Nyra Kuroshiro
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C. de Haki
C. de Akuma
¡Aaaaaaaaaw! ¡Akura es una chica tan bueeena! ¡Ha sido tan obediente de ir a lavarse las manos! ¡Y con qué cuidadito lo haceee!
Definitivamente, ¡era superadorableee!
Mientras ella se limpiaba solita las manos, continué con mi labor de cocinera muy atenta a todo lo que estábamos preparando. Sin embargo, por el rabillo del ojo observé también la forma en la que Uker seguía cuidando cariñosamente de ella, tal y como lo haría un gran hermano mayor. ¡Es tan bonito verlos juntos!
Apenas unos segundos después, la chica vino a enseñarme sus manos maravillosamente limpias y secas.
―¡Están perfectas! ¡Muy bien! ―la elogié enseguida con una gran sonrisa.
―Uker.
Mis ojos se desviaron un momento hasta la puerta, donde la misma mujer que me había contratado esperaba tras ella. El joven asintió y fue detrás para hablar en privado.
―Dame un momento, Akura, perdona ―me disculpé antes de encargarme un momento de los fuegos.
Un rápido vistazo me sirvió para darme cuenta de que no solamente yo había terminado realmente mi parte, sino que Uker también lo había hecho. «¿La nueva cocinera…?» Mis orejas se movieron solas hacia la puerta. «¿Hablan de mí?». No es que me sorprendiera, acabo de llegar, después de todo. Mientras intentaba no escuchar, fui yendo fuego por fuego para ir apagándolos y colocando una tapa a las diferentes elaboraciones. Así no se pegarían y mantendrían el calor hasta que pudieran servirse. Además, el ruido de las tapas me ayudaba a intentar prestar menos atención, ¡pero era difícil! ¡Tengo muy buen oído! ¡Y curiosidad también! No, no, ¡Akura! ¡Tenía que centrarme!
―Vale, ¡parece que ya está todo listo! ―anuncié cuando la cocina es completamente segura incluso sin vigilancia directa. Sólo entonces me giro hacia la chica y me agacho para que pueda llegar bien a mis orejas, ya que soy bastante alta―. Antes de que me las toques, te voy a contar un secreto ―dije en voz bajita, casi tanta como la que están usando los dos adultos, mientras pongo un dedo sobre mis labios y miro a sus bonitos ojos magenta―: ¡tengo muchas cosquillas en las orejas! ―exclamé sin alzar realmente el volumen, tapándome ligeramente las mejillas con las manos cerradas. ¡Me daba un poco de corte admitirlo!―, así que no te preocupes si las muevo sin querer, ¿vale?
Dicho aquello, me tapé la cara con ambas manos y la dejé tocarlas. Al sentir toquecitos suaves, ¡mis orejas se movían solas! ¡No podía evitarlo! Y si me rascaba suavecito por detrás, mi cabeza se movería un poco hacia la derecha o la izquierda, según la orejita que estuviera tocando. ¡Ay, qué corteee! ¡Siento calor, seguro que me he sonrojado! ¡Aaaaah!
―¡Y-ya es suficiente! ―indico con cierta timidez al tiempo que me ponía de pie, girando el torso a derecha e izquierda una y otra vez, nerviosa, antes de abrir los ojos por entre los dedos y, al mirarla, soltar una risita―. ¿Te ha gustado?
¡Ah, Uker! Miré hacia la puerta, avergonzada por que me hubiera podido haber visto así, de modo que sin pensarlo volví a girarme hacia los recipientes y fui abriendo tapas para comprobarlos, fingiéndome ocupada hasta que sintiera que podía volver a la normalidad.
Por suerte, el joven se ocupa durante unos pocos segundos con la chica, a quien le sugiere ir a cortar la fruta, cosa que ella cumple felizmente. Ay, ¡menos mal que ha centrado su atención en la comida!
―¡Sí, ya está todo listo! ¿Dónde hay que llevar los platos? ¿Se llevan ya llenos o se llevan vacíos y se sirven en otro lugar?
Aunque estaba ya ligeramente más tranquila, no me atreví a mirarlo de nuevo, por si pudiera ser que mi rostro no hubiera vuelto aún a su color habitual…
Rackham Uker
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En cuanto la mujer reconoció el esfuerzo y lo bien lavadas que estaban sus manos, los ojos de Akura brillaron con alegría. Comenzó a dar palmaditas rápidas, parecía que en cualquier momento podría ponerse a saltar en el lugar de la emoción, pues en su mirada podía notarse cuanto esperaba poder tocar las orejas de la mink. Mala suerte que la llegada de la encargada del lugar hubiera quitado la atención de los dos cocineros de ella, pues esa emoción no desaparecía fácilmente. Esperando por la rubia, comenzó a caminar por la cocina, se acercó a sus dibujos y los guardó con cuidado, se asomó por una de las mesas y revisó un paquete de cartón que no sabía lo que contenía. Todo en el poco tiempo que le tomó a Nyra volver a centrarse en ella.
En cuanto la mujer volvió a acercarse, le habló de un secreto. Un sonido de sorpresa abandonó la garganta de la más joven. - ¿Un secreto? -. Su sonrisa de emoción volvió, aún si estaba susurrando como si no pudieran oirlas. - No se lo diré a nadie, promesa promesa -. Escuchó lo que ella tenía que decirle y asintió, con esa intensidad que tienen los niños que están a punto de ver una recompensa. - Será nuestro secreto -. Mientras decía esto, sus dedos no podían mantenerse quietos y se acercaban a las orejas de la mink.
En cuanto por fin se le cumplió lo pedido, la niña guardó un poco de esa energía y no fue brusca con el cuerpo de la mink. - Son muy esponjosas… -. Esa frase salió de su boca casi como un susurro, aún muy sorprendida por ese dato. Pese a que estaba siendo cuidadosa, notaba como eso le daba cosquillas a la contraria, algo que le provocó un poco de risa.
Casi que una tristeza gigante pudo verse en sus ojos en cuanto la cocinera aseguró que ese era suficiente. - Pero fue muy poquito… -. Dijo bajando la mirada, captando con sus ojos la esponjosa cola de zorro de la mujer. Sus ojos volvieron a brillar, como si se tratara de un ladrón que ve frente a sí al mayor botín de su vida, pero no pudo llegar a acercarse a la cola ajena antes de escuchar como su nombre era pronunciado en la conversación entre Uker y la otra mujer. Eso la desanimó, tal vez había cometido un error, y, esperando un regaño, se ocultó tras Nyra para intentar evitarlo.
Fue increíble ver como Uker la conocía lo suficiente como para disipar esos pensamientos de ella sin llegar a tocar el tema. En un instante y con una sola frase, la niña ya estaba sonriente de nuevo.
Ella fue a terminar de guardar sus dibujos, mientras que el muchacho se acercó a Nyra para comprobar la comida, tal y como ella ya estaba haciendo. - Los suelo servir aquí y dejar que otros trabajadores me ayuden a llevarlos. Los niños suelen pelearse por la comida si ven cuánto queda, incluso si hay para todos -. Incluso con el poco tiempo que llevaba, ser el cocinero principal lo había hecho acostumbrarse rápido a las manías y trucos para poder ser eficiente.
La más joven llegó a interrumpirlos, colocándose entre ellos y dejando que Uker le proporcionara una tabla de madera y un cuchillo, el cual no le entregó hasta que la muchacha aseguró que lo iba a ocupar con cuidado. Le dio un par de palabras antes de que ella volviera a cortar la fruta, mientras que los dos “adultos” preparaban los platos y servían la comida en estos. La niña, cada tanto, observaba a Uker, usualmente en cuanto terminaba de cortar algunos trozos, con ojos brillantes y una sonrisa de orgullo, emocionándose cuando recibía un elogio del cocinero. - Bien, pero puedes intentarlo así… -. Dijo el hombre mientras le mostraba una postura de manos para agarrar el cuchillo, la cual intentó ser puesta en práctica por la más pequeña. En cuanto sus cortes pasaban el “filtro" de Uker, se giraba hacia Nyra, esperando que ella también fuera testigo de su gran habilidad.
Nyra Kuroshiro
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En los ojos de la chica se veía el reflejo del revoloteo de la emoción en su pecho. ¡Un secreto es algo muy poderoso, después de todo! Y lo que le había dicho no es algo que soliera ir diciendo por ahí. ¡Me daba bastante corte!
―¡Promesa, promesa! ―exclamé con idéntico susurro, contagiada por su energía.
Tal y como le advertí, al acariciarlas se me movían solas las orejas. ¡No podía evitarlo! Tuve que controlar un par de risitas mientras me tapaba la cara, irremediablemente avergonzada por la situación.
¡Pero me dio tanta penita cuando Akura dijo que había sido poquito!
―Bueno, si te portas bien, te dejaré tocarlas también otro día, pero no se lo digas a nadie ―dije bajito, guiñándole un ojo.
Sin embargo, no me pasó desapercibida la mirada hacia mi cola y la ilusión que despertó. La agité un poco casi sin querer, ya que estaba muy orgullosa de ella y los cuidados que le daba para que estuviera siempre supersuave y esponjosa.
Iba a sugerirle tocarla, ya que la cola no me hace tantas cosquillas, pero ella también debía de tener muy buen oído, porque se escondió tras de mí mirando hacia la puerta. Por suerte, Uker llegó y la distrajo mientras yo me encargaba de la comida y procuraba recuperar así mi color de rostro habitual. ¡Venga, Nyra, céntrate en el presente! ¡Los platos, los platos!
―Tiene sentido ―reí un poquito al imaginarlos pelearse por la comida como los niños que eran, ya al fin terminando de recuperarme del todo―. Al contratarme ya me dijeron cuántos platos hay que preparar, así que puedo ayudar a emplatar.
Después de todo, la cantidad de gente afectaría a la cantidad de comida que debía de haber en cada plato.
Mientras servíamos la comida, la joven no tardó en volver. Con el mismo cariño de siempre, mi compañero no solamente le ofreció una tabla y el cuchillo más seguro de la cocina, sino que también le daba pequeños consejos que ella, muy obedientemente, iba poniendo en práctica.
―Vaya, ¡eres toda una chef, Akura! Uker, tenemos que tener cuidado ―lo menté, desviando hacia él un instante la mirada antes de volver a dividirla entre la chica y nuevos platos que íbamos llenando― o si no, va a quitarnos el puesto. ¡Con suerte la contratan como nuestra jefe!
Reí un poquito al tiempo que mi cola se movía con suavidad tras de mí, feliz del buen trabajo que estábamos haciendo en equipo. Para ese momento, ya estábamos por terminar de servir, así que se me ocurrió hacer una sugerencia.
―Oye, ¿servimos nosotros en el comedor los últimos platos? ―inquirí con cierta curiosidad hacia el chico que era mi superior.
La verdad es que me preguntaba cómo serían los chicos y si conocerlos pudiera ayudarme a entender un poco la dinámica con Akura. ¿Sería que Uker la elogiaría ante los demás por cortar la fruta? ¿O lo evitaría para que no la acusaran de favoritismo o algo similar? Ojalá pudiéramos encontrar una manera de intentar que se llevaran todos bien...
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Nunca antes se había visto que los ojos de alguien pudieran soltar tanto brillo como los de Akura en cuanto la mujer le aseguró una recompensa si su comportamiento era el adecuado. - ¡Claro que sí! ¡Me portaré muy muy bien! -. Uker sonrió al escucharla decir eso, alejado lo suficiente como para no saber de qué estaban hablando, pero feliz de ver que la niña podía relacionarse tan bien con alguien.
Ante los continuos halagos a su, por supuesto y sin dudas, increíble capacidad para cortar fruta, la pequeña infló el pecho y se mostró más orgullosa que antes. - Y seré la mejor jefe que ustedes dos podrían tener -. Como a toda persona muy joven, la idea de grandeza se le subía rápido a la cabeza, pero no era más que un juego inofensivo, por lo que no tenían de qué preocuparse.
- ¿Hm? -. Uker no se negó a servir los platos por ellos mismos, al menos por el momento, pero tal vez había algo que Nyra debía saber antes de… - Supongo que deberías ver a los pequeños por tu cuenta, ¿no? -. Podía descubrirlo por ella misma, por lo que simplemente sonrió y aceptó la idea. - Si te parece buena idea, hagámoslo -.
Sin oponer resistencia, ambos terminaron su labor y se prepararon para emprender camino hacia el comedor, pero Akura los detuvo de repente. - ¿No podemos almorzar aquí? -. Sus ojos habían perdido esa emoción que tenían antes, ahora no mostraban más que una expresión casi triste, pidiendo que acepten su solicitud. - Sabes que los niños tienen prohibido acercarse a la cocina, ya es bastante que te permitan estar aquí mientras yo soy el que trabaje -. La pequeña bajó la mirada, formando un puchero con su boca, pero moviéndose un poco para permitirles pasar.
El joven dejó en manos de su nueva compañera un par de platos con comida mientras que él levantaba una de las ollas con alimento para llevarlas hasta su destino. - Hay algo que debes saber… -. Comenzó a explicarle antes de llegar frente a las puertas del lugar, a menos de 10 metros de la cocina. - Cuando entres, levanta los platos sobre tu cabeza, ¿si? -. Con una de sus manos, hizo un gesto apuntando hacia el techo, esperando que ella le entendiera y le hiciera caso. - Pero bueno, deja que te den una buena bienvenida -.
Al decir esto, utilizó esa mano libre para abrir las puertas de madera que los separaban del comedor. Por fin la muchacha pudo ver el lugar, y lo que se encontró fue…
Una avalancha, una masa uniforme de cabezas, brazos y torsos corriendo hacia ellos. Un grito general de “¡COMIDA!” se escuchó por el lugar mientras las docenas de niños se abalanzaban sobre los cocineros. Si Nyra no había hecho caso a Uker, los mismos jovencitos tomarían los platos de sus manos sin problema y se pelearían por ellos, así que mejor haberlo escuchado. - Tranquilos, hay para todos -. Uker simplemente sonreía mientras avanzaba por el lugar con cautela y rapidez a la vez, como un explorador acostumbrado a caminar en pantanos.
En cuanto pudo llegar a un mostrador y dejar la olla que llevaba consigo, sintió como algo tiraba levemente de su pantalón, descubriendo que se trataba de Akura en cuanto bajó la mirada. - ¿Qué sucede? -. Al parecer sus palabras llegaron a oídos sordos, pues la pequeña se encontraba inmersa mientras observaba parte del desastre en el salón. Miraba justamente a Nyra, a quien los niños se le habían prendido de las piernas y se arremolinaban a su alrededor, caminando o incluso corriendo en círculos mientras las preguntas no paraban de llegar. “¿Por qué eres tan alta?”, “¿Esas orejas son de verdad?”, “¿Te tiñes el cabello?”, incluso se pudo llegar a escuchar como una pequeña que intentaba trepar por su pierna le preguntaba si tenía un novio.
Uker simplemente la observó, no iba a intervenir a menos que la viera en verdaderos apuros, pero por ahora solo se trataban de unos niños muy curiosos. Era por eso mismo que los cocineros no servían la comida ahí mismo, el caos que se formaba solo por eso era impresionante, ellos no poseían la autoridad que tenían los maestros o los directivos del lugar. - Si intentas responder a todo las preguntas no van a parar de llegar -. Dijo, casi riéndose. Así eran esos pequeños, un pozo infinito de curiosidad.
Por el momento, y mientras la mujer se liberaba de su… problemita, el muchacho volvió a centrar su atención en Akura, quien seguía aferrada a su lado, sin participar en la revuelta que los demás causaban. - Ey… -. Uker simplemente le acarició un poco la cabeza mientras se agachaba para mirarla y hablarle. - Si te quedas a comer aquí y la directora te ve, luego podrás volver a la cocina a mostrarme que quieres que te prepare para el postre, ¿si? -. Esta vez no hubo emoción luego de la propuesta, la peliblanca simplemente agachó la mirada, pensando por un momento hasta que su vista volvía a alzarse, aún faltándole seguridad, pero aceptando la oferta con un movimiento de su cabeza.
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¡Akura es tan monaaaaaaaaa! Viéndola tan contenta y orgullosa, daban muchas, muchas ganitas de abrazarla como a un peluche y acariciarla como a un cachorrito.
¿Cómo podía nadie meterse con una chica tan, tan, taaan adorable? Realmente quería conocer al resto de niños y tratar de ver si podía hacer algo para intentar que se llevaran todos bien. No sería algo fácil de solucionar, y desde luego no sería rápido, pero quizás verlos me diese algunas pistas, así que por eso hice aquella propuesta.
¡Y a Uker le pareció bien! Sin embargo, Akura no estaba tan convencida… Me dio penita verla así, pero esperaba que su esfuerzo por ir con los demás fuera compensado si yo averiguaba cómo podía hacer que se llevaran mejor entre todos. ¡Tenía que esforzarme para procurar lograrlo lo mejor y antes posible!
Al ir para allá, yo llevé un par de platos con comida mientras él cargaba con la pesada olla. ¡Qué fuerte era!
― Hay algo que debes saber… ―comentó al llegar ante la puerta
― ¿Hmm? ―inquirí ladeando levemente la cabeza.
¿Levantar los platos sobre mi cabeza? Obedecí. ¡Y menos mal!
En cuanto se abrió la puerta, ¡una avalancha de niños corrió hacia mí! Eran tantos que era imposible mirar a todos, y por supuesto iban a por la comida y también muchos expresaban su curiosidad hacia mí. Ya esperaba ambas cosas, ¡pero no con tantísima intensidad!
De hecho, no pude seguir los pasos de mis compañeros porque algunos se me terminaron agarrando a las piernas, lo que me hacía imposible avanzar. ¡Estaba atrapada!
―¿Por qué eres tan alta?
― Porque…
―¿Esas orejas son de verdad?
― Soy una...
―¿Te tiñes el cabello?
― N…
―¡¿Tienes novio?!
― ¡¿Eh?!
Sonrojada, busqué a Uker con la mirada, sin tener ni idea de qué podía hacer.
― Si intentas responder a todo las preguntas no van a parar de llegar.
¡Oh! ¡Entiendo! ¡¡Esa es una gran idea!!
― ¡Vale! ¡Atención todo el mundo! ¡¡Vamos a jugar a un juego!! ¡Quien mejor se porte y más limpio deje luego el comedor, podrá hacerme todas las preguntas que quiera! ¡Tenéis cinco segundos para sentaros todos en vuestros sitios! ¡Cinco…! ¡Cuatro…! ¡Tres…! ¡Dos…! ¡¡UNO!!
No tenía ni idea de si funcionaría, ¡pero había que intentarlo!
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La mujer parecía incapaz de controlar la situación, seguramente se hubieran saltado eso si Uker le contara lo que iba a pasar en cuanto cruzaran esa puerta, pero algo le decía que debía experimentarlo por su cuenta para comprender el porque ya no entregaba la comida por su cuenta. Sin siquiera mirarla, pudo notar como Akura se enfadaba al escuchar cada una de las respuestas, haciendo un poco de presión en la pierna del cocinero hasta que otra niña habló.
¡¿Tienes novio?!
Al parecer algo se activó dentro de la peliblanca, pues abandonó esa especie de miedo que sentía y comenzó a avanzar en dirección a esa otra pequeña sin detenerse. Lastima que solo pudo dar un par de pasos antes de que una mano se apoyara en su cabeza y le detuviera su avance, aunque aún así intentó, sin lograrlo, seguir avanzando. - Akura… -. Uker había sido quien le había dado un “Alto” a sus intenciones, por lo que ella intentó explicarse. - La están molestando, ellos… -.
Pero fue en ese momento que llegaron los gritos de la rubia, intentando poner orden en el lugar a base de promesas para el futuro cercano. Tanto Uker como Akura la vieron, pero solo el cocinero portaba una sonrisa leve en su cara. - Bien, es curioso… -. Los demás niños, lejos de seguir el desastre, habían hecho caso a la mujer y se habían colocado en filas y columnas, de la mejor manera que un grupo de niños de 12 años puede, parándose rectos y sonriendo a la nueva chef, como si fueran soldados esperando instrucciones. En cuanto todo se hubo calmado, y recibieron la orden de ir a sentarse, obedecieron y dispersaron el grupo para tomar cada uno un lugar en el comedor, incluyendo a Akura. Uker tuvo que vigilar que no se acercara mucho a esa niña que había tenido el “descaro” de preguntar a Nyra por una pareja.
Uker solo esperó que la rubia volviera a acercarse a él, aplaudiendo levemente en cuanto eso pasó. - Muy bien, es increíble que te hicieran caso -. Él nunca lo había logrado, aunque tampoco había intentado, pues su trabajo no se centraba en controlar a los pequeños, solo en cocinar. - ¿Te parece bien si servimos los últimos platos? -.
Y así, el resto del almuerzo salió tan normal como alguien podría esperar de una habitación llena de niños de diferentes edades. Los gritos eran algo tan habitual que Uker se había vuelto inmune, pero tal vez molestaban un poco a la nueva trabajadora, pero nada que no pudiera manejar. No faltaron los halagos hacia la comida, con algunos pequeños asegurando que la comida estaba más rica que de costumbre, que era gracias a la aparición de Nyra. Uker no se lo tomó personal, tampoco era de su incumbencia quien cocinaba mejor, por lo que simplemente le dio una pequeña palmada en la espalda a su nueva compañera a modo de felicitación.
Cuando la tormenta pasó, los estómagos de los pequeños estaban llenos y solo podía oírse paz. Incluso parecían haber olvidado la promesa de Nyra de responder sus dudas si se portaban bien, pues solo bastó con que uno de los chicos hablara de ir a jugar para que la gran mayoría saliera desbocada por la puerta del comedor, seguido por aquellos más grandes que parecían no encajar tanto en el grupo. - Bueno, eso fue un buen día -. Uker sonrió, mientras recogía los platos y cubiertos para dejarles el espacio a los encargados de la limpieza. Se notaba que, al menos al inicio, los niños habían intentado cumplir con el trato hacia la nueva chef, pues el lugar no se encontraba tan sucio como en otras ocasiones. - Felicidades por un primer trabajo bien hecho -. Dijo el pelinegro con una sonrisa, mientras ponía todas las cosas usadas en una caja y la elevaba para llevarla de vuelta hacia la cocina, donde debían ser lavados. - Espero que no te hayan asustado en tu primer día -.
Tanto el camino de vuelta a la cocina como el momento de lavar los platos fueron tranquilos, podían charlar sin problemas, sobre el lugar o el trabajo. - Espero que el lugar haya sido de tu agrado, y que en verdad no te hayas asustado por los niños -. Sonreía mientras lavaba un plato tras otro, habiendo dejado en manos de su compañera la tarea de lavar los instrumentos de la propia cocina. - También me disculpo si Akura te pareció algo molesta. Suele buscarme y estar alrededor, pero como me tocó darte la bienvenida, pues… -. Se le notaba en la voz que claramente no culpaba a la niña, pero tampoco quería incomodar a la mujer. - Solo, no se lo tengas en cuenta, ¿si? Es buena chica -.
Como si fuera obra del destino, el sonido de pequeños pasos ya evidentes se hicieron presentes, hasta que la puerta del lugar fue abierta con cuidado. Akura asomó la cabeza dentro del lugar, vigilando quien estaba dentro, hasta que notó a ambos cocineros, momento en el que se le fue el miedo y entró a la habitación. - Cumplí el trato -. Se paró orgullosa y firme mientras miraba a Uker, con las manos en la cintura y como si estuviera esperando algo. Uker simplemente se le quedó viendo un momento, parpadeando y pensando en que podía estarse refiriendo, hasta que su mente recordó esas palabras que le había dicho a la pequeña en cuanto estuvieron en el comedor. - Tienes razón -. Sonrió y miró por un momento a Nyra, solo para volver su mirada a Akura. - Bien, dime que quieres de postre, te lo prepararé en cuanto terminemos -.
La actitud orgullosa de la niña pasó a una de felicidad, sonriendo ampliamente y cerrando sus manos en unos puños que alzó triunfante sobre su cabeza. - Pero tienes que ayudarme a lavar luego -.
Nyra Kuroshiro
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18-05-2026, 12:34 AM
(Última modificación: 18-05-2026, 12:34 AM por Nyra Kuroshiro.)
¡Bien! ¡Ser la nueva había funcionado otra vez! La curiosidad podía ser un arma poderosa, y a veces funcionaba convertirse en el premio de una competición.
Mientras los niños se colocaban en sus respectivos sitios, yo regresé junto a mi compañero agitando felizmente mi cola.
―¡Muchas gracias! ―respondí orgullosa antes de que me ofreciera continuar con el servicio―. ¡Síii~!
Mientras servía los últimos platos, aproveché para ir elogiando a los niños cuando se portaban especialmente bien ayudando o corrigiendo a otros o bien cuando limpiaban algo por sí mismos. ¡Con suerte, quizás con el tiempo se terminaran portando así siempre!
Sí, bueno, era difícil, pero soñar es gratis, ¿no?
Cuando escuché a algunos niños decir que la comida sabía mejor gracias a mí, aproveché para comentar a un par de ellos que, de hecho, la receta me la había enseñado Uker, pero tampoco le di mucha importancia, especialmente tras su palmada en la espalda. Aquel día yo era la novedad y, en la mente de los niños, seguramente lo que ocurriera en mis primeros días aquí se iba a deber a mi presencia si yo estaba involucrada. Lo bueno es que, de la misma forma, si yo les caía bien, me achacarían cosas buenas, y si les caía mal, cosas malas… ¡así que parecía que había empezado con buen pie!
Finalmente, el tiempo de la comida pasó y la mayoría se fue corriendo a jugar, ¡lo cual era un alivio, porque a saber qué tipo de preguntas me harían!
―¡Muchas gracias! Aunque no habría salido tan bien si no me hubieras dicho aquello antes. ¡Tú me diste la idea! ―expuse alegremente mientras también recogía algunos platos.
Ya en la cocina, el silencio se me hizo casi extraño después del ruido del comedor. No me disgustaba, ¡era un sitio de lo más animado! Por un instante me dio pena pensar que únicamente podría quedarme durante una estación, pero enseguida volví a centrarme en el presente, cosa a la que ayudó el seguir teniendo tareas que hacer.
―No te preocupes, ¡me lo he pasado muy bien! ―comenté con una gran sonrisa mientras me encargaba de las sartenes―. ¿Eh? ―inquirí curiosa cuando se disculpó por Akura, sin terminar de entender. Sin embargo, la alegría volvió a hacerse muy evidente en mi rostro cuando comprendí lo que pasaba―. No te preocupes, ¡es un encanto! Ojalá todos se portasen siempre tan bien como ella. ¡Es tan adorable~!
Y, casi como si la hubiéramos llamado, no tardó en aparecer por la puerta. ¡Ay, venía a por su postreeee!
―¡No te preocupes, Uker! ¡Yo me encargo de lavar! ―anuncié con máxima energía mientras me daba más prisa lavando―. El postre no puede esperar; yo intentaré adelantar todo lo posible y, si queda algo por limpiar cuando hayas terminado, ya me ayudas entonces. ¿Te parece?
Por supuesto, ir más rápido no iba a significar hacerlo peor. ¡Eso heriría mi orgullo y honor como cocinera!
―Akura, si quieres, mientras tanto puedes hacerme preguntas ―avisé, mirándola un momento―. Eres quien mejor se ha portado hoy, ¡pero no se lo digas a los demás! ―añadí con un breve guiño.
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Ante la pregunta de qué era lo que quería como recompensa, la pequeña solo llevó su mano a su mandíbula y miró hacia un punto fijo en la cocina, pensativa. Estuvo así un buen rato, el suficiente para que Uker comience a pensar que la cabeza le había hecho cortocircuito o algo parecido. - Quiero lo del otro día: macranonis -. Lo dijo con tanto ánimo y felicidad en la mirada, típico de un niño emocionado, pero el rostro de Uker no cambió de expresión. - ¿Macranonis? -. Su cabeza se echó a un lado, pues no entendía a qué se refería la niña. - ¿Macarrones? -.
Al escuchar esa palabras, Akura volvió a sonreír y asentir con la cabeza. - Esos, esos, justo esos -. Uker no supo qué decirle. El hace casi una semana los había preparado y no le habían salido del todo bien, pero ella los había disfruta de igual manera, por lo que simplemente suspiró y le apuntó hacia la zona donde se encontraba Nyra, para que se lave las manos, lo cual no tuvo problemas en hacer.
Habiendo agradecido la ayuda de su compañera, Uker se puso a recolectar y dejar sobre una mesa todos los ingredientes, mientras que la niña se acercaba donde estaba la mink para hacer caso al otro cocinero. - ¡¿En serio?! -. Abrió los ojos como platos y estos brillaban de la emoción mientras miraba a la rubia, para segundos después callarse por un instante para pensar en su pregunta. - ¿No te molesta que esos estúpidos…? -. En cuanto ella mencionó esa palabra, pudo escucharse a Uker desde el otro lado de la habitación diciendo “Lenguaje”, cosa que obligó a la menor a replantear su pregunta. - ¿No te molesta que te hagan preguntas tan personales? Son muy pesados y… -. Antes de continuar, miró hacia donde se encontraba Uker, asegurándose de que estuviera concentrado en otra cosa, por lo que se acercó un poco a Nyra y habló con susurros. - Y muy estúpidos -. Incluso si había intentado que el cocinero no escuchase, Uker volvió a llamarle la atención con un simple “Akura”, momento en el que ella soltó una risita.
Habiendo reunido todos los ingredientes, el muchacho simplemente esperó a que ambas terminaran de charlar mientras acomoda su libreta con recetas en la mesa. Podían verse las anotaciones de la receta que debía seguir ahora, pero no comenzó hasta que la niña se había acercado de nuevo. - Juntemos el harina junto con el azúcar glas -. Mientras le indicaba lo que debía hacer, apoyó sus dedos levemente en cada contenedor, haciendo que ella supiera a qué ingrediente se refería. La receta no era difícil, Uker se encargó de batir claras de huevo durante un rato hasta que le indicó a Akura que agregara otro ingrediente, para luego seguir batiendo.
- ¿Qué color? -. Preguntó de pronto Uker, momento en el que la cabeza de la niña volvió a funcionar, pues se había olvidado del detalle de que los macarrones debían tener colores bonitos. - Hmmmmmm ¡Celestes! -. Lo dijo con tanta emoción que Uker simplemente asintió, sin dejar de batir los ingredientes en ningún momento. La pequeña se encargó de buscar el colorante, agregándolo de a poco a la mezcla y mirando a Uker para que le permitiera tirar más o le dijese que eso era suficiente. - Con un poco más estamos bien, recuerda que el color se hace más suave cuando se cocinan -. Le explicó con paciencia al ver como su cara cambiaba de emoción ante un color azul no tan claro como el esperado.
Con ayuda de Akura, procedió a mezclar las claras de huevo con la mitad de la primera mezcla que habían hecho, momento en el que le pasó una pequeña espátula de plástico a la niña y le indicó cómo mezclar, pero claramente haciendo él gran parte del trabajo con un instrumento más grande. - ¿Te gusta lo dulce, Nyra? -. Preguntó la peliblanca, dejando por unos instantes su labor para centrarse en la pregunta, momento en el que Uker tomó el mando y se ocupó de realizar la mezcla lo más perfecto posible. Luego de un rato, y tras haber agregado la otro mitad de la mezcla y haber mezclado bien, levantó un poco la espátula y le mostró a la muchacha como la pasta formada apenas se agarraba a esta y caía como si fuera una cinta decorativa de color celeste. - Nuestra mezcla está en su punto -. Le dijo sonriendo, cosa a la que la pequeña respondió asintiendo y acercando una bandeja y algunos pares de mangas pasteleras. - ¿Quieres intentar, Nyra? -. Dijo mientras rellenaba una de las mangas con solo un poco de mezcla, cortando su borde y pasándosela a Akura, a quien le explicó cómo usarla.
El primer intentó no salió perfecto, claramente, pero Uker le aseguró que iría mejorando con la práctica.
Tras unos momentos de precisión de cirujano, o tal vez no, una bandeja con unos pequeños círculos de masa aplastados ya se encontraba lista, por lo que Uker le pidió a la rubia si podía encender el horno, siendo específico en que debía estar a 150 grados. Cuando todo estuvo hecho, y las futuras tapas de los macarrones estuvieron en el horno, Uker extendió sus manos hacia Akura, la cual completó el gesto chocando sus palmas con las suyas a modo de celebración, copiando el gesto hacia Nyra y esperando que ella también lo haga.
Unos 13 minutos estuvieron las tapas en el horno, momento suficiente para seguir charlando y limpiando todas las cosas que habían usado en la preparación. En cuanto pudo sacarlas del horno, dejó que la bandeja se enfriase y evitó que Akura quisiera tocar la cosa antes de que se quemase. Cuando el tiempo pasó, por fin pudieron agregarle el relleno, que Akura decidió que sería chocolate, por lo que en unos pocos instantes más tenían frente suyo un plato de (casi) perfectos macarrones, el cual Uker no evitó que sea atacado primero por la más joven de los tres.
Nyra Kuroshiro
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
Dejé escapar una suave risita mientras lavaba los utensilios. ¡La manera de equivocarse con el nombre del postre era tan adorableeee! ¡¿Es normal querer tenerla abrazada como un peluchito todo el tiempo?!
Y aún me gustaron más sus ojitos de ilusión cuando le había dicho que era la que se había portado mejor que nadie. ¡No era ninguna mentira! ¡Era absolutamente mérito suyo! Seguía frotando una de las sartenes cuando tuve que contenerme una risita cuando insultó a los otros niños. No quería que se me notara mucho, ya que no era un comportamiento que quisiera propiciar, y de hecho Uker lo hizo muy bien al llamarle la atención en ese momento.
Cuando la pregunta se volvió una más apropiada, me dispuse a responder, aunque esa vez sí se me escapó una pequeña risita al pillarme con la guardia baja. ¡Sin duda, era una chica de voluntad firme!
―¡Para nada! ―respondí alegremente al tiempo que enjabonaba rápida y eficazmente uno de los platos―. Es verdad que antes me abrumaron un poquito, pero eso es porque eran demasiadas preguntas a la vez y no estaba preparada ―expliqué un poco mejor, mirándola unos segundos de poco en poco, sin desatender mis tareas―. Pero, de hecho, a mí me gusta que me pregunten cosas. Si me preguntan es porque tienen curiosidad, y mostrar y recibir curiosidad es una muy buena forma de hacer amigos, siempre que se respeten las respuestas. Además, cuando dos personas saben mucho la una de la otra, ambas se vuelven más difíciles de olvidar. ¿No sería muy bonito que haya alguien que tenga recuerdos bonitos contigo allá donde vayas, Akura~?
La frase que había iniciado con la ilusión de un deseo, terminó con una mirada sobre los platos. La sonrisa no desapareció en ningún momento, pero sin darme cuenta había revelado un poquito más de lo que solía hacer. Después de todo, a veces los niños pueden hacerte bajar la guardia.
Por suerte, Uker no tardó en captar su atención para ponerse a amasar, por lo que no hubo peligro de que la chica notara algo extraño accidentalmente. Esa separación y la sensación del agua, la espuma y la vajilla me sirvieron para volver a centrarme en el presente mientras escuchaba la elección de colores tras de mí, en un intercambio tan hogareño como el que podría haber en cualquier familia.
―Sí, ¡me encanta lo dulce! ―confirmé moviendo alegremente la cola ante la pregunta con la que me hicieron partícipe―. No debo comerlo mucho, así que cuando puedo tengo que pensar muy, muy bien lo que quiero probar… ¡y como me gustan todos los postres, me es muy difícil elegir! ―compartí riendo de nuevo.
Para cuando terminaron de preparar la masa, ya había avanzado bastante el trabajo, aunque aún quedaba. Aun así, no dudé en acercarme cuando me invitaron a participar en una de las partes más divertidas de la preparación.
―¡A ver, a ver! ―exclamé al acercarme mientras me secaba las manos en un paño limpio que no tardé en guardar en el bolsillo del delantal―. ¡Qué bonito ha quedado el color! ¡Ha sido una gran elección, Akura~! ―la elogié mientras tomaba la manga pastelera que quedaba.
¡Fue muy divertido! Uker, como haría todo un hermano mayor, le fue explicando cómo usarla y la animó a seguir practicando, a lo que yo misma me sumé. Una vez estuvo lista la bandeja, asentí ante la indicación de Uker sobre la temperatura del horno.
―¡Sí, chef! ―acepté enseguida con el cuerpo muy recto y mi mano en horizontal sobre mi frente, como si fuera un saludo militar. Acto seguido, riendo, me dirigí hacia el horno para cumplir mi misión antes de girarme hacia mis compañeros de cocina y chocar con ellos las palmas de las manos.
¡Qué gran equipoooo!
―¡Oye, Uker! ¡Hagamos una competición! ―lo reté con una sonrisa y el desafío en mi brillo aguamarina―. Vamos a ver quién limpia más cosas mejor y más rápido hasta que suene el horno. ¡Venga, Akura! ¡Tú eres el árbitro y tienes que vigilar quién lleva más! ¡Tú das la señal y luego nos dices quién ha ganado!
¡Era un juego que me gustaba hacer con mi maestro para hacer las tareas de la casa lo más rápido posible! ¡Se terminaba antes y era muy divertido! Además, hacer que la albina se encargara de arbitrar era una buena forma de darle una tarea importante sin arriesgarnos a que se le pudiera caer algo por accidente o hacerse daño. ¡Eran todo ventajas!
Si ambos aceptaban, la alarma del horno sonaría como una especie de alarma que simbolizaría el final del juego, por lo que enseguida preguntaría a la chica por quién se había llevado la victoria.
Fuera cual fuese el resultado, el hecho es que terminaríamos con una bandeja de maravillosos y casi perfectos macarrones ante todos, y yo no podría evitar reír de nuevo ante la velocidad de la menor al tomar uno de ellos.
―¿Qué tal? ¿Está rico? ―inquirí mientras yo misma tomaba otro y pasaba a darle un mordisco. ¡Enseguida, mi cola se agitó como loca!―. ¡Mmmmm! ¡Está riquísimo! ¡Tienes que probarlo, Uker! ¡Prueba, prueba, prueba! ―lo animé con emocionados saltitos.
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