[Presente relativo](+18) Sangre de un naufragio
#1
Día 49 de Verano del Año 18

-TUUUN TIIINN... TUUUN TIIIN...-
El Den Den Mushi suena con fuerza mientras vibra sobre una caja de madera cubierta de moho y humedades. La caja contiene un puñado de remaches y recortes de metal amontonados que tintinean unos contra otros, sumándose al estruendo que genera el caracol-transmisor.
-TUUUN TIIINN... TUUUN TIIINN...-
Las llamas bailan susurrantes sobre la leña seca que he podido recolectar horas antes. Yggdrasil es una herramienta perfecta para estas funciones. Con una palanca oxidada de acero, le doy pequeños toques, meneando las brasas para que el calor se expanda uniformemente. El color marrón da paso a unos tonos negruzcos entremezclados con destellos naranjas de las ascuas que nacen. El humo florece e impregna el ambiente con un aroma ahumado y acogedor que abraza todo el campamento.
Sin apartar la vista de la hoguera, extiendo la mano libre hacia atrás, palpando lentamente y con firmeza el terreno. Estoy buscando la rejilla metálica que he de colocar sobre el fuego para cocinar. Sé que la he dejado apoyada sobre la caja de metales, junto al comunicador y una sartén de barro que ha viajado conmigo desde que tengo memoria. Pero, a pesar de mis intentos por alcanzarla, no lo logro sin antes echarlo todo por los suelos con torpeza.
Me doy la vuelta, irritado por mi propia incapacidad de agarrar algo sin mirar. Debería haber usado el Hakki... Voy a recoger la rejilla cuando me distrae la tonadilla musical, lenta e interestelar, del caracolillo. No pierdo un segundo en abalanzarme sobre él, casi histérico y entusiasmado. Llevo esperando esta llamada desde hace días.
-TUUUN TIIINN... TUUUN TIIINN... ¡GOCHA!-
Se descuelga la llamada. -Hola, Sigurd al habla...- Un pequeño silencio, atento al otro lado. -Sí... Claro, sí...- Estoy esperando la noticia. La paja me sobra, pero no tarda en llegar la información. -¡¿QUÉ?! Jura que sí.- Una sonrisa se dibuja en mi cara con ilusión y maldad a partes iguales. -¿Tan cerca? ¡Voy para allá, no te muevas!- Me levanto de una sentada, con un gesto brusco pero firme. Con una patada contundente levanto un puñado de tierra que cae sobre el fuego y lo apaga al instante. Recojo a Yggdrasil y la apoyo sobre mi hombro izquierdo. -Avisa al resto del equipo, nos encontramos ahí.- Que empiece la carrera.

Unas horas más tarde...

El Sol sigue imponente en lo más alto. Desde que la tormenta se fue, no ha habido quien le plante cara al astro rey. Su presencia es cálida, pero no asfixiante. El viento genera brisas frescas que apaciguan la temperatura y generan un ambiente agradable. El clima es perfecto para correr por la arena sin ahogarse en el proceso o sudar como un cerdo el día antes de la matanza del pueblo.
Llego apurado, con dificultad para coger aire y el corazón a mil por hora. Cuando alcanzo el hallazgo, ya están todos ahí. Ubbe, Dharma, Odiseo y varios de nuestros hombres, los grandes protagonistas. El primero en acercarse es el Hijo del Ragnarok, al que se le nota pletórico. Me recuerda a un niño pequeño que ha cumplido a la perfección las instrucciones de su padre para que se sienta orgulloso. -Capitán, qué gusto verte...- me hace un gesto de acercamiento con la mano y se perfila para guiarme sin quitarme los ojos de encima, buscando mi aprobación. Yo le regalo una sonrisa de aprobación. -Vas a flipar con lo que hemos encontrado.-
Tengo la intención de contradecir tanta seguridad con la certeza de que, hasta que no dé mi veredicto, está demasiado emocionado. Me contengo aun así, porque tampoco quiero pisotear su posible éxito hasta asegurarme. Con el rabillo del ojo veo a la dupla que me queda, el sureño y el espadachín. Con gesto sutil, alzo el mentón en señal de saludo. Ubbe lo capta rápido y deciden no interrumpirme frente a lo que estoy a punto de presenciar. Y qué suerte, porque es un descubrimiento apoteósico: un naufragio.
Trozos de madera revestida y pedazos de hierro reforzado. Todo esparcido por varios metros sobre la costa. Velas rasgadas, cuerdas deshilachadas y suministros flotando sobre las olas que rompen contra la orilla. Una catástrofe náutica de proporciones titánicas. No hay supervivientes ni cuerpos despedazados. Tan solo el cadáver quebrado de un navío que no ha soportado las inclemencias del mar. La víctima de un timonel que no ha estado a la altura de su propia aventura.
Doy pequeños pasos en dirección al desastre, hundiendo los pies en agua hasta la altura de los tobillos. La sorpresa no cabe en mí. Es tanta que estoy mudo, observando el panorama. Es bellísimo... Desolador. Me inclino hacia delante, apoyado sobre mis propias rodillas para alcanzar un fragmento de metal con remaches carcomidos por percebes. Sobre él, una especie de gaviota mal dibujada con pintura azul marino. Volteo la pieza de un lado a otro sobre mi mano. La analizo con detenimiento. Si tiene fauna marina adherida, es porque ha estado mucho tiempo en el agua. Probablemente sea parte de la carena del barco, por debajo de la línea de flotación. Si el logo ya dejaba en claro que esto forma parte del Gobierno Mundial, este armazón delata que estamos frente a un acorazado echado a perder. Un llamado de Dharma me distrae. Parece que no es el único rastro que tenemos.
Me adentro en la arena. No parece haber huellas ni señas de forcejeo o arrastre. El viento ha sido benévolo y ha sepultado cualquier pista en referencia a ello. Sin embargo, un puñado de hilos rojos serpentean como culebras por toda la playa hasta adentrarse en el interior del bosque. Supervivientes. Marines supervivientes. Sean quienes fueran, tuvieron la osadía de vivir, pero no salieron bien parados. Una caja abandonada de primeros auxilios revela que se curaron a toda prisa y se ocultaron entre la espesura y la maleza de aquel verde. -Vaya... Así que tenemos compañía, ehhh...- Una mueca macabra me invade el rostro mientras recojo un puñado de arena roja y lo dejo deslizarse sobre la palma de mi mano con sutileza, simulando una cascada. Grano a grano, como un enorme reloj de arena que los acerca más a su final.

Me alzo de nuevo, estoico y cargado de vigor y coraje. Una nueva cacería se acerca, no hay tiempo que perder. -Bien, muchachos, cambio de planes.- llamo la atención de todos los presentes. Una vez más, el primero al que encaro es al más pequeño de todos, Odiseo. -Reúne a las tropas y volved al campamento. Ya habéis hecho de más.- hago una pequeña pausa y aprovecho para rascarme la barba y reajustarme el cinturón con los martillos de guerra. -Quédate con Patroclo y avisad en caso de emergencia. No quiero que nadie se quede con nuestro botín sin antes presentar pelea con nosotros.- Para cuando miro al resto de comandantes, el joven humano ya ha salido disparado y ha echado mano de su Den Den para movilizar a todo el mundo. -¿Qué me decís, muchachos...? ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
-¡¡¿LISTOS PARA UNA NUEVA CACERÍA?!!-

En efecto, cajita feliz
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#2
Otra isla desolada más, parece que el destino lo aleja de los tumultos, como presagiando el día en que no sea así. De espaldas a la playa esta un bosque, el espadachín leyó sobre esta isla, no es un geógrafo ni amante de la cartografía, pero si alguien que gusta de saber. El bosque Utsukushi se extendía ante él como un lienzo de una viveza tan exagerada que rozaba lo absurdo. Los árboles monumentales custodiaban el territorio con sus copas entrelazadas, formando un domo natural que filtraba la luz del sol en un abanico de tonos cálidos. Dharma avanzaba con pasos medidos y parsimoniosos, manteniendo sus manos cerca de las empuñaduras de sus espadas gemelas de hojas largas que descansaban a los costados de su torso. Sus ojos verde oscuro, que envuelven su peculiar mirada, una vista eterna de desinterés, pero movido siempre por una curiosidad insaciable, un poco irónico, sus orbes, registraban cada anomalía del entorno. El musgo verde brillante envolvía los troncos como una piel viva, mientras de las ramas colgaban ramificaciones de una flora desconocida y extravagante.  Muy bonito, muy agradable a la vista, pero lo que sucedía en la playa era lo mas importante, al menos por el día de hoy.

La debilidad de los seres mundanos radicaba en dejarse arrastrar por las apariencias banales, en confiar en la calma de un paisaje idílico antes de ser devorados. Pero Dharma no operaba bajo esas frecuencias de ingenuidad. El desprecio que sentía por los que bajaban la guardia se aplicaba aquí con el rigor de su disciplina marcial. Cada insecto brillante, cada hongo exótico y cada río cristalino era evaluado como un peligro potencial en su mapa mental. Aun sin saber los nombres de cada organismo, si que los tenia en su lista personal, de una u otra forma, pues aunque no podía ser experto en todo, el conocimiento le permitía eso mismo, conocer. Y eso mismo le dejaba ver la anomalía que estaba sucediendo, en el lugar se encontraban los vasallos del Ragnarok a los que Sigurd solía llamar hijos o hermanos o primos... realmente no eran de importancia para el espadachín, pero cumplían bien sus funciones.

El estruendo constante de las olas rompiendo contra los restos del naufragio era el único sonido que competía con el dulce y suave movimiento de la brisa con la flora de la isla,  en el límite de la playa. Dharma permanecía de pie a unos pasos de la orilla, con sus ropas negras casuales agitándose levemente por la fresca brisa marina. Nuevamente su mirada se mantenía más atenta con lo que estaba presenciando,  sus ojos afilados observaron la llegada de Sigurd y como este comenzaba a revolotear algunas cosas del naufragio, el gigantesco rubio volteaba el fragmento de metal carcomido por el tiempo de uso.  El antiguo practicante del budismo mas radical, no necesitó acercarse para identificar la gaviota azul marino pintada en el armazón; tenia total conocimiento de el funcionamiento de las instituciones que regían este mundo,  un tipo de navío de los marines, ahora con tan poca suerte ha terminado reducido a astillas flotantes en la costa de la Isla Chisi.

| Marines... si pudiera... | Un pedazo de tela atorado ondeando de forma triste, muestras los  resquicios de una bandera color blanca, de su enormidad solo quedan pocas cosas pero se puede interpretar, al menos por Dharma que tiene el conocimiento de como funcionan algunos rubros de los marines.  | División 60... como si importara | Dice para si mismo, aunque lo puedan escuchar los demás.  | No es lo único...  parece que han logrado sobrevivir ¡eh! Jahjahjah | Su risa un poco pesada y oscura aparecía, a veces podría parecer un tanto escalofriante que su tono de voz no variara, ni para lo alegre ni para lo triste, ni para nada,  pero había un dejo de emoción aun en sus palabras. La ventaja por decirlo de alguna forma y sin ser experto rastreador, pero si un fan de la cacería, era que aquellos vestigios de sangre en la arena se combinaron con esta misma, aun había moronas que soltaron las bolsas de carne que sobrevivieron, hilos carmesí que se combinan con la arena de forma sutil, no tenían tanto de haberse movido, aunque la misma arena lograba conservar el rastro.

| Bro... ya era hora... |

Escuchó la ruidosa risa del capitán del Ragnarok  y esa pregunta cargada de un salvaje entusiasmo por la violencia que se avecinaba. Una mueca lineal, una sutil sonrisa que apenas se esbozaba, delató la fría expectación que despertaba la situación en su interior. Aquello no era un simple contratiempo en su desembarco; era una oportunidad perfecta para por fin hacer algo entretenido desde que habían estado en Skypea. Ajusto su cuerpo y comenzó a estirar los hombros y sus brazos, esa manía que tenia cuando algo estaba por suceder o a veces solo porque si. Su cuerpo atlético se  encaminaba unos pasos hacia donde estaba nuevamente el bosque.

El pelinegro  concentro su mirada a  donde los hilos rojos de los supervivientes se adentraban como pequeñas cuerdas que había que ir recolectando, todo eso bajo la mirada del astro rey y los arboles que intentaban resguardar en su grandeza, unos visitantes. Para alguien con la mentalidad furtiva como lo es Dharma, el escenario que la maleza ofrecía era idóneo para una cacería.  Los marines que habían logrado curarse a toda prisa se habían ocultado en un bosque donde se profetizaba una letalidad salvaje.  Los Ragnarok se encontraban mas que listos.


Off Rol
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
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#3
El bosque de Chisi era extraño, no era especialmente hostil, tampoco especialmente acogedor, simplemente extraño, y 
tras varios días recorriendo sus senderos, Ubbe todavía no terminaba de decidir si aquello le gustaba o no.
Avanzaba despacio entre la vegetación, apartando ramas y lianas a medida que progresaba por uno de los numerosos caminos que había terminado memorizando durante sus exploraciones. A aquellas alturas ya conocía buena parte de los alrededores del campamento y varias de las zonas cercanas a la costa, aunque el corazón de la isla seguía siendo una incógnita demasiado extensa para haberla recorrido por completo.
La mañana había sido tranquila, tan tranquila que incluso empezaba a resultar sospechosa, los otros dias se habia enfrentado a algun que otro bicho, pero nada relevante al fin y al cabo. Los únicos sonidos que lo acompañaban esa tranquila mañana, eran el canto ocasional de algún ave escondida entre las copas y el suave crujido de las hojas secas bajo sus pies, por eso mismo, el sonido de un Den Den Mushi rompió aquella calma de forma tan abrupta.

TUN TIN... TUN TIN... 
El gigante se detuvo y durante un instante creyó haberlo imaginado, pero la melodía volvió a sonar, este procedía de una pequeña bolsa de cuero colgada de su cinturón. Ubbe tardó unos segundos en rebuscar entre sus pertenencias antes de extraer el comunicador, el caracol agitaba las antenas con insistencia mientras seguía reproduciendo su característica llamada, Ubbe frunciendo ligeramente el ceño, acercó el aparato a su rostro.
- ¿Yeah? - ¡Comandante!
La voz de Odiseo surgió tan rápido que daba a entender que se debía a algo importante. Ubbe reconoció inmediatamente aquel tono, era excitación, mucha excitación y eso podia significar algo bueno o algo malo. 
- ¿Qué happen? - Creo que deberías venir, comandante. 
La respuesta provocó que el gigante levantara una ceja.
- Eso no responde a mi question, Ody, se un poco mas concreto, motherfucker! - Al otro lado se hizo un breve silencio, lo suficiente para que Odiseo pareciera debatirse entre explicarlo o seguir guardándose la sorpresa, finalmente perdió la batalla contra su propio entusiasmo.
- Hemos encontrado un barco, Ubbe - Ubbe permaneció callado unos segundos - ¿Un barco? - Bueno... lo que queda de uno.
La respuesta no aclaraba demasiado.
-¿Dónde? ¿Habeis avisado al Capitán?- En la costa este, si, ya está de camino. 
Ubbe giró ligeramente la cabeza, orientándose de forma automática. Sabía exactamente dónde estaba aquella zona.
No se encontraba especialmente lejos, asi que empezó a andar hacia allí a su ritmo. 
-Y que creemos que es de la Marina - El gigante dejó de caminar, el bosque volvió a quedar en silencio a su alrededor 
-¿Creéis? -Tiene marcas del Gobierno Mundial.
Eso sí era interesante, mucho más interesante que un simple naufragio, Ubbe observó las copas de los árboles durante unos instantes mientras procesaba la información: Un barco de la Marina, en una isla perdida como aquella, y aparentemente naufragado, nada de aquello sonaba especialmente normal.
- ¿Habéis encontrado supervivientes? - La pregunta salió casi de forma automática - No, tampoco hay cadaveres. 
La respuesta provocó que el gigante frunciera ligeramente el ceño, porque ambas cosas al mismo tiempo rara vez eran una buena señal - No os mováis de ahí, baby, la cosa pinta interesting! GAHAHAHAHAH - Su voz adquirió un tono algo más firme pese a la risa, eso podia significar que habian supervivientes en la isla escondidos. Y si eran marines... eso significaba que la excitacion inicial de Odiseo al final resultaba que era para algo bueno. La comunicación terminó poco después, Ubbe guardó el Den Den Mushi nuevamente en el saco del cineturón y permaneció inmóvil durante unos segundos, pensando en la situación. El viento movía suavemente las hojas sobre su cabeza, la isla seguía tan tranquila como antes, pero aquella tranquilidad acababa de adquirir un matiz diferente.
Porque de repente ya no estaba pensando en árboles, senderos o zonas de caza, ahora pensaba en un barco y en sus supervivientes... supervivientes que estarían esperando el momento para intentar cazar al ragnarok. 
Con un leve suspiro, el gigante reanudó la marcha, esta vez en dirección a la playa, y con la sensación de que la calma que había acompañado los últimos días estaba a punto de terminar.

No tardó demasiado en alcanzar la costa.
Dharma ya estaba allí, y permanecía inmóvil junto a los restos del naufragio observando el escenario con esa calma inquietante que parecía acompañarlo siempre y, como era de esperar, Odiseo lideraba al resto de los hombres del Ragnarok.
- Hey, Dharma, has llegado rapido, baby! - Ubbe chasqueó los dedos señalandolo.  La escena era mucho más aparatosa de lo que había imaginado durante la llamada, los restos del barco se extendían por una enorme porción de costa, desperdigados sin ningún orden aparente entre la arena y las olas, como si alguna fuerza gigantesca hubiera destrozado la embarcación y repartido sus fragmentos por toda la orilla. Había tablones de madera medio enterrados, placas metálicas deformadas, cuerdas desgastadas por el agua y todo tipo de objetos irreconocibles que el mar continuaba devolviendo poco a poco a tierra firme. Llegó el capitán y entre todos  comentaron la escena; Sigurd estaba entusiasmado por poder cazar unos marines, y Dharma añadió además de que se trataba de una tal "división 50", fuera lo que fuera aquello. 
Con Sigurd al mando la conversación pasó rápidamente de un naufragio a una posible cacería, la expresión del gigante cambió ligeramente. Aquella pequeña sonrisa que aparecía cada vez que olía una buena pelea comenzó a asomar en su rostro, mientras observaba primero al capitán y después la entrada del bosque, porque si había supervivientes escondidos en la isla, también habría pelea. 
-GAHAHAHAHAH-
- ¡LET'S HUNT, BABY! - 

HEY BABY
[Imagen: ksMOGZu.png]
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