[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2)
#41
Pareciera que las mentiras no estaban funcionando. ¿No eran demasiado convincentes? ¿Mi pico de oro entrenado en mil embustes se había helado de frío? ¿Acaso estoy enfrentando a gente con un intelecto superior incapaces de ser engañados? Sea cual sea la razón, parece que no he triunfado demasiado esta vez. Lo que si he conseguido colar es un atisbo de bondad en sus corazones. Un momento de pausa causado por una clemencia llegada por mi interpretación deslumbrante. Las lágrimas de cocodrilo nunca fallan... Me las enseñó el bueno de Curok.

A pesar de que he conseguido que frene la lluvia de golpes, mis adversarios no se quedan paraditos y lastimeros, en absoluto. El titán, más perspicaz que el resto, no cesa en su agarre colosal con el arma, que retiene mi pecho contra el suelo con gran presión. La arquera humana, parece haberse descongelado del error térmico de las cañerías, y no solo sigue con vida, sino que ha estado atenta a lo que sucedía. Ha oído mis palabras y parece la que tiene el corazón más amable de todos. Una lastima que sus aliados me hayan sometido. Víctimas así son las más fáciles de manipular y torturar después 
Las otras dos mujeres, la gata y la medusa, son de armas tomar y no bajan la guardia con tanta facilidad. Pese a mis intentos, se resignan a creerme. Y mientras que la mamífera busca la salida, la gyojin hace lo propio y se acerca a registrarme mientras me amenaza por si pretendo escapar. ¿Acaso no ha aprendido nada? Demasiadas libertades se está tomando la fresca esta. Ya los encontré en un tiempo, por ahora debí dejar mis emociones al lado y encontrar la forma de escapar.

Nyra se sube al escalón elevado y lo revisa. Parece vacío, normal. Una plataforma más. Sin embargo, con sus instintos felinos están a otro nivel y perciben cosas que otras especies no podrían observar o sentir. Entre la nieve y el hielo, una fina línea delata una apertura en el terreno. Cuando la ve, tan solo tiene que seguirla para ver el perímetro de un acceso tan grande como por el que entraron la primera vez. Aún así, no parece haber ninguna clase de mecanismo visible. Ni maneta, ni candado, ni nada parecido. Un acceso sólido y macizo imposible de abrir ni a golpes. Algo oculta. Tal vez el enemigo dijera la verdad. Tal vez no.
La artista y la marine buscan formas de comunicarse con el exterior. Ambas con Den Den Mushi diferentes, aunque con el mismo sistema, el único al que pueden acceder desde el interior de la Sala de Conservación Polar. Y... Nada. Una estática se oye de fondo que impide ningún tipo de compresión. Quizás están comunicando y se escucha del otro lado. O puede que el ruido blanco sea la certeza de que desde aquí es imposible llamar o recibir llamadas. La única verdad es que por ahora no funciona en absoluto y es un misterio lo que pase fuera de estas paredes.
Mientras el Wotan sostiene, la medusa mete mano. Sus tentáculos recorren mi cuerpo de forma concienzuda para encontrar hasta el más mínimo alijo que pueda llevar encima. Y mientras su puñal apunta a mi ojo, sus manos libres encuentran el botín. No solo mi comunicador, sino todosos berrys que llevo encima. Todo el suelo de meses de trabajo, en manos de la infame pirata. Que lo comparta o no, ya es cosa suya, pero la avaricia rompe el saco, y su descuido, trae mi libertad.

Bajo la atenta mirada del monstruo gigantesco, aunque con la mujer de las profundidades mirando el dinero y guardándolo, arqueo el brazo con el que en su momento me cubría el rostro para asestar un crochet desde el suelo a la base del arma que me sostiene. Todo con el brazo contiguo a la ladrona, para que la maza, salga despedida en su dirección. Y así sucede. El golpe de karate empuja el arma en un movimiento pendular que golpea el rostro de la medusa y me libera del peso asfixiante. Ahora o nunca.
No puedo el tiempo, y con el cuerpo convertido en una fina lámina de tela, me arrastro como una culebra sobre la nieve para escapar a toda velocidad. Todo mi ser va quebrando en zigzag como una serpiente hasta dar un bote preciso y artístico en esta forma. Como una tela fina, me alzo por los cielos empujado por los vientos gélidos unos pocos centímetros y me infiltro por el pequeñísimo agujero por donde se produjo la explosión, a través de las cañerías heladas. Solo un par de flechas podrían meterse por ese hueco, y aun así sería imposible ensanchar más el metal y mucho menos sobrevivir a esos gases congelantes. Solo mi cuerpo de papel y mi piel acostumbrada a extremas temperaturas abisales podrían. Una fuga digna de un artista del circo. 
Otra posibilidad sería escapar por los ventiladores, pero no solo están preparados para resistir los impactos de los seres más poderosos del mundo, sino que sus hélices podrían cercenar cualquier material que pasara por ahí. No hay salida ni escapatoria más que esa. Pero ahora ellos están dentro y yo fuera. Solo queda reunirme con mis camaradas y decidir qué hacer con esta gentuza mientras me recupero de las heridas. Que ganas de volver a ver a Landon y que se encargue de estos cubitos de hielo. Sin duda han demostrado ser más duros de lo que parecían de primeras... Seguro que son buenos esclavos de primera.

Próximo turno

Valoración general del turno

Valoración final

Sala de Conservación Polar
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1332 + 0 = 1332
Energia: 1136 - 115 = 1021
Espiritu: 195 + 0 = 195
#42
Cuando el destino es el crupier, da igual que uno se levante de la mesa: el juego continúa.

Se hizo el silencio. Los collares de metal empezaron a tintinear con mayor fuerza que antes, si bien al mismo ritmo. El compás mecánico marcado por sus engranajes internos se volvió más audible, más marcado, haciendo vibrar con ímpetu los collares con cada pequeño sonido, con cada girar de sus engranajes. Tac, tac, tic, tac, tac, tic. Las luces de la sala se atenuaron casi por completo, quedando reducidas a una mera refulgencia que a duras penas permitía adivinar las siluetas y los rasgos más evidentes de cada uno de los presentes. El número presente sobre cada uno de los collares había empezado a resplandecer en la oscuridad.

Al fondo de la sala, justo encima de una enorme e infranqueable puerta acorazada que no había dado señales de ir a abrirse en todo el tiempo en que habían estado allí (y que, por lo sólido de su aspecto y la regularidad de su superficie, podía pasar desapercibida fácilmente a ojos del grupo si no habían prestado la suficiente atención), se encendió una luz que proyectó una inquietante luz naranja, girando sobre sí misma como una sirena silenciosa. Pasados varios segundos, a lo largo de toda la sala, se oyó una voz monótona y metálica que retumbó a través de lo que probablemente fuese un sistema de comunicación.

"Felicidades, aspirantes. Para continuar con el protocolo de selección de aptitudes y garantizar la calidad del producto final, deberéis escoger al menos apto de vuestro grupo. Los demás tendréis el privilegio de ser comercializados en nuestra primera gran hornada de esclavos del South Blue, y continuaréis con vuestras vidas en manos de nuestros mejores clientes. Comunicad vuestra decisión al Equipo de Control, que ha observado y escuchado con interés toda vuestra actuación y tendrá en cuenta vuestro criterio. Tenéis un minuto. Pasado un minuto, de no haberse declarado un no apto, el número más bajo de cada grupo será automáticamente eliminado. Gracias por vuestra colaboración."

Con un chasquido metálico, la emisión de la grabación terminó, y se volvió a hacer el silencio.



Información importante
#43
[Imagen: DQt0PNT.jpeg]

Las luces cayeron antes de que terminara de entender qué estaba pasando. No fue de manera gradual ni teatral. Fue el tipo de caída que el Circo de Sangre hacía cuando la función estaba a punto de empezar. Kazan había visto ese tipo de oscuridad tantas veces que su cuerpo la reconoció antes que su mente y algo en sus músculos se tensó con el reflejo antiguo de quien espera escuchar el gong. Pero no hubo gong, lo que hubo fue una voz. Metálica y monótona, carente de vida. Y mientras esa voz pronunciaba las palabras que pronunció, los collares de metal empezaron a vibrar, ese tictac que seguía siendo un misterio hasta este momento y que en este momento dejó de serlo. "Ya conozco esto."

Sus dedos encontraron el collar de cuentas de madera antes de que el anuncio terminara. Lo encontraron por instinto, por el mismo instinto que los había llevado a él mil veces antes. El tacto de algo que había elegido cargar, en contraste con el metal frío de algo que le habían puesto sin pedirle permiso, aquel maldito collar que tinteneaba con un tictac que recordaba a muerte. Escuchó el anuncio entero y lo dejó terminar con el respeto silencioso que se le da a los mecanismos que ya has visto funcionar antes.

Escoged al menos apto. Un minuto.

De no declararse un no apto, el número más bajo de cada grupo será automáticamente eliminado. Sus ojos se movieron hacia los collares que brillaban en la oscuridad. Tres personas con collar en el cuello. Y uno con el número más bajo.

00000.

"Circo de Sangre, Día no me acuerdo. El gladiador que pierde tres duelos consecutivos pasa a ser el candidato designado. El propietario firma. Y el gladiador aprende que no importa cuánto hayas ganado antes: cuando el sistema te convierte en candidato, nadie a tu alrededor tiene que hacer nada para que caigas. Solo tienen que no decir tu nombre."

Un minuto. Kazan contó los primeros diez segundos en silencio. Sus pulmones llenaron de aire frío de nevera industrial. -Por las profundidades...- La voz salió sola, retumbando en las paredes de hielo con la misma amplitud con que había retumbado desde el principio, porque Kazan a diez metros de altura en una sala de catorce no necesita esforzarse para que le escuchen. -Cuánto trabajo para llegar a lo mismo de siempre.- Sus ojos recorrieron las cuatro luces de los collares una última vez. Luego se detuvieron en los suyos.

-Yo.-

Una sola palabra. Y sin venir cargada con el tipo de énfasis que pone alguien que quiere que lo recuerden por lo que acaba de decir. -El número más bajo es el mío, y el no apto soy yo; soy una eleccion facil. Kazan, Marea Azul, Wotan, cuarenta y cinco años, ex gladiador del Circo de Sangre del West Blue, Armada Revolucionaria. Ese es el no apto. Ese soy yo.- No hubo pausa dramática pero si una risa, la misma risa áspera y sin alegría. -Ga-ha-ha-ha-ha.- Se volvió hacia las tres. -Tenéis que aceptar esto, es mi destino y lo que siempre he sido, protector de todo lo que me ha ocurrido.- La mano izquierda soltó a Kurogane. La mano derecha subió al collar de cuentas de madera. En su cabeza el juramento pronunciado tiempo atrás; su vida en pos de los esclavos y afligidos, el peso de redimir décadas de haber sido usado por gente exactamente como la que diseñó este sistema.

-Y en cuanto a vosotros.- La voz subió de volumen levemente. -Los que están al otro lado de esta grabación. Escuchadme bien.- Fue una pausa que fue mas amenaza que para coger aire. -No hemos elegido al no apto. El no apto se ha designado solo, sin que nadie del grupo lo pidiera porque ya ha tenido suficiente de este sistema abusivo, en su infancia, en su adolescencia y ahora. Os perseguiré en la muerte, haya donde esteis y ams vale que el collar explote fuerte porque como resista...- una risa salió de su boca.

Sus ojos encontraron los de Miyori primero. Luego los de Mell. Luego los de Nyra en la plataforma.

-Vivid.-

Marea Azul
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 878 + 0 = 878
Energia: 1156 + 8 = 1164
Espiritu: 198 + 0 = 198
#44
Al no recibir respuesta, vuelvo a guardar a Carlos. Tras varios segundos de mirada analítica en los que aproveché para limpiar la sangre de mi espada con el pañuelo azul que aún guardaba en mi bolsillo, una finísima línea se me hace visible bajo la nieve. Al acercarme y removerla, descubro que es mucho más grande y profunda de lo que parecía en realidad. El rostro se me ilumina de inmediato.

―¡Chicos!

Los llamo al mismo tiempo que me pongo de pie y miro para atrás, buscándolo, pero mis ojos se encuentran con la escurridiza tela moviéndose zigzagueante hasta la pared en la que ocurrió la explosión.

Lo hemos perdido… y, a decir verdad, era imposible atraparlo con esa velocidad. ¿Realmente lo necesitábamos? Esperaba que lo del escáner ocular no fuera verdad, porque si no… No, no, pensaremos en eso después. Vuelvo a mi forma normal y guardo el pañuelo ensangrentado en el bolsillo opuesto al que está mi Den Den Mushi.

―Chicos, ¡creo que la he encontrado! ―aviso envainando, tratando de animarlos―. Es muy grande y hay mucha nieve, voy a necesitar ayuda para…


Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

La sonrisa se esfuma de inmediato, mis orejas erguidas y el corazón al triple ritmo de cada click. Puedo sentir los engranajes moviéndose en el interior del collar. Es imposible que los demás no lo estén escuchando esta vez.

Las luces agonizan y queda apenas una luz naranja sobre una puerta oculta hasta entonces. Temerosa de quedarme sola, salto de inmediato de la plataforma y me uno a donde se encuentra el resto del grupo, con la mano de mi pulsera buscando el colgante de mis padres bajo la chaqueta.

Una voz. Una cínica felicitación. ¡¿Un concurso en el que el premio es la esclavitud?! Coacción vestida de elección. ¡Otra forma de la misma propuesta de Arnold al principio del combate! Un minuto. Una sentencia. «¡¿Eliminado?!». “Gracias por vuestra colaboración”. Los puños se me cierran de inmediato. No hay tiempo para pensar de más.

Mientras escuchaba, mil pensamientos y sentimientos se mezclaban a la vez.

Ritsu, Sandy y su pequeño, Dimitri, Kael, Choi… Noto la pulsera contra mi pecho. «Siento no haber podido ayudarte a cumplir nuestro sueño, Shin, pero sé que Kazan lo cumplirá en mi lugar». Él es buena persona: Shin lo dijo y yo lo he comprobado. Nos ha protegido a todas. Miyori, nada más despertar, ya preguntó si estábamos todos bien sin saber nada de nosotros. También es buena persona y gentil. Son como Uker. De Melly no sé qué pensar; es fuerte, pero parece ocultar mucho bajo su superficie. No voy a proponer que se quede otro, y más si no sé si es mala persona. Una pena que jamás pueda llegar a conocerla más…

No, estoy donde debo estar. Iba a ser esclava cuando era un bebé y solamente fui libre porque alguien se apiadó de mí. Mi sueño era ser marine para cambiar la ley desde dentro y acabar con la esclavitud. Voy a quedarme y a cumplir con ese cometido que yo misma me impuse. Si mi vida puede servir para eso, no me importa si con ello salvo a tres.

Ojalá pudiera pedirles que devolvieran a Ritsu mi colgante, pero me da miedo quién nos podría estar escuchando… Quizás sea mejor así...

―Nuestros números, de mayor a menor, son estos ―informo, haciendo uso de mi buena memoria, en cuanto la grabación deja de hablar―: Melly, Miyori, yo… y Kazan. ―Sí, dije sus nombres. No hay tiempo que perder y ahora ya no importa nada.

Al menos, hasta que el wotan se propone. Lo miro con los ojos muy abiertos y el corazón a mil.

―¡No, claro que no! ―exclamo de inmediato, interrumpiéndolo cuando dice que el número más bajo es el suyo, que el no apto es él y que es una elección fácil―. ¡Kazan, tienes que seguir luchando por liberar esclavos! ¡Hay otros que necesitan que los protejas igual que a nosotros! ¡Nuestros compañeros! ¡Los civiles del ferry! ¡Los niños, los ancianos, todos! ―Intenté gritar por encima de su voz, algo imposible por su tamaño, pero no me rendí, dando un par de pasos hacia la puerta, con la mano en el pecho, temblando entre el frío y la impotencia―. ¡Yo, Nyra Kuroshiro, setecientos siete, marine! ¡Habéis visto el combate! ¡Todos han protegido o atacado mejor que yo! ¡La música de Miyori nos ha hecho combatir mejor! ¡Yo soy la menos apta! ―exclamo con voz quebrada.

No, apenas tenemos un minuto, ¡no dejaré que se entregue, aunque tenga que seguir interrumpiéndolo hasta que se acabe el tiempo!


Informe de la Marina
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1254 + 0 = 1254
Energia: 828 + 18 = 846
Espiritu: 159 + 0 = 159
#45
De verdad creí que todo había terminado. Había salido bien parada, incluso mejor de lo esperado, más dinero del que pensaba, unos guantes nuevos, una pequeña victoria en medio de todo ese desastre, pero claro, la vida no funciona así conmigo, todo se fue a negro, oscuridad total y entonces esa voz fría, pesada y asquerosamente segura de sí misma. Recorrió toda la sala como si nos tuviera en la palma de la mano, anunciando que teníamos un minuto para elegir al menos apto y que los demás serían recompensados con la vida. ¿Recompensados? ¿Como esclavos?
 
Sentí cómo algo me subía desde el pecho hasta la garganta. —¿Esclava yo? —murmuré, apenas al inicio, pero luego exploté. —¿¡ESCLAVA YO!?-GLUP— El Wotan habló pero fue interrumpido por la chica de orejas puntiagudas que empezó a decir algo, pero ni siquiera los dejé terminar. —¡Callen sus estúpidas bocas, maldita sea! —solté, tensando todo el cuerpo, las dagas firmes en mis manos mientras giraba la mirada hacia el lugar por donde había desaparecido el rey helado, como si aún pudiera alcanzarlo. Mi respiración era irregular, mis dedos apretaban con fuerza. —Escúchenme, quien sea que me esté viendo, donde sea —escupí, alzando la voz, desafiante, casi temblando —Soy Meliza Jellyfish. Mi número es ocho tres ocho. — Di un paso al frente, como si realmente pudiera enfrentar algo invisible.
 
—Si quieren asesinarme, háganlo, maldita sea. — Mis ojos brillaban, no de miedo no del todo. —He estado toda mi estúpida vida sola —continué, con la voz más baja pero igual de firme —Morir sola no me molesta. — Apreté las dagas una vez más. —Pero arrodillarme eso sí que no. — podrán quitarme todo, menos eso.

[Imagen: OU5NAw8.jpeg]
 
—¡CAPITÁN DHARMA! ¡DONDE SEA QUE ESTÉS!— La voz me salió más rota de lo que quería, más humana, más mía que nunca. Apreté los dientes, bajando apenas la cabeza mientras mis manos temblaban un segundo alrededor de las dagas. Todo el ruido, toda la rabia, toda esa fachada que siempre llevo encima por un instante se resquebrajó. —Perdóname —murmuré, casi en un hilo de voz. El peso de las palabras me cayó encima de golpe. No era por la pelea, ni por el miedo, ni siquiera por esa maldita voz que nos trataba como ganado.
 
Era por fallar, por no tener el control, por sentir, aunque fuera un segundo que no podía salir de esto sola. —Soy débil —admití, y decirlo me supo peor que cualquier golpe. Mis dedos se tensaron otra vez, apretando con más fuerza, obligándome a levantar la mirada aunque no hubiera nada claro que ver en la oscuridad, respiré hondo y esa grieta se cerró, no del todo, nunca del todo, pero lo suficiente. —Pero no tanto —añadí en voz baja, casi para mí misma. Enderecé la espalda, ladeando apenas la cabeza, con esa media sonrisa que siempre vuelve, aunque no debería. —Así que si sigues vivo, capi bonito, más te vale no morirte y cumplir mis sueños. — porque si alguien iba a salir de esto sabia que iba a ser él, como siempre.

Estanque de peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 515 + 12 = 527
Energia: 444 + 18 = 462
Espiritu: 129 + 0 = 129
#46

Una circunstancia diferente.

Arnold Redflag escapó de una forma que jamás habría creído posible, y en ese instante comprendí que las palabras también pueden ser usadas como armas. Sentí,vergüenza, pena por haber sugerido siquiera la posibilidad de creerle, pero al final, solo mostró lo que realmente era… y aunque siempre he visto el mundo en matices grises, hoy contemplé una oscuridad hostil y escalofriante, un ser sin corazón.

Jamás olvidaría a Arnold, no me lo permitiría nunca. Fue él quién me obligó a entender el peso real de este viaje, lo que significa ser pirata y continuar en esa senda, gracias a él, vi con claridad lo frágil que soy cuando enfrento extremos opuestos a mis ideales, y lo que conlleva compartir un escenario de vida o muerte junto a otras personas.

Cuenta regresiva, una nube de vapor se deslizó fuera de mis labios agrietados.

Las luces se atenuaron hasta sumergirnos casi por completo en la oscuridad, a como iniciamos al despertar. Un resplandor naranja emergió sobre una gigantesca puerta que no habíamos notado antes. El tiempo corría. Los collares emitían un sonido insistente, tensando cada músculo de nuestros cuerpos, hasta que una voz anunció el siguiente paso a seguir de este juego que al parecer no tenía fin.

Tic Tac Tic Tac

Un pensamiento, escuchar, reflexionar.

Kazan estaba decidido a tomar el riesgo de quedarse y dejarnos avanzar a las tres, era un Wotan formidable, grandioso, y no por su tamaño, sino, por sus ideales que quizás eran más grande que su propia apariencia, no solo soportó las heridas a beneficio de nosotras, demostró que su palabra no era para tomarse a la ligera y cumplió con su promesa de que nadie nos haría daño.

Nyra, en cambio, se aferraba con fuerza a lo que sentía. Se negaba a aceptar la decisión de Kazan, y no estaba equivocada. Él tenía una misión, quedarse aquí significaba renunciar a la libertad de cientos… tal vez miles. Me sorprendió cuando confesó ser Marine, aunque, pensándolo bien, las señales siempre estuvieron ahí. Aun así, enfrentarse a su superior, ¿cuánto valor hace falta para desafiar tu propia jerarquía?

Y por último, la hermosa Gyojin medusa que responde al nombre de Melly o Meliza, también dejó salir sus sentimientos de enojo acumulado, de impotencia ante esta situación que nadie quiere, al escucharla me di cuenta que cada uno de nosotros carga con propósitos y anhelos diferentes, pero importantes. A cada uno los escuché con paciencia, con calma, con todo el amor que podía sentir en ese momento.

Una sonrisa puede calmar cualquier preocupación. 

—-*Lo siento, Cill… supongo que no podré tocar más el sake de binks para ti* Pensé, en lo que respiré profundo para después dejar ir aquella idea en un suspiro suave acompañado de otra cortina de vapor.
Una decisión.

—- Los tres pelearon con gran valor, unidos pudieron enfrentarse en contra de Arnold y hacerlo huir aterrado… —- Tome la palabra ahora, a pesar que el sonido de los collares era persistente, y a la misma vez el sonido de la alarma alumbrando cada segundo que pasaba, y sin embargo, ellos podrían notar que sonreía de manera amena y cálida, tranquila, sin importar del frío de esta sala o de la angustia de tener que dejar alguien atrás. —- y lo hicieron sin mí. 

—- Kazan, tienes un propósito sobre tus hombros y eso a veces te hará tomar decisiones más temerarias que esto, piensa, si hay más esclavos afuera, ¿No vale la pena luchar por la libertad de cientos de esclavos?, Melly, tú lograste lastimar a Arnold, lo hiciste con tu propia fuerza, así que eres por lejos la menos débil de nosotros, si lograste acabar con este sujeto podrás acabar con lo que sea que les espere afuera.

¿Un minuto?, no era suficiente.

—- Nyra, tienes un espíritu inquebrantable, y habilidades muy útiles que pueden ayudar a la causa. —- Me acerqué a ella mientras colocaba una mano sobre su hombro. — Eres Marine, y si acabas de presenciar corrupción en tu propio bando, entonces la verdadera justicia ahora está en tus manos, además… Arnold sigue ahí afuera.

—- Por favor… —- El tiempo terminó. 

—- Déjenme quedarme, soy por mucho la más débil del grupo, no tengo habilidades increíbles como las que tienen ustedes tres, y no hice más que estar tirada en el suelo mientras ustedes arriesgaban sus vidas en combate, así que… al menos dejenme demostrar que valgo algo.

Amphitrite toca la canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 698 + 0 = 698
Energia: 597 + 6 = 603
Espiritu: 198 + 0 = 198
#47
Por respeto a lo sucedido, por difícil que pueda resultar, os recomendamos leer primero el post y no apresuraros a ir a los off.




Se acabó el tiempo. Había pasado un minuto, aunque no hubo nada que lo indicase, ningún pitido, ninguna alarma. Repentinamente, por toda la sala, y, precedido por un zumbido de estática, comenzó a emitirse un nuevo mensaje en la misma voz monótona de antes:

Cierre del Protocolo Damocles. Los números... Nueve. Ocho. Cinco. Ocho. Cinco. Y... Ocho. Ocho. Seis. Uno. Seis. Y... Cero. Cero. Cero. Dos. Han sido seleccionados por los responsables.
Por defecto, son filtrados también los números... Cero. Cero. Cero. Cero. Cero. Y... Uno. Siete. Cuatro. Ocho. Tres. Y... Cero. Tres. Tres. Cuatro. Siete.
En diez segundos, los números seleccionados serán filtrados. Los demás números podrán proceder a ser comercializados.

¿Quiénes eran los demás números? ¿Qué significaba aquello? ¿Cuántos esclavos más había en aquel lugar?

Fuera como fuese, la segunda cuenta atrás había comenzado. Como la anterior, fue una cuenta atrás muda, sin ningún sonido ni pitido que la marcase ni indicase su final.

Cada segundo pasó lento. Diez segundos eran suficientes para que cualquiera reflexionase sobre su final, sobre lo que había vivido y sobre lo que no, sobre sus satisfacciones y sobre sus frustraciones, y sobre aquellos a los que dejaba atrás. No eran pocos los que habían dado con un final triste de camino a perseguir sus sueños, o, peor aún, aún sin tener un sueño por perseguir. Los presentes en aquella sala eran, a todos los efectos, esclavos, y un esclavo solo podía morir tal y como hacía todo lo demás: por designio de otros. Como un esclavo, en definitiva. Resultaba sencillo llenarse la boca hablando de libertad, de la persecución de los sueños, de la justicia, de la vida y de la muerte. Sin embargo, cuando se trataba de enfrentarse al final, al sacrificio último, fuera o no este voluntario, fuera más o menos noble, los ideales solían desvanecerse con la misma rapidez con que habían llegado.

El collar de Kazan había empezado a hacer mucho más ruido que cualquier otro. A medida que pasaron los segundos, la luz que emanaba de los números en su collar se intensificó, iluminando a su alrededor. Y, finalmente, llegó el décimo segundo. El collar, cuyo sonido se había vuelto atronador, pareció enmudecer de golpe. Un último chasquido se produjo en su interior, para culminar con una explosión.



Al mismo tiempo que se producía la explosión, la sala al completo quedó inundada en una intensa luz roja que emanaba del techo. Una estridente e insoportable alarma comenzó a sonar por todo el lugar, y lo impensable sucedió finalmente, pagado por el precio de la sangre derramada: la puerta del fondo, que había permanecido cerrada a cal y canto durante todo aquel tiempo, se abrió con pesadez y con el ruido hidráulico de varios mecanismos, abriendo el camino hasta un largo pasillo bañado en aquella misma luz roja.

Y, de pronto, todos se dieron cuenta también de que sus propios collares habían empezado a explotar casi al unísono, solo que las explosiones parecían estar causadas por algún tipo de fallo, más que por la activación de la carga explosiva en su interior. Uno a uno, todos los collares emitieron un fuerte ruido y una fuerte humareda, antes de producir diversos chasquidos y, tintineantes, deshacerse en mil pedazos y caer al suelo, desactivados e inservibles. Bajo sus pies, y al otro lado de los gruesos muros que los rodeaban, se podían oír y percibir fuertes temblores.

Al otro lado de la puerta, al final del largo pasillo, tras unas escaleras metálicas que subían, se había abierto una última puerta.

Continuamos todos en este tema.



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