Nutshell | Privado [Pasado]
#11
Hace mucho tiempo no presenciaba esa energía.

A veces ciertas personas irradian un brillo único, que se extiende alrededor de todo lo que orbita a su alcance, generando efectos inmediatos que varían según su receptor. En Nyra, las luces tenues y cálidas aparecieron desde el primer momento, con intriga, curiosidad, deseos silenciosos que en realidad, eran compartidos, como susurros pronunciados al unísono.

Y volvió a sentirlo cuando se vieron a solas tras la reunión en Samba.

Sus palabras le recordaban ecos que parecían extintos. Cuando más confundido se veía, fue su sonrisa incansable la que le volvió a mostrar por qué es humano, y no un arma del clan Hasegawa. Le mostró el sabor del presente, y lo bonito que en él se reflejan las memorias pasadas, un trazo inequívoco de las historias que construyen a las personas.

Y lo que encontró fue luz. La misma que ella despertaba en él.

Iluminaban noches de apariencia eterna, a las sombras más oscuras, envueltos por los sueños e ideas sobre días aún no vividos, y elevaron tanto esas esperanzas, que aquello acostumbrado a rodearlos en forma de pequeñas luciérnagas parpadeantes, se transformó en un cielo claro repleto de estrellas, atestiguando la continuación de los casi inaudibles susurros.

Ella hizo silencio cuando por fin pudo pronunciarlos, y trató de leer a través de las pequeñas miradas que le iba dedicando, entendiendo progresivamente que una niebla densa iba desapareciendo de su cabeza. No supo si había vuelto a ver algo en él, si dentro de su abrigo de protección deshilachado encontró algún hilo del cual tirar para volver a desarmarlo, pero llegó hasta el final de sus ideas, encontrando de nuevo alegría en esos labios que tantas habladurías podían producir.

Habladurías que de cierta forma, terminaba atesorando. 

Se dejó empujar, aunque no le saldría gratis, pues inmediatamente contestó al pedido de que no le haga eso. —¿Pooooor qué? ¿Acaso te enamoraste de mí y sí querías ese beso? ¿Eh, eh? —la señaló, sin dejar de lado el resto de sus ideas incluso y si esa broma puntual incluía algo tan privado.

—¡Ajá! Ahora es mi culpa... ¡la próxima vez piénsalo dos veces antes de escuchar conversaciones ajenas! —otra acusación. Y si bien, las luces no desaparecían, Shin intentaba aislarse del brillo mediante el ruido, uno tan intenso que cortaba con sus tonterías la sensibilidad del momento, tratando de recuperar el control de sus propias emociones.

Pero de alguna forma, y por primera vez en mucho tiempo, ese prodigio frío, líder innato y guerrero inalcanzable perdió el dominio de la escena, y es que si bien, fue él quien le dio la cesta, la forma en que Kuroshiro terminó tomando la decisión le impidió imponer su propio ritmo, viéndose obligado a seguirla tal y como ella quería, retirándose el velo blanco con el cual se había vestido y el calzado. La camiseta ajustada negra y los pantalones holgados claros resaltaron ante la luz de la luna, tomando la decisión de sentarse justo donde la chica le dijo, y fue abordado casi de inmediato por algo sencillo, la diferencia entre lo que él creía que necesitaba, y lo que realmente necesitaba.

Y también, algo tan trivial como los miedos. Nunca se preguntó si tenía alguno, y a la hora de imaginarlo tampoco le caían ideas siquiera cercanas a alguna realidad. El contacto con la piel ajena lo llevó a mirarla directamente a los ojos, intentando rebuscar motivos o circunstancias, recuerdos que hubiesen generado los traumas suficientes como para querer evitar algo, y no supo si era negación, o sentir el tacto de Nyra, demasiado en el presente. Un calor tan profundo y armonioso que podía llegar a fracturar del todo su fachada, y por ello debía separarse.

Tras breves segundos, donde tuvo el espacio para responder, Shin escapó y apoyó ambas manos detrás de su espalda, sentado, y se inclinó hacia atrás, el torso perfilado hacia el cielo. Sonreía, retazos de resignación viviendo en su rostro.

—Creo que todavía no lo entiendes, pequeña Nyri. ¡Toooonta! —exclamó, mirándola de soslayo. Sus iris cerúleas parecían contener una chispa que incluso iluminaba en la oscuridad, y especialmente al reflejarla a ella se encendían un poco más.

—No hay miedos que calmar. Conozco mis posibilidades, y también, estoy dispuesto a cambiar el destino las veces que sean necesarias. —sus orbes observaban el cielo, algunos mechones albinos cayendo sobre uno de los laterales de su frente —Por si no lo entendiste, esta es la última excepción. Si quieres aprender por qué las cosas son así, aprovecha. —suspira, exhalando la pesadez mental que carga.

—Pretendo conocer con qué sueñan todos ustedes, y ayudarlos a volver realidad esos deseos. Es otro motivo para volverme el más fuerte. —no quería que piense que iba a cerrarse por completo, sin embargo, volver a reconocer incapacidad le pesaba bastante, era su forma de decirle que confíe en la versión de él mismo que conocía antes de escuchar esa conversación amarga con su padre. Y es ese recuerdo inmediato el que mancha brevemente su sonrisa, aunque vuelve a animarse con la idea que se le cruza por la cabeza.

—Ah... con razón Ichiro te odia. Te habrías llevado muy bien con Himari. —su rostro, hasta ese momento de perfil, se gira a verla. Se ve completamente confiado de esa afirmación, y hasta cierto punto, es una certeza que lo reconforta.

Incluso negando a Nyra, lo que ella busca en él, realmente se alegra de haberla conocido.

Porque nunca había visto un brillo como ese.
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#12
Todo pareció haberse arreglado cuando las risas y los juegos volvieron a unirnos.

—¿Y no será que tú sí querías besarme y querías saber primero si me iba a dejar? —lo reté de vuelta antes de poner los brazos en jarra, sacarle la lengua y reír de nuevo—. ¡Ya te habría gustado que fuera tan fácil!

Pero ni siquiera así la sombra de la realidad abandonó del todo mi fuero interno, y por más larga que fuera aquella noche, cada paso en la arena me recordaba que en ella se escurría el tiempo.

Por eso me di prisa. Preparé aquella sábana y nos sentamos, pero aunque procuré cercanía con mis sentimientos y tomándolo de las manos, pero él volvió a refugiarse en bromas y con una mirada que casi evitaba la mía.

La sonrisa no abandonó mi rostro, porque quería demostrarle la realidad de que tendría que esforzarse si esperaba que fuera a dejar las cosas  así.

—No hay miedos que calmar.

«Entonces, ¿por qué me quieres alejar?». Si realmente estuviera tan seguro de poder cambiar el destino, permitiría que me acercara. Sin embargo, yo sentía que quería hacerlo para protegerme, igual que intuí que Kael quiso hacer con él.

El recordatorio de la excepción sólo hizo que sintiera acelerarse el reloj.

Escuché cómo quería proteger nuestros sueños y hacerlos realidad, y mi sonrisa se mantuvo intacta, sin saber cómo explicarle otra vez que para algunos de ellos él simplemente tenía que estar de verdad.

—Ah… con razón Ichiro te odia. Te habrías llevado muy bien con Himari.

Una risita sincera antes de poder volver a ver el cielo de sus iris nuevamente de frente.

—Seguro que sí. Me habría encantado conocerla. Estoy convencida de que habríamos sido muy buenas amigas~.

Pero este era mi momento y, aun a riesgo de romper la magia, no podía dejarlo escapar.

—Shin, si esta es una excepción, necesito saberlo —informé aún sonriendo, con una calma que procuraba ocultar mi necesidad. «Aún hay tiempo», me quise recordar—. ¿Por qué quieres que esta sea una excepción? ¿Por qué crees que las cosas son así? —En ese momento alzaría el índice, acercándolo tanto a sus labios como me permitieran su posición y el largo de mi brazo—. ¡Y no se te ocurra decirme que no lo crees y que es un hecho o una certeza! —advertí guiñándole un ojo y compartiendo una risita… antes de volver a hablarle con una calma que transmitía un atisbo más de seriedad—. Sabes que no te estoy preguntando eso.

Tenía que darme prisa en saber la verdad. Una parte de mí, temía que volviera a desaparecer con la única visión de su estela dejándome atrás.

Y, si no lo remediaba, sabía que esta vez… no iba a regresar.
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#13
Dejó que la propia Nyra cerrase su comentario sobre Himari, asintiendo con un gesto solemne. De nada servía fantasear sobre ideas o interacciones que no iban a pasar, y realmente nunca fue su plan caer en aquel gesto de creatividad al pronunciar esas palabras, sólo hiló las tendencias de odio que suelen seguir las emociones del sujeto que se adjudica el título de 'padre' sobre él, porque veía un patrón incluso y si Kuroshiro tenía su propia visión del mundo, su energía única.

El viejo odia la humanidad. El individualismo.

Suspiró, perdió la cuenta de cuántas veces lo había hecho ya, era el efecto irremediable de interactuar con Ichiro, trayendo consigo la consecuencia de que justo la rubia llegó a verlos, dificultando el que pueda huir de ella por completo, al menos en lo emocional. Y si bien, no se sentía presionado, las preguntas que le cayeron impactaron de manera certera en su pecho, incapaz de distraerse ni aunque ella volvía a tocarlo, esta vez en sus labios.

—¡Oye! —se quejó, simulando que iba a morderla, y fallando adrede en el proceso. Se robaba páginas de su libro, esa manera tan descarada de entrar en contacto con la gente... había una diferencia enorme cuando se lo hacían a él, al menos lo percibía con una intimidad que atravesaba su guardia social. —No juegues a adivinar lo que haré, porque entonces buscaré sorprenderte de verdad. —se cruzó de brazos, haciendo una pose de niño pequeño y advirtiendo algo que era real. Lastimosamente para la paciencia de las personas, Shin tenía una creatividad infinita si de payasadas se trataba.

Tuvo suerte de que las preguntas tenían mucho más peso.

—Tenías miedo de que nuestra primera cita hubiese sido mentira. —contestó a la primera de las dos cuestiones, y si bien, todo se podía resumir a eso, decidió explicarse un poco más. —Y viste cosas que no debías. Realmente nadie tiene la responsabilidad de lidiar con mi familia, o mi pasado. —reconoció, sincerándose con las cargas que esa lucha entre clanes conllevan. —Yo no miento, o al menos no suelo hacerlo en todo. Y si hay algo que no es verdad, es porque decidí que así sería más fácil para los demás. —cargar con las cadenas de sus compañeros, las preocupaciones, los miedos.

—Y es así como debe ser porque lo que pasó no se puede cambiar. Quienes se preocupan por mí, son unos tontos, eso te incluye, y al idiota de Kael. —frunce el ceño al decirlo, mirando hacia el cielo, su vista sigue fija ahí. —Sólo se puede moldear el presente y el futuro. Tengo que centrarme en lo que voy a cambiar. —ya no se trataba de un "puedo", Shin lo asumía con todas las certezas que era capaz de imaginar —No voy a perderme en el camino, porque aunque algunos recuerdos duelan... —su diestra se cerró en un puño, con el pulgar extendido señalando a su pecho, a la altura del corazón, y girando su rostro hacia ella.

Sonrió con una fuerza capaz de apaciguar cualquier preocupación.

—Todo lo importante está aquí.

Donde convergían su pasado, presente y futuro.
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#14
Se me escapó un chillidito vulpino, rápido y agudo, de sorpresa y diversión al retirar mi dedo cuando casi me muerde, echándome a reír un poquito cuando uní ambas manos en mi regazo. Por unos segundos, había logrado unirme tanto al presente que incluso la punta de mi cola golpeó sobre la sábana un par de veces. Incluso llegué a preguntarme cómo podría llegar a intentar sorprenderme la próxima vez.

Pero la pregunta, aun formulada, pronto volvió a pesarme en el pecho.

Ciertamente, había tenido ese miedo, y eran justamente los que él ya había logrado calmar cuando me expuso de él un poco más.

—Y viste cosas que no debías.

Mis orejas se agacharon un instante al sentirme culpable, pero volvieron a alzarse poco a poco tras su siguiente frase. «Responsabilidad». Una palabra intensa adornada con los colores del deber. Quizás, los años con su familia le impedían ver que no era eso lo que me empujaba a querer ayudarlo con esta o su pasado.

—Y si hay algo que no es verdad, es porque decidí que así sería más fácil para los demás.

Un suspiro contenido. De nuevo, eligiendo por el resto lo que él consideraba que era mejor para ellos.

—Y es así como debe ser porque lo que pasó no se puede cambiar.

«Pero el futuro sí, Shin». Y él lo sabía. Así lo expuso tras mencionarnos a mí y a Kael. Sin embargo, no comprendí qué relación había entre todo aquello y que tuviera que centrarse en lo que iba a cambiar.

—No voy a perderme en el camino, porque aunque algunos recuerdos duelan...

Unas palabras que me despertaron un interrogante seguidas de un gesto de confianza absoluta hacia su pecho, con una mirada directa.

—Todo lo importante está aquí.

Sonreí ante aquello. Sabía que era completamente verdad.

—Lo sé. Justo eso le dije antes a Ichiro. —Respondí con la certeza en mis iris tuquesa—. Lo mejor que tienes es tu corazón.

Pero lo de que no se perdería era, para mí, una verdad a medias incluso si no era su intención. Sin duda, sabía que jamás se rendiría y siempre seguiría su camino. Sin embargo, si al final por sus convicciones terminaba alejándose de sus seres queridos, terminaría igual de solo que su padre, aunque fuera por motivos distintos. Shin siempre iba a avanzar, pero ¿hasta qué punto podría “no perderse” sin un punto de referencia al que llamar “hogar”?

Aunque, para llegar a eso, tendría que partir desde el principio.

—No me importa si preocuparme por ti me hace tonta. Para bien o para mal, yo no tengo tanto orgullo~ —casi bromeé, tratando de aligerar un momento el ambiente antes de continuar—. Pero, justamente por eso, deberías entender que nada tiene que ver la responsabilidad. Queremos ayudarte porque nos importas. Porque te queremos. Con tu familia, tu pasado o lo que sea que venga. —Mis aguamarinas intensificaron su brillo al buscar sus gemas, sin saber si apartaría la mirada o encontraría mi verdad en  estas—. Tú quieres cargar con todo para hacerlo más fácil para los demás…, pero tienes que entender que, para nosotros, eso duele mucho más.

Inspiré una vez más y, durante un par de segundos, contuve la respiración.

—Shin, yo quiero conocer tus preocupaciones, apoyarte cuando lo necesites, estar siempre ahí para ti…, pero si tú decides ocultar cada sombra de ti, entonces yo también lo haré así. —Mi corazón había empezado a acelerarse. Desde aquí, ya no habría vuelta atrás—. Para mí, la fuerza reside en compartir entre nosotros las cargas y sobrellevarlas juntos. Pero si para ti lo es llevar la tuya propia y la de otros, entonces yo haré lo mismo. Si lo haces así, no aumentaré tu carga con la mía. Te prometí que me haría fuerte. No pretendas que siga un camino que no seguirías tú.

Una brisa algo más fuerte terminó de apagar como una vela lo que quedaba de una sonrisa que apenas había ido permaneciendo en mi rostro.

—Confío en ti lo suficiente como para saber que no me mentirías o manipularías para decirme que sí me contarás tus inquietudes sólo para que yo revelase las mías y faltar a tu palabra. Si lo hicieras... jamás te lo perdonaría.
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#15
'Lo mejor que tienes es tu corazón'

No le sorprendía del todo, desde el principio entendió que Kuroshiro tenía ese pequeño don perceptivo, sin embargo no terminaba de escapar de su asombro la idea de que incluso, a pesar de todas las barreras que levanta ante el mundo, ella haya podido observar más allá en tan poco tiempo. Un absoluto fastidio, la prueba viviente de que sin lugar a dudas, estaba diseñada para fastidiarlo en cualquiera de sus versiones.

Pero Nyra también tenía esas pequeñas grietas.

Observó su culpa mediante el leve descenso de las orejas, y la cola revoloteando de emoción durante los instantes fugaces donde las cuestiones importantes parecían perder peso. Así, también notó las variaciones en su sonrisa, arraigando palabras que se volvían cruciales entre ambos, colocando al albino en un punto ineludible.

Durante breves instantes, creyó que era el momento ideal para alejarla, quitarse lo que tantos recuerdos le estaba removiendo y terminar aquel asunto. Era tan sencillo como darle la razón y hacerle creer que entendió el motivo por el cual pertenecen a mundos distintos, mostrarle la realidad alterada, donde todo se resumía a repetir que debía ser fuerte incluso y si Kuroshiro defendía que la verdadera fortaleza estaba en compartir.

Pero entonces se dio cuenta de lo que estaba ignorando.

En una suave brisa, la sonrisa de Nyra desaparece, dejándolo sobre el filo de un precipicio al cual era muy fácil caer.

—Te dije que esta era una excepción, así que seré sincero. —al contrario que ella, la curva de sus labios no se borró. —Me pides que te cuente cosas que no siento. —durante todas las ocasiones en donde ella buscó sus orbes cerúleos, Shin no escapó al contacto visual. Y al decir esas palabras, fue él quien persiguió su mirada.


—¿Preocupaciones? ¿Miedos? Aunque intente imaginarlo, no se me ocurre nada. No es una carga para mí. —se acomodó sobre la tela blanca cruzando las piernas, dejando ambas rodillas extendidas hacia lados opuestos, y recortó levemente las distancias, intentando que ella no pierda detalle de sus gestos, movimientos o cualquier cosa que quisiese juzgar. No le estaba escondiendo nada.

—No entreno por miedo. No temo perder otra vez, ni que alguno de ustedes muera. Porque el poder de cambiar eso está en mis manos, y lo único que debo hacer es capacitarme lo suficiente como para tener la posibilidad de ganar en cualquier situación. —levanta ambas manos a la altura de su pecho, haciendo una clara referencia de equilibrio en la balanza —Ya sea política, o combates. —cambiar el mundo no se lograba sólo desde el campo de batalla.

—Mi familia, o lo que perdí, jamás afectará ese juicio. No les tengo miedo, ni tampoco me preocupan. Si algún día pierdo este control sobre mí, entonces será porque no me preparé lo suficiente. —finalmente se encoge de hombros, negando con la cabeza —Pero adivina, tampoco me asusta ese resultado, porque estoy seguro de lo que soy capaz. —concluyó su punto, intentando ser lo más claro posible.

—Pretendo iluminar el mundo sin proyectar sombras. Que la vida sea más justa para todos, eliminando la avaricia por el poder y liberando bajo normas que aseguren la seguridad de todos a quienes sean, o se sientan atados a destinos que no eligieron. —de cierta forma le resultaba irónico que el poder de la luz haya terminado en sus manos —¿Imaginas cuántas vidas dependen de ese sueño? ¿Puedes cuantificar el valor de una sola de esas vidas, siquiera? —la sonrisa se vuelve cómplice, apoyando ambas manos en su propio regazo —Sé que puedes, eres la persona más racionalmente emocional que conocí. —enfatizó antes de seguir, permitiéndole procesar esas ideas.

—Lucho por una causa más grande de lo que jamás seré.

Una libertad genuina, sin rasgos anárquicos y equilibrada, donde el poder esté genuinamente del lado correcto. Los marines corruptos de Kutsukku le hicieron ver con más claridad los riesgos de la fuerza mal empleada, siendo un motor que incluso superaba a su ego, a cualquier aire de grandeza.

—A diferencia de ti, Nyri, yo no sé vivir de otra forma... —confesó, resignado, aunque la pausa breve fue porque repentinamente se inclinó hacia ella, sujetándole ambas mejillas y estirándolas —¡Así que nada de seguir mi camino! ¡Estás perfectita y tranquilita siendo tú! —aún inclinado, mirándola con un gesto repleto de comedia que gradualmente se iba diluyendo a la simple contemplación del rostro contrario, la soltó.

—Realmente no quiero que dejes de ser tú. —un susurro, tan tenue como su mirada, observándola durante segundos breves, equivalentes a la fascinación y asombro que sintió por esa confesión.

Volvió a sentarse, manteniendo aún una cercanía considerable, pero no tanto como ese pequeño instante que empezó a interpretar como debilidad. —Quizás algún día entienda qué es lo que esperas de mí, hasta entonces, es tu decisión lo que sea que hagas. —asintió, cerrando los ojos y cruzándose de brazos una vez más —Sólo te puedo decir que no me gusta hablar de mi familia, ni de Himari. En parte por eso también esto es una excepción. —sumó a toda su explicación, soltando un nuevo suspiro, bastante más largo que otros.

Sin miedos ni preocupaciones aparentes, pero con un riesgo que ignoraba; desconocimiento. Sin saberlo, había perdido parte de su humanidad, había adoptado el rol que tanto quería su familia, aunque en una dirección diferente. Shin era un arma, de sus propios sueños y deseos vinculados a la visión que tiene del mundo.

A más poder, el aislamiento crecía, sus emociones se iban apagando más, quedando únicamente los recuerdos que le hacían confirmar a cada paso dado la dirección que debía tomar a continuación. La forma de su motor, los elementos clave.

Intentó explicarse como pudo, sin saber si ella iba a entender lo que ni siquiera él terminaba de asumir. Pero al menos lo intentó, e independientemente del resultado, estaría conforme por no haberse quitado el problema de encima escapando.

Iba a respetar esa breve despedida emocional.

Aunque algo dentro de su corazón le hacía desear que Nyra siga presionando.
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#16
—Te dije que esta era una excepción, así que te seré sincero.

El pulso se me aceleró un poquito más, temiendo el desenlace de aquella afirmación.

—Me pides que te cuente cosas que no siento.

Mis aguamarinas crecieron, sorprendidas, fijas en sus larimar. Eso no era cierto. Lo sabía. No era lo que yo había visto. Y, sin embargo, supe que no me mentía.

—¿Preocupaciones? ¿Miedos? Aunque intente imaginarlo, no se me ocurre nada. No es una carga para mí.

Mientras él se acercaba, lo comprendí.

«No sé cómo hacer lo que me pides».

El alivio me hizo sentir que respiraba por primera vez.
Entonces, nunca hubo una verdadera intención. Todo lo que había era eso.

Así lo demostró con sus siguientes palabras, centradas en protegernos a nosotros y en cambiar todo a su paso. Una ligera sonrisa volvió a mostrarse en mis labios, una que se amplió ante la mención de nuestro sueño.

Sí, claro que podía imaginarlo. Por supuesto que podía cuantificarlo. Ambos eran infinitos, como el valor de nuestra misión compartida en aquel sueño y mirada de complicidad. Una risita breve escapó cuando me llamó “racionalmente emocional”, pero no interrumpí.

—Lucho por una causa más grande de lo que jamás seré.

Ciertamente, Shin era una estrella. Una capaz de iluminar al mundo, desterrando hasta la última sombra. No había apartado la mirada de él ni un único instante, cautivada por cada una de sus palabras. De algún modo, me fascinaba cómo era capaz de exponer un brillo cada vez más fuerte y capaz de llegar tan lejos sin percatarse de que la luz de los astros se alimenta de su propio fuego interno.

—A diferencia de ti, Nyri, yo no sé vivir de otra forma...

«Si tan sólo pudieras ver el tuyo». Si tan sólo pudieras creer que existe.

Pero un ataque a traición interrumpió mis pensamientos.

—¡Oie! —me quejé casi riendo, llevando mis manos a las suyas por puro acto reflejo, al principio con intención de apartarlas para que no estirara mis mejillas…, pero terminando en un agarre suave cuando dejó de hacerlo, hasta casi dejar en mis dedos el tacto de una caricia cuando él apartó sus manos, dejando caer yo las mías en el regazo.

Mis iris en ningún momento dejaron de buscar los suyos, queriendo grabar cada detalle en mi recuerdo.

—Realmente no quiero que dejes de ser tú —susurró él.

«Realmente quiero que puedas ser tú», callé yo.

Se sentó de nuevo, señalando mi libertad de elección y la causa de una excepción.

También supe que había una razón por la que aquello no era algo de lo que a él le gustara hablar.

No podía explicarle qué esperaba de él, pero sí se lo podía mostrar.


—Shin, sé que piensas que dentro de ti no hay nada de lo que has dicho, pero te equivocas… y te lo voy a demostrar. —La certeza en mi brillo turquesa al tiempo que me ponía en pie—. Antes dijiste que no sabías hacerlo. Yo te lo voy a recordar.

La pulsera reflejó un destello de luna cuando tomé su mano y tiré de él para alzarlo también. No lo miré mientras caminaba hacia la orilla, y mis dedos lo soltaron al límite de donde la arena permanecía aún seca. Mis pasos, sin embargo, continuaron sin dudarlo a través de la tierra mojada.

Ya era hora de dejar atrás la seguridad de aquel faro y enfrentarnos por fin al oscuro mar.

El agua estaba fría, helada, pegándome a la piel la tela que quedaba húmeda a su contacto y tirando de ella cuando la inundaba. Cada paso me debilitaba un poco más y me parecía que mi akuma me rogaba que retrocediera; mis pasos se volvían cada vez más pesados, pero el tacto helado y la adrenalina me hacían avanzar. Yo simplemente me bajé la capucha, liberando mis cabellos al viento y continuando hasta que las olas más altas llegaron a acariciar mi cintura.

Entonces, con el corazón acelerado, mi alma comenzó a gritar.

—ECHO DE MENOS A RITSU Y QUIERO VOLVER A VERLO. QUIERO QUE SANDY Y GEORGY ESTÉN BIEN. QUIERO TENER AMIGOS. QUIERO QUE ALGUIEN ME RECUERDE CUANDO ME VAYA. NO QUIERO SER UN FANTASMA NUNCA MÁS.

Llené de nuevo el pecho y continué una vez más.

—ODIO A ICHIRO CON TODO MI SER. NO LE PERDONARÉ JAMÁS QUE QUIERA UTILIZAR A SHIN. JAMÁS PERMITIRÉ QUE LE PONGA CADENAS. QUERRÍA HABER CONOCIDO A HIMARI E INTENTAR SER SU AMIGA. QUIERO AYUDAR A SHIN A CONSEGUIR NUESTRO SUEÑO Y QUE LO LOGREMOS JUNTOS COMO EQUIPO. QUIERO QUE SHIN APRENDA A VER SU PROPIO VALOR MÁS ALLÁ DE SUS LOGROS Y ENTIENDA QUE YA NO PUEDE SER MÁS VALIOSO SÓLO POR SER COMO ES.

Una inspiración profunda y observé a mi compañero de perfil, con los brazos cerrados en puños y mi figura recortada por la luna. Dejé que el viento llevara mi voz hasta él.

—Recuerda Kutsukku y cada momento que viviste con Kael allí. Revive tu primer encuentro con Himari. Vuestro primer beso, cada instante en el que fuiste feliz. El sueño que construisteis juntos y dónde llegarás por él. Mira la cara de Ichiro, obsérvalo contra ese muro y escucha el nombre de ella en su voz. Repite cada una de sus palabras sobre cómo ella terminó.

Sólo entonces me giré del todo, con las aguamarinas refulgiendo en absoluta convicción.

—¿Qué te escondes a ti mismo, Shin? —En las gemas, un reto. Una invitación en la voz—. ¿Qué te grita el corazón?
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#17
Las caricias sobre el dorso de sus manos parecían haberse tatuado, manteniendo la sutil calidez que aquel contacto tan breve le produjo incluso cuando las apoyó sobre su regazo. Acostumbrado a sostener sueños de apariencia imposibles, y responsabilidades capaces de desgarrar la piel debido al peso infinito, esa gentileza conseguía quedarse grabada.

Quizás por eso intentó ignorarla la primera vez, cayendo rendido ante las sensaciones en la segunda, con ella de frente mirándolo directamente a los ojos.

Parecía haber realizado un juramento al asegurar que se equivocaba, que había algo que era capaz de hacerle recordar, y volvió a atraparlo en el calor de su roce, obligándolo a levantarse como si hubiese caído una vez más, y fuese ella, dueña de una energía única, la encargada de levantarlo. De enseñarle a vivir.

Los ojos cerúleos de Shin persiguieron el destello reflejado en la pulsera que le regaló en Baterilla, hasta terminar en la silueta de Nyra, dispuesta a perderse en el mar oscuro que tenían justo delante. Durante segundos intentó convencerse de que no iba a animarse a seguir avanzando tras soltarlo, pero volvió a sorprenderlo, en una prueba única de que él no era el único loco dentro de la división.

Él también estaba descalzo, sin embargo sólo fue un espectador mientras la chica seguía caminando. Aún sin faro, su propia luz parecía ejercer de guía, arrastrándolo por simple inercia, pues antes de darse cuenta sus pies estaban en movimiento, persiguiendo esa sensación que se instaló en su subconsciente tras sentir que volvía a soltarlo. Durante un instante, consiguió deslumbrarlo, iluminar aquella noche.

Comenzó a escuchar los latidos de su corazón a medida que seguían avanzando, o mejor dicho, mientras intentaba alcanzarla. Hasta que un grito a todo pulmón lo dejó quieto en su lugar, empapado desde la cintura hacia abajo, únicamente iluminados por la luna y las estrellas, amoldándose a la figura de Nyra, vista desde más atrás por Shin.

Entonces menciona a Ichiro.

Pudo escuchar el modo en que tomó aire para seguir, quizás afectada por la temperatura del agua igual que él, pero la voz melodiosa de Nyra no se perdía ni en ese volumen. Hasegawa bajó la mirada, contando pasos hasta colocarse a su lado mientras gritaba hacia las profundidades del mar sueños y quejas vinculados a él, lo que le sacó una muy pequeña sonrisa. Entendió lo que buscaba proyectar en él, las emociones que intentaba remover, sacarlas desde lo más profundo de su ser, donde yacían protegidas de manera incondicional, inexpugnable.

Volvió a mirarla de reojo cuando no hubieron más gritos que escuchar, y fue al momento en que volvió a hablar que esa pequeña curva en sus labios se borró por completo. No le gustaba a donde estaban yendo las cosas, notándose en muy breves temblores de sus dedos, como si quisieran rasgar las nubes intentando llegar al cielo. Imposibles.

No quería recordar, su mente lo bloqueaba, pero fue ante la mención del primer beso con Himari que un universo de memorias lo invadió, levantando los párpados con sorpresa. Evitaba girarse a Nyra, evitaba mostrarse vulnerable, pero llegados a ese punto ya no pudo detener a sus pensamientos, levantando la mirada hacia las estrellas, sus confidentes.

'¿Qué te escondes a ti mismo, Shin?'

No quería descubrirlo.

'¿Qué te grita el corazón?'

Prefería mantenerse en silencio, pero ya era tarde.


A veces me pregunto cómo sería tu vida si nunca me hubieses conocido.

A veces, simplemente creo que así habría sido mejor.


Yo sería el marine que desde mi nacimiento intentaron moldear, el orgullo de dos familias enteras, de tanta gente que mi memoria no alcanza a contarlos tras todo este tiempo sin verles. ¿Tú? Quizás estarías molestando a otro tarado suicida como yo, construyendo una vida llena de sueños junto a alguien que seguramente se piensa las cosas dos veces, que entendiendo tu brillo, decide escucharte a la primera. Sin rechistar.


Porque siempre tuviste razón, ¿es esa la magia de la cual me hablaste? Ya no estoy seguro.


Pocas veces lo sentí con semejante intensidad, deslumbrarme con un brillo tan inalcanzable que mis ojos terminaban siendo incapaces de apartarse. Te bastó con algo tan sencillo como sólo ser tú misma para lograr que te vea, para que me acerque a ti sin importarme las consecuencias, sin importar si me terminaba quemando, porque a más tiempo pasamos juntos, lo fui entendiendo mejor.


Nunca creí estar acompañado de la persona ideal hasta escucharte existir a mi lado, porque siempre alcanzaba con eso para saber que estaba completo. Escucharte respirar. Saber que estarías ahí al regresar.


Ahora que lo pienso, es posible que esa sea la verdadera magia. Trasladar la luz que transmitías hacia todo lo que te rodeaba sin apagar tu propia llama, aunque a veces te hacía parpadear. Existe la posibilidad remota de que estuvieses intentando que te imite, entonces sería un idiota por creer que puedo iluminar sin proyectar sombras.


Si todos brillamos, las sombras quedarán atrás, ¿no?


En el fondo de mi corazón creo que querría repetir esa magia, volver a creer en ella, asegurarme de que existe sin tener que acudir a los recuerdos. Pero si ignoro las emociones, todo lo que sacrificaste te convertiría en una persona todavía mejor. Todas las preocupaciones que te causaba no habrían existido jamás, y muy seguramente hoy estarías brillando en un cielo distinto.


¿Haber cambiado mi corazón tuvo como precio tu vida? Brillaste hasta terminar ardiendo, y todavía siento sobre mi piel ese calor. Incluso si nunca te hubiese conocido, Himari, de saberlo habría preferido aceptar mi destino, y que seas tú quien cambie al mundo, no yo.


Porque era tu sueño, al fin y al cabo. Todo lo demás nunca importó.


Sólo... me gustaría que lo sepas, si pudieses escucharme al menos una última vez. Lo que grita mi corazón. Lo que lloran estos recuerdos. Porque me tendiste la mano cuando el mundo parecía listo para consumirme, y yo no pude alcanzarte ese día, por mucho que intenté arrastrarme hacia ti.


Yo...

Inhaló aire, su corazón se desbordó.

—¡LAMENTO NO HABERTE SALVADO!

El grito desgarró su garganta. Comenzó a ver borroso, difuminándose la nitidez del cielo, la oscuridad del mar. No era una luz cegadora, ni energías únicas rodeándolo, guiándolo hacia lugares que nunca había terminado de visitar del todo. No. Era distinto, ecos que silenció desde el primer momento, quiebres arreglados antes de que muestren sus grietas. Lágrimas secas.

Las iris cerúleas de Shin dejaron entrever una mirada cristalina, y la cubrió inmediatamente bajando la mirada, permitiendo que su cabello cierre la ventana a esa 'fragilidad' imposible en alguien como él. Desde el grito, volvió a bloquearse, borrando de su memoria la imagen de Himari, eludiéndose de una culpa que no se permitía vivir, silenciando las ganas de extenderse en su colapso.

Durante segundos, sólo reinó el silencio, donde fue incapaz de romper el momento con ocurrencias graciosas, o tonterías típicas. Las palabras no salían, su voz renegaba de existir. Sólo se mantenía cabizbajo, cerrando los ojos con fuerza y matando el impulso de romperse genuinamente.

Entendió algo tras muchos años resistiéndose de pensarla.

No era el amor lo que lo destrozaba cada noche.

Era haberse apropiado de los sueños de alguien que murió abandonándolos.

Repentinamente, un brillo apareció en su silueta. Nyra lo había visto varias veces, y podía reconocerlo de inmediato, cuando se hace presente significa dos cosas, un ataque... o que casi al instante, Shin desaparecería de la vista de todos de manera inevitable. —Esto... no fue una buena idea. —consiguió pronunciar tras permitir que el silencio se apoderara del momento. Lo extraño estuvo en que aún habiendo activado su poder, sencillamente se dio la vuelta de manera normal, aún a la vista de Kuroshiro.

No había vuelto a mirarla, lo que contenían sus ojos era un absoluto misterio. Pero él emitía su opinión, un pequeño desahogo por haber quedado tan expuesto —Deberías rendirte conmigo, pequeña Nyri. —levantó el rostro, dándole la espalda al mar, al horizonte estrellado, a la luna. —Es el camino que elegí. —la miró a los ojos una última vez, en lo que pretendía que sea el cierre a la excepción.

Pero, ¿por qué intentarlo si todo estaba dicho? Los pensamientos del siempre inamovible Shin eran un caos, desbordándose, implosionando en sus emociones, y no sabría explicarlo, pero el hecho de cederle esa oportunidad ya significaba un mundo.

Incluso tardando más tiempo del que acostumbraba en desaparecer.
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#18
El grito de Shin rasgó el aire y dejó en él una herida de desesperación y doloroso pesar.

Yo simplemente lo observé, incapaz de romper el silencio que dejó tras de sí, percibiendo el cúmulo de emociones en su voz pero sin llegar a comprenderlas en su completa y oscura profundidad. Aquel eco de alma rota, sin embargo, no lo olvidaría jamás.

La culpa me pesó en el alma cuando sus cabellos escondieron su mirar. El corazón se me aceleró ante el tenue brillo que comenzaba a envolverlo. Ya sabía lo que significaba.

—Esto… no fue una buena idea.
—Lo siento… —me disculpé de inmediato con la voz ligeramente ahogada por el nudo en la garganta—. No quise presionarte… —¿Quién era yo para indagar tanto en su interior…?

Pero, por una vez, su partida no fue inmediata. Cuando se giró, no me miró a los ojos. Si lo hubiera hecho, los habría encontrado vibrantes, ligeramente acuosos. Yo me pregunté qué habría en los suyos.

—Deberías rendirte conmigo, pequeña Nyri. —Sentí una pequeña grieta surgir en mi pecho al comprender que ese sería el final—. Es el camino que elegí.

Sus iris quedaron fijos una vez más. La última quizás.

La pulsera se ocultó bajo el agua cuando mi diestra se deslizó entre unos pliegues secretos de la falda.

—Puedes elegir el camino que quieras, Shin… pero los sentimientos no son debilidad. Te aseguro que pueden ser el motor de la mayor de nuestras fuerzas.

Envolví entonces su mano con las mías, deslizando entre sus dedos el pañuelo que había llevado conmigo. Antes, planchado, impoluto, doblado y perfecto. Ahora, empapado y con olor a sal.

—Yo jamás me rendiré contigo.

Cuando lo vi, del mismo color degradado que aquel haori que compró antes del primer cambio que noté en él, no lo dudé. Describí el patrón a la atesana y pudo replicarlo en un bordado a la perfección.

Pude recuperar aquellas prendas para él, pero pudo haberlas perdido. Siempre que trabajábamos lo hacíamos con nuestro uniforme. Con una expectativa y una imagen que mantener para los demás. Por eso, igual que yo pude ocultar un pañuelo en Kutsukku, se me ocurrió que él podría hacer algo similar.

Originalmente, pensé que podría utilizarlo como señal de identidad a pesar de lo que esperaran los demás o simplemente para secarse el sudor después de tanto entrenar y que recordara que había gente que lo esperaba para crear lazos al descansar. Tras escuchar a su padre, creí que podría ayudarlo como un ancla bajo la ropa formal que lo obligaran a llevar, o a mostrarlo como adorno en una especie de rebeldía secreta hacia él.

Ahora, sin embargo, una única idea llenaba mi mente.

—Yo siempre te aceptaré tal y como eres. Por completo.

Aquel era mi regalo.

—Ojalá algún día tú también puedas hacerlo.

Esta vez no habría promesas. Tan sólo la verdad y un deseo.
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#19
'Lo siento…'

Las palabras perdían valor, especialmente cuando los actos son realizados con tanta decisión. Lo repasaba en cámara lenta, cada paso dado hacia el mar que enfriaba sus cuerpos, todas las frases gritadas hacia el cielo, atrapadas sílaba a sílaba por diferentes estrellas, el firmamento fungiendo de pecera. Un estanque artificial de recuerdos, desbordándose.

Sólo pudo esclarecer que eligió transitar ese camino de manera consciente, sin importar los costes humanos que se sacrificasen a medida que avanzaba. Su propia humanidad, y de nadie más. El regalo que le hizo Himari, un tributo que estaba dispuesto a pagar si eso significaba llevar sus sueños a la realidad, hacer la utopía tangible, volcando el paraíso sobre almas errantes, orbitando alrededor de cuerpos que no se pertenecen a sí mismos.

El poder. La política. Las responsabilidades. Cada cuestión lo alejaba más de una cotidianidad estándar, lo descubría con cada nueva interacción, con los sentimientos intentando encontrarlo, dando con la enorme distancia que había trazado entre ellos y su racionalidad. Tal y como le confesó, es la única manera que entendía de vida, y estaba tan entregado a ello que había perdido la capacidad de afrontar situaciones como las que exponía Kuroshiro.

Quizás por eso la perdonó en completo silencio.

'Yo jamás me rendiré contigo.'

Su sonrisa fue trazada por mera ironía.

Sintió la tela en su mano derecha. El contacto esta vez fue frío, mayormente tapado por el pañuelo que había decidido entregarle, húmedo debido a las condiciones a las que se expusieron. A las que fue arrastrado, un poco en contra de su voluntad inicial.

—Cállate ya, Nyra.

Las únicas palabras que salieron de sus labios. Un pitido creciente saturaba casi todos sus sentidos, los estímulos lo habían sobrepasado, y no quería seguir escuchando cosas que por el simple contexto ya sabía. El tono en su voz estuvo repleto de desgana, y la única pista genuina que Kuroshiro podría tener para quizás, entender que no la estaba despreciando, era la forma en que se aferraba al pañuelo, observándolo durante instantes fugaces casi imperceptibles, antes de finalmente desaparecer.

El destello fue abrupto, al no estar totalmente sumergido ese poder seguía funcionando, y lo hacía a una velocidad que parecía no tener límites. Nyra sería incapaz de siquiera intentar predecir la dirección que tomó, pues las estelas dejadas por ese brillo tan intenso desaparecían casi a la misma velocidad que sus movimientos. Ni siquiera el agua entendía si algo realmente se movió en ella.

Pero las esperanzas no habían muerto.

Tras varios segundos, donde yacía la cesta, se pudo ver a Shin. Sentado frente a la misma, metiendo las manos en el interior, tratando de desvelar lo que guardaba, y encontrándose un mundo de sabores en forma de bocadillos, aunque a punto estuvo de llevarse a la boca la vela. Durante la transición, guardó el pañuelo en el interior de su uniforme, y cuando parecía que incluso desde ese momento iba a ignorar a Kuroshiro, sus ojos en aparente estado de normalidad se dirigieron a la chica. Entonces, alzó el brazo.

—¡Oyeeee! —no sonaba alegre, al menos no de la forma que acostumbraba. Había cansancio, cierta desgana y una oscuridad que seguía oprimiéndolo, aún así, lo intentaba. —Reconozco que eres hermosa con esa luz natural, pero se supone que eres mi cita. Te verías aún mejor cerca de mí. —palmeó la arena a su lado, sonriente. Esa curva en sus labios era minúscula, imperceptible a la distancia.

El pitido disminuía la intensidad. La petición de silencio resignificaba su sentido, como si no fuesen explicaciones lo que necesitaba tras, prácticamente, haber sido abatido por ella. —¡Salvo que no te importe que me coma todo! No dejaré ni la vela. —la sacó de la cesta, mostrándosela, y agitándola en el aire.

Su cansancio no se ocultaba. Las sonrisas eran reales, intentando no hundirse por los recuerdos, por esa nueva sensación que reinaba en su pecho, y eso evitaba que lo usado en ese instante sea una máscara.

Seguía siendo él. La persona que gritó al infinito un arrepentimiento que jamás verbalizó. Pero también, el hombre que cargaba con todos los pesos en completa soledad.

La gran diferencia, era esa invitación.

Asumir en silencio que la compañía, por esa vez, no le vendría tan mal.

Let there be light
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1871 + 0 = 1871
Energia: 2109 - 70 = 2039
Espiritu: 468 + 0 = 468
#20
—Cállate ya, Nyra.

Mis manos soltaron de inmediato las suyas y quedaron enlazadas a la altura del vientre.

Ya había notado que aquella sonrisa no era precisamente de felicidad, y aquellas palabras me confirmaron que el fuerte agarre sobre el pañuelo se debía a la rabia… o quizás algo peor.

La culpa me impidió volver a mirarlo a la cara o buscarlo siquiera cuando aquel destello desapareció.

Sentí mis gemas comenzando a humedecerse mientras me preguntaba hasta qué punto, por idiota, habría llegado a hacerle daño…

—¡Oyeeee!

Ni siquiera se me había ocurrido alzar la mirada hasta que su voz me sorprendió. Aunque sonaba cansado, me llamaba junto a él. Lo observé un par  de  segundos sin moverme del lugar, tratando de dilucidar si el halago y su invitación venían de un sentimiento sincero o si sólo lo hacía por cumplir o no hacerme sentir mal.

«¿No crees que bastante daño le has hecho ya?».

Detuve un pequeño paso que ya había iniciado bajo el agua. Una parte de mí quería marcharse para que no tuviera que seguir fingiendo por mi causa. Sin embargo, sabía también que, de haber querido, habría fingido mucho mejor. Lo había visto tras su encuentro con Ichiro. ¿O es que estaba tan agotado que ni eso podía ya?

—¡Salvo que no te importe que me  coma todo! No dejaré ni la vela.

Una imperceptible sonrisa se formó en mis labios. Con todo lo que se estaba esforzando, no podía marcharme sin más.

«Ya se han hecho las cosas a mi manera demasiado tiempo».

Ahora le tocaba a él marcar el compás.

—¡Eh! ¡Déjame uno de tortilla y tomate por lo menos!

Acto seguido comencé a correr hacia él tan rápido como me lo permitía la resistencia del agua. Al ir acercándome a la orilla, me recogí las faldas hasta un poco más arriba de las rodillas y recorté así la distancia que me separaba de él.

Extendí un poco la sábana al llegar, pues el viento la había movido de su sitio, y me senté sobre ella, dejando únicamente parte de mis piernas fuera. Con un poco de suerte, eso serviría para que mis ropas no se impregnaran de la arena al rozarla.

Estiré entonces el brazo hacia  la cesta, tratando de coger un bocadillo al azar.

—Te recomiendo dejar el de queso blanco y dulce de membrillo para el final. ¡Casi podría ser un postre~! —sugerí con una gran sonrisa, tratando de abrazar como podía el presente mientras desenvolvía el papel.

El que había abierto era de filete empanado, con tomate también. Le di enseguida un mordisco, y la punta de mi cola se movió un poquito sola debido al sabor. ¡Qué ricoo!

—Dentro de la cesta hay un par de odres con té, por si tienes sed. Uno de ellos es dulce y el otro no; te puedo dar el que prefieras, a mí me gustan los dos —recordé en voz alta tras pasar aquel primer bocado, mirándolo de reojo por primera vez desde que me senté.

Realmente quería intentar que se sintiera un poquito más en paz.
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