[PR] | Look like my eyes can See | (Entrenamiento de Kenbunshoku)
#1
6 Primavera
Año 18
07:23am

Jin era un hombre de palabra, siempre. Y más ahora especialmente con la pareja que se había acomodado a su lado. Habían terminado pasando la noche juntos, compartiendo intimidad una noche más, por supuesto. Después de tanto tiempo, uno tenía que ponerse al día, y más cuando existía un cambio tan grande. Se sentía todavía somnoliento en el momento que el Den-Den Mushi sonó como alarma. Despertó, abriendo uno de sus ojos, sintiendo los rayos de sol ir directamente hacia su rostro. El día anterior le hizo la mención del Haki, también en parte por recordar el interés de Varo y, por otra parte, sin saber si se separarían de nuevo después de que salieran de Skypea. Quién sabe si no se volverían a cruzar en un par de años más. Quería dejarla preparada, en las condiciones que fuera necesario para que saliera de la isla sabiendo que él le había dado todo lo posible para ello.

Extendió su mano, apagando la alarma se giró, boca abajo, todavía somnoliento. Emitió un sonido quejambroso, con el rostro pegado a la almohada. Ese día le apetecía estar desconectado, pero una promesa era una promesa. Se volteó, mirando la figura femenina a su lado, extendiendo su mano para abrazarla una vez más, atrayéndolo hacia sí mismo y lo abrazó con fuerza. Ojalá pudiera estar así todo el tiempo posible, el máximo. Besó su cabeza suave y dulcemente, abriendo sus labios para hablar, descendiendo la mirada.

—Tezca, amor mío. Hay que ir despertando.

Elevó su diestra, para así acariciar su cabeza, sentir los senos apretados contra su propio pecho. Por mucho que tuviera deseos incluso después de una noche tan espectacular, no era momento de perder el tiempo. Quizás esa noche lo haría, o tal vez en otro momento. Respiró su aroma, solo un poco más, antes de que tuviera que separarse. Su piel, todavía desnuda con la del contrario, se sentía tan cálido como agradable. Cerró los ojos solo para deleitarse de ese momento tan agradable un poco más, alargarlo lo máximo posible hasta que tuviera que separarse.

En el momento que asumió que ya era tiempo suficiente, abrió sus ojos lentamente, observando fijamente una vez más a su amada, sin dejar de acariciar sus mechones rubios tan hermosos. Besó su cabeza y descendió lentamente su rostro hasta que sus propios labios se encontraron en el oído de la ahora mujer. —Voy a darme una ducha rápida y vestirme. Salgamos a desayunar fuera, y así podremos empezar el entrenamiento. ¿De acuerdo? — Le dio un par de besos más, solo para ver si no volvería a lanzarle la almohada en sueños... ¿O quizás sí? No importaba si lo hacía, eso era parte de su encanto. Sabía que a veces le resultaba difícil terminar de despejarse.

Se puso en pie, cubriendo el cuerpo de la mujer con las sábanas, aunque estuviera rehacio a separarse de ella. —Va, intenta despertarte, ¿de acuerdo? Cuanto antes empecemos, antes terminaremos. — Le dio un último beso a un lado de su cabeza antes de, desnudo, caminar hasta el baño a, efectivamente, darse un baño. —Ah, e iremos de compras para tu ropa nueva, Tezca. No tengas miedo en derrochar. — Iba en serio, tenía una ligera idea de lo que iba a hacer para ese entrenamiento, y sabía que, igual que cuando él lo aprendió, debía ser un lugar concurrido, con gente y lleno de emociones. Tenía en mente un par de ejercicios que no eran iguales, pero esperaba que fueran igualmente funcionales y perfectos para ello. No recordaba haber entrenado a nadie desde que salió de los Blues, cuando todavía enseñaba a los novatos del Clan Onizuka. Sin embargo, los ejercicios como espadachín no tenían nada que ver con esa habilidad. ¿Lo haría bien? No quería decepcionar a Tezca, por eso, en su mente, trataba de pensar y descartar en unos y otros pensamientos. También recordó que, el día anterior, Tezca le había dicho que estaba harta de que siempre llevara trajes. Ahora tendría que tratar de pensar en otra cosa que ponerse. No estaba habituado a no verse formal... Pero tampoco le hacía realmente falta para ese entrenamiento. Ya pensaría más tarde en qué iba a ponerse.

[...]

Finalmente, ya salido de la ducha, y con la toalla envolviendo su cuerpo y cabeza, caminó por la casa. Se secaba el cabello con una mano, mientras con la otra encendía un cigarrillo, dando sus primeras caladas del día. Bostezó, caminando hasta el armario donde había traído su equipaje y comenzó a buscar. ¿Siquiera tenía más ropa lejos de los trajes? Miró, uno a uno, sus prendas. Traje. Traje. Traje. Traje...

“Creo que tengo un problema... Estas compras no pueden ser solo para Tezca."

Ah, mira, algo. Algo diferente sin que fuera la ropa de ayer. No lo veía tan elegante, pero suficiente para que no fuera a vestirse de traje una vez más. Cierto era que tenía otro estampado floral, pero no era igual que la del día anterior. En primer lugar, porque el color no era verde, sino negro y el delicado estampado tenía un tono azulado. En serio, ¿de dónde había sacado eso? Bueno, era mejor eso que nada. Terminó de vestirse y caminó de vuelta al dormitorio, donde esperaba que estuviera Tezca. Antes de ello, por supuesto, activó su Kenbunshoku, solo para ver si, antes de entrar, ya estaba o no despierta. Esperaba que no se le pegaran demasiado las sábanas en esa ocasión. Estuviera como estuviese en ese momento, abrió la puerta sin llamar. No tenía pudor, claro, ya había visto todo lo que tenía que ver. Como de costumbre, su aura era tan preciosa como lo era ella y, antes de nada, dejó entrever una sonrisa. Tan hermosa como la suya. No había cambiado con el cambio de sexo, lo que lo terminó aliviando de sobremanera. Se serenó un poco más, con la intención de que se viera serio en caso de que no estuviera despierta.

—Mi amor. Vamos a salir. ¿Estás listo?

Ah, sí, todavía no se había habituado a hablarle en femenino. Quizás necesitara un poco más de tiempo, pero bueno, tarde o temprano se iba a acostumbrar a esa voz femenina y ese aspecto tan bello que cargaba.


Cajita de Tabaco
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#2
Primera regla, una que conocía bien aquel pelinegro que había osado con interrumpir mi magnifico sueño: No me despiertes ¿Con que soñaba? Con nada en realidad, estaba exhausta de la noche anterior, disfrutando de la paz que la inconsciencia en los brazos de mi novio podía ofrecerme cuando aquella alarma intentó despertarme, fracasando por supuesto: El que no fracasó fue el responsable hombre conmigo, quien logró despertarme con tanta suavidad que me distrajo de pegarle con una almohada. —mh… No puedes decirme que me quede hasta tarde y levantarme temprano al dia siguiente, Jin. — Y aún así, después de aquella lluvia de besos solo pude sentarme al borde de la cama, medianamente adormilada, mirando a la sabana como si tuviera algo interesante que decirme.
 
Ahí fue cuando las palabras del pelinegro hicieron sentido ya segundos después, mientras escuchaba la ducha funcional, quitándome la sabanas de encima para simplemente levantarme y estirarme frente al espejo: Iba a ser un largo día de entrenamiento, al parecer algo que había desarrollado Jin anteriormente y había considerado lo suficientemente útil para que lo tuviera, no es como que yo: La grandiosa y poderosa Tezca, ahora renovada con electricidad, necesitara de algo más para convertirme en la reina de todo este páramo y los que visite: Simplemente soy muy benevolente y humilde, una… dama en toda regla y evito los conflictos por supuesto.
 
Observé mi cuerpo desnudo en el espejo más cercano ¿No soy una lindura? Mis curvas eran diferentes y aunque ya comenzaba acostumbrarme el poder de aquel gyojin me parecía formidable para hacerme cambiar tanto y a la vez seguir siendo yo misma. Tal vez debería agradecerle aceptando aquella invitación… No era el momento para pensar eso.
 
Rápidamente busqué entre los cajones del hombre, una camisa y unos pantalones: Algo sencillo y que me pudiera quedar, era tan temprano que hasta parecía tener pereza para arreglarme de más y sin embargo ¿Qué me podía quedar mal? Aquel hombre no tardó en salir de la ducha y sin esperar me acerqué para dejar un beso en su mojada mejilla, sonriéndole como un tonto bastante enamorado… una tonta. —No te preocupes, derrocharé responsablemente, al final del día lo tuyo es mío y lo mío… bueno ¡Por supuesto que es mio! — Mirando de reojos sus trajes y dejándolo concentrarse me fui a dar una ducha, saliendo del baño con la ropa puesta y el cabello recogido.
 
Justo fue la voz del hombre, a tiempo con mi triunfal salida del baño mientras el vapor lograba disiparse lo que me llamó a su lado, todavía un poco somnolienta: Tal vez el mayor podría percibir en el ambiente que había utilizado su perfume, no había comprado nada y no por eso dejaría vencerme. —Lista, deberíamos llevar una maleta vacía ¿Me entiendes? — Tomé su mano, comenzando a jalarlo del brazo para andar a la puerta, sentía mi estomago rugir: Comenzaba a tener hambre.
 
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
#3
Dejó escapar una leve risita al escucharlo. Claro que no había cambiado, siempre había odiado despertar tarde. Aún así, volvió a besar su cabeza dulce y cariñosamente, divertido todavía por lo que había pronunciado la rubia. —Lo sé, lo sé, pero es por el bien de los dos. — Si se quedaba mirándola un poco más, probablemente iría a por una nueva ronda, y no estaba seguro de dejarlo salir esa mañana... ni esa noche.

La sonrisa que le había brindado al salir de la ducha había resultado espléndida, y para mejorar las cosas con un beso de acompañamiento. Deseaba que todos sus días fueran así, realmente lo deseaba con todas sus fuerzas. Dejó escapar una risita divertida al escucharla, sin dejar de verla, ahora más habituado a su desnudez. Claro que no significaba que no le afectara.

—Pffftt... Jajajajaja. Deberías compartirme algo alguna vez. Me harías muy feliz.

La risita resonaba entre sus labios, divertido por la actitud que tanto había extrañado de Tezca. Sabía que se había llevado su traje, y no le molestó en lo absoluto. Faltaría más, estaba más que satisfecho. ¿Qué tal le iba a quedar con su nuevo cuerpo? En su mente se comenzaba a dibujar mil y una formas de cómo se vería. ¿Saldría con la camisa abrochada? ¿Se la desabrocharía y la abrocharía al salir? Un pequeño hilo de sangre pareció descender de su nariz cuando tuvo esa imagen en la cabeza. Se limpió la sangre con su mano. No, no. No podía pensar en eso. No en ese momento.

Dio una nueva calada a su cigarrillo, con calma, ahora tratando de no solo calmarse, sino también pensar en la forma que iba a explicarle todo. ¿Cómo podría enseñarle Kenbunshoku? No es que Sohem hubiera detallado exactamente una forma, pero sí lo había aprendido por sí mismo. Tenía que organizarlo lo mejor posible. Soltó el humo del cigarrillo, pensativo, en el momento que terminaba de entrar en el dormitorio.

Se quedó mudo, contemplando la figura con su propia ropa. La camisa le iba más grande, pero maldición, qué condenadamente bien le quedaba. 

—...

Iba a contestar, pero tuvo que retener sus impulsos de lanzarse sobre ella, aún quieto, como una estatua, en el mismo sitio. Carraspeó, frotando sus ojos para calmarse. Sí, tenía que relajarse. Respiró profundamente y se enfocó en lo que había dicho Tezca. Algo de... ¿Una maleta? Elevó la mirada de nuevo hacia ella, terminando de acomodar bien la camisa. —Te queda muy bien... como todo. — No sabía ahora si prefería la versión masculina o la femenina le daba tanta vida.

Revisó que lo tenía todo, la cartera, su dinero, llaves para más tarde regresar... —No tengo una maleta vacía, no aquí al menos, pero sí en el Barco. No te preocupes, la compraremos de camino antes de ir a por la ropa. Primero tendrás que desayunar, estoy seguro de que tendrás hambre y todavía sueño. Hace tres días fui a un bar que tenían cosas muy buenas y abrían temprano. La chica era muy amable. — De hecho ni siquiera le había llegado a preguntar por su nombre, solo le había preguntado sobre cómo conseguir información que le llevó a Kaleith para aprender Busoshoku, pero eso se lo enseñaría otro día a Tezca. Por hoy lo mejor era centrarse en el Kenbunshoku.

Acomodó su brazo para mayor comodidad de Tezca, extendiendo su cigarrillo en caso de que ella quisiera fumar, aunque fuera una o dos caladas. Antes de ir a la entrada principal, miró a Tezca con calma. —Antes de salir, te explicaré un poco más en detalle lo que empecé ayer de los Hakis. — Terminó de revisar, una última vez, que todo estuviera correcto antes de salir al exterior, donde el sol ya les estaba dando la bienvenida. Revisó que Tezca llevara consigo las gafas que siempre cargaba, solo por si necesitaba un poco más de sombra. —Hoy te enseñaré Kenbunshoku. Es una habilidad que, básicamente, te permite ver incluso con los ojos cerrados. ¿Recuerdas que te encontraba fácil cuando estábamos en los Juegos? Es gracias a esa habilidad. Con ella percibes presencias, ves a todo tu alrededor, y no solo desde tus ojos, y percibes también con claridad las auras de cada persona. También puedes percibir un poco sus emociones y el poder que tienen. Es como... un sentido extra que entrenas y comprendes. Donde mejor vamos a aprender es donde haya mucha gente, especialmente lugares con emociones fuertes. Por ejemplo... El ir de compras puede ayudar, y más si son lugares con ofertas. Puede ser un buen inicio. Hay más tipos de Haki, pero esos te los explicaré otro día. No quiero saturarte de tanta información.

Caminó hasta donde recordaba el bar, ciertamente la mujer había sido amable y sus recomendaciones excelentes, además de que el café era delicioso. —Así que necesito que mientras vamos de camino y hacemos las compras y el paseo, disfrutes de nuestra cita en dos años y también aprendas a ver esas cosas. Puede ser difícil e incomprensible al principio, pero no es algo que se aprenda de un momento a otro. Ten paciencia. — Y sabía que no era del todo fácil, pero nunca se sabía. Caminó hasta el bar, una taberna que se encontraba no demasiado lejos de donde estaban de hecho, y entró, encontrándose a la misma mujer que la ayudó. Ella, al ver a la pareja, se sorprendió, pero la sonrisa no se le desvaneció. Las pequeñas alas de birkaniana tras su espalda revelaban su raza y su rostro amable se cargó de felicidad.

—¡Es usted! ¡Bienvenido! Y a usted también señorita.

—Gracias. — No recordaba su nombre, y siguió hasta la barra, donde se extendían alimentos variados a elección, desde salados hasta dulces, con el olor a café recién molido al otro lado de la barra. La camarera pronto terminó de servir y se acercó.

—¿Qué se les ofrece hoy?

—A mí póngame un café con leche y repetir el sándwitch del otro día. — Uno que consistía en pollo crujiente, lechuga y, por supuesto, picante. La mujer se rió, cerrando los ojos encantadoramente.

—Parece que le gustó mi recomendación.

—Estaba rica, sin duda. Y a mi novia también póngale lo que ella quiera. — La mujer abrió los ojos con sorpresa, mirando fijamente a Tezca con sorpresa, pero claramente encantada, preparada para escuchar lo que fuera a pedir.


Cajita de Tabaco
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#4
¿Compartir? ¿Qué decía? Como si no supiera que mi vida en suya, pero no diría más al respecto, no lo creí necesario. Parecía ser que el mayor había tenido tiempo de explorar aunque mi caso no era muy diferente, había logrado convivir con otra tripulación y mis propios compañeros. Sin duda estas vacaciones habían sido fructíferas sobretodo al lograr pasar tanto tiempo con mi novio. Opté por inclinarme ligeramente, tomando una calada del cigarro que me ofrecía, solo una. —¿Sigues fumando como chimenea o al menos le has reducido?— Obviamente le iba a regañar, acariciando el dorso de su mano con mi pulgar mientras caminábamos por las calles como una bonita pareja enamorada.
 
Así que había una habilidad como esa, la explicación del hombre hizo que alzara las cejas acomodándome los lentes ¿Poder percibir a otros sin siquiera verlos? Eso era oro. Tal vez podría ser muy útil, aunque la verdad el primer uso que se me ocurría era ser el viejo en la montaña que dice “Ya sé que estás aquí” Mientras toma el té con los ojos cerrados, bastante genial ¿Verdad? —Entonces esté Kembombó… sirve para los puntos ciegos ¿no? Porque si es para mirar al que tengo en frente para eso tengo los ojos ¿Me entiendes? ¿Cómo se supone que desarrollas algo así? No es específicamente un músculo, cariño. —  Debía admitir que me sentía un poco escéptica, esperando que el hombre me abriera la puerta para entrar a aquel bar.
 
Paciencia. Paciencia era claramente algo que no tenía.
 
Una joven nos había saludado, supuse que era la chica que Jin había mencionado como amable, sonriéndole ligeramente y haciendo una pequeña reverencia. —Gracias, señorita. — Repetí aquella palabra, sin terminar de acostumbrarme a que me llamaran “señorita” Me quedé absorta en el menú, no podía tomar alcohol, era muy temprano.—Es muy temprano… tráigame un té y lo mismo de comer que el caballero, por favor. — Le sonreí a la camarera, esperando a que se fuera para regresar la mirada al pelinegro. —Entonces el kembombó… ¿Cómo es que lo lograste? Tal vez repetir la formula sirva.  —

 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
#5
La pregunta le hizo evitar la mirada, desviándola. Había pasado demasiado tiempo a solas y sin Tezca como para evitar el tabaco. Al menos ella, cuando estaba con él, era quien sabía cómo tratarlo para que no encendiera uno tras otro. Carraspeó. 

—Bueno... Digamos que lo he reducido cuando te he vuelto a ver.

Al menos su compañía sí había resultado ser de lo más agradable al punto de que hasta olvidaba que necesitaba tanto la nicotina. Apretó la mano al sentir el roce de su dorsal, satisfecho por su gesto y agradecido en silencio. Prefería mantenerse así por toda la vida. Poder pasear de esa forma con ella todavía se le hacía extraño. No incómodo, pero no estaba acostumbrado a tanto afecto, siendo un hombre que a duras penas lo había recibido o aceptado de otros que no fueran la chica que lo acompañaba. Imitó el gesto todo el camino.

Sus ojos volvieron a Tezca ante su pregunta. Tenía sentido que tuviera ese tipo de preguntas, él mismo se lo cuestionó cuando le explicaron sobre él mismo. —Kenbunshoku. Sé que es difícil de recordar, no te preocupes, te lo repetiré las veces que necesites. — Recordó el pequeño caso de ceguera en su propio entrenamiento. Él mismo podía verificarlo de haberlo visto con sus propios ojos. —No solo sirve para puntos ciegos, también sirve incluso para la gente ciega. No es que “vean” de la noche a la mañana, o eso creo, pero sí pueden detectar la altura, el tamaño y el poder de una persona. — Elevó su mano libre, señalando sus ojos, activando esta vez su Kenbunshoku. —Ahora mismo, por ejemplo, lo he activado, y puedo verte. Si cierro los ojos, te puedo seguir viendo. No te veo físicamente, todo es negro, pero... — Cerró los ojos, para así demostrar que tenía esa confianza. —Incluso así, veo tu aura, el color de tu aura y el poder que tienes.

Volvió a abrir los ojos, despacio, para ver la belleza que se le presentaba frente a él una vez más. —Yo también estaba escéptico al respecto, hasta que lo aprendí y ahora lo uso muy a menudo. Claro que no puedes saber si una persona te va a atacar o no, pero sí notar otras cosas. — La pregunta que le planteaba sí que le resultaba algo más compleja. Rascó su nuca, tratando de pensar en una explicación más lógica. —A ver, claro, no es un músculo, pero lo desarrollas con mucha concentración. Lo más recomendable es enfocarse bien en lo que se pueda, tratar de estar atento a ti y a tu entorno. Por eso siento que estar en un lugar con mucha gente es buena idea, porque hay mayor concentración de emociones, esencias, auras...

Terminó de acomodarse en el taburete de la taberna, viendo a la camarera atender a Tezca con su deslumbrante y amable sonrisa. —Como desee señorita. ¿Algún té en específico es el que quiera, o prefiere a mi elección? — Esperaría a lo que quisiera elegir y se pondría manos a la obra, preparando el té y el café, en ese orden, y retirando dos sándwitches en dos platos distintos, entregándoselos a la pareja. Mientras estaba en ello, Jin la observó, con los ojos ligeramente entornados.

—Estuviste pensando en beber otra vez. Y luego me dices a mí del tabaco...

Elevó su mano, observando a la rubia de gafas, ahora recibiendo el café y el té a la vez. La pregunta le hizo pensar y recordar Arabasta, qué espantoso lugar para estar. —Fue en un casino. — Habló con calma. —Sohem nos dividió a un joven y a mí y nos hizo jugar, conseguir unos cuantos berries en las tragaperras y de allí buscarlo entre la multitud usando solo el Haki. — Ahora llegó el sándwitch, con sus utensilios, y colocó el mismo sobre cada uno. La mujer sonrió con satisfacción.

—Aquí tienen. ¡Disfruten y buen provecho!

Jin agradeció de vuelta, para volver a enfocarse con lo que hablaba con Tezca. Revolvió despacio el café, dando un primer sorbo y sentir la cafeína en su organismo. —El Casino es un lugar con mucha energía y mucha gente. Ganar, perder, apostar, incluso gente con problemas con el juego. Todo son emociones fuertes. — Fue cuando se le iluminó la bombilla, sus ojos abriéndose de par en par. —Mencionaste algo de un parque de atracciones en tu viaje cuando hablamos por Den-Den Mushi. ¿Crees que podamos encontrar alguno por aquí? Creo que también sería una buena opción.

Tomó los cubiertos, cortando el sándwitch a la mitad y comenzó a comer. Tan delicioso y picante como lo recordaba, sin lugar a dudas. Qué bueno que había regresado.

Cajita de Tabaco
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#6
Ante aquella demostración del Kenbumbo simplemente pude mirarlo sin hacer nada ¿Qué se supone que hiciera? Por medio segundo pensé en tirarle un puñetazo a ver si era cierto que podía ver pero no lo hice, tenía demasiadas razones de peso para no hacerlo así que solo ladeé la cabeza con confusión, apoyando ambos codos sobre la mesa para apoyar mi cabeza sobre ambas manos. Debía admitir que ahora me encontraba un poco más interesada. —¿De qué color es mi aura? ¿De que color es la tuya? ¿Y la de la mesera? ¿Cómo es que puede ver el poder? ¿Cómo se ve el mio? — Lo bombardeé con preguntas, recibiéndolo con una sonrisa apenas abrió los ojos.
 
Le dije a la camarera que cualquier té de su elección estaría bien, la verdad es que estaba tan pensativa que no se me había ocurrido alguna preferencia, mirando a aquel delicioso sándwich mientras volvía a sentir como mi estomago rugía ante el aroma. Sin esperar mucho más y omitiendo aquel regaño sobre mi consumo de bebidas alcohólicas, le pegué una buena mordida al sándwich, alzando la mirada para que el mayor se sintiera escuchado. —¡Que genial! ¿Me entiendes? Ese es un entrenamiento que nos gustaría. — En el nos, la primera persona en la que había pensado era mi confiable capitán, dándole otra mordida al sándwich mientras me lo pasaba con un sorbo del té.
 
Alcé la ceja con confusión, no quería arruinar su idea pero la verdad es que dudaba demasiado que en este lugar hubiera un parque de diversiones. —Bomboncito… ¿De verdad crees que en este lugar haya un parque de diversiones? ¿Me entiendes? Aparte… un parque de diversiones.— Sentí un inocente escalofrío recorrerme la columna, desviando por un par de segundos la mirada. —¿Y si mejor vamos a… un lugar donde hagan ritos funerarios? ¡oh! ¿Crees que tengan un dojo de artes marciales? — Apenas me di cuenta que ya iba por la mitad de mi sándwich, estirándome por una servilleta. —¿Tal vez mirándome al espejo? Tengo muchos sentimientos cuando estoy contigo, amor. — Le guiñé con coquetería, jugando con uno de los mechos de mi cabello.

 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
#7
Comenzó a comer también, disfrutando del sabor que hacía pocos días ya había disfrutado. Además, la pinta seguía siendo tan excelente como la primera vez que lo vio. Esperaba, sinceramente, que a Tezca también le gustara. Teniendo en cuenta que también le gustaba el picante, estaba seguro de que era así. El sabor era, sin duda exquisito y el crujiente del pollo divino en el sándwitch. Estaba masticando cuando llovieron las preguntas directamente a él. Cuanto más la veía, más bella le parecía. No importaba que ahora fuera una mujer, su perfección era, sin lugar a dudas, digno de envidiar.

—Bueno...

Tomó una servilleta, para así limpiarse la comisura de sus labios y quedarse limpio. —Tu aura es de un color similar a la arena, y bajo la luz del sol, encaja muy bien con tu cabello. La primera vez que lo vi me resultó tan hermosa como tú. — Aún no podía creer que tuviera tanta curiosidad. —La mía es... — Hizo un breve silencio, elevando la mirada, pensativo. —¿Sabes qué? La mía prefiero que se quede como sorpresa hasta que aprendas a usarlo. Lo bueno se hace esperar, ¿sabes? — En parte, así quizás buscaría un incentivo para que se esforzara, e intentara enfocarse más en hacerlo. Luego miró a la mesera, analizando con su Kenbunshoku su aura. La mujer estaba ocupada, ya que aparentemente ya estaban entrando más clientes para hacer pedidos. Elevó su diestra, cerrándolo en forma de puño, analizando esa aura. —La suya es de color verde. Es como ver un bosque. — Volvió la mirada, de vuelta, a Tezca.


—Tu poder se ve como el fuego. Llamas que te envuelven todo el cuerpo en ese marrón/beige tan precioso.

Hizo una pausa, descendiendo su mano hasta la taza, para tomar otro sorbo de su café. —Y la de ella es como un viento que gira a su alrededor. Cada uno tiene variaciones, colores distintos y formas distintas. El nivel de poder depende del tamaño del aura. Tú, por ejemplo, eres más fuerte y hermosa que ella.— Y también a sus ojos, por supuesto. Le pareció hermoso escuchar el estómago de la mujer, y ver cómo disfrutaba su comida. —No sabía que te gustaban los casinos.

Era de esperarse esa respuesta. Dejó la taza, despacio, sobre el platito en el que venía servido. —Bueno, nunca estuve en uno de todas formas. Mi idea había sido ir de compras a algún lugar, o una feria donde hubiera mucha gente. — De allí, perderse, y que el propio Tezca tuviera que encontrarlo por el Kenbunshoku. Claro que le sería difícil, pero era parte de lo que tenía que aprender, encontrarlo, buscarlo. —Dojos sé que sí hay, recuerda que hace no mucho fui a uno. — Porque, por supuesto, al final sí terminó contándole a qué había salido. El Busoshoku no se aprendió solo. —Pero no me parece mala idea ir. Los ritos funerarios no sé si podrían estar cerca... Y a saber si Eros estará por allí. — Porque, por supuesto, así lo había conocido. — El rojo ascendió por sus mejillas al escuchar sus últimas palabras, cubriendo su rostro. Parecía que el humo salía de su cabeza. Su tono coqueto no ayudaba. Trató de centrarse en terminar de comer. —Te aseguro que si estamos a solas delante de un espejo no solo tendremos muchos sentimientos. Por hoy intentémonos enfocarnos en entrenar.

Se volteó, para así estar de cara a la mujer rubia de gafas, sin apartar la mirada de ella. —¿Por qué no lo intentas ahora? Cierra los ojos, concéntrate en ti, y en tu entorno. Intenta ver más allá de la vista. Siente el ambiente, respira el ambiente. No te saldrá a la primera, pero es normal. Procura mantener esa concentración todo el tiempo, incluso cuando salgamos intenta hacerlo. Habrá un momento en que te dará una impresión de ver algo, o solo un destello de algo, un color de algo fuera de lugar, y luego dejes de verlo. Es normal que pase, pero inténtalo, tienes que hacerlo. Es como... volverte una con el entorno, por así decirlo, puedes ayudarte de tus sentidos.

Cajita de Tabaco
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#8
Huh… Nunca me hubiera imaginado que mi poder y “aura” tuvieran un color, mucho menos ese. Bajé la cabeza, mirándome las manos con alguna que otra migaja de pan como si ver mi propio cuerpo podría resolver alguna duda. Arena… arena… Fuego y arena ¡Siempre supe que era fuego! Pero me parecía escucharlo como si fuera una verdad absoluta y no simplemente una cuestión intrínsecamente esotérica. —Si no me dirás no me queda de otra, cuando lo sepa voy a reir mucho si es rosita o blanca y pura como la nieve ¿Me entiendes? — Fingí ofenderme, volteando la cabeza a un costado antes de regresar a mi sándwich.
 
Seguí el movimiento de su taza mientras hablaba, extendiendo el brazo para tomarla porque amar es compartir y quería probar ese café. Le di un sorbo mientras lo escuchaba, regresando la taza a su lugar como si nunca hubiera pasado. —¿Sabes qué? Lo estamos pensando demasiado y yo necesito ropa, total, yo sé que habrá una gran cantidad de emociones donde haya un traje bonito. — Me sentí satisfecho al ver como parecía haber estado afectado por mis palabras, terminando por acabarme aquella comida, suspirando de satisfacción: que buen sándwich.
 
¿Intentarlo? ¿Aquí? Las indicaciones que me daba eran en verdad… poco ilustrativas, lo que dirían algunos estafadores para robarte mientras “meditas” pero este no era cualquiera, era Jin, por lo que con algo de desconfianza hice lo que me indicó. Intenté concentrarme, puedo jurar que lo intenté frunciendo el ceño para intentar percibir a Jin, imaginarlo si es que eso sirviera de algo, percibir como me estaría mirando y… me harté.
 
Abrí los ojos con frustración, negando con la cabeza mientras soltaba un pequeño quejido. —Definitivamente a la primera no fui… No sentí nada, Jin ¿Seguro que así va? Mira, tal vez tenemos que cambiar de escenario… De seguro esta gente está muerta por dentro. — Me apoyé contra el respaldo de la silla, mirando al hombre y esperando que terminara de comer. —Tal vez… un par de lindos tacones me motive un poco. —
 
 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
#9
No pudo evitar elevar su mano libre, cubriendo sus labios en una pequeña y divertida risita contenida. Sus hombros hicieron el trabajo de hacer ver qué estaba haciendo y sus ojos, cargados de diversión, contemplaban a la mujer sin evitarlo. —De acuerdo, trato. Te dejaré reírte de mí todo lo que quieras cuando consigas verla. — Al final mantenerlo en secreto había sido un gran acierto. Estaba satisfecho con ello. Incluso con su gesto ofendido le pareció de lo más adorable. Se controló afortunadamente rápido, antes de que la mirada de la mujer regresara a él, elevando la mirada procurando disimular de forma quizás algo obvia.

Lo siguiente que pudo ver fue cómo, literalmente, su querido café le era arrebatado como si nada. No iba a mentir, prefería su café mañanero para sí, pero por otro lado, se trataba de Tezca, su novio... Novia. Al ver que regresaba la taza, la tomó de nuevo, dando un sorbo para disfrutar de nuevo de su sabor, escuchando las palabras de la mujer. Afortunadamente parecía que su idea inicial de llevarla a comprar ropa nueva y que allí se enfocara con el entrenamiento. Era mejor que llevarla a un lugar apartado, en medio de la vegetación, o que meditara bajo una cascada. Sabía bien que si tenían esa intimidad, las cosas no iban a terminar solo en un entrenamiento.

—Bien. Te compraré lo más bonito que puedas ponerte... Aunque mi ropa tampoco te queda nada mal.

¿A quién quería engañar? Le quedaba sexy. Su cabello recogido, además, le daba una elegancia única. Tomó una servilleta, limpiando los labios de su pareja con cuidado. —Sé que es un poco difícil de comprender, pero también lo es de explicar. Solo inténtalo, ¿De acuerdo? — y menos mal que lo estaba haciendo. La contempló, ahora viendo que se encontraba en modo concentración, elevando su mano hasta su mejilla, contemplándola sin apartar la mirada. Incluso con los ojos cerrados le seguía pareciendo la mujer más hermosa que había visto en su vida. Fue paciente, manteniendo él también activo su Kenbunshoku. Esperó a verla, con qué iba a intentar.

El fracaso era de esperarse, él tampoco lo había logrado a la primera, ni a la segunda... Ni siquiera comprendía lo que estaba haciendo cuando estaba entrenándolo. —No te preocupes, es normal. No es fácil. Cerrar los ojos no es del todo necesario, pero sí para concentrarte te sería más fácil. — Aprovechó para terminar de comer el sándwich. Sería una de las cosas que terminaría extrañando de Skypea. Además, la clara petición de la mujer ya le dio a entender que ya era hora de cumplir sus caprichos. Se adelantó un poco más rápido para terminar lo poco que le quedaba y llamó a la camarera para pagarle. Por supuesto, igual que el día que la conoció, fue generoso con la propina que le entregó. La muchacha, por supuesto, terminó con grandes agradecimientos y una sonrisa de oreja a oreja a la vez que se ponía en pie, elevando su mano para tomar la de Tezca.

—Muy bien, iremos a por esos tacones, pero sigue intentando concentrarte de camino y durante las compras.

Andó, abriendo la puerta frente a él, dejando pasar a Tezca y guiándose del camino que recordaba haber hecho cuando entrenó su Busoshoku. —No soy un experto en ropa, mucho menos de mujer, así que solo elije lo que más te guste o lo que te llame más la atención. No te preocupes por el precio. Primero tenemos que ir a por esa maleta que dijiste antes de salir.

Sin embargo, al llegar, el lugar parecía estar sorprendentemente activo. ¿Podría ser porque todavía seguían los participantes de los Juegos, y habían sido recientes? Era posible. Además, para agregar, parecía que habían incrementado las ofertas y había novedades. Eso era perfecto, tanta gente significaba que a Tezca no le resultaría tan difícil poder percibir las emociones, y con momentos de oferta, lograría que las personas estuvieran mucho más excitadas, condensando toda la energía que tenían.

—¿Y bien, mi amor? ¿Por dónde quieres empezar?

Lo mejor era dejarla a su elección. Había mencionado tacones, pero había todo tipo de tiendas que explorar donde podía echarle un ojo. Lo bueno era que la maleta, al menos a él, no le urgía. Él mismo era como una maleta portátil de por sí.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
#10
Era frustrante cuando las cosas no me salían a la primera, yo, tan magnifica, perfecta, brillante e inteligente ¿Qué una habilidad no viniera con naturaleza hacia mí, casi implorando ser usada y aprendida por mi brillante erudición? Era extraño y ciertamente trágico. Aún así no pensaba en dejarme vencer, tenía un maestro muy paciente y que me conocía bastante bien así que, si el decía que así iba esta situación, le haría caso.
 
Concentrarse ¿Teniendo tremendo hombre a un lado? Iba a ser una tarea un poco más complicada de lo usual, esperé a que el hombre terminara de pagar y se levantara para ir con él, siguiéndolo al tomar su mano. —No te preocupes, la buena ropa termina por encontrarme y nunca me he preocupado por el precio así que tampoco te preocupes por eso ¿Me entiendes? — Entre la caminata intentaba seguir con la mirada a alguna que otra persona, insistiendo en pensar que lograría algo más que ver lo físico. Nada, por el momento nada.
 
En el abarrotado lugar, lo que parecía ser la zona comercial que no dejaba de tener la estética misteriosa y admirable del resto de la ciudad, miré por los alrededores esperando no encontrarme con ninguna trampa de turistas ¿tan siquiera habría de esas por este lugar? Noté una tienda en especial, ropa de la zona y otros atuendos que parecían tener alguna ligera influencia externa. Caminé a la tienda con Jin de la mano, soltando la suya para adelantarme a ver uno de los vestidos expuestos. —Este es lindo. — Fue lo único que murmuré, notando la oportunidad que tenía frente a mi. —Espera, Jin, no te muevas—
 
Me concentré en la tela, intentando imaginar, concentrarme en la figura del conocido hombre detrás de mi ¿Qué podría estar sintiendo? ¿Cómo podría verse aquella aura que estaba diciendo? Me quedé así por un tiempo más, suspirando al sentir el dolor de cabeza comenzando a molestar ¿Había fruncido el ceño demasiado? Simplemente me moví a otra área, tomando un vestido parecido, mostrándoselo al pelinegro. —¿Qué opinas de este? Creo que es lindo…— No iba a decirle que fracasé otra vez.

 
 
Contrato confidencial: Tezca Norova


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