PR [FIC - Entrenamiento] Conociendo a la maestra salvaje.
#1
05 de primavera, año 18
06:00 AM



Capítulo 1 - En busca de una tutora

El húmedo clima de la selva intensificaba el calor aquella tarde en el poblado Birka. Varios, eran los entes alados que a plena luz del día exponían sus mercancías en el mercado. “¡Aquí, por favor, pasen y compren una increíble banana sky! ¡No encontrarán ninguna otra más dulce o jugosa en todo el cielo!” Gritaba una señora con amplias arrugas en su rostro, figura esbelta y alas diminutas en su espalda. Algunos de los gritos que se escuchaban al transitar eran de honestos comerciantes, granjeros de frutas o artesanos experimentados.

“¡Las mejores armas de fina artesanía! ¡el acero del cielo no tiene comparación! ¡vengan! ¡Vengan!” Todos buscaban atraer compradores a sus pequeños quioscos bien distribuidos a lo largo del sector.

Entre estos establecimientos, se encontraba uno bastante pequeño. Era de dos pequeños niños birkanianos que buscaban vender las frutas que recolectaban en la selva, arriesgando sus propias vidas para pagar al médico del pueblo por su enferma madre.

“¿Cuánto por la manzana purpura, Bro?” La voz de un hombre que vestía una fina capa transpirable de color amarillo, hizo que ambos niños levantaran la mirada. El rostro del sujeto no podía apreciarse por la sombra de su capa, pero poco hizo falta cuando en sus manos reveló las monedas listas para la compra.

“Son quinientos por cada manzana…” Respondió el mayor de los pequeños con soltura, se notaba que no era la primera vez que negociaba o inflaba los precios de sus alimentos al ver a alguien nuevo intentando comprarle.

“Kekeke, ¿son de la mejor calidad, verdad?” Preguntó el sujeto misterioso.

“Son frutas silvestres, señor, no encontrará mejores frutas en ningún otro lugar de aquí, pues mi hermano y yo nos aventuramos cada mañana a cosecharlas.” Las manos del pequeño de mechones blancos se movieron apoyando su narración con una soltura que dejaba en evidencia su talento para el diálogo. “Luchamos contra fieras, orquestamos peligros y todo para poner a su disposición los mejores viberes de la isla.”

“Kekekeke, eres genial, bro, está bien, me las llevaré todas.” La mano del hombre sacó más monedas de sus bolsillos, para dárselas al pequeño. Quien, contento con la compra, se apresuró a envolverlas en un trapo viejo para luego entregarlas con cuidado.

“Muchas gracias por su compra, señor.” Expreso el menor de los pequeños, un niño de la misma raza, pero con cabellos rubios que sonrió tímidamente a la figura misteriosa.

“A ustedes.” Con un tono tranquilo, el sujeto estuvo a punto de continuar su camino tras haber cogido las manzanas cuando pareció recordar algo importante. “Ah, niños, ahora que lo pienso… ¿Cuándo buscan frutas en la selva, no han visto a ninguna mujer de pelo rubio?” Había detenido su avance, esperando a que los pequeños le contestasen. Sin embargo, estos tan solo se miraron el uno al otro para negar con la cabeza. “Keke bueno, espero verlos luego niños, sigan vendiendo tan buenos víveres.” Al finalizar sus palabras, llevo la mano libre a sus bolsillos sacando tres esferas de dulce, lanzo uno para cada uno de los pequeños y llevo a su boca el restante, eran esferas de chicle.

“¡Gracias, señor!”Exclamaron los pequeños al unísono, viendo cómo la figura desaparecía entre la multitud.

El misterioso sujeto no era otro que Miyamoto Ryota, pirata novato del South Blue, que había participado en el Torneo del Cielo, quedando como tercer lugar en la prueba del coloso. Algunos llegaban a reconocerlo y otros tantos ni sabían de su existencia, pero ese día el chico prefería ocultar su rostro tras la capa al estar buscando a alguien en particular.

El día anterior, tras haber despertado su Busoshoku Haki, el lunarian contra el que Kaelith le hizo enfrentarse le había dado tal paliza que su rostro aun portaba las marcas de su batalla, un ojo morado, labio reventado y magulladuras, eran solo algunas de las marcas que poseía. Por lo tanto, no deseaba espantar a los pueblerinos con su aspecto, o que creyeran que se trataba de un tipo problemático problemático. Menos ese día, cuya misión era encontrar a alguien en particular.

“Eh, amigo, ¿cuánto por el disfraz de conejita?” Pregunto cuando llego frente a otro quiosco del mercado. Este era un lugar de venta de prendas, finas telas se veían exhibidas para el aprecio de los clientes, y algunas mujeres jóvenes rieron tímidamente cuando vieron al caballero preguntando por la prenda más atrevida de todas.

El vendedor, un hombre de aspecto robusto, barriga amplia, papada de vello rojizo y nariz grande, le abordó al instante. Se veía tal como la clase de sujetos que siempre buscaban estafar a los pobres incautos en el mercado de baterilla. “Veo que es usted un conocer señor, estas prendas son hechas con seda de gusano y caucho extraídos de los árboles. Altamente resistente y no sufre de desgaste con el tiempo…” Levantó las cejas acercándose al castaño por encima de su escaparate. “O su uso, si sabe a lo que me refiero jiujiujiujiu” rió de forma pervertida, provocando una ligera carcajada a Ryota.

“Kekeke, entiendo, entiendo, estás de suerte porque me gustaría regalárselo a alguien.” Pese a las señoritas observándolo, Ryota solo pensó en una mujer a quien quería verselo puesto, quizás seriá un buen regalo o tal vez conseguiría solo un par de golpes por parte de ella.

“Es una muy buena decisión, nada como un regalo así para avivar la llama de la pasión. Por ser usted un nuevo cliente, se lo puedo dejar en diez mil monedas.” Los ojos avariciosos del hombre mostraron sus inteciones detrás del precio, pero Ryota tan solo saco el dinero de su bolso y lo entrego sin mucho problema, al final era dinero de Barald después de todo.

“Kekeke claro. Tenga.” De nuevo, la misma pregunta que formuló a los niños se le hizo al vendedor de lencería, pero, a diferencia de los pequeños, el sujeto sí pareció entender a lo que se refería.

“Ohhhhhhh, mi señor, ¿acaso está buscando a Tala?”

“¿Tala? Bueno, no sé cómo se llama, pero estoy buscando a la maestra del estilo Hasshoken que vive en este poblado.” Explico con cuidado, teniendo la discreción de no elevar el tono de su voz. “Unos amigos en Shandora, me dijeron que aquí podría encontrarla.” Añadio con amabilidad.

La sonrisa en los labios del vendedor pareció extenderse y fue solo cuestión de tiempo para que Ryota entendiera el motivo de esa particular expresión.

“Juejuejue verá, mi señor, Tala no es una skypean muy fácil de localizar, pero en el mercado uno se entera de cosas. Algunos rumores, ciertos o no, pero se puede decir que tengo mis contactos, los cuales podrían ayudarme a dar con ella…” Las enredadas palabras del mercader parecen no ir a ningún puerto, hasta que él mismo desvela los verdaderos deseos que trataba de ocultar. “Sin embargo, eso requerirá una ayudita… monetaria…”

“¿Cuanto?” Preguntó el castaño.

“Mil monedas y le diré dónde exactamente encontrarla.” Revelo el mercader de forma certera, como si estuviese convencido de dar su vida por la información que guardaba.

“Kekeke, está bien, pero la próxima vez ve al grano de una vez.” Llevo la mano hasta su bolsa de dinero, saco lo necesario para pagar la información y espero a que el hombre revelara los secretos que guardaba. 

“Es usted un habido negociante mi señor, pero lamentablemente el día de hoy Tala ha salido a cazar en la jungla, por lo que es probable que demore un par de días en llegar. Si así lo d...”

“¿Par de días? No, lo siento, pero no tengo ese tiempo, ¿puedes decirme cual es la zona de la jungla en la que suele casar?” Le interrumpió dejando claro que no podía esperar y era verdad, el emperador les habría dado apenas una semana para permanecer en la isla, por lo que era de vital importancia encontrar a la maestra para poder continuar con el entrenamiento que inicio años antes den la isla Karate.

“Mi señor, el trato no fue ese, si quiere más información tendrá que darme más din…”

Antes de dejarle terminar sus palabras, la mano del mercader fue tomada por la del pirata, generando una presión que le obligó a arquearse de dolor. “Ahhh ahh ahhhh…” Pequeños sonidos ahogados del dolor interrumpieron el habla del vendedor, quien daba saltitos con un pie por la presión que no lo soltaba.

“Escúchame bien, gordito, no quieres conocerme enfadado, así que valora el dinero que ya te di y dime con exactitud la dirección en la que Tala suele cazar…” La amenaza de Ryota fue acompañada por una mirada molesta que se ocultaba tras su capa, generando tanto miedo en el interior del mercader que no tuvo mas remedio que revelarle que Tala siempre solía cazar en las zona noroeste del poblado a unas varias decenas de Kilómetros.

“¿Ves gordis? Hablando la gente se entiende Kekeke, por favor no vuelvas a estafar desconocidos, hay gente muy turbia por esta isla en estos días.” La mirada amenazante desapareció del rostro del castaño, dejando atrás el quiosco para guardar la fruta, el traje recién comprado y unos cuantos accesorios en su maleta para continuar el viaje, ahora encaminándose hasta la zona del poblado que el mercader le habría indicado.

A paso ligero, Ryota atravesó el mercado en una misma dirección. Cada vez, eran menos las personas que podía apreciar, al igual que los diferentes lugares que ofrecían productos.  Supo entonces, que habia salido de la zona comercial cuando se se encontró entre caminos de piedra y vegetación que le indicaban estar llegando al final del poblado. 

Capítulo 2 - La Jungla

La dirección que el mercader le dio era fácil de seguir. “En línea recta hasta por esa dirección hasta la zona norosete, allí encontrarás un camino estrecho tallado por las pisadas de los habitantes. Deberas transitarlo durante varios Kilometros hasta llegar a una zona boscosa donde las copas de los arboles cubren el sol y los animales se esconden ante los depredadores, es allí donde Tala se caza cuando lo hace.” Fueron las palabras de ese hombre cuando lo dejó hace algunos minutos.

Por lo pronto, la preocupación no afectaba al joven de cabellos castaños que apenas salía del poblado, encaminándose por aquel sendero del que le habían hablado. No era la primera vez que recorría una jungla, en el pasado había tenido el placer de recorrer la selva Oki en Kyodaina, lugar donde los animales eran temidos por su tamaño y fiereza, asi que pensó encontrarse preparado para lo que fuera que la selva del cielo pudiera lanzarse.

Pese a estar preparado para cualquier animal salvaje, la verdad fue que nadie se opuso a su caminata. Los animales escaseaban y eran más las vegetaciones extrañas que adornaban la jungla.

Deseo entonces haber llevado consigo a Runin, la mujer de hebras negras seguramente pudo explicarle el motivo del bajo índice de animales. Pero sin ella, tan solo pudo limitarse a pensar que se trataba de una zona tan transitada que alejaba a todos los animales depredadores de la zona.

Paso a paso, el pirata con capa amarilla se adentró entre la maleza sorteando el barro, las raíces y las lianas. Al no haber muchos animales fue fácil para él avanzar sin sentir ningun ápice de peligro, pero los insectos o las plantas también eran un peligro, así que mantuvo especial cuidado en no atravesarse en el camino de algún ente venenoso. 

Fue entonces cuando pudo ver a sus pies, entre la maleza, algunas huellas en el fango de la selva. Se trató de las mullidas patas de algún animal que no pudo identificar, dados sus pocos conocimientos; sin embargo, sí pudo entender gracias a algunos arañazos en los árboles o al amargo aroma, que estaba dentro del territorio de animales dominantes. “Mmmm la vegetación se hace más densa y la visibilidad empeora… debo estar acercándome. ¿Tanto he caminado?” Se preguntó, sorprendido, pues si bien los minutos transcurrían de forma diferente en el interior de la selva, no había sentido que hubiera estado caminando más de una hora.

“Quizás, al final del día no será tan fácil…encontrarla”

El ambiente húmedo y cálido de la jungla lo obligó a sacar de su maleta una de las manzanas que compró a los niños del mercado. Tras moderla, sintió un sabor ácido, refrescante y satisfactorio, aunque le hizo poner caras de las que cualquiera de sus compañeros de tripulación se habría reído sin parar.

Al término de la manzana, arrojo los restos hacia un costado, esperando que el suelo fértil donde tantas plantas se alzaban pudiera ver nacer otro árbol de tan deliciosa fruta. No obstante, el lugar donde cayo el corazón del fruto, respondió extraño a su caída, como si alguna especie de animal bajo la vegetación hubiese atrapado al instante aquello para llevárselo.

Gracias a ello, Ryota entendido que no estaba solo, lo que él creía que era un ambiente desolado llena de vegetación tan solo era un lugar salvaje que desconfiaba de su mera presencia. Los animales, debían estar tan asustados como cualquier persona en ese lugar y era probable que lo observaran curiosos desde la distancia, tanto los inofensivos como los depredadores.

Después de treinta minutos más, los escasos rayos de sol que se filtraban por entre la vegetación ya eran disipados por completo. El día se hacía notorio, más las sombras dominaban el entorno. “Qué bien que me haya acostumbrado a navegar incluso por las noches…” Pensó adentrándose entre los extensos matorrales sin mayor dificultad. Sus ojos, a diferencia de muchos otros, tenían la capacidad de ver bien incluso en momentos de baja iluminación.

Gracias a eso, Ryota consiguió vislumbrar algunos metros más adelante los rastros de una hoguera en medio de la jungla. Al acercarse, pudo ver algunos restos de huesos mellados por el fuego y las brasas en lo que fue la hoguera ya eran cenizas, demostrando que quien fuera que estuvo allí, hace bastante tiempo que se había ido. “Aunque esto es un buen indicio, es poco probable que muchos vengan a esta parte de la isla, así que debo estar en su zona de caza” Se dio ánimos para encontrarla, ya habían pasado algunas cuantas horas desde que inicio su recorrido por lo que sentir que estaba cerca de la maestra del Hasshoken le llenaba de entusiasmo.

A continuación, transcurrieron unos cuantos minutos más, quizás quince o treinta, en los que avanzaba tranquilo por la jungla sin esperar encontrarse con nada problemático. No obstante, la sorpresa termino llegando más pronto que tarde.

En el momento en que Ryota sintió situarse en el punto más profundo de la selva; un extraño sonido se propagó quebrando el silencio, fue como un rugido que obligó a los ojos color miel del castaño a reaccionar.
La mirada se desvió en cuestión de instantes a la dirección donde provino el ruido, y allí lo vio, un lobo de pelaje blanco, corría a gran velocidad en su dirección quebrando las ramas a su paso.  Su única opción era enfrentarlo, pero eso significaría tener que dañarlo, así que tuvo que abandonar esa idea, en contra de sus principios, para comenzar una carrera en dirección contraria.

El animal movió sus patas con tal deseo que fue cuestión de segundos antes de que se ubicara justo detrás del encapuchado. En ese momento, Ryota pudo darse cuenta de que el animal, de aproximadamente dos metros de alto, era fuerte y decidido, quizás el depredador del que notó más atrás las marcas en los árboles.

Capítulo 3 - Tala y su enseñanza

Era cuestión de unos pocos metros antes de que el animal lo alcanzara, pero justo cuando creyó que los feroces dientes del canino engullirían alguna parte de su cuerpo, otro individuo apareció de entre la maleza. “Buto Kaite: ¡RAMBU!” Gritó una voz femenina antes de que algo impactara de lleno contra el costado izquierdo de lobo, lanzándolo un total de diez metros por el aire.

“¿Qué carajos?” Preguntó Ryota tras girar su cuerpo al escuchar el nombre de tan violento ataque y poder ver en la posición donde antes se encontraba el animal a una mujer.

“¿Qué crees que haces aquí? Esta selva es muy peligrosa, le dije a todos que siempre prohibieran la…” Una mujer skypiean, de cabello dorado, cuerpo escultural, pequeñas alas en la espalda y que vestía pieles de animales fue quien le había ayudado. “Tú no eres del poblado de Birka, ¿verdad?” Pregunto, al no poder identificar a Ryota.

“No, no soy del poblado, pero te estaba buscando; por eso vine a esta parte de la selva, me llamo Ryota.” Exclamó mientras retiraba la capucha de su capa, para mostrar su maltratado rostro y poder hacerle sentir menos incomoda.

“Sí que te dieron una paliza…” Fue la reacción de la mujer que de manera seria, parecía no estar confiando en lo absoluto. Incluso se podría ver que mantenía una posición defensiva del cuerpo del pirata. “¿Por qué me buscas?” Demando con un semblante serio.

“Kekeke, sí, bueno, cosas que pasan. Pues verás, los discípulos del maestro Kaelith me contaron sobre una fuerte guerrera que había estado desarrollando el Hasshoken en el poblado de los Birka.” Trato de explicar el motivo tras su búsqueda. “Yo también entrené el Hasshoken en la isla Karate, pero mi formación fue básica, así que, al saber que había una gran instructora del mismo en la isla, deseé venir a aprender de usted en persona.” Trato de ser claro con sus deseos de una vez; no sabía la clase de persona que era ella, o si poseía una personalidad tan complicada como la del maestro del Haki.

“Bien, te enseñaré.” Respondió sin tapujo.

“¿Que? ¿Así no más? ¿Sin una prueba o algo muy elaborado?” Preguntó el hombre.

“Seh, entreno casi a diario a muchos chicos en el poblado, uno más, uno menos… da igual. Lo único que te pediré es que me ayudes con mi caza mientras te entreno, de mi depende que varios de los huérfanos en la aldea se alimenten, así que no será gratis” Lejos de quedarse quieta, la Tala le dio la espalda. “Sígueme, te llevaré a la zona de caza.” Explico comenzando a adelantarse.

Ryota observó a la mujer y luego al lobo de Skypea a algunos metros de distancia. “Uh pero, ¿vamos a dejarlo allí?” Avanzo tras ella.

“¿Quieres matarlo?”

“Ah, no, es decir, podríamos vendarlo o algo, ¿no?” La inocencia del castaño con los animales, sorprendió a Tala, quien no pudo evitar mostrar el más bajo atisbo de risa en su mirada.

“Eres un tipo gracioso, Ryota, Me llamo Tala.” Se presentó sin detener su caminata, esperando que el más joven la siguiera.

Ambos, maestra y alumno, emprendieron una nueva caminata por la jungla. Ryota no se sintió muy bien al dejar atrás al animal, pero deseó con todo corazón que el lobo no hubiera sufrido daños graves y pudiera seguir cazando sin que su vida se viera afectada.

Tala era una persona reservada, bastante seria, o por lo menos así se mostró durante el trayecto. Si Ryota no rompía el hielo intentando hacerla hablar, ella no respondía y lo que decidía expresar eran apenas frases escuetas que no decían mucho de su historia. Sin embargo, la buena labia del castaño, ayudó a que al menos existiera una comunicación entre ambos. De esa forma, el pirata pudo enterarse de varios datos importantes.

Uno de ellos, que ya sabía, era que Tala había estado viviendo en el poblado de Birka los últimos años; tenía una hermosa esposa, a la que parecía adorar con toda el alma, pues, aunque no lo expresara, lo más parecido a una sonrisa que podía verle aparecía en sus labios cuando hablaba de ella. También se enteró que dedicaba sus días a entrenar a los jóvenes de la aldea para convertirlos en hombres fuertes con un buen propósito y conocía una técnica mucho mas fuerte que el Buto Kaiten, la misma que utilizó para dejar noqueado al lobo de un solo impacto.

“Es una técnica impresionante, fue mucho más poderosa y rápida que la versión normal.” Alabo el de cabellos castaños, cuando estaban por finalizar el recorrido, saliendo de la zona con poca iluminación para llegar a una donde los rayos del sol, al menos, atravesaban las copas de los árboles.

“El Buto Kaiten Ranbu podría malinterpretarse como una variante de la técnica, pero es algo nuevo, mucho más impredecible y arrollador. Tu cuerpo debe estar preparado para conseguir aprenderla, Ryota. Por eso me ayudarás a cazar y luego, cargarás con todo lo que consigamos de la selva.” Los vocablos de Tala expresaron una gran ética de trabajo e impoluta disciplina. Se notaba la experiencia para enseñar y sus deseos de hacer a otros un poco más fuertes. Ya que, en tan solo una caminata, ideó la forma de entrenamiento más apropiada para probar si el cuerpo del pirata estaba preparado para dominar una técnica tan demandante como esa.

“Claro, no tengo ningún problema”, dijo Ryota con una sonrisa.

Este último tampoco tenía miedo al trabajo duro, pues haber entrenado en la isla Karate le enseñó que en algunas ocasiones lo único que tenía que hacer era esforzarse al máximo para conseguir aquello que anhelaba.

Tras el acuerdo, la pareja consiguió llegar hasta una zona de caza más elevada. A diferencia de los terrenos anteriores, el suelo a los pies de la pareja era mucho más resistente, no era tan solo vegetación o nubes solidas que hacían suave el tacto; era tierra genuina bajo sus pies.

“Prepárate, Ryota, en esta zona de la isla hay mucha más fauna de la que podrías encontrar en otras partes.” Dijo la maestra.

[b]“Si. No hay problema, aunque…” [/b]La duda se sembró en el rostro del caballero. “No me gusta…”

“¿Dañar animales? Sí, lo entendí cuando preguntaste lo del lobo, no se ven muchas personas así en la isla. No te preocupes, ¿puedes tan solo agarrarlos vivos, no?” Preguntó la mujer, evidenciando que se había tomado el tiempo para analizar al chico también.

“Kekeke eres genial, Tala. No hay problema, puedo atrapar lo que sea.” Rió el castaño, enseñando su brazo musculoso, pues tenía completa confianza en su fuerza.

Y así, el entrenamiento entre Tala y Ryota comenzó. Lo primero que hicieron fue atrapar varias decenas de cien pies gigantes, los cuales eran bastante escurridizos y obligaban al pirata de hebras castañas a emplearse a fondo para conseguir tomarlos de la cabeza, pues de no hacerlo estos ofrecían picaduras bastante dolorosas.

Una vez que el castaño los atrapaba entre sus manos, Tala era quien les daba el golpe de gracia y procedían a guardarlo dentro de un gran saco.

“¿En serio se alimentan de esto?” Preguntó Ryota, extrañado, mientras veía cómo el insecto inerte era colocado en la bolsa que mantenía abierta con sus manos para facilitar el proceso.

“Algunas veces.” Respondió ella de forma seria. “Aunque normalmente se usa para medicinas y ungüentos.” La experiencia de Tala era evidente, su forma de saber dónde se encontraban los cien pies, su rápido golpe para acabar con ellos o el que no tuviera ningún tipo de repulsión hacia los horripilantes seres, demostraban que tenía sobre sus espaldas una cantidad de horas insanas de repetir ese mismo proceso. 

Tal admiración, hizo que Ryota comenzara a esforzarse más a medida que avanzaban los minutos, pudieron atrapar a los escurridizos insectos, de mejor forma logrando que sus músculos ya rápidos ganaran la flexibilidad necesaria a ojo de la entrenadora.

“Bien, creo que esos serán suficientes… ahora vamos con algo más complicado. Prepárate.” Tras escuchar esas palabras, el pirata no supo qué esperar, mas guardó silencio y cargó el saco de cien pies a la espalda para seguir a su nueva maestra.

Con esa convicción, ambos escalaron un gigantesco árbol hasta las grandes ramas del mismo, donde podían desplazarse a la perfección y terminaron escondiéndose entre las hojas de las ramas.

“¿Qué esperamos?” Pregunto curioso de lo que fuera que tenia pensado Tala.

“Un pájaro gigante del sur, siempre llevo uno para asar, es bastante buena carne.” Indico la maestra esperando a que el animal llegara.

Grande fue la sorpresa del pirata, cuando noto tras unos minutos de espera, que a unos escasos diez metros entre las ramas del árbol, una gigantesca ave de colores llamativos se posaba para descansar. “Voy a lanzarme contra él para golpearlo, evita que su carne se estropee cuando caiga al suelo. Es tu papel protegerla.”

“¿Qué? ¿Entonces por qué subimos aquí en primer lugar? Pude haber quedado abajo…” Reclamo el de ojos color miel, frunciendo el ceño al no entender la indicación de su maestra.

“Porque yo lo digo… es mejor para el entrenamiento. Ah si, como sueltes el costal en la caída te hare añicos…” No bromeaba, o al menos eso fue lo que el sentido común de Ryota le indicaba.

Después de un violento ataque por parte de Tala, Ryota saltó de inmediato hacia el ave que cayó en picado para agarrarlo con fuerza. El ave era tan grande que le estorbaba, pero con mucho esfuerzo consiguió caer con las piernas hacia el suelo, soportando el tortuoso impacto, aunque quedó agachado durante unos segundos en la misma posición en la que cayó, con la pesado ave sobre él. “Auch…” se quejó, dejando caer una lágrimilla por uno de sus ojos.

“Bien hecho, ahora lo repetiremos un par de veces más, hay que aprovechar cuando vienen varias de ellas en parbadas.”  

La orden dada por Tala no se hizo esperar; el proceso de escalar y saltar al vacío se repitió un total de tres  veces más, hasta que el saco que cargaba Ryota a su espalda se hizo varias veces más grande que él y le costaba mover las piernas.

“Bien, creo que eso será suficiente, nos faltaron un par de animales pero tu ayuda fue muy importante, gracias a ello podemos regresar a la aldea antes de que anochezca.” La mujer de sonrisa difícil volvió a mostrar aquella rara expresión en la que parecía sonreír, pero Ryota no supo ver si en realidad era eso o tan solo una mueca diferente a su cara inexpresiva de siempre.

De cualquier forma, el pirata de cabello castaño no objetó nada. Sentía su cuerpo tan molido, que incluso deseo terminar con el entrenamiento por ese dia para retomarlo al dia siguiente. Aunque esos parecían no ser los planes de su maestra.

“¿Estas cansado?” Le preguntó la mujer mientras abandonaban la zona de tierra para encaminarse por la selva donde Ryota se habría encontrado con el lobo gris.

“Bastante, no esperaba que cazar fuera una tarea tan complicada, es normal porque eres tan fuerte… Me pregunto cómo puedes hacer esto sola…” Alabo el esfuerzo de la rubia mientras dejaba escapar un suspiro de cansancio.

“Gracias a hacerlo es que pude perfeccionar mi técnica en realidad.” Confeso Tala sin el menor tapujo.

“¿Que? Pero, digo, ¿no hicimos nada muy relevante, no? Es decir, claro que es ejercicio físico, pero no creo que eso te enseñe una técnica importante de un estilo milenario.” La expresión confundida en su rostro, evidencio no tener la más mínima idea de a lo que Tala se refería. Dicho esto, volvió a hacer que la mujer mostrara aquella extraña expresión, en la que no sonreía, pero una mínima curvatura aparecía volver en la comisura de sus labios.

“Nada más lejos de la realidad, atrapar insectos con una velocidad explosiva tan buena como la de los ciempiés ofrece un increíble entrenamiento de flexibilidad para los músculos. La necesaria para que tu cuerpo pueda girar aún más rápido al realizar el buto kaiten normal.” Explicó sin detener su andar mientras avanzaba por entre la jungla. “Y el hacerte saltar a por las aves gigantes del sur, te permitió ganar una mayor tolerancia al estrés producido en tu tronco inferior, lo que fortalece tu centro de gravedad, piernas y columna. Las cuales son esenciales para dominar el ranbu… en realidad, creo que, con esto, tan solo necesitas verlo una vez más para dominarlo. ¿Quieres intentar?”

Ryota no supo que responder en esos momentos, su cuerpo palpitaba de dolor y aun debían llegar vivos hasta el poblado Birka, pero como un artista marcial que era, no pudo evitar preguntarse si realmente, lo que Tala le estaba diciendo era verdad o tan solo le utilizo para poder cazar los alimentos de una forma mas sencilla.

“Está bien, hagámoslo, por favor, Tala, enséñame el Buto Kaiten Ranbu” le pidió, dejando suavemente la gigantesca lona en medio de camino. Para poder ver a continuación cómo la mujer de hebras doradas saltaba al aire comenzando a girar sobre su cabeza de una forma descontrolada, muchos más rápida y agitada que con el Buto Kaiten normal.

De un momento al otro, el cuerpo de Tala, que era ahora una peonza en constante movimiento, se desplazó a una velocidad difícil de percibir e impactó de lleno contra el tronco de uno de los gigantescos árboles de la isla. 

El furioso estruendo dejó un gran cráter en mitad del árbol, de donde emergió Tala.

“Ahora inténtalo tu.” Dijo a Ryota con tal confianza que le hizo entender que en realidad podría hacerlo. No existía un secreto ni una técnica diferente; tan solo consistía en poner a prueba todo lo que había aprendido a lo largo del día e implementarlo en su ataque.

El movimiento explosivo para atrapar a los cien pies y la potencia física de las caídas al vacío para proteger la carne de las aves gigantes del sur, todo ello debía ser integrado en el Butō Kaiten para despertar una técnica aún más poderosa.

Apenas fue un momento, Ryota realizo la técnica que conocía incorporando todo lo aprendido y sintió como despertó algo mucho mas poderoso. "¡Buto Kaiten Ranbu!" El cuerpo del pirata se disparó en dirección al mismo árbol que su maestra había impactado, sintiendo cómo la madera se abría a su paso en un poderoso estruendo que asustó a las aves haciéndolas volar y le hizo desbloquear un nuevo poder. “¡Lo hice, Tala! ¡Lo hice!” Gritó el castaño emergiendo del aún más inmenso cráter en el árbol, sonriendo como si se tratara de un niño pequeño. 

“Está bien, ahora recoge la lona y volvamos al poblado, mi mujer me espera”, fue la respuesta de Tala sin el más mínimo ápice de emoción.

“Ah, si claro…” Bueno, cada uno celebraba a su manera.

Detalles

Entrenamiento
[Imagen: ELRAliP.png]
#2
✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)