Nuevas Coordenadas | [Pasado|Privado]
#1
Dunas Shura. Día 41, Verano. Año 17.

Hora: 22:31

Las Dunas Shura, el sector más habitado y amistoso entre todo el páramo salvaje que representaba la Isla Sabakun, un lugar donde la muerte podía ser causada por una infinidad de motivos. Si no eran personas tratando de eliminar la competencia por extraer recursos, saltaba al cuello de los distraídos alguna bestia peligrosa siguiendo su instinto, o en expediciones largas las altas temperaturas terminaban asando las esperanzas de quienes no se prepararon lo suficientemente bien.

En definitiva, la mejor bienvenida posible para quienes llegaban al Grand Line con los ánimos por todo lo alto. Pocos esperarían semejante prueba de voluntad.

Tras el Reverse Mountain, el grupo marine que conformaba la División Setentaicinco enfrentó pérdidas. Para fortuna del equipo ninguna se presentó en forma de la vida de algún compañero, pero el navío que obtuvieron con tanto esfuerzo y la mayoría de pertenencias guardadas en él se perdieron, dejándolos parcialmente varados y metafóricamente "al desnudo". Era la segunda vez que el albino perdía equipamiento desde que se dejó sus cosas en Samba creyendo que tendría tiempo de volver.

Ah, la vida, hay que abrazar cada trozo de tela sofisticada como si fuese la última vez.

Portando dinero encima, y no tan lejanos de la medianoche, consiguieron encontrar un hostal con el suficiente espacio para alojarlos a todos, y asegurando un sitio de descanso, así continuarían las desventuras del equipo, quienes todavía no habían tenido noticias sobre el más ruidoso de sus miembros, descansando en una cama dentro de la fortaleza de Kael.

El clima árido de verano hacia parecer a la noche como un día caluroso, con el único detalle de que el sol no picaba sobre la piel. En ese sentido, se seguía sufriendo un equivalente a las temperaturas de Baterilla, algo más seco considerando que no existía ningún tipo de nube a la vista. Un cielo estrellado, hermoso a ojos de quienes se sentasen a observarlo.

En ese intervalo de tiempo, y desconociendo qué estaban haciendo sus compañeros fuera, finalmente Shin despertó.



El mundo oscuro a su alrededor se difuminaba entre destellos saturados, era una mezcla tan extraña que pocas palabras podrían describirlo, sin embargo, lo más destacado de semejante experiencia fue la falta de aire, una que antes no se había manifestado, como si su cuerpo real repentinamente hubiese decidido hacer un reset, poniendo en funcionamiento algún shock extraño que consiguió abrir sus ojos y obligarlo a sentarse, tomando una buena bocanada de oxígeno, como si lo hubiesen asfixiado varios segundos más allá de su límite al aguantar la respiración.

El sonido fue estridente, Hasegawa se llevó ambas manos a la garganta, sintiendo los labios secos y claro, las ganas de beber algo urgentemente. Pero eso no fue lo preocupante, si bien, todo aquello se sentía demasiado real, recordaba a la perfección cuál fue el último lugar donde estuvo, y sin embargo lo que los rodeaba no se parecía en nada a la industrial Kutsukku, sino, destellos memoriales en Samba, donde más disfrutó la vida desde sus nimiedades. ¿Acaso era otra prueba de intenciones antes de cruzar el umbral de muerte? ¿Había fracasado?

Negó con la cabeza, sentado en la cama, oliendo tan bien como siempre lo que comprobaba lo buenas que eran sus colonias, y mostrando en lo que antes fue su uniforme impoluto varias pruebas del brutal combate que vivió junto a su amigo. Sangre, manchas dignas de cloacas y arrugas sobre la tela, observando dichos detalles con algo de horror. También tocó la zona que el lagarto había golpeado, sintiendo un muy pequeño pliegue que dolía más de la cuenta en la zona profunda de la papada, aparentemente dejaría una cicatriz que por suerte no se vería considerando la zona donde se ubicaba, y lo puntiagudo y estilizado que era su mentón. Sólo debería cuidarse con la comida y entrenar mucho para mantener su tan protegida estética.

Lo curioso vino cuando decidió que era hora de levantarse e investigar qué demonios estaba pasando, buscar a los demás y especialmente a Kael. Al sentarse en el borde de la cama fue que lo vio, haciendo contacto visual y expresando algo de sorpresa, prácticamente señalándolo —No me digas que me espiabas mientras dormía, ¿no te dije ya que es raro...? —cuestionó, e irremediablemente volvió a hablar sin dejarle siquiera decir "ah" —Olvídalo. Quizás ya estoy muerto y la vida me dio la oportunidad de despedirme de ti también. —ese detalle sólo podría entenderlo él. Hasegawa no hablaba nunca de Himari, sin embargo Omuyaga siempre supo el valor que tuvo en su vida, pues estaba en el mismo rango de importancia.

—Lamento lo de la discusión. —se llevó una mano a la cervical, suspirando y evitando el contacto visual. Pocas veces sucedía eso. —Supongo que luchar contra esa bestia fea, musgosa y maloliente me hizo ver que quizás, no siempre voy a ganar sin despeinarme. Pero ahora que me morí, no tiene sentido mantener esa lógica. —entonces se puso de pie, estirándose. Todo su cuerpo crujió de inmediato, un detalle algo raro si era otra de esas fantasías oníricas.

—¡Aaaaah! ¡Que rabia! Estoy seguro de que podría haberlo vencido... —refunfuñó, haciendo sus típicos shows de gestos mientras se miraba ambas palmas de manera caricaturesca. —Qué más da. Al menos tú seguirás con ellos, si sigues vivo. —observando la puerta, se encoge de hombros —Tenían razón con lo de irresponsable, no debo subestimar a mis enemigos hasta no verlos derrotados. Tanto potencial desperdiciado... —es lo único que le apenaba de morir, al final los demás podrían llegar a seguir viviendo con completa normalidad. Confiaba en que sería así, una vida feliz para todos ellos.

—¡Al menos el destino sabe bien cuál es mi paraíso! Bailar hasta la eternidad, con buena compañía, sí señor. —una broma, pues aquello no era verdad. Su cielo ideal eran los brazos de Himari, pero no iba a quejarse por fuera, no con ese tema.

Y si es que Kael no lo interrumpía antes, Shin seguiría creyendo que finalmente murió ante el curioso cambio de escenario.
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#2
ost


Incesantes e inclementes olas en un clima agresivo, una tormenta que los lleva por el camino más derrotista, camino al fin de sus respectivos viajes para lograr cumplir todos y cada uno de sus sueños. Todos poseen una voluntad distinta, un destino que buscan alcanzar juntos o en su propio camino, y el mundo los pone a prueba para saber que lograr sus hazañas, todas y cada una ambiciosas en su haber, se encontrarán con muros más grandes que no podrán superar...no con sus capacidades actuales.

Por suerte para los marines, han sido capaces de sobrevivir esta vez, pero...

¿Qué será de ellos la próxima? ¿Tendrán esa misma suerte?

Respira con profundidad, cargando con su amigo en el interior de su pecho, permitiéndole ignorar todo lo que aquí ha ocurrido. Si de algo puede estar orgulloso, es de haberle permitido no vivir esa monstruosa situación en la que, de todas formas, muy seguramente no habría sido consciente de lo que debería hacer, como tan poco el propio azabache supo bien más que seguir indicaciones.

El corazón se le remueve ligeramente al poner los pies en tierra, observando como el navío que apenas unos días de vida ha llegado a poseer, se hunde en las profundidades del puerto de Sabakun. Milagroso es el hecho de poder seguir adelante sin lamentar pérdidas humanas, pero el cofre que cargaban y todas las posesiones en su interior, desaparecidas para siempre en el proceso...supongo que es algo que deberán reponer con arduo trabajo.

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Administrar la situación en tu intervalo tan corto es una tarea más que se suma a las que ya de por sí carga con todas sus emociones, algo que debería ser sencillo en comparación a todo lo ya vivido en sus carnes, más no puede sino adherirse a sus nervios que, como siempre, acalla en su mente para mostrar la fortaleza que debe ser para los suyos.

—Os he conseguido una habitación a cada uno. Dormid cuanto podáis; tendremos que organizarnos a partir de por la mañana. Hasta entonces...bueno, os merecéis un más que reparador descanso. Buen trabajo a todos.—Comenzó a caminar en dirección hacia su habitación, notando en el aire la preocupación de sus compañeros por el quinto miembro al que todavía no han llegado a ver en todo el viaje.—No os preocupéis por Shin. Está a salvo. Yo...me quedaré con él.

Se habían ganado conocer la verdad, ver por qué verdaderamente deben evitar sentir ningún tipo de preocupación, y por eso lo hizo. Abrió una pequeña ventana hacia la sala donde allí estaban ambos: el pequeño marine albino de luz durmiendo plácidamente, y una versión de sí mismo, acompañándolo en un asiento a su lado, vigilándolo con paciencia hasta poder verle despertar. Tan pronto como todos pudieron comprobarlo la hizo desaparecer, ahora sí, ofreciéndose a sí mismo la capacidad de descansar, de equilibrar sus emociones, y de esclarecer la marea de pensamientos que ahorcan su mente con intención de asfixiarlo.

Debe ser fuerte, y por eso, continua caminando sin mostrar ni el menor atisbo de debilidad.

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Un sobresalto.

Esa es la primera reacción que posee al notar el despertar de su mejor amigo, clamando a gritos por alivio en forma de agua, poder empapar su garganta de líquido que lo mantiene. Tantas horas perdidas en la oscuridad del sueño lo habían terminado debilitando, dejándolo sin alimento alguno, mucho menos con la capacidad de hidratarse.

Hizo llegar hasta sus manos desde detrás de una de las puertas un poco de agua embotellada, algo que no tuvo oportunidad de ver hasta que extendido hasta él, ofreciéndolo como un oasis ante todo el desierto sensacional que lo recorre.

—No me digas que me espiabas mientras dormía, ¿no te dije ya que es raro...?—Comenzó a hablar, dejando esas como sus primeras palabras tras todo lo sucedido. Llevaba un día entero durmiendo, y como siempre, sus primeras palabras siguen siendo tan descaradamente inoportunas como de costumbre.—Olvídalo. Quizás ya estoy muerto y la vida me dio la oportunidad de despedirme de ti también.

"Así que muerto, ¿eh?" Una respuesta lógica, por raro que pueda parecer en su fachada de irresponsabilidad.

—¿Soportarás que sea mi cara la última que veas entonces?—Al principio, creyó seguir estar siguiéndole la broma, un pequeño disparate entre los que el siempre divino Hasegawa muestra sin despeinarse.—Aunque supongo que yo sí podría hacerlo si fuera la tuya.

Tampoco espera que fuera nadie más, pero eso...quizás es una historia para un momento distinto.

—Lamento lo de la discusión.[/color]—Respondió, sin poder ofrecerle una mirada a los ojos al pronunciar esas palabras. Eso, por raro, extremadamente excepcional, e incluso legendario que pueda parecer, era una disculpa sincera.

Ahí fue cuando comprendió que, en realidad, su amigo considera que la muerte finalmente lo había cazado. Las palabras que le sucedieron solo terminaron de afianzar esa idea, y entonces fue cuando por fin pudo darse cuenta de que, en el fondo, aún sigue siendo tan idiota como siempre se había creído.

"Me falta mucho por aprender todavía".

—Pero a ver, pedazo de imbécil.—Le comentó sin pelos en la lengua, dejando de lado todo el misticismo que busca hacer aparecer en ese limbo en el que cree estar.—¿De verdad te crees que vas a morir por combatir contra un simple Teniente?

Ese "simple Teniente" había dado guerra a cuatro personas en solitario, y si había caído, fue por haber combatido codo con codo contra aquellos a los que, en un futuro, no dudará en capturar.

—Me temo que no te he dejado reunirte con los demás todavía.—Caín, León, Himari...son aquellos nombres que espera no volver a escuchar de los labios de nadie, excepto de aquel que se encuentra encerrado con él en esa sala.—Vas a tener que vivir en este condenado mundo conmigo un rato más, Hasegawa. Este "paraíso" no es más que un pequeño truco de magia que he preparado para ti.

Y así, tan pronto como pronunció aquellas palabras, hizo cambiar la decoración de aquella sala, pasando la misma a los barracones de la Marina en Baterilla; un pequeño gesto de muestra como prueba de que, en su capacidad, ahí dentro él tiene el control.

—No eres el único que se ha comido una fruta del diablo, por si aún no lo sabías.

Coloca la mano sobre su frente, comprobando su temperatura durante los instantes que le permite la inestabilidad de su cuerpo hecho de luz. Parece que aún no es capaz de controlarlo, ¿o es que no le está dejando tocarle a propósito?

—No tenemos ningún médico en el grupo, pero si mi intuición no falla demasiado, quizás Nyra no se haya ido a dormir, y ahora que te ha visto, intente traerte algo caliente por si despiertes.

No la conoce lo suficiente como para estar tan seguro de ello, pero quiere darle, de forma indirecta, la tranquilidad de hacerle saber que al mismo tiempo que él, el resto de la tripulación se encuentra a salvo.

—Tienes una habitación para ti solo. Estamos en una casita rural a las afueras para no molestar. Ahora que estás despierto, seguro que tienes hambre, y yo necesitaré lavar todo esto de tu pestazo a perfume. 

Intenta no mostrar preocupación. Su doble, aquella diminuta versión de sí misma se ofrece como una despreocupada versión de alguien que, de forma normal, nadie vería con tanta tranquilidad. Casi parece que se comporta como lo hace Shin de fachada.

Por fuera...finalmente está tranquilo.

Su mejor amigo ha despertado...y eso es todo lo que ahora necesitaba.
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#3
La zona de las dunas era la más habitada de la isla, y es justamente allí donde Kael encontró una casa con muchas habitaciones que solía ponerse en alquiler y que teníamos la suerte de que se encontraba completamente libre en ese momento.

Mientras él negociaba, yo me había asegurado de pasarme por las tiendas locales y adquirir ingredientes de la zona. Ya habíamos comido fuera, pero quería estar segura de que teníamos comida donde fuera que fuésemos, sobre todo porque imaginaba que Shin estaría muerto de hambre cuando despertara. La verdad era que, a pesar de las palabras de Kael, no podía evitar estar preocupada por él. Supongo que por esa razón estuve menos habladora que de costumbre…

De lo contrario, me habría puesto a hacer berrinche nada más entrar a la vivienda, no ya por el barco, que sabía que nos dolía a todos, sino por toda mi maravillosa ropa que había quedado bajo el mar. En su lugar, simplemente dejé las compras en la cocina y escuché las palabras del moreno, quien nos estaba mandando descansar. Fruncí levente el ceño hasta que al final nos mostró el poder de su fruta y, con él, a Shin. Verlo me dejó bastante más tranquila, aunque no lo estaría realmente hasta que abriera los ojos.

Pero, por supuesto, si esperaba que fuera a descansar sin saber cuándo despertaría, es que aún no me conocía lo suficiente.

Sin decir nada, caminé hacia la habitación que, desde fuera, me parecía que tendría las vistas más bonitas, y dejé allí la única mochila que había podido llevarme conmigo. Imaginaba que, antes de que se fueran inundando, todos habrían sacado de sus respectivas habitaciones lo más valioso que tenían, como también había hecho yo. En mi mochila llevaba joyas, el cuaderno que me regaló Ritsu, un antiguo cartel de “Se busca” de Uker y alguna ropa cara. Sin embargo, también me había colado en la habitación de Shin en busca de alguna ropa, y tal y como sospechaba que podría ocurrir, encontré entre sus uniformes los conjuntos de prendas que compramos en Baterilla y los metí en mi mochila. Seguramente estarían bastante arrugados, al igual que mi propia ropa, pero por lo menos lo había podido salvar…

Ignoraba si tenía algunas otras cosas valiosas. Había cogido también de su cuarto cosas que me parecía que pudieran importarle y que no ocuparan demasiado espacio, aunque tendría que ser él quien me confirmara si eran objetos valiosos para él o no. Con suerte, quizás Kael hubiera recuperado por él algo que supiera seguro que podría importarle.

Una vez dejé la mochila sobre la cama, volví al salón. Bueno… salón, comedor y cocina. Era una vivienda humilde, seguramente de adobe, y esa gran sala era el centro común de toda la casa. Cuando volví, Dimitri y Choi estaban allí.

―Voy a hacer algo de cenar ―anuncié al tiempo que caminaba hasta donde había dejado las compras.

Era bastante tarde, así que no me iba a dar tiempo a preparar grandes guisos o carne asada. Viendo los ingredientes y que éramos cinco personas a las que alimentar, la proteína más rápida de cocinar tendría que ser huevo, y como obviamente las legumbres no se habían puesto en remojo, no podrían utilizarse esta vez. No conocía muchas recetas con lo demás, así que iba a tocarme improvisar.

Me lavé las manos y lavé rápidamente todas las verduras que iba a utilizar antes de colocarlas sobre la tabla de madera. Encendí con unas cerillas el fuego y dejé sobre este una sartén a la que le eché un buen chorro de aceite.

Mientras se calentaba, comencé a cortar las verduras con la agilidad que dan los años de experiencia.

―Choi, Dimitri ―los llamé sin mirarlos, atenta a mi tarea―, ¿os importaría mucho poner en remojo los garbanzos de esa bolsa, por favor? ―solicité señalándola un momento―. Así podré utilizarlos para la comida de mañana.
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#4
Cuando Choi Hae-won recupera el mando de su sistema, el absolto de sus pensamientos parece romper con el esquema que siempre se ha establecido de sí misma. Le pesa el mundo. Todos sus amados libros quedaron en el fondo del mar, al igual que sus esfuerzos por reparar un barco que se convirtió en astillas por causa de las corrientes salvajes. Sus primeros pasos en Grand Line, antes de comenzar a moverse de verdad, se ven plagados de esa extraña incertidumbre; el no saber qué les espera a partir de allí es agotador, mentalmente hablando.

Y es así: Están varados en una isla que parece contrastar con todo lo que realmente siente dentro de su corazón, en un lugar de alquiler donde cada uno podría tener su habitación —Gracias, Kael, por el detalle—. Ella elegiría la más alejada de todas para meditar tranquila. Por supuesto que le ofrecería a Dimitri quedarse con ella esa noche, pero no sabe si él aceptará o cómo lo verá, si se piensa en todo lo que se vivió dentro de esa isla de los infiernos antes del cruce más salvaje que ha tenido en su corta vida.

Cuando empieza a contar el precio de sus pérdidas, se da cuenta de que todas ellas no se comparan con la pieza que lleva consigo colgada al cuello, esa que aún se mantiene y no ha dejado caer desde entonces. El peso de ese pequeño relicario es más alto y más amplio que el de cualquier libro, moneda de oro o lo que fuera. Los uniformes pueden reponerse; los documentos y ejemplares de lectura, también. Está convencida de que podrá retomar esa bendita colección.

Aún así, no dice nada.
Hay un velo pesado en el ambiente que le obliga a mantenerse callada y meditar, mientras ordena algunas cosas de las que logró rescatar y trajo consigo para llevarlas al cuarto más tarde.

Shin está herido. Fue atacado por un supuesto compañero de armas y aún permanece en aislamiento por prevención. Ella no pudo hacer nada desde su lugar, solo verlo caer por esa asquerosa trampa mortal. Vio a Nyra combatir sin el apoyo de compañeros fiables, rodeada de piratas o personas de a pie que podrían haberle hecho daño de alguna manera. Y a eso debe sumarle que la vio ofrecerse como tributo o sacrificio por seres inmerecedores, sin pensar en lo que pasaría con el resto de su división si la perdieran.

La situación fue, es, y será horrible para su mente plagada de recuerdos que de a poco se convierten en piedra. Contiene el suspirar y la endecha, y ocupa ambas manos en quehaceres de limpieza y organización mientras busca respuestas a preguntas mal formuladas.

Gracias a todo lo que ha vivido hasta allí, Choi toma una decisión importante, una que parece resonar dentro de su cuerpo con la fuerza de un vendaval: va a convertirse en médico y aprendería lo antes posible, con el fin de que haya alguien capaz de atender las heridas del resto, ya que el encargado de esa tarea ahora permanece convalesciente dentro de la fortaleza creada por otro de sus compañeros.

Cuando Nyra hace la petición de poner en remojo los garbanzos, Hae-won asiente y procede con lo pedido sin mediar palabras. Ella tendría que hablar con el resto de sus compañeros después, para preguntarles qué opinan acerca de lo que desea hacer y qué quiere aprender. La medicina es una disciplina que lleva tiempo y meditación, pero buscará intentarlo. Se siente capaz de lograrlo. Tiene las habilidades necesarias para ello y confía lo suficiente en su mente.

Buscará la eficiencia por encima de lo demás si con ello es capaz de ayudar a sus compañeros, sin dudarlo ni un instante.
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#5
No terminaba de deshacerme del mareo. Al tocar tierra, las migrañas se habían mitigado levemente, así como esa sensación inestable que provocaba que todo bailase. Por desgracia, no había durado demasiado. Estaba convencido de que no se pasaría hasta tomar un plato de comida caliente junto a un buen baño. Lo cierto es que había pensado bastante en el plato de Nyra que nunca llegué a probar. Para cuando lo intenté sacar de la mochila ya estaba aguado.

El resto del camino hasta el pueblo lo hice en silencio. Ya era bastante suplicio conseguir que mi cuerpo respondiera para hilar un paso detrás del otro. Por fortuna, la noche no tardaría en caer. La oscuridad ayudaba bastante a mitigar el dolor. Recuerdo aquel trayecto como una especie de sueño febril: ropas empapadas, hedor a podredumbre y salitre, la humedad erizando la nuca. La arena se nos pegaba tanto en las botas como en las pantorrillas.

Podría decir que salí de mi letargo una vez encontramos casa en la que alojarnos, pero mentiría. No lo hice hasta que me arrastré al baño para asearme. Sé que todos mis compañeros se encontraban en la misma situación, pero pedí permiso para ser el primero mientras Kuroshiro iba de compras, porque era eso o volver a caer preso de esas horribles fiebres. No habían pasado ni tres días desde las últimas. Por mucho que pudiera parecer una eternidad.

Intenté demorarme lo mínimo posible. Ya aseado, salí del baño con los pantalones y una toalla para seguir frotándome el pelo. No me molesté en ponerme una camiseta. No por preferencia sino porque la mía apestaba, seguía mojada y no había podido salvar prácticamente nada de ropa antes de naufragar.

Al salón-comedor lo cargaba un aura lúgubre. Por mucho que Omuyaga nos hubiera enseñado el estado de Hasegawa, seguíamos sin tener información de la gravedad de sus heridas. Él ambiente resultaba desolador. La impotencia era lo peor. Igual que en aquella cámara infernal, nuestra alternativa quedaba reducida a observar. Por no mencionar que nuestra última interacción como grupo antes de que todo se fuera al traste había sido una discusión.

―Choi, Dimitri, ¿os importaría mucho poner en remojo los garbanzos de esa bolsa, por favor?

Vi a Hae-won asentir. Estaba tan callada que aterraba, pero no quise importunarla en ese momento. Dejé la toalla sobre el respaldo del sillón antes de acercarme hasta Kuroshiro.

―¿Hay algo en lo que pueda ayudar? ―Porque no creía que hicieran falta dos personas para remojar garbanzos―. ¿Quieres que vaya cortando algo aunque sean para preparaciones de mañana?

NOTA
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#6
Las palabras algo melosas de Omuyaga le sacaron una sonrisa, y en otras circunstancias se habría metido con él por esa misma razón, sin embargo a toda su energía tan despreocupada le siguió una disculpa sincera, y no pretendía que los chistes estúpidos o alguna ocurrencia payasa interrumpiesen lo que realmente necesitaba decir. Fue el mismo motivo que lo volcó a ignorar el agua embotellada que su amigo le tendió inicialmente, pues si estaba muerto, ¿qué más le daba beber o no? Consideraba que al cruzar la puerta por fin llegaría al ansiado descanso. Quizás, reencontrándose con Himari.

Pero ese pequeño chispazo de ilusión desapareció al instante en que Kael rompió el aire de misticismo onírico que lo había invadido, creyendo que su mente lo hacía divagar otro poco antes de apagarse por siempre, y fue en ese momento que se giró hacia el azabache. —¿Ah? —su sorpresa era tangible, el rostro que puso un poema, digno de encuadre, y la manera en que ladeó la cabeza terminaba de dibujar una confusión que pasó de genuina y espontánea a caricaturesca en sólo breves segundos.

—¿Magia? —aún en su incredulidad, procesando que efectivamente sigue vivo, y con el recuerdo de Himari a flor de piel, perforando sus deseos inmediatos y haciéndole saborear la sensación amarga de seguir adelante, tal y como ella impuso, lo siguió escuchando, pasando a cruzarse de brazos mientras intentaba poner toda su atención en la información que tenía Kael para él.

De pronto, la decoración de la sala cambió, siendo idéntica a los barracones de Baterilla, y el dato sobre la fruta del diablo consumida por su amigo finalmente cayó, entendiéndolo (a su forma) de inmediato. —¡AAAAAAAAAAAAH! —ante ese momento de "eureka" abrió la boca, bien grande, y se llevó la mano detrás de la cervical —¡Ahora tiene sentido! —asiente múltiples veces, aún teniendo varias dudas, sin diferenciar del todo si es un Dios omnipotente capaz de cambiar los escenarios a voluntad o, sencillamente, absorbe elementos hacia una dimensión de bolsillo. Esas frutas son una cosa muy loca y fuera de lo común, no por nada a él lo convertían en un ser de luz, literalmente hablando.

Ante la repentina cercanía no hizo nada, permitiendo que tome su temperatura. Había recuperado su tangibilidad a voluntad, como si el desmayo hubiese sido el sueño más reparador del mundo, y aprovechó el momento para quitarle de sus manos la botella de agua, destaparla y beberla entera como si no hubiese un mañana, dejándola en... algún lugar que no moleste, ya no estaba seguro del entorno que lo rodeaba. —¡Pues bien! Llévame con el resto, y déjame salir de aquí. Necesito respirar un poco de aire fresco, ya me pondrás al día de todo lo que ocurrió. —sin entrar en demasiados detalles, Hasegawa esperó pacientemente que Omuyaga respetase su deseo por volver al exterior, entendiendo en el transcurso de los hechos un poco más de los poderes de su amigo, y tras un rato breve finalmente se formó una apertura hacia fuera, observándola con una sorpresa y fascinación digna de los niños pequeños.

—Woah, es impresionante. —sus puños se elevaron a la altura de su mentón, y decidió al instante que le tocaba fardar un poco, muy a pesar de que su primera idea era comprobar que su propio poder seguía funcionando tras una derrota como la que experimentó.

Inmediatamente activó su fruta del diablo en piernas y brazos, emitiendo un brillo dorado, intenso y deslumbrante. Calculó la distancia y la cruzó a la misma velocidad que siempre, incluso más rápido que durante su pelea contra Curok Odail, aunque a ojos de los demás esa diferencia no podía percibirse, pues Hasegawa operaba en otra liga si de rapidez se trataba. Una estela que permanecía milésimas de segundos presente lo siguió en su camino hacia el mundo real, sintiendo sobre su piel el calor casi de inmediato y el clima árido, pero ignorándolo mientras seguía moviéndose hacia el centro del espacio donde estaban todos los demás.

Desde su perspectiva, el albino habría aparecido de la nada, envuelto en partículas de luz alrededor de su silueta, firme sobre el suelo y como si nunca hubiese sido abatido. Claro que las manchas de sangre en su uniforme marine delataban lo que había sucedido realmente, pero considerando lo mucho que podía brillar, iluminando más que las luces del salón por una diferencia abismal, toda la atención podía llegar a irse a sus manos y pies, y esa aura casi etérea que le brindaba su poder, enalteciendo el cabello blanco y sus ojos azules. Sin prestar atención al resto, aunque al momento de salir había hecho un fugaz paneo general del posicionamiento, se observó las manos, convertidas en su elemento, y con un gesto extremadamente confiado, habló tras unos segundos.

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—Anda, parece que todo sigue en su sitio.

Su aura de invulnerabilidad seguía intacta, aún y si desconocía que tanto Hae-won como Dimitri habían presenciado el combate, y aunque Shin era consciente de que, en gran parte, su ardua presión había puesto en aprietos a ese enemigo, se consideró derrotado. El asunto es que nada de eso se interpretaba en su lenguaje físico, ni en las expresiones que colocaba, los pocos en la división que conocían su verdadero poder sólo podían dimensionar a través de esa derrota el nivel del teniente que enfrentaron, y quizás por eso decidió mantenerse impoluto en actitud, como si siguiese siendo invencible, transmitiendo una confianza que nadie podía arrebatarle, girándose hacia los presentes y comenzando a moverse al máximo de su velocidad.

La primera víctima fue la albina, colocándose frente a ella e inclinándose en su dirección por la diferencia de alturas, poniéndose casi que cara a cara de la chica. —¡ChoiChoi! ¡Sigues tan fea como siempre! —su energía se desplegó con una soltura impresionante, y le adjudicó un adjetivo que bien sabía, era mentira. Ahí estaba el chiste.

La siguiente, su favorita, la chica prodigio en ideales. No tardó en moverse hacia Kuroshiro en otra prueba de qué tan veloz era, apareciendo instantáneamente a su lado y robándole el cuchillo antes de que se diera cuenta. —¡Nyri! ¡No esperaba que sigas con vida! Diría que me alegro pero... nada, recuerdo que tendré que cargar contigo hasta la cima. Que pesada... —reclama, con una sonrisa de lo más traviesa. Y al final... notó a George, frunciendo el ceño y apreciando que estaba con el torso desnudo. Considerando el calor, no le sorprendía, aunque ese detalle iba a ser ignorado completamente. En el camino dejó la filosa herramienta.

—¡DiiiiiiMIIIIIITRIIIIII!

Exclamó con todas sus fuerzas, volviendo a desaparecer de la vista de todos y dejándose ver nuevamente, justo detrás del marine que manejaba el timón del fallecido navío de la setentaicinco. La diferencia de alturas era breve, pero notable, y por eso tuvo que inclinarse hasta colocar el mentón a la altura del hombro izquierdo contrario, observando el perfil de su rostro. —Tendría que matarte por haberme desobedecido, pero... —el tono con el que dijo aquellas palabras fue aterrador, y en contraste, cuando se movió nuevamente, esta vez frente al navegante, le tendió la mano, sin que pudiese negarse pues le superaba absurdamente en velocidad. —¡Te perdono! Ya aprenderás la lección otro día. Je, si sigues respirando para mañana. —la sonrisa se mantuvo en el terreno de lo sádico, aunque esta vez el tono reflejaba un humor... cuestionable, aunque humor al fin y al cabo.

Se reposicionó una vez más, y alzó el brazo hacia el techo, fungiendo de showman, como siempre que tiene las energías en lo más alto. El problema es que comenzaba a sentir la ausencia de la misma, a pesar de que no lo hacía notar. —¡Bien, bien! ¡Esperaba no tener que volver a verlos! Pero bueno, supongo que puedo soportarlos un poco más. Al final tengo asuntos que resolver con cada uno de ustedes, y no pienso dejarlos escapar de ellos. —les estaba dando la espalda, aunque al finalizar esa frase, se giró hacia la división, con una sonrisa de soslayo.

Su muy extraña manera de decirles que se alegraba de verlos allí, y que estén todos juntos.

Let there be light
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1871 + 0 = 1871
Energia: 2292 - 70 = 2222
Espiritu: 468 + 0 = 468
#7
Agradezco internamente que Hae-Won ponga en remojo los garbanzos, tal y como pido, y Dimitri no tarda en ofrecerse para ayudar aunque fuera en preparaciones para el día siguiente.

―Mmm… ―Pienso un par de segundos, pero la verdad es que todavía no tengo claro cómo van a reaccionar las verduras o la carne en un lugar con un clima tan extremo incluso si la casa es bastante fresca, razón por la que no he comprado tantos de esos ingredientes. Tendría que experimentar a lo largo de los próximos días―. No estoy segura de si el calor de la isla puede estropear los alimentos si se cortan con demasiada antelación…, pero sí puedes ayudarme con otra cosa.

Habiendo ya terminado de cortar las verduras, las incorporo a la sartén y la dejo un momento. Me dirijo hacia las bolsas de tela, de las que saco dos botes de cristal, y se los pongo delante.

―Yo ya he terminado con la tabla, ¿te importa por favor cortarme algunos dátiles? ―solicito volviendo de nuevo a la sartén, removiendo el contenido―. Sería perfecto si los trocitos tienen más o menos el mismo tamaño que esas pasas. Mi consejo es que hagas un corte largo por el lado más ancho y saques el hueso. Así puedes cortar tranquilamente. Hae-Won ―la llamo, mirándola un momento antes de empezar a añadir diversas especias―, coloca por favor un paño limpio encima del recipiente de los garbanzos si puedes, procurando que no se moje. Así evitamos que entren bichos accidentalmente.

Por suerte, esta versión de una receta que había escuchado era mucho más rápida, así que apenas unos minutitos después ya estoy llenando un cazo de agua y vertiendo su contenido (muy lentamente y temporalmente fuera del fuego) sobre la misma sartén en la que estaban las verduras, que era bastante alta. Así, mientras que estas antes estaban rehogándose, ahora mezclaban su sabor en el nuevo líquido.

Pasados varios minutos, el agua empezó a hervir y supe que era el momento para pasar a la siguiente fase. Tomé de la bolsa de tela un gran recipiente de barro con muchísima cantidad de sémola de trigo, le quité la cuerda a la tela que lo tapaba y vertí sobre esta tooodo el líquido en el que se habían cocinado las verduras. También añadí un buen chorro de aceite. Así me habían explicado los locales que se preparaba el cuscús. Esto no sería exactamente lo mismo, pero se le podía parecer.

Una vez estuvo listo, volví a tapar con un paño la sémola de trigo hasta que se cocinara con el agua caliente. Mientras tanto, volví a la sartén de las verduras y, creé todos los “huequecitos” que pude entre ellas, y casqué un huevo en cada uno. Luego, le puse una tapa de cristal y esperé a que se cocieran con el mismo calor de la sartén y las verduras.

―Muchas gracias, Dimitri, lo has hecho muy bien ―lo elogié, tomando el cuchillo para tomar su lugar.

Justo en ese momento, Kael volvió a la habitación. Me giré para mirarlo, preocupada por si algo hubiese ocurrido, pero entonces un resplandor increíblemente brillante inundó el salón con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos durante algunos segundos. Cuando volví a abrirlos, Shin estaba allí, con las manos y los pies aún convertidos en luz, perfectamente sano, al menos en apariencia.

Por supuesto, la primera frase que pronunció tuvo que ser completamente casual, como si tan solo se hubiera despertado de una simple siesta. Mi cola ya se estaba agitando mucho antes de que me diera cuenta, y tuve que girar el rostro para que nadie notara que estuve a punto de reírme por el saludo de broma que le había hecho a Choi. ¡Pero no le digas fea, pobrecita, no es verdad!

Mi sonrisa sólo se amplió cuando lo noté a mi lado, con el cuchillo que había tenido en mi mano repentinamente en las suyas.

―¡Oye! ―reproché con los brazos en jarra, fingiéndome molesta cuando mencionó que no esperaba que siguiera con vida. Por supuesto, tuve que tragarme otra risa cuando me crucé de brazos al responder a la segunda parte de su pique para mantener mi propio teatro a pesar de la evidente traición de mi cola―. ¡Ya te dije que puedo andar hasta la cima solita y sin que me carguen, gracias!

El siguiente fue Dimitri, a quien también le gastó una broma de lo más particular, y luego no faltó el comentario egocéntrico en el que nos trataba a todos como una molestia antes de decir que quería hablar con todos y que no nos dejaría escapar. ¡Otra vez diciendo cosas bonitas escondidas! ¡Estaba siendo el Shin de siempre! Eso significaba que no debía de dolerle nada, o no mucho, lo que me dejaba más tranquila y contenta que cualquier otra cosa.

―¡Toma, Shin, seguro que tienes hambre! ―adiviné al tiempo que le paso el tarrito de cristal con los dátiles, para que pudiera coger alguno. Mi cola no se dejó de mover en ningún momento y, cuanto le dio un mordisco, mi abrazo cayó sobre él como una trampa recién activada―. ¡Te atrapé~! ¡Sabía que no podrías hacerte intangible mientras comes! ―reí antes de apretarlo con más fuerza y apoyar también mi mejilla sobre él―. ¡Me alegro tanto de que estés bieeeen! ¡Te hemos echado mucho de menooooooos!
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
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#8
―Muchas gracias, Dimitri, lo has hecho muy bien.

Le devolví la sonrisa, cuando realmente habría querido preguntar muchas cosas. Estuve tentado de hacerlo. Hacía tan solo un par de horas, Kuroshiro estaba ofreciendo su vida como moneda de cambio para salvar a un puñado de piratas. No era un tema que pensase mencionar frente a Omuyaga o Hasegawa, pero en la cocina solo estábamos Hae-won y yo. Ella también había visto lo ocurrido. Yo ni siquiera había tenido tiempo de preguntarle su opinión al respecto.

―Oye, Ny… ―enmudecí al notar la repentina presencia de Omuyaga.

Inmediatamente después, un haz de luz llenó la estancia. El ramalazo de dolor que me atravesó la cabeza hizo que cerrara los ojos con fuerza. Perdí un paso. Mi cuerpo ya estaba acostumbrado a reaccionar por inercia a los mareos, así que pronto recuperé el equilibrio con la diestra apoyada sobre la encimera que había tras mi espalda. El problema fue saber que nos podrían estar atacando y yo no habría tenido tiempo ni de pestañear antes de que el primer golpe hubiera llegado.

Es más, ni siquiera habría tenido tiempo de procesar lo que ocurría. Igual que ese día.

Para cuando abrí los ojos, una figura que tardé en reconocer estaba frente a Hae-won. El instinto me hizo buscar una arma que no llevaba conmigo, casi al mismo tiempo que una voz familiar me hacía caer en la realidad de lo que ocurría.

—¡ChoiChoi! ¡Sigues tan fea como siempre!

Hasegawa había regresado de entre los muertos. En otras circunstancias me habría tensado la repentina cercanía entre ambos, pero en aquel momento no pude más que notar como se desinflaba mi pecho por el alivio.

—Hasegawa, creo que el golpe te ha dejado ciego —reí.

Había visto su velocidad en los monitores, pero no era ni la mitad de impresionante que en persona. Apenas había terminado de decir aquella frase y el albino ya se encontraba entre Kuroshiro y yo. No tardó ni cuatro segundos más en acabar tras de mí. Su mentón sobre mi hombro me arrancó un tirón en la boca del estómago, aunque mis labios formularan una sonrisa amable.

Estiré la diestra a fin de despeinarlo, pero esta quedó pendida en el aire.

—¡Te perdono! Ya aprenderás la lección otro día. Je, si sigues respirando para mañana.

De pronto frente a mí. Me quedé observando su mano alzada por un par de segundos, por si volvía a desaparecer, antes de apretarla con la firmeza que se debe imprimir a un gesto así. No pensaba que tuviera ninguna lección que aprender de lo ocurrido en el Tempestad. Tampoco quería discutir. Así que simplemente asentí y sonreí, camarada que recibe a su compañero caído.

—Me alegra verte bien, Shin.
Por una vez, no fue una mentira.

Lo cierto es que en aquella época no solía rebatir nada. El orgullo rara vez pesaba más que la desidia, porque para querer discutir algo ese algo debía de importante. Y yo todo lo que quería era un poco de tranquilidad. Si ello dependía del bienestar de mis compañeros, cuidaría de ellos; si dependía de aceptar una presunta reprimenda, fingiría aceptarla.

Vi el abrazo que Nyra le dedicó y decidí apartarme un par de pasos. Pasos que de forma inconsciente me acercaron a Hae-won, mientras mi vista se desviaba hacia Omuyaga. Él sí que me resultaba el mayor misterio del grupo. Sacudí aquel pensamiento, regresé la atención a Hae-won y mi pulgar buscó rozar por falso accidente el dorso de su mano.
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#9
Una pequeña sensación de satisfacción fue presentada ante sus sentidos al ver como el resto de su amigo pasaba de sentirse elevada por el misticismo entre la vida y la muerte, a caer por el peso de la realidad cuando comprendió que realmente no estaba a punto de partir, si no que estaba vivo, solo que en un lugar que no comprendía. Supongo que por ese motivo el contenido de la botella se le hizo tan tentador. Tendría que tener la garganta y el cuerpo secos por estar más de un día dormido, y claramente consumirla hasta que las gotas dejasen de salir de la misma era algo que esperaba.

Cuando se cargó el contenido y la dejó en cualquier parte, abrió un pequeño agujero en la sala a base de pura voluntad, y dejó salir la misma hasta que quedase en manos del Kael auténtico, volviendo a su tamaño original.

Aprovechó ese mismo momento para levantarse mientras por dentro continuaba hablando. Ahora mismo, aunque sea un doble de sí mismo siguen compartiendo conciencia, y eso hace que le sea relativamente complicado hacer dos cosas a la vez, así que se quedó escuchándolo mientras salía de la habitación sin decir palabra, sólo para encontrarse al resto de sus compañeros ahí en la cocina, preparando la comida.

"¿Es que ninguno me había hecho caso?" Aquel pensamiento no pudo ser desarrollado pues, a los pocos segundos, su amigo le pidió salir de la fortaleza para tomar aire fresco, y apenas pudo formar una puerta antes de concederle siquiera el permiso, ya estaba abandonando la zona por el primer hueco al que tuvo acceso.

—Oye, maldita fuerza de la naturaleza; deja hablar a los demás cuando mantienes una conversación.—Pero sus palabras fueron completamente ignoradas. Todos en la sala se quedaron atendiéndolo, felices y sorprendidos a partes iguales cuando vieron lo recuperado que parecía estar.

Aquel pequeño momento le hizo nacer un pensamiento, un recuerdo pasado, algo que llevaba años sin presenciar frente a sus ojos en los que, como ahora, se encontraba observando como un espectador sin llegar a participar en el mismo. Choi recibía las primeras palabras de Shin, o más bien, un pique descarado que buscaba generarle alguna reacción de reproche.

No entendió el comentario hacia Nyra, pero sí entendió que en el tiempo que habían estado juntos como división había algo que no había presenciado, una conversación, quizás varias, pero algo que los había juntado. En general, aquel idiota albino siempre conseguía que su forma de ser habitual llamase la atención de los demás, y eso era algo que nunca había podido entender de su forma de ser, y que siempre buscó aprovechar, aunque tampoco supiera como.

Su luz propia envolvía la sala, dando a todos los presentes una calidez que a él, particularmente, le resultaba extraña. Dentro de él nació una sensación de nostalgia, algo que le hacía sentirse bien durante un momento fugaz, pero que al comprobarlo con sus propios ojos, terminó mezclándose en algo incómodo, doloroso, y a lo que no buscaba acercarse.

Y dió un paso hacia atrás.

Aquella acción fue discreta, casi por reflejo, pero que no hizo ni el más mínimo cambio en el semblante de la fortaleza. No quería estar ahí, pero debía hacerlo. Su amigo se había recuperado, todo el mundo quería verlo, abrazarlo como lo había hecho Nyra, y sabe que eso está bien y es lo correcto.

Es solo...una sensación de culpa la que lo envuelve. Siente que está traicionando algo que dejó en el pasado, y cada vez que piensa en ello una parte de él desaparece, oculta como una pieza más desprendida y guardada entre sus pensamientos.

Es momento de actuar.

― Nyra, ten cuidado de no atosigarlo, que se acaba de recuperar de unas fuertes heridas.―Pero por supuesto, su compañero hará lo posible por no preocupar al resto y decirles que todo está bien. Él simplemente trata de ser como es.―Aún así, has tardado bastante poco en recuperarte para cómo se suponía que habías acabado, capullo. Haz el favor de no darme un susto como ese otra vez, ¿quieres, eh, Shin?―Comunicó, relajando su lenguaje a uno mucho menos profesional, retomando cierta conversación que no le había dejado terminar.―Luego dices que quieres que me haga cargo de ellos, pero el que más problemas me termina dando eres tú. A ver si te aplicas el cuento.

Al menos podía tratar de relajarse un poco. Siempre y cuando se tratase de él, todo estaría bien...¿verdad?
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#10
Y lo primero que hace este idiota es ir y llamarla fea.
Mala ahí, Hasegawa.

Bueno, sabe que el resto de sus compañeros llevan el toque divino en el aura, a diferencia de ella, pero no dice demasiado al respecto. Cruzada de brazos, solo observa con seriedad la situación dibujada entre los miembros de ese grupo variopinto y cargado de historias. No dice mucho más porque, dentro de su mente, solo se permite aislarse por unos segundos para poder tomar la vía de la introspección.

Aún así, está feliz de ver que, dentro de toda esa extraña escena que parece montarse entre todos, el aludido que pretendía deambular entre la vida y la muerte ha resurgido como una chispa capaz de enceguecer al primero que se le cruce. Ladea una sonrisa y niega con la cabeza mientras mantiene la serenidad. Al menos le agradece a St. George por haberla defendido; eso le ha dado un poco más de ánimo.

Y sí. Después de haber perdido su historia de vida en intercambio por su propia salud, no puede pedir mejor final que este. Las complicidades de un grupo como el suyo se muestran no solo en esas actitudes estridentes de Hasegawa, la efusiva simpatía de Kuroshiro, la seriedad enigmática de Omuyaga y el carisma innato de St. George. No. Hay una especie de pacto que cruza a todos como un hilo que los une.

Son más que un grupo de compañeros de trabajo. Algunos de ellos han afianzado sus vidas en los demás, forjando amistades capaces de mantener entero algo que pudo haberse perdido en altamar. El Tempestad cayó; perdieron dinero; sus libros y la gran mayoría de las pertenencias de todos fueron el intercambio por sus propias vidas... Pero ellos están allí. De pie. Reunidos en una sola habitación. Respiran el mismo aire.

—Hmmm... Sí. Un gusto volver a verte, Hasegawa —Le alegra saber que tiene la energía para ser el de siempre, mientras coloca el paño para cubrir los garbanzos remojados, tal y como Kuroshiro le pidió hace unos momentos—. Sigues siendo tan brilli brilli como siempre, desgracia con patas.

¿A quién engaña? Lo habría llorado mucho si lo perdía también. No se olvida de los compañeros y amigos que quedaron atrás y a los que, probablemente, no volverá a ver otra vez. No quiere perder a más gente, eso es todo lo que le pide a la vida. Cuando la mano de Dimitri hace contacto con la de ella, no duda en tomarla y estrecharla con fuerza y afecto, cual ancla que la mantiene en el presente para no divagar de más.

—¿Qué tal estuvo tu estancia en el mundo onírico? Te perdiste del viaje más emocionante y entretenido de todos, la verdad —La diversión se dibuja en su rostro al pensar en el cruce y todo lo que pasaron—. Fue apoteósico. Extremadamente peligroso, pero apoteósico e inolvidable. Una experiencia... Que no volvería a repetir en la vida.
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