[Priv. | Pasado] As de corazones
#1
20 de primavera, Año 17 ❥ Baterilla

I've screaming on the inside, and...I know u' feel the pain, can u' hear me?

─ ♚ ─

Un par de días habían transcurrido desde el “incidente de la 81”, o así había escuchado que los terminaron nombrando en los pasillos del cuartel al enterarse como Alex, el gigante que componía su división terminó raptándolos hacia el bosque contra lo que asumieron, fue la voluntad del grupo. Si bien, los rumores no le importaban en lo más mínimo, el recuerdo de la situación si la hacía sentir absolutamente incompetente.

Algo que no reconocería frente a nadie más que sí misma.

No podía quitarse de encima la absoluta certeza de no tener el control de lo que estaba pasando aquel día, cuando el caos pareció hacerse dueño de todos allí y como esa sensación de ser alzada del suelo contra su voluntad, terminó recordándole que, a pesar del tiempo transcurrido, aún estaba en la marina desde que se enlistó. Que aún no había conseguido salir de baterilla ni del South Blue, que encerrada en ese cuartel no conseguiría encontrar a Aelira, que no importaba cuantas veces entrenase aun no lograba correr hacia el frente con el impulso necesario para dominar aquel giro perfecto sobre su propio eje, esa secuencia precisa donde las espadas parecían extender la línea elegante de su cuerpo con una gracia hermosa y letal…como si repetir esos movimientos una y otra vez pudieran borrar esa sensación amarga que aun llevaba demasiado adherida bajo la piel.


El patio interior de prácticas ya estaba casi vacío a esas horas, donde las líneas anaranjadas del sol sobre el cielo primaveral, esas que comenzaban a descender lentamente sobre las paredes del lugar, les recordaba a los reclutas que era momento de dejar sus funciones para descansar. Lo único que delataba su presencia en aquel lugar, eran el eco de sus jadeos llevados por el viento a causa del esfuerzo físico que hacía para intentar dar el giro perfecto que seguía buscando.

Se inclinó lentamente hacia adelante con ambas espadas aún aferradas entre sus manos, algunos mechones oscuros habían terminados pegados por el sudor contra la piel clara de su cuello, escapando de la coleta alta, esa que siempre usaba cuando entrenaba. En aquel rostro de líneas suaves y pecas dispersas, la delicadeza de sus facciones contrastaba con la firmeza orgullosa de su mirada, con el rubor que, a causa del esfuerzo, encendía sus mejillas. Aun así, seguía sosteniéndose erguida entre jadeos y el cansancio evidente, como si su propio orgullo le impidiera admitir que necesitaba detenerse.

Incluso agotada, había algo difícil de ignorar en ella. Tal vez era la forma en que sostenía ambas espadas con una seguridad de quien ha hecho eso por años, tal vez en esa tozudes orgullosa de desafiar sus propios límites y su propio cansancio. O quizás... la forma en que el uniforme de deporte terminaba acentuando la silueta firme de su cuerpo, intentando, sin suerte, suavizar las curvas marcadas que acompañaban cada uno de sus movimientos.

Y entre esos jadeos, la Archeron intentaba controlar su respiración mientras observaba su meta a unos metros de ella: ese poste de madera que había tenido la mala suerte de que Nyx lo eligiera siempre como su compañero de entrenamientos, y que terminaría convertido en astillas más temprano que tarde. Fijo su objetivo mientras sus delicados dedos, ahora cubiertos de vendas para intentar que el daño de sus manos no siguiera expandiéndose, se cerraron con más fuerza de la requerida sobre la empuñadora de las espadas que llevaba a cada mano. Buscaba una salida más explosiva, una que le diera el empuje necesario para alcanzar la rapidez que necesitaba para cargar hacia el frente mientras giraba con esa gracia hermosa y letal bloqueando un potencial ataque.

Inhalo una sola vez.
El aire de la tarde llenó sus pulmones y…en la exhalación se movió.

Corrida.
Impulso.
Pivote.


La espada de su mano derecha no consiguió bloquear como ella lo esperaba.

Retrocedió.

Otra vez.

Y otra vez.
Y otra vez.
Y otra vez.

Y otra.

La punta de su zapato izquierdo raspo el piso nuevamente al aterrizar. 
Otra vez estaba demasiado lenta, demasiado rígida para lo que buscaba lograr.


Su cuerpo se tensó al momento que retrocedía nuevamente hacia la marca que ella había puesto como carrera inicial. Probablemente para otro que viera la ejecución podría calificarla de aceptable y dejarlo ahí, ir a tomar una ducha para hacerle caso a los músculos que gritaban que se detuviese entregándoles el descanso del agua caliente, pero no para Nyx; no importaba cuantas veces lo intentase ya, siempre había algo, siempre quedaba algo, si no era su mano derecha, era su pie izquierdo, si no era el ángulo de giro, era el poco impulso de la carrera inicial. Un segundo tarde, un movimiento brusco, una pérdida de equilibrio que otros podrían ignorar.

Pero no ella.

Nyx no podía permitirse fallar…no podía fallarle a Aelira y si no lograba tener el control de su propio cuerpo ¿Cómo conseguiría ayudar a su hermana? ¿Cómo conseguiría el momento justo para colarse en esa fiesta de reinos para acercarse al hermano de ese hombre? Esa era…su única pista y no estaba dispuesta a fallar.

Dejo ambas espadas en el suelo mientras jadeaba, percibiendo el sabor a óxido en su propia garganta mientras se secaba el sudor de la frente con el antebrazo izquierdo, sin quitarle la vista al poste de madera. Su pecho amplio se elevaba y descendía en ese ritmo irregular a cada jadeo, traicionando el agotamiento que el orgullo se negaba a admitir. Exhalo despacio, intentando controlar nuevamente su respiración, aunque el tiempo en el cielo que ya comenzaba a estrellarse y la noche a volverse más fría, buscaban recordarle de manera silenciosa que era momento de detenerse, pero a Nyx, no parecía importarle.

Léeme
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#2
Si había algo que a Jesse le gustaba, y además, le parecía útil era estrechar lazos con su compañeros, en especial con aquellos con los que compartía división, en este caso su objetivo era conocer más en profundidad a Nyssa. Saber más de ella en general, y por supuesto, si ella quería, también conocer si ella tenía un objetivo más allá de simplemente ser un soldado de la marina. Una meta que el propio Jesse seguía buscando.

Pudo ver en la distancia como la mencionada mujer estaba entrenando con dureza a pesar de que la mayoría ya se habían marchado. Debía decir que el traje de entrenamiento de la marina le quedaba muy bien. Se acercaba a la espalda de ella, no porque quisiera pillarla por sorpresa, si no porque la zona por la que había entrado a la sala de práctica provocaba que tuviera que acercarse de esa forma a ella.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, como para que ella pudiera oírle sin tener que alzar la voz decidió hablar. No obstante en uno de los movimientos de ello pudo ver una especie de pico que brotaba del escote de la muchacha, algo que no podía definir lo que era, y estaba seguro de que tampoco sería buena idea preguntar, no quería que ella le viera como un pervertido, pero es que solamente le quedaba un ojo y su vista panorámica era limitada.

– Buenas compañera. – Saludo con su alegría habitual, con una sonrisa en los labios. – Me alegro de que al final hayas evitado que apuñalará la mano del gigante. Es obvio quien tiene la mente más fría en situaciones críticas. – Lo decía, porque en serio estaba pensando en apuñalar la mano de Alex si ella no le hubiera detenido, aunque también se unió Kagura a esa petición.

Se quedó pensativo un momento, se echó los brazos a la espalda y frotando la punta de su bota contra el suelo finalmente dijo lo que quería decir.

– Gracias por evitar que cometiera una imprudencia y poneros en peligro a todos. – Era impulsivo, y tenía que tener en cuenta que en muchas situaciones era mejor mantener la calma y actuar con cabeza, aunque esas cosas nunca se le habían dado del todo bien.

Se preguntaba qué opinión tendría su nueva compañera de él, después de haberle tenido que detener a punto de cometer una imprudencia, que sí, probablemente la intención era la de detener al gigante, pero no había pensado en la otra gran cantidad de posibilidades que realmente serían peores que la situación de ir sobre la palma de la mano de aquel chico.

Se quedó quieto observando a su nueva compañera, Nyssa, y ver qué era lo que tenía que decir a sus palabras. Consideraba que seguramente la opinión de la chica sobre él, tal vez, no era la mejor especialmente, porque nadie en aquella primera reunión le había respetado como líder, al menos esa impresión daba, y eso no era una buena señal…

La primera impresión era al final la que importaba…

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#3
20 de primavera, Año 17 ❥ Baterilla

I've screaming on the inside, and...I know u' feel the pain, can u' hear me?

─ ♚ ─
El mar de sus ojos estaba fijo en el poste unos metros frente a ella. Enfocada en su propia incapacidad para lograr el control perfecto de su cuerpo, en el óxido que percibía desde su garganta, en silenciar cada sensación de cansancio y agotamiento que su cuerpo le gritaba, que realmente no percibió a su compañero de división acercarse por atrás. Había asumido que el resto de sus compañeros y reclutas marine estarían disfrutando de la cena, relajándose, algunos preparándose para el turno nocturno, en cualquier lado menos allí; por ello, cuando la voz de Jesse rompió el silencio que solo ocupaban sus jadeos, el cuerpo de Nyx se tensó.

Fue instintivo, su mano izquierda tomó la empuñadora de la espada antes de que su cerebro lograra procesar que era una voz conocida, solo cuando el mar de sus ojos encontró el rostro que ponía una sonrisa por delante entendió que no era alguien a quien enfrentar.

Al menos, no de momento.

– Jesse – dijo su nombre no a señal de saludo, sino, como un gesto inconsciente al cual debía responder – ¿No deberías estar cenando? – su pregunta fue inmediata y automática a causa de su reacción anterior, mientras dejaba la espada nuevamente al lado de la otra para avanzar hacia la chaqueta de marine que estaba sobre el suelo a unos pasos más allá.

Ciertamente no era una distancia grande, apenas unos pasos, pero lo suficiente para interponerse entre su compañero de división y la dirección de su mirada, Nyx era conciente del efecto de su silueta, acentuada por el sudor en el ceñido uniforme de entrenamiento que todos usaban para entrenar, y fue la sutil fijesa del único ojo de Jesse en su escote lo que realmente la alertó. Silenciosa terminó por ponerse la chaqueta y cerró el cierre en silencio hasta el cuello, ocultando bajo la tela cualquier indicio de Nyxara Archeron, aunque su compañero no tuviese la menor idea de aquello.

“Así que de eso se trata”.

– No me agradezcas por algo así – giró hacia él, sosteniendo la mirada con ese filo orgulloso, en esa acción que la llevaba a medir y decidir sobre alguien. Él no lo sabía, y ella ciertamente no iba a decírselo, pero no se trataba de mente fría… sino de algo totalmente distinto, era esa capacidad de sostener a otros cuando no podían sostenerse a sí mismos – No iba a permitir que nos mataras a todos – sus palabras fueron sinceras y directas, sin adornos.

Nyx jamás le diría que algo estaba bien, cuando claramente no lo estaba.
Ni le suavizaría una verdad.

– Somos una tripulación, nos guste o no, si uno comete una estupidez el resto termina pagando las consecuencias – Aquello era una verdad práctica que tampoco podrían ignorar, aunque para ella eso solo se sintiese como algo temporal, los necesitaba para salir de Baterilla, los necesitaba para avanzar hacia Aelira

Y ese era otro secreto que llevaría únicamente consigo.

Se cruzó de brazos bajo el pecho, apoyando el peso de su cuerpo en una de sus piernas mientras lo recorría con la mirada, evaluando esa postura incomoda de Jesse con su bota – Lo preocupante habría sido que siguieras creyendo que era una buena idea – sentenció, dejando que el silencio se asentara un momento entre ambos – Aunque sigo sin entender que estabas pensando – No tenía nada contra Jesse ni contra la tripulación ochenta y uno, Nyx simplemente era dura consigo misma y con otros. Sobre todo, cuando esos otros implicaban un esfuerzo conjunto, si ella daba lo mejor esperaba lo mismo a cambio.

Sobre todo, no era tan buena ni altruista para no empujarlos a lograrlo.

– Si viniste hasta aquí para agradecerme algo que ya pasó, supongo que esa no es la verdadera razón – Por un momento, Nyx desvió la mirada hacia las espadas, como si resintiera no tener el peso entre sus manos en ese instante. Luego, dio un paso al frente y el mar de sus ojos fue directo hacia los contrarios – ¿Te preocupa tanto lo que pensemos? –

Léeme
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#4
Lo cierto es que la respuesta por parte de la nueva chica tenía sentido, era obvio que no podía permitir que les mataran, después de todo, el tenia pensado clavar su espada en la mano del gigante y eso podría haber tenido un desencadenante bastante malo, uno en el que posiblemente podrían haber muerto o teniendo suerte bastante heridos. Pero en aquel momento él no pensaba con raciocinio por que era Kagura quien estaba enferma y en peligro en caso no de recibir atención médica. Y es que cuando un ser vivo suyo estaba en peligro muchas veces le costaba actuar con mente fría.

– Por eso mismo te agradezco que me detuvieras. Y además por hacerlo de forma tan calmada. – Reconoció, mirándola a los ojos. – Es posible que si te hubieras alterado no hubiera sido capaz de controlarme. – Aseveró..

Las palabras de la chica eran duras, pero claramente tenía razón en todo aquello, realmente no se sentía mal por lo que decía, pues era verdad, además, aunque decía todo aquello no lo sentía como un ataque, aunque, probablemente lo fuera, pero al decirlo ella de una forma tan coherente Jesse no era capaz de sentirse ofendido, ni molestarse.

Cuando dijo que no entendía que le empujó a hacer a algo como eso, decidió ser completamente sincero, quizás de esa forma ella podría comprender un poco mejor su postura, después de todo, tampoco iba a hacer pensar a todo el mundo que estaba loco.

– La chica pelirroja es Kagura, la conozco desde que era una niña, y encima estaba enferma. – Suspiró – Reconozco que el hecho de que un gigante nos llevará a vete a saber donde con Kagurita enferma no me calmaba en absoluto. Y de no ser por que era miembro de la marina, probablemente habría intentado cortarle el cuello de tener oportunidad. – Confesó.

Se frotó el puente de la nariz mientras razonaba sobre algo.

– Me pregunto quién habrá sido la mente maestra que ha decidido que es buena idea aceptar en la marina a un gigante de veinticinco metros que no habla ni nuestro idioma. – Y cuanto mas lo pensaba, mas estúpido le parecia.

Obviamente si que quería agradecerle todo aquello ya que no pudo hacerlo en el momento ya que estaba tan preocupado por Kagura que lo demás quedó en un segundo plano, por lo tanto, lo mejor que podía hacer era agradecérselo a solas.

– Si que es la verdadera razón… ¿Acaso me ves como alguien con segundas intenciones? – Preguntó, aunque probablemente podía llegar a dar esa imagen, aunque fuese sin querer, se tensó un momento ante el paso al frente de ella, pero respondió. – Y claro que me importa lo que penséis… Por el momento soy el líder y no es bueno que me veáis como un idiota impulsivo, aunque de verdad lo sea. – Se rascó la nuca.

No estaba del todo seguro de que imagen estaba proyectado de sí mismo hacia la contraria, pero esperaba que no fuera tan mala como podía dar la impresión, ya que ella claramente le había dejado claro un par de veces que había puesto a todo en peligro por su imprudencia, aunque estaba seguro de que lo volvería hacer si era necesario. Especialmente si tenía que salvar a alguien de la tripulación, o mejor dicho, de la división.

– Esto… Si quieres puedes darme tu opinión al respecto… A veces… – Se quedó pensativo una milésima de segundo – A veces es bueno sincerarse. – Asintió finalmente a sus propias palabras.

Quería la opinión de ella acerca de él, ya que había salido el tema, quería saber.
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#5
20 de primavera, Año 17 ❥ Baterilla

I've screaming on the inside, and...I know u' feel the pain, can u' hear me?

─ ♚ ─
¿Ella, alterada? La sencilla idea casi le arranca una sonrisa de sus labios carmesí; no podía culparlo simplemente él no la conocía, no conocía a Nyssa Vale y mucho menos conocería a Nyxara Archeron. Y lo que conociera de Nyssa Vale sería lo que ella considerara que no fuese una potencial amenaza posterior, sino, una parte de la mentira que se había inventado en esa nueva vida.

Tal y como lo hacían todos los que le rodeaban.

La Archeron no emitió palabra alguna mientras su compañero de división le contaba la razón por la cual el había actuado de esa forma y la razón tenía un único nombre: Kagura.

Ella ya lo suponía, lo había visto en la forma que él se había preocupada por ella, como se había quitado la camiseta para cubrirla cuando Alex los llevó con ellos a su mano y como se había quedado a su lado acariciando su cabello cuando volvieron a tocar el suelo firme frente al lago. Entendía el vínculo, quizás, demasiado bien.

No prestó atención a esa angustia que anido en su pecho cuando sus hermanas vinieron a sus recuerdos. Seren, con su dulzura y esa mirada soñadora, Aelira con esa risa estridente y esa energía inagotable… pensó en lo que ella misma estaba haciendo con tal de recuperar a la única hermana que le quedaba…

No prestó atención al peso en la garganta.
Ni a la certeza de estar cada día más lejos.

Al contrario, volvió a guardar los recuerdos de las personas que amaba más que a sí misma en ese cofre olvidado y oxidado dentro de sí, ese que era su corazón. Ese que defendía con recelo. Ese que estaba segura, no le abriría a nadie.

Y si alguien cometía la estupidez de querer la llave…
…tendría que arrancársela de los dedos.

– No hubieses podido cortarle el cuello a Alex – lentamente ladeo el rostro y uno de esos mechones oscuros cayó por su hombro enmarcando ese rostro de líneas suaves y pecas dispersas, ese que solo reflejaba el orgullo de su postura – No solo porque la idea es ridícula e improbable – sostuvo la crudeza de su propio argumento, era una sentencia práctica y totalmente eficiente –  Kagura estaba allí ¿la habrías puesto en riesgo por un enfrentamiento con el gigante? – dejo que el silencio se asentara entre ambos, que la incomodidad de sus palabras calara tan hondo como fuera posible – No necesito que me respondas, pero no olvides que yo estaba ahí y te vi acariciarle el cabello a base de preocupación pura – El suave viento de primavera terminó por apartar aquel mechón oscuro de su rostro, ella no hizo un gesto para volverlo a su sitio, ¿Un hombre que ponía a una única persona por sobre el mismo y la seguridad de su división?

"No."

El no le hubiese cortado el cuello a Alex porque la hubiese priorizado a ella por sobre todas las cosas.

Y Nyx hubiese permitido aquello, que Jesse actuara como quisiera con su amistad de la infancia. Que se pusiera en peligro a sí mismo y a la chica en cuestión sin pensar en nada más. Ella lo hubiese permitido…si no los necesitase. Si no necesitase a la división ochenta y uno para salir de baterilla, para acortar su propio camino hacia Aelira, ella hubiese dejado que el actuara como le diera la real gana.

Pero ahora…ahora no había espacio ni para la duda ni para el fallo.

Y él…él era demasiado transparente.

Su peso cambió apenas de una pierna a otra, relegando el fondo de si misma el quejido constante de su cuerpo – Independiente del criterio dudoso – No iba a entrar a mirar el criterio de la marina, ella había logrado entrar de la forma en que lo había hecho…no le resultaba extraño que aceptaran a Alex sin más que una mirada y un análisis rápido a la ventaja táctica que significaba un gigante en una división. Porque eso era Alex: una ventaja táctica y brutal, si sabían cómo usarlo. Ni tampoco, le resultaba extraño que lo hubiesen nombrado a él capitán – Alex es un interesante desafío de veinticinco metros. El problema no es él, es como nos adaptamos – Por adaptarse no se refería a ayudarse. Por todos, se refería únicamente a ella, a que ella daría con la respuesta para que funcionaran como un escuadrón eficiente.

Como siempre lo hacía con todo lo que le rodeaba.

La Archeron sostuvo su mirada mientras el preguntaba sobre segundas intenciones ¿Se lo diría? No, eso era revelar demasiado de sí misma, de Nyxara Archeron. No es que ella creyese que el en especifico tuviese segundas intenciones, sencillamente, ella creía que todos tenían segundas intenciones.

Porque Nyx, no confiaba en nadie.
Y, por ende, Nyssa tampoco.

El mar de sus ojos recorrió por un momento el rostro de Jesse con lentitud. No estaba admirándolo, que no se confundiera, estaba midiéndolo y decidiendo sobre el en ese preciso instante, como siempre lo hacía con todas las personas que se cruzaban en su camino – ¿Quieres mi opinión? – y fue su mirada, ese gesto sutil, ese descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas, lo suficiente para que aquella calma orgullosa que mantenía adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo – Gánatela – Obligó a sus músculos fatigados a responder con una precisión impecable y, sin apartarle la mirada, inclinó apenas el cuerpo para recoger una de las katanas. El movimiento fue limpio y elegante, como si el acero hubiese encontrado su mano antes que ella lo buscara, se la extendió.

No era una invitación, que no cometiera el error de creer que ese gesto era una invitación, eso era una exigencia. Porque ella no regalaba aprobación, respeto y mucho menos confianza.

Había que ganársela.
Y Nyx, jamás cedía con facilidad.

– Quieres que te reconozca como capitán – esperó que tomase la espada – Demuéstrame por qué debería seguirte – avanzó sin prisa, dejando que el silencio volviese a asentarse entre ambos. Su cuerpo, a pesar del agotamiento, conservaba esa belleza orgullosa, como si el mundo hubiese aprendido que tenía que dar un paso al costado frente a un depredador. Porque eso era ella en ese preciso instante: un depredador que jamás permitiría que terceros alteraran el rumbo de su objetivo.

Solo entonces, se detuvo, lo bastante cerca como para obligarle a sostenerle la mirada, lo bastante lejos como para que ninguno de los dos tuviese que retroceder – Porque lo único que he visto – su voz se volvió ese susurro de seda, ese que podía cortar mas profundo que el acero – Es a alguien dispuesto a arriesgar una división entera por una sola persona –

Léeme
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#6
Lo cierto es que lo que había escuchado de las palabras de la mujer que tenía enfrente, en su mayoría eran verdades, verdades vistas desde un punto de vista que no era el suyo y sin la carga emocional que el sentía cuando trataba de proteger a Kagura. Cualquiera podría juzgar sus actos, pero él mismo estaba convencido, que quizás de forma equivocada, solo quería proteger a la persona más importante para él sobre la mano de aquel gigante.

Sabía que si habría intentado cortar el cuello del gigante o herirlo de gravedad, pero pensándolo fríamente posiblemente hubiera sido en el que realmente no hubiera peligro para Kagura, pues encima de todo ella se encontraba muy enferma y dudaba que estuviera en capacidades de saltar a tiempo o cualquier cosas por el estilo. Aunque el instinto de supervivencia muchas veces superaba las situaciones más inverosímiles.

Y antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo vio como la mujer le ofreció una katana, seguramente le estaba pidiendo que se ganara su opinión derrotándola en un combate. La miró detenidamente, se dio cuenta como todavía estaba sudando y como su pecho aun le costaba recuperar el aliento. Estaba agotada, no sería un combate justo.

– Tengo que declinar la oferta, jamás me enfrentaré a alguien que anda en desventaja. En este caso estás agotada, y no dudo que pudieras vencerme, probablemente, tal vez, podrías. – Asintió sin dejar de clavar su único ojo en los de ella, con una leve sonrisa en su rostro. – Pero si yo te derrotará sentiría que no era justo y no estábamos en igualdad de condiciones. – Se cruzó de brazos.

Y es que aunque Jesse tuviese una moralidad flexible tampoco es que fuera un desalmado, de hecho, se consideraba bastante justo. Más allá de que se viera capaz de matar para proteger a los suyos, pero no había necesidad de enfrentarse a una chica agotada solo para obtener su opinión, era pedirle demasiado, y seguramente él tampoco disfrutaría de un combate en el que consideraba que jugaba con ventaja.

– ¿Se te ocurre alguna forma de poder ganarme tu opinión sin tener que chocar los aceros? – Preguntó. No le disgustaba la idea de intentar ganarse su opinión, y hasta su confianza, pero debían haber otras maneras. Una sonrisa seductora de las suyas se dibujo en su rostro casi sin darse cuenta. 

Pues realmente lo que menos deseaba era tener a una compañera de división que le viera como un rival, prefería que le viera como un compañero en quien confiar.
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#7
20 de primavera, Año 17 ❥ Baterilla

I've screaming on the inside, and...I know u' feel the pain, can u' hear me?

─ ♚ ─

Espero…

Y por un momento creyó que el sí tomaría la espada.

Espero…

Y por un momento creyó que el si estaba dispuesto a enfrentarse a ella.

Espero…

Solo para darse cuenta de que, estaba esperando demasiado de la persona incorrecta.

¿Cuántas veces había cometido ya ese error?

Le había dado la oportunidad de tomar de manera correcta esa relación con uno de los miembros de la ochenta y uno, pero él, Jesse, “su capitán”, declinaba su oferta porque creía que ella no podía dar más. Y fue su mirada, ese gesto sutil, ese descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas lo suficiente para que aquella calma orgullosa que mantenía adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenia de volverse tormenta antes de arrasar con todo.

Avanzo tres pasos hacia él, no le importó que la distancia entre ambos se redujera al acero de su katana por el frente.

Le había dado la oportunidad…y el acababa de insultarla por pensar que ella era débil, que el cansancio podría inhabilitarla o que no sería capaz de sostener una batalla después de un entrenamiento…

Que los dioses se apiadaran de su alma.

– No te atrevas a disfrazar tu propia cobardía como consideración hacia mí, Jesse – En ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, solo se reflejaba la gélida displicencia. Alzo la barbilla con ese porte soberbio de reina, como si el mundo le perteneciera y ella solo tuviese que mover los dedos para reclamarlo como propio – ¿Confundes mi cansancio con incapacidad y asumes que necesito tu lastima para no caer? – sostuvo la katana un segundo más que bien podría haber sido una eternidad, sin embargo, su acción de brazos cruzados cerró el trato y ella dejó que el acero golpeara con fuerza contra el piso – Cometes el grave error de creer que mi esfuerzo es debilidad, sé muy bien que podría estrellarte contra el suelo sin piedad antes de que te des cuenta –

Que los dioses se apiadaran de su alma si creía que le estaba haciendo un favor.

El mar de sus ojos se clavó en el único ojo visible – Jamás hemos estado en igualdad de condiciones, Jesse, por la sencilla razón que yo no pondría en peligro la vida de quien quiero proteger por cortar un cuello que no podía alcanzar – Nyx le observo de medio lado, con esa gélida displicencia, con ese desprecio que solo reservaba para aquellos que le resultaban una pérdida de tiempo.

Aquellos que acababan de perder el valor para ella.

– Nunca he necesitado que un hombre modere su fuerza por mí, y tienes la absurda idea de pedirme que te diga como ganarte mi respeto – dejo que el silencio se hiciera entre ambos y que su lengua de plata calara hasta los huesos y se impregnara en su piel.

Estaba furiosa, furiosa con él por asumir que era débil.
Y aquello era una afrenta, que Nyxara Archeron, no iba a perdonar.

– No lo vales. Ni mi tiempo, ni mi respeto “capitán”–

Le dio la espalda, no iba a perder más tiempo con él.

Avanzó hacia la katana que seguía clavada en el piso, esa que había dejado justo cerca de la línea de inicio contra aquel poste de madera, ese oponente inerte que tenia mas fuerza, alma y espíritu que su compañero de división. La tomo entre sus manos y aferro su mano al mango, ignorando a Jesse a su espalda, la Archeron volvió a lanzarse al frente.

Aún tenía un giró perfecto que realizar.

Léeme
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#8
Jesse no era de las personas que deseaba caer bien a todo el mundo, si o si, pero no podía evitar que su personalidad alegre y en ocasiones carismática resaltaba por encima de los demás, era algo que llevaba dentro y que en ocasiones funcionaba para obtener alguna sonrisa amable, sin embargo, esa mujer era complicada, y eso no era malo. Demostraba principios y carácter y no todo el mundo tenia eso. En los últimos años Jesse había traicionado muchos de ellos para no decepcionar a otras personas o incluso no ofenderlas.

¿Hasta cuanto seria Jesse capaz de mutilar sus deseos y libertad? Era algo que ni él mismo lo sabía, pero tenía claro que estaba afectando a su estado anímico poco a poco.

Si había rechazado luchar con ella no era por que la menospreciara, para nada, al contrario, simplemente no quería aprovecharse de una situación que pudiera ser ventajosa debido a que el no estaba ni siquiera sudando y ella parecía llevar un intenso entrenamiento. No era para nada parejo. Aunque… Quizás debía haber aceptado.

Imaginaba que ver la decepción y el enojo en el rostro de ella le había afectado más que sus palabras, entonces… Quizás una vez más debía de dejar sus principios de lado y conceder el deseo a la otra persona.

Justo cuando la chica estaba por lanzar otro estoque contra el poste de madera, en el momento que la hoja de acero estuvo a punto de tocar el poste, el filo de la otra katana, la que ella le había ofrecido anteriormente, se cruzó y detuvo el golpe.

– Bien, si deseas un enfrentamiento lo haré. Solo porque no quiero que nos llevemos mal en el barco. Somos compañeros y debemos ser capaces de colaborar. – Explicó, con un tono mas apagado el suyo habitual.

En ningún momento se retractó de sus palabras ni dijo que lo hiciera por gusto, pero había cosas mas importantes que sus deseos y lo que él quería hacer. A lo largo de su vida, siempre había ido dejando las cosas que él deseaba de lado por complacer a los demás, quizás de forma absurda, pero desde que le hizo su promesa a su madre, era como si hubiera afirmado dejado de lado todas sus ambiciones y sueños, y así era como se estaba comportando.

Una vez más, cedería…
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