Deteniendo bobis [Pasado - Road]
#1
66 de verano / Año 16



Son las 10 de la mañana y esta historia nos remonta a la Selva Anozama. A diario, Mika recorre este lugar para ir desde un sector de Samba hasta el otro, en el cual siempre se reúne con sus amigos o comparte con ciudadanos mucho más humildes y de piel que aquellos que hay en donde ella vive con las dos personas que la adoptaron. Por mucho que intente vivir en alta sociedad, o media alta, para no ser tan arribistas, los barrios humildes son en los que se desenvuelve mejor. No porque prefiera a algunos antes que a otros, sino porque recibe una mejor respuesta por parte de ellos.

Dejando eso de lado, hoy, a diferencia del resto de días, sus pasos se detienen en medio del bosque. La indicación dice que debe reunirse aquí con uno de sus compañeros. ¿Pero cómo sabrán en qué lugar en específico encontrarse? Eso es bastante sencillo. Depende de Road dar con ella. Para empezar, debido a su tamaño y el peso que maneja su cuerpo, cada paso que da es sonoro, sobre todo porque ella ni se esfuerza en callar sus pasos. También, su cuerpo desprende un fuerte olor a fresa. A algunos les gusta, a otros les incomoda. Ella es feliz. Además, el chicle del mismo sabor que mastica una y otra vez crea un globo del tamaño de toda su cara y explota, haciendo bastante ruido. Luego, sigue disfrutando del sabor.

— ¡Anda, bobi, aparece! — Su voz se asemeja al de un rugido, provocando que aves que descansaban tranquilas sobre las ramas de árboles alcen el vuelo, alejándose como si huyesen de un peligro inminente. — ¡Ey! ¿Por qué se van? No quería molestarlas? — Infla las mejillas y hace un puchero. No le agrada que los animales escapen al sentir su presencia. Desearía que fuese todo lo contrario.

Entendiendo que su compañero no aparece por ningún lado, usará otro de sus trucos para llamar la atención. Se asemeja a gritar, pero la recepción por parte de los seres vivos es totalmente distinta en comparación a las aves de recién.

Carraspea, aclarando la garganta, mientras se toma la clavícula con los dedos índice y pulgar de la mano derecha. Respira tranquila y cierra los ojos. Procede a abrir los brazos y su voz se hace notar.

¡Sigue adelante sin miedo a fracasar!
Pues nuestro triunfo ya está muy próximo…
¡Nuestro destino es batallar y triunfar!
¡Pero entregando siempre lo máximo!
Lograré mi anhelo…
¡En el destino hay que creer!

Sí, se puso a cantar. En Samba, o eso cree Mika, ella es la única persona que se atreve a cantar a todo pulmón en cualquier lugar. No piensa en el contexto, ni en si hay oyentes o no. Ella hace lo que quiere. Cuando quiere. Como quiere. No hay más. — De seguro ahora ese bobi sí me encuentra.

Pero sigue siendo un misterio el motivo por el que deben reunirse aquí hoy en vez de ir con el resto en sociedad. Revelando la respuesta, ocurre que, según rumores que llegaron al pueblo recientemente, un grupo de cazadores se ha visto merodeando la selva cazando animales violentamente. Algunos aprueban esto y simplemente los dejan. Otros como Mika, que adora a todo animal, declara inadmisible que se desempeñe tal actividad. Si nadie se atreve a detenerlos, ella lo hará. Y bueno, casi obligado es que ha arrastrado a Road a este problema. ¡Pero de seguro él también está motivado!

Para que sea más sencilla de ubicar, encuentra una piedra de buen tamaño y sienta sobre ella. Quedándose quieta, su aroma podría atraer al tipo que espera. — O quizás se quedó demasiado frente al espejo. ¿Es que no entiende que jamás estará a mi altura? — No en tamaño, sino en belleza. Y bueno, en tamaño también, para qué nos vamos a engañar.
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#2
— Che, a ver si vamos cerrando un poco el papoi, frutillita feita del orto.

La voz de Road no se hizo esperar emergiendo ¿De entre los árboles? ¿Del denso follaje de los árboles de Anozama? No, precisamente desde arriba. El rostro del muchacho se veía con rasguños productos de las ramas, su piel aunque siempre morena y tostada trigueña o besada por el sol ahora tenía tierra en ella e inclusive restos verdosos de clorofila pues, efectivamente estaba sucio, y tenía restos de la vegetación productos de previamente haber batido sus alas y volado en baja altura. Ahora por lo pronto había descendido quedándose a aproximadamente tres metros de altura del suelo, es decir, a la altura promedio de la buccaneer de pie.

¿Pero cómo había llegado hasta ahí?

Tres horas antes

La madrugada era ajetreada para quienes se levantaban desde tempranas horas a procurar el alimento para sus familias a través del trabajo duro, y en el caso de Road, esto no era la realidad que lo competía pues él no había dormido por la simple faena de quedarse toda la noche bebiendo y apostando ¡No obstante todo tenía una finalidad practica! O eso le gustaría decir pues tras haber casi perdido a Puchero por una serie de dados que no acompañaron, tampoco es que pudiese decir que sacó mucha información al respecto de lo que los rumores indicaban.

Lo que si saco fue dinero, 50.000 berries que terminó gastándose en pagar la cuenta de la comida y la bebida que habían sacado. El resto lo usó para comprar zanahorias que habían compartido con el mono que ahora portaba en su hombro

[Imagen: wBfcjQi.png]

El pequeño mono parecía feliz de disfrutar la zanahoria mientras su compañero de vida sobrevolaba la selva con cautela, intentando no llamar la atención ni levantar la perdiz mientras buscaba lo que fuese. Pasaron horas, y si bien el sol en lo alto y la resaca que portaba así como las escasas horas de sueño no ayudaban, poco a poco podía decir que primero que nada la selva era un lugar enorme y ahora encima de todo estaba relativamente perdido ¿Cómo podría buscar el lugar indicado por Mika?

Sería bueno, si quizás... hubiesen indicado un lugar.

— ¡La concha de tu madre, che!

Exclamó a todo pulmón, y así fue como pasó la siguiente hora, sobrevolando la selva a poca altura en pos de no avivar giles mientras tarareaba para sus adentros una de las canciones que cantaban de pequeños.

— Un alma fue partida en dos un gran dolor, siente mi pecho puesto no hay sitio donde la paz encuentre... las almas buscan su camino con temor... Una respuesta debe haber, la sombra que puede saber...

Y entonces fue como, tras tres horas de explorar la jungla buscando el sitio correcto sintió no solo el aroma de las fresas que ahora se mezclaba con el aroma de las rosas que su piel exudaba, sino la voz de Mika cantando precisamente la otra parte de la canción. Suspiró sintiendo la alegría del mono en su hombre que ahora alzaba los brazos poniéndose sobre la cabeza del lunarian, batiendo nuevamente sus alas para ahora sobrevolar el árbol más alto de los alrededores usando su mirada para localizar a su compañera.

Y eso nos trajo de vuelta al principio, al descender y tras insultar a su compañera, ahora se encontraba a tres metros del suelo y a tres metros de su amiga. El pequeño mono saltó de la cabeza de Road hacia Mika escalando la roca para mostrarle contento los restos de la zanahoria que se había comido, no se entendía si quería compartir la misma con ella o si simplemente se la estaba presumiendo, pero Puchero estaba contento y eso ponía feliz a Road.

—Che, boludita, escuchame... No encontré ningún rastro de caza furtiva mientras te buscaba, pero yo digo que vayamos río arriba.

Tiró su flequillo hacia atrás antes de acercarse a un caudal de agua que corría no muy lejos de ahí, su reflejo era hermoso sin duda. Se contempló con dulzura, ¡Era tan inteligente! En fin.

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#3
Debido al sonido de las hojas al chocar por su cuerpo, se percata del acercamiento de un ser volador. — ¡Oh, si eres tú! Ya era hora. — Una gran sonrisa acompaña sus palabras, no escondiendo lo feliz que le pone encontrarse así con sus dos amigos. Porque sí, Puchero también es considerado dentro otra de sus amistades. Jamás lo discriminaría. — ¿A quién le dices feíta? Algún día ya deberías aceptar lo mucho que te duele no estar a mi altura, amigo de Puchero. — En la batalla de egos que suelen tener, siempre con buena intención, mira en menos a Road al catalogarlo como “amigo de”, situando al mono en la posición más importante de la dupla que conforma con el ser alado.

Esperaba que, desde las alturas, el otro hubiese conseguido algo de información respecto al asunto a tratar. Sin embargo, olvidamos que, para las fechas de esta historia, ambos aún son muy jóvenes, pues cuentan con 16 años. Aun así, debido al tamaño de ambos, en la aldea humilde de Samba confían mucho en ellos. Por ese motivo es que accedieron a darles la información que tenían para ver si podían solucionarlo.

— No te preocupes. De seguro estos tipos me vieron merodear la selva y se escondieron. Ya sabes cómo funciona esto de ser genial e intimidante. — Sin decir más, se lanza a correr en la dirección decidida por Road. No hay tiempo que esperar ni nada más que comentar. ¿Por qué habría de dudar de él? Si ya recorrió esta zona y no encontró nada es porque debe ser verdad. Si bien se considera a sí misma mejor que él, acepta que el varón tiene una ventaja: puede volar. — ¿Si yo pudiera volar cómo sería? Supongo que los dioses no me dieron este talento para que haya disputa para elegir al ser más impresionante del mundo. Tampoco es que me divierta ganar por paliza.

Corre por la orilla del río, forzando sus piernas al ir en terreno en elevación. Hay mucha vegetación a su alrededor, y sentir como sus pies rozan el verde y fresco césped es realmente relajante. Unas gotas de sudor caen por su frente debido al sol que a esta hora ya pega con fuerza. Parece más un paseo que una misión importante, pero es que Mika siempre intenta buscarle el lado bueno a las cosas. Quedarse en lo negativo como cuando era niña sería un error. Eso es lo que cree. O, al menos, lo que intenta creer.

— ¿Crees que quizás los cazadores ya se… — El ruido de un disparo interrumpe por completo sus palabras. Los ojos de la fémina se abren de par en par, mostrándose visiblemente asustada, también preocupada. Están cerca. — ¡Maldición! Esos bobis ya andan haciendo de las suyas. — No es una experta midiendo distancias, pero asume que el disparo debió suceder a unos 30 o 40 metros de su ubicación. En vez de intentar acercarse en silencio, retoma la carrera a toda velocidad. — ¡No se los perdonaré! Esos animalitos no tienen la culpa de nada. — Además, por mucho que el cerebro le diera, es bastante torpe en sus movimientos. Si intenta ir bajo perfil, tropezará con alguna rama o algo así. Seguro.

En la zona de los cazadores se pueden ver cuatro tipos, cada uno con un rifle en mano. Todos ríen y festejan la caza que acaban de hacer. A 20 metros de distancia, hacia su derecha, yace un lobo dando los últimos respiros de vida que le quedan. Cuando Mika llega hasta un lugar en el que puede verlo, le da un dolor en el pecho que le obliga a llevar una de sus manos hasta ahí, aferrándose con fuerza. También se muerde el labio inferior.

Está enojada. Está triste. Está enojada. Está triste. Y así sucesivamente, repitiendo el patrón. Ni siquiera cantar alegraría su corazón.

— Road… esos tipos… No… no hicieron lo que estoy viendo, ¿verdad? — Impactada, a paso lento comienza a avanzar hacia los sujetos armados. Debido a su tamaño, cada paso da un buen avance, y llama la atención de ellos, todos procediendo a apuntar a una mujer que les saca demasiadas cabezas de diferencia en cuanto a altura se refiere. Al ser ellos todos humanos, la consideran una anomalía de la naturaleza. — ¿Q-quién es esa tonta? ¿Y por qué no lleva una blusa aunque sea? ¡Mujer vulgar! — Uno de ellos, dispara al aire, queriendo amedrentar a Mika. Esta lo capta y se detiene, aunque no parece muy asustada. — Ustedes, bobis… ¿qué diablos se creen?... Yo... yo...

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#4
La respuesta de Road ante la batalla de egos no se hizo esperar, tirándose un par de poses para mostrar sus esbeltos músculos aunque incipientemente carentes de fuerza aun. No era para demostrarle nada más a Mika que no supiese, él se consideraba despues de todo un ser de pura belleza traído a los mares cardinales para mostrarle a todos los insípidos humanos lo que las razas ajenas a la hegemonía podían ser capaces ¡Y eso era más que suficiente para él! Quien no reconociese su superioridad estética no tenía punto de comparación, pues como un filosofo dijo una vez la estética no es un simple juicio sobre objetos bonitos sino que la misma constituía para Road, entre otras personas una manera de relacionarse con la existencia. La relación empobrecida con la vida de muchas personas se debía netamente a su incapacidad de registrar de manera objetiva la belleza, y él tenía un toque divino del cual era consciente.

— No te preocupes che, algún día serás capaz de reconocer mi superioridad estética... En el interín vamos a reventarle la mandarina en gajos a cualquiera que se le haga el picante a los pobres animales de Anozama... ¿No Pucherito? ¿Quieres que le partamos la crisma?

El monito no tardó en alejarse de Mika para volver con su compañero, trepándose de un salto hasta su cabeza donde comenzó a buscar piojos como solía hacer dejando a su vez el pedazo de zanahoria ya comido caer. Road por su parte extendió la diestra hacia él, usando su índice derecho que era lo suficientemente largo para acariciar al mono de cabeza a cola sin más que un ligero ademán. El mono a su vez lo abrazaba contento por el gesto de cariño, y fue entonces cuando el albino vislumbró que su amiga ya emprendía un raudo avance en la dirección indicada.

El vanidoso lunarian decidió por su lado avanzar sobre los árboles a sabiendas que sus alas extendidas supondrían una molestia a la hora de moverse con presteza por la selva. Conocía la misma de pe a pa, inclusive sabía que su mono provenía de la misma y sin mentir era sabido que la sola idea de que cazadores se aprovechasen de los mismos le hacían hervir la sangre. No siempre había sido animalista, pero desde que Puchero llegó a sus vidas, su vocación para con la libertad de la vida silvestre se había vuelto tan palpable e innegable como menester y definitoria de quien era.

Quizás por eso, todo paso cómo pasó.

Apenas escuchó el disparo sobrevolando a unos cinco metros de la copas de los árboles para acercarse sin dar crédito a sus ojos. La furia hervía en su sangre, los latidos de su corazón eran como un tambor seco que poco a poco hacía irrigar esta emoción por todo su cuerpo. Mostró los colmillos, Puchero por su parte se escondió asustado adentro de sus ropajes cuando la bala al aire pasó cerca de ellos. Él sabía que lo que estaba por pasar era todo menos lindo.

No había tal cosa como una advertencia, y si bien Mika quizás sería más diplomática el lunarian pasó volando por el lado de su amiga para caer en picada sobre uno de los hombres empujándolo con una acometida feroz contra uno de los árboles. Incesantemente lo golpeó, y lo golpéo.

—MALDITOS HIJOS DE PUTA MALNACIDOS Y VENTAJISTAS, OPORTUNISTAS DESEARAN NO HABER NACIDO

Road no era físicamente fuerte, ni era tan poderoso como Mika, pero su furia era innegable. Sintió disparos de cerca, vio la sangre caer de su torso pues aquel que estaba apaleando decidió defenderse. Pero no le importaba, no pensaba retroceder ni detenerse. Golpeó una y otra vez hasta que sus manos ensangrentadas se detuvieron, y no se detuvieron sino hasta que las manos inertes del cazador cuyo rostro ahora estaba completamente irreconocible soltaron el arma. Muerto o inconsciente, no lo sabía, no le importaba.

—¡Busca animales vivos, y libéralos Mika! YO MATARÉ A ÉSTOS TIPOS

No mentía. Estaba más que dispuesto.


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 237 - 50 = 187
Energia: 212 + 0 = 212
Espiritu: 117 + 0 = 117
#5
Todo sucede muy rápido. Road no pierde tiempo y se lanza a atacar. Brutalmente, comienza a destrozar el rostro de uno de los cuatro cazadores. Parece fuera de sí, lo que provoca que Mika sienta miedo. Las dudas comienzan a florecer dentro de ella y el cuerpo entero le tiembla. ¿Qué se supone que debe hacer? De pequeña fue discriminada, golpeada y torturada con la excusa de que era una niña violenta que representaba un peligro para los demás. Si se pone a atacar tal como lo hace su amigo, ¿les daría la razón a esas personas? ¿Volvería a esa época en donde nadie la veía como un ser vivo con derecho a vivir? — No quiero… No pelees, Mika, no pelees… — Una de las principales enseñanzas de sus padres adoptivos es que no debe resolver los conflictos con violencia. Sin embargo, ¿eso realmente la representa?

La respuesta surge claramente frente a sus ojos. Cuando ve el disparo impactar en el cuerpo de Road, toda duda en su cerebro desaparece al instante. Es más, ni siquiera sigue pensando. No necesita razonar. Su cuerpo se mueve hacia adelante por acto reflejo, arremetiendo a máxima velocidad hacia los tres sujetos que mantienen sus armas apuntando a la mascota de Puchero.

— ¡ALÉJENSE, BOBIS! — Sus pisadas resuenan sobre el césped y sobre la tierra, llamando la atención de los presentes. Pasan de apuntar los cañones hacia Road, a apuntarlos hacia ella. No les teme. Prefiere ser herida a que lastimen a sus amigos, y esta no será la excepción. Uno de ellos se envalentona y jala el gatillo, impactando la bala en el hombro izquierdo de la buccaneer. Esto no la hace frenar ni nada por el estilo, ella sigue hacia adelante.

Entrando en el corto rango, la gran mano derecha que posee, y que demuestra la diferencia de tamaños entre ella y un humano normal, rodea el cráneo del tipo que le disparó y comienza a apretarlo, causándole tal dolor que suelta el arma, cayendo esta al piso. De inmediato, los dos restantes se alejan y toman una distancia de seguridad de cinco metros, apuntando ambos rifles directamente el rostro de Mika. Esta ni se inmuta. — Si hacen algo más, destrozaré la cabeza de este tipo. — Y por favor que no la obliguen a hacerlo, pues realmente no quiere. ¿Convertirse en una asesina? ¿Qué dirá toda la gente que la acepta? ¿Y todos aquellos que con mucho trabajo han dejado de verla con resentimiento? ¿Tirará todo a la basura? Pero es que permitir que lastimen a los animalitos o a sus amigos… No, eso no lo puede permitir. Lo son todo para ella.

— ¿Acaso no me han escuchado, bobis? ¡Que bajen esas armas! — Hacen el amague de obedecer, y es aquí donde la pelirrosa comete un error. Perfila su cuerpo y gira su cuello para ver a Road, quien no parece tener muchos ánimos de dejar de golpear a ese pobre hombre. — Detente, bobi. Si lo matas, nos meteremos en problemas. Solo amarrémoslos y dejémoslos por la ciudad para que alguien se los lleve. — No está segura de si su compañero le escuchará y se detendrá, pero por si acaso, suelta al tipo que seguía teniendo agarrado de la cabeza, haciéndolo caer. Se muestra mareado con el cráneo hinchado debido a la presión recibida. Le cuesta enfocar la vista y ni intenta levantarse. Se quedará ahí durante unos minutos.

Mika se acerca a Road desde atrás y desliza ambos brazos por debajo de las axilas ajenas hacer palanca hacia atrás, buscando alejarlo de su víctima. Es muy pesado para levantarlo por completo, así que solo le queda esforzarse para arrastrarlo. — Anda, relájate. Si lo matas, nunca podrás sacar esa sangre de tus manos. Es lo que siempre me repetían en casa. — Lamentablemente, no le enseñaron a no quitar los ojos de encima del enemigo. Es en este momento cuando un nuevo disparo le impacta, esta vez a la altura del muslo derecho, desde el costado. Debido al dolor, deja caer esa rodilla, siendo parcialmente derribada. Por supuesto, se ve obligada a soltar a Road.

Ahora no solo sangra desde el hombro, sino también desde la pierna. El aroma de la sangre poco a poco sobrescribe el clásico fresa que siempre desprende la muchacha. — ¡Ya basta! ¡Solo venimos a defender a los animales! — Oye como recargan nueva munición en sus armas. No les importa lo que ella diga. Ya la han tachado como un nuevo objetivo de cacería.

Nuevamente, duda sobre qué hacer. ¿Solo le queda usar la extrema violencia para zafar de esto?

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#6
La belleza importa en primer lugar porque la fealdad no puede ser profanada, y la esencia del erotismo es la profanación había exclamado un filosofo que Road nunca habría podido haber leído por su analfabetismo. Mientras su corazón latía desenfrenado ante la violencia, solo podía ver el rojo de su oponente cubriendo su rostro cuando lo soltó. Mika tenía razón, el no era un monstruo como ellos ¿Verdad? Hizo tronar su cuello repetidas veces antes de girarse en dirección al resto de personas que estaban apuntándolo, posó la diestra sobre el hombro de su amiga necesitaba que ella se quedase tranquila.

Habían herido a su amiga, habían lastimado a una de las personas que más le importaban en todo el mundo, uno de los pocos para los cuales daría la vida sin dudar. Inspiró con profundidad ¿Qué decían sus palabras? Si bien la furia lo llevaba a querer dar rienda suelta a su bestia, las palabras de Mika hicieron mella en si mismo.

— No te preocupes, che... Tienes razón. No somos monstruos como ellos, ellos son libres de herir a los inocentes, nosotros somos libres de herir a los culpables... Libres.

Replicó tomando las cadenas que colgaban de su cinturón, el movimiento de sus alas acompañó sus omoplatos y, a su vez, sus caderas para lanzar las cadenas hacia las armas de sus muñecas. El movimiento de las mismas se envolvió alrededor de las muñecas de los mismos, el movimiento entonces fue abrupto lanzándolos con arma y todos hacia ellos. Las armas al caer el suelo se accionaron nuevamente, por suerte las balas impactaron contra árboles cercanos y el suelo mismo sin ningún tipo de herida nueva para éste par de aguerridos luchadores por la libertad.

— Tus viejos tienen razón Mika, y yo ante todo soy un tipazo capaz de reconocer eso

Nuevamente azotó las cadenas contra la cabeza de los cazadores restantes, cayeron uno a uno rendidos al suelo y fue entonces que él batió las alas nuevamente para comenzar a amarrarlos tal como la bucanera había pedido, porque ellos ante todo eran mejor que ellos ¿Quería seguir con las manos manchadas de sangre? Bastante le pesaría no poder acariciar la cabeza de su compañero peludo con la consciencia limpia, y de momento era una de las pocas cosas que tenía.

Cuando terminó de amarrar a los cazadores, inconscientes y aunque con el primero malherido, aun vivo pasó su diestra entre sus cabellos para tirar su flequillo hacia atrás manchando su cabello níveo de una tonalidad carmín pesada.

— Fíjate si hay algún animal herido, intentaré tratar sus heridas. No dejaremos que ninguno muera, debemos liberar a los sanos, cuidar a los enfermos y enterrar a los muertos...

Que para algo sabía medicina despues de todo, para tratar las heridas de Puchero, para tratar las heridas de quienes le importaban. El pequeño mono salió de entre sus ropajes para trepar hasta el hombro del lunarian posando sus pequeñas palmas sobre su rostro para que intentase suavizar la mirada furibunda que ahora portaba detrás de sus gafas de sol, suspiró, el monito tenía razón.

— Se que no seríamos mejor que ellos Mika... Pero cuando empiezo a pelear no puedo parar así como así... No contra basura como éstos, que se meten con la libertad de los indefensos.

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#7
Afortunadamente, Road vuelve en sí y deja de golpear a ese pobre tipo… aunque ya tiene la cara desfigurada. Podrá recuperarse, pero le esperan varios días en el hospital, y uno bueno, porque para atenderlo necesitará un médico de mucha categoría. Road tiene varios conocimientos al respecto, pero Mika duda de que vaya a querer tratar al mismo tipo que casi mata. Además, ella ya tiene los suficientes problemas con las dos heridas de bala que le aquejan como para andar pidiendo más por los otros. Ya con frenar una matanza es lo suficiente.

El hecho de que Road se concentre y termine por derribar al resto de cazadores impide que la pelirrosada sea más herida, o peor, se deje dominar por el clamor del combate y se lance hacia adelante con suma violencia. — No me dejan ser libre del todo, pero dan buenos consejos. Lo sé. — Se coloca de pie y, con las propias manos se quita las balas, las cuales no entraron tanto en su carne como para necesitas demasiada ayuda. Eso sí, rompe parte de la zona más baja de sus grandes pantalones para amarrar en donde tiene las heridas y así detener el sangrado. Esto lo sabe por consejos que le ha dado el propio Road en el pasado.

A los cazadores les sorprende, al menos en su intento de no perder el conocimiento, que aún con impactos de bala, los dos grandulones —mucho más que ellos— siguen casi como si nada. Por supuesto que experimentan dolor, pero los humanos están acostumbrados a que un único disparo sea letal. Lamentablemente para ellos, están frente a abominaciones de la naturaleza, o al menos eso es lo que piensan ellos.

— De acuerdo, bobi, buscaré. Igual ten cuidado. Con tanto disparo, quizás haya alertado a gente en las cercanías. Esta parte del bosque está más cerca de la zona molesta de Samba, por lo que podrían vernos como los malos y eso nos daría problemas muy de bobis. — Cuando habla de zona molesta es porque están más del lado de la gente acomodada, no de los humildes con los que tienden a relacionarse. Si bien los aceptan, cualquier cosa fuera de norma podría gatillar en ellos un nuevo resentimiento.

En cuanto a lo último… la muchacha traga saliva. Casi se atraganta con el chicle que lleva escondido en las encías y que hace poco comenzó a mascar de nuevo. Lo escupe, perdiéndose el mismo entre le césped. Lo que pasa es que a ella le pasa lo mismo. Cuando pelea, y por eso intenta no meterse en líos, quiere golpear hasta ya no poder más. Le cuesta controlar el impulso, y por eso mismo es que quiso detener a Road, antes de ella también perder la batalla contra su mente y ambos sean responsables de una auténtica masacre con estos tipos. Si bien se merecen una paliza por la estupidez que andan haciendo, matarlos no solucionaría nada. No los verían como los héroes o las estrellas que son, sino que todo lo contrario.

— Créeme que te entiendo, bobi. Por eso cuando quieras pelear con todas tus fuerzas, atácame a mí. Jamás podrías matar a una mujer tan increíble como yo, ¿no te parece? — Decide llevar la charla por un lado más optimista y alegre. Mika es de esas personas que no quiere ahogarse en un vaso con agua ni permitir que sus cercanos atraviesen por eso. — ¿Qué sentido tiene que los des todo con tipos como estos? Es más divertido si enfrentas a individuos fuertes como yo. Claro, a no ser que te dé miedo, trolololo. — Para este momento, Puchero ya ha vuelto con su dueño, y la pelirrosa le dedica una sonrisa mostrando su perfecta y blanca dentadura. — Tranquilo, Puchero, me aseguraré de que tu súbdito siga siendo capaz de cargarte. No le pegaré tan duro.

Tras decir eso, se separa momentáneamente del dúo Puchero-Road, sí, el mono primero. Primero se encuentra con el lobo muerto, la víctima del disparo que escucharon primero y los guió hasta aquí. Yace sin moverse con la lengua afuera, sobre un charco de sangre. Nuevamente Mika se muerde el labio inferior y realiza un esfuerzo impresionante para evitar que sus ojos se llenen de lágrimas por la muerte del amiguito. Busca controlar su respiración lo mejor que puede y se deja caer de rodillas frente a él. Cierra los ojos y su voz comienza a oírse con fuerza.

Ojalá pudiera devolver el tiempo
Para verte de nuevo
Para darte un abrazo
Y nunca soltarte

Ya no llores por mí
Yo estoy en un lugar lleno de luz
Donde existe paz, donde no hay maldad
Donde puedo descansar

No llores por mí
Es tan bello aquí
Quiero que seas feliz, que te vaya bien
Y cuando te toque partir
Espero verte aquí

Luego, simplemente se calla. No quiere mostrarse lastimada, así que menos mal se separó de Road. Intenta ponerse de pie y volver a caminar, recorriendo la zona en busca de animales heridos que quizás hayan tenido mejor suerte y puedan sobrevivir.

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#8
El humano de Puchero no tardaría en rasgar tela de la manga de uno de los cazadores para empezar a realizar una suerte de torniquetes improvisados en las heridas del sangrante malherido que en un principio había recibido toda la furia del Lunarian, tenía que preservar su vida aunque ellos no hubiesen tenido la misma decencia por los animales que habían querido cazar. Por las ropas de esos hombres no parecían ser locales, tampoco había visto sus caras antes. Encima de cazadores furtivos, eran extranjeros.

— Hijos de re mil puta che, vienen a nuestra isla a lastimar nuestros animales... Comerciar su carne, su cuero, sus huesos, tratarlos como poco más que objetos

Farfullaba mientras se aseguraba que ninguna de sus heridas fuesen mortales, y que las cadenas estuviesen lo suficientemente bien atadas. Tiró su flequillo para atrás nuevamente, suspiró y comenzó a anudar las ataduras de los cazadores hasta que simplemente un cúmulo de personas estaba allí ¡Trabajo de Mika arrastrarlos! Se dijo a si mismo contento mientras palmeaba las manos dispuesto a seguir adelante con su faena de tratarles las heridas para que despues no los acusen de asesinato, y les pongan un wanted por algo tonto. Si quería conseguir un wanted como la gente, sería por ser piratas, no brutos asesinos.

No obstante Road no era el único con una labor, pues Puchero, mientras su compañero terminaba de darles primeros auxilios a los derrotados cazadores y se encargaba de destruir sus armas, decidió comenzar a andar hacia los árboles cercanos para trepar ayudándose con su cola hábil, garras y patas. Con cuidado comenzó a juntar alguna que otra fruta finalmente juntando un par de peras entre sus patas, alguna que otra baya y banana.

Con dedicación buscó a Mika, siguiendo su voz contante para caminar hacia ella dejándole a sus pies la frutas mientras le sonreía contento. Decían que los animales tenían una empatía para con las personas que las mismas personas quizás nunca tendría, o quizás era simplemente la naturaleza del pequeño animal.

Tras unos momentos, los pasos de Road se sintieron acercarse por igual.

— Ya deje listos a los turbo bobinas para entregarlos a las autori... Oh

Cuando vio el cadáver del animal se cruzó de brazos, su rostro reflejó solemnidad. Entonces suspiró apesadumbrado y señaló con el pulgar la zona donde habían atrapado a los cazadores.

— Puedo ir a buscar el campamento de los cazadores, ver si tienen palas y enterrarlo. No me gustaría que lo dejemos tirado a la intemperie como si nada.

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#9
El dolor es horrible, mas cuando lo conoces desde tan cerca. Algunas personas dicen que terminas por acostumbrarte, que el tiempo todo lo cura y que, si sigues adelante, quieras o no, te harás más fuerte. Lamentablemente, Mika no es el ejemplo de ello. Siempre intenta ser alegre, hacer reír al resto, mostrarles que, alrededor suyo, siempre saldrá el sol para abrazarlos con un calor lo suficientemente cálido que encienda sus corazones.

Cuando quiere ponerse a buscar animales supervivientes, Puchero aparece solo. No lo hace con las manos vacías, sino que trae frutas consigo que le ofrece. Una sonrisa de Mika es lo que obtiene como respuesta, y toma primero la banana. Tras quitarle la cáscara, de dos bocados termina devorándola, antes de que aparezca Road, por supuesto. No vaya a ser que se tire algún comentario inapropiado en un momento como este. — Muchas gracias, Puchero. Sin duda tú sí sabes tratar a una bella mujer como yo. — En cuanto a las bayas, también las recoge y las guarda dentro de los bolsillos de sus pantalones.

Aquí es donde llega el moreno, quien se encuentra con la horrible escena. Ya las moscas comienzan a acercarse a merodear el cadáver del zorro, por lo que no pueden hacerlo esperar mucho para darle digna sepultura (barras). — Estoy de acuerdo, pero te acompañaré. No quiero quedar… — Corta su frase antes de terminarla. Iba a decir que no deseaba quedarse sola con el animal muerto, pues seguramente solo le haría sufrir más tras cada segundo que siguiese viéndolo. Debe mantener una imagen, por lo que sus palabras cambian radicalmente. — No vaya a ser que te encuentres con más de esos tipos y necesites a una mujer tan fuerte como yo para defenderte. Así me aseguro de que Puchero esté seguro también. — Y antes de que el otro acepte o rechace la invitación de acompañarlo, toma la delantera y comienza a caminar.

Durante el trayecto se encuentra con los cazadores tratados y amarrados por Road. Todos están durmiendo y parecen no correr peligro, aunque el que recibió múltiples puñetazos en la cara seguramente pase semanas con el rostro hinchado y ardiendo. Eso le pasa por bobina. — Sí que amarraste bien a todos estos bobis. No creo que debamos dejarlos por aquí. Quizás un animal salvaje aparece y se los come. — Aunque duda que a Road le moleste que los cuatro humanos corran con ese destino. A fin de cuentas, sería una venganza apropiada para el entorno en que se encuentran: una selva.

Se toma alrededor de treinta segundos para modificar el amarre y así poder arrastrarlos a todos a la vez. Sin mucho esfuerzo debido a la gran musculatura de sus brazos, los desliza por el césped en dirección de su campamento. No necesita ser una experta en la zona para saber hacia dónde ir, pues hay huellas en un camino de tierra que los guía en su dirección. Aprovecha este momento para animarse un poco y entonar una canción.

Voy caminando con mi botella
Y la cerveza…
Me está pegando y no sé dónde voy
Siempre me cuelgo en cada esquina
Siempre pienso en ella, la que me pone de la cabezaaa

— ¿A que soy increíble cuanto canto, Puchero, Road? — Como siempre, vive buscando elogios para su persona. Para sentirse querida. Para sentirse valiosa. Para sentirse respetada. — Bueno, tienen razón. — Ellos, a priori, aún no han respondido nada. — Soy increíble incluso cuando no canto.

Así es que llegan al campamento de los cazadores. Encuentran varias tiendas de acampar, mesas, sombrillas, hieleras con comida, incluso una fogata que debieron apagar hace tiempo pero no hicieron. Ve una olla con pedazos de carne dentro. Normalmente le parecería apetitoso, pero el solo hecho de pensar que pudieron extraerla de un animal que mataron hace poco… No, se le revuelve el estómago. Se lleva la mano diestra a la boca para evitar vomitar. Se aleja rápido.

En cuanto a los tipos que venía arrastrando, los dejó tirados por ahí. — ¿Ves palas por aquí? Si no tienen nada, deberemos crear la tumba con las manos. Soy hermosa, pero no tengo problema con arruinarme las uñas. — Después de todo, su prototipo de belleza difiere un poco al del resto. No por nada es musculosa en vez de muy delgadita. También es culpa de sus genes, claro. — ¿Crees que cuando despierten nos recuerden y nos vayan a acusar por ahí? Quizás debamos entregarlos a las autoridades, aunque nos ha pasado antes que terminan creyendo las mentiras de los malos y no a nosotros. — Tal como han tenido buenas experiencias en Samba, las han tenido malas. — Eso nunca lo he entendido. ¿Por qué no creerle a la primera a una mujer como yo? Supongo que en esta isla hay gente demasiado bobi. ¿No te parece, Puchero? ¿Y a ti, Road? Recuerdo cuando Eele se enojó y quiso golpear a esos marines. Costó controlarlo, trolololo. — Cuenta esto último junto a una gran carcajada.

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