Nutshell | Privado [Pasado]
#21
Parecía triste, quizás no le fue difícil notar que no se tomó demasiado bien aquel episodio en el mar, rodeados de oscuridad con las pequeñas luces del cielo emitiendo hacia ellos destellos tenues. Tan receptiva como siempre, un talento al que le resultaba complicado seguirle el paso, incluso y si también se consideraba empático hacia el resto, desde su propia posición de poder, claro está.

Mientras esperaba que Kuroshiro llegase a su lado, agarró un bocadillo al azar y dio el primer mordisco. No se detuvo ahí, prácticamente arrasó, devorando la comida antes de que la pequeña humink recortase las distancias, buscando otro casi de inmediato mientras terminaba de acomodar la manta, sentándose y dando un consejo sobre el orden de la comida. Shin asintió, colocando la vela en el centro, observándola y reflejándose en sus iris cerúleas la curiosa forma que tenía, dentro de una protección anti-incendios.

Escuchó sobre el té, pero tampoco le dio mucha más importancia, y a partir de ese momento parecía estar ignorándola, porque sólo seguía comiendo mientras asentía, sin emitir gestos que indicasen aprobación, comodidad o disgusto. El motivo estaba claro en su mente, no le terminaba de agradar que volviese a un tono casual, pero supuso que podía haber mal interpretado sus palabras cuando aún le decía cosas como que no iba a rendirse con él.

Finalmente, niega con la cabeza, y devuelve el bocadillo por la mitad al interior de la cesta, con algunas migas adornando la comisura de sus labios.

—Si estás triste, déjalo salir. —la observa de reojo —No me gustó lo que hiciste. Pero lo entiendo, así que no estoy enojado, ni te odio. —el tono es muy parecido al usado cuando la llamó a sentarse junto a él, un fiel reflejo de que muchas de las cosas que hace mediante su carisma son espontáneas y genuinas, que sigue siendo él pese a todo, con la diferencia de que en otras circunstancias, sintiéndose así, probablemente habría evitado mostrarse tan cansado. Era un pequeño privilegio que Kuroshiro se ganó a la fuerza.

—¡Aaaaah! ¡A veces las cosas simples se hacen tan difíciles! —exclamó, agitando los brazos y cerrando los ojos, mientras negaba con la cabeza, infantil. Es entonces que se relame, notando los rastros de comida que manchaban sus labios, decidiendo en ese momento sacar el pañuelo que Nyra le había regalado. Vuelve a observarlo, y lentamente lo acerca a su boca, con una sonrisa algo traviesa.

Sólo que al final, se detiene, apoyándolo sobre la tela blanca y limpiándose con el pulgar.

—No te creas. —se atrevió a bromear, asumiendo entre líneas un valor particular al regalo, pues no se atrevía a mancharlo. —Sólo comamos, Nyri. No hace falta simular que no fuiste una tonta entrometida. —se acerca a ella, volviendo a sujetar el presente que le hizo y colocando su mano sobre la pulsera que él le dio, a la sombra del faro de Baterilla. —Así es como eres. —le dio dos palmadas leves antes de recuperar con esa misma extremidad el bocadillo desde dentro de la cesta, observándola durante breves instantes a los ojos, una mirada que empezaba a percibirse ojerosa, víctima de las lágrimas reprimidas.

—Tu comida es bastante rica, cualquiera de mi clan diría que ya puedes casarte. Así de poco prácticos son. —costumbres machistas, Shin iba contra eso. Pero el pensamiento le abrió una duda, y fiel a su estilo no tardó en exteriorizarla —Hm, pero no te imagino vestida de blanco... —se giró por completo a ella, prácticamente inspeccionándola. Su tono sigue escuchándose cansado, no oculta el malestar, decidió no esforzarse en eso aunque sigue manteniendo un temple relativamente "animado", y es entonces que suelta la pregunta.

—¿Alguna vez te enamoraste, siquiera? —ladea la cabeza, manteniendo el contacto visual y dando otro bocado, señal de que le dejaba espacio para responderle.

Necesitaba normalizar la situación, y ese interés genuino sobre la vida de ella antes de llegar a la División distrajo su mente casi por completo.
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#22
Un suspiro escapó silente por la nariz mientras él simplemente me ignoraba. Mi vista volvió al mar y mi expresión pasó a no mostrar nada. Yo simplemente continué comiendo hasta terminarme el bocadillo sin darme cuenta, aunque mucho más despacio que él. Una parte de mí se preguntó si realmente no debí de haberme ido. Claramente seguía enfadado. O dolido, que era peor. Entonces, ¿por qué me había llamado en lugar de simplemente marcharse o pedirme que me  fuera…?

«Ya sabías que simplemente no quería hacerte sentir mal».

—Si estás triste, déjalo salir. —Aquellas palabras me hicieron mirarlo de reojo, y me lo encontré observándome de la misma forma—. No me gustó lo que hiciste. Pero lo entiendo, así que no estoy enojado, ni te odio.

Un sonoro suspiro de alivio salió de mis labios al tiempo que sentí aliviarse la presión en mi pecho, haciendo que me inclinara hacia delante para dejar caer el peso de mis brazos extendidos sobre mis rodillas. En aquel movimiento, mi rostro quedó un par de segundos oculto entre la parte superior de los brazos antes de volver a alzarse con una nueva inspiración.

—Menos mal… —murmuré antes de volver a alzar el rostro con una nueva inspiración tras haber quedado un par de segundos oculto entre mis brazos—. Mi disculpa fue sincera… Nunca me rendiré contigo, pero yo quería ayudarte, no presionarte… Yo jamás querría forzarte a hacer nada que no quisieras, y creo que al final lo hice sin darme cuenta… —Sólo entonces pude buscarlo de nuevo de reojo, sin atreverme a mirarlo aún de frente, con la punta de las orejas ligeramente gachas—. No quería ocultarte que estaba triste o me sentía culpable. Simplemente pensé que distraerte podría ser un modo de intentar compensarte aunque fuera un poco…

Después de una mala situación, lo que me asustaban eran los posibles malentendidos, así que quise dejar todo lo más claro que supe, tratando de evitar que pudiera haber ni uno solo más.

—¡Aaaaah! ¡A veces las cosas simples se hacen tan difíciles!

A pesar de todo, de alguna inexplicable manera consigue arrebatarme una breve y suave risita. Definitivamente, no podía estar más de acuerdo con él.

El rostro se me iluminó un instante al verlo sacar el pañuelo, y mi cuerpo se movió solo para girarse hacia él, apoyando mi peso sobre la muñeca con la que no sujetaba el bocadillo. Por un instante se me había llegado a pasar por la mente que, debido a la rabia de aquel momento, pudiera habérselo dejado al mar, pero no había sido así. Sin embargo, mis mofletes se hincharon un poquito en un silente reproche cuando se lo acercó al rostro para limpiarse, aunque en el fondo me animaba saber que se encontraba lo suficientemente mejor como para mostrar algo de travesura en su sonrisa, sin forzarla. Finalmente, la mía volvió también, suave, cuando la tela se encontró a salvo y decidió limpiarse con su propia mano.

—Sólo comamos, Nyri. No hace falta simular que no fuiste una tonta entrometida.

Por un momento aparté la mirada, sabiendo que tenía razón, pero ligeramente calmada por el hecho de que no le diera más importancia. Sin embargo, su tacto sobre la pulsera me sorprendió, llevándome a alzar la mirada hacia su brillo cerúleo una vez más.

—Así es como eres.

Aquellos segundos iluminada por sus gemas fueron suficientes para reafirmarme en mi promesa.

Cuando se separó de nuevo, esa misma mano fue a buscar las cerillas a la cesta, sin poder ignorar del todo el tacto que seguía aún sobre la piel.

Mis rodillas terminaron por quedar también apoyadas sobre la sábana, habiendo girado ya completamente mi cuerpo hacia él, con la cajita en mi palma. La punta de mi cola se agitó un par de veces cuando comentó que mi comida estaba rica, y una ligera sonrisa asomó por la comisura de mis labios ante su siguiente afirmación. Por un momento me hizo gracia pensar que, incluso si fuera la mejor cocinera de todos los  mares, seguramente Ichiro estaría bastante en contra de que yo pudiera dejar hijos en el mundo.

—Hm, pero no te imagino vestida de blanco…

La cerilla se encendió entre mis dedos y mis aguamarinas se alzaron un momento hacia él, mientras me analizaba.

—¿Tú crees? —inquirí con curiosidad.

Mi mirada volvió entonces hacia la vela entre nosotros mientras pasaba a esta la pequeña llama.

—¿Alguna vez te enamoraste siquiera?

Mis orejas se alzaron y mis pupilas buscaron las suyas, sorprendidas por la pregunta. Sin embargo, una pequeña carcajada que no llegó a serlo se me escapó  por la nariz antes de apagar la cerilla con un pequeño soplo. Un doble sonidito acompañó el gesto de negación de mi cabeza.

—No. Ya te he dicho que nunca he pasado demasiado tiempo en ninguna isla —recordé mientras guardaba la cerilla usada junto a las demás—. Siempre he sabido que no iba a irme antes  de acabar conociendo a alguien, no sé si eso haya tenido algo que ver con eso sin que yo me diera cuenta. Supongo que ya asumía que se iban a olvidar de mí igualmente. —La cajita había acabado de nuevo en la cesta y mis gemas buscaron entonces respuestas en las suyas con genuino interés—. ¿Cómo es? —Giré levemente el rostro, verdaderamente queriendo saber—. A mí me cuesta mucho imaginar siquiera un sentimiento más grande que el de la amistad, porque yo sería capaz de dar la vida por mis amigos… ¿Cómo sabe alguien que está enamorado?
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#23
Aún con las orejas levemente gachas, Kuroshiro mantuvo sus palabras tras levantar la cabeza, soltando un largo suspiro que pareció descomprimir cargas profundas, la antesala de su alivio verbalizado. Shin se limitó a negar, él ya sabía esas cosas, le quedaron claras antes e incluso sin justificaciones de por medio, pero aún en su discreción silenciosa esta vez le permitió terminar de hablar sin cortes abruptos, simplemente exteriorizando lo que creía válido poco después, siendo, precisamente, lo fácil que es complicar las cosas a nivel emocional.

El perfecto resumen de lo que pensaba al respecto.

Cargó con esa pequeña pesadez mental, sabiendo por dentro que no necesitaba justificaciones, ni mucho menos sentirse compensado de ninguna forma. No esperaba tener poco después la oportunidad de tocar ese tema e instalárselo en la mente, pero al menos durante dicho lapso decidió que era mucho mejor dejarla dar las explicaciones que veía necesarias, liberar las presiones de su pecho y entonces sí, pasar página, transformando un instante donde aquel vínculo creció de manera inevitable en algo más cotidiano, como dos personas tratando trivialidades mientras se seguían conociendo.

De cierta manera, la conversación terminaría tocando puntos interesantes, y a medida que llegaban a ese momento no pudo evitar el fijarse en las pequeñas señales físicas de Kuroshiro a medida que la tensión se relajaba. Su mente dejó las cicatrices del pasado, centrándose en la vela encendiéndose y la manera en que por fin perfiló su cuerpo hacia él, entendiendo con ese detalle tan sencillo que su comodidad con la situación había vuelto por fin. De cierta manera, se preguntaba en qué estaría pensando.

—¡Absolutamente! —exclamó con ambos brazos extendidos, y aún teniendo comida en la boca. Una de sus manos tenía un bocadillo por la mitad, y su sonrisa sólo hizo énfasis en que genuinamente lo creía. Sí, entendió que era una pregunta retórica, pero aquello le salió natural.

Lo que de verdad llegó a sorprenderlo, fue la negativa ante su pregunta, aunque algo en el fondo de su ser se lo esperaba. Nunca la vio intimidada por la belleza de nadie, ni tan siquiera escuchó comentarios que expresasen algún tipo de deseo carnal, y contrario a creer que era retraída en esos sentidos, las hipótesis al respecto iban variando, o quizás fue sólo él quien se perdió a una Kuroshiro más desinhibida hablando de chicos que la atrajeran.

Con su propia belleza, estaba seguro de que podía cortejar a prácticamente cualquiera, al menos desde ámbitos superficiales.

De todas formas, el motivo se explicó casi de inmediato, y lo acompañó una cuestión de inmensa profundidad, casi tanta que ni siquiera sabía por dónde empezar exactamente. Aún y si quería evitar pensarla, la única vez que se enamoró fue con Himari, justo ella le dio una serie de cualidades que lo dejaron descolocado. No sólo fue la primera chica en rechazar sus avances de típico mujeriego, sino que cuando se conocieron, le asestó una bofetada, cambiando su forma de entender el mundo.

Una suave sonrisa se dibujó en sus labios. Nyra no lo entendía, ni tampoco se enamoró, entonces consideró que sus palabras serían una referencia al respecto, por lo cual se decidió a tomárselo en serio, muy en serio.

—Para empezar, no creo que sea un sentimiento más grande o pequeño que la amistad. Al menos no si hablamos de esos amigos que son un pilar en tu vida. —puntualizó, habiéndose terminado el bocadillo y sentándose de frente a Kuroshiro. No le importaba mojar la tela con sus piernas, total, se encargaría ella —Es... diferente. —desde esa perspectiva, la humink podría ver con más precisión el cansancio en el rostro de Shin. No había estado durmiendo bien, llevaba su cuerpo al límite, la energía empleada para activar su fruta y además, emocionalmente estaba desbordado.

Aún así, era posible que nunca lo hubiese visto hablando con tanta precisión, tanto tiempo seguido sin hacer bromas.

—Y tampoco sabría explicar en qué momento lo notas. Quizás, comienza con interés, cuando una persona te atrae físicamente, o en lo emocional, y te dan ganas de pasar más tiempo junto a él, o ella. De ahí, siento que aparece el deseo por intimidad, y no me refiero a algo físico como tal. Sólo... querer algo con esa persona que no compartirías con nadie más. —durante breves segundos su vista se giró al mar, intentando hilar correctamente las palabras. Al rato, volvió a mirarla a los ojos.

—Eso es lo más difícil de definir. Cuando alguien se enamora, es una experiencia única para cada uno, y la intimidad suele ser compleja de generalizar. Si tuviese que apostar por una única respuesta... —bajó la vista a sus manos, donde las de Nyra también aparecían gracias a su campo de visión. Observó el pañuelo, la pulsera. Recordó a Himari, otros amigos que tuvieron pareja, intentó resumir en una frase algún concepto que se acerque a hechos entendibles por alguien que jamás lo experimentó, y sin estar completamente seguro, se lanzó a seguir hablando —...creo que sería... —suspiró, costaba esclarecerlo. —¿Complicidad? —ladeó la cabeza, mirándola nuevamente.

—Quizás suena a algo que sentirías por amistades, pero no es lo mismo. Me refiero a formar un equipo en lo emocional de dos personas, donde incluso hablas cuestiones que nadie por fuera de ese círculo sabe. —cerrado ese punto, abriría otro —O puedes identificarlo cuando aparecen los celos. El temor por llegar a confesarte tarde e imaginar a esa persona especial con alguien más. —eleva la vista ligeramente al cielo —O... el deseo de vivir una vida entera juntos. Saber que sin importar las circunstancias, jamás te cansarías de quien elegiste. Yo creo que es una emoción que pasa cuando menos lo esperas. Un día estás normal, y al otro, algo se altera en tu cuerpo cuando ves a ese alguien. —una sonrisa traviesa aparece en sus labios, mucha seriedad de golpe.

—¡O simplemente cuando te das cuenta de que quieres besar a tu amigo! —exclamó de golpe, extendiendo los brazos en una clara señal de que no lo decía tan en serio. —No lo sé, pequeña Nyri. Haces preguntas complejas. —y en ese momento, su aspecto cansado pasa a emitir un pequeño brillo. Su rostro expresó una felicidad trágica, nostálgica, como quien está a punto de contar las letras escritas en un trozo de su alma.

Y ni siquiera se dio cuenta de ello.

—Cuando conocí a Himari, ella estaba emocionada porque íbamos a formar una División. Mi padre concretó una reunión para conocerla, e inmediatamente me dijo que no me mezcle demasiado con ella por su pasado. A sus ojos, la hija de unos esclavos no tenía nada que hacer entre la nobleza, y yo le dije que no se emocione conmigo, porque pertenecíamos a mundos distintos. —echó a reír con ligereza —¿Sabes lo que hizo? —breve suspenso, mirándola con un brillo único en sus iris cerúleas —¡Me dio tal bofetada que me sacó los lentes de lugar! —acompañó la revelación con una gesticulación perfecta del golpe.

—Nadie me había hecho eso nunca. Realmente no le importó si se quedaba sin trabajo, o la excluían de nuestro grupo por haberme golpeado. Sólo hizo lo que sintió. —su sonrisa no se ensancha, pero gana un significado especial, casi indescriptible —Reconozco que era muy hermosa, su cabello rosa me llamaba la atención. Y yo nunca oculté que... bueno, la atención de las mujeres me gusta. —brillos de caricatura le aparecen, su ego y carisma haciendo acto de presencia —Intenté ligar con ella, pero oh, sorpresa, me rechazó. Fue la primera chica en hacerlo, y claro... no supe lidiar con eso. Intenté acercarme, y permitió que la conozca, la cosa es que de un momento a otro, había dejado de intentar acostarme con ella y pasé a conocer todo lo que odiaba y amaba. Al poco tiempo me confesé y le pedí que sea mi pareja. —un suspiro, aunque no es triste, sólo purga emociones.

—Como ves, no sé explicarte ni con mi experiencia ese momento. Creo que si lo buscas, entonces la emoción se pierde. —y es ahí cuando las palabras de Nyra empiezan a caer entre sus pensamientos inmediatos —Eso sí, pequeña Nyri, para mí, ni en el amor ni en la amistad debe existir un concepto como la "compensación". ¡O haces las cosas porque quieres! ¡O no las haces! —se cruzó de brazos, simulando el característico gesto contrario de inflar los mofletes.

—Excepto dar tu vida. Nunca pienses en eso. —la conclusión del punto se alejaba de la premisa original en la pregunta que le hizo, pero le parecía necesario remarcarlo —Decir que darías tu vida por alguien te encierra a un resultado que quizás, puedas evitar si lo piensas desde otra perspectiva. Los mártires son personas que se quedaron sin opciones, o idiotas que no tuvieron la suficiente imaginación. —su rostro vuelve a mostrar una sonrisa, esta vez confiada entre el cansancio latente. La observa, con una determinación contagiosa.

—Arriesgarse a morir y estar preparado para morir son dos cosas muy diferentes, pequeña Nyri. —entonces, extendió uno de sus brazos y le dio un suave toque en la nariz. La mano le tembló en el transcurso de ese acercamiento, Shin claramente intentó dejarlo pasar.

Una costumbre que nunca se quitaría.
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#24
Reí un poquito más cuando exclamó con tanta convicción y la comida aún en la boca. Me hacía feliz verlo disfrutar tanto de mi comida. Este tipo de cosas eran las que hicieron querer ser cocinera. ¡Y tampoco me extrañaba que tuviera hambre! Seguramente esta era la primera vez en bastante tiempo que comía en calma, sin tener que irse rápido para volver a entrenar.

Pero más me llamó la atención la pregunta que me hizo, principalmente por las incógnitas que despertaron en mí como respuesta.

Lo primero que hizo fue aclararme que el amor no tenía una diferencia de “tamaño” con una amistad real, sino que era diferente. No era capaz de imaginar “cómo” podría ser diferente, pero entendía a lo que se refería en el sentido de que el sentimiento que tenía por mi maestro era tan fuerte como el de una amistad real, aunque no se le pareciese en nada.

Me llamó la atención que comentara que no se sabe “en qué momento” se nota. Otras personas me habían hablado de cosquilleos en el estómago como una señal, y Ritsu me explicó que eso no era necesario que se diese para que alguien te gustara, y mucho menos para el amor. De hecho, según él, el amor era paz, como un refugio incluso cuando todo tu mundo se agita a tu alrededor. Alguien en quien puedes confiar plenamente pase lo que pase. Pero, en ese caso, ¿en qué se distinguía entonces de la amistad también?

Con la explicación de Shin ocurría algo similar. Habló de sentimientos que iban transformándose progresivamente. Al principio me confundió, porque algo así ocurría con la amistad también, pero luego creí entenderlo, más o menos… «Querer algo con esa persona que no compartirías con nadie más...». La amistad podía ser para muchos, pero el amor es para uno sólo, después de todo.

Cuando miró al mar, me ofreció una nueva revelación: el amor es distinto para cada uno. En cierta forma, me sorprendió. ¿Cómo era posible que existieran tantas canciones, historias y poemas alrededor de un sentimiento que todos reconocían como el mismo, si cambiaba para cada persona? Pero tenía sentido, teniendo en cuenta que cada cual lo describía a su manera.

Para Shin, su respuesta era la complicidad.

Mi rostro se giró hacia el lado contrario, curiosa por aquel término, al tiempo que él también lo hizo con el suyo. Cuando mis iris volvieron a cruzarse con los suyos, sólo confirmé lo que ya sabía: yo ya sentía complicidad hacia él.

El albino lo supo, y por eso comenzó a explicar de nuevo. Al principio seguí sin comprenderlo del todo, porque yo ya quería que trabajásemos en equipo y él ya sabía cosas de mí que me costaría mucho decir a nadie más…

La mención de los celos me sirvió para enmarcarlo mejor. Se parecía a lo que había dicho antes de querer compartir algo únicamente con esa persona y nadie más. Y durante toda la vida, además. ¿Y te dabas cuenta así, de golpe?

—¡O simplemente cuando te das cuenta de que quieres besar a tu amigo!

Mi sonrisa creció ante aquel inesperado estallido de expresión. Se estaba esforzando mucho por conseguir que lo entendiera, y definitivamente era de las personas que mejor me lo  había explicado hasta el momento.

Iba a disculparme por hacer preguntas complejas, pero un pequeño cambio en su mirada me contuvo de hablar.

Al principio pensé que quizás lo había imaginado, que podría haber sido un movimiento algo más repentino en la vela a causa de una brisa del viento, pero el atisbo de calidez en su mirada pareció improntarse en su voz.

No esperaba una anécdota tan personal, pero eso sólo me hizo escuchar con aún más atención. No terminé de entender cómo es que su padre concretó una reunión para conocer a su División, ¿quizás era alguien dentro de la Marina? Realmente me costó imaginar el desagrado que tuvo que sentir al saber que ella era hija de esclavos, y por un instante me planteé qué pensaría de mí al saber que mi historia era similar o, hasta cierto punto, peor. Siendo que hasta entonces esa había sido su vida, entendía por qué Shin le hizo aquel comentario sobre sus mundos.

—¿Sabes lo que hizo? —el brillo de sus iris avivó el de los míos, esperando expectante su respuesta—. ¡Me dio tal bofetada que me sacó los lentes de lugar!

Una ligera risa se me escapó de inmediato, pudiendo imaginarme perfectamente la escena con la ayuda de su gran interpretación.

—¡Creo que yo la habría aplaudido si la hubiera visto!

Me gustaba aprender más sobre él. Podía ver perfectamente por qué el valor de Himari le había llamado hasta aquel punto la atención. Me encantó cómo se fijó en ella primero por su personalidad que en su apariencia. Ritsu ya me había dicho que eso era importante para el amor, y así le había ocurrido a Shin. Por un pequeñísimo instante del que apenas fui consciente, sentí una ligerísima punzada de envidia. Ojalá algún día alguien pudiera hablar de mí con la mitad de emoción con la que Shin hablaba de ella.

Seguí escuchando como una niña pequeña ante el mejor cuento del mundo, y me hizo gracia imaginar cómo habría sido para él que ella lo hubiera rechazado, siendo que nadie lo había hecho antes. Sin duda, le había hecho experimentar muchas cosas que no había sentido antes. Si no hubiera sido por aquel último suspiro, habría estado tentada de aplaudir de manera silenciosa ante la escena final en la que ambos terminaron siendo pareja oficial.

Las historias siempre me han ayudado mucho a aprender cosas nuevas, y esta no era la excepción, aunque mi hilo de pensamiento de desvió ante una inesperada aclaración sobre la compensación.

—¡Pero las compensaciones no hay que hacerlas obligados, Shin! Muchas veces se hacen porque se quiere —aclaré con una sonrisa, esperando a ver si se le pasaba el pique.

Pero había una salvedad.

—Excepto dar tu vida. Nunca pienses en eso.

Mi alegría decreció en favor de una renovada atención, incapaz de no revivir por un momento aquella noche en Kutsukku y la conversación con Dimitri al respecto. Analicé sus palabras, repitiéndolas en mi mente. Su visión de los mártires chocaba con la que había tenido yo hasta entonces, pero me hizo comprender mejor su perspectiva.

—Arriesgarse a morir y estar preparado para morir son dos cosas muy diferentes, pequeña Nyri.

Su convicción despertó la mía y su toque en mi nariz avivó de nuevo mi sonrisa. Aquello, a sus ojos, era otra manera de mostrar fuerza… y yo le había prometido que sería fuerte, igual que lo era él.

—¡Vale! —asentí llevando la mano con su pulsera a mi  colgante, cerrando un instante los ojos antes de devolverle una mirada de completa seguridad—. Voy a intentar aprender y estudiar más para que siempre se me ocurran maneras en las que nadie tenga que dar su vida.

Pero su cansancio llevaba demasiado tiempo haciéndose evidente en su mirada, sus gestos y también en aquel último movimiento... y eso empezaba a preocuparme. Por un momento pensé en decir que era yo la que estaba cansada, lo cual era cierto, aunque no llegara al mismo nivel que él. Sin embargo, algo ocurrió entonces que me hizo darme cuenta de algo.

Las capas de tela empapada empezaban a hacer su efecto, y mis manos se movieron solas hasta mi nariz justo antes de que se me escapara un sonidito agudo que bien podría haber recordado a un juguetito de goma.

—Uy… —me sorprendí yo misma, riendo ligeramente para sentirme un poquito menos avergonzada—. ¿Sabes? Creo que lo del baño nocturno no ha sido una buena idea… La próxima vez, mejor hacerlo durante el día y con ropa un poquito más apropiada —reí con suavidad—. ¿Te parece bien si recogemos ya?

Si quería volver dando un paseo o usando su poder, eso se lo dejaba a él. En parte, me asustaba un poco la posibilidad de que finalizara aquella excepción y que realmente no fuera a haber más…
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#25
Nunca se imaginó contando a ese nivel de detalle partes tan cruciales de su historia de vida junto a Himari, tanto la primera vez que se vieron como un pequeño transcurso de los días posteriores, en donde orbitaba alrededor de ella, habiéndose convertido en su sol.

El final de aquel relato ya lo conocía, se lo dejó entrever durante los instantes en que creía que nadie jamás iba a escucharle pronunciar tales palabras, y Nyra, en su extrema facilidad para entrometerse sin llegar a sentirse fuera de lugar, al menos la mayoría de veces, consiguió normalizar esa sensación en él.

Se lo demostraba al no molestarle sus pequeños comentarios, añadiendo que habría aplaudido a Himari de haber estado ahí. ¿Cómo no hacerlo, si literalmente fue el punto de inflexión en su vida? La única capaz de hacerle ver que también era humano, que su nombre importaba más que los apellidos con los cuales cargaba. En ese instante no pudo evitar fijarse en Kuroshiro, sin saber exactamente por qué.

Se quedó pensando breves segundos alrededor de las compensaciones, aunque eso no interrumpió el discurso por el cual había optado, esperando pacientemente la respuesta que ella decidiera darle, sin saber cómo iba a tomárselo pese a todo, pues en ese tipo de tópicos demostró ser bastante impredecible.

Y sus ojos se abrieron con sorpresa al verla sujetar su collar, prácticamente aceptando las palabras que le dijo. Shin cerró los ojos, contrario a lo que podría esperarse, una única emoción atravesó aquel suspiro, alivio.

Pero antes de que sus labios se abriesen, siquiera, escuchó un estornudo que lo sacó del momento, observándola con una sonrisa y dejando escapar leves carcajadas a modo de pequeña burla. La propuesta era sensata, aunque la expresión de Shin se había transformado, dejando entrever una solemnidad adecuada ante lo que pretendía hacer una vez se asegurase de llevar a Nyra al hostal donde la División se quedaba de manera provisional.

—Empezaba a asustarme tu super resistencia, es bueno saber que sigues siendo una simple mortal. —lo primero que hizo fue sujetar la vela, y soplar en el lugar correcto para apagar la llama, guardándola en la cesta cuando fue seguro hacerlo. —En parte me alegra, aunque ya no sepa qué hacer contigo. —la miró directamente a los ojos, entrecerrando los propios levemente, el cansancio haciendo de las suyas.

—Antes de que me de cuenta, seguramente terminarás consiguiendo que hable sobre cosas que normalmente intento olvidar, otra vez. —negó con la cabeza, resignado. —Sólo pones esa tonta expresión tuya, y todo parece más fácil... —como si la existencia de miedos que trataba de ignorar, o cuya existencia desconocía, desapareciera. Las cargas se aligeraban, los recuerdos negativos disipaban su niebla y los felices parecían relucir más, conectándolo con una parte suya que se encargó de proteger, construyéndole infinitos muros emocionales.

Sin embargo, a Nyra parecía no importarle.

—¡Que se le va a hacer! Así son las cosas. —expresó, antes de ponerse de pie y quitar la cesta de encima de la manta, ofreciéndose a ayudarla a levantarse, tendiéndole su mano diestra. Una vez Nyra estuviese de frente a él, le daría una suave palmada en la cabeza, entre sus orejas. —Lamento haber arruinado tus planes, Nyra. De alguna forma lo compensaré, no lo olvides. —cerró los ojos, sonriéndole con la misma calidez que le había demostrado durante su anécdota sobre Himari.

Y no era para menos, acababa de robarle una página de su libro, algo que ella misma le había enseñado minutos atrás.

—Te acompañaré de regreso, y volveré a entrenar. No completé mis ejercicios... —reconoció, recogiendo la manta para guardarla también, y levantando la cesta. Sólo le quedaba colocarse su calzado, y lidiar con la molestia de la ropa mojada. —Nada de lo que me digas me convencerá, que conste. ¡Y no se vale que me digas que te compense descansando! —la señaló, acusador y empezando a conocer su red de pensamientos.

—Vámonos ya. Esta vez iré a tu paso. —entonces se dio la vuelta, adelantando los primeros compases de la caminata, dejando atrás la noche estrellada de la playa, cercana a la tumba del Tempestad.

Algo había cambiado, e incluso si no sabía definirlo, lo cierto es que le resultaría imposible mirarla de la misma manera desde ese punto.
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#26
Tras mis palabras, Shin cerró unos momentos los párpados y pude sentir el alivio en su suspiro.

Me di cuenta entonces de que aquello no era solamente una guía o enseñanza para llegar a ser más fuerte, sino lo que aquello implicaba. Supe bajo aquel faro que él sólo quería a su lado gente fuerte y entendí que, aunque él siempre intentaría proteger a todos, necesitaba la tranquilidad de que podríamos defendernos solos. Hoy, y tras la historia de Himari, entendí el temor que se oculta tras sus reticencias a crear lazos profundos con otros y el impacto que podría tener para él perderlos de nuevo.

Y los que nos unían ya habían comenzado a enraizarse con fuerza en el otro.

Pero el estornudo dispersó mis pensamientos como una piedrecita al crear ondas en el agua, en especial cuando volvía a escuchar la risita de Shin después de tanto tiempo. Yo hice lo mismo, moviendo ligeramente mi cola ante su comentario y al tiempo que devolvía la vela a la cesta.

—En parte me alegra, aunque ya no sepa qué hacer contigo.

Mis iris no se desviaron de los suyos. Si en los de él se percibía cansancio, en los míos una tranquila curiosidad divertida que, en realidad, no necesitaba respuesta.

—¿Quién dice que tengas que hacer algo?

A mí me valía si simplemente lo ayudaba a vivir el presente y alejarlo, aunque fuera por un rato, de tanto malestar.

Sonreí orgullosa cuando mencionó que probablemente conseguiría que hablase sobre cosas que intenta olvidar, sabiendo que su resignación era sólo una declaración de su comodidad hacia mí.

—Sólo pones esa tonta expresión tuya, y todo parece más fácil…

Mi suave risa se escuchó de nuevo ante aquella declaración que sentí como una pequeña victoria. Quizás, con el tiempo, sí pudiera permitirme ayudarlo aún más con aquellas sombras internas que se atrevían a intentar opacar la misma luz que yo me había jurado proteger.

La pulsera brilló una vez más bajo la luna cuando acepté su mano para ayudarme a levantarme, y acepté con una sonrisa la que él me mostró junto al gesto en mi cabeza.

—¡No te preocupes! Yo sólo quería pasar tiempo contigo, y eso lo he tenido. ¿Qué más podría pedir? —anuncié con un suave movimiento de mi cola.

Me había bajado de la manta para poder guardarla entre los dos, pero unas palabras me dejaron clavada en el sitio.

—Te acompañaré de regreso y volveré a entrenar.
—¡¿Quéeeee?! —Mis ojos se abrieron más al tiempo que mis orejas se echaron hacia atrás.
—No completé mis ejercicios…
—¡Pero Shiiiiiiin! —exclamé abriendo muchos los brazos, olvidando que estaba terminando de recoger él.
—Nada de lo que me digas me convencerá, que conste. ¡Y no se vale que me digas que te compense descansando!

Mis mofletes se inflaron en completa indignación al tiempo que me cruzaba de brazos. ¡Eso no es justo! ¡Ni siquiera me había dado tiempo a pensarlo todavía!

Suspiré resignada cuando lideró la caminata, y yo empecé a seguir sus pasos. Pero no. No me iba a rendir tan fácilmente.

—Pero Shin, parte de todo esto era que pudieras descansar un rato, ¡¿qué sentido tiene ayudarte a descansar un rato si solamente vas a retrasar los mismos ejercicios y acostarte más tarde aún?! —me quejé mostrando las palmas de las manos al hablar—. Antes dijiste que hay que pensar desde otra perspectiva y no quedarse sin otras opciones ni imaginación. ¡O sea, ser listo! ¡¿Cómo vas a hacer que tu mente vaya a la velocidad de tu cuerpo si no descansas?!

Entonces, una pequeña aspiración anunció la idea que se me acababa de pasar por la mente, iluminándome el rostro y volviendo a alzar mis orejas. De inmediato, avancé unos pasos y me coloqué delante de él, caminando hacia atrás sobre la arena para poder mirarlo sin detenernos ni ralentizarnos.

—¡Ya sé! ¡Ya sé cómo me lo vas a compensar! —anuncié felizmente enlazando las manos en la espalda y adivinándose el balanceo de mi cola tras estas—. No puedes ir a entrenar si la cita no termina, así que voy a pedirte… ¡toooda la noche! —exclamé extendiendo de repente ambos brazos a cada lado, como si pudiera abarcar todas esas horas entre estos, antes de bajarlos de nuevo—. Bueno, ¡al menos hasta que te duermas! Puedo llevarme una silla a tu cuarto y cantarte, o contarte cuentos… ¡Y la persiana tiene que estar echada para que no te despierte la luz del amanecer por la mañana! ¡Shiiiin, por favor, por favor, por favoooor…! —me adelanté antes de que pudiera negarse, uniendo mis manos para apoyar esa petición—. ¡Sólo te pido que descanses hasta que te despiertes mañana! ¡Sólo esoooo! ¡Sólo esta veeez! ¡No vas a bajar tu rendimiento sólo por unas poquitas horas, y descansar te ayudará a aprovechar mucho mejor el día de mañana! ¡Por favooooooooooor!
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#27
Tenía el ligero presentimiento de que no iba a ser tan fácil, lidiar con ella era como enfrentarse a puzzles en un nivel de dificultad que no manejaba del todo bien, y debía echarle imaginación. Observar el desacuerdo, la energía regresando a su cuerpo y el entusiasmo no ayudaban a mantener frente a la humink su, en principio, ineludible postura, callando la realidad que quizás Nyra no había contemplado.

Todo el progreso que no fuese realizado esa noche, se sumaría al trabajo del día siguiente, reduciendo sus pequeños márgenes de descanso.

Se limitó a sonreír, escuchándola y asintiendo.

—No es sólo ser listo, pequeña Nyri. —negó con la cabeza, manteniendo la curva de sus labios y cerrando los ojos. Durante instantes fugaces, rememoró todas sus derrotas, cada cicatriz, los instantes en donde parecían acabarse las alternativas, y volvió a mirarla, su mirada cerúlea brillando de manera intensa.

—Es ser resiliente.

Siguieron caminando, surgiéndole a la hiperactiva mujer una nueva idea que no tardó en colocar sobre la mesa, incluso poniéndose de espaldas al camino, pero de frente a él. Lo que dijo le sorprendió, y no pudo evitar crear chistes al respecto pese a que los silenció en un principio. Tantas súplicas le hicieron echar a reír, sin perder de vista el gesto realizado con sus manos, y no se le ocurrió una mejor manera de contestarle que contrastar su energía con la propia.

Ante una Nyra que no paraba de pedir las cosas 'por favor', apareció de nuevo el destello que precedía a la típica desaparición súbita de Hasegawa, incluso llevándose la cesta consigo. Pero no se fue de la escena, abandonándola cruelmente, reapareció justo detrás, cortándole el paso y haciendo que su espalda chocase con la propia, mirándola de perfil desde ese punto, con un gesto bastante alegre incluso a pesar de las pruebas que enfatizaban su cansancio.

—Mira hacia adelante, o te terminarás tropezando. —el mismo tono cantarín, avanzando prácticamente al instante, y respondiendo al pedido de Kuroshiro. —Nunca pensé que pedirías pasar una noche conmigo, pequeña Nyri. —soltó de pronto, una clara broma que pretendía continuar, observándola de soslayo —Finalmente descubrirás por qué tengo una larga lista de pretendientes esperando por mí. —le sacó la lengua, volviendo a observar hacia delante y manteniendo el ritmo tranquilo.

—Supongo que puedo hacer hueco para esta cita extendida. Pero ten cuidado, no vaya a ser que caiga en tus encantos tras tanto tiempo juntos. —alzó su diestra, como restándole importancia a la advertencia. Porque no podía sólo aceptar de la manera 'normal', tenía que ponerle algo de su impronta.

Lo más gracioso, es que no tenía idea de cómo terminaría esa noche.

Una nueva derrota, aunque esta venía acompañada de un plácido descanso.

Let there be light
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#28
¡Ah, claro, “resiliente”! ¡Otra palabra para resumir que era mejor seguir hasta romperse!

Sostuve la intensidad de su mirada con un ligero reproche en la mía. Sí, sabía que quería cumplir nuestro objetivo y proteger a todos, ¡pero ¿por qué tenía que ser a su costa?!

—No puedes ser resiliente si te agotas por el camino —sentencié con un mohín aun a sabiendas de que no tendría el menor efecto.

Sin embargo, ¡tuve una gran idea! Una que quizás era poco ortodoxa, aunque pocas cosas podían serlo con él. ¿Funcionaría? Esperaba que sí, pero incluso si no fuera el caso, su risa ya fue de por sí un bonito trofeo que no pensaba ignorar.

Mis labios se abrieron con una exclamación de indignación. ¡Esa luz! ¡¿Se iba a ir?!

—¡Shin! —me quejé con la espalda recta y los brazos estirados hasta mis faldas, con las manos cerradas, justo antes de que desapareciera.

Pero acto seguido, me sorprendió una resistencia a mi espalda. ¿Una pared?

Giré el rostro para mirar hacia atrás, encontrándome con aquel mágico brillo cerúleo que con sólo unas palabras recuperó mi sonrisa al instante.

Me giré para seguirle el paso con mi cola moviéndose alegremente cuando él retomó el rumbo, y tras los segundos que necesité para procesar el inesperado comentario, no pude evitar echarme a reír de buena gana.

—Oye, ¡a lo mejor eres tú el que termina descubriendo por qué no he caído aún ante ningún chico! ¿Qué te hace pensar que tú serías diferente? —lo reté cuando mi respiración se estabilizó, sacándole la lengua de vuelta, conteniendo nuevas carcajadas antes de que nacieran.

¡Espera! ¡¿Ha dicho que sí?! ¡Ha dicho que sí! ¡Ha aceptado alargar la cita!

—Pero ten cuidado, no vaya a ser que caiga en tus encantos tras tanto tiempo juntos.

Ya no pude evitarlo más y dejé escapar otra risita antes de replicar.

—Bueno, ¡con que caigas dormido en la cama, a mí me vale de momento~!

Y es que no me rendiría hasta conseguir ese objetivo.

Después de todo, sabía que desde entonces me acompañaría el deseo de que aquella no fuese realmente la última excepción…

{ FIN }
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