[Pasado - FIC]
#1
Día 16 de Primavera, Año 14
Callejones de Samba, Reino de Samba
22:00 de la noche

Una noche más, Eele se preparaba para uno de sus combates. Todo era rutinario. Ajustaba los vendajes de sus manos; nadie quiere a un luchador con un dedo partido o una muñeca dislocada. Practicaba algunos de sus golpes al aire. Saltaba a la comba para entrar en calor. Incluso se había frotado con algo de aceite en los pómulos. Si los golpes del rival resbalaban, hacían menos daño. Todo parecía normal en aquella noche. Aún así, Eele mostraba un gesto mucho más arrugado que de costumbre.

—Concéntrate, chico. Hoy tiene que ser una gran noche —dijo el maestro Kreese.

—Ese cabrón si que es grande. Pero yo lo seré más. 

—Si te confías, acabarás en la lona, muchacho. Te enfrentas a LaRossa. Ese chico lleva 20 combates seguidos ganando. Tendrás que usar todo tu arsenal para vencerle.


—¿Todo mi arsenal? ¿De qué estás hablando, viejo? Pienso derrotarlo solo con mis puños
—Eele apretó su mano en un puño frente a su cara, con el dorso hacia su maestro.

—Jajajaja. Ese es mi chaval. Desde que te encontré en las calles supe de tu sed de sangre.

Se abrió la puerta y el bullicio del exterior entró en la habitación. Eele puso una toalla mojada sobre su cabeza y se levantó.  El maestro Kreese abrió la boca, como si fuese a decir algo, pero el chico lo apartó empujando con el dorso de la mano en su pecho.

—No digas nada. Sé que soy el mejor-ring.

Eele avanzó con arrogancia. Estaba tan seguro de sí mismo que no se detuvo a escuchar los últimos consejos de su maestro.

—Usa todo lo que tienes. Estate atento a sus movimientos. Utiliza la cabeza —Kreese se golpeaba la sien con la punta de su dedo.

El joven gyojin avanzaba con paso firme. La mirada fija en el ring. A decir verdad, aquello poco se parecía a un cuadrilátero de los habituales. Era algo más parecido a una jaula. Unas alambradas metálicas ascendían varios metros por encima de la cabeza del chico. Él siempre se había preguntado si aquello era para dejar a los combatientes sin escapatoria o para mantenerlos a salvo del enfurecido público. La gente que iba a ese tipo de combates buscaban sangre, tal vez algún que otro muerto. Y muchos de ellos, que digo, todos, habían apostado unas generosas cantidades de berries por ver a su luchador favorito alzarse con la victoria. Eso era algo que a Eele no le molestaba en absoluto. Es más, le gustaba. Aquello era el causante de que ahora pudiese permitirse comer algo que no fueran sardinas. Detestaba comer pescado. Era algo que le traía recuerdos de su niñez. Desde que había comenzado a ganar combates, solo comía carne. El maestro le había prometido un buen puñado de berries si ganaba el combate de esa noche. Tanto, que le permitiría poder cenar algún corte de la mejor carne, si es que aún le quedaban dientes para masticarla.

La luz de los focos, que no le permitía ver a aquellos que lo abucheaban, comenzó a oscurecerse. No es que los organizadores estuvieran intentando crear una atmósfera más acogedora. Es que una inmensa masa de carne había entrado a la jaula. Un joven, un par de años mayor que Eele, estiraba los brazos frente a él. El gyojin levantó la mirada hasta alcazar la cabeza de su rival, allá por los cinco metros de altura. Chasqueó la lengua. Cogió la toalla que aún reposaba sobre su cabeza y la lanzó con fuerza contra el enrejado. Lejos de parecer atemorizado, Eele estaba sonriendo.

—Eh tú, imbécil. ¿Vas a estar toda la noche ahí haciendo posturitas?

LaRossa contestó a las provocaciones. Sin mediar palabra, saltó hacia Eele. El puño del joven cayó sobre el gyojin como una maza. El golpe era potente, pero demasiado lento. Eele se apartó de un salto y usó el brazo del rival como trampolín. Saltó directo a su cabeza, el puño cargado atrás. Golpeó con fuerza, en el mentón, donde los golpes consiguen mas knock outs. La cabeza de LaRossa tembló con el golpe. El chico no cayó, sino que sonrió. Eele estaba en el aire y sin capacidad de reacción, por lo que no pudo hacer nada más que cubrirse cuando la mano de su rival no golpeó en una bofetada. El gyojin voló hasta el otro extremo de la jaula y chocó con las rejas. Tan pronto como tocó de nuevo el suelo miró a su maestro. Pudo leer en los labios de Kreese como este le decía «todo» mientras lanzaba patadas al aire. Eele negó con la cabeza y se lanzó de nuevo al ataque. Esta vez golpeó varias veces. Un puñetazo tras otro. Izquierda, derecha. Jab, gancho. Buscaba castigar las sienes de su rival. Antes de que LaRossa pudiera reaccionar, Eele se apoyó en su pecho y saltó lejos de él. El enorme chico soltó un bramido y comenzó a golpear su pecho con ambos brazos. La imagen recordó a todos los presentes a un gorila haciendo una demostración de poder, y básicamente eso es lo que era. Pero tuvo su efecto. El público comenzó a gritar aún con más fuerza. Incluso Eele pudo escuchar cómo algunos pedían que su rival le aplastase la cabeza. Era algo que había oído varias veces. Head smasher. Así era como llamaban a aquella montaña de carne. Parece ser que era literal, que era algo que solía hacer con sus rivales, también llamados víctimas. Eele sonrió de nuevo.

—Vamos, cabrón. Inténtalo si tienes agallas.

El chico se lanzó contra él. Eele sonrió de nuevo y corrió a lanzarse bajo las piernas de su rival. Cuando hubo pasado, se alzó de un salto hasta su espalda. Golpear por la retaguardia era algo poco honorable, pero eso era algo que no le había importado nunca al gyojin. Impactó una serie de puñetazos mientras ascendía hasta la nuca. En ese momento, cargó su golpe definitivo. Sin embargo, el chico lo agarró por una de sus piernas y comenzó a zarandearlo de un lado para otro, como si fuese un martillo y el suelo estuviera lleno de clavos por clavar. Tras unos instantes, lo arrojó de nuevo al suelo esta vez entre sus piernas. LaRossa crujió sus nudillos. La jaula parecía dar vueltas a ojos de Eele. Entre el deslumbrar de los focos y los gritos sedientos de sangre del público, el gyojin pudo distinguir a su maestro. Kreese insistía con sus instrucciones. Volvía a gritarle todo, lanzaba patadas al aire y esta vez incluyó de nuevo el gesto con su dedo índice contra la sien. Eele miró al gigante. Sonrió.

—Te tengo justo donde quería, bobo-ring.

El chico alzó los brazos apretando los puños a ambos lados de su cuerpo. Así era como acababa aplastando la cabeza de sus rivales. Una pinza mortal de puños. Lanzó el golpe hacia el gyojin, pero este se alzó y saltó contra la entrepierna del gigante. Lo golpeó con fuerza con su cabeza. Un grito sordo salió de LaRossa, el cuál quedó como petrificado. Los abucheos del público no se hicieron esperar. Eele saltó de nuevo para estar a la altura del mentón de su rival. Golpeó varias veces con sus puños en la barbilla. Cargó el golpe con una de sus piernas. La lanzó hacia delante en un movimiento circular, pero se detuvo antes de alcanzar a su objetivo. Chasqueó la lengua y se dejó caer al suelo. LaRossa permanecía en pie, pero se tambaleaba haciendo retumbar toda la sala. Eele miró a su maestro, sonrió y le mostró su puño.

—THUNDER HAYMAKER!!

El gyojin saltó con el brazo atrás contra la cabeza de su rival. Todo su cuerpo estaba rotado hacia el lado derecho. Lanzó su brazo en un movimiento circular hacia delante. Un gesto salvaje, descuidado, pero muy potente. Con muy poca técnica, pero con toda la intención de noquear al rival. El impacto creó ondas en la carne de la mejilla del chico que se fueron repartiendo a lo largo de toda la cara y el cuello. El joven salió despedido hacia atrás derribando una de las barreras de contención. Un silencio de un par de segundos llenó la sala. Tras esto comenzaron los abucheos hacia Eele. Muchos lo hacían por el poco honor visto en la táctica de gyojin. Otros muchos, por la cantidad de berries que su actuación le había costado. Eele contestó alzando el brazo en noventa grados y besando su bíceps.

—Todo el que quiera más de esto, que venga a por ello. Jabjabjabjab.

El chico se dio media vuelta y se largó hacia los vestuarios. Al par de minutos llegó Kreese con una enorme bolsa de berries. La lanzó junto al chico y soltó una carcajada.


—Kaikaikaikai. Tendías que haber visto las caras que tenían esos inútiles. De verdad se creían que ibas a perder. Kaikaikaikai


—A mi no me hace ninguna gracia, viejo —Eele golpeó con el puño una taquilla metálica hundiendo la puerta dentro de la cavidad—. Mis puños parecían que no le hacían nada. Debo ser más fuerte. Quiero que mis puñetazos también puedan aplastar cabezas.

—Kaikaikaikai. Así me gusta, chico. Siempre sediento de sangre. Kaikaikaikai.

Unos días más tarde, Eele se encontraba entrenando como de costumbre, golpeando todo aquello que tuviera a su alcance. Kreese apareció y tiró un par de objetos metálicos a los pies del chico.

—No me molestes, viejo. Tengo que fortalecer mis puños.

El gyojin golpeó repetidas veces la roca que tenía frente a él. Sus nudillos goteaban sangre.


—Para, chico. La otra noche me hiciste ganar mucha pasta. Eso no es más que un regalito.


Eele miró al maestro Kreese y luego dirigió la mirada a lo que había a sus pies. Se trataba de dos objetos metálicos, con espacios para los dedos. Los cogió y los colocó en sus puños a modo de nudillera. De la parte frontal, brotaban unos pinchos de acero reluciente. Unos pinchos que parecían estar igual de sedientos de sangre que él. 

—Jabjabjabjab. Gracias viejo. Esto es justo lo que necesitaba —Eele revisó otra vez su nueva arma—. El arma de alguien tan genial debe tener un nombre a la altura de su dueño. Creo que ya se como los voy a llamar. Atentos todos. Saludad a Skull Crusher. JABJABJABJAB.
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