Penumbras | Pasado | Dharma
#1
Día 50 de Verano, Año 17 / 05:00 pm
Corriente Akai, Isla Sabakun
Dunas de Shura (Zona Central) 



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El clima árido de las Dunas de Shura resulta sofocante, implacable en el día a día, y salir al exterior significa aceptar que el sol quemará cada parte de tu cuerpo si no vas lo suficientemente cubierto, pero… permanecer en tu morada, aunque seguro y fresco, implica renunciar a la búsqueda de recursos que ya de por sí son lo bastante escasos como para darte el lujo de esperar a que la suerte llegue por sí sola.

No puedo decir que mi estadía aquí en las Dunas haya sido emocionante, no hay mucho que descubrir, solo bancos de arena que el viento acumula y dispersa de manera constante, más allá de lo poco que esta zona resguarda, se alzan antiguos recintos de piedra donde algunos pobladores han hecho vida entre cimientos desgastados por el pasar de los años. Hacia el sureste corre en voz alta la existencia de un oasis que permite a unos pocos abastecerse de agua limpia para resistir a las pertinentes oleadas de calor azotando todo lo que esté por debajo de las mismas.

Lo curioso del desierto es su contradicción en cuanto sus temperaturas, durante el día el abrasador abrazo del sol, y durante la noche, el frío te muerde sutilmente a tal manera que no tener un abrigo podría hacerte desesperar irónicamente por una fuente de calor, y es por eso que las fogatas nunca fallan. Caminaba precisamente por la zona comercial, ese lugar que muchos llaman el único páramo que vale la pena visitar, un pequeño refugio de vida entre la nada, precisamente donde los pobladores levantan sus negocios que no son más que puestos de víveres, telas resistentes, prendas pensadas no para el estilo sino para la supervivencia.

Sus fachadas eran rocosas, construidas sobre cimientos de arena plana, algunos tienen detalles con madera pulida, otros eran negocios completos donde ofrecen comida cual taberna de un pueblo. También estaban las personas que vendían licores fuertes, jarras de agua, vinos. Lo que más llamaba mi atención eran las capas de telas que ondeaban por encima de los pasajes brindando una protección al insano sol.

Recuerdo cuando llegamos, arrastrados por aquella tormenta isana que nos lanzó a corrientes lejanas del Blues, navegamos en la montaña sin retorno en plena oscuridad, guiados más por la necesidad de vivir que por la vista misma, y como si el desierto hubiera escuchado nuestras súplicas, terminamos encallando en las desconocidas arenas de la Isla Sabakun. Ahora, después de semanas, supongo que logramos adaptarnos sin problema alguno… o al menos, eso me gustaría creer.

Visité el oasis durante el día, llevaba conmigo una bolsa de tela áspera y gruesa que era capaz de contener el agua que tanto escasea aquí, y tras una breve exploración, dejé que la tarde cayera en mi aventura para disponerme a caminar por la zona comercial, en busca de algo que perdí en nuestro antiguo viaje, un sombrero de paja, y al igual que el otro, me gustaría que fuese de color blanco. Necesitaba que algo me protegiera del insano sol, además, que usarlo también me remontaba a los recuerdos de mi tierra natal, Baquella.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#2
Un clima diferente a lo habitual, las arenas y el calor intenso de un desierto habitado. Las personas de esta isla no son simples pobladores, muchos de ellos parecen bastante fuertes, a su manera, quizá por las inclemencias del clima, se han habituado a resistir y enfrentarse a diferentes tipos de peligro, no solo por el clima, sino por su propia fauna y flora, así como las incertidumbres que puedan derivar de tener que vivir en esta primer isla de la corriente Akai.

La isla Sabakun era tranquila, no había mucho que hacer ni decir, solo intentar recuperarse de lo sucedido, tras haber perdido el "Buda" y parte de su tripulación, el capitán de los mermados Rakshasa visitaba una de las zonas centrales de este desértico lugar. Las Dunas de Shura unas de las partes mas pobladas e importantes de esta region, donde podría encontrar más información y la manera de seguirse moviendo por medio de algún tipo de barco mercante o con algunos mercenarios pagando lo necesario, pues de una u otra forma tenían que avanzar hasta poder encontrar un lugar ideal para poder volver a reconstruir lo que quedaba de su tripulación. Por ahora Dharma se encontraba solo entre las calles de Shura.

La arquitectura era de cierta forma basada sobre las ruinas de una civilización antigua, era como volver un poco en el tiempo a una era diferente, una era antigua donde no había mucha tecnología y la gente parecia solo vivir con el dia a día. Eso es lo que le traía a la mente mientras merodeaba tranquilamente por la zona comercial de este lugar. El espadachín por su parte portaba sus ropajes habituales; camiseta color negro y pantalones gris claro, sobre estos una especie de gabardina de telas frescas de color negro que cubría la zona de su espalda hasta su antebrazo y también parte de su torso, ocultando así de forma tenue sus dos espadas que solía portar.

Los pasos del oriundo de Wano eran relajados, su mirada curiosa, se transportaba lentamente entre cada puesto, observando lo que veia a la venta, le servía de distracción en lo que quedaba lista la manera en que se movería de isla, tenia que hacer tratos por  "por debajo del agua" con diferentes mercaderes, si bien el pirata no pretendía ocultar su rostro, tampoco emanaba sensación de querer ser reconocido por cualquiera. El nuevo periódico aun no salía, pero no faltaría mucho para que ese medio tan impostor hiciera de las suyas, como si el mismísimo editor de ese periódico fuera un fan maligno de Dharma.

| Bro... este calor... menos mal bebí suficiente agua antes de salir| Musitaba dentro de su mente mientras continuaba su andar.

Así pues mientras caminaba pudo detenerse en una tienda donde vendian diferentes objetos que podrian servir para cubrirse del sol, sombreros, gorras, boinas, bufandas y esas telas raras que usaban en zonas deserticas, cuyo nombre aun no podia memorizar. Las calles por su parte no presentaban tanta aglomeración de personas, pero si que caminaban decenas de estas de ida y vuelta buscando lo mismo que Dharma, una distración, curiosidad o quiza encontrar algo más que fuese util. Al menos el sol de la tarde era menos pesado y quemante.

| Ah... disculpa ¿sabrás que nombre tienen esas cosas que se ponen en la cabeza? | Pausaba un instante, mirando directamente a los ojos a la chica, la cual era de menor estatura que el. | ammm.... sirven para el sol... pero... son como una tela y tienen como un aro en la cabeza... espero darme a entender | Su voz gravosa  y seguro de si mismo salía expedida con total franqueza y sin titubeo alguno. Las palabras iban dirigidas para una señorita que se iba acercando, esta de cabellos pelirrojos más hacia lo naranja. No es que hubiera mucha gente a la que pudiera preguntarle, pero era una de las pocas personas que traía el rostro descubierto.

Outfit alusivo al que usa Dharma en Shura
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#3
En el mercado desértico pude visualizar una gran variedad de objetos funcionales, desde canastos, comida desecada y tarros de semillas, hasta telas multicolores para la vestimenta, por un momento estuve a punto de dejarme llevar y comprar en cada puesto, pero, recordé que estaba allí por un objeto en específico, uno realmente importante para mí. No podía gastar los pocos recursos que tenía.

Al girar en una esquina y avanzar un poco más, mis ojos azulinos encontraron un puesto que ofrecía exactamente lo que buscaba, sombreros, gorras y boinas, además que también había telas y bufandas colgadas en las paredes a modo de exhibición, tal hallazgo me hizo sonreír de cierta manera, solo esperaba que tuvieran un sombrero similar al que había perdido en aquel lugar. Di un par de pasos más, hasta quedar a medio metro del lugar, cuando la presencia de un hombre me tomó por sorpresa al dirigirme la palabra. Era alto, de piel clara, aunque algo curtida por el mismo sol, sus ojos entrecerrados que transmitían calma profunda y despreocupada. Una cicatriz en la comisura de su labio que no pasaba desapercibida, su complexión era imponente, fácilmente el triple de la mía, no por peso, si no por su musculatura, apenas disimulaba eso bajo la túnica que lo protegía del abrasador sol.

Me detuve al escuchar su voz grave y sentir su mirada esmeralda fija en la mía. No fue miedo lo que frenó mi andar, ni me sentí intimidada por su físico, sino, la naturaleza inesperada de su pregunta cuya respuesta parecía evidente al estar justo frente al puesto. Parpadeé un par de segundos tratando de confirmar si realmente se refería a eso. Retomé el paso hasta quedar a unos centímetros de él, esbozando una sonrisa amable y cortés, y mi voz reflejaba también una tonalidad tranquila —- ¿Un sombrero?

—- Aunque claro, existen de varias formas… —-- añadí, pensando que quizá buscaba algo distinto. Recorrí la tienda con la mirada hasta encontrar una boina y otro sombrero similar al que había perdido, aunque más pequeño de lo que me gustaría. Tomé la boina con cuidado y con permiso de quién atendía.

—- Las boinas están hechas de una tela más aterciopelada, son bonitas, pero no protegen mucho del sol, si eso es lo que buscas… no te funcionará. — expliqué con paciencia antes de devolverla a su lugar, luego señalé el otro que tenía en mi otra mano.

—- En cambio, este es más funcional para el sol, por eso suelen llamarlo sombrero playero, mientras más ancha sea el ala mayor protección te ofrece. —- Sin embargo, aquel sombrero resultaba ser pequeño, así que lo dejé junto a la boina. Continué observando el puesto hasta que noté varios turbantes de distintos estilos colgados en los escaparates de la tienda.

—- Ah, también podrías elegir un turbante del desierto. Es una tela larga, casi de mi estatura… — comenté inmersa en el tema, haciendo un pequeño gesto con las manos para explicar su uso —- Puedes enrollarla como prefieras, sobre la cabeza o incluso cubriendo el rostro desde la nariz hacia abajo. —- Hice la mímica tocando el puente de mi nariz hasta mi clavícula. —-- Bueno, he visto que muchos habitantes de esta zona lo usan de esa manera, tampoco soy una experta jajaja. 

Fue entonces cuando me percaté de que había estado hablando sin parar y él solo me había preguntado por el nombre de un objeto en concreto.

—- Disculpa, creo que hablé demasiado… —- Me acerqué de nuevo a él, no tanto para evitar incomodidades — Mi nombre es Miyori Hoshino, no soy de este lugar por lo que no puedo darte una recomendación tan precisa jaja.
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#4
La manera en que la situacion se iba desarrollando, pecaba de una naturalidad extraña, Dharma solía ser muy asertivo y conciso con lo que hacia. No pretendía nunca causarle inconvenientes a ningún desconocido que no se lo mereciera. Fuera de su área de "trabajo" como le podía llamar al ser un pirata, era un joven tranquilo, con una mirada solemne que incluso podía no solo inspirar un tipo de respeto o miedo, sino cierta confianza y no por que fuese amable, sino porque era alguien que a final de cuentas era muy real, mentir no era para nada su estilo de vida. Claro esto mirándolo fuera de batalla, ahí las cosas podrían cambiar, sus pensamientos se volvían violentos, recitando odas al universo caótico que lo ha parido en este mundo tan curioso. Pero bueno la platica con la desconocida se había desarrollado de lo mas normal.  Cosa que para nada incomodo tampoco al espadachín. Que la escuchaba con suma atención. 

| Hmm... | Murmuraba mientras escuchaba las explicaciones de la peli-naranja, su voz era dulce y amigable, le recordaba a cierta amistad que tuvo hace muchos años, era bueno tener amigos y amigas, pero muchos de ellos ya habian muerto por decisiones del destino, sentir una platica tan amena, era de cierta forma peculiramente reconfortante. | ¡Eso! justo... turbante | La persona  que atendía el lugar, atenta a la platica para hacer una buena venta, pero en silencio mostraba un par de turbantes, uno de color gris con blanco y otro de color gris claro con negro, sabiendo con buen ojo, que el joven Dharma vestia esos colores. | Este me agrada... ¿Qué dices?| Tomaba el objeto gentilmente de las manos de aquella señora vendedora, que se limitaba solo a eso vender, sin decir mucho.  Pero sus ultimas palabras iban hacia la amable joven que le habia recitado todo tour de gorras y boinas, cosa que no le incomodo en nada al pirata.

| Creo que me van más lo colores oscuros... | Sus ojos se afilaban un poco más mientras exponía con ambas manos, el turbante ligeramente extendido, frente de si mismo, el turbante de color gris/negro de apariencia bastante sobria y elegante, despues siguiendo las instrucciones de Miyori, se lo ponía de alguna manera, aunque no sabia si era la mejor. | Miyori...  ¿así? De donde yo vengo nunca había visto algo como esto... |

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Se quedaba un poco confuso mirando hacia arriba como si se pudiera ver a si mismo por unos segundos, el turbante le había cubierto parte de la cabeza y la frente, casi quedando a la perfección, pero un poco chueco. Dharma se inclinaba ligeramente, como mostrándole a ella un poco como le había quedado | ah.... mi nombre es...  | La pausa duro un poco mas que un instante | Dharma | Dijo su nombre, con aquella voz invariable que había sostenido hasta este momento, era parte de si mismo, una voz tranquila pero seria... una combinación especial que solo podía expedir el. Y aun sabiendo que podría ser buscado o reconocido por agentes del gobierno o marines y cazadores. Pero que más daba, si esa chica era algo que tenia que ver con eso, podría saberlo en su reacción. Pues sus orbes esmeralda oscuro, se posaban atentamente en ella tras mencionar su propio nombre, diferenciando las alturas claramente, pero eso le permitía verla de mejor manera.
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#5
Me agradaba ser de ayuda aunque no supiera demasiado sobre vestimenta o modas, aun así, podía decir que me hacía sentir bien poder ayudarle. La señora de la tienda, hábil en su oficio, no tardó en preparar varias opciones cuyos colores combinaban perfectamente con el atuendo del chico. Cuando escogió el que más le agradaba, buscó mi opinión después de mencionarme de su preferencia por los tonos oscuros, por mi parte simplemente asentí con una pequeña sonrisa, confirmando que, en efecto, había hecho una buena lección.

En cuanto sostuvo la tela y lo extendió frente a mí, comprobamos la calidad de la misma, acto seguido procedió a colocárselo sobre la cabeza siguiendo mis instrucciones de antes, o mejor dicho, aquella improvisada demostración de hacía unos momentos, y aunque logró su objetivo, el resultado quedó un poco chueco, parte de la tela cubría demasiado los mechones de su flequillo frontal, dándole un aspecto al desordenado.

— Ni yo he visto este tipo de prendas jajaja… —- respondí a su comentario diciendo que era la primera vez que él veía o usaba un turbante, y entonces me hizo entender que, al igual que yo, él tampoco era de esta región. Cuando se inclinó hacia mí, no retrocedí, puesto que su duda era clara así que simplemente alcé las manos para acomodar la tela de mejor manera, procurando que quedara más recta y que no ostruyera su visión. Acomodé la tela de tal manera que quedara a media frente y, con un movimiento gentil, aparté los mechones que caían sobre sus ojos hacia los laterales de su rostro, fue un gesto cálido nacido únicamente de mi intención por ayudar —- ¿Mejor ahora?

Con una voz seca e invariable, y tras un instante prolongado en el que el suspenso pareció tensarse antes de revelar su nombre, finalmente se presentó como Dharma. Sus ojos color esmeralda permanecieron fijos en mí, estudiando mi expresión con una atención casi meticulosa.

—- ¿Dharma? …. —- Repetí su nombre una vez más como si este hubiese llegado a mi mente por simple casualidad, *Dharma*, ¿Dónde había escuchado ese nombre antes?, parpadeé un par de veces, claramente incrédula ante aquel pensamiento repentino, probablemente él podría notar que algo cruzaba por mi cabeza en ese momento, una duda silenciosa que intentaba encontrar sentido entre mis recuerdos.

—- Dharma, hmmm…. —- Esta vez mi mano derecha se fue a mis labios, descansando mi dedo índice sobre mi mentón como si intuyera un recuerdo, incluso mi mirada bajó hacia el suelo, tratando de recordar el peso de de ese nombre. —- Dharma…Dharma….

Y entonces, al escarbar entre mis recuerdos, recordé aquella horrible pesadilla vivida, emergió de golpe en mi mente de cuando estaba en aquella sala congelada, precisamente el momento donde Arnold Redflags salió huyendo y minutos después las luces se apagaron por completo con el sonido de una campana de sirena anunciando una emergencia. Ese momento cuando tuvimos que decidir entre nosotros el menos apto… y justo en medio de esa tensión, escuché el nombre de Dharma por primera vez, lo había mencionado su compañera, y ahora mi amiga, la Gyojin medusa, Melly.

Alcé la mirada con una sonrisa que se extendió de lado a lado, genuina, emocionada y colmada de felicidad. Lo señalé, aunque no de una manera irrespetuosa, sino, como si en la punta de mi dedo sostuviera aquella idea recién rescatada de entre mis recuerdos. Mis ojos azules se encontraron entonces con la profundidad de su mirada, invadiéndola con el brillo de quien finalmente había logrado encajar las piezas. — ¡AHHH!, ¡Eres el capitán de Melly!

— Ejem… — Se escuchó el murmullo de la señora que nos atendía servicialmente, y al mirarla nuevamente comprendí lo que pasaba. 

—- ¡Disculpe, yo también llevaré un sombrero!, ¿Pero tiene uno más grande que ese? Necesito uno, y de preferencia que sea blanco.
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#6
De un momento a otro las manos de ella se movieron, Dharma tenia cierta inquietud y además el prejuicio de no confiar en nadie de forma genuina y esta mujer estaba a punto de dirigir sus manos a un punto donde el no solía permitírselo a nadie.  Su mente reacciono, sus ojos también, pero algo en su criterio se aturdió por unos segundos. La gentileza que emanaba de alguna forma la mujer, lo había distraído un poco, pero no así a su propia voluntad "primal" aquel instinto innato a su poder. Sin quererlo ni desearlo su mano derecha se había colocado en la empuñadura de su arma a una velocidad imperceptible para cualquier ahí presente.

Sus diestra se había movido con tal velocidad que parecía solo un movimiento sutil del viento, pero estaba a unos instantes de desenfundar su espada y ejercer lo que siempre sabia hacer, violencia, sin embargo, para cuando pensaba hacerlo, aquella mujer de ojos celestes musito unas palabras cargadas de nada más que paz y bondad.

—- ¿Mejor ahora?  | Dharma se quedo quieto, su expresión no había cambiado nada en lo mas mínimo, así como su voz, sus emociones eran casi invariables y aun más con aquellos que conocía nada. | Si. | Dijo al mismo tiempo que pudo sentir como sus cabellos ya no estorbarían en su movimiento y como el sol que se escabullía entre las sombras que proporcionaban los puestos, ya no se sentía con la misma intensidad.  Al tiempo el espadachín, soltaba unos cuantos billetes, sabiendo que con eso cubriría el costo.

—- ¿Dharma? …. —- | El oriundo de Wano mantuvo su mirada confusa ante lo que era una reacción de desconocimiento genuina.  " Bro... creo que hay gente que no lee el periódico " Pensó, suspirando muy tenuemente, su pecho se inflaba un poco, sabiendo que no abría mas problemas y que esta joven de cabellos naranjas, era nada más una especie de turista, pero los titubeos también eran extraños. |  —- Dharma…Dharma…. |

El pirata podría entender que alguien no conociera su nombre o su rostro y ahora menos que había avanzado del South blue, pero no se podía confiar, sin embargo esta chica parecía titubear e intentar recordar. Al mismo tiempo las manos de  Dharma volvían al frente, con total naturalidad y su presencia maligna disminuía casi por completo, no es que pudiera hacerse sentir, pues podía disimular solemnidad, paz, tranquilidad, pero aquella presencia era como el mismo se refería a la oscuridad de su interior que le motivaba a desconfiar y exterminar aquello que podría ser perjudicial para él.

| Si... soy ese | La mirada del espadachín se volvió menos intensa e interrogativa, su postura se volvía a reajustar a una postura mas tranquila y relajada | Supongo entonces... que tu también tuviste que sobrevivir a lo mismo que Melly ¿correcto? | Dharma se alejaba un par de pasos del puesto, denotando un poco de más espacio entre la mujer de cabellos naranjas y él. | Entonces no eres solo una turista... ¿Qué eres?|

Dharma termino de hablar, su voz aunque aun seria a su manera de siempre, era con un "dejo" de más relajación y dio pausa a que Miyori pudiera interactuar con la vendedora, el sol  aunque era más tenue que en horas intensas, aun podía ser un poco molesto y si ella necesitaba un sombrero, lo mejor era darle un poco de espacio, eso es al menos lo que pasaba por la mente del espadachín. El cual se mantenía esperando a que la joven terminara de hacer su compra, tenia cierta curiosidad ahora de saber como es que no solo conoció a Melly, sino también sobrevivió y como es que podía andar aparentemente sola en este tipo de islas, que aun de cierta forma eran un tanto desconocidas para el propio pelinegro.
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#7
La vendedora resultó ser completamente servicial, del mismo modo en que había atendido a Dharma, aquel hombre de vestimentas negras, comenzó a enseñarme distintas opciones de sombreros, sin embargo, la mayoría se alejaban bastante del estilo playero que tenía en mente, algunos demasiado elegantes, otros exageradamente llamativos. Aun así, tras varios intentos y después de rebuscar entre estantes y cajas de madera, terminó encontrando uno blanco que captó mi atención apenas lo sostuvo frente a mí, era sencillo, ligero y tenía ese aire fresco y despreocupado que estaba buscando desde el inicio. Tomé el sombrero entre mis manos, observándolo un instante antes de esbozar una pequeña sonrisa satisfecha. Luego alcé la mirada hacia otro rincón del puesto, señalando un delicado listón que colgaba entre varias telas de colores que se mecía conforme la corriente de aire proveniente de la calle externa. —- Me llevo el sombrero… y también ese listón de allá, por favor.

Entre tantos colores escogí uno azul cielo, había algo tranquilo en ese tono que me recordó al mar pacifico que surcan las costas de mi hogar, de Baquella, me remontó a días amados. —- Muchas gracias. —- Fue lo último que dije mientras pagaba a la servicial señora e incliné la cabeza en señal de agradecimiento.

Ya fuera del mostrador tomé el listón entre mis dedos y lo acomodé alrededor de la copa del sombrero con paciencia, formando un moño discreto que le diera un toque más personal, al colocármelo finalmente sobre la cabeza, una sensación extrañamente cálida me recorrió el pecho, era muy feliz ahora.

No tardé en acercarme nuevamente al capitán de Melly, poco a poco nos fuimos alejando de la tienda de sombreros, dejando atrás al bullicio de las voces y la clientela que le estaba llegando. Ninguno de los dos parecía apresurado, caminar se convirtió en lo único natural entre nosotros. —- Sí… estuve junto a Melly ese día, y fue una experiencia horrible. —- Mi voz salió más baja de lo habitual pero mi sonrisa nunca desapareció.

Mantuve la mirada fija en el camino mientras avanzábamos entre la multitud pero mi mente ya no estaba allí. Los recuerdos regresaban por sí solos, arrastrándose como sombras incómodas, esos juegos, la desesperación y la tensión asfixiante de aquel lugar. Todo seguía demasiado vivo en mi memoria. 

Su segunda pregunta antes de habernos alejado de la tienda era algo que aún formulaba una respuesta adecuada, ¿Qué soy?, mis pasos se hicieron un poco más lentos pero no por eso no seguía junto a él en tramos despreocupados y tranquilos. —- ¿Qué soy?, hmmmm

Guardé silencio durante unos segundos, observando distraídamente el movimiento de la gente antes de girar apenas el rostro hacia él. Caminaba con las manos detrás de la espalda, intentando ordenar pensamientos que ni yo misma terminaba de comprender. —- Es… difícil de explicar. —- murmuré aquello casi para mí misma. — supongo que… al igual que ustedes… soy una pirata.

Las palabras abandonaron mis labios con cierta inseguridad, ¿realmente lo era?, no estaba segura. Ese era el nombre que el mundo me había dado. Una criminal, fugitiva y perseguida por la Marina, y sin embargo, nunca había robado, ni asesinado, tampoco he hecho algo para que me consideren una amenaza.

La temperatura comenzaba a ser un poco más amena y tolerable, y entre las personas que iban y venía, yo permanecía caminando por la estancia lateral, observando de los demás quioscos que se asomaban, simplemente por curiosear que es lo que vendían. —-- Aunque mi único crimen fue haber pertenecido a una tripulación pirata…. —-- Aunque supongo que las consecuencias de lo que pasó en Kutsukku se sabrían después con el tiempo.

—-- No está en mis principios robar, mentir o herir a alguien… a menos que sea para proteger a otra persona. —- No sabía exactamente por qué sentía la necesidad de explicarme, tal vez, porque comprendía perfectamente la imagen que la palabra “pirata” provoca en los demás. No era ladrona, no era asesina, ni mucho menos un monstruos del mar como otros piratas, y tampoco pienso convertirme en algo así.

—-- El día que nos enfrentamos a ese hombre, Arnold Redflag, un Marine muy corrupto y raro…. —- Explicaba con cara aterradora y ondeaba mis brazos de lado a lado como si intentara imitarlo, tenía recuerdo una habilidad que lo hacía ver como un pedazo de tela.  —-- No tenía intenciones de matarlo, de igual manera no tenía oportunidad de hacerlo, soy muy débil… yo solo quería que los demás salieran con mi vida de allí.

— Quería proteger. —-- Tampoco es como que he tenido oportunidad de conocer a más piratas por ahí, entonces no conozco de todo esta facción a la que extrañamente pertenezco.

Finalmente levanté la mirada hacia él, manteniendo el paso a su lado mientras nos acercábamos a una esquina que descendía hacia otro tramo comercial. Desde allí comenzaban a escucharse sonidos más vivos y festivos, el golpeteo constante de tambores, el tintineo metálico de unos platillos y el ritmo alegre de algo parecido a una pandereta mezclados con las voces de la multitud.

—- ¿Qué hay de ti? Melly parece tenerte mucho respeto…—- Tomé el timón de la conversación esta vez, adelantando ligeramente mis pasos mientras aquella melodía lejana parecía envolverme poco a poco. No era solo curiosidad, había algo en la música que siempre lograba arrastrarme sin esfuerzo, como si cada golpe de tambor o cada tintinear escondiera una invitación imposible de ignorar. Descendí un poco más hasta detenerme en el primer escalón.La luz cálida del atardecer cayó sobre mí en ese instante pronunciando la tonalidad blanca de mis prendas con mayor intensidad reflectiva, el sol comenzaba a despedirse lentamente, tiñendo las calles de tonos dorados y anaranjados, mientras detrás de mí quedaba Dharma, todavía cubierto por la sombra del sendero superior.

Giré apenas el rostro para mirarlo a sus ojos verdes, curiosa de escuchar ahora su respuesta a lo que pronto le preguntaría. Lo observé en esa sensación tranquila y sincera.

—-- ¿Que tipo de pirata eres?
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#8
Acomodó el paso al ritmo de la joven, manteniendo esa distancia prudencial que había marcado minutos antes. Dharma observaba de reojo cómo Miyori terminaba de ajustar el listón azul alrededor de su sombrero blanco, un gesto que a sus ojos resultaba sumamente mundano, casi infantil en un mar tan hostil como el Grand Line. Sin embargo, no la interrumpió. Escuchó el tono bajo de su voz al recordar la experiencia en Kutsukku y cómo su mente parecía viajar hacia atrás, arrastrando sombras que él conocía bastante bien. La debilidad siempre dejaba traumas; el miedo era el lenguaje universal de los que no sabían defenderse. Cuando ella pronunció la palabra “pirata” con evidente inseguridad, el espadachín no pudo evitar una ligera tensión en la comisura de sus labios, una sonrisa seca que no llegó a mostrar los dientes.

| ¿Pirata?... Una pirata que no roba, que no miente y que no hiere... | Pensó, desviando la mirada hacia los establecimientos laterales mientras caminaban. | El Gobierno da títulos basados en el miedo, no en las intenciones. Si respiras cerca de la bandera equivocada, ya eres un monstruo para ellos... Al menos creo que ser un pirata es algo muy mal visto por esta sociedad...| Pausaba un momento mientras le seguía escuchando sobre su experiencia. | Creo que meterse en estas aguas con buenas intenciones es un camino extraño... |

Escuchó la descripción de sus principios y la extraña imitación que hizo de aquel Marine, ondeando los brazos con una ligereza que a Dharma le parecía casi imprudente en medio de la calle. Arnold Redflag. El nombre no le decía nada, pero la descripción de la corrupción de la Marina sí. Era el pan de cada día en estos mares. Lo que realmente captó su atención fue la última declaración de la chica. Un motivo noble, pero estúpido. En el Grand Line, querer proteger a otros sin tener la fuerza para aplastar a tus enemigos era simplemente una sentencia de muerte firmada con buenas intenciones. Pero, así de raras eran las personas en este mundo, podrían ser o demasiado malvadas y caóticas o demasiado nobles cayendo en lo absurdo. No sabia bien que tipo de nobleza contenía el espíritu de Miyori, pero sin duda era una que podría traerle problemas, quizás hasta mas difíciles de los que podría presenciar el espadachín. 

De un momento a otro y con el andar, el sonido de los tambores, platillos y panderetas comenzó a filtrarse desde el tramo inferior de la calle, rompiendo la relativa calma con una festividad que a Dharma le resultó ajena, casi molesta. Vio a Miyori adelantarse unos pasos, como si la música ejerciera una fuerza magnética sobre ella, hasta irse adentrando en una bajada. La luz dorada del atardecer la bañó por completo, haciéndola contrastar de manera casi poética con la sombra del callejón superior donde él permanecía estático, con sus ropas oscuras y su mirada impenetrable .Ella se giró, mostrando esos ojos celestes llenos de una curiosidad genuina, y lanzó la pregunta directamente: | ¿Qué tipo de pirata eres? | Dharma se tomó su tiempo para responder. 

Siguió el mismo camino que estaba tomando la chica de cabellos anaranjados, permitiendo que la luz del sol también alcanzara a tocar la mitad de su rostro, aunque sus ojos verdes permanecieron fijos en ella, serios, evaluándola sin prisa.| Melly me respeta porque sabe que el mar no tiene piedad con los que dudan... creo que sabe que me interesa el poder y la fuerza y ella algo parecido... así que de alguna forma eso nos hace ser buenos Nakamas... supongo | Meditó en silencio y respondió finalmente, con su habitual tono pausado y carente de emoción desbordada. | Quizá también solo busca sobrevivir, como muchos ahora mismo |  Dio un paso más, quedando a una distancia respetable pero lo suficientemente cerca para que la música no ahogara sus palabras. | Soy el tipo de pirata que destruye lo que estorba... y me gusta otorgar paz y humildad Jahjahjah.|  Su voz se mantuvo tranquila, pero cargada de una firmeza absoluta, casi filosófica, aun con la risa del final que mostraba un poco de ironía en sus palabras o sarcasmo, dependiendo como se interpretaran. Se cruzó de brazos, observando cómo la silueta de Miyori se recortaba contra el ambiente festivo del puerto. El contraste entre ambos no podía ser más evidente. Sus palabras no eran las mas alegres ni sociables, pero parecía el inicio de una conversación o algo parecido, invitándola implícitamente a continuar el descenso hacia la zona comercial si es que el ruido y la música seguían siendo de su agrado, aunque no tenia la entera confianza en ella, tampoco sentía una alerta inminente.
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#9
En medio del resplandor cálido del sol me quedé observando a Dharma con paciencia silenciosa, su rostro continuaba mostrándose casi carente de emociones, inmóvil tras la presuntuosa pregunta de mi parte, era difícil de analizarlo, y aun así había algo en él que me hacía pensar que detrás de aquella quietud existía una mente que jamás descansaba, como si midiera a filo de mirada las intenciones de quiénes interactúan directo con él. Finalmente descendió el primer tramo de aquella corta escalinata de piedra hasta que la luz bañó parcialmente su rostro, dejando delinear mejor sus facciones aunque sus ojos verdes jamás abandonaron los míos ni por un segundo.

Su voz hizo presencia en respuesta a mis dudas, siempre en tonalidad serena con una actitud relajada, me habló ahora del respeto que Melly le tenía, que era en base a su actitud de enfrentar los riesgos del mar sin dudas obstruyendo su camino, porque el mar no siente compasión por quienes dudan, y mientras caminábamos, aquellas palabras quedaron invadiendo mis pensamientos.

Era verdad, desde que inicié mi viaje por el océano, he vivido tantas situaciones donde mi vida había quedado suspendida de un hilo tan fino que bastaba un mal movimiento para romperlo, he soportado tormentas, personas peligrosas, lugares que parecían tragarse la esperanza misma… sí, el océano jamás daba segundas oportunidades con facilidad. Dharma hablaba de fuerza, de poder, igual que Melly… pero entonces surgió una pregunta persistente entre mis ideas, ¿Qué clase de poder buscaban realmente?

—- Ya veo… —- murmuré más para mí misma que para él, mantuve la vista baja unos segundos, observando el suelo rocoso bajo nuestros pies mientras intentaba comprender aquella búsqueda que parecía repetirse en tantas personas distintas, algunos deseaban libertad, otros soñaban con amor, otros querían la fama, aventuras o convertirse en grandes artistas, y luego estaban aquellos que buscaban poder. ¿Qué clase de poder?

“Soy el tipo de pirata que destruye lo que estorba... y me gusta otorgar paz y humildad Jahjahjah” Un latido advirtió.

A oídos sordos, la música del mercado dejó de existir para mí en cuanto sus palabras cayeron sobre mis hombros, la inquietud apareció para quedarse un buen rato, deslizándose bajo mi piel como una corriente fría, y por un instante fue inevitable sentirme arrastrada hacia aquellos sueños blancos que tantas veces habían alimentado mis pesadillas. ¿Qué tipo de poder…?,  ¿Qué tipo de poder…?,  ¿Qué tipo de poder…?.

Inevitablemente la pregunta empezó a repetirse lentamente dentro de mi cabeza mientras mi mirada permanecía perdida en algún punto del camino. El bullicio del mercado continuaba alrededor, distante, casi ahogado, como si el mundo hubiese quedado unos pasos más lejos de mí, pero ahí estaba él, un pirata de tenacidad desconocida pero sí declarada. Lo acepté.

Volví a alzar mi mirada hacia él, no estaba exactamente asustada, era más bien… curiosidad mezclada con inquietud, no se alcanzaba a reflejar del todo en mi rostro puesto que siempre mantuve mi sonrisa hacia su persona, intentando comprender qué era exactamente aquello a lo que se refería, esperando de alguna manera estar equivocada.

—- ¿Qué significa destruir lo que estorba? —-- pregunté finalmente con una cautela que apenas logró filtrarse en mi voz, no estaba segura de querer escuchar la respuesta porque una parte de mí suponía que hablaba de arrebatar vidas con la naturalidad con la que otros hablaban sobre el clima o las mareas, así que decidí desviar la mirada hacia la hilera de puestos mercantiles que se extendía a un costado del camino. Aquel sector parecía estar dedicado a medicinas, remedios y plantas exóticas. Mis ojos azules recorrieron distraídamente aquel entorno antes de volver hablar… —- Yo considero que antes de llegar a eso siempre se puede intentar dialogar para alcanzar un buen acuerdo, ¿no? —-- Mi voz salió suave, pensativa mientras hablaba al observar una anciana que discutía precios con un comerciante unos pasos más adelante, y cerca de ella, unos niños reían encantadores solo por jugar con cintas balanceadas en el viento cuál cometas de papel, escenas simples, tranquilas, casi cotidianas, y tal vez por eso me costaba entender aquella manera tan fría de ver el mundo.

—- De esa forma también podría existir paz, eso creo… —- murmuré al final, casi como si estuviera intentando convencerme a mí misma de que no todo es tan malo como parece.

La música comenzó a elevarse poco a poco entre el bullicio del mercado hasta terminar envolviendo completamente la calle, frente a nosotros el camino obligaba a girar hacia la derecha,  y apenas lo hicimos, encontramos el origen de aquella melodía, un grupo de artistas callejeros ocupaba parte del paso con sus tambores, panderetas flautines y bailes. Los músicos tocaban con una energía contagiosa mientras algunas personas danzaban alrededor de ellos haciendo girar telas coloridas en el aire, no parecían artistas profesionales, solo isleños intentando ganarse unas monedas de turistas y visitantes, pero había tanta vida en aquella escena que por un instante todo lo demás dejó de importar, el camino prácticamente estaba cerrado.

A pesar de eso, una sonrisa cálida se formó lentamente sobre mis labios mientras mis manos comenzaban a aplaudir con suavidad, apenas lo suficiente para acompañar el ritmo de la música, el sonido de los tambores vibraba al son de mis latidos de una forma curiosamente agradable. —-- Bueno… no creo que podamos avanzar por aquí. —- comenté sin mirarlo realmente, todavía seguía admirando de tan hermosa escena músical, mis ojos recorrían fascinados cada detalle de aquella pequeña presentación callejera.

—- ¿Qué deberíamos hacer? —- pregunté finalmente, inclinando apenas el rostro hacia él. —- ¿Regresar?.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#10
La sutil tensión que se generó tras sus palabras no pasó desapercibida para el pelinegro. Aunque Miyori se esforzaba por mantener aquella sonrisa perenne en su rostro, la agudeza mental del erudito detectó el instante preciso en que el compás de la música dejó de importarle a la joven. Sus orbes esmeralda, gélidos y analíticos, captaron la cautela en su voz y cómo desvió la mirada hacia la hilera de puestos comerciales, buscando un refugio visual en la cotidianidad del mercado. Ella buscaba una lógica pacífica en un mar que carecía de ella; un rasgo de nobleza absurda que a Dharma le causaba una mezcla entre desdén y una fría fascinación científica.

— Hmmm... — El murmullo gravoso del oriundo de Wano vibró con parsimonia mientras mantenía los brazos cruzados, deteniendo su andar justo a la par de los quioscos dedicados a remedios e ingredientes exóticos. Como médico, sus ojos esmeralda identificaron al instante un par de raíces de jengibre marino y hojas de té sedante sobre los mostradores, pero no se distrajo. El debate moral que Miyori sostenía consigo misma era mucho más interesante.

— ¿Destruir lo que estorba? — repitió Dharma en un tono neutro, repitiendo la duda de la pelinaranja sin un ápice de alteración en su postura. — Significa eficiencia, Miyori.— Pausaba unos instantes, mientras su mirada se ajustaba hacia los ojos de la chica, no ha manera de intimidarla, mas bien intentándole mostrar la realidad de algo, una verdad. — El mar es un cuerpo vivo, y cuando una extremidad se pudre por la codicia o la malicia, el diálogo no la cura. Se extirpa. —

El pirata avanzó un paso más, permitiendo que la luz dorada del atardecer dibujara las sombras de su imponente figura sobre el suelo. Escuchó con total serenidad la propuesta de la joven sobre el diálogo y los acuerdos mutuos, observando de reojo a la anciana y a los niños que jugaban con cintas a pocos metros. Escenas idílicas, pacíficas... e increíblemente frágiles.—  Y Bro... el diálogo solo suele  funcionar entre iguales — continuó el espadachín, soltando un suspiro tenue mientras su voz se revestía de esa superioridad aplastante y filosófica que lo caracterizaba —. Intentar dialogar con un monstruo o con un Marine corrupto como el que mencionaste, además de inútil es demasiado soñador.—  Suspiro levemente, su tono de voz se mantenía invariable, seguro y sin titubeo alguno.  — La paz que tú sugieres es un lujo de los fuertes; los débiles solo obtienen sumisión disfrazada de acuerdo. —  

Antes de que la discusión filosófica pudiera extenderse, el giro del camino hacia la derecha los obligó a encarar el verdadero bullicio del puerto. Un grupo de isleños y artistas callejeros bloqueaba por completo la avenida principal con un despliegue de tambores, flautines y telas de colores que giraban en el aire. La música se volvió envolvente, contagiosa para la multitud, y Dharma observó con un desapego absoluto cómo Miyori comenzaba a aplaudir suavemente al ritmo de la percusión, mimetizándose con la calidez del festival. El contraste entre ambos volvía a ser absoluto: ella era la luz del atardecer; él, la sombra persistente del callejón. Cuando la joven se detuvo ante el paso cerrado y giró el rostro para preguntarle si debían regresar, Dharma descruzó los brazos con total naturalidad. Sus manos descendieron de forma instintiva hacia los costados de su torso, rozando las sujeciones de cuero donde descansaban sus espadas gemelas, no en actitud de amenaza, sino como el recordatorio perenne de su propia seguridad. Evaluó el tumulto, las salidas laterales y la vibración de los tambores que tanto parecían fascinar a su acompañante.

— Esperar, a veces es lo ideal — contestó Dharma, su voz grave abriéndose paso con tranquilidad por encima del tintineo de los platillos. — Pareces disfrutar bastante de este alboroto... aunque parece cotidiano para ellos. — El pelinegro se mantuvo estático a su lado, con sus expresiones frígidas y distantes, pero con los sentidos completamente agudizados. Aunque el ambiente desbordaba festividad y alegría, en el Grand Line los tumultos eran el escenario perfecto para los carteristas, los cazarrecompensas o las sorpresas desagradables. Y Dharma no pensaba parpadear. Si bien no estaba enojado ni a disgusto, tampoco parecía sentir una alegría genuina, pero algo en ese ambiente reflejaba una paz que parecía idílica, algo de cuentos e historias.  Lo que decía el pirata, era a su manera algo amable, aceptando que podía participar de observar dicha situación, que no era algo usual para él, pero siempre alerta.
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