Una salida despreocupada [EV |PA]
#1
Previamente

Habían partido de Skypiea el día 9 de primavera del año 18, rozando la medianoche. Una idea pésima si se tenía en cuenta que les aguardaba el descenso de los —aproximadamente— diez mil metros de negrura que el Knock Upstream les había ayudado a superar en su subida, guiados además por un anciano mink tuerto.

Tuerto y a medianoche...

Quizá por esa insensatez es que habían estado navegando durante varios días antes de atisbar la tierra firme más próxima: Isla Báltigo. Bueno, por eso y porque sus cuerpos arrastraban todavía los efectos de una magnánima fiesta en la que otros piratas se habían visto arrastrados el mismo día en que debían partir todos de Skypiea.

Cosa que, paradogicamente, al menos para Bai, le había brindado la oportunidad para mantener el buen ánimo entre los re-nombrados piratas Eco del vacío. Una dinámica que, como inevitable consecuencia, había terminado en una segunda celebración, más íntima, en el Wu Wei.

Día 44 de Verano.
Momento del día: Medio día.
Localización: En el Wu Wei frente a Báltigo

Aquella tranquila mañana de verano, mientras el sol acariciaba la superficie del Wu Wei, dos medias lunas violáceas —cuya impronta revelaba una noche pésima— decoraron su piel bruñida junto a los marcados surcos de la fatiga. Sin embargo, aquello no era lo peor pues, lo más notorio residía en sus pupilas dilatadas, veladas por una tenue película que las opacaba como mudo testimonio de que, tras cruzar el umbral de la treintena, parte de la energía y vigor de la juventud se habían extinguido.

Y, dado que la tenue película se rehusaba a desaparecer aun tras haber parpadeado repetidamente, Bai, terminó dándose por vencida y se resignó a despertar sumida en un mundo borroso y tamizado por molestos destellos. Para ello, lo primero que hizo fue lanzar su diestra a ciegas hacia el lateral de cama buscando con desesperado ahínco, de la silla que descansaba junto a la cabecera.

No la encontraba.

Bai manoteó el aire con mayor vehemencia —hacia arriba, hacia abajo y a ciegas— hasta que, finalmente, asestó un golpe seco que hizo estremecer la madera y bailar peligrosamente el cuenco depositado sobre su superficie. Ahí estaba. Bai estiró aún más el brazo, intentando aproximar el cuenco hacia su posición y sintiéndo cómo sus músculos se quejaban, pero la distancia se le resistía y sus dedos no alcanzaban a rozarlo.

Se estiró un poco más, gruñió intentando alcanzarlo y, al ver que no lo lograría, se dejó vencer y rodó sobre el colchón hasta quedar boca abajo, hundiendo el rostro contra la almohada. Por la ventana, la luz se filtraba sin clemencia, atravesando la estancia para golpear de lleno a la resacosa mujer.

—Ugh... —volvió a refunfuñar antes de apoyarse sobre ambos antebrazos y, con la pesadez propia de una moribunda, reptar por la cama envolviéndose en el tibio abrazo de las sábanas de seda.

Sin embargo, en cuanto giró la cabeza para reanudar la búsqueda del cuenco, el resplandor la abordó de frente, deslumbrándola al instante. Bai entrecerró los párpados, dejó escapar una nueva protesta ahogados y volvió a estirar el cuerpo una vez más. Pero su cuerpo, fatigado y dolorido, no soportó por mucho tiempo aquella postura pues, el brazo sobre el que apoyaba todo el peso comenzó a temblar violentamente; aun así ella, que todavía procesaba todo con lentitud, continuó estirandolo tras percibir que, al fin, sus dedos tocaban el objetivo.

Sin embargo, al hacerlo, el agua se agitó de forma brusca en el interior del recipiente a causa de sus toscos movimientos. Y, en el preciso instante en que el brazo cedió, el cuenco se le vino encima.

—¡Mierda!
Parte del líquido cayó directamente sobre ella.
—¡Joder!

Tras su exclamación hubo un breve instante de silencio en el que, sin moverse, contempló con su nueva mirada —una en la que la resaca se había comido todo rastro de vida y energía— cómo el agua se bailaba sobre la madera.

Y a continuación, siendo que para ese momento Bai tenía  más de medio cuerpo vencido fuera de la cama, intentó recoger el cuenco pero, al hacerlo, terminó por perder el centro de gravedad y se venció hacia delante. Consecuentemente, su figura se deslizó pesadamente por el borde del colchón y se precipitó contra el suelo, donde acabó desplomándose sobre las frías tablas con la misma elegancia que un cadáver arrojado desde un ventanal.

Y, de nuevo, hubo un largo silencio en el que no se movió.

—Bonita forma de despertar... — murmuró  mientras si izquierda ascendía con patética lentitud hacia la cara —. ¿Qué coño bebí ayer? —Se preguntó pasándose la mano por la cara y arrastrando consigo el agua que todavía goteaba de la silla.

—Odio las putas resacas...

***

Apenas ataviada con la parte superior de un vaporoso haori masculino —cuyo tejido arrugado delataba haber sido arrojado por encima de la ropa interior sin el menor miramiento—, Bai avanzó a ciegas por los pasillos con paso cansado. Mientras tanto, con el nudillo en alto, pasó golpeando a su paso las puertas de los camarotes —incluso aquellos que sabía desiertos— mientras llamaba con voz cavernosa a Heras, Mahou y Zhang.

Al hacerlo, se percató de que un sabor rancio y denso le impregnaba la boca.
«Qué asco», pensó, dejando caer la frente con resignación contra el marco de una puerta.
A continuación, cerró los ojos, tomó aire y, al abrirlos para dirigir la mirada hacia abajo, terminó de asumir que ni siquiera se había molestado en vestirse más allá de lo estrictamente indispensable para no herir la susceptibilidad de sus compañeros.
«Qué pena das...», añadió para sus adentros con un suspiro, antes de volver a llamarlos.

Tras ello, Bai retomó el avance por el pasillo hasta alcanzar la salida hacia el exterior y, al cruzar el umbral, la luz la abordó de golpe, obligándola a interponer ambas palmas ante el rostro para aminorar el destello implacable del sol.

—No sabes cómo te odio ahora mismo... —le dijo al sol avanzando a ciegas mientras de fondo se dibujaba la silueta de la isla de Báltigo.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
#2
Previamente


El tiempo en la isla del cielo había pasado en un abrir y cerrar de ojos, y luego de aquel paseo sobre el gigante alado, habían llegado a la embarcación.

El Wu Wei seguía firme frente al mar, pero el viaje de regreso había sido toda una odisea.

Bajar de allá arriba dio problemas de todas las clases. Y al final, descender del cielo no es trabajo para un hombre medio ciego.

Por fortuna, el grupo ahora tenía más manos y más habilidades. Su nuevo compañero Heras era un hombre extremadamente fuerte, y gracias a los ojos del muchacho todo resultó un poco más sencillo.

Se dejaron caer por el borde poco antes de la medianoche. El viejo burro había calculado la deriva, el viento y el punto donde el mar debía estar esperándolos. Pero calcular una caída y caerse no son la misma cosa, y eso lo entendió mientras la isla se alejaba por encima de sus cabezas.

Fueron minutos muy largos. Zhang se agarró a la borda y no dijo absolutamente nada, mientras el barco entero caía hacia el mar azul. Silencio chillaba por los dos.

Y entonces llegó el golpe.

El Wu Wei entró en el agua. Zhang no lo vio, porque no veía casi nada… Pero lo oyó: la madera del casco quejándose como un animal, y algo pesado rodando por la cubierta hasta estrellarse contra la barandilla.

Aguantó. Un barco de aquella clase aguantaba más de lo que aquel navegante esperaría.

Pero no salió limpio. Abajo, en alguna parte, empezó a entrar agua, y arriba quedaron cuerdas colgando que habría que volver a atar. Nada grave, pero había trabajo.

Al caer, Zhang se aferró con fuerza a su pequeño amigo, y después buscó a sus compañeros para asegurarse de que todos estuviesen bien.

Y luego, con el mono todavía agarrado al cuello, se pasó lo que quedaba de la noche sacando agua con un cubo. Para no hundirse, quién sabe dónde.

Día 44 de Verano · Mediodía · En el Wu Wei, frente a Báltigo

Hay resacas que se curan durmiendo y otras que solo se curan navegando. Aquella mañana, frente a una isla que todavía no tenía nombre para él, el viejo burro llevaba despierto desde antes que el sol.

Zhang llevaba un buen rato en cubierta, con una taza entre las manos. La cabeza le pesaba un poco, claro. Él también había estado en las dos fiestas, y a los cincuenta y tantos esas cosas se pagan más caras. Pero el aire de mar le sentaba mejor que la cama.

Desde el amanecer tenía algo puesto al fuego. Jengibre, sal y un poco de miel. Sabía horrible, pero funcionaba, y un médico que ha visto a su tripulación en dos fiestas seguidas ya sabe cómo va a amanecer el barco.

Silencio dormía panza arriba, sin ninguna vergüenza.

Zhang giró la cara hacia la isla. No la veía, o la veía como veía todo: una mancha larga y sucia. Pero olía a tierra mojada y a humo de leña, y eso ya era bastante. Después de tanto tiempo en el mar, cualquier olor de tierra se agradece.

Abajo se cayó algo. Después un golpe seco, un cuerpo contra las tablas y dos maldiciones que el viejo burro no pensaba repetir en voz alta. Movió una oreja, y como no paso nada mayor, el burro continuo con su taza.

Un rato después empezaron los golpes en las puertas. Uno, dos, tres camarotes, incluso los que llevaban tiempo vacíos. La oyó llamar a Heras, a Mahou y a él.

—Estoy arriba —dijo, sin elevar mucho su tono. Cuando la capitana salió por fin a cubierta, el sol del mediodía le cayó encima de golpe. Zhang ya estaba de pie, con la taza en una mano.

—Hmmm… Buenos días, capitana. Bébase esto, aunque sepa a rayos. —Le tendió la taza con calma —. Y no le eche la culpa al sol, que él no la obligó a nada.

Después se apartó un poco y se apoyó en la borda, mirando hacia la isla.

—Por cierto —añadió, con la misma voz de siempre—. Debemos arreglar el barco, luego de que un viejo ciego y un gigante alado bajaran esta embarcación como podía. ¿Qué opinas de este lugar? Se ve un lugar inhóspito.

Y sin esperar respuesta, el viejo burro se quedó escuchando a su compañera, mientras el mar los empujaba a su nuevo destino. 

Barco
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
#3
Previamente

Sientes la brisa empujarte, las velas que tiran con fuerza de nosotros. No diré que fue un viaje sencillo, para nada lo fué. La verdad es que fue bastante intenso. Cuando me refería a que cuidaría bien del barco me refería a que yo quería manejarlo, pero por novatadas no me quisieron dejar hacerlo. No es que yo esté poniendo mis habilidades por encima de los demás, es que yo veo bastante bien de noche y él es un señor mayor y ciego de un ojo. 

No es que me pusiese de mal humor, pero había manejado bastante la última vez que estuve tras de un timón y era de las pocas cosas que realmente me emocionan. No desde los cabos gemelos, desde antes, desde siempre que probé el aire fresco disfruté del aire fresco que me ofrece el estar en un barco. Desde que el señor Hoshino me dio las bases para andar en barco, yo supe que siempre seré un gran maestro del timón y de la navegación. Ya tendré la oportunidad de demostrarles y ellos verán lo excelente que soy, nunca querrán que más nadie esté tras la navegación del Wu Wei. Es más, si se descuidaban le cambiaría el nombre al Dojo Mojo Eco House. Domeh. Mientras más lo pienso mejor me lo parece. 

Cargar el barco fue cosa sencilla y de minutos, asistir con nudos de amarres sencillos. Alsitarnos, colaborar con una pronta salida nocturna. Mis alas abiertas siempre me hablaban del aire con total sensibilidad y me avisaban de los cambios más minuciosos. Cómo un mapa detallado, bajo las plumas de mis alas me dan una percepción mucho más grande de la que los sentidos usuales permiten. No es que yo sea un ser extrasensorial, pero si mis alas son una herramienta, aprendería a usarlas. 




Conforme fuimos avanzando lo noté. Nos acercabamos a algo que era más de lo que podríamos controlar. Mis alas hablaban y eran como susurros de alerta, me indicaban que lo que se veía al frente superaría por mucho lo que cualquiera podría predecir. — Chicos, ajusten sus amarras. Lo que nos espera estará muy potente. —

Advertí y tome de la mano a la pequeña Humink. — ¿Le permites al cuervo mono que te cuide? — Aseguré sus amarras a las mias y me mantuve cerca de ella, no se me había asignado cuidarla pero la pequeña Mahou era la que mas me preocupaba si ibas a tener un descenso como el que se aseguraba. Se veía claramente la caida, era ver el abismo era sentir un escalofrío que me llegaba por la espalda. 

— ¿¡LISTOS MUCHACHOS!? ¡SE VIENE!—

Anuncié justo antes de comenzar con nuestro descenso, no porque fuéramos a bajar, si no porque íbamos a tener una caída libre que en la oscuridad sería enfrentarse a la muerte. La vi, a los ojos, sin pestañear, con miedo, con ambición, con una sonrisa. Amé cada segundo, de aquel descenso cargado de energía. La adrenalina del viaje nunca mejor encontrada que caer desde el cielo a lo que parece un fin anunciado y salir de él victorioso.


Dia 44, Verano - Sol en su punto más alto

El Wu Wei, mi nuevo hogar, mi… nuestro barco-móvil. Ahora sí que ha sufrido. Se portó como un campeón o campeona, la verdad es que el nombre no me permite saber del todo si tratarlo como él o como ella. Comprender su personalidad. Lo que sí me doy cuenta es que es una de las mejores máquinas para surcar los mares que he tenido la oportunidad de ayudar a navegar.

Sangolao hizo un buen trabajo al final de cuentas. Disfruté de ayudarlo y de darle causa de camino a los mares hacia nuestro nuevo rumbo. Ahora, viajar con gente me presentó cosas que yo nunca había pensado que me tocaría enfrentar. La verdad es que ellos si son unos piratas a unos que les gusta mucho el romo. (Que es lo mismo que el ron.) Yo creo que no había tenido compañía para beber tanto y con tanta frecuencia. Teniendo en cuenta que en nuestra estadía en Skypea antes de salir nos dimos una fiesta. 

Fue más un trabajo de turnos, también había que entretener a la pequeña Mahou. Aunque creo que es mutuo, a ella y a silencio no se esperaban que alguien más pudiera ir al mástil y pudiera jugar a las traes con suficiente libertad de movimiento. 

Se puede sentir. El silencio durante el viaje, en mi habitación, sentí un alivio que no se puede describir. La sangre ha dejado de acumularse y mi cabeza ha dejado de sufrir. La migraña que me acompaña con la erección se fue y mi cuerpo siente paz. Puede que sea consecuencia de la adrenalina del viaje o el cambiar de lugar. Pensé en llamar al doctor de confianza, pensé en llamar a Maki, pero seguramente ellos tendrían sus viajes también, mejor hacerlo en tierra firme. 

Ahora que puedo pensar con claridad, solo quería no hacerlo y degustar mi cabeza estando completamente vacía. Lo curioso es que había pasado ese día teniendo el sueño más tremendo uno de esos donde tienes una compañía que te gusta, que te hace sentir cosquillas. Lo que me hacía extraño era que esa persona que me acompañaba tenía diferentes rostros, rostros que me hacían sentir que se me movía el piso, capaz era culpa del agua ardiente o del barco, dios mio hay que sacarle reemplazó a Zhang, cómo se nota que él lleva el timón. 

Lo que me mataba era que ese sueño, siendo placentero, alegre, me recordaba mis deseos primitivos. En vivencias en experiencias pasadas o en experiencias que quería obtener a futuro. Juntos caminar por la playa, degustar de unas copas con los brazos cruzados, cruzar mirada con tus ojos azules durante una noche y ver las estrellas en tu mirada. Poder abrir mi alma, pero entonces en ese momento tú su mirada azul deja de ser tuya y comienza a ser la de ella, comienza a ser de aquella que no dejó ir, ella no me persigue, ya no lo hace, no lo puedo hacer, pero esa sombra sigue allí, le sigo recordando. 

Me despierto sintiendo el sudor sobre mi cuerpo, ese sueño se convirtió en pesadilla, esa pesadilla donde estoy atrapado en una isla tenebrosa y de la que busco escapar con mucho esfuerzo y no miro atrás. Debo pasar pagina antes de salir…

—Bereberebereberebe… Bereberebereberebe… — 

Aprovecho el momento para hacer una llamada, una que me interesa hacer. Soy paciente y esperó paciente a que tengas un momento para contestar.  

— ¿Aló?... si soy yo… Salimos un poco tarde y fue más movido de lo que esperaba. ¿A ti cómo te fue? —

— No, nosotros aún no pisamos tierra. Te volveré a llamar cuando estemos en tierra, quizá tarde un poco, ash, tengo dolor de cabeza.  —

En ese momento tocaron a mi puerta y mi postura cambió para acomodarme. Ponerse de pie, vestirme, no iba a salir en cueros a deleitar a mis compañeros, además había una pequeña niña a bordo, no soy de esos que se exponen por que si, primero me pagan. 

— Me alegró oírte. Ya debo salir. Estaré en contacto.—

Esos diálogos fueron con mi amiga Gyojin. Seguramente ella con lo buen navegante que es seguramente se me había adelantado por mucho o capaz estaba ya varios destinos adelante. Tiende a darle mucho uso a los barcos hasta destruirlos. Salí de mi camarote vestido con un nuevo pantalón y botas que me había adquido siguiendo un poco la moda de Skypea, pero ahora traida al estilo Heras.

—Señor Sangolao ¿Ocupa relevo?— Consulté en lo que le veía conversar con Bai, no me molesté en intentar comprender de que estarían hablando, no son tan listo para aprender una lengua. Aunque, me gustaba cuando Bai hablaba cómo nosotros, le estaba poniendo corazón a ese asunto.

Herastico
[Imagen: from-Pix-AI-2058552647297991195.png]
#4
✓
Viaje: Completado
STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)