Día 40 de Verano del Año 18
La densidad del Bosque Utsukushi se tragaba el sonido de la costa a los pocos metros de internarse en él. Dharma avanzaba en solitario, dejando que el crujido sutil de los helechos bajo su calzado fuera la única marca de su avance. Sus ropas negras, cómodas y desprovistas de cualquier adorno innecesario, absorbían las luces cálidas que se filtraban desde el domo superior, donde las copas de los árboles se abrazaban en un manto multicolor de hojas rojas, doradas y anaranjadas. Para el espadachín oriundo de Wano, la belleza de este páramo no era un motivo de asombro, sino un enigma biológico y táctico que su mente analítica ya había comenzado a desglosar, tratando de comprender la inmensidad del océano y sus diferentes territorios, los que ha conocido mas y los que también ha estado muy poco en ellos. En el Grand Line, la ostentación estética solía ser el camuflaje más efectivo de la muerte, desde que estuvo en Skypea y conoció aunque sea de vista los diferentes seres que comparten destino con el, pudo notar la gran variedad de organismos y personas que existían. No es algo nuevo, pero si volvió a recordar que literalmente es un mundo que todavía no termina de conocer, por más que intenta saber todo lo posible por medio de los libros y las antigüedades.
El pelinegro se detuvo junto a un grueso tronco envuelto en un musgo verde brillante, cuya textura desprendía un fulgor casi místico. Sus orbes esmeraldas, notaban una mirada mas tranquila, menos fastidiada, pero aun así con la precaución necesaria, registraron el entorno con quietud y detenimiento. Cerca de sus pies, un río poco profundos de aguas cristalinas corría silencioso, revelando las rocas lisas que servían de puente natural. Dharma no tenía prisa. Sabía que sus compañeros del Ragnarok seguían lidiando con sus propias inquietudes, además que seguramente no estaban solos, era muy poco probable que después de estar con tal multitud de personas de todo tipo de organización y mentalidad, no llegase nadie más a donde están. Pero para él, no era tan inquietante en ese momento resolverlo, necesitaba un tiempo para ordenar su mente, para guardar en la bóveda interna de memoria y misticismo todo el conocimiento adquirido, para afilar su espíritu, como también aumentar su inteligencia, su filosofía, sus pensamientos.
El verdadero control del territorio también requería de una comunión severa y analítica con el espacio. Buscó una roca lo suficientemente amplia y plana a la orilla del riachuelo. Con una paz que aunque no pareciera ser así, le sigue a donde quiera que el vaya, pues el es el ejecutor de esta misma paz, sabe vivir en ella, la sabe disfrutar. Se sentó cruzando las piernas, permitiendo que su prominente y atlética estructura se acomodara en un eje de perfecta verticalidad. Sus dos espadas gemelas de hojas largas, fueron desenfundadas y reposaban de forma gentil a su costado derecho, al alcance inmediato de sus manos pero en absoluta quietud. El exmonje cerró los ojos, dejando caer los párpados, ocultando así por unos instantes anhelados, su mirada certera y la cicatriz en el lado derecho de su boca se relajó en una línea inmutable. Inhaló profundamente desde el abdomen, forzando al aire puro y algo húmedo del bosque a descender hacia el.
El pelinegro se detuvo junto a un grueso tronco envuelto en un musgo verde brillante, cuya textura desprendía un fulgor casi místico. Sus orbes esmeraldas, notaban una mirada mas tranquila, menos fastidiada, pero aun así con la precaución necesaria, registraron el entorno con quietud y detenimiento. Cerca de sus pies, un río poco profundos de aguas cristalinas corría silencioso, revelando las rocas lisas que servían de puente natural. Dharma no tenía prisa. Sabía que sus compañeros del Ragnarok seguían lidiando con sus propias inquietudes, además que seguramente no estaban solos, era muy poco probable que después de estar con tal multitud de personas de todo tipo de organización y mentalidad, no llegase nadie más a donde están. Pero para él, no era tan inquietante en ese momento resolverlo, necesitaba un tiempo para ordenar su mente, para guardar en la bóveda interna de memoria y misticismo todo el conocimiento adquirido, para afilar su espíritu, como también aumentar su inteligencia, su filosofía, sus pensamientos.
El verdadero control del territorio también requería de una comunión severa y analítica con el espacio. Buscó una roca lo suficientemente amplia y plana a la orilla del riachuelo. Con una paz que aunque no pareciera ser así, le sigue a donde quiera que el vaya, pues el es el ejecutor de esta misma paz, sabe vivir en ella, la sabe disfrutar. Se sentó cruzando las piernas, permitiendo que su prominente y atlética estructura se acomodara en un eje de perfecta verticalidad. Sus dos espadas gemelas de hojas largas, fueron desenfundadas y reposaban de forma gentil a su costado derecho, al alcance inmediato de sus manos pero en absoluta quietud. El exmonje cerró los ojos, dejando caer los párpados, ocultando así por unos instantes anhelados, su mirada certera y la cicatriz en el lado derecho de su boca se relajó en una línea inmutable. Inhaló profundamente desde el abdomen, forzando al aire puro y algo húmedo del bosque a descender hacia el.
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Al hacerlo, la presión interna cambió drásticamente, anclando su centro de gravedad contra la roca. Retuvo el aliento por cuatro segundos, habitando ese breve vacío interno que tensaba el arco de su atención, y comenzó a escuchar de verdad. A oídos de su comprensión, el bosque era una sinfonía hermosa; a oídos de su espíritu de guerra, para Dharma, era un mapa de vibraciones que requerían atención siempre. El dulce meneo de las hojas y el recorrer del agua, poco a poco se convertían en un único sonido, dejando de lado la existencia misma. Incluso el aroma que impregnaba el ambiente, una mezcla densa de polen exótico y bayas desconocidas, fue diseccionado por su olfato: algunas flores de pétalos oscuros que florecían en la penumbra exhalaban un rastro químico que buscaba distraer su concentración, pero para alguien experimentado como el en cuanto a la meditación, no representaban peligro. Dharma exhaló de forma larga, pausada y pesada, vaciando el aire residual y permitiendo que su instinto asesino se expandiera de forma radial por el suelo de helechos, al menos así es como podía sentir su propia aura. A través del aliento, su conciencia se deslizó más allá de su propio cuerpo, su misma alma parecía desprenderse, pero nadie más podía ser espectador de tal acto.
Al hacerlo, la presión interna cambió drásticamente, anclando su centro de gravedad contra la roca. Retuvo el aliento por cuatro segundos, habitando ese breve vacío interno que tensaba el arco de su atención, y comenzó a escuchar de verdad. A oídos de su comprensión, el bosque era una sinfonía hermosa; a oídos de su espíritu de guerra, para Dharma, era un mapa de vibraciones que requerían atención siempre. El dulce meneo de las hojas y el recorrer del agua, poco a poco se convertían en un único sonido, dejando de lado la existencia misma. Incluso el aroma que impregnaba el ambiente, una mezcla densa de polen exótico y bayas desconocidas, fue diseccionado por su olfato: algunas flores de pétalos oscuros que florecían en la penumbra exhalaban un rastro químico que buscaba distraer su concentración, pero para alguien experimentado como el en cuanto a la meditación, no representaban peligro. Dharma exhaló de forma larga, pausada y pesada, vaciando el aire residual y permitiendo que su instinto asesino se expandiera de forma radial por el suelo de helechos, al menos así es como podía sentir su propia aura. A través del aliento, su conciencia se deslizó más allá de su propio cuerpo, su misma alma parecía desprenderse, pero nadie más podía ser espectador de tal acto.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
