14-09-2026, 05:36 PM
60 de Verano del año 18, mañana.
Reino de Roshwan.
— Al fin nos libraremos de ti. — Dijo en broma Lena, la dueña de la taberna, sin borrar su sonrisa.
— ¡Promete que volverás! — Pidió Dennis, saltando de un lado para otro. — ¡Quiero que nos leas más libros!
Aria se puso de cuclillas. — Te prometo que si se da la oportunidad, volveré. — Aseguró, acariciando la cabeza del niño. — Traeré algún libro divertido. — Se levantó de nuevo, para terminar de despedirse de la dueña de la taberna. El niño se carcajeó, dijo un “gracias” después de que su madre se lo ordenara y se fue corriendo a jugar con sus amigos. — Muchas gracias por todo. He aprendido mucho.
— Ni me las des. — Lena rodó los ojos. — De no ser por ti, no sé qué hubiera sido de Dennis.
— Entonces, me alegro de que ambas hayamos salido beneficiadas. — Le ofreció la mano a la dueña. Ella suspiró y aceptó su gesto.
— Si tú lo dices…
Aria se despidió del resto de personas que había conocido y se dirigió al puerto. Había tenido suerte de encontrar un crucero que la llevara a su siguiente destino: Kárate. Se acercó al capitán, quien le daba una mala mirada, y pagó. El capitán contó las monedas con recelo, pero finalmente asintió y le permitió la entrada. Aria suspiró con alivio y subió al barco. Tal vez debería permanecer más tiempo en la próxima isla. Los ahorros se le estaban escapando de entre los dedos y temía que en algún momento necesitara abandonar rápidamente alguna isla y no tuviera suficiente dinero para hacerlo.
Aria fue directamente a la proa del crucero. La última vez que subió a un barco estuvo el primer día escondida en su camarote y descubrió bastante tarde que el mar no era tan aterrador como pensaba en un inicio. El olor a sal, el suave vaivén bajo sus pies y la brisa húmeda que desordenaba su pelo. Hacía poco más de una semana que lo había dejado atrás, pero volver a sentirlo le hizo darse cuenta de que tanto lo había extrañado. Volvió la mirada hacia Roshwan y se despidió mentalmente de la isla. Esa había sido la primera isla que había pisado tras abandonar su casa, así que seguramente siempre la guardaría con cariño en su corazón. Había llegado allí con el único objetivo de huir de su realidad, pero jamás hubiera esperado que el exterior fuera tan precioso. Sin embargo, debía moverse, todavía tenía una promesa que cumplir.
Miró hacia adelante una vez más. Su siguiente destino era Kárate. Esperaba que no fuese tan fría como Roshwan; se había criado en un clima templado, mayormente tropical, y la nieve le había dado más de un problema. Y, si podía pedir algo más, esperaba que hubiera pocos marines. Sabía que no era precisamente un pensamiento justo, pero no podía evitar querer evadirlos a toda costa.
El barco se puso en marcha y Aria se contuvo de sacar el reloj de su bolsillo. Debía quitarse aquella manía o podría terminar perdiéndolo o rompiéndolo. Por una vez, decidió dejarlo donde estaba.
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