[Navegación, P.A] La caída de la División 30
#1
Día 9 de primavera, año 18


Había llegado el último día de nuestra estancia en Skypiea, habían sido unos días tan divertidos como provechosos, sin dudas iba a salir más fuerte que como había llegado. El sol brillaba con una fuerza algo más intensa de lo habitual, augurando un futuro prometedor para la gloriosa División Ochenta de la Marina. Si había algo que lamentar, era la pérdida de Masami, no tuve muy claro qué fue lo que le pasó, pero decidió quedarse aquí para siempre. Si lo pensaba un poco, era normal, aquí estaba su gente y, por si fuera poco, el camino del héroe era uno sacrificado, uno para el que no todos estaban preparados.

Ya en la costa, empecé a preparar el barco para partir junto a Enji, Akira y los miembros de la división setenta y cinco, a quienes íbamos a llevar a la siguiente isla. Se sentía un poco extraño, en apenas unos días pasamos de ser una división de cinco a apenas tres marines. —Caemos por momentos —dije con una sonrisa mientras cargaba cajas en el barco. —Siempre supe que la vida del marine era dura, pero dejar atrás a un compañero en cada isla… —Tras dejar de golpe las astilladas cajas de madera en la cubierta del barco, me apoyé en la baranda del mismo mirando a mis dos compañeros y amigos. —¿Vosotros no tendréis pensado dejarlo, no? Me pondría muy triste, jajaja. —Si bien mis palabras exponían una preocupación real, mi estado de ánimo no era ni mucho menos triste, no era como si nadie se hubiese muerto.

Tras eso me dirigí a los amigos de la otra división, quienes se encontraban en ese momento preparando cosas en la cubierta. —Me pregunto a dónde nos destinarán a cada uno después de esto… Sea como sea, ha sido un placer, muchachos. —Sin dudas, lo mejor que me había pasado en los cielos era el haber podido conocer mejor a tantos otros buenos marines, era un orgullo compartir aguas con ellos.

Poco tiempo después, mientras todos seguíamos preparando las cosas para partir, un murciélago se acercó a Enji. —¿Y ese bicho? —pensé al ver cómo le entregaba una serie de cartas a mi capitán. Todos prestamos atención a lo que leía Enji en la carta que iba destinada para él. A medida que hablaba, mi boca se abría más y más. —¡Nos han ascendido! —dije con las manos en alto justo antes de saltar con los brazos en alto, esta vez era un ascenso sin precedentes. Aún recordaba la alegría de ser promovidos de la división noventa y tres a la ochenta, pero, ¿División Treinta? Me parecía inaudito.

Y lo más importante no era el ascenso, nos habían juntado junto con los miembros de la división setenta y cinco y con ni más ni menos que Stroud Re… Nanashi. —¡Genial, vamos a darlo todo, chicos! —exclamé con entusiasmo mientras preparaba las amarras a toda velocidad. Enji se encargó de llamar a Stroud, quien no tardó mucho en llegar gracias a que nuestros barcos estaban bastante cerca amarrados. —¡Bienvenido, Stroud! Contamos contigo—le grité con entusiasmo desde lo alto del barco en cuanto le vi aparecer. Una vez todo estaba listo, solo quedaba que el navegante se pusiera en su puesto y que nuestro capitán Enji diese la orden de partir.

Cajita de tortuga
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#2
Tras el transcurso de una semana, muchos conocimientos se quedan aún sin revelar. Empaparse de la cultura de skypiea ha sido una actividad interesante, pero desgraciadamente, el soldado de la setenta y cinco no ha dispuesto el tiempo suficiente que verdaderamente le hubiese gustado en esta tarea y ahora, a causa de lo mismo, se encuentra viajando de vuelta al mar azul sin las respuestas que una vez le hubiesen gustado. Cumplir con su deber es más importante que todo lo que pueda encontrar en esa isla, más no obstante...siente que pudo haber hecho más.

Ahora, con las maletas dispuestas, cargadas en un lugar donde no molestase a nadie, con Rassmussen descansando en el interior de la fortaleza, alicaido desde su separación con Bertram, y asegurando una vía de bajada segura, el azabache había contactado por Den Den Mushi hasta los miembros de la división 80, preguntándoles si tan amablemente se encargarían de llevarnos de vuelta hasta tierra firme, ahora que Dimitri nos había terminado de abandonar en Matsuri para mantener la vida que realmente deseaba junto a su amada, y los barcos de la compañía Nozama parecían dejar de necesitar los servicios de la marina. Fue un alivio saber que ante esta pregunta, los marines no opusieron aparentemente mucho problema, y podrían evitar problemas con el emperador de los cielos y sus guardianes, marchándose el día que este les ordenó volver a la mar.

Al llegar hasta el Velero de la división...Kael quedó atónito. Como era de esperarse, la decoración de su barco era sencillamente insólita, exagerada, llamativa para una división comandada por nada menos que uno de los dragones celestiales que además tenía tendencias nudistas. Si es que al final, ¿que iba a esperar él si no de un hombre como aquel? Poco a poco, empezaba a tener que acostumbrarse a esas ideas o terminaría perdiendo la cordura. Por supuesto, ni se le pasaría por la mente hacer alguna mención al respecto. Eran ellos los que les estaban haciendo un favor a los miembros de una división sin navegante; no tenía derecho alguno de criticarlos por aquello.

—Gracias por el transpor...—Comentó mientras subía hasta el barco, preguntándose porqué Juan había gritado algo acerca de un ascenso.—¿A que te refieres?

¿La división ochenta había sido ascendida hasta la treinta? ¿Los miembros de la división setenta y cinco también formaban parte de esa nueva división?

"¿Que está pasando aquí?"" No estaba entendiendo nada, pero desde luego, las noticias eran demasiado fortuitas, y al mismo tiempo, eran demasiada información para procesar de un momento a otro.

"El comandante Nanashi también viene con nosotros, ¿eh? Que curioso es el destino a veces"

Aquella división tenía demasiado potencial, y estaba claro que, de una forma u otra, el gobierno mundial iba a mantenerlos vigilados para saber que tan prometedores eran sus miembros.

Off
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#3
Al despuntar el alba, Stroud, puntual, había comenzado a hacer la maleta y a poner en orden las escasas posesiones que había llevado consigo a la Isla del Cielo. Hubiera resultado sencillo pararse a pensar en lo mucho que había significado aquel lugar, y en el camino que los mismos cielos parecían haber abierto para él con la entrada en juego del célebre mantra; pero aquel no era el estilo del Marine. En silencio, prácticamente sin pensar, se había limitado a vestirse, abrir las ventanas y a permitir que la luz dorada del sol lo bañase mientras disponía todo para la partida. En cuestión de tan solo un rato, volvería a estar a bordo del viejo Royal Quiver, listo para un paso más en aquella gran odisea que era el Grand Line y las incontables sorpresas que aguardaban siempre tras su horizonte. Fuera, más allá de las estancias proporcionadas por el Emperador de aquel lugar, podía oírse el ajetreo habitual en Shandora, al que se sumaba el ruido de algunos de los habitantes del Mar Azul preparándose, como él, para partir de vuelta al mundo. Stroud acometió todo el proceso de manera mecánica, sin que un solo pensamiento recorriese su cabeza, y sin musitar más que algún "la Justicia que me parió" al darse cuenta de que se había dejado algo por meter en la maleta.

Se sentó al borde de la cama, respirando hondo y contemplando la habitación a su alrededor, en un último vistazo, y un último descanso, antes de salir de allí y poner rumbo hacia el barco. El bostezo que se estaba generando en su interior se vio entonces cortado de golpe cuando su Den Den Mushi comenzó a sonar de manera abrupta, sus berridos inundando la habitación incluso desde el interior de la maleta, con el resto de sus enseres: berep berep berep berep.


Corrió hasta donde se encontraba y abrió la cremallera a toda velocidad, sacando el Den Den Mushi y preguntándose por qué leches lo había dejado allí en lugar de guardárselo en la chaqueta. Lo observó: el caracol había adoptado unos ojos de un extraño color rojizo, así como un tono violáceo, y, sobre sus hombros, las charreteras propias del abrigo de un alto rango. Arqueó una ceja con inquietud y descolgó, expectante. "Comandante Nanashi, dígame," dijo con propiedad. "¿Qué se le ofrece, capitán Saint Vangelis?," inquirió, entendiendo rápidamente quién se encontraba tras la extraña apariencia que había adoptado el Den Den Mushi. Sin embargo, quedó en silencio por unos instantes. "¿Eh?," fue únicamente capaz de mascullar al cabo de un rato. Tragó saliva. "Entendido, capitán Saint Vangelis," dijo finalmente, tras vacilar por un momento, "los veo en un momento. Gracias, capitán."



La mano de Stroud corrió por la madera de la quilla del Royal Quiver, acariciándola una vez más. Aquel navío había sido un compañero de división más para él. Finalmente, y conteniendo un suspiro, puso rumbo hacia el lugar acordado con Enji, quien aparentemente sería su nuevo capitán. A medida que se acercó al enorme velero de su nueva división, pudo observar en detalle su aspecto y su construcción. No pudo evitar alzar una ceja antre lo estrafalario de su diseño. ¿Aquello era... un gato? No, la cabeza de un gato, absolutamente enorme. ¿Quién había ideado aquella monstruosidad, aquel atentado contra la estética náutica? Esperó de corazón que el capitán Enji no hubiese tenido nada que ver.

En cuanto comenzó a aproximarse, sin embargo, pudo observar al Comandante Cangrejo Tortuga Juan Sebastián, que lo saludaba con brío desde la cubierta y parecía estar ya plenamente al corriente de su incorporación y las novedades en su distribución. Stroud inspiró hondo, ajustándose el cuello de la camisa con la mano que tenía libre, y caminó por los tablones hasta subir al enorme navío. "Gracias, comandante Juan Sebastián," agradeció con una sutil, aunque formal, reverencia hacia el enorme crustáceo, que parecía haber estado disponiéndolo todo para la navegación. "Si no os importa, voy a dejar mis enseres dentro."

Al cabo de unos instantes, Stroud volvió a emerger a través de una de las puertas y caminó por las escaleras, subiendo hasta lo alto del alcázar, donde se encontraba el enorme timón. Como todo el barco en su conjunto, era de un tamaño significativamente mayor al del Royal Quiver. Llevar un barco extraño siempre era toda una experiencia, y conllevaba pasar a conocer el navío como si se tratase de un compañero de división más. Es más: conocer adecuadamente y en suficiente profundidad el navío a dirigir podía ser más importante, y un elemento clave a la hora de navegar aguas tan complicadas como podían llegar a ser las del Grand Line. Supo que le resultaría imprescindible familiarizarse lo antes posible con aquel horror náutico que era el Ford's Transit. Sin embargo, había algo mucho más importante que todo aquello: como la más reciente incorporación, debía asegurarse de cumplir su rol inmaculadamente, acomodarse con su nuevo papel en aquella división.

Colocó una mano sobre el aro del timón, y otra sobre una de las cabillas, inspirando lentamente. Allí se sentía como en casa. "¡Soy el comandante Stroud Nanashi! Solía llevar la división 60, pero parece que necesitáis un nuevo navegante," exclamó con tanta decisión como seriedad. Su tono no cambió, como de costumbre, mientras hablaba, limitándose a subir el volumen. "¡Lo haré lo mejor posible!," añadió. Ejerció algo de fuerza contra la cabilla, midiendo la resistencia que ofrecía el navío, así como su respuesta general. Stroud sentía aquel proceso como algo no muy distinto de domar una bestia. Escuchó con atención los crujidos del dasco, las vibraciones de los cabos. "¡Todos a sus puestos!," exclamó entonces de forma casi automática, completamente acostumbrado a comandar su navío anterior. "Manos a las drizas y cazad las escotas. ¡Comandante Juan Sebastián, foques arriba!," ordenó, anticipándose al inicio del lento y pesado movimiento del barco. Aunque, ahora que lo pensaba... ¿Cómo iban a bajar?

"Preparaos," masculló, consciente de lo que se avecinaba.



Off
#4
Kael había llamado a los de la División 80 para llevarnos, ya que los de Nozama no nos requerían para la vuelta. Por suerte, no hubo ningún problema, así que después de encasquetar mis ropas a Kael para que me las llevara en su practiquísimo castillo, hice de avanzadilla durante el viaje de regreso al puerto aprovechando mis sentidos agudizados. La verdad, es que la noticia me había animado bastante. Un grupo más grande significaba más gente con la que interactuar y, por tanto, hacía más discreto tratar de evitar a una persona concreta…

Una vez allí, veo a Juan en un barco, por lo que entiendo de inmediato que es allí a donde tenemos que subir… ¡Y ES UN BARCO-GATO!

―Hala, ¡qué guay! ¡¿Eso es pelo de verdad?!

Emocionada, avanzo al trote hasta la orilla, tratando de ver mejor la figura de la proa desde abajo. Entonces, al querer avanzar para cambiar un poco el ángulo, me percato de que mis pies están perfectamente ocultos por las nubes. Y… no me siento mojada.

Curiosa, me agacho para acariciar las nubes, preguntándome cómo no se me había ocurrido hacer eso antes. ¡Es como si no tocara nada! Solamente lo sé por los cambios que provoca el movimiento de mi mano, pero eso es todo…

Así, con más curiosidad aún, me siento en la orilla y voy avanzando poquito a poco, asegurándome de tocar siempre suelo firme, hasta que quedo cubierta de nubes hasta el cuello.

―¡Chicos, me estoy bañando en nubes! ¡¿De verdad queréis iros de aquí sin decir que habéis hecho algo así?! ―pregunto, buscando a cualquier compañero marine con la mirada.

Pero justo en ese momento empiezo a sentir cierta humedad proveniente de ese mar intocable, por lo que me apresuro a salir de allí moviéndome hacia atrás, procurando así que mi ropa pareciera todo lo seca posible. ¡El uniforme debe estar en buenas condiciones, después de todo!

Sólo entonces me pongo en pie y, antes de subir, escucho la voz de Enji desde arriba. ¡¿Compartimos división?! ¡¿Nos han ascendido?! ¡¿Viene también Stroud?!

―¡¿Somos ahora todos compañeros?! ¡Vivaaaaaaaaaaa!

Emocionada, subo ágilmente de un salto por la baranda del barco. Aunque faltan algunos miembros, sonrío alegremente a los que están allí, escuchando atentamente las palabras del rubio con las manos enlazadas en la espalda. ¡Cuánta energía!

―¡Sí, navegante! ―acepto sus indicaciones con un enérgico saludo militar―. ¡Yo me encargo de una de las velas!

Me acerco a la que tengo más cerca y uso mi destreza para trepar por ella y seguir las indicaciones que me dieran. ¡Qué emocionante! Aunque más interesante sería todo aún cuando pudiéramos charlar entre todos y repartirnos los roles dentro del barco: cocinero, limpiadores, cuidadores de Mushi Mushis… ¡Y también tengo que tocar los pelitos del gato de la proa para saber si son de verdad o no!

Nueva compi: Nyra <3
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#5
Acompañé tanto a Juan como a Enji a nuestro majestuoso y glorioso Frod Transit, barco que solía ser custodiado por el gato-fiestas, aunque desconocía si esta vez el capitán pervertido se lo había llevado consigo a su airbnb en las islas del cielo. Aquel maldito gato, si siempre que me ponía al timón me meaba los pies, ahora seguro que olía las feromonas femeninas e intentaba montarme la pierna—. ”Es que es igual que el dueño” —pensé en lo que me acercaba al barco y observaba desde abajo, con los brazos en jarra, el pedazo de mascarón que nos habíamos marcado con este pedazo de velero.

—Nunca me cansaré de mirarlo, con ese cascabel y esa sonrisa, simplemente genial. Y qué dices Juan, no... Nosotros no nos vamos a ningún lado, ¿verdad que no, babosa andante? —respondí a la pregunta de Juan, que realmente me generó algo de malestar. Era cierto que desde que llegamos al Grand Line, por cada isla que pasábamos íbamos dejando a alguien, no era agradable, pero así es la vida, y mucho más siendo marine. Después me dirigí a Enji, que no podía dejar de babear cada vez que me miraba los pechos—. Cuando era hombre no te gustaban tanto mirarme —le vacilé de nuevo mientras movía cada pectoral de manera independiente, una técnica secreta para mantener al pervertido de Enji bajo mi dominio.

E ignorando por completo los mensajes de las cartas, si es que las iban a leer en voz alta, me subí de un salto al barco para empezar a organizarlo todo. A fin de cuentas, aunque el barco fuera de Enji, a efectos prácticos era mío. Quiero decir, hasta el día de hoy había sido yo quien había manejado el timón del velero y decidido a dónde ir... Pero tras el ascenso, seguramente me iba a tocar encargarme de arreglar los destrozos de nuestro pobre vehículo.

Pocos minutos después, al volver a subir a la cubierta con el Ford Fiesta en la cabeza (quien, sorprendentemente, me había seguido al subir al velero, pero esta vez no me había meado los pies sino que se mostraba bastante cariñoso), pude diferenciar como a bordo también se encontraba la división 75 y el anterior capitán de la división 60, que se presentó como el nuevo navegante. ¡SIN NI SIQUIERA PREGUNTAR!

—¡OYE TÚ, STROUD! ¡SI ERES EL NUEVO NAVEGANTE SERÁ PORQUE YO LO DIGO! Ejem, ejem... ¡STROUD, SERÁS EL NUEVO NAVEGANTE! —y que descanso en realidad. Me encantaba estar al timón del barco, pero viendo lo que era el Grand Line, mejor me centraría en mis labores de carpintera de arreglar al pobre Ford Transit para que no muriera en el intento. Demasiado estaba aguantando el barco, que no lo habíamos hecho ni una mísera revisión desde la Reverse Mountain.

Tras eso me acerqué a él para explicarle como estaba distribuido el barco por dentro para que tuviera una idea de la buena e indiscutible impecable distribución del peso de nuestros víveres y equipaje, y le coloqué al gato mirándole fijamente a la cara, sujetándolo a la altura de sus ojos. Para después de hablar, bajárselo al suelo, justo en sus pies, para que le rociara con su primera meada—. Regla número uno del Ford Transit, quien lleva el timón quedará marcado, de manera indiscutible, por el pipí del gato Ford Fiesta. Su barco, sus normas.

Tras eso observé como tanto Kael como Nyra parecían flipar con el barco. Al primero no parecía gustarle, era un chico muy serio y cualquier cosa fuera de lo común parecía impresionarle demasiado... Cosa que no entendía, ya que se había estado relacionando con la división 80 desde que llegamos a Skypiea. Nyra, por su parte, flipaba pero con ilusión, mostrándose incluso curiosa por el pelo sedoso y pomposo del gato del mascarón. Lo siguiente que hice fue ignorar las indicaciones de Stroud para dirigirme corriendo al interior de la quilla y poder asegurarme de que no tenía ningún desperfecto. El barco no se había hundido, lo que era buena señal, pero la madera estaba sufriendo un poco, así que antes de que comenzáramos el descenso hice alguna chapuza con algún remache para que aguantáramos con éxito hasta el siguiente puerto y, una vez ahí, poder terminar de revisar el velero para que pasara la ITV. Regresé a cubierta con mis compañeros e hice lo propio por ayudar, siguiendo las indicaciones del nuevo al timón, cazando las escotas para orientar la vela mayor y que no la reventara la fuerza del viento.

Info.
—Hablo —. ”Pienso”
#6
El tiempo en el cielo corría a un ritmo presuroso. Terminados los Juegos del Soberano, Zarutsuki, Ouka Shichibukai y regente de la Isla sobre las Nubes, les dió una semana a todos los extranjeros visitantes para disfrutar de las comodidades, la cultura y la sabiduría de Skypiea; esa semana, que pareció eterna en un principio, estaba a punto de terminar. La tierra firme y el Mar Azul los reclamaba de regreso. Las responsabilidades, también. Y el papeleo.

Oh, el papeleo.

Enji maldecía diario al cabrón que decidió, en el pasado remoto, que se debía llevar un registro, un inventario, una nota, una constancia y un largo etcétera de cuestiones burocráticas para cada movimiento dentro del brazo armado del Gobierno Mundial. Eran el músculo del gobierno: ¿Por qué no bastaba con golpear duro y encerrar a los tipos malos? Eso se le daba bien, bastante bien. Pero ¿llenar formularios? Prefería mil veces masticar su propio veneno como desayuno.

—¿Hm? Juan, no digas tonterías. La única forma de que se deshagan de mí es que me maten… ¡Y ya la tienen difícil si quieren matarme!

Prefirió evitar el trauma de mirar a Akira, quien seguramente estaría llevando a cabo esa sucia estrategia de manipulación pectoral.

¿Por qué la vida no podía ser más sencilla?

Enji, que hasta entonces había estado recostado sobre el mascarón, se incorporó de un salto cuando la sombra de un enorme ave pasó por encima suyo. Parpadeó, somnoliento, y se estiró en el lugar mientras echaba un vistazo al barco. ¿Todos estaban trabajando? Bien. La División 75 se les uniría en cualquier momento, lo cual era un alivio. Esa hermosa chica de orejas extrañas sería una buena distracción para… el asunto.

La figura que apareció en el cielo resultó mucho más estilizada de lo que un Ñordiki acostumbraba, y se estaba acercando. Enji expandió su Kenbunshoku, sintió su presencia y leyó sus emociones, desgranando ese cansancio y hastío que lo acompañaba, además de una férreo sentido de la responsabilidad. Esa ave tenía una misión. No era una criatura cualquiera y así lo demostró al pararse a su lado, sobre el mascarón, y soltar en sus manos una encomienda. Se trataba de un murciélago mensajero y traía consigo cuatro cartas, con cuatro nombres escritos en ellas.

Stroud Re… Nanashi ( habían tachado un primer intento fallido de escribir su apellido ), Hasegawa Shin, Kael Omuyaga y…

—Saint Enji… hijos de puta, que mal que suena —bufó, separando su carta de las demás y abriéndola de inmediato. ¿Por qué le entregaban a él la correspondencia de todos?—. “ A la atención del señor Saint Enji Vangelis-sama, Comodoro de la Marina…” —Empezó a leer, alto y claro para que todo mundo se enterase. No tenía secretos que guardar a sus compañeros—. “Inmenso talento e increíble capacidad…” ¿Escucharon eso? Soy bárbaro —señaló, hinchando el pecho, y siguió leyendo—. Stroud Nanashi y Hasegawa Shin… subordinados… Nyra Kuroshiro… Omuyaga… blablabla… ¿“Siempre suya”? ¡Pero bueno, Patricia! ¡Shihahaha! ¿Escucharon eso, chicos? ¡Nos ascendieron! ¡Y tenemos nuevos novatos!

No perdió tiempo y bajó del mascarón para llamar a Stroud, el único marine de los mencionados que no tenía planeado visitar el Transit ese día.

—¡Eh, Nanashi! Llegaron órdenes del Cuartel General. Despídete de tus compañeros y ven al Transit, ¡que ahora eres un honorable miembro de la GLORIOSA División Treinta! De nada. ¡Shihahaha! —y cortó—. Dios, ese chico siempre suena como si le estuviera vigilando un superior.

Los preparativos para el viaje seguían viento en popa y, poco a poco, los nuevos miembros de su división fueron llegando.

—Eh, mucha llaga, esto es tuyo. —Arrojó a Kael su carta nada más verlo llegar—. Ahora estás bajo mi mando. Bienvenido al Transit. —El siguiente en asomarse fue Stroud, a quien se acercó y puso la carta contra su pecho. Ese muchacho de cabellos rubios era demasiado serio, demasiado recto, todo lo contrario a él—. Póngase cómodo, comandante. Pero no demasiado. Bienvenido al Transit. —Y el siguiente fue Shin, el brillante finalista. A él le arrojó la carta como si se tratase de una tarjeta—. Bienvenido al Transit, bichito de luz. No “ambiciones” nada, por favor. —Por último, se asomó a la barandilla y vio a Nyra maravillada con el épico mascarón de su nave—. ¡Bienvenida tu también, preciosa! Al fin, una buena incorporación. ¡Venga, gente! ¡Pónganse en orden que nos toca bajar! Y si es la mitad de turbulento de lo que fue subir… ¡Quizá perdamos a Juan en el camino! ¡Shihahaha!

Ordenó a todos terminar de abordar, acomodar sus cosas y prepararse mientras él, fiel a la tradición, se ataba al mascarón del frente para atestiguar el descenso de primera mano. Su capa de comodoro en los hombros. Una única prenda de ropa interior celeste bajo la misma. Era hora de volver al trabajo.

resumen
#7
En el trayecto al Ford Transit se mantuvo extrañamente silencioso, como si quisiera guardar para sí mismo un último recuerdo visual de Skypiea. Al final, le resultaba improbable la idea de volver sin tener una participación clara en los juegos dedicados a Zarutsuki, y se cuestionaba la idea de haber llegado tan alto para entonces que le resultara innecesaria esa exposición, salvo que aparecer nuevamente en el coliseo de Shandora se alinease con sus intereses.

Lo que estaba claro era la necesidad de volver al Grand Line y continuar con su aventura conjunta, entrenar a Kuroshiro y seguir desarrollando planes junto a Kael (a quien le dejó su equipaje), y como las embarcaciones de Nozama retomarían rumbos que a ellos no les servían, el bueno de su mejor amigo contactó a la División Ochenta con tal de coordinar un traslado unificado entre divisiones. Aunque, tal parece que el destino en forma de órdenes provenientes del Gobierno Mundial tenía otros planes, y se enteraron nada más llegar, con el nudista de la marina anunciando que el azabache estaba bajo su mando y repartiendo unas cartas.

Stroud Nanashi se incluía en la unificación, y pasaban a ser la División Treinta, un número considerablemente alto. Eso le hizo fruncir el ceño, ignorando parcialmente la forma en que el Capitán se dirigía a Nyra y su posterior chapuzón en el mar de nubes. Un movimiento como ese tenía posibilidades de ser al azar o tener motivos detrás, considerando el potencial de fuerza reunido en un sólo grupo no lo tenía tan claro.

Por supuesto, iba a dejar clara su postura, exponiendo tras leer las palabras que la Vicealmirante Patricia Split le dedicó sus pensamientos en voz alta. —Ellos podrán estar bajo tu mando, pero no va a ser el caso conmigo, Tenryuu. —lo señaló directamente, luego guardó la carta en el interior de su chaqueta perfectamente blanca.

—Nadie que sea más débil que yo me dará órdenes, así que si quieres hacerlo, demuéstrame que lo mereces. —con una sonrisa de soslayo ingresó al navío. El albino nunca respetó el elitismo, los cargos de poder o las organizaciones impuestas si detrás no había alguien capaz de tolerar esa responsabilidad, y pronto, las autoridades de la recientemente formada División Treinta chocarían contra ese deje medio anarquista y según el día, totalitario mediante la fuerza que representaba Hasegawa.

Y como si no hubiese dicho nada, comenzó a saludar al resto, siendo testigo de la presentación de Stroud. Lo veía tan recto como a Kael, y eso le causaba cierta gracia, porque asumió en su desconocimiento que si pudo atravesar las defensas sociales del azabache, haría lo mismo con Nanashi —¡Ese es el entusiasmo que se necesita! ¡Bien dicho, Stroudy! —elevó el brazo, con el puño cerrado a modo de aceptar su determinación. También vio a Akira al pasar, convertida en mujer tras los extrañísimos poderes que desplegaron luego de finalizado el último combate del evento —No sé por qué, pero tú como que me caes mejor ahora. —confesó, en tono de broma —Habrá tiempo de responderte tus preguntas sobre la velocidad. Aunque a modo de adelanto, no puedes intentar lo que hago. —extendió la diestra, levantándole el pulgar.

Su forma de darle ánimos.

—¡Juan! —exclamó al verlo, la presencia del gyojin por alguna razón le transmitía una calidez curiosa, como si emanase vibras positivas por naturaleza —Luego de lo que vi en la prueba de resistencia, me llama la atención el poder defensivo que podemos alcanzar con Kael y contigo en el mismo grupo. —observó al susodicho a la distancia —¡Sí, estoy hablando de ti! ¡Que eres muy débil! —por supuesto, tras la felicitación que le dio luego de quedar segundo, Omuyaga sabría que estaba bromeando, sin embargo el entusiasmo de Shin hacía difusa esa línea. Se acomodó las gafas de sol y entonces caminó en dirección a donde la humink pensaba trabajar la salida del barco, dispuesto a ayudarla.

No tardó demasiado, y evidentemente tras subir al mismo punto rompió el hielo con palabras muy directas. Lo típico en el comandante —¿Sabes, pequeña Nyri? —preguntó sin darle tiempo a siquiera procesar una respuesta —No eres muy buena ocultando que quieres alejarte de mí. —desde las orejas gachas en las gradas quería confrontarla, pero considerando el entrenamiento del Kenbunshoku y luego sus encuentros con Merlot, el tiempo se le escapó de las manos.

—Por suerte, ahora tenemos un viaje bastante largo para que me cuentes el por qué.

¿Sería la navegación más incómoda de su vida? Quizás, pero estaba dispuesto a hacerla cargar con ese peso.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
#8
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Viaje: Completado
RIESGO:

— Paraiso Post-Skypiea: 8.



NAVEGANTE:

— Stroud (Timonel 1): -4.



BARCO:

— Ford's Transit (Velero Tier 1): -3.



RIESGO TOTAL:

8 (riesgo) - 4 (navegante) - 3 (barco) = 1


El barco sufre 1500 PV en el viaje, menos la resistencia pasiva de 300, lo que dejaría daños de 1200 PV

VIAJE REALIZADO


STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


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