18-09-2026, 01:58 PM
Dia 68 de Verano, Año 18 - Isla Karate, South Blue - Patio alto de la montaña
Atributos Personaje
La piedra de la montaña guardaba el frio de la madrugada mucho despues de que el sol llevara horas pegando, a fin de cuentas calentar todo aquel volumen de material terroso necesitaba grandes cantidades de calor que el sol no estaba dispuesto a dar tan facilmente. Aquella frialdad le calo en la misma planta de los pies cuando cruzo el umbral del patio, aquel rectángulo de losas viejas y bordes roidos que alguien habia tallado directamente en la ladera, encajado entre dos paredes de roca viva, que en cierta manera era curioso el termino de roca viva pero a los del lugar le gustaba pronunciar aquello orgullosos de haber picapedreado de manera insana la roca, y abierto al precipicio por el sur. Desde alli se veia toda la isla hasta el puerto: los tejados de los dojos escalonados por toda toda la falda de la gran montaña, el mar quieto al fondo y, entre medio, la franja verde oscuro del bosque por el que habia estado subiendo el gigante desde antes del alba. La niebla todavía se aferraba a las copas de los pinos. Ni un alma se cruzaba por el camino, eso o es que intentaba evadir por todos los medios a Hanma y es que a esa misma hora de la mañana todos los discipulos de los dojos de abajo dormían todavía o hacían sus primeras rutinas en los patios de adentro, sin asomarse a estos senderos donde el terreno se le vuelve muy irregular y el suelo te da sorpresas en cada paso.
En la esquina norte del patio esperaba la maestra. El la vio antes de entrar: pequeña, metro sesenta y pico, pelo rojo fucsia recogido en una trenza que le llegaba hasta la cadera, sudadera rosa pastel con los nudillos en carne viva apoyados en la rodilla. Tenia delante una pared de bloques de piedra apilados, de esos que se usan siempre para probar los golpes al grito de un ¡Hiya!. La pieza de mas arriba era como un adoquin del tamaño de tres. La joven de cabello rojo quebró el pedrusco con la frente sin levantarse del todo, sin gritar, sin tener que hacer ningun gesto que fuera especial: solo echó el cuerpo adelante y el bloque se partio en dos mitades iguales que se cayeron a cada uno de los lados. El sonido del golpe fue del todo seco. Ella sacudio la cabeza, la polvareda le blaqueo el flequillo por un instante y se le fue del todo con el aire. El monstruo de pelo rojo, llamado Hanma, no aviso al entrar. Su llegada no necesitaba anunciarse pues siete metros y medio de Gran Oni era carta de presentacion suficientes. La dueña del lugar no se dio la vuelta, aunque aflojo los hombros a la espera. -He oido que enseñas aqui.- La veterana se volvio entonces hacia el. Lo miro de arriba abajo sin ninguna prisa particular; la clase de mirada que hacen los que llevan mucho tiempo en una montaña y han aprendido que el tamaño no dice gran cosa de nadie. -Te han informado bien. ¿Que quieres aprender?- -Buto.- Puesta en guardia con desgana, la enana se cruzo de brazos, ¿parecía desanimada?. No dijo nada de inmediato. Le dio la vuelta al nombre en la cabeza un momento, o quiza solo estaba mirando si habia algo detras del monosilabo que valiera la pena escuchar. Entre los pliegues de la camisa del Oni, la rata asomo el morro y volvio a esconderse porque realmente hacia frio de verdad.
-¿Sabes lo que pides?- -Un cabezazo que parte lo que se ponga por delante. Lo se.-
-No es un cabezazo. Un cabezazo es lo que le da un borracho a una farola. Buto es una onda. La diferencia es que a la farola la abolla; a ti con Buto te sacudo las tripas sin tocarte el pellejo grueso que tienes.- La enana fucsia cogio el pedazo de bloque que habia quedado mas entero y lo lanzo al aire entre sus manos una vez, dos veces, como si calculara el peso. -Si solo quieres que te enseñe a tirarte de cabeza contra algo, vete al barranco del sur y practica solo, quizas con suerte no te abras la cabeza. Ahorra tu tiempo y el mio.- El gran oni no se molesto en replicar. Habia aprendido hace mucho que responder a una pregunta con otra pregunta es la forma mas rapida de perder la conversacion. Se echo los codos atras, junto los omoplatos y la espalda le crujio una vez, seca. La pose de dorsales le destenson los musculos del cuello y los hombros. Luego bajo la vista hacia la maestra con esa calma que a veces la gente confundia con indiferencia y que en el era otra cosa, era escuchar de verdad como un cachorro cuando gira la cabeza escuchando atento.
-¿Por que Buto?- -Porque ya vi como funciona. Vi a alguien usarlo contra mi. Entro hasta el fondo sin pedirme permiso. Me interesa.- Los ojos de la mujer midieron su corpulencia un segundo mas. -¿Eres artista marcial?--Cuerpo a cuerpo. Sin armas, trampas ni carton.- -¿Donde aprendiste?- -Aqui. Abajo. En los dojos de la ladera. En las peleas de los dojos de la ladera. Defendiendome de los aprendices de los dojos de la ladera- De la garganta de la enana fucsia salio una risotada corta y seca: mas bien el sonido que hace alguien cuando una respuesta le confirma algo que ya sospechaba. Tiro el medio bloque de vuelta al monton.
-Esta bien. Te enseño dos cosas y tu peleas conmigo. Si sacas algo de esas dos cosas antes de que acabe el dia, me habras convencido de que la tecnica ya esta dentro de ti y que solo necesita nombre. Si no, vuelves mañana y el dia siguiente hasta que salga o hasta que te rompas.--Entendido.--Primera cosa: el Hasshoken no se aprende en la cabeza. Se aprende en los huesos. Tienes que sentir la vibracion antes de generarla. Pon la mano aqui.- Con la barbilla, la vieja señalo los bloques que quedaba en pie, los tres de la base. Hanma dio dos pasos y planto la palma abierta en la piedra fria. La pelirroja se planto al otro lado de la pared, en la misma cornisa del patio, de cara al precipicio, y golpeo la roca con la palma tambien: un golpe seco, sin fuerza aparente, nada que hubiera hecho ruido en un combate normal. Pero la vibracion llego a traves de la piedra directa a los tendones de la mano de Hanma, subio por el antebrazo y le sacudio el hombro con un zumbido que tardo en apagarse. No habia sido el puro impacto lo que habia viajado por la roca. Se trataba de algo todavia mas hondo, algo que se habia generado antes del contacto y se le habia liberado en el mismo momento en que la palma se le apoyo sobre la roca.
-¿La sentiste?- -Si.--Eso mismo es lo que tu tienes que hacer con la cabeza cuando impactas. No empujar. No golpear. Vibrar. La onda se mete por todo lo que encuentre porque las ondas no se quedan en la superficie: la atraviesan. Segunda cosa: el salto no es para coger altura. Es para coger peso. Toda esa mole cayendo en curva valen mas que trescientos cincuenta kilos empujando desde el suelo. Cuando te encuentres en el aire, no te pongas a pensar en llegar. Solo piensa en dejarte caer con todo lo que tienes encima.- Hanma repaso eso en silencio un momento. -¿Y la vibracion como se genera?- -Esa es la parte que no se puede enseñar. Esa es la parte que tienes que descubrir tu en el combate. Por eso vamos a pelear ahora. Cada uno tiene una vibracion, busca la tuya- Al volver al centro del rectangulo de piedra, la dueña del dojo tiro la sudadera sobre el monton de bloques y se quedo en camiseta blanca con los nudillos tapados en vendas viejas. Se puso en el centro del patio con los pies separados a la anchura de los hombros y los brazos caidos a los lados. Sin guardia formal. Hanma conocia esa postura: la de quien ha decidido que la guardia es un lujo que no necesita frente a un aspirante.
-No te mato. Pero tampoco te tengo consideraciones.- -No las necesito.- El Gran Oni tomo posiciones en el extremo opuesto del patio. Veinticinco metros de piedra fria entre los dos. El sol de la mañana ya alcanzaba a colarse para entrar por el borde sur del patio y dejar una franja de luz en el suelo que a el le llegaba hasta la rodilla. Ratatouille se habia acomodado en el cuello, quieta, sin agitarse: la rata conocia la diferencia entre un peligro real y una prueba, ella era ya experta en esto.
El primer ataque de la tanda lo inicio el propio Hanma. Se impulso con los dos pies hacia adelante, cubrio diez metros en una zancada y lanzo el brazo derecho en un arco amplio, abierto, sin disimulo: un golpe de prueba para calibrar como reaccionaba la maestra. Aquella experta esquivo el envite sin tener que desplazarse, solo le torcio el tronco y dejo pasar el brazo a un centimetro del hombro, y en el mismo movimiento le fue a golpear en el mismo costado con la palma de la mano: no de una forma muy fuerte, pero si con un efecto del todo extraño, como si algo se le hubiera sacudido a el dentro de las costillas por debajo de todos los musculos de su cuerpo. Hanma freno y se giro. -Eso fue el Hasshoken.- -Un Hasshoken de saludo. Muestrame lo que tienes.-
Los siguientes veinte minutos de la pelea fueron como una leccion entera sin una sola palabra, aquella enseñaba con actos. Hanma ataco con todo lo que sabia: golpes directos, arcos amplios, un agarre de cabeza que la maestra esquivo metiendose por debajo de su brazo como si pasara por una puerta y saliendo al otro lado sin rozarlo. Cada vez que Sira Matcha lo golpeaba, el impacto llegaba limpio pero la vibracion que dejaba dentro era otra cosa distinta: un zumbido que persistia dos o tres segundos despues de que el golpe ya hubiera pasado. No dolia como un golpe normal. Dolia hacia adentro, como cuando te chocas el meñique con un mueble. Dolia de veras; Hanma nunca lo diria en voz alta, pero dolia de veras. Hanma reconocio la sensacion. Era la misma que habia sentido cuando el nñato le meto el Buto en el estomago en la plaza de abajo, semanas atras; aquel primer impacto limpio que habia viajado a traves de los musculos del abdomen como si no estuvieran ahi, sacudiendole las tripas con un zumbido sordo que no se fue en varios segundos. Aquella primera vez le habia sorprendido lo diferente del daño, lo interior de el. Ahora, recibiendolo una y otra vez en el patio de la maestra, empezaba a entender la mecanica que habia detras.
Aquel temblor no nacia en la pura superficie. Venia del momento justo antes del impacto, cuando el cuerpo comprimia el gesto y lo soltaba. Era un problema de tiempo, no de fuerza. Al cabo de una hora larga, la enana de fucsia freno en seco en medio de las losas. -Ahora tu. Salta e intenta el cabezazo.- Hanma retrocedio cinco metros, calculo el arco que necesitaba y salto. Aquel gran salto fue del todo bueno en cuanto a la potencia del impulso: cubrio los cinco metros por el aire sin ningun tipo de esfuerzo, partiendo de que el media siete metros y medio. Pero el momento justo en que la cabeza tenia que soltarse se le vino demasiado tarde, cuando todos los pies ya habian dejado de estar en el aire y toda la fuerza de la inercia ya se le habia gastado por el camino. El golpe llego blando, sin peso real, contra el antebrazo que Sira Matcha levanto para recibirlo. El impacto no movio a la mujer ni un milimetro.
-El tiempo. Lo sueltas cuando ya no tienes impulso. Repitelo.- La siguiente tentativa resulto todavia mas desastrosa. Hanma trato de anticipar el momento y lo adelanto tanto que la cabeza bajo en el arco antes de que el cuerpo hubiera terminado de caer; la inercia lo llevo de frente hacia el suelo y tuvo que plantar las manos en las losas para no comerse la piedra y dejarse los piños. Escupiendo tierra y arenisca entre los dientes, se incorporo. La dueña del patio no habia movido ni un solo dedo de su sitio en toda la mañana. El animal de compañia asomo el hociquillo por la tela. -Callate.- Aquella bola de pelo no habia soltado ni un chillido. Pero era de las que opinaban con el silencio. El tercero fue igual. Y el cuarto. A la quinta prueba, Hanma cayo de rodillas y se quedo un momento en esa posicion mirando las losas, con el cuello tenso y los hombros sudados. El roedor de un solo ojo habia saltado al suelo con buen tino y esperaba en la grieta entre dos losas, prudentemente fuera de la trayectoria de caida. -Descansa dos minutos.- -No necesito descansar.- -¿Acaso te pregunté?. Descansa dos minutos.-
Hanma se sento al borde mismo del patio, con las piernas colgando hacia el mar. El aire era afilado. La niebla de abajo ya se habia roto y dejaba ver las losas del sendero viejo. Olia a resina caliente. En uno de los dojos de abajo sonaba un poste de madera bajo los puños de algun discipulo temprano. Golpe seco. Ritmo sordo y parejo. Era el mismo sonido que habia rebotado contra sus orejas durante toda la infancia en aquella sierra. Y tambien contra sus huesos. El habia intentado entrar en tres de esos dojos cuando era crio. En ninguno lo habian aceptado. Demasiado grande, demasiado raro, demasiado dificil de encajar en un tatami pensado para personas de la mitad de su tamaño. Asi que habia aprendido solo, en los senderos y en las plazas, probando lo que veia a otros hacer y descartando lo que no funcionaba en su cuerpo. La mayor parte de las artes marciales estaban pensadas para cuerpos normales. El habia tenido que reescribirlas en el suyo a fuerza de ensayo y de hueso. Cada tecnica que habia incorporado a su forma de pelear le habia costado el doble que a cualquier otro porque su cuerpo era el doble de complicado de mover. La pequeña alimaña trepo por la bota del gigante y lo miro desde alli abajo con su ojo bueno. Hanma la recogio con dos dedos y la volvio a poner en el hombro. -Luego te cocino algo bueno.- El animalejo parpadeo con su unico ojo. Con eso bastaba.
El ogro se puso en pie y regreso al centro del patio. Encima de las piedras partidas estaba sentada la veterana comiendo algo que habia sacado del bolsillo de la sudadera. Una especie de galleta de arroz aplastada. Lo miro. -¿Listo?- -Si.--Antes del siguiente intento: ¿en que estas pensando cuando saltas?-
Hanma tardo en contestar porque era una pregunta honesta y las preguntas honestas merecen una respuesta honesta. -En el angulo. En cuando soltar.- -Ahi esta el problema, las matematicas solo traen problemas. Deja de pensar en el angulo. Deja de pensar en cuando soltar. Piensa en cuanto pesas.--En cuanto peso.--Un porron, imagino. Cuando saltas, ese peso sigue siendo tuyo. No lo estas dejando en el suelo. No lo estas pidiendo prestado. Esta en el aire contigo. Deja que caiga. La cabeza llega porque es lo que mas pesa y porque el peso es lo que manda, no tus ganas de pegarle a alguien. La tecnica no la vas a decidir tu, de ninguna de las maneras; la decide la fuerza de la gravedad. Tu solo le das permiso.-
Hanma proceso eso en silencio. Era la clase de explicacion que no se entiende con el cerebro. Se acordo de la pared de bloques, de cuando Sira Matcha habia golpeado desde el otro lado y la vibracion habia viajado por la piedra hasta su mano. No habia sido un empuje. Habia sido algo que cedia y llegaba al mismo tiempo. -De acuerdo.- Retrocedio al borde del patio, calculo la distancia y salto. Esta vez no penso en el angulo ni en el momento. Penso en los trescientos cincuenta kilos. En toda la masa que llevaba en el aire. Y cuando el cuerpo empezo a bajar en la curva del arco, le dio paso sin pensarlo. No adelanto el golpe. No lo retuvo. Dejo que la cabeza llegara sola, cargada con todo lo que pesaba el salto.
El choque directo contra el gran bloque de piedra de las practicas que Sira Matcha habia colocado en el centro del patio fue distinto a cualquier cosa que hubiera sentido antes en un entrenamiento. No fue solo el golpe. Fue el momento justo antes del golpe, cuando algo en el craneo se comprimio y se solto al mismo tiempo, como el muelle de una trampa que lleva semanas esperando el momento exacto. La sacudida reventó hacia afuera en todas las direcciones posibles. Hanma la sintió en los propios huesos de la cara, subiendo por la estructura del cráneo hasta la mandibula. El bloque no solo se rompio: se astillo hacia adentro, en pedazos irregulares que salieron proyectados radialmente. Todas las losas del suelo crujieron con fuerza. Una grieta de tres metros se abrio desde el punto de impacto siguiendo las juntas de la piedra antigua del patio.
El retumbar de aquel golpe tardo un buen rato en irse de alli. La brisa del sur lo llevo hacia el precipicio y se apago cuando cayó. El bicho volo. Por la pura inercia del choque, el roedor salio volando del hombro en el momento del impacto. Estaba sobre el hombro de Sira Matcha, que ya tenia la mano levantada para recibirla antes de que llegara. Aquella fiera bajita miro al bicho, luego la grieta en el suelo, y luego a Hanma que seguia con la frente apoyada en los escombros del bloque, dejando que el calor del impacto se distribuyera por el hueso. Habia sangre en el cuerno izquierdo. Una linea fina le bajaba por la curvatura roja hasta la sien.
Aquel silencio se mantuvo por un buen rato para que la brisa volviera una vez. -Eso es Hasshoken. Mas o menos.- La mujer coloco de nuevo a la rata en la clavicula del gigante y se acuclillo junto a la grieta, pasando las yemas de los dedos por el borde como quien examina el filo de un corte, sin asombro, con atencion tecnica. Toco los dos fragmentos principales del bloque, levanto uno y lo giro en sus manos. -La onda entro hasta el fondo. ¿Ves como ha estallado? Desde las entrañas hacia afuera, no machacando la superficie. Si fuera un golpe de taberna, habrias dejado una mella y ya esta. Pero esto...- Dejo caer el fragmento con un golpe seco. -Esto ha quebrado la roca por dentro antes de que la cascara se enterara. Eso es Buto, cabezon con cuernos.- -¿Entonces lo tengo?- -Has sacado el primer golpe decente. No te creas que ya eres un maestro, pero la onda salio limpia. De chiripa, pero salio.- La maestra se levanto y recogio la sudadera del monton. -Ahora te toca quitarte esa sangre de la ceja. Si sangras, es que te estas tragando la mitad del viaje en tu propio hueso. Como no aprendas a soltarla entera, te vas a abrir la sesera antes de tocar al otro. Funciona, si. Pero como no afines el golpe te vas a matar tu solo.-
Aplastando los cascotes con su mole, Hanma tomo asiento del bloque con la rata en el hombro y la sangre secandose en el cuerno al aire frio de la mañana. Le dolia bastante. Dolia desde dentro, no en la superficie; lo que significaba que habia golpeado de verdad y que la vibracion habia ido en las dos direcciones, hacia el objetivo y hacia el. El Hasshoken no distinguia entre quien ataca y quien recibe. La onda viaja sin pedir permiso. -¿Cuanto tiempo tardaste tu en dejarlo de notar?- La maestra guardo silencio un buen rato, con la ropa puesta y los brazos cruzados. Poco tenia que ver con la duda: era el silencio era el de quien decide si la respuesta merece contarse. -Dos años. El primer año me sangraba la nariz en cada entrenamiento. El segundo aprendi a redirigir la vibracion de salida hacia el objetivo antes de que llegara a mis propios tejidos. No es que dejara de doler: es que aprendi a soltarla antes de que me tocara a mi.- -Dos años.- -Soy humana, tengo mis limitaciones. Tu eres un mostrenco con los huesos que tienes. Quiza te tome menos. Quiza mas, porque eres tan grande que la onda tiene mas sitio por donde perderse antes de llegar al objetivo. Cada cuerpo es distinto.-
Acurrucada contra la piel caliente, la rata cerro el ojo bueno y se quedo quieta. No tenia prisa. Abajo en la montaña, el discipulo del dojo inferior habia dejado de golpear el poste. Ahora el unico sonido era el viento entre los pinos y el agua de los arroyos en las grietas de la roca. -¿Puedo volver a practicar mañana?- La mirada de la veterana se clavo en su pecho. -Este patio lo tengo libre hasta el mediodia. Si llegas antes del amanecer, no te cruzo en el camino.-
Aquello no tenia nada de invitacion cordial; era un margen de faena. El coloso acepto aquel permiso a secas. Dejo los cascotes atras, se sacudio el polvo blanco de piedra del pantalon y puso a Ratatouille bien en el hombro, ajustando su posicion con cuidado. La rata estiro la patita delantera derecha y la apoyo en el cuello de Hanma como hace alguien que se sujeta en un saliente cuando el suelo no es del todo plano.
-Esta noche te cocino algo de verdad.- La instructora de rosa se quedo mirando las manazas del Oni un segundo mas. -¿Sabes cocinar o solo lo dices?- -Soy cocinero de verdad. Mi comida no es fideo de sobre ni sobras de taberna: mi comida llena un cuerpo entero.- -¿Donde?- -En cualquier parte que tenga fuego y ingredientes.-
Sira Matcha considero eso. Luego solto lo mas parecido a una sonrisa que habia mostrado en toda la mañana, que era apenas una variacion en la comisura derecha. -Hay una taberna en el camino de bajada, a mitad de la ladera. El propietario me deja usar la cocina por las noches si le dejo limpias las parrillas. Si en serio sabes cocinar, dile que vienes de mi parte. Si no sabes, no le des mi nombre.--Le dare tu nombre.- Hanma bajo por el sendero de regreso a la ladera. El calor del mediodia empezaba a picar fuerte sobre la piedra de la montaña y el olor a resina y a cal caliente le lleno la nariz mientras descendia. Paso a paso. Desde el camino se oia el rumor de los dojos abriendo sus patios al dia, el traqueteo de los postes de entrenamiento, las voces de los maestros marcando el ritmo a sus discipulos. Habia pasado aqui su infancia completa escuchando esos mismos sonidos desde fuera, sin que nadie le abriera una puerta. Ahora los escuchaba bajando de un patio en el que acababa de romper el suelo con la cabeza.
Aquello distaba mucho de ser una venganza tonta; era una victoria simple: era haber llegado por sus propios medios a un sitio al que antes no lo dejaban entrar. El animal husmeo la resolana y se metio de nuevo en el escote. Hacia calor ya en el camino. -Ya se.- Le dijo a la rata.
Esa tarde, en la cocina de la taberna de media ladera, Hanma preparo un estofado de res con especias del monte que olia a la mitad de la isla. Carne con hueso de res local, pimenton tostado molido en el mortero del propio tabernero, hierbas silvestres que habia recogido el en el sendero de bajada identificandolas por el olor; hongos secos de la despensa del local que Hanma reviso sin pedir permiso y que el propietario le dejo revisar porque cuando alguien de siete metros y medio revisa tu despensa la cuestion de los permisos tiene sus vueltas. La olla que usó era la mas grande que tenia el local. Aun asi le quedaba pequeña. Improviso con dos. La coccion a fuego lento empezo al caer la tarde, con el vino blanco añadido en dos veces para que no lo ahogara antes de que la carne cediera. El dueño del mesón asomo el hocico a la cocina cada media hora, primero por curiosidad y luego por el olor. En la tercera visita ya se habia traido su cuenco. Hanma lo miro.-Todavia le falta una buena hora a esto.- El tabernero no se movio un palmo, babeando con la loza vacia entre las manazas. -Si lo abres ahora, se pierde la ultima hora. Esa es la mejor.-
El tabernero volvio a su barra. Y la ultima hora fue la mejor: la carne se separo del hueso con la cuchara, el caldo espeso habia concentrado todo lo que habia metido dentro. Dos discipulos de un dojo de la ladera se asomaron a la puerta del local como quien no quiere la cosa. La mujer de rosa cruzo la cancela cuando el puchero llevaba ya dos horas borboteando. Se sento en el banco mas resistente del local sin decir nada, saco ella misma el cucharón del gancho de la pared sin pedir permiso y metio el mismo en la olla para probar el caldo directamente. Lo guardo en la boca un momento. Dejo el cucharón. -Esta bien.- -Lo se.-
La instructora engullo el contenido sin soltar prenda hasta dejar el barro reluciente. Cuando termino dejo el cuenco en la mesa con un golpe suave. -Mañana antes del amanecer.- -Estare.- Y estuvo.
La segunda jornada trajo un viento del norte que pelaba las orejas y la piedra del patio mas fria que la víspera. Hanma llego antes del alba como habia prometido; Sira Matcha ya estaba en el centro con un bol de te que humaba en sus manos y no ofrecio. Tampoco hacía falta. Se pusieron a trabajar sin preambulos: la maestra habia colocado cuatro bloques en el patio, separados entre si por cuatro metros cada uno, dispuestos en diagonal desde la esquina norte a la sur. El ejercicio consistia en encadenar cuatro saltos consecutivos, impactando en cada bloque sin tocar el suelo entre medias. Sin Buto todavia. Solo el arco, el tiempo, el peso.-Si tocas el suelo entre bloques, vuelta a empezar.-
Los primeros tres intentos terminaron en el suelo despues del segundo bloque. En el cuarto, Hanma encadeno tres de cuatro y el ultimo lo fallo por quince centimetros, aterrizando de hombros contra la losa y dejando una marca en la piedra con la clavícula. -La cadera. Cuando saltas al tercer bloque, la cadera llega tarde. Usas los hombros para compensar.- -¿Como se corrige?- -Dejando de comerte la olla. Saltas con miedo a romperse las uñas. ¡Suelta el bulto y salta de una vez!-
No suena a instruccion. El ogro probo suerte de todas formas y en el septimo intento encadeno los cuatro. Sin Buto todavia. Solo el cuerpo en el aire, toda la mole de su cuerpo en cada salto aterrizando en el bloque correcto en el momento correcto. La maestra lo vio y no dijo nada. Pero recogió los cuatro bloques y los volvio a colocar, esta vez con tres metros de separacion en lugar de cuatro. A veces el silencio de un maestro es la forma mas cara de validar que sigues en la direccion correcta. La tercera jornada amanecio torcida. El sol no aparecio: la isla entera se quedo atrapada en una llovizna fina de primeras horas que hizo las losas resbaladizas y el aire pesado de humedad. Hanma subio igual, sin paraguas porque no tenia y aunque lo hubiera tenido no le iba a caber ninguno. Llego al patio chorreando y encontro a Sira Matcha haciendo un ejercicio de brazos contra la pared de roca, en camiseta blanca empapada, sin que la lluvia le hiciera ninguna gracia visible pero tampoco ninguna queja.
-Los bloques estan mojados. Resbalaran. Cuando saltes al segundo, la superficie te va a dar menos agarre en el cuerpo. Eso en realidad es bueno.- -¿Por que?- -¡Porque la onda no necesita que el suelo te baile el agua! Si el golpe esta maduro, le da igual que haya barro, fango o manteca. Si patinas, el problema son tus patas, no la lluvia.-
El primer intento que hizo bajo la lluvia resulto del todo desastroso en lo que al equilbrio respecta: Hanma resbalo en el segundo bloque y cayo de costado con un sonido que se oyo hasta la mitad de la ladera. El segundo intento fue mejor porque ya sabia donde estaba el resbalón. El tercero fue el primero desde que empezaron en que la vibración salio limpia sin que hubiera sangre en el cuerno al final. Poca diferencia con los dias anteriores, pero la suficiente. El acierto no paso desapercibido para la mujer.
-¿Lo sentiste?- -Si.- -¿Donde la perdiste?- Hanma penso un momento. Habia habido un instante, justo en el impacto, en que algo se habia bifurcado: parte de la vibración habia ido hacia el bloque y parte habia rebotado de vuelta hacia el crá neo. No igual que los dias anteriores, donde todo rebotaba. Habia sido la mitad. Progreso.-En el contacto. En el momento exacto del contacto, se divide. La mitad va hacia afuera y la otra mitad vuelve.- -Correcto. Eso es lo que tienes que resolver. Cuando el craneo toca la superficie, tienes una fraccion de segundo para elegir donde va la onda. Si no la eliges, va a los dos sitios a partes iguales. Con el tiempo lo haras sin pensar. Ahora tienes que pensarlo.-
-¿Como se elige?- La maestra tardo en responder. No porque no supiera: porque buscaba la forma de traducirlo a palabras que Hanma pudiera usar. -¿Porque piensas tanto en lugar de dejar que tu cabeza sea la que vaya delante y tu le sigues? Usa la cabeza para lo que tienes, golpear sin pensar.- El Oni guardo silencio. Se giro hacia la fila de bloques que quedaban y salto de nuevo. En esa ocasion la vibración fue un sesenta por ciento hacia el objetivo. Faltaba mucho para redondear el golpe, pero superaba con creces los fiascos anteriores. Al cuarto dia el cielo amanecio despejado y seco. El cielo estaba limpio y la piedra del patio seca cuando Hanma llego todavia con estrellas. La veterana del monte se retraso unos diez minutos sobre el horario, con las vendas mas nuevas que ningun dia anterior, lo que Hanma interpreto como que habia tenido un combate real el dia anterior y no como que habia cuidado especialmente el vendaje por el entrenamiento. No lo pregunto. No era su asunto.
Ese dia Aquella mañana la veterana no monto ninguna torre de piedra. Le señalo el borde sur del patio, el que daba al precipicio.-Salta hacia el precipicio y vuelve antes de caer.-
Hanma miro el borde. Habia cuatro metros de aire hasta las copas de los pinos mas proximos y abajo, bastante abajo, las rocas de la ladera. El precipicio no le iba a quitar la vida a alguien de su pellejo, desde luego. Pero tampoco era agradable. -¿Para que?- -Porque si dependes de chocar para que el hueso vibre, no has entendido un carajo. La onda se carga en el aire, antes de tocar nada. Si la tienes lista en el vuelo, al pisar tierra sale sola. Y si no la tienes... pues te vas cincuenta metros barranco abajo y eso que me ahorro de aguantarte.- Fue el ejercicio mas raro que habia hecho en años. Saltar hacia el vacio, generar la vibracion en pleno vuelo con nada delante donde soltarla, y volver antes de que la gravedad tomara la decision por el. Los primeros cuatro saltos los hizo sin entender nada: el cuerpo iba, el cuerpo volvia, la vibracion se perdia en el aire sin objetivo. En el quinto salto, por primera vez, sintio la vibracion quedarse dentro del craneo esperando: no generada por el impacto, sino lista para cuando hubiera impacto. Como cargar un golpe antes de que el puño se mueva.
Cuando aterrizo de vuelta en el patio, la onda se solto contra las losas y la grieta fue de dos metros. Mas que ningun dia anterior. Menos que el primer dia de sangre, pero con ninguna sangre en el cuerno. Desde la otra punta del cuadrilatero, la mujer asintio. -Eso.- Solo eso. Pero Hanma supo exactamente lo que significaba.
La quinta jornada fue la definitiva. Hanma llego al patio con el cuerno izquierdo todavia con una costra seca de dos dias antes; La enana subio acarreando ella sola un bloque de piedra renegrida que habia subido ella sola desde algún punto de la ladera, mas denso que los anteriores, con vetas de roca oscura que le daban un peso distinto. Lo coloco en el centro del patio y se aparto. -Este es distinto. Mas compacto. La onda tiene que traspasar mas densidad para llegar al otro lado. Si puedes partirlo, el Buto esta. Si no puedes, seguimos mañana.-
El gigante observo la mole oscura. No le pregunto cuanto pesaba ni de que roca era; le daba igual. Retrocedio hasta el borde norte del patio, la distancia maxima que el espacio le dejaba, que eran dieciocho metros. Calculo el arco. Luego dejo de calcular. Penso en los trescientos cincuenta kilos, en toda la masa que iba a estar en el aire, en el peso que llegaria a la cabeza cuando la gravedad le diera permiso.
Salto.
Aquel arco fue del todo limpio porque ya lo habia repetido cien veces en cuatro dias. Todo el cuerpo se le fue hacia abajo en una curva limpia sin que tuviera que pensarlo, los pies dejaron de importar en algun punto del descenso y lo que llego al bloque fue todo lo que pesaba mas la velocidad que llevaba. La vibración esta vez no se dividio. Salio entera hacia el objetivo, sin rebote, sin bifurcacion: como el primer dia de la pared con la palma, pero desde el craneo y con trescientos cincuenta kilos de peso, casi nada. El bloque no se astillo. Se desgrano. En doscientos pedazos pequeños que salieron en todas las direcciones y golpearon las paredes de roca del patio con un traqueteo de granizo. La grieta en el suelo fue de cuatro metros, mas larga que ninguna anterior. Con el pellejo ya curtido de sustos, el roedor se habia puesto a salvo estaba en el hombro de Sira Matcha tres segundos antes de que sonara el golpe.
El pelirrojo se incorporo despacio para comprobar el suelo. La costra del cuerno seguia entera. Sin sangre nueva. La enana del pelo fucsia se sacudio el granito del regazo y solto el veredicto sin adornos: -Buto. Lo tienes.- Hanma no sonrio ni dio las gracias. Nunca lo hacia. Solo se echo los codos atras de golpe, junto los omoplatos con fuerza y la espalda le solto un crujido limpio que sono como una rama gorda partiendose en dos. Entre la solapa asomo el hocico con el parche, comprobo que no llovian piedras y volvio a meterse al calor de la tela. -Siguiente.-
Off Fic
