[PR][Fic] Buto Kaiten y la peonza de Kano
#1
Dia 73 de Verano, Año 18
Isla Karate, South Blue - Patio alto de la montaña


Atributos Personaje


El frio y el rocio de la madrugada no se habia marchado todavia de las ramas de los pinos cuando Hanma puso la bota en el primer repecho de piedra, parecia un poco silent hil ( si es que ese juego existiera en este mundo). Subir por segunda vez por aquel sendero de cabras no le hacia gracia a sus rodillas. Traia en lo alto de la cabeza un cardenal morado del tamaño de un plato grande, justo entre las dos cepas de los cuernos. Le tiraba la piel al levantar las cejas. Notaba una punzada sorda cada pocos pasos, como si tuviera dentro un grillo empeñadoen volverlo loco de remate. Hacia un frio que pelaba, novedad. El cielo sobre el mar de Isla Karate clareaba despacio, pasando de aquel azul sucio a un tono ceniciento que prometia calor para mas tarde. Abajo, en los dojos de la ladera, ya se oian los primeros berridos de los alumnos corriendo en calzones, unos gritos secos que sonaban como ladridos de perros. A Hanma le daba igual. Su camino iba hacia arriba, hacia aquel patio encajado entre paredones donde la unica regla era no partirse la crisma antes del almuerzo, y era una regla dificil de mantener.

Al cruzar el arco de piedra del patio alto, lo primero que le llego a la nariz no fue el olor a resina ni el aire salado, sino la peste de aquella infusion que la de fucsia llamaba te, estaba asquerosa. Olia a cieno podrido y encimado quemado al fuego. Sira Matcha estaba sentada en el poyote, con las piernas cruzadas y una sudadera rosa. Calentaba agua en un hornillo de barro y soplaba despacio sobre un cuenco. Entre los pliegues de la camisa de Hanma, la rata asomo la trufa, respiro dos veces el vapor, arrugo los bigotes con asco y volvio a meterse al bolsillo con un bufido. -Vaya, el buey pelirrojo todavia camina derecho. Pense que te habrias quedado con la mollera blanda y que bajarias la cuesta rodando como un fardo de lana.- Le lanzo una mirada de reojo, sosteniendo el cuenco con las dos manos para calentarse los nudillos. -La piedra de ayer estaba tierna. Si llego a saberlo, bajo antes a comer.- Hanma solto la respuesta con su voz profunda, plantandose a tres pasos del hornillo y tapando medio patio con su sombra de siete metros y medio.

La maestra dio un sorbo a su mejunje verde, chasqueo la lengua y escupio una brizna pegada al paladar. No perdio el tiempo. Metio la mano en el bolsillo raido y saco una peonza de madera con la punta de hierro mellada. La hizo bailar sobre la losa con un chasquido de los dedos. Aquella madera empezo a zumbar con un giro apretado, clavada sobre la punta sin desviarse. -Ayer aprendiste a caer hacia abajo como un yunque, que en tu caso es muy efectivo. Mucho ruido y un socavon para criar ranas. Pero un yunque solo sirve si el otro es tan bobo como para quedarse quieto debajo. En una pelea de verdad, si el enemigo se mueve medio palmo mientras te tiras en picado, el que se come la piedra eres tu y mira el cardenal que tienes. Te quedas con los cuernos clavados en el suelo, con el culo al aire y la nuca regalada para que te rebanen el pescuezo como a un pollo de corral.- Hanma miro la madera bailar sobre la losa. -Pues no pienso quedarme clavado para que nadie me rebane nada.- -Por eso estas aqui, grandullon. Hoy te toca Buto Kaiten. La cabeza militar giratoria. No es un cabezazo tonto; es hacer que tus trescientos cincuenta kilos giren como un taladro de guerra. Plantas la coronilla, alzas las piernas y te conviertes en un torbellino que barre todo a la redonda y manda a paseo cualquier escudo.-

La de fucsia no se anduvo con rodeos. Dejo el cuenco en una esquina de la losa, dio un paso corto y se dejo caer de cabeza hacia adelante con soltura. Su coronilla toco el granito con un golpe seco. En una fraccion de segundo, sus piernas cortas se alzaron en el aire, perfectamente rectas, juntas hasta los tobillos. Se quedo suspendida en una vertical tan limpia que no temblaba ni un pelo de su trenza, digna de una clavada olimpica. Luego, con un movimiento seco de la cadera bajo la tela de los pantalones, empezo a girar sobre su propio hueso. Aquel giro cogio velocidad en un suspiro: su cuerpo menudo se convirtio en una silueta borrosa, un cono de ropa rosa que zumbaba como un avispón furioso. El polvo de las losas salio despedido en un circulo de tres metros, dejando el suelo limpio alrededor de su cabeza como si le hubieran pasado una escoba nueva. Tras dar media docena de vueltas completas sobre la mollera, la de fuscia flexiono el tronco y cayo de pie sobre sus sandalias sin hacer ruido. Miro a Hanma con esa ceja levantada que le ponia de malas pulgas. -Venga, mostrenco. A ver si eres capaz de ponerte del reves sin que tengamos que llamar a los canteros para sacarte los cuernos de la peña.-

Hanma avanzo hacia el centro del patio sabiendo que iba a pasar un mal rato y iba a estar fallando todo lo posible. Miro el suelo de losas quebradas y se coloco en cuclillas. El primer problema evidente fueron los cuernos. No eran adornos pequeños: dos astas de hueso solido y oscuro que nacian en los laterales de la frente y se curvaban hacia adelante como defensas de carnero bravo. Al agachar el morro para apoyar la parte superior del craneo, las puntas de los cuernos tocaron las lajas antes de que la mollera estuviera bien asentada. Si intentaba apoyarse asi, los cuernos hacian palanca y le torcian el pescuezo hacia atras de una manera peligrosa. Tuvo que arquear su cuello, meter la barbilla contra el pecho y apoyar la zona donde el cardenal morado estaba mas ... morado. En cuanto la piel toco la frialdad de la losa, vio las estrellas. Un calambre agudo le subio por las sienes. -Esto aprieta como un demonio.- gruño el gigante con la voz ahogada contra el suelo, mientras las palmas de sus manazas tanteaban el apoyo. -¡Pues claro que aprieta, so bestia! ¡Tienes la cabeza llena de golpes de ayer! ¡No pienses en el dolor, aprieta la nuca y tira las patas arriba antes de que me salgan canas!-

Tomando aire con fuerza, Hanma cerro los ojos y pego una patada seca al suelo con los talones para mandar las piernas al cielo. Aquello fue un desastre desde el primer intento. Levantar al aire trescientos cincuenta kilos repartidos en siete metros y medio no es lo mismo que alzar el cuerpo menudo de la jovencita que estaba trabajado para esto. En cuanto los pies se despegaron de las losas, el centro de gravedad del Gran Oni se volvio ingobernable. Las piernas enormes se abrieron en tijera buscando equilibrio en el aire. Los brazos temblaron como dos maderos a punto de partirse. Aquella mollera empezo a bailar sobre la piedra viva como un carnero recien nacido. El peso le vencio hacia la izquierda. Intento corregir con un latigazo del torso, pero la inercia de semejante mole no perdona los titubeos. La espalda colosal de Hanma cayo a plomo sobre las lajas del patio con un zambombazo que hizo temblar el risco entero. Sonó como un cañonazo contra la roca. Las losas viejas crujieron bajo su lomo y una nube de polvo blanco salio despedida hacia los lados, tapando la vista del barranco.

El animal, que ya sabia cuando las cosas iban a torcerse en el sentido literal ya que tambien se quedo bocabajo, habia saltado de la camisa medio segundo antes del impacto. Ahora estaba encaramado en el borde de una tinaja de barro, con la cola tiesa y los ojos, el sano, saltones clavados en su dueño como si viera el espectaculo mas bochornoso del South Blue. La dueña del patio, por su parte, se habia tirado al suelo del poyote, dandose palmadas en los muslos y soltando unas carcajadas que sonaban comouna urraca y que ponian a Hanma de los nervios. -¡Ay, mi madre! ¡Pareces un escarabajo pelotero panza arriba que no sabe darse la vuelta! ¿Es que tus piernas no saben ir juntas ni para mear? ¡Las has abierto como si fueras a saltar a la comba!- Hanma se quedo tumbado de espaldas diez segundos largos, mirando el cielo palido y sintiendo como el golpe le habia vaciado el fuelle. El dolor de la espalda era un ardor caliente y seco, pero lo que mas le rabiaba era la risa de la tipa de fucsia. Apoyo los codos y se sento en las losas con la cara malhumorada. -El suelo de aqui tiene trampas. Una losa estaba levantada, es eso.- -¡Que trampa ni que niño muerto! ¡Tienes la tripa floja y los hombros como manteca! ¡Arriba otra vez!-

Mascullando maldiciones hacia la de pelo rosa, Hanma se puso en cuatro patas de nuevo. Esta vez decidio que no se quedaria corto de empuje. Apoyo la frente, apreto los dientes con rabia y solto un patadon hacia arriba con toda la potencia de sus gemelos. El resultado fue peor todavia, aunque de forma distinta. Metio tanta furia en el arranque que las piernas subieron como vigas de catapulta, pasaron de largo la posicion vertical sin frenar y el cuerpo cayo hacia adelante en un volteo. No llego a tocar el suelo con la espalda: las dos puntas de sus cuernos de Oni se clavaron directamente en una grieta natural que cruzaba la pared de roca viva al fondo del patio. Fue un golpe seco y rotundo. Las astas se encajaron en la hendidura de granito como dos cuñas de hierro. La mole de siete metros y medio se quedo suspendida en el aire, cabeza abajo, con la nuca doblada y las piernas pataleando sin encontrar apoyo. El Gran Oni forcejeo usando los musculos del cuello, pero la roca viva apretaba los cuernos como un torno de herrero. Cada vez que tiraba, la piedra soltaba arenilla y las cervicales le crujian de mala manera, se hacia mayor. No habia forma de salir. La rata asomo los bigotes desde la tinaja, ladeo la cabeza con curiosidad , quizas se iba a quedar sin papi. Sira se acerco despacio y se paro justo debajo de la mole invertida. Le dio dos toquecitos con la punta del pie en el cuerno izquierdo. -Pues oye, ni tan mal. Si le pongo una cuerda entre los tobillos me sirve de maravilla para tender las sudaderas que tengo que lavar. Y encima le da un toque rustico al patio que no tenia antes.- -Sira. Saca esto de aqui antes de que te tire una losa a la cabeza con los dedos de los pies.- gruño Hanma, con la sangre acumulandosele en los carrillos y poniendole la cara morada. La anciana fue a buscar un madero grueso de pino que habia quedado arrumbado. Lo metio entre la grieta y la base del cuerno, apoyo el pie y tiro con un golpe seco de cadera. La roca cedio con un chasquido agudo de granito partido, los cuernos se soltaron y Hanma cayo al suelo de costado como un saco de trigo.

Dejando el madero a un lado, la anciana se coloco delante de Hanma mientras este se sacudia el polvo de los brazos y le clavo la punta de sus dedos en el nacimiento del cuello, en el triangulo que forman las claviculas con los trapecios. -Escucha con esas orejas que tienes, grandullon. La cabeza no es un clavo que se martilla en la pared. Y el cuello no es una soga de la que cuelgas un jamon. Para hacer el Buto Kaiten tienes que entender como funciona la columna en el estilo de las ocho vibraciones. Si dejas que el peso caiga suelto sobre las cervicales, te vas a partir el pescuezo el dia menos pensado y me va a tocar a mi cavar la fosa y no se me da bien cavar. Tienes que bloquear los hombros. Los omoplatos se juntan atras como si quisieras partir una nuez entre las paletillas. Los trapecios suben a tapar las orejas y el estomago se queda duro como una tabla de roble. Desde la coronilla hasta las uñas de los pies no puede haber articulaciones flojas. Eres una barra de hierro colado, no una ristra de morcillas con cuernos.- Hanma escucho en silencio, palpando donde la roca le habia arañado el cuerno. Aquello tenia sentido: no era empujar a lo loco, sino evitar que la fuerza se escapara por las juntas.

Colocandose de nuevo en el centro del patio, aparto los cascotes rotos con la bota para dejar una losa limpia. Respiro hondo por la nariz, llenando el pecho con el aire frio que olia a pino y a tierra mojada. Apoyo las palmas en el suelo, a la anchura de sus hombros gigantes. Inclino la frente con lentitud, buscando con cuidado el punto plano de la coronilla, entre el cardenal morado y el nacimiento de los cuernos. En cuanto la mollera toco el granito ajusto los omóplatos hacia la columna, tenso los dorsales en su pose ancha y bloqueo los musculos del vientre. Solo entonces, con un movimiento medido y seco, empujo el suelo con las puntas de los pies. Las piernas no salieron disparadas pesadas pero controladas, como dos vigas de un templo. Los muslos se apretaron entre si. Los gemelos se tocaron. Los talones se soldaron en el aire en una linea recta que apuntaba directa al cielo. Hanma sintio la tremenda carga de sus trescientos cincuenta kilos descansando sobre el vertice del craneo, pero esta vez el pescuezo no cedio ni un milimetro. Los hombros sostenian la boveda sin temblar.

Aquel patio alto quedo en un silencio, roto solo por el silbido del viento que soplaba del barranco. No se movia ni una mota de polvo. Hanma no respiraba con el pecho, sino con resoplidos cortos de diafragma para no desestabilizar la torre de musculo. Sira Matcha dio una vuelta completa alrededor de la mole, con las manos a la espalda y silbando para si. Le dio un golpe seco en los gemelos: sonaron duros. Le dio otro golpe en los gluteos: ni un temblor en la postura. Luego le clavo la mano en las costillas con una fuerza que habria doblado a cualquiera; Hanma apenas solto un gruñido sordo que le vibro en la garganta, pero su linea recta no vario un solo centimetro. -Mira tu por donde. Al final el buey tiene huesos dentro de tanta carne.- dijo la anciana con tono de aprobacion a regañadientes, parandose delante de la cara invertida del Oni. -La vertical la tienes, o al menos ya no pareces una carpa fuera del rio. Pero esto solo es el pedestal. Una peonza que se queda quieta es un palo clavado en la tierra. Ahora viene lo bueno. Vas a empezar a girar.-

-Habla rapido, que la sangre me esta bajando a los ojos.- solto Hanma con voz cavernosa, viendo el mundo al reves: el mar arriba, los riscos colgando del vacio y la impertinente maestra caminando como si estuviera pegada al techo de una cueva. -No me metas prisa, cabezon. El giro del Buto Kaiten no se hace pataleando en el aire. Si intentas mover las piernas, el compas se abre y te caes de morros otra vez. El giro nace de un latigazo seco de la cintura y de la cadera. Pero lo importante, lo que hace que esto sea Hasshoken y no una payasada de circo, es la cabeza. Tienes que soltar la onda de choque en circulo sobre el pellejo de la coronilla. Si no sueltas la vibracion, la friccion contra la piedra te va a pelar el cuero cabelludo antes de que des tres vueltas, te quedaras calvo. Resbalas sobre tu propia onda expansiva, ¿lo pillas? Es como un patin de hielo, pero hecho de sonido y fuerza bruta.- Hanma no asintio porque no podia mover el cuello, pero apreto los ojos. La idea de resbalar sobre una onda de choque tenia logica: ayer la onda fue hacia abajo, y hoy tenia que ser un anillo continuo que girara con el.

-¡Dale ya, antes de que te de una congestion!- ordeno la vieja dando un paso atras. Hanma no lo dudo. Con un movimiento brusco, pego un tirón seco con los musculos de la cintura hacia su derecha, mientras retorcia la cadera y concentraba su energia interna en la coronilla, soltando un pulso sordo de Hasshoken contra la laja de granito. Aquello arranco con una furia desmedida. La vibracion se encendio en el hueso con un zumbido seco, como el de una cuerda de contrabajo que se quiebra. La inercia de sus trescientos cincuenta kilos entro en rotacion instantanea. El cuerpo enorme de Hanma empezo a girar sobre la losa a una velocidad espeluznante. El sayo de lino y los pantalones anchos se abrieron por la fuerza centrifuga como las velas de un navio cogido por una tormenta de golpe. El aire del patio se arremolino en un cono gris que arranco de cuajo las hojas secas y la gravilla, lanzandolas en todas direcciones como si hubieran disparado una carga de perdigones al aire.

Cubriendose con a dos manos, Sira desvio dos piedras del tamaño de puños que salieron disparadas del suelo. La rata se pego al fondo de la tinaja chillando asustada. Hanma giraba como una rueda de molino desbocada, pero habia un detalle que la vieja no le habia avisado: como frenar o dirigir semejante centrifugadora viva. El eje de rotacion no estaba equilibrado del todo; la fuerza centrifuga de sus piernas tiraba hacia afuera con la violencia de dos vigas atadas a un peso muerto. El vertice de su cabeza empezo a deslizarse por las losas, derrapando en una curva descontrolada. La coronilla, protegida por la onda de choque del Hasshoken, iba limando la superficie de la piedra con un chirrido agudo de sierra, sacando chispas ¡Beyblade!. Iba derecho hacia el paredon de roca viva de la pared norte. Las pantorrillas de Hanma se estamparon de costado contra la roca a media rotacion. El golpe quebro un saliente de medio metro y la inercia del giro se corto en seco, tirando al Gran Oni contra los cascotes en una nube espesa de caliza.

Durante un minuto entero, en el patio solo se escucho el toser seco de Sira Matcha y el caer de las piedrecillas sobre las losas rotas. De entre el polvo surgio la mole de Hanma. El gigante se incorporo a gatas, sacudiendo la melena pelirroja que parecia de esparto por culpa de la harina de granito. Intento ponerse en pie sobre las dos botas, pero en cuanto estiro las piernas, el mundo decidio ponerse a dar vueltas de campana hacia el barranco. Los ojos de Hanma estaban desorbitados: una pupila apuntaba hacia la copa de un pino y la otra miraba fijamente hacia el suelo entre sus pies. Dio tres pasos de borracho hacia el poyote, con los brazos abiertos como un infante aprendiendo a andar. Se tropezo con un azulejo levantado, se comio de hombro una viga de madera del cobertizo y termino sentandose de golpe en el suelo, apoyando la espalda en el risco con la boca abierta. -Oye... vieja...- balbuceo Hanma con una voz pastosa que salia con esfuerzo. -¿Por que hay tres maestras vestidas de fucsia y las tres me estan mirando con cara de perro pachon?-

Soltando un bufido, la maestra se acerco con el cuenco de te en la mano, que habia salvado de la polvareda tapandolo con un plato de barro. -Solo hay una, buey atontado. Las otras dos son las ganas que tienes de irte a dormir la siesta. Te mareas porque eres un memo y te pones a mirar las peñas mientras das vueltas como una peonza de feria. Si miras para afuera, el ojo se te vuelve loco y el cerebro te flota en la mollera como una ciruela. En el Hasshoken el ojo exterior no mira nada. Se clava la vista en un punto fijo del estomago, hacia adentro, o cierras los parpados y dejas que la vibracion del hueso te diga donde esta el norte. ¡El guerrero que se marea con su propia tecnica dura dos asaltos en cualquier pelea seria!- Hanma cerro los ojos con fuerza, apreto los puños contra las rodillas y respiro despacio, tragandose las nauseas que le subian por el gaznate. El estomago le dio dos sacudidas fuertes. Tardaron varios minutos en calmarse las tripas del gigante. Cuando volvio a abrir los ojos, el horizonte ya no bailaba sobre el mar, aunque el chichón de la cabeza le latia con ganas.

El sol de mediodia cayo a plomo sobre las losas del patio, calentando la piedra como una sarten vieja. Ni una brizna de aire se movia por la ladera. Era la hora en que hasta los lagartos buscaban el agujero de las piedras para no asarse. Hanma arrastro su corpachón hasta el pedazo de sombra que daba la pared norte y saco su fardo de viaje con un resoplido. De entre los trapos saco una pierna entera de jabali ahumado que le habia comprado al tabernero tuerto, una carne salada y dura, pero con grasa para alimentar a un regimiento. La acompaño con dos hogazas de pan de centeno macizas como ladrillos. Sira Matcha saco de su zurron una fiambrera de bambu con cuatro bolas de arroz frio envueltas en alga y unos brotes de helecho encurtidos. El animal salio de la tinaja, cruzo el patio como una flecha gris y se subio al muslo de Hanma a esperar su racion. El gigante corto una tira gruesa de tocino con la uña y se la dio; la rata la agarro con las manos y empezo a roer con ruido. Comieron en silencio un buen rato. -¿Sabes por que los viejos de Kano inventaron esta salvajada de la cabeza giratoria?- pregunto la anciana, masticando despacio. -Porque tenian la cabeza mas dura que el sentido comun, imagino.-

-No seas idiota, mostrenco. Lo inventaron para limpiar todo a su paso.- replico Sira con un buche de te tibio. -En alta mar los barcos enemigos venian todo tipo de defensas. Si te tirabas de frente a pie, te ensartaban antes de tocar madera. Pero cuando un hombre de la Armada Happo plantaba la mollera en la borda y se volvia un tornado con el Buto Kaiten, las picas se partian como juncos. La vibracion ignora el escudo de roble, ignora la coraza de hierro y sacude las tripas al que esta detras. Y el empuje lo manda a volar.- Hanma mastico su carne. Aquello tenia una fuerza tremenda: un golpe que no se frena ante defensas pasivas y que encima barre al oponente por pura inercia. -Pero una cosa es girar en el sitio y otra moverse hacia adelante sin partirse los piños.- -Ahi esta el truco, mostrenco. El Buto Kaiten avanza como un ariete. Tienes que inclinar el eje de la cabeza un par de dedos hacia el frente para rodar sobre el colchon de vibracion. Ahora vamos a ver si eres capaz de embestir como un toro o si solo sirves para remover polvo.-

Para la tarde, la vieja Sira le hizo colocar en mitad del patio tres tocones gruesos de pino, clavados de punta en los huecos de las losas rotas. Detras de los troncos apilaron dos bloques cuadrangulares de granito de cantera, piezas de doscientos kilos cada una. -Ahi tienes la diana, grandullon. Sales desde la entrada, plantas la cabeza, inicias el Buto Kaiten y te llevas por delante los tres troncos y las piedras sin parar. Si te desvias, pagas las losas de tu bolsillo.- Hanma fue a colocarse a quince metros de distancia. Respiro hondo. Salto hacia adelante, clavo la coronilla y alzo las piernas con decision. Aquel remolino arranco con un rugido sordo. Las telas del sayo aullaron en el aire. Ahora tocaba el avance: Hanma intento inclinar el cuello hacia el frente para proyectar los trescientos cincuenta kilos hacia los tocones. Pero se precipito. Inclino el cuello con demasiada brusquedad antes de que el colchon de vibracion del Hasshoken estuviera firme sobre la piedra. La coronilla perdio el apoyo del aire y toco la arista de una loseta. El freno fue seco y brutal. La cabeza se clavo en el suelo como una estaca y Hanma salio arando la tierra con el pecho, los codos y la quijada a lo largo de cuatro metros, levantando un surco de gravilla con los morros.

Escupiendo barro y arenilla, Hanma se levanto con la barba sollada y un raspon en la mejilla. La vieja le grito desde atras que dejara de buscar lombrices y afinara el angulo. Volvio al punto de partida con los ojos encendidos. Salto otra vez, clavo la cabeza, alzo las piernas y solto el latigazo con furia. El tornado se encendio con un aullido bronco. Pero al intentar no clavarse de frente, ladeo el cuerpo hacia la derecha. La mole giratoria salio disparada en diagonal hacia el precipicio sur. Un cortado a pico de trescientos metros sobre el puerto y los pinos. Al notar que las losas se acababan bajo su coronilla, Hanma abrio los brazos de golpe. Sus manazas se estamparon contra el muro bajo que bordeaba el abismo, clavando las uñas en la piedra con fuerza desesperada. El frenazo fue tan violento que las piernas salieron despedidas por encima del limite, colgando en el vacío sobre el mar azul. Quedo colgado de los brazos, con medio cuerpo por fuera de la ladera. -¡Eh, grandullon! ¡Si te vas a tirar avisa antes, que no pienso bajar toda la cuesta a pagarle al tuerto la carne que le debes!- grito Sira sin moverse. Hanma tiro de dorsales con un gruñido, paso las piernas al patio y cayo de espaldas sobre las lajas, jadeando con la boca abierta.

Sentado en las lajas durante unos minutos, apoyo los codos en las rodillas. No habia rabia en su cara; habia esa concentracion paciente de los suyos. Habia intentado dominar el giro a base de fuerza bruta, pero el Buto Kaiten pedia un cauce limpio. La vibracion del Hasshoken tenia que correr constante desde el vientre hasta el craneo, sin tirones. El avance dependia de ladear el eje apenas dos dedos, dejando que el vacio frontal hiciera el trabajo de arrastre. Se levanto sin decir palabra. Cruzo el patio con paso firme. Miro los troncos de pino y los bloques de granito. Se coloco en guardia. Salto: la coronilla beso la losa con un impacto limpio. El cuerpo subio a la vertical como una vara de fresno y la cadera solto la rotacion en sincronia con el pulso interno. El sonido fue un bramido continuo y aterrador, como una turbina forzada al limite. El cono de viento y polvo cerro filas alrededor de Hanma. Inclino el eje con suavidad hacia adelante: el Buto Kaiten avanzo en linea recta como un torpedo de asedio. Llego al primer tronco: la onda del Hasshoken destrozo la base de la madera antes del choque de la carne. El tronco estallo en astillas hacia el cielo. El segundo tronco salio despedido, partido por la mitad. Y al alcanzar los bloques de granito, la vibracion ignoro su peso y los mando cinco metros hacia atras con un chasquido seco.

Frenando el giro con un latigazo inverso, Hanma bajo los pies al suelo y planto las dos botas sobre las losas con un golpe sordo. Se incorporo despacio, con el pecho subiendo y bajando por el esfuerzo. Los musculos de la espalda se tensaron en una pose de dorsales colosal que hizo crujir las vertebras una a una: ¡CLAC-CLAC-CLAC! Ratatouille asomo la cabeza de la tinaja y corrio por las lajas para meterse en el bolsillo con un chillido contento. El sol descendia con rapidez tras las cimas. Sira Matcha camino hacia el centro del patio, esquivando los surcos que el gigante habia dejado en la piedra. Se detuvo a diez pasos, de espaldas al poyo. Se limpio el polvo que habia generado todo aquello, flexiono las rodillas y bajo el centro de gravedad en una guardia corta y firme. -Ya has roto bastante leña y bastante piedra muerta, grandullon. Pero el Buto Kaiten se hizo para pelear contra hombres. Si de verdad quieres que te reconozca la tecnica, vas a venir a por mi con todo lo que tengas en ese cuerpo inmenso. Sin frenar y sin miedo a romperme nada. Si dudas medio parpadeo, te abro la cabeza antes de que toques el suelo. Si me empujas los diez metros que marca la ley, la tecnica es tuya. Ven cuando quieras, buey pelirrojo.-

Hanma miro a la anciana. En su postura habia una fuerza que densificaba el aire. Doblo el pescuezo a los lados, haciendose crujir las articulaciones. -Luego no le llores al tuerto si te bajo en carretilla.- solto con calma de trueno. -¡Menos pico y mas mollera, mostrenco!- espeto ella sin pestañear. Hanma dio un paso atras. Flexiono los muslos hasta que la ropa crujio. Salto al frente: la coronilla impacto contra la losa con golpe seco. El cuerpo subio a la vertical como un relampago oscuro. Manos al pecho, talones juntos y la cadera solto un giro que arranco un sonido estruendoso de la peña. El torbellino de aire comprimido giro a revoluciones salvajes. Con un leve toque del cuello, el tornado avanzo hacia Sira Matcha. La anciana no retrocedio. Cruzo sus brazos al pecho y solto su Hasshoken en escudo de vibracion. El Buto Kaiten de Hanma choco contra la guardia de la maestra.Sus brazos se separaron y la inercia solto una detonacion circular que sacudio el patio. Sira Matcha fue empujada a toda velocidad; sus sandalias patinaron sobre el granito sacando chispas y humo blanco, recorriendo exactamente diez metros en linea recta hasta frenar a tres dedos del precipicio sur, donde clavo el sus pies en una grieta.

El torbellino ceso en seco. Hanma bajo las piernas con golpe rotundo que quebro la losa bajo su cabeza. Se puso en pie despacio, con manos en los muslos y respiracion jadeante. Tenia los hombros enrojecidos por el viento y sudor bajandole por la frente, pero su porte era firme. A diez metros exactos, Sira Matcha permanecio quieta unos segundos, con la trenza fucsia despeinada y la sudadera llena de caliza. Miro el vacio a su espalda y luego los dos surcos que sus sandalias habian grabado en las losas hasta sus pies. Bajo la vista y se limpio la boca con el dorso de la mano con una sonrisa ancha y burlona. -Has destrozado el patio, buey pelirrojo. Las losas me van a costar una fortuna. Pero el Buto Kaiten esta donde tiene que estar. La vibracion corre limpia por la mollera y empujas como un demonio. La tecnica es tuya.- Hanma se paso la manaza por la nuca, notando el cuello crujir en su sitio tras la paliza. La rata asomo el morro desde el bolsillo y se acurruco contra su pecho caliente. Sira recogio su cuenco del poyote. -Ahora largate cuesta abajo antes de que anochezca. Y dile al tuerto que te cobre una jarra de aguardiente a mi nombre... pero el estofado te lo pagas tu solito.- Hanma no hizo reverencias. Se ajusto el sayo, dio media vuelta y enfilo el sendero empinado con paso pesado y tranquilo, haciendo temblar las lajas. -El estofado me lo pago yo. Pero la proxima vez, maestra, la que va a rodar diez metros barranco abajo vas a ser tu.- solto el Oni mientras su sombra gigante se perdia entre los pinos.
[Imagen: AL4aO9R.jpeg]
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