Kael Omuyaga
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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Previamente antes de marcharse del Reino de Sorbet, antes de reunirse con los que serían sus compañeros de la división setenta y cinco, Dashrath, Dravenia, Hae-Won, Nyra, Dimitri, y por supuesto, Shin, Kael tomó una parte de su tiempo de sueño para visitar a alguien. No fue a visitar a un familiar, tampoco a un rango superior, ni mucho menos un contacto dentro del círculo familiar que posee. No...fue a visitar a unos amigos.
Pero... es que el pequeño marine, el soldado raso que analiza cada situación que se le presenta, tiene acaso algún amigo cercano más allá del albino?
Lo cierto es que...sí, o más bien los tuvo.
Seis años atrás, antes de que su vida diese un vuelco completo y se convirtiera en quién es ahora, lo cierto es que Kael tuvo una vida relativamente similar a la que está a punto de conseguir, solo que aún no lo sabe. Durante aquella época, seguía las órdenes de un líder en el que podía confiar, y él, como su segundo al mando, le acompañaba a cualquier aventura loca que el mismo pudiera sugerir, incluso si Kael era la cabeza pensativa que le daba centenar de motivos por los que aquello sin lugar a dudas no era una buena idea. Shin no es una persona que escuche a nadie más, y nunca lo ha sido, pero eso no les impidió ser grandes amigos, tanto ellos dos...como el resto de su tripulación. Previos a ser de la División setenta y cinco, Shin y Kael formaron parte de otra división, con otros compañeros diferentes, e incluso con una mujer que se convirtió eventualmente en la que iba a ser la compañera de vida del albino. Por su parte, Kael consiguió, lento pero seguro, dejar de ser una persona tan reservada para poder entablar unas genuinas amistades con los que formaron parte de ese grupo.
Durante una de sus múltiples travesías, los miembros de aquella división de otros tiempos de los que apenas hablan, viajaron en su navío por el South Blue, buscando con ello adentrarse en misiones para la que ellos no estaban preparados, pero que de alguna forma extraña conseguirían superar. Así habían sido ellos siempre, unos intrépidos marines acompañados por una increíble suerte...
Hasta que un día, esta les abandonó.
Todo empezó como un asalto, una guerra naval entre dos buques a disparos y cañonazos...Luego se convirtió en un abordaje, pero los que acabaron invadidos fueron los marines, quiénes se vieron superados en número.
Uno a uno, sus compañeros luchaban con valor y entereza, pero debido a su falta de entrenamiento, la fuerza del enemigo y su superioridad...cada uno de ellos, todos a los que conoció desaparecían de este mundo, abandonando la vida, perdiéndose para siempre en el frío abrazo de la muerte. La primera congeló y encogió los corazones de todos, la segunda los llenó de miedo, la tercera casi los paralizó, y la cuarta...fue la última antes de dejar de contar.
Uno a uno todos y cada uno de sus amigos perecieron; una historia que no desea recordar en este momento, y que tan solo desea, como cada año, venir a recordar en su aniversario de fallecimiento en respeto a los marines caídos.
Ofreció flores a cada uno de ellos: Lirios, claveles, jazmines, y una única rosa...todo para los compañeros con gustos diferentes para las flores, así como un pequeño racimo de cada una de ellas para los que no tenían un gusto de estas definido.
Una pequeña oración en respetuoso silencio, vagando en sus pensamientos fue ofrecida por el que carga con la voluntad de todos ellos, y aunque jamás podrá devolverlos a su lado...quizás algún día tenga la capacidad de vengarlos.
—Por aquellos que vendrán después...
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En su mente vagan recuerdos difusos que poco a poco resuenan en su cabeza, momentos compartidos con aquellos que una vez fueron sus compañeros. Es difícil pensar en aquellos que una vez fueron importantes sabiendo que debe uno continuar el camino sin ellos.
Pensar en los momentos en los que su compañero Hasegawa, a pesar de ser incapaz de tolerar la bebida, se dejaba llevar por su ego para así conseguir llamar la atención de una chica...una compañera que más tarde se convertiría en su pareja. ¿Sabéis por qué ahora no hace más que buscar de flor en flor? Porque no busca más que llenar un vacío que esa persona le dejó, que suma a todos los compañeros que tuvo, y que entre su dolor jamás será de recuperar de ninguna forma. Ambos cargan con ese dolor y el vacío en sus corazones...a pesar de que cada uno carga con ellos de una forma muy distinta.
El albino, a pesar de todo, busca esconderse en su forma de ser tan egocéntrica y orgullosa, enseñando una máscara excéntrica que le hace ver como una persona extrovertida. Kael, por el contrario, decide ser una persona formal, sencilla y reservada. Detesta la idea de pensar en tener gente cercana que pueda volver a perder, y no considera que pueda haber nadie a su alrededor en quién merezca la pena confiar absolutamente...ni siquiera en su amigo de la infancia. Él, a pesar de ser más fuerte que el azabache, sigue siendo su punto débil, la única persona que le queda y que está dispuesta a proteger...algo que le debilita y que tampoco sabe como abarcar.
Frente a las tumbas de los que le acompañaron en su día, él no se derrumba, tan solo piensa en lo que debe hacer a continuación, y frente a ellos, en sus pensamientos, con los ojos cerrados, tan solo puede pedir...
"Hacedme caminar por el camino correcto."
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¿Y que fue de él? ¿Que fue del azabache que lo acompañaba en esta historia? ¿Había alguien que lo había abierto alguna vez?
Desgraciadamente no. Kael no es una persona criada bajo sentimientos de amor, cariño, ternura y afecto, por lo que entender estas emociones como algo positivo es un camino que aún tiene que recorrer. Para él, su único sentimiento positivo es la felicidad y la seguridad, dos cosas que consiguió ofrecerle el albino desde casi el primer momento, hasta que sus compañeros con los años terminaron pudiendo hacer lo mismo.
Por aquella época, Kael no conocía verdaderamente la cruel realidad del mundo, y aunque sí entendía lo doloroso que podría llegar a ser que pillasen una mentira, un trato o una forma de engaño, lo cierto es que nunca había sido testigo de una situación injusta y sin sentido. Lo que quiero decir es que nunca se abrió a solo una persona, sino que consiguió abrirse a todos los que formaban parte de ese pequeño grupo, y por ello era incapaz de ver a uno de ellos por encima del otro, y jamás consideró la posibilidad de formar una vida con ninguno de ellos, a diferencia del albino con gafas de sol hasta para lugares cerrados.
Tal vez no encontró a la persona adecuada, o tal vez debe aprender antes de poder llegar a enamorarse, pero él tampoco entendió nunca que tuviese ningún compañero o compañera interesada en él, por lo que no se preocupó por ello. Vió como su amigo comenzaba a ser feliz con una persona, y eso le llevó a pensar solamente en lo que él estaba consiguiendo, y no en lo que podría llegar a conseguir por sí mismo en un futuro.
Una lástima que, a día de hoy, ya no sea capaz de comprobar si alguna de esas personas era realmente la indicada o la especial...y la ha perdido para siempre.
Kael Omuyaga
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Deja las flores sobre la primera lápida, un recuerdo amargo para el primero de los caídos.
León Striker
Un compañero cocinero, alguien con habilidades culinarias lo suficientemente aptas para que nadie en la tripulación se intoxicase con su propia cocina, y todo el mundo se sintiera verdaderamente revitalizado al tomar un plato. Sabía manejar los fogones, y por aquella época Shin aún no había destruido las papilas gustativas de su amigo debido al exceso de colonias que se echaba encima.
Él también pudo apreciar su comida, mucho más de lo que puede decir hoy en día de la cocina de Nyra, y es algo que, a día de hoy, tras haberlo perdido, es cuando más lo echa en falta. Incluso si no pudiese saborearlo, es capaz de recordar las sensaciones que generaban al paladar, el calor que sentía al comer cada bocado, y las voces que generaban el ambiente tan habitual entre los compañeros de su antigua división cuando se reunían todos ellos para comer, uno de esos pocos momentos en los que se siente como una agradable familia, que como todas, siempre se comportan de una forma muy disfuncional.
A su izquierda siempre se sentaba Shin, pero muchas veces el propio azabache era ignorado por la compañía de Himari. No le molestaba en absoluto, pues eso hizo que estuviese obligado a interactuar un poco más con el resto de sus compañeros. León tenía una forma de ser muy parecida a la de Shin, siempre con energía, y con cierto nivel de ego, pero no por ser “genial en todo”, sino por su habilidad en la cocina.
Él quería convertirse en uno de los chefs principales de la Marina, principalmente porque odiaba el combate y la lucha. Al igual que Kael, era más un hombre de despacho e interiores que de campo, pero aún así, sabía cumplir cuando se le necesitaba, sin importar donde tuviese que estar.
— Gracias, Striker. Nunca olvidaré el último plato que nos serviste a todos…
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¿Y que fue de él? ¿Que fue del rubio que lo acompañaba en esta historia? ¿Había alguien que lo había abierto alguna vez?
No que Kael supiera , pero sin duda podria haber encontrado a alguien en otro reino, fuera de la marina, por lo que entender estas emociones como algo positivo es un camino que aún tiene que recorrer. Para él, su único sentimiento positivo es la felicidad y la seguridad, dos cosas que consiguió ofrecerle el albino desde casi el primer momento, hasta que sus compañeros con los años terminaron pudiendo hacer lo mismo.
Por aquella época, Leon se preocupaba principalmente y verdaderamente por su grupo en la Marina, y la cruel realidad del mundo, y aunque sí entendía lo doloroso que podría llegar a ser que pillasen una mentira, un trato o una forma de engaño, lo cierto es que nunca había sido testigo de una situación injusta y sin sentido. Lo que quiero decir es que nunca se abrió a solo una persona, sino que consiguió abrirse a todos los que formaban parte de ese pequeño grupo, y por ello era incapaz de ver a uno de ellos por encima del otro, y jamás consideró la posibilidad de formar una vida con ninguno de ellos, a diferencia del albino con gafas de sol hasta para lugares cerrados.
Tal vez no encontró a la persona adecuada, o tal vez debe aprender antes de poder llegar a enamorarse, pero él tampoco entendió nunca que tuviese ningún compañero o compañera interesada en él, por lo que no se preocupó por ello. Vió como su amigo comenzaba a ser feliz con una persona, y eso le llevó a pensar solamente en lo que él estaba consiguiendo, y no en lo que podría llegar a conseguir por sí mismo en un futuro.
Una lástima que, a día de hoy, ya no sea capaz de encontrar a la persona ideal para el pequeño cocinero de gran corazón que una hez llegó a formar parte de su tripulación
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Consecutivamente a León, se encuentra la tumba del segundo compañero de su antigua división. Si queremos hablar bien de todos y cada uno de ellos, debemos mencionar por tanto al Navegante de la que fue la tripulación en su día. Un pilar fundamental para el grupo, no solo por la labor que desempeñaba, sino también por ser una persona que, de alguna forma, incluso siendo de las más silenciosas justo después de Kael, resultaba en una presencia tranquilizadora.
Quizás en su día el azabache considere que de él fue de quién mas aprendió en su día. Manejaba desde casa las palabras y formas para agasajar a la gente, pero de este aprendió a usarlas desde el corazón cuando sentía algo de verdad por un amigo. Lo que importa al final del día no es solo lo que expreses, sino lo que a la otra persona le llegue como tu mensaje. Esto no se hace únicamente con palabras, y eso, lo aprendió precisamente de él.
Tal y como menciono, Caín era una persona de pocas palabras, dedicada específicamente a atender las necesidades de sus compañeros incluso cuando estos no lo pedían. No importa que fuera un detalle sin importancia, ni tampoco si a ellos mismos se les había olvidado. Caín tenía una muy buena memoria para recordar todos y cada uno de esos pequeños detalles, analizarlos y atenderlos siempre, sin excepción.
Él nunca llegó a prestar atención a las peleas entre compañeros, sino que los dejaba estar a un lado mientras él seguía a lo suyo. Al principio se podría pensar que incluso no le importaba su equipo, pero lo cierto es que los que aún siguen con él descubrieron por sus propios métodos y bajo sus propias conclusiones que él, en realidad, mostraba una pequeña sonrisa cada vez que esto ocurría, buscando esconderla bajo la lectura de un periódico porque no querían que se dieran cuenta de lo mucho que disfrutaba de esos pequeños momentos.
Tal vez, sin darse cuenta, fue una de las personas más difíciles de olvidar, incluso cuando siempre buscaba que su presencia no se hiciera denotar.
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Ha de pedir perdón quizás. Perdón por no haber sabido valorar lo que tenía cuando el momento lo permitía, cuando lo tenía delante y cuando lo vivía en las pequeñas cosas del día a día. Ahora se arrepiente cada día, duele no haber podido dar las gracias suficientes por haberlo vivido, por no haber sido lo suficientemente fuerte como para defender aquello que mas ansiaba proteger. Algo que no sabía lo importante que era hasta que es carente de ello.
Pero lamentarlo no le devolverá nada.
¿Que puede hacer entonces, una vez que lo ha perdido todo?
Esa…es la pregunta incorrecta, porque parte de una premisa equivocada.
No lo ha perdido todo, pues aún tiene algo, o mas bien alguien, a quien aun puede proteger, alguien a quien quiere, y que sabe que se siente como él. Aun no está todo perdido, solo que en su niebla interna no lo ve. ¿Podrá verlo alguna vez? ¿Podrá no confundirse?
Bueno…quizás eso sea lo más complicado de todo, ¿verdad? Saber que no puedes hacer nada para recuperar lo que ya no está, aceptarlo, y aún con ello seguir adelante.
Es importante aceptar el dolor de lo que has perdido, pero también saber seguir adelante y no quedar atrapado en el pasado, porque de lo contrario no se lo perdonarán. Si estuvieran sus amigos ahora fallecidos ahí, viéndolo retorcerse de dolor por su perdida, todos y cada uno de ellos le golpearian por ello.
“¿Pero quién se supone que es este tio?” “¿Desde cuando eres asi?” “¿Quién eres y que has hecho con Kael? Ese definitivamente no eres tú.”
Quizás le conozcan mas de lo que él cree, aunque su problema es…
Que quizás él no se dejó conocer tanto como el resto creía. ¿Por que? Quizás…quizás ni siquiera él sepa ya por qué.
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La muerte es siempre una cruel herramienta del mundo. Morir como tal es sencillo, ¿verdad? La persona que lo padece, quiera o no, ya no puede ni debe preocuparse por nada de lo que ocurra a continuación. Nada podrá hacer, no tendrá relevancia porque no podrá realizar acciones, y solamente podrá influir con aquello que haya logrado hacer hasta el momento.
El problema de morir no es de quién muere, sino de aquellos que se quedan con vida cuando esa persona ya no está. Quizás la muerte de un pirata sirva para que más gente no sufra ese cruel destino asesinados por su espada en un futuro, pero compañeros suyos sufrirán su pérdida haciéndolos más enfadados, tristes, peligrosos, y quizás hagan que se cobren víctimas inocentes que nunca hubiesen llegado a sufrir de no ser por ese fatídico destino.
¿Y si esa persona iba a lograr grandes objetivos en el futuro? ¿Y si un niño se queda desamparado por la muerte de su progenitor? ¿Que pasa con aquellos amigos que vivían cada alegría con esa persona cada día?
El dolor de morir no lo reciben los muertos...sino los vivos.
Cada mañana que Kael abra los ojos, cada vez que respire, cada vez que consiga una nueva victoria o alcance una meta que antes parecía imposible, una parte de él, va a preguntarse por qué...porque pelear sin aquellos a los que les compartió su futuro ahora parece no tener sentido. Su mente está oscurecida por todas y cada una de las perdidas que sus compañeros dejaron con su vacío en el interior de su corazón, y lo único que puede tener para animarse, es el consuelo de saber que, en el fondo, ellos querrían que él siguiera viviendo, incluso si aún no lo comprende, no sabe como, y se resigna sencillamente porque él está ahí, por encima de la tierra, y no donde ahora ellos se encuentran, enterrados bajo la misma.
La vida sigue...
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