[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 4)
#21
Lo atrapó.

Los dedos, como tenazas, se cerraron en torno de la mandíbula de Don Ald. Por un instante pudo sentir su aliento en la palma de la mano, calentando el caucho de los Jarngreiper. Un instante de victoria que, lastimosamente, llegó y se fue con la liviandad de la arena que se escurre entre los dedos.

—¡Gah!

La punta del paraguas, en un movimiento demasiado rápido como para verlo, se incrustó en su muñeca y el agarre se rompió en ese preciso instante, comprometidos los músculos que cerraban la mano. Apretó los dientes con frustración. Don Ald estaba libre.

Pero no se iría ileso.

En el momento que el paraguas golpeó su carne y se incrustó en ella, una reacción en cadena se desató. Desde sus dedos, expuestos por el propio diseño de los Jarngripr, una pequeña cantidad de veneno salió disparada en represalia contra el traidor de la marina. Don Ald acababa de pisar la mina que Enji plantó para él. El veneno estaba esperando un disparador y el puñal del Don cumplía las condiciones.

Don Ald fue rociado con una pequeña explosión de veneno morado, similar a la explosión resultante de presionar el gatillo de un atomizador. Una sustancia viscosa, pegajosa y corrosiva que haría estragos en su ropa y dañaría su carne al atravesar la tela.

Enji sonrió, satisfecho, mientras el mundo a su alrededor se ralentizaba. El dolor de la puñalada procuró una nueva oleada de adrenalina en su cuerpo. Los sentidos afilados, empujados por la urgencia y la necesidad, siguieron a Don Ald, avocados a la cacería del pingüino. Ese era el objetivo, la barrera a superar para seguir adelante, quitarse los collares y salir de la prisión. Tan concentrado estaba en él que ni siquiera sintió pasar al espadachín, al infame pirata, Dharma, frente a él. Lo único que percibió fue un segundo impactó en los guantes y como su brazo, a causa del empuje, se disparaba hacia la izquierda, como si alguien le hubiera dado un fortísimo manotazo.

Los Járngreipr, sus confiables guantes, dieron la cara por él, y salieron destrozados. El filo de un puñal disfrazado de paraguas y una afilada katana consiguieron desmembrar el arma que lo acompañó durante su larga travesía por el South Blue. Los restos cayeron al suelo.

—Apunta mejor… —musitó a Dharma en el instante que sus piernas reaccionaron y, un momento después, estaba en el aire.

En el aire, surcando el terreno tras la huella del Don. La desventaja en la salida la compensa con velocidad, impulso puro. El cabello blanco remolineando a su espalda. Las piernas encogidas después de ejecutar el salto. La mirada de ojos bien abiertos y pupilas encogidas, adaptadas a la poca iluminación del lugar, que reflejaba locura, emoción, y determinación pura en esos iris rojizos.

—Fauces —masculló en pleno vuelo, y las manos se le llenaron de veneno.

La música volvió a sonar en su cabeza cuando Don Ald articuló un nuevo comando a su poder. El efecto llegó a él y sus piernas, por un instante, quisieron cambiar la trayectoria de su vuelo, cosa que era imposible al encontrarse en el aire. Poco después, sin embargo, algo cambio, y la nueva voluntad que dirigía sus pasos volteó en la dirección del Don. Una voluntad violenta, rencorosa y agresiva.

Por primera vez, los dos Enjis —el controlado y el libre—. estaban de acuerdo.



Don Ald se giró y lo primero que vio fue a un marine semi desnudo —ahora más desnudo al haber perdido los guantes—, plantando un pie en el suelo frente a él.

—¡Aguijón!

El ritmo violento de guitarras eléctricas y baterías hacía bombo en su cabeza. Lo único que pudo hacer, mientras su pierna izquierda se flexionaba para amortiguar el impacto, fue proyectar el puño derecho, envuelto en una masa de veneno con forma de punta, hacia abajo, mientras la rodilla derecha hacía lo mismo hacia arriba y se encontraban en el medio con la cabeza del elegante Don. Como las fauces de una bestia que se cierran sobre el cuello de su presa.

Poder y veneno, veneno y poder. Impulso, agresividad.

—¡SHIHAHAHAHA! ¡Me gusta esta canción, Don! ¡Tiene buen ritmo! ¡Bailemos un poco más! Vamos, vamos, vamos… ¡Vamos, Don! —vociferaba, como loco, totalmente desbocado. Se movía alrededor del traidor sacudiendo la cabeza, dejándose llevar por la música nueva  que tronaba dentro de su cabeza. Una música de guerra.

—¡SHIHAHAHAHA!

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2062 - 444 = 1618
Energia: 2257 - 524 = 1733
Espiritu: 300 + 0 = 300
#22
El filo atravesó el aire sin encontrar resistencia. No hubo impacto, ni choque, ni siquiera la más mínima oposición. Solo vacío. La sensación fue inmediata y fría, como si todo el impulso acumulado se hubiera disipado en un instante sin cumplir su propósito. Mis ojos se abrieron apenas un poco más, procesando el fallo mientras mi cuerpo terminaba el movimiento y descendía. Aterricé con firmeza, absorbiendo el impacto con las piernas, pero sin bajar la guardia. No necesité más de un segundo para entenderlo: la situación había cambiado mientras yo actuaba.

Me incorporé con rapidez, girando levemente la cabeza para ubicar de nuevo el campo de batalla. Fue entonces cuando lo vi. Enji ya se había movido, había reaccionado, había seguido al objetivo. Su ofensiva era agresiva, constante, desbordante… completamente distinta a la mía, pero efectiva en ese caos.

—Tch.—

Apreté la mandíbula, reajustando el agarre sobre mis armas. No había tiempo para frustraciones. Cada error en una situación como esa se pagaba caro, y quedarse atrás no era una opción. Pero justo cuando me preparaba para intervenir de nuevo, lo sentí. Esa misma sensación volvió a caer sobre mi cuerpo sin previo aviso. Simplemente ocurrió. Mis músculos se tensaron de forma antinatural y, antes de que pudiera reaccionar, dejaron de obedecerme.

—No otra vez.—

Mis pies se movieron solos. El cambio de dirección fue brusco, forzado. Mi postura se desajustó mientras el control se escapaba entre mis dedos como arena. Intenté resistirme, frenar, o al menos desviar el movimiento, pero era inútil. Aquella influencia volvía a imponerse, más violenta, más caótica. Y esta vez tenía un objetivo claro, Enji.

Mi cuerpo se lanzó hacia él sin dudar, impulsado por una intención que no era mía. Cada paso reducía la distancia entre nosotros, las armas listas en mis manos, preparadas para golpear como si realmente quisiera hacerlo.

Pero no era así. Forcé la mirada, intentando recuperar el control, aunque fuera lo suficiente para alterar la trayectoria. Mis brazos respondían a medias, rígidos, atrapados entre mi voluntad y aquella orden impuesta. Era como luchar contra mí mismo en cada movimiento. Enji, sin embargo, ya se estaba moviendo.

Su velocidad marcó la diferencia. Cuando mi ataque se ejecutó, él ya no estaba donde debía. El filo volvió a cortar el aire, pasando peligrosamente cerca, pero sin alcanzarlo. La distancia que logró ganar fue suficiente para evitar el impacto. Mi respiración era irregular. La frustración, ahora mezclada con esa impotencia creciente, apretaba el pecho. Aquello no era una pelea normal.  Apreté los dientes, clavando la mirada en él mientras mi cuerpo aún luchaba por recuperar la autonomía. Esto no podía seguir así.
OFF
#23
El enemigo era cuanto más escurridizo, era algo que admirar, pero aunque era bastante rápido para escabullirse y evitar ser cortado por Dharma, era cuestión de tiempo para que este juego cambiara a favor del pirata. Tras haber logrado defenderse satisfactoriamente de la embestida de Don Ald. Dharma no perdía más tiempo y había  tomado sus espadas gemelas con gran velocidad, sin embargo al hacer dicho movimiento, había perdido de vista a su enemigo por un pestañeo. Aunque como se menciono al principio, este es muy bueno para moverse y escabullirse, su pequeño y feo cuerpo no lo es tanto, al menos no como el pingüino creía. Dharma al volver a su punto inicial y ejecutar su ataque. Pudo notar con relativa facilidad, como su rival caía de las manos, de el que por ahora era su aliado y compañero de batalla. Enji al parecer tuvo que soltar al  pingüino y este pensó que había ejecutado una "mina trampa" usando a Dharma como su ataque. Pero no fue así.

Dharma había elegido atacar el torso de su enemigo y por ende este al bajar y caer, esquivó el ataque del oriundo de Wano y también, no hubo mayor daño que ese, pues sus espadas golpeaban el aire. Al tiempo que podía ver al pingüino quedar en el piso gracias a sus loables y buenos reflejos.  | Tsk... bro... el maldito es escurridizo.| Dijo el pelinegro, tras haber ejecutado su técnica sin lograr impactarlo apenitas y como dice un dicho de su tierra natal,  "por un pelo de rana calva" es que el pingüino había logrado zafarse, del ataque que lo iba a dejar bien muerto. Dharma no desistía, su animo no decaía, más bien se incrementaban las ganas, de poder por fin cazar a su pequeña pero inteligente presa. No podía negar que aquel hombre extraño, estaba librando una batalla contra cuatro, si bien dos de los ahí presentes y enemigos del pingüino no parecían hacer gran cosa. Dharma si estaba entregando todo lo que podía en cada movimiento, no era confiado y el poder de su enemigo era formidable, así que le merecía todo su ímpetu y poder. Además de que tenían que enterarse pronto quien había sido el "gracioso" que les había puesto los collares de esclavo. Había incógnitas, pero por ahora tenia que seguir enfocado en la actual batalla. 

Pues tras notar como el pingüino, había esquivado su ataque casi de manera circunstancial o quizá el peculiar enemigo, era mas hábil de que lo podría aparentar. Dharma si bien no pudo ver, la manera en que logro zafarse del agarre que había visto por parte de Enji y al tener que defenderse con su cantimplora, concentro sus esfuerzo en eso, para después de intentarlo atacar nuevamente, claro que podía notar que el pingüino no estaba ahí, además de que sus espadas habían "pasado de largo" al no tener donde impactar, pues estas buscaban herir el torso de Don Ald. El cual por lógica ya no existía en ese espacio y tiempo. Dharma reaccionaba e ignoraba las palabras de Enji el cual decía algo sobre tener cuidado. | Los Pingüinos no vuelan...| Dijo el espadachín el cual podía notar con relativa facilidad, como este emprendía un salto, Dharma no dejaría que estuviera haciendo eso sin consecuencias, pues era un pingüino, no un conejo, ni tampoco un ave de las que si vuelan. Por ende el capitán pirata pego un salto inmediatamente noto que Don Ald lo hacia, también podía ver como Enji se movía a una velocidad aun mayor que la de él. Sin embargo lo importante es que Dharma había logrado salir disparado unos instantes antes que Enji. 

Dharma podía notar con relativa facilidad donde iba caer Don Ald, sin tener que ver mayor calculo, pudo ver que el salto del pingüino había sido de baja estatura, como el mismo, pero lo suficiente para dirigirlo a un punto de caída. Era lento moviéndose aquel hombre deforme y enano. Dharma por su parte, al desprenderse del suelo buscaba igualar la parábola que estaba haciendo su rival, gracias a sus reflejos le era muy fácil apreciar esos detalles y su propia agilidad era mucho más rápida que la de su exótico enemigo, sin embargo, mientras ambos saltaban, también pudo notar que más hacia la izquierda Enji lo había hecho. Y su velocidad era aun mayor a la del propio espadachín. Dharma con sus espadas en mano y un salto de no mayor a 2 metros de alto, había dado un desplazamiento aéreo cercano a los 7 u 8 metros, bastante formidable, para colocarse al costado derecho de Don Ald, pero al aterrizar junto al pingüino más en especifico a su derecha (antes de girarse Don Ald), pudo sentir como sus piernas no reaccionaban como el quería e irremediablemente sus pies tenían la sensación de querer patear lo que fuera, lo que sea, lo que estuviese en su camino y como un bailarín de polka rusa, comenzó a zapatear a un ritmo sin igual un pie para un lado y el otro pie para otro lado y después de  aquí para allá. | Este baile me agrada más Don Pingüino JahJahJah | Decía al mismo tiempo que sus piernas sin control dieron una poderosa patada, sobre la zona de la cintura izquierda de su rival (Tras haberse girado Don Ald).

Tras impactar el cuerpo de su enemigo, también pudo notar como Enji había asestado par de golpes en el haciendo que el suelo debajo del mismo se resquebrajara un poco, la potencia de sus ataques era de lo mas interesante, además de que podía notar como de el había salido una sustancia extraña, la cual "marcaba" la zona de la cabeza de Don Ald. Dejando una figura que parecía una cruz de un liquido extraño y bastante "rarito". Por la mente del erudito de profesión, pasaron algunas opciones, podía ser un veneno originado por una fruta del diablo, podría ser simplemente una habilidad peculiar, pero tendría cuidado de no tocarla y eso había sido así. Pues la patada al ritmo de la "polka" de Dharma había impactado en la cintura del lado izquierdo del pingüino, tras eso y aprovechando que este se encontraba lidiando con la sorpresa, de que ambos guerreros estaban cercanos a el, tras haber ejecutando un salto tan lento y predecible ese pinguino, se escucho en ese lugar las palabras salidas de la boca de Dharma.| Vishnu mudra...| Dijo sin titubeo alguno, frio y certero, su tono de voz invariable, pero daba un dejo de furia comprimida que era expresada en un movimiento con una potencia y fiereza envidiables por cualquier espadachín. Las espadas gemelas de Dharma cortaban la cintura del hombre pingüino de estatura corta, yendo de izquierda a derecha en un movimiento horizontal, perfectamente medido, desde la mitad de su pequeña cintura hacia todo izquierda del propio cuerpo de Don Ald, sabiendo que Enji se encontraba también hacia la izquierda de Dharma, quizá  a menos de 1 metro. | Bro... no te vaya a cortar| Tardo menos de un par de segundos y al insante, expresó su ritual más sádico y violento.| Hakini Mudra. | Tomando su espada diestra y esta empuñada por la misma. Soltó un poderoso tajo que cortaba la zona de la pierna izquierda en el inicio de esta, terminando la zona donde podría ubicarse "la pelvis" de Don Ald. Un corte tan rápido y furioso que marcaba y cruzaba una herida con otra. | Te lo dije, los pingüinos no vuelan.| 

Dharma finalizaba su ataque y podía notar como la vida misma abandonaba el cuerpo de su rival, mirando los ojos de confusión y terror a la muerte que este pudiera tener, mientras una sonrisa mortífera se dibujaba en el rostro del espadachín, por fin  le había dado caza a esta presa exótica. Claramente contando con la ayuda del extraño marine semidesnudo. Tras notar el cuerpo del pingüino sin vida y solo si este realmente parecía estar muerto. El pelinegro agachándose un poco, esculcaría de forma rápida pero minuciosa, el abrigo de Don Ald, en la búsqueda de alguna llave o algún tipo de clave, que les permitiera salir de ese lugar. Y si se encuentra en el camino algo de valor, lo tomaría con su destreza digna de un espadachín. Tras eso estira un poco su espalda, relajando sus músculos, pero no su mente, pues aun podría no haber terminado "el show".

OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2260 + 0 = 2260
Energia: 1651 - 336 = 1315
Espiritu: 240 + 0 = 240
#24


¡Ese maldito humano asqueroso y vil y sucio y rastrero y buen bailarín! ¿Qué me había hecho? Al atacarle había soltado una especie de líquido que no había podido esquivar y que molestaba y dolía en mi cara y, lo peor de todo, no era eso; mi sombrero, mi bonito sombrero, lo había corroído completamente. ¡No te lo perdonaré jamás, humano exhibicionista, jamás!

Salté, activando, maldiciendo y activando mi técnica; pude ver por el rabillo del ojo cómo los dos que más problemas estaban dando me perseguían en el salto, haciendo que no pudiera tomar un respiro de sus acciones, un error para ellos, pues sabía perfectamente donde había saltado. En esta cámara de torturas, en mi circo sin fin, había varias sorpresas preparadas y el exhibicionista de mierda iba a ser víctima de la primera de ellas en cuanto cayera. 

Cuando cayó la trampa, se activó, clavándose en sus pies desnudos; así aprendería. El control de la sala era mío... solo mío...

¿Qué demonios está pasando? ¡¡¡ Landon yo te maldigo!!! ¡¡¡Esto es cosa tuya seguro, sucio traidor!!! ¡¡Sucio y asqueroso traidor!! ¿Así que esto era una trampa para mi también? ¿Querías acabar conmigo, pero con todo lo gigante que eres no te atreves a luchar conmigo por el liderazgo de la "división"?

Un monton de agua llego al instante por todas partes, por arriba, por la derecha, por la izquierda, por detras y por delante de mi, no sabia como pero la sala ahora estaba inundada de un agua pantanosa, que ahora cubria toda la sala y al ser yo un usuario de Akuma no mi, no podia hacer nada, el agua me arrastro por la fuerza en la que cayo, mientras perdia todas mis fuerzas y sentia como perdia el aire, no podia morir, no aquí, no de esa forma, malditos cobardes, malditos hijos de puta, nunca confie en ellos, solo eramos una panda de monstruos abandonados a su suerte, olvidados por el mundo y yo iba a reinar sobre todos ellos, ese era mi maldito destino. Con mi poder los haría bailar a todos a mi son, a mi ritmo, haciéndolos sufrir, sufrir todo lo que me habían hecho sufrir a mí o más, solo por ser diferente. 

El caos reinaba, arrastrándonos a todos. El tipo que no hacía nada fue arrastrado hacia el lado derecho de la sala, cayendo en otra de mis trampas, desgarrándole toda la espalda para después hacerle rebotar, llenándolo todo de deliciosa sangre hacia el muro, un muro lleno de pinchos que lo ensartaron todo su cuerpo, atravesándolo y dejando su cadáver atravesado de pinchos y sin poder moverse. Era un inútil, así que no era una gran pérdida, la verdad, no había demostrado ser digno de mi circo.

El humano exhibicionista que en ese momento se disponía a atacarme, por orden mía, quedó enganchado en los pinchos, haciendo que el agua no le arrastrara. Parecía que, como yo, no se podía mover, por lo que efectivamente esa cosa que había hecho contra mí, esa especie de veneno corrosivo, debía de ser cosa de una Akuma no mi. Saldría de esta y sus habilidades serían mías; no sé cómo, pero saldría de esta.

El otro que iba a caer en mi trampa no lo hizo; la fuerza del agua le sorprendió cuando estaba por llegar a ella, empujándole varios metros lejos de mí, hacia donde habíamos estado luchando. Tampoco parecía poder moverse debajo del agua, por lo que también debía de ser usuario de alguna fruta. Era un tipo interesante, muy interesante; también lo quería en mi circo de los horrores, para torturarlo para siempre y que a la vez fuera uno de los verdugos de mi espectáculo.

Por último, el espadachín con poca visión espacial, que sí que debía estar afectado por mi técnica, sí que parecía poder moverse, aunque también cubierto completamente de agua, pero pudiendo nadar si es que sabía, hacia la superficie. Le habría hecho gestos si pudiera, para que viniera a salvarme. Tal vez me apiadara de él.

La situación era una mierda, pero yo era más listo, lo era, más que todos ellos, panda de insectos; de alguna manera saldría de esta. Y me vengaría. De todos ellos. Intentaba respirar, pero solo veía como pequeñas burbujas salían a la superficie. De alguna manera esto se solucionaría. Aunque no sabía cómo. Ahora mismo casi todos en la sala eramos como pesos muertos dentro del agua. 

resumen

Para todos

gastos

karmas

próximo turno
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2129 - 599 = 1530
Energia: 611 + 15 = 626
Espiritu: 712 + 0 = 712
#25
Tan cerca…

Enji contuvo la respiración. El puño derecho apretado exudaba veneno y calor, convertido en una punta viscosa de tonos violáceos. Volaba a ras de suelo convertido en un proyectil. Convertido en una lanza.

«Golpea»

A la distancia adecuada, clavó la pierna izquierda en el suelo como un ancla y la fuerza se transfirió por ella hacia la cadera. La cadera giró y transportó esa energía a la espalda. La espalda rotó y la energía se volcó en el hombro, que la llevó al codo, y, por último, llegó al puño, y lo convirtió en un arma. En una bala del tamaño de un mazo y con el poder de una bomba.

Puntas brotaron del suelo al mismo tiempo y le atravesaron la planta del pie. No le importó. Lanzó el golpe.

—¡Aguijón!

«Golpea, golpea, golpea»

El dolor llegó en forma de turba a su cabeza. Lo silenció la voluntad, estoica e inexorable. El deseo irrefrenable de terminar lo que había empezado. Llegar al final del camino y sentir en los nudillos el éxito. Estaba muy cerca. Podía ver como su puño hacía sombra al rostro del pseudo magnate. Un atisbo de sonrisa apareció en su rostro.

«¡Golpea!»

¿Un centímetros? ¿dos? ¿tres? ¿quizá cuatro? Francamente, nunca supo con exactitud cuánto faltaba para alcanzar al enemigo cuando una sombra mucho más grande se proyectó sobre los dos. Una sombra que se movía a una velocidad demasiado alta y era tan masiva, tan pesada, que un instante le bastó para convertirse en la fuerza dominante de la sala. El primer impacto se dio justo entre Don Ald y Enji. Una columna que cayó del cielo frente a sus narices.

Agua.


El violento torrente azotó el brazo del marine, disipó su veneno y lo detuvo en seco. No había forma de sobreponerse a una fuerza de ese calibre. Una fuerza natural, fiera y antagónica.

—¿Qué mierda? ¡Hijo de…! —Una segunda descarga cayó a su espalda y reclamó su atención. Después, una tercera sucedió tres metros a la derecha de su posición. La habitación empezó a inundarse—. ¡Carajo! ¿Cómo se supone que baile debajo del agua? ¡Nunca me avisaron que había aquadance en este teatro, hijos de una remilgada camada de pu…!

Trató de moverse pero la punta que había perforado su pie lo tenía retenido. Qué diseño más macabro, pensó. Un firme tirón debía ser suficiente para forzar su libertad pero las fuerzas… las fuerzas estaban empezando a faltarle.

«Mierda, cierto…»

El agua había subido por encima de la cintura en un abrir y cerrar de ojos. Demasiado rápido para hacer nada. Se activó la cláusula de su contrato con el diablo.

Las rodillas empezaron a temblarle cuando toda su fuerza fue drenada. El veneno dejó de correr, la tensión en los músculos se disipó y la voluntad flaqueó por primera vez. Debilidad. Estaba indefenso, a merced del oleaje violento que sacudió toda la sala y arrastró los cinco cuerpos que la habitaban. Cuatro de ellos seguían con vida. Uno conoció el final entre las estacas que brotaron de la pared. Podrían haber compartido el final de no ser porque la estaca en su pie lo mantuvo anclado en el sitio.

«A mi es que me habrá meado un dinosaurio —pensó con amargura, el cuerpo flojo, los brazos flácidos, la espalda pegada al suelo—. Que maldita mala suerte…»

Boca arriba se quedó, paralizado. El agua estaba demasiado turbia como para poder mirar más allá de su nariz. Todo se volvió oscuridad, dolor, y una extraña sensación de… ¿Paz? Eso lo sorprendió. Probablemente estaba empezando a resignarse. O aburrirse. Era la segunda vez que caía presa de la letra pequeña; esta vez, sin embargo, no había un buque de la marina lleno de reclutas inocentes para tirarse al agua a rescatarlo. El rubiales ( Akira ) tampoco estaba cerca. Las esperanzas escaseaban.

Meh.
¿Qué se le podía hacer más que ponerse cómodos y esperar el milagro? ¿No se supone que ocurrían con la misma probabilidad que las tragedias?

Un pensamiento lo reconfortó: en caso de morir, junto a su cadaver encontrarían a un enano más feo que pegarle a un padre, a una brocheta humana en postura de meditación, y a dos tipos demasiado amantes de las espadas como para ser plenamente heterosexuales. Menudo cuadro se armarían junto al albino nudista con caracoles en las pelotas.

«Que se jodan, yo voy a ser la estrella de esta última cena»

Aunó las pocas, poquísimas fuerzas que le quedaban para mover los brazos y colocarse una mano sobre la entrepierna mientras la otra se extendía a un costado, en una postura calcada al movimiento que realizó en uno de sus bailes. Y así, posando para la posteridad, esperó a que el aire se le agotara o el agua desapareciera. Lo que ocurriese primero.

Tenía una buena capacidad pulmonar así que, con la bocanada que llegó a dar antes de que el agua lo cubriera por completo, aguantaría más de lo que su dramático “Último movimiento” daba a entender. Que anticlimático.

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1618 - 100 = 1518
Energia: 1733 + 12 = 1745
Espiritu: 300 + 0 = 300
#26
El cambio fue tan repentino que apenas me dio margen para pensar. Lo que un segundo antes era un combate convirtió en una trampa mortal cuando el agua comenzó a caer desde todas direcciones, golpeando con una fuerza brutal. No había forma de mantenerse firme si no reaccionaba al instante, así que me moví por puro instinto, siguiendo la trayectoria que había marcado Enji en su avance anterior, intentando ganar terreno antes de que la corriente me arrastrara por completo.

Cuando el agua me alcanzó, ya estaba lo suficientemente cerca. Extendí el brazo y logré aferrarme a uno de los pinchos de la trampa. El impacto sacudió todo mi cuerpo, y la fuerza del agua tiró de mí con violencia, intentando arrancarme de ahí. Apreté los dientes y resistí, sujetándome con todo lo que tenía mientras la presión no dejaba de aumentar.

En medio del caos, algo chocó contra los pinchos cerca de mí. Giré la cabeza y lo vi. Don Ald había sido arrastrado directamente contra su propia trampa. El impacto lo dejó mal posicionado, con una pierna atrapada entre dos pinchos, impidiendo que la corriente lo siguiera desplazando. Aquello no era solo suerte, era una oportunidad.

Poco a poco, la fuerza del agua fue disminuyendo. El nivel seguía subiendo, pero ya no nos arrastraba con la misma violencia. Cuando alcanzó unos tres metros, todo quedó en una calma extraña, pesada. Intenté moverme con normalidad, pero algo no encajaba. Mi cuerpo no respondía como debía. No era simple cansancio, era una debilidad más profunda. Miré alrededor y lo entendí, los demás tampoco podían moverse. Eran usuarios de akuma no mi.

Volví la mirada al frente. Don Ald estaba ahí, inmovilizado, indefenso. No lo dudé. Solté el pincho y me impulsé con cuidado, nadando entre los obstáculos para no herirme. Cada movimiento era medido hasta que estuve lo suficientemente cerca. Desenvainé mi espada sin decir una palabra.

—Ōkami Kiba Kudari.—

El tajo descendió con precisión. El agua frenó ligeramente el movimiento, pero no lo suficiente. El corte fue limpio.

Sin perder tiempo, guardé el arma y comencé a registrar su cuerpo. Revisé primero los bolsillos, luego los pantalones, sin encontrar nada. De paso, no dejé pasar la oportunidad y recogí cualquier objeto de valor que llevaba encima; en una situación como aquella, todo podía marcar la diferencia más adelante. Finalmente, al inspeccionar el abrigo, las encontré: cuatro llaves, cada una numerada. Las tomé de inmediato.

Primero me liberé a mí mismo, manipulando el collar con dificultad bajo el agua. Después fui hacia Enji y lo liberé también, aunque su cuerpo siguiera sin responder. Al menos ya no estaba atado a ese destino.Aunque liberar a Enji pudiera jugar en mi contra más adelante, el nombre que había escuchado antes volvió a mi mente, Landon. Si alguien más estaba detrás de todo esto, y tenía un poder similar, la situación seguía siendo peligrosa, así que necesitaría la mayor ayuda posible. Miré alrededor una vez más. El otro había desaparecido, arrastrado demasiado lejos como para alcanzarlo ahora.

Apreté la mandíbula, manteniéndome alerta incluso dentro del agua. Esto no había terminado. Ni de lejos.

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1290 + 0 = 1290
Energia: 977 - 60 = 917
Espiritu: 168 + 0 = 168
#27
Suerte o designio divino, no importa no era una pregunta, ni una duda, era un pensamiento, una especie de metáfora sobre las cosas que podían suceder y no sucedían y otras tanto que sucedían conforme menos lo esperarías. Mientras el salto de Dharma parecía completarse, para por fin acercarse de una buena vez a su enemigo, un cumulo de agua comenzó a generarse de forma repentina por todas las zonas circundantes de esta habitación extraña, parecía hermética, pero al final no lo era tanto, el agua aparecía en su inmensidad en casi un instante, litros y litros de agua llenaron en segundos aquel lugar, como si un lago se materializara, el agua tenía gran capacidad de llenar la sala, su potencia era tal que no le tomo casi nada llenar ese lugar donde se encontraban los guerreros vs el dios del baile.  | Carajo...bro...| Dijo el espadachín, al ver cómo mientras iba a caer el agua y su oleaje aparecían de forma irremediable, no pudo ni tocar el suelo y el agua ya había comenzado a llenar un par de metros.
 
 Sabiendo y conociendo los problemas de poseer una akuma no mi, lo primo que hizo con gran velocidad, fue envainar sus espadas mientras la poca fuerza que tenia se le iba escapando, pero su altura le ayudaba, la cabeza de Dharma apenas y se asomaba. aprovechando ese momento y sintiendo como la energía comenzaba a mermar, jalo todo el aire que sus pulmones podían obtener, pues aun siendo el muy alto, el agua parecía lo suficiente para llenar y cubrir mucho de ese lugar, pero no podía tocar el suelo pues en cuanto cayo a esta "agua" verdusca la misma "marea" le llevaba, veía como Enji y el pingüino se alejaba de forma irremediable de su vista, con la oportunidad de en algún momento haber logrado el objetivo de cazar a esa "presa" que siempre se le escabullía, pero en lugar de frustrarse o algo parecido una sonrisa rara se asomaba en su rostro, nadie era dueño de su destino, al menos eso es lo que podría interpretar de lo que ocurría. 
 
El cansancio llego, no era el mar, no era un hechizo extraño o poderes de frutas del diablo lo que esta vez se ponía en su contra, sino una singularidad inesperada. Dharma podía ver como el agua salía de diferentes lados, como intentando inundar en su totalidad el lugar, la cantidad de agua que podría estar saliendo era por ahora inmedible e incalculable para los recursos mentales del pelinegro, pues todos sus esfuerzos físicos eran mermados de inmediato, un cansancio endemoniado y una pesadez más allá de lo consumible se apoderaron de toda su existencia. El agua lo llevaba, como un bebe en una canasta en una corriente, no podía decidir nada, no podía elegir mucho, pero la suerte o el designio divino estaba de su lado, como muchas veces, ese pequeño chispazo de irreverencia aparecía.  Su cuerpo y mas en específico su espalda se impactaba en la plataforma de en medio quedando ahí atorado, dicha plataforma de 2 metros de alto, que había sido la posición inicial de Don Ald. 
 
|Hijo de... aggg...| El agua lo golpeaba una y otra vez, si bien no le hacía daño, no le permitía recuperarse, pero al menos aquella plataforma servía como barrera y detenía el cuerpo del espadachín de irse más lejos o sufrir un golpe con alguna de las grandes paredes de esa habitación. No podía ahora observar otra cosa, pero pudo sentir como la distancia que recorrió no había sido demasiada, su cuerpo seguía recargado en la plataforma. Sus brazos no reaccionaban y el agua comenzaba a golpearlo por completo, era cuestión de un momento de suerte para que el pudiera subirse sobre la plataforma y sobrevivir, pero por ahora, las cosas pintaban de una manera complicada, además de que el agua le cubría y su respiración intentaría resistir lo mejor posible. Por ahora su cuerpo se mantendría detenido de espaldas hacia aquella zona. Por lo menos había logrado guardar sus armas, no podía perderlas, pues si algo más sucedía tenía que mantenerlas cerca de el. Sobre los demás de la sala, no pudo ver mucho, pues lo poco que tuvo, lo uso para reaccionar y conseguir guardar sus espadas gemelas.

OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2260 + 0 = 2260
Energia: 1315 + 696 = 2011
Espiritu: 240 + 0 = 240
#28


Mi espectáculo se estaba yendo al traste, mi circo no tenía planeado un ejercicio de natación sincronizada y desde luego no uno con un montón de usuarios de Akuma no mi. Odiaba a Landon, a pesar de no ser de la raza de los humanos y ser un bicho raro como el resto de nosotros, no obstante, siempre le había tenido por alguien que, a pesar de la maldad que el mundo nos había impregnado, tenía cierto código de honor. Jamás pensé que me fuera a intentar borrar del mapa de esta manera. Tal vez había averiguado de alguna manera que pensaba traicionarle y conseguir el mando de "La División", quitándomelo de en medio.

Yo no tenia esos remilgos, desde luego, en su lugar, habria hecho lo mismo, habria fingido que confiaba en el para después apuñarle por la espalda, de hecho, aún no lo había hecho porque no había tenido la oportunidad y porquetenia que conocer sus secretos antes de actuar, yo era mas inteligente que el perrito faldero de Arnoid o que la puta de Jari (que ademas era una humana, debil de mente y del sexo debil ), Kong era un bruto sin cerebro y a pesar de ser una bestia también era humano y debia ser castigado. Los brutos de Kong  Kurok era el único que merecía un poco de mi respeto, pero le faltaba la maldad y el rencor suficiente para seguirme. ¿Y además, dónde estaba ahora? Podría haber venido y salvarme, pero no lo estaba haciendo. Yo era mejor que todos ellos. Y sobreviviría a cualquier coste. 

Pero las cosas ahora no iban bien, debido a la fuerza del agua; quedé atrapado en mi propia trampa, sufriendo un dolor enorme, cuando el único de mis queridas víctimas que parecía poder moverse, el más inútil de todos (al menos, de los que aún quedaban vivos), se acercó hacia mí, mientras estaba indefenso, y me dio un tajo en mi pecho, rajando mi precioso uniforme robado. Sucia rata cobarde y débil.

 No solo débil, loca. Porque entonces empezó a revisar mis bolsillos e imaginariamente se puso a hacer como que sacaba cosas de ellos. ¿Qué cojones le pasaba a este tío? Primero atacó al aire, luego hacía juegos mímicos como intentando liberarse de su collar... Definitivamente, estaba ante un débil de mente, un enfermo esquizofrénico o algo así. Debía usar eso a mi favor para salir de esta. De momento, lo que había conseguido manipulando el collar era que este empezara a hacer tic tac y activara el protocolo antifugas, algo más que utilizar a mi favor si de alguna manera conseguía salir de aquí y mis víctimas seguían siendo una amenaza. Luego se acercó al exhibicionista e hizo lo mismo, la misma pantomima, manipulando su collar y haciendo que este se activara. 

Tras esto, por arte de magia, algo más hizo un sonoro clic y sonaron unos engranajes; empezaron a sonar "clicks" por toda la sala. de hecho, el cabrón de Landon había desactivado las trampas que con tanto ahínco había preparado para hacer mi espectáculo más interesante. Pero no todo era malo; de alguna manera, el agua empezó a drenarse en la sala, lo cual generaba un nuevo inconveniente. Yo era un Tontatton y sería el último en poder moverme; tenía que actuar y pensar rápido para poder volver a poner las cosas a mi favor. 

El agua se drenaba tan rápidamente como había llenado la sala, y en cuanto pude sacar mi boca del agua, empecé a hablar.

- ¡¡¡ Mis queridas víctimas, estaros quietos, si mi corazón deja de latir, vuestros collares explotarán y acabarán con vuestra vida!!! Os propongo un trato. Uno de vosotros sé que es pirata y se llama Kuro, tenemos nuestras fuentes de información. De ti, peliblanco, no sé nada. Pero después de luchar contra ese que está más lejos, me he dado cuenta de algo. Ese espadachín que tenemos ahí donde la plataforma se llama Dharma, es un peligroso pirata y extremadamente peligroso, un asesino famoso en el South Blue con un valor por su cabeza de más de cien millones de berris. Si unís fuerzas y acabáis con él, os doy mi palabra de que os liberaréis de esos collares y si queréis marcharos, podréis hacerlo. Si queréis seguir bailando para mí, os aceptaré en mi grupo y, si queréis seguir luchando contra mí, lo haréis sin tener esa espada de damocles en vuestras cabezas. En cuanto a ti, asesino de los 100 millones, el trato es el mismo, pero no me interesa aliarme con alguien como tú. Si tienes la fuerza para acabar con Kuro y mi amigo bailarín, te liberarás, pero solo para vengarles. Por cierto, me gustaría conocer tu nombre y quién eres, exhibicionista. ¿Hay trato? ¿Alguna pregunta?

Obviamente, esto era mentira (al menos la parte en la que los libero), pero se me daba muy bien mentir. Seguro que estos cerebros de mosquito picaban el anzuelo; me costaba reconocerlo, pero estaba tremendamente cansado y necesitaba, como fuera, un respiro. Ya no había agua en la sala cuando terminé mi discurso. Ahora solo esperaba que se lo tragaran.

resumen

para todos

karmas (importante)

posicionamiento

gastos

proximo turno
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1530 - 292 = 1238
Energia: 626 + 15 = 641
Espiritu: 712 + 0 = 712
#29
«De lunes a domingo voy desesperado
El corazón prendido allí en el calendario
Buscándote y buscando como un mercenario
Tú dime donde estás que yo no te he encontrado»


Sintió movimiento a su alrededor. Estaban sucediendo cosas en el agua, cosas importantes. Creyó ver sangre, que, como listones rojos, serpenteaba sobre la turbia manta que lo había sepultado. Escuchó un sonido lejano, amortiguado. ¿La marea se había calmado? Parpadeó un par de veces, estático en su postura elegida para la posteridad. Ya no sentía el tirón de la corriente removiendo el pincho que le atravesaba el pie. Todo estaba calmado.

«Las manecillas giran, yo voy al contrario
Bebiéndome la vida a sorbos y a tragos
Me viste así de frente, qué tremendo impacto
Para unirme a tu mirada dime si hay que ser…»


De pronto, una figura emergió de las profundidades abisales. Gigantesco, glorioso, heterócromo y… ¿esquizofrénico? Enji arrugó el entrecejo, confundido por las acciones del pirata de ojos disonantes. El agua turbia y la falta de aire debía estarle jugando una mala pasada. Lo vio toquetear el collar y no pudo hacer nada para detenerlo. Era como si ese sujeto fuera alguna especie de deidad y él, un simple mortal que sólo puede observar su obra.

Algo reaccionó dentro del collar y escuchó un “tic” dentro del mecanismo.

Mierda.

«¡Torero!
Poner el alma en el ruedo
No importa lo que se venga
Pa' que sepas que te quiero
Como un buen torero (ole)
Me juego la vida por tiiiIIIiiii»


Culminado el estribillo, se vio obligado a dejar de tararear su canción favorita y volver a concentrarse en la realidad. La trampa se había retraído, soltando su pie, y el agua estaba bajando. Bien. Todavía tenían aliados en el olimpo.

—¡Cough! Gah, puta… puta mierda de agua asquerosa. ¡Dios! ¿A quién carajo tienen contratado de plomero en este lugar?

En cuanto el agua bajó, las fuerzas regresaron. De un súbito arranque se sentó, abrió los ojos y después dejó caer el cuerpo a un costado. Estaba mareado. Apoyó un codo en el suelo y tosió mientras se tiraba el cabello hacia atrás, lejos de los ojos. Después escupió una muestra de ese líquido turbio y verdoso. Sabía asqueroso. Sacó la lengua y se lamió el hombro para tratar de quitarse de encima el recuerdo de aquella textura viscosa.

—Carajo…

Rodó hasta ponerse de rodillas, levantó la mirada y ahí estaba Don Ald. ¿Quién lo diría? La suerte empezaba a correr a su favor. El enano estaba pagando por su escaso tamaño, todavía hundido pese al bajo nivel de agua que restaba en la habitación. Enji, debilitado todavía, levantó el puño, preparado para acabar con él antes de que pudiera recuperarse.

- ¡¡¡ Mis queridas víctimas, estaros quietos, si mi corazón deja de latir, vuestros collares explotarán y acabarán con vuestra vida!!!

Pero el tontatton viviría un poco más.

Don Ald los acribilló con palabras, demostrando dotes para la oratoria que hasta entonces no le hubiera atribuido. Sembró la duda haciendo uso de frases certeras y honestas, sumergiéndose poco a poco en la mente de cada uno. En cualquier otra circunstancia, lo hubiera golpeado sin dudar y acabado de una vez con la pelea. Sin embargo, Don Ald esgrimió su argumento mucho más rápido que su espada y consiguió conectar un golpe certero a su convicción, hasta entonces absoluta. ¿Y si matarlo realmente los llevaría a la muerte? ¿Confiar en él era lo apropiado? Sonaba honesto, aunque tuviera la apariencia del más bajo —badum tss—de los rateros.

Enji, de rodillas a la izquierda de Don Ald, suspiró y después asintió.

—Está bien, acepto —dijo, culminado el discurso.

Apoyó el pie izquierdo en el suelo, dispuesto a levantarse, cuando su mano se disparó cual agazapada serpiente y atrapó al pequeño tontatton del cuello. Tiró de él antes de que pudiera acudir a sus armas y lo pegó a su pecho, al mismo tiempo que abrazaba su cuerpo con el otro brazo, inmovilizandole los brazos a la altura de los codos. Con la garganta del Don prensada entre sus dedos y sus brazos retenidos en su abrazo constrictor, Enji, ahora sí, se levantó, poniéndose en pie sobre un suelo todavía empapado después de la inundación. Todo su cuerpo goteaba agua y sentía el frío del aire calarle los huesos, una sensación francamente tranquilizadora para un hombre que sufría de sofocos a diario. Estaba helado y, aún así, lo disfrutó.

—Te creo, mi pequeño amigo. Ese de allá es el terrible Dharma, uhh... —Tembló de frío, poniendo una cara de miedo—. El coco del South Blue. Este otro es Kuro, uhh... —Volvió a hacer el mismo gesto, temblando—. El… ehm… ¿Mesías del South Blue? Yo qué sé.

Ningún título particularmente gracioso se le ocurrió para el pirata de los ojos de colores. Terminó diciendo lo primero que le vino a la cabeza.

—Pero, amigo Don Ald… —Enji sonrió. Tenía a Don Ald pegado a su pecho, mirando al frente, así que el pseudo magnate no podía verla: una sonrisa amplia, plena, que destilaba locura—. Tú no sabes quien soy yo, y ahí es donde te equivocaste. ¿Que nos morimos si tu corazón se para? ¡Gracias por la información! Solamente tenemos que asegurarnos de que sigas vivo. —Inclinó la cabeza hacia abajo, pegando su nariz a la cabeza del Don—. ¡Y hay muchas cosas que podemos hacer sin matarte! Después de todo, ¡los pecados se pagan en vida, Don Ald! ¿No te parece? ¡SHIHAHAHAHA!

La estruendosa risa del marine retumbó en las paredes de la habitación. Una habitación de torturas, algo curioso y apropiado para lo que Enji estaba proponiendo.

—¿Ustedes quieren seguir bailando con este tipo? —Echó un vistazo a Kuro y otro a Dharma—. Porque yo, francamente, quisiera llevar el ritmo de la música esta vez. Quítale las armas, Kuro. ¿Tú estás bien, extremadamente peligroso espadachín?

Off
#30
El nivel del agua comenzó a descender con rapidez, dejando tras de sí un suelo empapado y un frío que se clavaba en la piel. La sensación era incómoda, pesada, como si cada prenda mojada añadiera un lastre extra a mis movimientos. Un leve temblor recorría mi cuerpo, producto tanto del esfuerzo como de la temperatura, pero no aparté la vista del frente ni un solo instante. La situación había cambiado, pero el peligro seguía presente.

Di un paso al frente, elevando ligeramente la espada, preparado para terminar aquello de una vez. La tensión seguía acumulada en cada músculo, lista para liberarse en el siguiente movimiento. Entonces habló. Sus palabras me obligaron a detenerme en seco. No fue duda lo que me frenó, sino cálculo. Si lo que decía era cierto, atacarle significaba condenarnos a todos en ese mismo instante. Apreté la mandíbula, procesando rápidamente las implicaciones, midiendo el riesgo frente a la oportunidad. No bajé el arma, pero tampoco avancé.

—Si eso es cierto, más te vale no mentir.—

El ambiente cambió en ese instante. La violencia inmediata dio paso a una tensión distinta, más peligrosa si cabe.

Fue entonces cuando Enji actuó. Aún empapado, con el agua escurriendo por su cuerpo, se movió sin vacilar. Su decisión fue clara, directa. Cerró la distancia en un solo impulso y atrapó al objetivo por el cuello con firmeza. El gesto fue rápido y preciso. Antes de que cualquier reacción fuera posible, su otro brazo rodeó el cuerpo del objetivo, bloqueando completamente sus brazos y reduciendo cualquier intento de resistencia. Lo tenía inmovilizado.

Observé la escena apenas un instante, comprendiendo de inmediato su intención. No hacía falta matarlo. Mantenerlo con vida, pero bajo control, era una solución mucho más útil.

—Quítale las armas.—

—Entendido.—

Reaccioné al instante. Rodeé la posición con movimientos firmes y sin desperdiciar energía. Me coloqué a su espalda, aprovechando la posición en la que Enji lo mantenía sujeto. Desde ahí, cualquier intento de reacción sería inútil. Localicé sus armas rápidamente. Mis manos se movieron rápidamente agarrando ambas armas, asegurándome de que quedaran completamente fuera de su alcance.

—No te resistas.—

Sin perder tiempo, fui guardando cada una de las armas en mi cintura, ajustándolas correctamente para que quedaran bien sujetas. Me aseguré de que no estorbaran, de que estuvieran firmes, completamente bajo mi control y fuera del suyo.

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1290 + 0 = 1290
Energia: 917 + 7 = 924
Espiritu: 168 + 0 = 168


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