Volver a levantarse. [Presente Relativo]
#11
Al escuchar las palabas de Nyra, Kibai se quedó reflexionando por un momento. Por lo que estaba entendiendo, los huminks, a pesar de compartir el linaje de su propia raza, carecían de las habilidades necesarias para invocar el Electro, y también para transformarse en Sulong. Lo último casi que era mejor, si hubiese sido criada por humanos y hubiese podido acceder a la transformación antes de saber dominarla y sin que nadie le hubiese explicado lo que le estaba pasando... Aquello podría haber terminado muy, pero que muy mal.

Habiendo renunciado por completo a levantarse, contempló como la humink iniciaba una transformación Zoan, a la que respondió con una sonrisa amable. Aquella chica le despertaba sentimientos muy similares a cuando conoció a Maria Merlot por primera vez en la isla de Whiskey Peak, una vez pasados los Cabos Gemelos. Le daba la sensación de ser de esos espíritus inocentes y amables demasiado buenos para un mundo tan lleno de mierda como en el que vivían, y eso, en el fondo, le apenaba, pues el destino de esas personas era sufrir tarde o temprano al darse cuenta de la realidad.

― Por suerte ella es una marine, tendrá un deber que cumplir, si, pero también tendrá compañeros a su alrededor que la protegan... ― pensó para si el mink mientras asentía al ver las afiladas garras que la forma híbrida de la zoan de Nyra parecía haberle proporcionado.

― Oh, desde luego que será útil, no te quepa duda. En cuanto a la caza, por supuesto podremos ir a por algo más exigente... Pero ya llegaremos a eso. Y por otro lado, respecto a mis preguntas...No te preocupes, solamente estoy tratando de saber qué cosas puedes hacer y cuales no. Una de las habilidades que tenemos los minks es la de imbuir nuestro cuerpo en electricidad, eso nos permite acelerar nuestros movimientos, y también mejora nuestra perecepción. Lo llamamos Electro. De esa energía es de la que hablo. Pero puede que con solamente ser parte mink no puedas acceder a su poder. Y en cuanto a la luna llena, es algo bastante más complicado...

Kibai se recostó mejor sobre la cama, echando la cabeza hacia atrás.

― Todos los minks llevamos dentro la capacidad de transformarnos al contemplar la luna llena en una versión más bestial de nosotros mismos. Somos más rápidos, mas fuertes y más resistentes, pero también nos hace cansarnos muchísimo más rapido y no siempre logramos controlarnos del todo. Requiere tiempo, dedicación y entrenamiento conseguir llegar a dominar lo que llamamos el Sulong para poder acceder a la transformación sin ser un peligro para todo lo que nos rodea. Yo mismo no lo conseguí hasta llegar a la isla de Little Garden, así que casi que mejor que no puedas usarlo. Si te hubieses transformado sin alguien que te controlase y rodeada de humanos, no sé si habrías sobrevivido...

Con ganas de cambiar de tema, el mink colocó un brazo por detras de su nuca, mirando a Nyra, que seguía transformada.

― Bueno, cuentame, cuando te comiste tu Fruta? Fue un accidente o sabías lo que hacías?

La Caja de Pandora
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#12
¡Mi transformación será útil! ¡Vivaaa! De todas formas, lo de la caza se vería más adelante. En cuanto a las preguntas que me hizo, por lo visto son cosas que los minks pueden hacer. Cuando me habla de poderes de electricidad, recuerdo aquel brillo azulado en su mirada. Observo mi garra mientras lo sigo escuchando, abriendo y cerrando un poco los dedos intentando concentrarme…, pero no ocurre nada. Ni siquiera una chispita.

Mis pupilas vuelven a él cuando menciona la luna llena. ¿Complicado…?

Me sorprendo cuando me descubre que los minks se pueden transformar en una versión más bestial. ¿Algo así como la transformación zoan completa…? No estoy segura, porque parece algo general que siempre son más rápidos, fuertes y resistentes… «Sulong…». Por lo visto, suele ser peligroso y hace falta entrenarlo… Seguramente habría gente que podría haber salido herida… ¿Se puede uno morir por usarlo sin saber controlarlo al menos un poco…? O quizás se refiera a que me podrían haber matado para protegerse…

Por suerte, nunca fue el caso…, pero ser mink debe de ser muy, muy duro…

Sonrío un poquito con el cambio de tema, aunque agacho ligeramente las orejas hacia atrás.

―Fue un accidente ―explico al tiempo que recupero mi forma normal, antes de volver hacia la silla y sentarme igual que antes―. Fue en Baterilla, hace no tanto tiempo. Me acababan de presentar a mi división hacía una semana o así. La noche antes de zarpar no podía descansar bien por los nervios y me fui temprano por el bosque para hacer una excursión. Cuando hacía poco tiempo que había amanecido y quise parar para desayunar, escuché unas voces. Al fijarme en esa dirección, ¡vi que se trataba de dos bandas piratas que se estaban peleando! ―exclamo gesticulando el encuentro con las dos manos separadas hasta juntarlas enlazando los dedos―. Por supuesto, no intervine. ¡No podría haber hecho nada contra dos tripulaciones yo sola! Pero decidí quedarme a observar y así poder informar bien de todo cuando regresara. Mientras estaba concentrada en lo que veía y escuchaba, me llevé la manzana a al boca…, ¡pero ya no era una manzana! ―Mis brazos se alzaron al techo con esas últimas palabras―. Entré en pánico. ¡No sabía qué hacer! Yo estaba segura de que era una manzana, la había tenido en la mochila, la había cogido con la mano y de repente ya era otra cosa que además estaba malísima. Por supuesto, pensé en las historias y me imaginé lo que era… y no sabía si era buena idea terminar de comerla. ¡Pero ya la había mordido! ¿Y si dejándola a medias tenía todos los inconvenientes pero ninguna ventaja de esa fruta? ¿Y si otra persona o animal se comía la otra mitad? ¿Y si la fruta se pudría en unos días? Alarmada y sin saber qué otra cosa hacer, al final me la terminé comiendo… ¡Estaba asquerosa! ―recuerdo casi con nauseas―. ¿La tuya también estaba tan mala? ¿Cómo es que te la comiste tú?

Ayudante de enfermería
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#13
Kibai se giró en la cama para agarrar la jarra de agua y se sirvió un vaso, dando un largo trago antes de responder a la pregunta de Nyra.

― Fue hace mucho tiempo, justo después de partir de Isla Karate, en el South Blue. Nos habían destinado por fin al Grand Line, y el convoy que partía para atravesar los Cabos Gemelos estaba compuesto de varios marcantes contratados por el Gobierno Mundial, aparte de otros navíos que en ese momento considerabamos meros civiles, que ilusos... El Royal Quiver se unió como escolta extra, por así decirlo. El caso es que antes de partir estaba inspeccionando las frutas que hbaía encargado para el barco cuando vi una de ellas muy extraña, con un patrón de espiral en su superficie que no reconocía. Pensé que simplemente se le habría colado al mercader dentro del cargamento, y qu esería algún tipo de fruta exótica, de modo que decidí hincarle el diente. Y si, la mía también sabía a rayos. El caso es que, al menos para mí, no supuso ninguna diferencia al inicio. Es decir, no podía transformarme ni tampoco era como si puediese convertirme en barro o en luz de la nada.

El mink se reacomodó en la cama, respirando profundamente recordando lo ocurrido en los Cabos Gemelos.

― El viaje fue complicado desde el principio, y acabamos con un naufragio múltiple en el descenso desde la Reverse Mountain. El caso es que acabé metido en el agua, lo que conllevó darme cuenta de que al sumergirme, había quedado completamente deprovisto de fuerzas. Eso me hizo sospechar, ya que dos de mis compañeros de división ya eran consumidores de Akuma no Mi y tenían ese mismo problema. Así que poco a poco empecé a entrenar, aunque el entrenamiento consisitió básicamente en mi persona sentada en el bauprés del Royal Quiver, con los ojos cerrados tratado de sentirme diferente y haciendo aspavientos con las manos por si acaso empezaba a soltar rayos de repente o algo similar. Hasta que un día, por fin, comence a notar algo dentro de mi.

Kibai levantó una mano, examinando su palma, con una sonrisa un poco nostálgica.

― Si vieses mi cara cuando la primera avispa me salió del cuerpo... Un poco más y me caigo al mar del susto. Aunque por suerte, me di cuenta de que podía hablas con aquellos insectos, y ellos me respondían a su vez. Eran mis ojos y mis oídos, y eso era más que suficiente para que fuesen enormemente útiles para mi, y para toda la División. Sin embargo, con el tiempo, empecé a comprender que mis poderes estaban comenzando a quedarse cada vez más obsoletos, de modo que cuando Pawurs, al que ya conocía de antes por cierto, pero eso es una historia más larga, volvió a aaprecer, tomé una decisión. Aunque sabiendo esto que me iba hacer, me lo habría pensado dos veces.

Kibai rio ligeramente para no aumentar el dolor de su torso, antes de recostarse mejor en los cojines. Notando como se abultaba demasiado a su espalda, metió una mano bajo su cuerpo y sacó el segundo cojín que le había alargado Nyra, dejandolo caer con cuidado al lado de la cama.

― Oye Nyra, es tarde, y estarás agotada, puedes irte a dormir, no te preocupes yo estaré bien. Además, su grandeza el Emperador Zatutsuki nos proteje a todos ― añadió con un fingido tono de grandilocuencia a la vez que elevaba los dos brazos hacia el cielo, antes de dejarlos caer de nuevo a ambos lados. ― Y tengo que reconocere que esta cama es bastante más comoda que mi catre del Royal, asi que pienso aprovechar gustosamente esta oportunidad de dormir a pierna suelta...

La Caja de Pandora
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#14
Como cada vez que me cuentan una historia, escucho atentamente y con gran interés.

Entendí que el Royal Quilver era el barco de su división, y me hizo gracia pensar que quisiera probar una fruta tan extraña. Es verdad que parecen frutas exóticas, pero me pregunto por qué tendrán que saber como si estuvieran podridas…

Menos mal que pudo salvarse de aquel naufragio. Debió de haber sido durísimo darse cuenta de lo que pasaba precisamente mientras se estaba ahogando… y más aún estar un tiempo sin siquiera saber qué clase de beneficio te da esa fruta. Tener sólo las desventajas no es algo que guste a nadie…

Pero sonrío un poquito más cuando me habla de la primera vez que una avispa salió de su cuerpo. ¿Cómo sería hablar con insectos? No pude evitar acordarme de algunas historias que me contaron de pequeña sobre princesas con poderes mágicos que hablaban con animalitos. Yo quería ser una de ellas, ¡y es divertido imaginar que alguien tan fuerte e imponente como Kibai tuviera un poder de princesa! Es una habilidad superchula, pero decidió renunciar a ella por tratar de ser más poderoso en el futuro…

Su risita interrumpe mis dudas y cavilaciones, aunque una parte de mi mente sigue dándole vueltas, al menos hasta que me sugiere irme a dormir con un pequeño teatro sobre la grandeza del emperador que me hace reír a mí también.

―No te preocupes. ¡Puedo quedarme hasta que me duermas! Así me quedaré tranquila sabiendo que no necesitas nada más, y volveré temprano para hacerte el desayuno. ―me ofrezco felizmente antes de observarlo con renovada curiosidad―. Además, tengo muchas preguntas. ¿Qué te gusta desayunar? ¿De qué conocías de antes a Pawurs? Y… ¿y no te dará penita no hablar más con los bichitos? ¿No eran tus amigos?

Ayudante de enfermería
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#15
Nyra era precisamente el tipo de audiencia que le encantaba a Kibai, atenta y curiosa al mismo tiempo. Cuando le preguntó acerca de su pasado con Pawurs, el mink dejó caer la cabeza sobre la amohada, conl amirada perdiéndose en el techo mientras los recuerdos venian a su cabeza.

― Está bien, está bien, te lo contaré. Pero va para largo, así que yo que tú me sentaría. ― dijo indicándole a Nyra la silla que seguía al lado de su cama.

Una vez la humink hubo tomado asiento, y tras haber ordenado sus pensamientos de la mejor manera posible, Kibai continuó con su relato.

― Era de noche, y aunque la luna estaba llena, de alguna manera algo estaba cubriendo el cielo y nos impedía verla, de modo que la situación general era bastante tenebrosa, al menos para los humanos, no para mi... Tras el naugragio, desperté metido en una especie de cubículo gigante de roca con varias personas más. Ninguna me era reconocida, y a mis ojos eran todos civiles, aunque al menos a tres de ellos los has conocido aquí en los Juegos: Eros y Kiyoshi, de los Piratas Sepultura, y Mahou Chikao, de los Mano Vacía.

Kibai soltó una pequeña risa entre dientes, dando un leve suspiro.

― Ay... si hubiese sabido lo que sé ahora... Quizás todo hubiese sido muy distinto. El caso es que estábamos allí atrapados, por obra y gracias de alguien que pensó que sería una buena idea vernos luchar a muerte contra un enemigo común.

El mink notó como la mano derecha se le crispaba, con las garras saliendo de golpe con un siseo.

― Nos soltaron a un gyojin beluga, un cazarrecompensas del gremio de los Sakana. Ese desgraciado era muy fuerte, y estaba dispuesto a matarnos a todos solamente por diversión. De un solo golpe dejó casi fuera de combate a un joven birkaniano, Einarr creo que se llamaba, lo cierto es que no he vuelto a saber nada de él, espero que esté donde esté se encuentre bien, lo cierto es que era un buen tipo. Después la emprendió con el resto. Eros, Kiyoshi y yo, no sin dificultad eso claro, logramos acabar con él, aunque murió antes de lograr que confesase nada. Después algo ocurrió, no sé exactamente lo que fue, pero todas las paredes de roca comenzaron a desmoronarse, apenas conseguimos salir de allí antes de quedar aplastados. Fuera del cubículo había una especie de torre de piedra, parecía lo único en pie que había en todo aquel caos, de modo que fuimos directamente hacia allí.

El mink dio otro trago al vaso de agua, terminándolo antes de dejarlo de vuelta en la mesa.

― En la cima de la torre vimos a Pawurs y también al otro mono. Habían recolectado las frutas de todos los cazarrecompensas que habían perdido la vida intentando asesinarnos y nos ofrecieron el poder quitarnos nuestra fruta o comprarles alguna de las que habían conseguido. Lamentablemente para ellos, nadie tenía los fondos necesarios, ni le interesaba obtener ninguna otra fruta. De modo que ambos se fueron con las manos vacías. Al parecer, una de las frutas fue posteriormente consumida por Runin, de los Hanu Mahana, esa chica tiene los mismos poderes que el cazarrecompensas al que maté.

Notando como el cansancio se le acumulaba en la parte trasera de los ojos, Kibai disimuló un bostezo y dejó caer la cabeza en la almohada.

― Aunque todo esto podemos hablarlo mejor mañana, si te parece bien, por hoy es suficiente, creo que voy a dormirme ya. Te veo por la mañana, compañera...

Resignándose a que Nyra iba a estar ahí hasta que se durmiese, el mink cerró los ojos y se abandonó al sueño, dejando que la oscuridad llegase a un encuentro.

La Caja de Pandora
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#16
Me siento a su señal, lista para escuchar la historia.

Enseguida visualizo la noche y la luna llena, y observo emocionada, pues así empiezan muchas historias de terror. Tras un naufragio del que salieron vivos de milagro, casi siento estar dentro cuando menciona los cubículos de roca en los que Kibai despertó junto a desconocidos. ¡Y algunos eran piratas! ¡Piratas que me encontré en las pruebas! ¡¿Y tuvieron que trabajar juntos contra un enemigo común para sobrevivir?! ¡Era cada vez más parecido a lo que nos pasó en Kutsukku!

Cada vez más inclinada hacia delante, escucho cómo tras matarlo y sin una confesión, las paredes se desmoronaron y pudieron salir por los pelos. Fuera de allí, en una torre… ¡estaban Pawurs y el que vendía las frutas! Al parecer los ayudaron a cambio de negocios, pero en esa situación nadie tenía demasiado dinero encima y se fueron con las manos vacías. Pero eventualmente sí que les saldría bien la jugada, porque ¡Runin tiene la misma fruta que el tipo al que se enfrentó Kibai! ¡Qué giro de los acontecimientos más raro!

Y, al final, tras unas palabras más…, se durmió.

Mi cola quedó colgando, sin saber qué hacer. ¡¡Tengo muchas preguntas!! ¡Y también quería compartir mi historia con Kibai y hablar de las similitudes de todo lo que pasó! ¡¡No puede dormirse ahora!! Aaaaaaaayyyyyyyyy…

Tras un largo suspiro, finalmente me pongo en pie y lo observo. Está agotado y es normal, pobrecito… Con un vistazo a la habitación, me fijo también en que la jarra de agua está vacía, así que voy a por ella procurando hacer el menor ruido posible.

Antes de macharme, no sólo la dejé nuevamente con agua en su lugar, sino que también dejé junto a esta un par de plátanos por si se despertaba con hambre en medio de la noche y también cerré del todo la contraventana. De ese modo, la luz no lo molestaría al alba.

Una vez con todo listo, cojo mi mochila y salgo de la casa, cerrando bien la puerta. Mientras había estado cocinando, llamé a Kael para conocer la ubicación exacta de nuestra vivienda, así que sabía dónde ir. Sin embargo…, una vez sola, los mismos pensamientos que me llevaron rondando desde la mañana volvieron a invadirme. Comencé a caminar sin fijarme en mis pasos ni a dónde me llevarían.

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3 de Primavera
7:53 a.m.
Casa donde se hospeda Kibai

Me despierto con los primeros rayos de sol y me apresuro a llegar al lugar en el que se hospeda Kibai.

Como al final no sé qué habría querido desayunar, preparo un pequeño cuenquecito con macedonia, otro más grande con cereales, zumo de naranja, leche, un café muy caliente y, por último, un par de tostadas acompañadas por dos pequeños recipientes, uno con mantequilla y otro con mermelada de fresa.

Cuando consigo que quepa todo en la bandeja de puro milagro, camino leeeentamente hasta la habitación de Kibai, asegurándome de no tirar nada. Sabiendo ya que había un mueble antes de entrar, apoyo ahí la bandeja y golpeo suavecito la puerta de la habitación.

―¿Se puede? ―pregunto lo bastante alto como para que me escuche, pero rezando para no despertarlo si no era el caso.

Ayudante de enfermería
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#17
El sueño había sido sumamente reparador, tanto que hasta parecía extraño. En el momento que Kibai había cerrado los ojos, se había sumido en una niebla densa y oscura, en la cual flotaba sin ver ni sentir nada. Aquello, que en una ocasión normal, especialmente para alguien tan acostumbrado a depender de sus sentidos como él, hubiese sido casi como una tortura, le forzó a algo muy distinto en aquella ocasión, a concentrarse en él mismo, en su propio cuerpo. En una especie de semivigilia, Kibai centró todo su pensamiento en la zonad el cuerpo que le seguía martirizando de dolor.

Con los minutos convertidos en horas, y las horas en lo que parecían noches enteras, el mink continuó en aquel estado, visualizando todo el tiempo sus propias heridas, y repitiendo internamente el mantra de ordenar a su cuerpo que se curase. Casi como si lo pudiese ver, sus tejidos, trasnformados ahora en multitud de pequeños seres sorprendentemente similares a sus avispas, iban cerniéndose sobre la herida que le había inflingido Pawurs, y poco a poco, su cuerpo iba sanando. Aún dormido, notaba como la herida ardía a medida que su piel iba cicatrizando. Kibai sintió como sus párpados se apretaban pero por alguna razón, no era capaz de moverse. Sabía que estaba despierto, pero su cuerpo no le respondía, solo podía notar el ardor de su abdomen, y como sus garras salían y volvían a ocultarse desde la punta de sus dedos.

Resignado a que aquello era el proceso normal que estaba asumiendo su cuerpo para poder curarse más rapidamente, el mink procuró relajar su respiración, y se abandonó de nuevo a la oscuridad.



Cuando los primeros rayos de sol matutinos entraron en la habitación, Kibai abrió los ojos de golpe. Resollando, tiró de las sabanas que cubrían su cuerpo, el cual estaba, por inaudito que fuese teniendo en cuenta el pelaje que cubría su piel, empapado de sudor. Con un gesto de dolor, el mink se forzó a ponerse en pie, lo que para su sorpresa pudo lograr de manera bastante más estable que en el día anterior. Poner ambos pies en el suelo, cosa que mientras hablaba con Nyra cuando había ido a visitarle le había provocado grandes mareos y una sensación de vértigo bastante potente, hoy no le despertó más dificultad que levantarse tras dos o tres días de expedición dura. No obstante, el dolor que sentía en su abdomen se había incrementado. No era tan debilitante, pero si más agudo, como el de una quemadura con un hierro de la cocina.

Respirando hondo varias veces, Kibai terminó de incorporarse, apoyando una mano en la mesilla de noche por su acaso. Asqueado por el olor a cerrado de la habitación, se dirigió a la ventana, abriendola por completo y disfrutando de la ráfaga de aire fresco que se apresuró a entrar por ella en cuanto deslizó el pasador. Cerrando los ojos, el mink apoyó su frente contra la pared, esforzándose por regular su respiración a medida que su cuerpo se iba acostumbrando de nuevo a permanecer de pie. Tras unos momentos, y con pasos aún vacllantes, se dirigió al espejo de la habitación. Kibai observó la zona de su vientre, de dónde provenía aquella sensación de quemazón y malestar, hasta que, en un acto a medias irreflexivo y a medias de desafío, rajó las telas que cubrian la zona del golpe para ver lo que había debajo.

Con los ojos como platos, el mink observó la zona donde el gyojin barracuda el había golpeado, dónde ahora exhibía una huella con forma de zarpa almohadillada, con una palma central y varios círculos que indicaban los dedos. Toda ella era de un color rojizo oscuro, y el pelo que pudiese tener el mink en aquella zona había desaparecido por completo. Con cuidado, Kibai palpó la zona alrededor de la herida, que continuaba bastante sensible al tacto, pero no parecía que fuese a provocarle otro desmayo más pronto que tarde.

― Supongo que podría ser peor... ― pensó para si mientras probaba a tensar y destensar los abdominales, lo cual le recompensó con otro bonito pinchazo de dolor que le recordó que mejor evitar los ejercicios de musculación por un par de días.

En ese momento, un aroma distintivo entró en el radar de su olfato. Comida recién hecha, acompañada de un aroma a medias entre humano y mink que ya había empezado a saber distinguir.

― ¿Se puede? 

El mink se permitió una breve risita.

― Adelante Nyra, como si estuvieses en tu casa...

Kibai se giró, cruzando los brazos sobre el pecho, sonriendo a la humink mientras esta franqueaba el umbral de la puerta.

― Buenas noticias, ya me puedo poner en pie, aunque estoy deseando lavarme de una vez. Espero que tú hayas dormido mejor que yo porque ha sido un condenado infierno.

Con cuidado de no tocar la herida, se señaló la marca de la zarpa de Pawurs.

― Aunque me ha quedado un bonito tatuaje, no crees?

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#18
Abro la puerta cuando me lo indica, y encuentro la habitación llena de luz y al mink de pie, cerca del espejo. Separé los labios para confesar preocupada que aún me parecía pronto, pero se alegró tanto de haber podido hacerlo que simplemente sonreí. Bueno, aunque sea un milagro, quizás ya no le duele tanto…

―Vaya, lo siento mucho. Yo por suerte sí he dormido bien~.

Sin embargo, mis ojos se abren aún más ante la extraña forma que se le había quedado en medio del abdomen.

―¡Hala! ¡¿A ver?!

Impulsada por la curiosidad, cruzo a paso ligero los pasos que nos separan y miro muy atentamente la marca, perfectamente distinguible del resto de su piel, tanto por el color como por la falta de pelaje.

―Qué cosa más curiosa… ―reflexiono mientras me agacho un poquito para verlo más de cerca… hasta que me doy cuenta de que lo mismo ha sido una situación incómoda para él―. ¡P-erdón, Kibai! ¡Ha sido sin querer! ―me disculpo avergonzada al tiempo que vuelvo a incorporarme. ¡Necesito cambiar de tema, una distrac…! ¡Ah, sí!―. ¡Mira, te he traído el desayuno!

Salgo de nuevo de la habitación y cojo la bandeja para meterla en el cuarto y colocarla sobre el escritorio.

―¡Tacháaaan! No sabía qué te gustaba, así que te he traído un poco de todo. En la cocina hay jamón y queso también, por si luego te apetece, pero ya no me cabía nada más en la bandeja…

Suponiendo que se sentaría en la silla del escritorio, yo me siento a los pies de la cama para poder charlar estando cerca.

―¿Tan mal lo has pasado por la noche? ¿Ha sido por el dolor o también has tenido pesadillas?

Tengo muchas ganas de hacerle las preguntas que quise pronunciar ayer, pero sé perfectamente que aún (y quizás hoy) no sea el momento. Mientras me explica, mis ojos se dirigen un instante hacia la mesita de noche de la jarra de agua, preguntándome si por lo menos le habría servido de algo tenerla cerca.

Ayudante de enfermería
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#19
Kibai mantuvo su postura mientras Nyra se le acercaba, aunque su ceja se alzó ligeramente cuando la humink se agachó para examinar más de cerca la herida de su abdomen. Demonios, es que aquella chica no se había mirado nunca al espejo? Eso o no era ni medianamente consciente del aspecto que tenía. Incluso para Kibai, el cual tenía un pasado particularmente "alado" en cuanto a sus gustos, la presencia tan cercana de Nyra resultaba agradable, quizás demasiado agradable...

La cola de Kibai se agitó desde su espalda, dándole un toquecito a Nyra en la barbilla cuando la humink se encontraba agachada mirando la cicatriz producto de la extracción de la Haibu Haibu no Mi.

― Disculpa Nyra, pero mis ojos están aquí... ― dijo con una fingida seriedad para contener la risa, aunque se reprendió interiormente por dejar que su voz se agravase una octava de más.

La humink lo debió entender de inmediato, pues salió disparada hacia fuera de la habitación, antes de volver cargada con una bandeja de desayuno, llena hasta los topes de comida. Kibai hizo un gesto de sorpresa, pues no contaba con que la joven ya hubiese llegado con todo hecho.

― Vaya, muchas gracias Nyra, tú si que eres un ángel y no esos Custodios del Emperador!

Mientras la humink se sentaba, Kibai recogió la jarra vacía de agua y, caminando algo trabajosamente, la rellenó en la cocina, además de recoger un segundo juego de taza y plato. Al volver, le alargó los cubiertos a Nyra.

― Toma anda, todo esto es mucho solo para mi, y antes de que protestes, insisto. No me gusta comer mientras alguien está a mi lado sin probar bocado, va totalmente en contra de mi filosofía como chef.

Tras llenar su plato con un poco de todo lo que Nyra le había traído, y con un pequeño gesto de dolor que procuró esconder, el mink se incorporó a la mesa, cruzando las piernas por encima de la madera, depositando el plato encima de su regazo y la taza a un lado.

― No diría que ha sido exactamente una pesadilla, sino más bien un encierro autoforzado. A eso de la medianoche, me he despertado, pero seguía dormido, es una sensación dificil de describir. El caso es que durante ese tiempo, la herida me escocía a horrores, y no podía rascarme, ni cambiar de posición, solo... flotaba en una especie de negrura infinita. Pero como no podía hacer otra cosa que esperar, me centré en pensar en sanar.

El mink se observó la palma de la mano.

―  Sabes, hasta hace un par de días solo tenía que esbozar un pensamiento en mi cabeza, y mis insectos surgían de mis manos para antender a mi llamada. No era como si pudiesemos tener una conversación como la que estamos teniendo tu y yo ahora mismo, pero si nos entendíamos, de un modo más básico, pero también mucho más directo. Resulta complicado de explicar, pero puedo decir honestamente que en parte, las echo de menos.

Kibai alcanzó la taza, dando un largo trago al ardiente contenido, que calentó su estómago y su garganta, haciéndole soltar un profundo soplido para aliviar el calor.

―  Pero por otro lado, creo que ahora podré nadar de nuevo! Sabes el tiempo que llevaba queriendo poder nadar? Desde hace meses, desde antes que entrásemos al Grand Line, no he podido meterme al mar. Oh, y ahora tengo el Electro, pienso cazar a todos los peces del mar a calambrazos para hacerme un festín como nunca se ha visto. Será apoteósico! ―  teminó exclamamando levantando su tenedor hacia el cielo en una suerte de brindis fantasmal.

Centrando sus ojos de nuevo en la humink, los iris esmeralda de Kibai se dilataron levemente al recordar a su gente.

― Oye, has visto al resto? Están todos bien? Estoy deseando verlos por fin, tanto tiempo dentro de este sitio me está haciendo sentir como una mascota enaulada. Necesito tomar el aire fresco y perderme unas cuantas horas en la selva, quizás cazar un par de ñordikis y hacer una super comida para todos!

La Caja de Pandora
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#20
El toque con la cola de Kibai fue todo el toque de atención que necesitaba, aunque su tono fue un extra que no pude ignorar. ¡¿Cómo puedo ser tan torpe?! ¡¿Qué habrá pensado de mí?! ¡Qué vergüenza! Pero bueno, por suerte, ¡no hay nada que no arregle una buena bandeja de comida!

Mi cola se agita ante su sorpresa, y dejo escapar una risita cuando me compara con los custodios.

―¡Eres demasiado amable! Realmente me encanta cocinar, y si puedo hacer así felices a otros, ¡pues mucho mejor!

Apenas me siento en la cama, Kibai recoge la jarra vacía y se dirige a la cocina.

―Puedo… ―Pero me detuve.

Kibai es divertido, pero con todo lo que se está esforzando, y con el hecho de intentar levantarse incluso ayer, sospecho que quizás es también orgulloso… Seguramente no le guste estar sentado o quedarse quieto, y mucho menos tener que sentirse cuidado por alguien, así que lo dejo estar. Sin embargo, no puedo evitar sorprenderme cuando me trae también unos cubiertos que agarro confusa. Por supuesto, negarse al ofrecimiento no es una opción, así que al escuchar su razonamiento de chef, sonrío y pincho unos trocitos de fruta de la macedonia.

―¡Graciaaaaas~!

Con aquello ya en mi boca (¡qué dulceee!, ¡qué ricooo!), Kibai comienza a hablar sobre su noche y lo observo con atención mientras sigo comiendo otro poquito. Lo que cuenta me pasó una vez teniendo unos catorce años… Lo pasé fatal. Hacía poco que los niños de la isla me habían hablado del fenómeno y cómo un perro enorme de color negro, garras de acero y ojos rojos se apoya sobre tu pecho mientras duermes para que no te puedas mover… Fue horroroso… Ritsu me explicó a la mañana siguiente lo que era una parálisis del sueño. Pobre Kibai… y encima doliéndole tantísimo…

Luego me habló sobre los bichitos. Cómo prácticamente se comunicaban de forma mental. Lo imaginaba casi como mover un brazo o una pierna; tienes el instinto pero no lo piensas y, simplemente, sucede. Pero, sobre todo, seguramente con ellos él no se sentía solo… ¿Cómo no pude pensar que, después de tanto tiempo, era la primera noche que pasaría solito…?

Las orejas, que se me habían ido agachando un poquito conforme escuchaba, se alzan de nuevo cuando habla sobre nadar. Jo, sí que es verdad que se echa de menos. Yo no creo dejar de ser un mapache nunca, pero si lo hiciera, ¡me iría tres días a una playa para tirarme nadando todas las horas que pudiera!

―¡Es una muy buena estrategia de pesca! ―exclamo con un nuevo baile de mi cola―. ¡Si te sobran peces, podrías invitar a tu tripulación!

Y, por supuesto, no tarda en preguntarme por sus compañeros y el resto de marines. Sin embargo, antes de responderle a eso, me pongo en pie en cuanto habla de tomar aire y sentirse encerrado.

―¡Tengo una idea! ¡Ven conmigo!

Acto seguido, cojo la bandeja y camino hacia la puerta. Antes de salir, dejo un momento la bandeja sobre otro mueble y abro la puerta principal. Entonces, saco al pequeño porche un par de sillas del comedor y una mesita pequeña que había en una esquina del salón.

―¡Ven, ven!

Con todo preparado, dejo la bandeja sobre la mesita y me siento en una de las sillas.

―Todavía no puedes correr por la selva, ¡pero puedes tomar el aire y el sol sin estar encerrado! Y cuando estés listo para cazar, ¡si quieres puedo ayudarte a coocinar ese banquete! ¡Puedo ser muy buena pinche! ―proclamo alegremente antes de comenzar a servirme un vaso de leche―Sobre tus compañeros, no los he visto desde ayer… Cuando salí de aquí, fui a dar una vuelta y no me encontré a nadie por el camino, ni siquiera con mi división, y hoy también he vuelto pronto, así que no sé nada. ¡Pero no te preocupes! Seguro que Moja viene a verte hoy para ver cómo sigues. ¡Se va a sorprender mucho cuando te vea de pie!

Aquel día lo pasamos juntos por completo, almuerzo y cena incluidos. Tras compartir recetas y muchas anécdotas, aquella noche me marché sin intención de volver al día siguiente. Kibai había insistido en que para el día siguiente se encontraría ya perfectamente, y también nos habíamos dado los números de Mushi Mushi, por lo que podía irme tranquila.

Si un día de estos llamaba para avisar de un banquete o para entrenar juntos, no me sorprendería en absoluto~.

Ayudante de enfermería
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