es la que me lo ha robado. Lo lleva ahí en esa bolsa de la cintura. Solo tienes que quitarle la bolsa y traérmela. Si lo consigues, lo demás que lleve ahí será para ti. ¿Entendido? —asintió repetidas veces mientras sonreía como si tratase de convencerle, las cejas bien elevadas—. Suena fácil, ¿verdad? Una bolsa repleta de berries... Pues no lo es —cerró el puño frente a su rostro—. Ese mayordomo suyo es mucho más fuerte de lo que parece. Si te ve metiendo la mano en la bolsa, seguro que te da una paliza. O no, quién sabe. Pareces fuerte. Aún así puedes intentar algún otro método. La gente de este mercado la conoce bien. Seguro que puedes sacarle algo de información a esa tendera, o al mendigo ese, o no se, quizá a la chica aquella de allí –su dedo saltó de uno a otro. 


Pelirrosa y su mayordomo

Tendera

Mendigo

Chica aquella de allí



—¿Qué me dices? ¿Me ayudarás? Mi oferta es muy aceptable. ¡ACEPTABLE!



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