[EVENTO FACCIÓN-REV.]La llama de la Revolución [East Blue]
#1
Venimos de Este Tema

Me encontraba parado detrás de unos de los tantos pilares de la sala donde se llevaría acabo la reunión, yo Gol D. Ick, estaba cruzado de brazos, cubierto por absolutamente nada, pues mi hermoso y bien trabajado cuerpo desnudo, era un faro de oro que no debía ser opacado por la ropa.

Miraba con júbilo como el salón se iba a llenando cada vez más de revolucionarios, de soldados convencidos por nuestra causa, de aquellos que podía llamar camaradas, de aquellos hermanos unidos a nuestra causa revolucionaria.

Me quedé en silencio y vi como mis compañeros se fueron acercando de a uno a la plataforma, para pedirles a todos los reunidos que hicieran fila frente a ellos, según el mar de su procedencia, North, West, South y Grand Line, pero faltaba yo, el East, asi que mientras todos se iban acomodando yo me fui abriendo paso entre la muchedumbre, la luz de la sala me ayudaba pues esta rebotaba en mi dorado cuerpo y atraía miradas.

Una vez en la tarima tomé posición al lado de mis compañeros y dije fuerte y claro. – Muy bien camaradas de la Armada Revolucionara, !QUE FELICIDAD DE VERLES A TODOS AQUÍ..GOLDEN!, todo aquel que provenga del East Blue debe formar delante de mí, de manera organizada, pues estamos a punto de hacer historia y esta no conoce de casualidades golden !BU! – dije mientras sonreía y reía, a la par que observaba como la gente se iba formando, aproveche el momento para abrir los brazos de par en par y retome mi charla. – Permítanme abrazarlos a TODOS golden. Para aquellos que no me conozcan, mi nombre es Ick – comenté cruzándome de brazos con fuerza, para así marcar mis dorados pectorales, al mismo tiempo que decía. -  Soy el GRAN LIDER DE LA ARMADA REVOLUCIONARA, encargado del East Blue y permítanme recordarles que…. ¡LA REVOLUCIÓN NO ESMÁS QUE LA TORMENTA QUE DESTRUIRA TODO LO PODRIDO,GOLDEN! – Al decir esto alce mi puño izquierdo sonriente, con la intención de avivar con mis palabras y gestos los corazones de todos los presentes.
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#2
Atributos Personaje


El panda abandonó la melancolía de la luna llena para dedicarle una sincera sonrisa a su comandante, pero mucho más importante que eso, a su amigo Kisuke. Aquella sería una noche para anotar en las páginas de la historia de la Revolución. La noche en la que, en silencio y de forma casi procesionaria, revolucionarios de todo el mundo desembarcaban en absoluta clandestinidad hacia el páramo desértico de Báltigo en una noche de frío invierno. Todos juntos caminaban lentamente hacia su objetivo, aunque la mayoría no supieran cuál era este ni dónde se encontraba. Unos caminaban tensos ante la incertidumbre. Otros, como Bambú, caminaban con solemne seriedad plenamente conscientes de que era ahí y no en otro sitio donde debían encontrarse. Descollaba de entre la muchedumbre, como no podía ser de otra forma, la mano del Ejército, que con casi excesiva despreocupación fumaba y se abanicaba, quizás plenamente consciente de lo que les esperaba a todos los presentes en el lugar de reunión.

No era la primera vez que Bambú veía aquella fortaleza de piedra en medio de la nada. Durante unos meses habitó en ella, recuperándose poco a poco de la absoluta miseria que había vivido en Little Garden y recuperándose también de lo sucedido en Skypiea, en los Juegos de Zarutsuki. Fue allí donde vio por primera vez a Kisuke, su actual comandante, y a Zorak, un buen amigo del panda y más de Kisuke. Allí, en aquella isla, manifestó por primera vez su haoshoku de forma activa en un entrenamiento con sus dos nuevos compañeros. De aquella isla Bambú salió con una nueva esperanza de aventura hacia lo desconocido y, en cierto modo, regresaba a ella con una esperanza similar.

El grupo de recién llegados se adentró con silenciosa expectación en la fortaleza. Los ecos de una muchedumbre se intensificaban más y más conforme ellos bajaban por una escalinata interminable hasta llegar a su apogeo en un enorme patio de armas donde, para absoluto gozo de Bambú (y él estaba seguro que también para el gozo de todos los revolucionarios presentes), se exhibían con orgullo los estandartes del Ejército Revolucionario. Según el último grupo de rezagados terminaba de acceder al salón, una serie de figuras emergían de la muchedumbre con la intención de organizar a los revolucionarios en varios grupos.

Vallerie Dodgers apareció de entre un par de columnas y, obedeciendo a una actitud que el panda ya había experimentado con anterioridad, empezó, con escasa paciencia, a organizar a todos los revolucionarios que caían bajo su jurisdicción: aquellos procedentes del North Blue. Fue en este momento que Don Bambú supuso que tendría que separarse momentáneamente de su compañero, pues aunque viajaban juntos, el panda pertenecía en realidad al East Blue y se encontraba bajo la jurisdicción, si nada había cambiado, del mismísimo Gol D. Ick y no de Kisuke.

Y lo que sucedió a continuación no fue sino confirmatorio de sus sospechas, porque el comandante Kageyama, con un aire despreocupado que Bambú encontró admirable, se adelantó y se colocó en posición para formar de la misma forma a aquellos revolucionarios del West Blue. Le hubiera gustado acudir a la llamada de su camarada y personarse delante de todos realizando el saludo marcial para apoyarle, pero por un lado sabía que ese no era su deber y por otro también sabía que eso le pondría nervioso. Kisuke nunca terminaba de hacerse a la idea de que el panda fuera tan formal. Después de Kisuke, aparecieron dos comandantes más. Por un lado, comandando a los Ejércitos del South Blue, Porco Ghibli hizo acto de presencia en su forma porcina para organizar a los reclutas del sur. Por otro lado, una comandante que Bambú nunca había visto, la comandante de los Ejércitos del Grand Line. Sin duda aquella debía de ser una de las figuras más importantes, ya que en el Paraíso se encontraban las sedes más importantes del Gobierno Mundial.

Sólo faltaba un comandante en aquella tarima. Aquel frente al cual Bambú debía cuadrarse con una disciplina brillante para hacer honor a su brillante superior.

La aparición de Gol D. Ick no se hizo esperar. Una vez los otros cuatro comandantes hicieron acto de presencia en la tarima, organizando a sus respectivas fuerzas frente a ellos, el resplandeciente comandante se materializó de entre un par de columnas completamente desnudo y su cuerpo reflectante desvió toda la luz que le alcanzaba hacia sus espectadores. Sin esperar ni unos instantes, en cuanto el comandante Ick anunció que aquellos provenientes del East Blue debían formar delante suya, Don Bambú se abrió paso a través de la muchedumbre y se colocó en primera fila. Sus manos se elevaron marcialmente hasta los laterales de su cabeza y su lengua danzó libre, una vez abierta la boca, frente a las doradas gónadas de la Revolución. La enorme figura del panda era de las primeras en dar el paso y cuadrarse frente a uno de los comandantes actuando, esperaba él, como un faro para los jóvenes revolucionarios que debían hacer lo mismo.

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#3
El viaje desde Mogaro hasta Báltigo había transcurrido sin contratiempos. Kisuke había fumado conmigo durante buena parte de la travesía, uno de esos silencios cómodos que solo se construyen entre quienes comparten un ideal en común. Al bueno de Bambú le sometí a un interrogatorio disfrazado de conversación casual durante días y días de viaje, abanico en mano y cigarro en la otra, preguntando por todo lo que no aparecía en los informes con la curiosidad implacable de quien considera que el chisme es tan vital como la información oficial. Yoru iba y venía a su antojo por el barco antes de desaparecer en cuanto el Yoru's Paradox atracó en Báltigo, perdiéndose entre las rocas blancas de la isla como si llevara años conociéndola, que, en cierto modo, así era.
 
El patio de armas subterráneo era una bestia de otro calibre. Excavado en la roca viva de la isla, iluminado por centenares de antorchas y braseros cuya luz anaranjada rebotaba contra las columnas talladas a golpe de cincel que se alzaban a intervalos regulares de unos seis metros entre sí a lo largo de las paredes, era una maravilla de ingeniería moderna. Los estandartes con las siglas del Ejército Revolucionario que colgaban entre las columnas lo adornaban desde una altura de unos ocho metros hasta casi rozar el suelo. El espacio reunía a más gente de la que muchos de los presentes habían visto junta en toda su vida luchando por una misma causa, era revitalizador ver el alcance e impacto que nuestro ideal era capaz de convocar. Cinco filas se habían formado, cada grupo ocupando su flanco del patio formando delante mío una imagen que pocas veces en la historia del mundo había visto con semejante claridad: un ejército que no luchaba por un rey, ni por una bandera, ni por dinero, sino por la idea de que el mundo podía ser distinto.
 
Recorrí los veinte metros que separaban la entrada del patio de su centro con una calada larga al cigarro, con las sandalias de madera repiqueteando sobre la piedra en cada paso, el sonido rebotando entre las paredes excavadas en la roca y perdiéndose entre el murmullo de la multitud hasta que esta fue apagándose sola, atraída por mi figura de sombrero a rayas y capa verde que avanzaba sin prisa hacia el frente. Me detuve a unos cinco metros de las primeras filas, abrí el abanico y lo agité despacio sobre el costado izquierdo de mi cara, dejando que mis ojos grises recorrieran cada rincón del patio de extremo a extremo antes de volver al frente y reclamar la atención de los presentes – “Bienvenidos todos” – exclamé con voz jovial, permitiendo que el murmullo de voces muriera antes de continuar – “para quienes no me conocen me llamo Alhen Geouis.” –  dije, permitiendo que las paredes de piedra del patio transportaran mi voz hasta el último rincón de la sala – “Soy una de las Manos de Elisabeth D. Kaiten, es decir, de nuestra líder. He navegado hasta aquí desde el Nuevo Mundo para estar presente en el momento más importante de nuestra causa, y si han llegado hasta este patio esta noche es porque cada uno de ustedes forma parte de algo que ningún gobierno, ninguna armada y ningún almirante del mundo ha sido capaz de detener.” – hice una pausa breve, di una calada larga al cigarro y avancé otros tres pasos hacia la derecha antes de girarme de nuevo hacia la audiencia, señalando con el cigarro hacia donde se encontraban los comandantes a unos diez metros de distancia.
 
“Esta noche están en presencia de cinco de las personas más influyentes que tiene nuestra causa.” – el humo del cigarro dibujó un arco en el aire iluminado por las antorchas cuando se;ale hacia donde se encontraba el primero de las figuras a quienes presentaría – “Porco Ghibli, Comandante de los Ejércitos del Sur. Es un misterio de pies a cabeza, el mejor espía que tenemos, el hombre que mueve el contrabando con la precisión de un relojero y que ha salvado más barcos y más vidas de las que ningún marine salvará jamás. Si alguna vez llegó información vital a sus manos fue porque este hombre la consiguió primero.” – hice una pausa permitiendo a la audiencia procesar la información, di una calada y caminé cuatro pasos hacia la izquierda antes de girarme de nuevo hacia la audiencia. Llevé la mano a la Princesa Carmesí y la desenvainé sosteniendo la hoja recta de acero ennegrecido frente a mí antes de señalar con ella hacia el flanco contrario a unos quince metros – “Vallerie Dodgers, Comandante de los Ejércitos del Norte. La mejor tiradora que ha producido esta Revolución. Comanda la unidad de francotiradores y conoce cualquier terreno mejor de lo que sus propios habitantes lo conocen. Si alguna vez sintieron que alguien les cubría las espaldas seguro era ella.” – envainé mi espada con el mismo sonido limpio con el que la había desenvainado, avancé otros cuatro pasos hacia el centro y me detuve. Abrí el abanico despacio y lo agité sobre el costado izquierdo de mi cara mientras recorría a la audiencia con los ojos antes de señalar con él hacia el siguiente comandante – “Gol D. Ick, Comandante de los Ejércitos del Este.” – hice una pausa de un segundo, dejando que el nombre resonara entre las columnas – “No necesita presentación, pero se la merece de todas formas. Ha entregado cada fibra de su ser a esta causa con una intensidad que solo él es capaz de sostener. Es excéntrico, es imprevisible, y es exactamente el tipo de persona que necesitamos para triunfar.” – cerré el abanico de golpe, caminé otros tres pasos y me detuve frente a la audiencia. Me quité el sombrero a rayas con la mano izquierda, dejando al descubierto por un instante los pequeños picos capilares que se creaban sobre mi cabeza, y lo sostuve frente a mí en un gesto que era a la vez una reverencia y una presentación – “Kisuke Kageyama, Gran Líder de los Ejércitos del Oeste. El hombre que plantó cara a un almirante de la Marina y volvió para contarlo. La razón por la que el Reino de Mogaro se haya unido a nuestra causa. Si esta Revolución tiene futuro, es en parte porque hombres como él decidieron que lo tendría.” – Me coloqué el sombrero nuevamente despacio, dejando que la sombra del ala volviera a caer sobre mi mirada. Caminé otros tres pasos y con un movimiento brusco de la muñeca hice que la capa verde oscuro ondeara hacia un lado, señalando con el gesto hacia donde se encontraba la última figura de los cinco a presentar – “Anna Saoki, Comandante de los Ejércitos del Gran Line. Con su música se opuso contra un sistema que enriquecía a los ricos y empobrecía a los pobres, y llegó hasta aquí. Eso les dice todo lo que necesitan saber sobre ella.”
 
 
Guardé silencio y me detuve frente a la fila que habían formado los oriundos del South Blue. Terminé mi cigarro con una ultima calada que anunciaba el fin de algo más y, cambiando de voz completamente a una más baja, más afilada, llena de peso y tan diferente a la anterior me volví a dirigir a la audiencia – “Antes de que esta asamblea comience, hay un asunto que resolver.” – mi voz viajó por el patio sin necesidad de alzarse, rebotando limpiamente entre las columnas de roca hasta los últimos rincones de la sala – “El camarada Porco me informó de la identidad de un traidor en nuestras filas.” – hice una pausa de dos segundos, dejando que el silencio del patio hiciera su trabajo – “Lo hemos verificado. No hay margen de error ni lugar para la duda.” – fijé mis ojos en la figura del traidor y pude ver su rostro lleno de terror. Lo sabía perfectamente, al intentar engañarnos había cavado su propia tumba. Salté al frente cubriendo la distancia a gran velocidad, la capa verde oscuro ondeó detrás de mí mientras avanzaba, mis pies dejando la piedra del suelo con una ligereza que contrastaba con la gravedad del momento, cerrando la distancia en un instante. Junté los dedos de la mano derecha en tres secciones, pulgar solo, índice y corazón juntos, anular y meñique juntos.
 
– “¡RYU NO KAGIZUME!” –
 
Mi mano convertida en una garra de dragón encontró la cabeza de mi objetivo con una potencia que hizo vibrar el aire a mi alrededor. Yamaguchi, el hombre de la camisa blanca con los botones abiertos dejó de estar entre los vivos antes de que su cuerpo terminara de caer, su cabeza aun en mi mano derecha arrancada completamente del cuerpo. Con la mano contraria lancé al aire un puñado de octavillas que se dispersaron por el patio como hojas en el viento, cayendo entre las filas, sobre los hombros de los presentes, sobre el suelo de piedra iluminado por las antorchas. En cada una de ellas estaban las pruebas, todo lo que necesitaban saber sobre Yamaguchi y sobre quién le había puesto allí.
 
Las pruebas contra Yamaguchi

Tome una bolsa de cuero que portaba para la ocasión con mi mano izquierda que tras lanzar las octavillas estaba libre de nuevo, y dejé que el silencio del patio respirara durante un instante largo antes de hablar de nuevo – “Arrastrarse para adentrarse en un lugar donde no eres bienvenido es lo más bajo a lo que puede caer un ser humano.” – mis ojos recorrieron las filas sin prisa, tocando a cada uno de los presentes durante un instante – “Los años de esfuerzo y dedicación de cada uno de ustedes, la sangre que ha costado llegar hasta aquí, no serán manchados mientras yo esté de pie. Esto es lo que le espera a todo aquel que traicione una causa tan noble como la nuestra.” – guardé la cabeza del traidor en la bolsa de cuero, la cerré y regresé a la plataforma de la cual había saltado.
 
Volví a mi voz habitual, y con ella volvió también algo del peso que había llenado el patio durante los últimos minutos, dejando espacio para algo distinto, algo más grande todavía – “Pero vaya bochorno me ha dado” – dije sacando un abanico de mi gabardina y empezando a agitarlo sobre el lado izquierdo de mi cara – “les pido una disculpa, pero no podíamos permitir que semejante ser tuviera la suerte de presenciar lo siguiente” – mis ojos recorrieron las filas una última vez para luego decir con aire formal – “les pido por favor silencio total, ni una sola interrupción, murmullos ni movimientos innecesarios.” – me giré hacia el fondo del patio donde unas gruesas cortinas de tela oscura colgaban desde el techo hasta el suelo, avancé los diez metros que me separaban de ellas y asomé la cabeza entre los pliegues – “Señorita Lilly” – dije en voz baja – “estamos todos. Todos menos él, como siempre.” – hice una pausa breve antes de añadir, más bajo todavía, solo para ella – “El mundo está listo para recibirle.” – me aparté despacio, me coloqué el sombrero, abrí el abanico y lo agité una última vez sobre el costado izquierdo de mi cara antes de volverme hacia la sala con una sonrisa.
 
El momento había llegado.
 

 
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Belico

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#4
Poco a poco se iba formando una muchedumbre de revolucionarios procedentes del East Blue a espaldas del panda. Activó su kenbunshoku en su nivel inferior y lo expandió en un radio de 100 metros a su alrededor para curiosear las auras de sus compañeros con la intención de sentir sus fuerzas y saber qué grupo de revolucionarios resultaba más interesante. La mayoría de brillos eran tenues en lo que a su poder respectaba. Esto era normal, pues poca gente en el mundo podía jactarse de ser verdaderamente fuerte. Los comandantes, como era normal, brillaban como estrellas en la noche. Una sonrisa orgullosa cruzó el rostro del panda cuando se dio cuenta de que Kisuke, cómo no, estaba a la par con el resto de comandantes excepto con aquella que comandaba las fuerzas del Grand Line. Le alentó además darse cuenta de que su propia fuerza no distaba tanto de la de la mayoría de los comandantes, pero no pensaba detenerse ahí. Sabía que en el mundo había fuerzas que le superaban por mucho y era su trabajo como Mariscal de la revolución seguir mejorando y haciéndose más fuerte para disminuir estas diferencias.

Entre los reclutas de rango indeterminado había gente interesante también, aunque era difícil verlos con claridad entre tanta gente. El que sí que no pasaba desapercibido era un gigante de unos veinte metros de altura que se había posicionado en lo que Bambú creía que era el escuadrón del West Blue. A veces era difícil saber dónde pretendían ponerse los gigantes realmente porque solían terminar estando en múltiples formaciones en atención a su tamaño. Otros brillos interesantes se perdían en la enormidad de la muchedumbre del ejército, de modo que Bambú no hizo el esfuerzo por ponerse a buscar con la mirada a sus compañeros más prometedores y se mantuvo atento a lo que sucedía en la tarima.

Era evidente que después de los comandantes tenía que hacer aparición la mano del ejército para dar paso a la comandante suprema del ejército. Pero aunque el panda se esperase la presencia de Alhen, no podía evitar ponerse nervioso ante su superior directo por encima de Kisuke. Su aura brillaba como el sol en el cielo despejado y era con diferencia el más poderoso de todos los presentes en los que se había podido fijar el panda. Escuchó con toda su atención las palabras de la mano, tratando de guardarlas en lo más hondo de su memoria. Empezó con Porco Ghibli, el mejor espía de la Revolución cuya identidad secreta secreta no conocía nadie, y siguió con Vallerie Dodgers, una tiradora sin igual en las filas libertarias. Gol D. Ick, el individuo más extravagante de entre los comandantes fue el tercero y después Kisuke. Bambú sacó pecho y se cuadró más todavía, si es que eso era siquiera posible, ante la presentación de su camarada de escuadrón. Finalmente Anna Saoki, que era la comandante del Grand Line y que parecía tener algún tipo de relación con la música.

El panda contuvo el aliento, porque después de la presentación de los comandantes vendría, o eso imaginaba él, la otra mano de la Revolución y, finalmente, la Comandante Suprema del Ejército. Sin embargo, para sorpresa de, seguramente, todos los presentes, se produjo en la voz de Alhen un cambio que Bambú recordaba muy bien. Al parecer había un traidor entre sus filas. Bambú se giró sobresaltado para mirar a la muchedumbre a sus espaldas como si fuera a identificar a un traidor a simple vista. ¿Sería Kovashi? Fue la primera persona que se le vino a la mente, pero no lograba identificar su aura entre todos los presentes. Se giró de nuevo hacia Alhen, el cual ya había desaparecido de donde estaba y tras buscarlo nuevamente ayudándose del haki lo encontró entre los revolucionarios del South Blue, aquellos bajo la jurisdicción de Porco Ghibli. Era imposible ver entre todas esas personas quién era la persona alcanzada por Alhen, pero a juzgar por las manchas de sangre en aquellos que tuvieron la desgracia de estar en sus inmediaciones, ya debía de estar muerta. —Si fuera Kovashi habría aguantado más de un golpe. —pensó el panda. Algo tenso, Bambú escuchó las palabras de Alhen a continuación. Mientras él siguiese en pie, no serían mancillados los sacrificios de todos los revolucionarios presentes. Asintió en silencio para sí mismo, pues estaba de acuerdo con el castigo del infractor. La traición al Ejército era un crimen inconcebible a ojos del panda y debía pagarse con la vida. Ese era el destino de los traidores y ese sería el destino de su viejo amigo.

Volviendo a su voz más sosegada y menos seria, Alhen llamó a la calma de todos los presentes. Ni una interrupción, ni un murmullo ni movimientos innecesarios. Bambú se quedó inmóvil, siguiendo a Alhen con la mirada según este se acercaba al espacio que ocupaban, al fondo del patio, dos gruesas cortinas que ocultaban, sin lugar a dudas, a la persona más importante de la Revolución. Tragó saliva incapaz de controlar los pálpitos acelerados de su corazón y aguardó, porque era lo único que podía hacer en aquel momento.

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#5
Cientos o miles de personas, hombres y mujeres de todas las razas y de todas las partes del mundo estaban reunidos aquí, en la primera asamblea, para dar un paso en dirección al cambio del mundo en su totalidad. Cientos o miles de personas... eran tan difícil concretarlos a todos ellos... saber cuántos eran... y aunque me encantaría poder escuchar sus historias, comprender su dolor, conocer la motivación detrás de sus pasos para querer luchar conjuntamente para abolir la tiranía de los opresores, pero me era imposible tener el tiempo material para poder tener esa conversación con absolutamente todos ellos.
¿Cuántos habría realmente? ¿Qué esperarían de la asamblea? ¿Qué esperarían de mi? ¿Sería suficiente como para poder inspirarlos? ¿Estaba nerviosa? Negué con la cabeza y miré mis manos por la palma y el dorso, alternando ambas posiciones con calma y lentitud fijándome en las líneas y las marcas de las mismas y unas pequeñas llamas rojizas danzando en ellas.

La cabeza de Alhen salió de entre las cortinas llamándome por mi apodo más cercano y sacándome de mis propias preocupaciones, diciéndome que todos estaban ahí a excepción de él. Sonreí cerrando los ojos — El Puño siendo El Puño ¿no? — contesté sonriendo dándole respuesta normalizando la ausencia de una de mis dos manos — Se encargará de que no nos molesten — declaré con seguridad y diversión. Era el hombre más confiable y fuerte que conocía, pero sabía que era un alma completa y absolutamente libre. El día que lo necesitase, estaría ahí, pero mientras tanto sabía que todo lo que hacía era guiado por su corazón, y su corazón era la Revolución en si misma.
Mientras Alhen desaparecía de nuevo, me levanté y alisé mi falda con las manos apagando las llamas que había en ellas y me dispuse a salir a recibir a todos los presentes. Suspiré, introduje las manos entre ambas cortinas y haciéndolas a un lado cada una de ellas emergí hacia el lugar de recepción de discurso que teníamos preparado.




En cuanto salí a escena extendí ambas manos de lado a lado mientras caminaba hacia el frente, recibiendo una ovación y un griterío de júbilo por parte de todos los presentes que aplaudían y silbaban a la vez mientras recorría la distancia hacia el extremo de la zona elevada para estar más cerca de ellos. Al alcanzar ese extremo llevé mis pulgares a mis sienes, el resto de los dedos hacia el techo, con los codos desplazados hacia fuera y saqué la lengua realizando el saludo formal y oficial de los Revolucionarios - idea original de El Puño, por cierto - mientras reía alegremente mostrando mi sonrisa a todos — ¡Qué alegría veros a todos! — declaré sonriendo deshaciendo el saludo y comenzando a saludar mientras los saludos y los gritos se mantenían en el ambiente, pasando así un par de minutos hasta que el recibimiento se calmó.

Alcé el puño izquierdo cerrado al aire para que todos guardasen silencio, y me dispuse a hacer lo que había venido a hacer.
— Gracias a todos por venir — dije con honestidad, elevando el tono para que pudiesen escucharme bajando el puño para dejar la mano relajada al lado de mi cadera — Es increíble ver cuántas buenas gentes se han unido a esta causa, no puedo estaros más agradecida por dedicar vuestras vidas a conseguir un futuro justo e igualitario para todos — e hice una pequeña pausa para mirar y apreciar realmente cuánta cantidad de personas había ahí, deduciendo que no podía llegar a escatimar con exactitud la magnitud de aquellas personas.
— Sé que todos habréis oído hablar de mi, aunque no muchos me hayáis visto hasta ahora en persona... Soy Elizabeth D. Kaiten, nací en Amazon Lilly y actualmente soy considerada la Emperatriz de las Kuja además de la malvada líder de los apestosos maleantes que van contra el maravilloso gobiernoooo uuuuh — dije poniendo tono de falso terror, como cuando intentas asustar a un niño pequeño, y reí llevándome la mano a la boca cubriéndola en parte — Tsutsutsutsutsu — suspiré y volví a adoptar una postura neutral bajando la mano a mis caderas — Alhen ya os ha presentado a todo el mundo de mi círculo de confianza personal, a excepción de la ausencia de un gran amigo que se dedica al trabajo de campo más arriesgado y directo... a quien algún día conoceréis sin duda en persona, le llaman "El Puño de la Revolución", seguro que ya sabéis a quien me refiero — entonces arrastrándose rápido pese a su grotesco tamaño, una serpiente blanca con manchas azules muy obesa se deslizó desde la zona de las cortinas hasta estar cubriendo mi espalda — ¡Y esta es Katsuyu! Mi mejor amiga y mi dietista — me incliné un poco hacia delante con gesto cómplice guiñando un ojo — Se encarga de que coma lo justo y necesario comiéndose todo lo demás ella tsutsutsutsutsutsu — bromeé riendo y negué con la cabeza y la mano volviendo a mi postura anterior — Sólo bromeo, me ha salvado la vida más veces de las que puedo contar... — añadí pasando mi mano por la cabeza de la serpiente que se acercaba a mi costado derecho, con cariño y mimo.

— Hoy es un día histórico para toda nuestra causa, camaradas. Hoy nos reunimos en la isla que fue nuestra primera base y refugio para honrar a los camaradas caídos, para elogiar a los camaradas presentes, y para planear los pasos del futuro. Hoy, me impresiona poder ver cuántas personas estamos aquí reunidas y cuántos de vosotros, vosotras y vosotres habéis decidido dar vuestra vida para construir un mundo sin la tiranía del Gobierno Mundial. El camino de la rectitud está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos y hoy, aquí, por fin, establecemos un antes y un después para nuestra causa y tomamos acción de forma definitiva estableciendo unos conceptos y misiones claros en los que vamos a dejarnos la piel, el sudor, la sangre y la vida si hace falta, para poder terminar de decantar la balanza a nuestro favor — el eco de mis palabras llenó la cámara en la que estábamos y resonó varios segundos cuando paré a tomar aire — Desde hoy os hago el juramento que en su momento hice sobre mi propia convicción, un juramento en el que os prometo mi vida si vosotros me prometéis la vuestra para dedicarlas todas juntas para lograr la libertad, la verdad, y la igualdad. Hoy la Armada Revolucionaria por la Liberación del Pueblo dará un paso al frente, y desde hoy NADA SERÁ IGUAL PARA ESOS OPRESORES — finalicé gritando y mientras los expandía a ambos lados de mi cuerpo, convertí mis brazos en mis dos flamígeras alas carmesíes con un sonoro sonido seco de ignición, ampliando la envergadura de mi presencia y haciendo que pequeñas virutas de brasas candentes se esparciesen a mis lados — HOY EL FUEGO DE LA REVOLUCIÓN ARDERÁ CON MÁS FUERZA QUE NUNCA, Y LOS PODEROSOS TEMBLARÁN EN SUS CASTILLOS Y FORTALEZAS SABIENDO QUE SE LES AGOTA EL TIEMPO ¡HOY COMIENZA EL MAÑANA! ¡¡HOY DAREMOS INICIO A LA CAÍDA DEL RÉGIMEN DEL MUNDO!! — grité a pleno pulmón haciendo resonar mis palabras aun más que antes, mientras el zumbar de las lenguas de fuego de mis alas y el brillo de estas mismas mantenían el foco en mi reforzando mi discurso.

Y al terminar, cuando el eco de mis palabras se diluyó en los recovecos de las paredes, el griterío del inicio en mi llegada parecía un susurro en comparación con el ruido que se hacía hoy.
La Revolución saldría de este lugar reorganizada, reubicada, concreta y con sus efectivos enfocados en realizar distintas tareas dependiendo de la zona en la que estuvieran. Las instrucciones eran claras, Alhen podía explicarlo todo a cada Comandante y estos a sus subordinados. Pero mi presencia era necesaria. No podía esperar su lealtad y su dedicación si yo no daba la cara ante todos ellos.





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#6
Se dio cuenta de su presencia antes de que se abrieran las cortinas que la ocultaban. En un principio no la había notado, lo cual parecía completamente inverosímil. El poder de Elisabeth D. Kaiten sobrepasaba con creces toda fuerza que el panda hubiera experimentado a lo largo de su vida. Sin embargo, había una lógica detrás de esta pequeña falta de percepción. Don Bambú había estado buscando una presencia fuerte como la de Alhen, algo más brillante si cabe, pero el brillo de la Comandante Suprema era tan intenso que lo impregnaba todo. Era, de alguna forma, como intentar buscar Madrid desde la Puerta del Sol.

La exuberante mujer hizo aparición de entre las cortinas extendiendo sus brazos hacia su devoto público. El panda, que estaba bastante nervioso, decidió unirse a la ovación con un potente grito de júbilo. Sus palmas chocaban con fuerza la una contra la otra provocando sonoros aplausos que se fundían con los del público. No cabía en sí mismo de la emoción, porque finalmente allí estaba, delante suya, la persona que le daba sentido a todo. Se trataba de una Kuja, lo cual delataba su inmensa belleza, y era bastante bajita desde la perspectiva del panda, que siempre se había imaginado a la Comandante Suprema como una persona más grande que él. En cuanto hizo el saludo oficial de la Revolución el panda lo devolvió al momento, cuadrándose militarmente y regresando a la marcial seriedad que le caracterizaba frente a sus superiores. Elizabeth parecía una mujer extremadamente agradable. Poseía un carisma natural y tenía una voz cautivadora. Tanto era así que cuando ella hablaba, Don Bambú nunca se atrevería a interrumpirla. No sólo porque era su superior, sino porque sería un crimen impedirle que hablara. Sencillamente no estaría bien. Se bebió su discurso como si estuviera sediento de agua en el desierto. Hizo rápidamente la conexión con su estatus en Amazon Lilly en cuanto mencionó la isla, la cual conocía bastante bien a través de los libros y no se sorprendió cuando mencionó que se trataba de la emperatriz de las Kujas. Después de todo, no había nadie más adecuado para liderarlas que ella, a ojos del panda. Sonrió con el chiste de los maleantes de la Revolución y asintió solemnemente ante la mención de "El Puño". La segunda Mano del Ejército, segunda en el sentido de que primero había conocido a Alhen, claro, era una leyenda. Una leyenda como todas las que se encontraban sobre aquella tarima ahora mismo.

Una serpiente con un severo caso de obesidad hizo acto de presencia a espaldas de la Kuja, acercándose a ella con expectativas de cariñitos. Don Bambú estaba seguro de que la mayoría de los hombres y mujeres presentes en aquella reunión desearían ser esa serpiente ahora mismo, él, desde luego, también lo hubiera deseado. Después de la presentación de la serpiente, el discurso de la Elizabeth adquirió un tono mucho más beligerante. Sus palabras inflamaban, estaba seguro de ello, los corazones de todos los presentes como inflamaban el corazón del panda. Sentía en las palabras de la Comandante Suprema las suyas propias expresadas con una claridad cristalina y un carisma arrollador. Fue entonces cuando dos enormes alas llameantes de un color parecido al pelo de Garnet, aunque bastante difícil de percibir correctamente para el panda, surgieron en lugar de los brazos de ella. Bambú se quedó mudo, anonadado ante la increíble presencia de su líder y el fuego que de ella emanaba reflejado en sus ojos desorbitados. —Esto es sin lugar a dudas... ¡Suzaku! —Sus estudios habían dado sus frutos. Conocía de sobra las frutas del diablo mitológicas como para no asociar las alas y el fuego al ave legendaria guardiana del sur.

Cuando el discurso de Elizabeth terminó, el público estalló en ovaciones muchísimo más potentes que las que recibieron a la Comandante Suprema y Don Bambú se unió a ellas con un fanatismo incendiario que le caracterizaba. De algún modo toda posibilidad de derrota se había desvanecido de sus mentes. Ante el Ejército que se levantaba en armas aquella noche no habría defensa alguna que pudiera detenerlo. La Revolución, finalmente, había llegado.

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#7
Tras el discurso de Elizabeth, finalmente la chispa que daría paso al incendio más grande de la historia estaba sobre el tablero de juego. Los Revolucionarios dejaban hoy de ser un grupo de personas disidentes dispersas por el mundo simplemente unidos por un sentimiento pero sin organización. Hoy pasaban a ser una fuerza militar fuerte, grande, unida, responsable y comprometida con un único objetivo sólido en común de forma inamovible: Derrocar al Gobierno Mundial.


Las alas de fuego de la líder de los Revolucionarios serían la antorcha en la oscuridad y la luz del faro que guiaría a todos los presentes hacia la victoria, tarde o temprano. Esas mismas alas se desvanecieron ante la vista y el júbilo de todos los presentes para volver a dar paso a los brazos y manos de la Emperatriz de las Kuja, quien saludaba con energía y una sonrisa enorme - y para los que mejor vista tuvieran - con ojos vidriosos apunto del llanto, completamente feliz y emocionada por lo que habían conseguido crear y encarrilar. Por lo que esto se estaba convirtiendo y en lo que se iba a convertir. Por el sueño de un mundo libre, seguro, igualitario y justo.
Por la Revolución.

Tras unos minutos Alhen acompañó a Elizabeth y Katsuyu fuera del escenario, tras las cortinas nuevamente, y los Comandantes de las zonas respectivas, los cuatro Blues y el Grand Line, dieron instrucciones y órdenes claras a todos los que estaban bajo su mando. Aun tendrían una semana más en la isla para hacer y deshacer a su antojo y entablar futuras amistades y contactos entre ellos, algo que en el futuro podría ser determinante o incluso salvarles la vida si lo usaban de forma inteligente.

Justo una semana después de este momento los barcos y métodos de transporte de la revolución llegarían de nuevo a Báltigo para devolver a las personas que estaban en la isla al lugar del que procedían... o a donde quisieran ir. Los barcos personales de los que habían venido hasta aquí por sus propios medios estaban en los puertos a buen recaudo y ni la Marina estaría tan loca de intentar una ofensiva contra los Revolucionarios en su propia sede albergando tantas figuras de poder. Podría parecer un movimiento interesante tratar de acabar con todos los presentes de una sola vez, pero el coste de recursos y bajas de enfrentar a Elizabeth, Alhen, Anna, Vallerie, Gol, Marco y Kisuke juntos en un mismo sitio sería inasumible y requeriría del despliegue de los tres almirantes al mismo tiempo para tener alguna posibilidad.

Durante esa semana el futuro de la revolución se alzaría y... el Gobierno Mundial, tendría sus propios problemas por la mano de otra persona...
O debería decir, por el puño de otra persona...





Fin del evento

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