[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 6)
#1
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Si caer insconsciente ante el Haoshoku Haki se había sentido como si el mundo mismo colapsara, despertar no resultó mucho más agradable. La realidad fue volviendo a todos los presentes en aquel lugar con lentitud, como si a sus cerebros les costase volver a poner todas las máquinas debidamente en funcionamiento, como si todo a su alrededor no tuviese más remedio que desvelarse poco a poco ante sus ojos, aún incapaces de enfocar correctamente. Lo surrealista de la situación, naturalmente, tampoco ayudaba. ¿Qué era aquel lugar?

Al mismo tiempo que recobraban la conciencia, todos se pudieron dar cuenta de lo más aterrador: de sus cuellos colgaban pesados collares de metal oscuro, ceñidos a su piel y reforzados con tornillos. Cada uno de ellos exhibía un número, tal vez algún tipo de código o identificación. A medida que los ojos de aquellos imprudentes aventureros se abrían y se acostumbraban a la escasa luz que se filtraba por algún lugar, se dieron cuenta de que sus corazones seguían latiendo con fuerza inusitada; en efecto, cuando uno pierde el conocimiento bajo aquellas circunstancias, el pavor no se disipa así como así. La adrenalina comenzaba a bombear por los sistemas de todos ellos, si es que había dejado de hacerlo en algún momento, y todos sus sistemas entraban, una vez más, en alerta, como si la fuente de aquel Haki monstruoso aún siguiese allí, esperándolos, acechando desde las sombras, y tal vez fuese mejor así.

El silencio era total. Estaban en casi completa penumbra, en algún tipo de estancia que, sin embargo, no parecía mucho más grande que el camarote de uno de los barcos en que habían llegado hasta aquel lugar. En uno de los lados, una enorme puerta acorazada y hermética, de frío metal, permanecía cerrada a cal y canto, como un muro más. Ninguno de ellos tenía ningún recuerdo de cómo habían llegado hasta allí, si es que todo aquello era, de hecho, real; le sensación, en cambio, era de pura pesadilla, como si aquel haki los hubiera sumido en un sueño angustioso.


Resumen

Información importante
#2
Atributos Personaje


Los movimientos son densos, como si una capa viscosa y oscura lo hubiese recubierto por completo, ralentizando incluso la velocidad a la cual se manifiestan sus propios pensamientos. Lo último que recordaba era la pelea con Kael, sus palabras casi viscerales en referencia a lo que ocurrió aquel día, y la cicatriz que le mostró sólo a él. ¿Dónde estaba? ¿Y el resto? Incluso aunque quería apartar el velo lúgubre que lo abruma le resultaba imposible distinguir algo, o siquiera comprender qué es esa sensación de movimiento constante que lo inunda.

—Me da igual que te creas, parezcas o directamente seas invencible.

La escena se repite incluso en el mar negro que parece habitar, formándose la silueta de su amigo frente a él. Intenta responderle lo que en aquel momento no pudo por alejarse de la energía que él mismo provocó, pero de sus labios no sale ninguna palabra, las susodichas se arremolinan en su garganta, formando un nudo que lo lleva a sujetarse el cuello con ambas manos. Abre bien los ojos, ¿siquiera estaban abiertos? No entendía el espacio onírico que lo rodeaba, y Omuyaga había desaparecido repentinamente, su presencia se había convertido en algo prácticamente constante alrededor del centro que él ocupaba.

—El resto del mundo no lo somos.

Frunció el ceño, su pecho comenzó a sentirse raro, como si una sensación punzante tirase del corazón hacia afuera. La oscuridad difusa se vio similar a una superficie líquida bajo lluvias intensas, creando tantas ondas de movimiento que la presión comenzaba a volverlo loco. En cada uno de esos espacios observaba un recuerdo diferente, palabras que se entremezclaban y le regalaban una cacofonía de sensaciones que intentaba olvidar. Por fin entendió que esconder los dolores bajo la alfombra tenía un límite, y ese llegó allí, en su propio universo interno.

—Shin... —de pronto la escuchó, era Himari pronunciando su nombre. Hacía años que no la percibía con tanta claridad, incluso sintiendo el aroma a cerezos que acompañaba sus exhalaciones, cada beso compartido, culpándose por haber sido capaz de olvidar su voz con la misma intensidad que lo envolvía en ese momento. Una flecha lo atravesó, todo su cuerpo pasó a sentirse bajo la opresión de un sangrado emocional intenso, tumbando cada una de sus máscaras y defensas. No poder devolverle el llamado lo quemaba por dentro, era justo como el día en que la luz escapó de sus ojos.

'¡Shin!'

'Ignora al clan, sólo sigue el camino que indique tu corazón...'

'¿Qué es esa energía? ¡Brilla, Shin! ¡Brilla mucho!'

'Lo harás bien, Shin. Confío en ti.'

Un silencio abrupto invadió por completo aquel tifón de recuerdos.

Nuevamente estaban caídos, el uno frente al otro. Ella muriendo, él recordando ese asesinato para siempre.

'Me da igual...'

Su voz se fragmenta.

'...invencible'

La interferencia en su cabeza no cesa.

'El resto del mundo no lo somos'

Era hora de despertar.

Se sentó de golpe e inhaló una bocanada intensa de aire, como si hubiese estado sumergido bajo litros y litros inenarrables de agua. Un sudor frío le recorría la espalda, y el sonido metálico en su cuello no consigue alertarlo tanto pues lo que lo rodea se roba todos los focos de su atención. Si no fue el último en despertar, habrá ocupado de los últimos lugares, sin embargo algo está claro, y eso es que pese a todo su amigo estaba ahí.

¿Entonces por qué no podía calmar la sensación asfixiante que lo estaba haciendo sucumbir? El corazón le latía rápido, aún escuchaba la melodiosa voz de Himari llamándolo en algunos de los momentos más especiales que pasaron juntos, su pérdida volvía a sentirse reciente, como si de pronto todo el tiempo que lo ayudó a sanar mínimamente hubiese desaparecido, colocado otra vez en el punto de partida donde cada partícula de su cuerpo se volcaba al sufrimiento, y por si fuera poco... recordó a la presencia encima de la roca, juzgándolos en silencio, imponiendo su voluntad y mostrándole un mundo para el cual indudablemente no estaba listo.

Temblaba. Nunca le pasó algo como eso, y cuando se llevó ambas manos al rostro se topó con uno de los motivos por los cuales veía más oscuro de lo que la habitación estaba realmente. Las extremidades del albino mueven todo, y quitarse las gafas de sol rotas representan una acción más difícil de lo que realmente debería haber sido, arrojándolas a un costado con saña.

Intentó ponerse de pie pese al flaqueo de sus piernas, y lo consiguió de milagro, apoyándose en la pared más cercana. Hasta ese momento, sólo percibió la presencia de Omuyaga en el lugar, y es a él a quien se referiría. —¿Por... qué no me despertaste antes? —refunfuñó la queja, percibiendo incluso la dificultad que tenía para hablar. A medida que se recuperaba, intentaba volver al mismo tono habitual en él, jocoso, divertido y carismático, pero negar que le costó una inmensa cantidad de esfuerzo sería mentir.

—Olvídalo, estaba teniendo un... muy buen sueño. —titubea. Su corazón no se calma ni haciendo ejercicios de respiración, pero fue en ese momento, tras quitarse la mano del pecho, que observa hacia otra dirección y entonces percibe a dos presencias que le sonaban de algo, especialmente el moreno. Piratas de los Hanu Mahana, y ese chico había sido mencionado en el anuncio que dio la marina cuando aún estaban en Baterilla.

—Tú, tenemos compañía. —incluso si todo su cuerpo lo obligaba a temblar, pese a que esa sensación disminuía gradualmente, se dirigió a Omuyaga, sonando todo lo firme que su voz le permitió. —¿Ahora somos esclavos? Podrían habernos traído alguna presencia femenina para que la energía del grupo sea más... tolerable. —dibujó una media sonrisa en sus labios, transmitiendo la misma confianza que lo identifica, en parte para hacerle entender a su compañero que todo estaba bien.

En ese momento las diferencias que tuvieron hace algunas horas habían sido enterradas, Kael era su único aliado conocido en aquella sala, el colgante ardiendo bajo el metal negro le recordaba las prioridades. —Tú... eres Barald Kane, ¿cierto? —lo señaló con el dedo, y luego pasó al chico rubio. —Y tú... tú debes ser... —sí, revisó los wanted hace no demasiado tiempo, sin embargo, el hecho de que no haya sido mencionado por su superior le creó ciertas ganas traviesas de picarlo, y de pronto, Hasegawa parecía haberse distorsionado, con un tono de voz infantilmente ofensivo, encogiéndose de hombros de una manera exagerada.

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—¡No! ¡Definitivamente no tengo idea de quién eres!

Y habría echado una carcajada de no ser porque su cuerpo aún estaba resentido por los efectos de aquella extraña presión. Su burla sólo se quedó en una pequeña risa, a medida que volvía a apoyarse en la pared intentando mantener en orden esas sensaciones tan constantes. Los más perceptivos podrían notar pequeñas gotas de sudor frío recorriendo las facciones del marine, muy a pesar de que en actitud estaba ocultando lo más que podía ese repentino terror.

Desde allí pudo ver la puerta acorazada, cerrada de manera total y sin aparentes signos de que se pueda abrir por ese lado, motivo que lo hizo girarse a Kael para observarlo directamente a los ojos y asentir, una manera de decirle que confíe en él. —Está claro que somos de bandos opuestos. Pero les confesaré algo, soy de los marines que cree en las buenas personas, independientemente de las causas que sus grupos defiendan. —Hasegawa no podía ocultar lo evidente, llevaba el uniforme, más no la gorra pues había quedado perdida en combate. —Estarán tan... —la presión de su cuerpo volvió a afectarle, cerrándole la garganta —...precavidos, como nosotros. Pero está claro que tenemos un enemigo en común, por eso propongo colaborar. —sonaba distinto a otras ocasiones donde Omuyaga pudiese indicar imprudencia, desacato o acciones mal pensadas. Quizás era por el collar negro que encerraba su cuello, o su instinto realmente le decía que fuera de esa puerta había algo mucho peor que esos dos piratas, mismo sitio por donde se colaban los pocos hilos de luz que iluminaban la sala. —Y no hay nada mejor que empezar con... —se abrió el suspenso, durando varios segundos, hasta que finalmente se enderezó, alzó ambos brazos a la altura de su frente y cerró los ojos, con un tono confianzudo.

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—¡Conocernos mejor!

Otro movimiento jocoso, rozando lo ridículo, y el mismo tono cantarín alegre.

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—¡Mi nombre es Hasegawa Shin! ¡Seré el mejor marine de la historia! ¡Me gusta el jugo de fresa! ¡Y odio el pan, porque engorda! —las manos aún le temblaban, pero los movimientos rápidos que se obligaba a hacer camuflaban ese leve efecto a medida que seguía haciendo el payaso, mirándolos por fin con sus ojos cerúleos, desde el punto inicial en donde estaba antes aunque sin apoyarse en la pared. —¡Y él es mi segundo al mando! Se llama... esto... ¿cómo te llamabas tú? —se giró hacia Omuyaga, ladeando la cabeza y haciéndose el idiota mientras se rascaba la frente. —Si se te ocurre como tumbar la puerta, prometo acordarme de tu nombre para siempre. —y asintió, como un niño feliz.

En su voz aparecieron leves cambios de tono con tendencia a lo agudo, sutiles, simbolizando el terror que afectaba su cuerpo, pero la payasada fue completada con éxito, y quedaba ver lo que responderían tanto los piratas como su fiel amigo y compañero de profesión ante semejante... espectáculo. Sí, quedémonos con ese término.

Info
[Imagen: vEBNZb3.png]
#3
Atributos Personaje
 
 
 
¿Es verdad? ¿Si miras a la oscuridad la oscuridad te regresa la mirada? ¿Qué hay en su mirada si no es más que oscuridad? Desde que podía percibir la oscuridad del momento, significaba que aquel profundo fin llegaba a su fin. En la desesperación del cuerpo recuperé consciencia, abriendo los ojos como quien de un mal sueño despierta y mi mano fue directamente a tocar el gran colgante que yacía contra mi pecho: Frío, más frio de lo que esperaba de aquel metal ¿O era yo el del problema? Todo se hundía en un frio sepulcral ¿Es que realmente era frio? Mi corazón latía tan rápido y la duda me carcomía por dentro: Sentimientos tan extraños, sentimientos que no experimentaba desde hace tanto tiempo que parecía otra existencia. Era miedo ¿miedo? Como es que yo, aquel que derrocará al gobierno, aquel que acabará con sus enemigos y aquel que sin chistar logra lo más extraordinario pudiera sentir miedo. Miedo, de todos los sentimientos que el hombre tiene.
 
Pero la verdad era ciertamente innegable, un sentido de supervivencia más que anda, una reminiscencia de mi propia naturaleza como humano y me iba a imponer a esta mierda. Me levanté observando tal lúgubre escenario entre la oscuridad y la tenue luz que expiaba por una ligera rendija. Aún así, lo primero que hice fue reconocer a mi compañero: Barald. Mirando al espadachín intentando disimular mi… nervioso estado. —¿Dónde están los demás? ¿Qué ha pasado? ¿Qué mierda es esto? Nos jodieron ¿me entiendes? Habrá que- El mundo se volvió más claro, solo un poco más y mi mente registró a los otros dos hombres… La situación siempre podía ser más lamentable.
 
Marines. Aquel traje les delataba.
 
Marines con algo en el cuello ¿un collar de esclavitud? Sentí el peso en mi cuello. carajo, la situación podía ser más lamentable.
 
Ni siquiera pude sonreír ante el comentario del peliblanco, sin duda era una situación completamente desfavorable. Recogí mi lanza del suelo, bajando el filo para no escalar la situación, con esta maldita cosa en el cuello prefería no moverme demasiado. —Marines... ¿Nos han encerrado con los perros del gobierno? ¿Hemos caído tan bajo, amigo? — Eso si me hizo sonreír con la espesa amargura que el momento nos brindaba, claramente me estaba provocando y no pretendía demostrarle que eso había funcionado para encabronarme así que me limite a rodar los ojos y comentar por lo bajo, pero esperando que lo escuchara. —Pronto lo sabrás…— ¿Era una amenaza? Más bien una advertencia, mirándolo por el costado con una sonrisa encantadora que no duró lo suficiente. Las paredes parecían oscurecerse, la puerta parecía burlarse, ni siquiera deseaba probar suerte en abrirla pero mi vista subió hasta el techo y los lados en un vano intento de calmar mi alterado estado y encontrar una salida, hasta que escuché al marine otra vez hablar: Al menos ahora podía decir que el uniformado tenía nombre y como olvidaba el nombre del que parecía ser su segundo al mando.
 
No podía ser verdad.
 
Caminé a la pared frente a la puerta, apoyándome contra esta, soportando parte de mi peso contra el tridente. No podía ser que estaba considerando el ladrar del peliblanco ¿Cooperar con marines? Prefería morderme la mano, pero ¿Y si no lo hacía? Teníamos que buscar la forma de salir antes de que el que fuera que nos hubiera secuestrado llegara. Llegué a considerar por un segundo que fuera obra del mismo gobierno, pero la descarté ¿Por qué mierda encerrarían a dos marines en el mismo espacio? ¿Para vigilarnos? No, todos portábamos los mismos collares de esclavitud.
 
A regañadientes suspiré, mirando a los hombres desde mi posición, cerrando los ojos en un intento de intentar calmar el latir de mi corazón, maldita sea ¿Por qué no podía controlarme? —…Apréndanselo bien, perros del gobierno ¡Soy Tezca Norova! Capitán y dios supremo de los Hanu Mahana, comerciante experto del south blue y el legendario amante del mar ¿me entiendes? Y no voy a lastimarlos si son buenos y buscamos una salida. — Ja. Eso me había subido el animo ¿Qué mentira? De mis labios solo salía la verdad.  —Si nos quieren para esclavitud no nos dejarán morir, podríamos esperar a que alguien venga a alimentarnos y emboscarlo… La puerta no parece tener cerradura así que forzarla podría solo cansarlo… A menos que empujemos todos… No, el espacio no es suficiente. — Pensé en voz alta, observando a los marines antes de regresar a mi compañero —¿No es que los marines deben ayudar a la población o algo así? ¿Te sientes ayudado? Yo me siento poco ayudado. —
 
Metí la mano izquierda en el bolsillo y mis dedos rozaron el caracol que aún llevaba conmigo. Lo saqué con cuidado, observándolo como quien acaba de redescubrir un pequeño tesoro. —Jackpot… Espera, llamaré al ca- navegante — Llevé el caracol cerca, indicándole que contactara a Ryota. Pero la línea nunca llegó. En lugar de la voz del capitán, solo un ruido blanco se filtró, constante, vacío. Chasqueé la lengua, maldiciendo por lo bajo antes de guardar el caracol.
Resumen

 
Karmas

 
Posicionamiento

 
Estados

Inventario
#4
Atributos Personaje



En medio del silencio y la oscuridad de aquel lugar escuchaba un leve sonido repetitivo que le agudizó su estado de alerta despertándolo; sintió la adrenalina recorrer su cuerpo en aquel instante en el que recobró la conciencia y su corazón que pocas veces se veía alterado, esta vez, parecía que iba a salir por su boca. Ante esos estímulos comenzaba a reaccionar aun con los ojos cerrados; recordaba aquel destello verdoso del cielo y estar llegando a la isla Kutsukku a bordo del ferri hasta que sintió como si su cuerpo desconectara del mundo tras ver a la silueta sobre la roca, aunque lejos de tener tiempo en pensar en como había llegado hasta allí, optó por abrir sus ojos rubi de par en par, reaccionando a su propio instinto de supervivencia. Una bocanada de aire frio entro en sus pulmones sin poder ver nada envuelto en la oscuridad. Mientras sus ojos se acostumbraban al ambiente, sintió el peso del collar en su cuello del que provenía ese sonido repetitivo, era un sonido leve pero podía escucharlo; una especie de tictac ... era extraño, no sabía diferenciar bien de que podía tratarse ¿había algo dentro moviéndose? a medida que fueron pasando los segundos su latido del corazón no disminuía. Poco a poco se fue dando cuenta de la situación en la que se encontraba. Se levantó del suelo mientras sus ojos empezaban a ver mas allá de la oscuridad del ambiente, se encontraba en una habitación oscura no mucho más grande que uno de los camarotes del barco y a diferencia de estos, no había ventanas, tampoco más salidas a excepción de la puerta hermética. 

Escuchó la voz de Tezca a su lado y giro su cuello para ver al rubio mientras se adaptaba a aquel ambiente a pesar de seguir sintiendo aquella presión en su estomago ¿estaba aterrorizado? ¿se había vuelto claustrofóbico? no ... no se trataba de eso. - Nos capturaron chico de oro, mira tu cuello - Lejos de mostrarse aterrorizado a pesar de sentirlo, intentó centrar a su compañero con unas escuetas palabras, necesitaba que estuviera centrado en lo que estaba por venir. Sin duda sus pensamientos conspiranoicos que había tenido anteriormente no estaban muy alejados de la realidad que ahora les iba a tocar vivir. Aquel grupo de cuatro se había visto envuelto en una situación de la que no tenían control alguno, sin duda, quien fuera que los había encerrado allí dentro tenía unos planes para ellos y los collares de esclavo alrededor de sus cuellos no eran un indicativo favorable para nadie. La fantasía del parque de atracciones se había convertido en una aventura que no olvidarían nunca. No era hora de hacerse preguntas; era hora de actuar y salir de aquel lugar. No había que sacarse una carrera para saber que, fuera de la forma que fuera, los habían atrapado pero ... ¿tan pronto iba a acabar sus aventuras por los mares con los Hanu Mahana? evidentemente no. En aquella habitación había otras dos siluetas, su uniforme los delataba, Barald se percató de ellos antes de que el peliblanco empezara a hablar. Lejos de sentirse amenazado por la presencia de esos dos hombres se percato de algo muy importante.
 
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- ¿por qué no me quitaron mis armas? -

Aun sentía el peso del acero en su espalda lo que le hizo atar cabos rápido, quien fuera que los había capturado no tenía intención de retenerlos allí mucho tiempo, si no, no hubiera dejado al oriundo espadachín del mar del sur armado. Sus planes iban a ser de otro tipo. Trago saliva al darse cuenta ¿es que esto es una especie de prueba? Sentía su colgante con el, nada podía salir mal.

Ignoró el reconocimiento del marine para dejar que el rubio hablara sin sorprender al pelinegro con sus palabras ¿capitán? ¿dios supremo? solo el podía actuar así aun estando en esa situación. - ¿Esclavizarnos? No, no es eso. - El tic tac del collar, los números, que no le hubieran desarmado ... no, eso no era normal, no encajaba, tampoco habían sido capturados por la marina porque si no esos dos no estarían aquí. Miro la puerta de reojo sabiendo que podría tumbarla así que ... más que preocuparse por estar encerrado, le preocupaban los collares. Los marines querían colaborar para salir de aquella situación y Barald en esta ocasión estaba de acuerdo, pero tenía que dejar algo claro antes. Miro a Tezca mientras se acercaba a el mencionando lo poco que se sentía ayudado por los marines. ¿No perdía el sentido del humor? En otra ocasión se hubiera reído, pero no tenía el cuerpo para risas.  El espadachín estaba experimentando el miedo en su cuerpo intentando no dar señales aparentes del mismo pero tenía algo que hacer ¿confiarle su retaguardia a unos tipos con uniforme? había que aclarar eso. Empezó a caminar hacia el marine de pelo blanco para dejarle clara la situación. Luchar contra el miedo que estaba sintiendo en su interior desencadenó algo; de pronto sintió algo emerger de su interior, como si un impulso eléctrico irradiara todo su cuerpo saliendo de su propia piel. Aquello que emergía de su interior inundó aquel lugar, todos podrían sentirlo. El peliblanco aun mantenía su cara de idiota mientras que Barald extendía su diestra hasta colocar la palma de su mano en la frente del marine para agarrar su cabeza apretando con los dedos para agarrarlo firmemente; había una diferencia de altura entre ambos y tenía que asegurarse de bajarle la cabeza para que lo mirara bien; solo tenía un objetivo con aquello, hacerle ver claramente quien se iba a imponer en aquel lugar.
Contenido Oculto

 
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- Quiero que me veas bien, el problema no es la puerta idiota, es el collar. - 

Tras sus palabras soltó a su nuevo compañero forzado por la trama y ahora que lo tenía de cerca le informó de algo. - Tu collar tiene algo dentro, todos tienen un mecanismo ... puedo escucharlo. - Barald era perspicaz y su oído era fino, más en aquella situación en la que la adrenalina de su cuerpo le habían hecho expandir su voluntad más allá de lo que había hecho nunca. Gracias a ese miedo algo había crecido en su interior y ahora su cuerpo peleaba por imponerse ante cualquier cosa, ya fuera lo que se encontrara tras la puerta o de lo que había dentro de aquel zulo. - Si vamos a colaborar más vale que no me la juegues, no te lo recomiendo. - Barald era frio, ni si quiera alzaba la voz para sonar directo. - Así que deja de hacerte el idiota quiero que seas capaz de  comprender  en tu cabeza de marine  la situación y actúes como toca ¿entendiste bien? - Tras aquello giro su cuerpo para colocarse de lado frente a Shin y ahora dirigirse al único que era su verdadero compañero. - ¿No consigues contactar no Tezca? Si no hay comunicación es que estas paredes son demasiado gruesas o estamos bajo tierra ...  - Tras aquellas palabras miro fijamente a la puerta. - Creo poder cortar la puerta aunque no haya mucho espacio pero hay algo que no entiendo bien ... quien fuera que nos secuestro no me desarmo. - El muchacho en aquel preciso instante llevo su izquierda a su bolsillo del pantalón y sacó uno de sus cigarrillos. - Ni si quiera me quitó el tabaco, esta claro que lo que quieren no es vendernos como esclavos, pronto esa puerta se abrirá y descubriremos que es lo que pasa aquí. - La propuesta de Tezca, en caso de que alguien se acercara y la abriera no era mala idea, asaltar a quien entrara. Aun sin encender su cigarrillo, siguió hablando abiertamente con los marines. - No quiero puñaladas por la espalda ni falsos compañeros ¿quitarnos estos collares y salir de esta es el objetivo común no? no quiero arrepentirme de esta alianza. - 

El aura de Barald había irradiado todo el lugar y sus palabras eran afiladas pero sinceras; quería colaborar en aquella situación e informaba del mecanismo de los collares a los marines para que lo tuvieran en cuenta, al igual que hablaba abiertamente. Encendió el cigarrillo y dio una calada mientras barajaba la opción de esperar o abrir la puerta a la fuerza aunque, realmente su mayor preocupación eran los collares, no sabía muy bien que era lo que podía pasar si intentaban quitárselos a la fuerza. También mantenía su oído fino por si alguien se acercaba al otro lado de la puerta, cree poder ser capaz de escucharlo.

Cofre del tesoro
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#5
Atributos Personaje


La pesadez de sus párpados comenzaba a desaparecer poco a poco, cada segundo, transitando en el tiempo con delicadeza sin saber cuánto había pasado, que le había llevado hasta donde está, o por qué no recuerda cómo ha llegado hasta ahí. Incluso cuando lentamente comienza a recobrar la conciencia, la luz no acompaña aquella estancia como para diferenciar la luz del sol o de la luna en el cielo. La escasa iluminación le dificulta organizarse, y como alguien recién levantado, apoya las manos sobre el suelo intentando incorporarse, pesado, sobrecargado, y con varias preguntas que, desgraciadamente....


La sobrecogedora sensación de miedo, de sentirse presa ante un cazador al que claramente no puede vencer, una presencia que lo sobrepasa, que lo envuelve por completo hasta el punto de quedar paralizado, muerto de miedo, rindiendo su voluntad ante el inevitable final que su cuerpo anticipa como inminente. Esa sensación pincha su corazón como un dolor que vibra en su cuerpo y se expande por cada uno de sus vasos sanguíneos, consiguiendo que su musculatura se tense de forma involuntaria. El aire no le llega como debería. Su respiración es agitada, y la presencia de algo alrededor de su cuello incrementa esa falsa sensación de asfixia. Por instinto lleva las manos a su cuello, pero es justo antes de tocarlo que se detiene en seco.

Él, con todas sus fuerzas hace lo imposible por imponerse, pero es inútil. Algo tan aterrador, una sensación de muerte inminente no se elimina así como así, simplemente con desearlo. El cuerpo tiembla, mira a su alrededor buscando una salida, y lo único que encuentra es una puerta aparentemente de hierro por la que apenas se cuelan unos pequeños rayos de luz. Está atrapado, y no tiene los medios para poder salir. Ese collar pesado sobre su cuello comienza a hacerle entender en la situación en la que se encuentra, pero el terror de la situación no le permite pensar con la claridad que debería.

Continúa mirando un poco más, un acto reflejo en busca de algo que le ofrezca paz ante toda esa tensión. Una, dos personas en esa misma sala que no reconoce...y de pronto, la presencia de su amigo en el suelo a su derecha le devuelve los pies a la tierra. Está tirado en el suelo, recuperando la consciencia un poco más lento de lo que él mismo lo había logrado, y rápidamente se acerca hacia su lado, buscando analizar su estado, ignorando quiénes eran esas otras dos personas.

—¿Por... qué no me despertaste antes?

Su primer comentario...típico de él. Aquel parecía fácilmente ser la persona que esperaba, y no una imitación idéntica. Su paranoia no es infundada, pues el miedo y su inconsciencia le llevan a pensar en todas las situaciones posibles para colocarse en lo peor. ¿Sabe que es completamente su amigo? No puede confirmarlo con certeza solo por dos frases, pero tantos años analizando a ese estúpido son más que confirmación suficiente como para al menos, tenerle algo de fé a ese sujeto con el que antes de caer había tenido una de las discusiones más serias hasta la fecha.

—Lo siento…—Fue lo único que pudo salir de su boca. No está comportándose como es normalmente, y la sensación que recorre su cuerpo poco a poco comienza a aminorar gracias a comprender que no solo no está solo, sino que a su lado tiene a la que posiblemente sea la única persona en el mundo en quién verdaderamente puede confiar.

A la izquierda de Shin, pasa una mano por detrás de su hombro, agarrándolo para ayudarle a incorporarse mientras este se apoya en la pared, y al mismo tiempo, usar ese pequeño abrazo como medio de reconforte entre ambos.

—Tú, tenemos compañía.—Comentó su compañero, algo a lo que el de cabello azabache había perdido cuidado hasta ese mismo momento en cuanto vió al albino.

—Lo sé. Parece que están en las mismas condiciones que nosotros.—Sus atuendos indican a todas luces que no son Marines como nosotros, sino que estamos unidos a otros personajes en la misma situación, personas obligadas contra su voluntad a portar esos collares de esclavitud.

—¿Ahora somos esclavos? Podrían habernos traído alguna presencia femenina para que la energía del grupo sea más... tolerable.

Por supuesto, Kael ignoró por completo ese comentario. La capacidad que tenía el tornado que tiene como compañero para bromear incluso en una situación como esta es absolutamente sobrenatural...y aún así, eso es precisamente lo que él necesita para tomar algo de fuerza en contra de este desesperanzador momento.

Cada vez tiene más claro que se trata de él.

Lo que puso su guardia en alto no fue el terror que sentía, ni la necesidad de supervivencia ante un cuarto casi completamente a oscuras. Tampoco lo fue el hecho de comprender de una vez por todas que se había convertido en un esclavo. Lo que lo hizo endurecer sus músculos a conciencia fue saber que aquellos dos no eran civiles. Barald Kane era uno de los nombres pronunciados por la Marina para su captura, y eso dejaba claro que, efectivamente, quiénes tenían en frente eran piratas.

El chico de oro, tal y como lo había llamado su compañero de pelo negro en una habitación pequeña y prácticamente hermética...no conoce su nombre, y lo único que puede deducir por la cercanía del pirata es que era uno de sus compañeros maleantes.

Si aquello los obligaba a entrar en conflicto...tendría que confiar en su juego en equipo para poder salir adelante.

Pero ese maldito Marine a su lado no parecía tener la misma idea que su precavido compañero.

"El muy idiota acaba de...No, puede que no sea una mala idea después de todo.". A pesar de comportarse de forma exagerada y bromista, sus palabras sí tenían sentido. Los Hanu Mahana, como su capitán Tezca Norova -o así Kael interpreta que es por su presentación- no son el mayor problema al que deben enfrentarse en este momento, y eso el responsable de la división setenta y cinco lo tiene bastante claro.

—Estás en lo cierto, pirata.—No tiene ninguna intención de llamar por su nombre a Tezca.—Los marines protegemos y servimos a la población civil, cuidándolos de cualquier peligro que los aceche. Es fácil entender que para personas como vosotros, que rompéis la ley y vivís sin ella haciendo lo que os place, la ayuda no sea precisamente algo que podáis conseguir sin más. 

Colaborar con piratas es una idea horrorosa, pero en situaciones desesperadas, donde el enemigo es aún mayor y más peligroso...incluso el Gobierno Mundial permite la existencia de ciertos piratas con tal de utilizarlos para vencer a enemigos aún más poderosos. Si Shin quería que colaborasen los cuatro en esa sala, entonces su mejor amigo los trataría temporalmente como si fuesen Shichibukais, perros gubernamentales lo suficientemente útiles como para permitir su trabajo y dejarles obrar a sus anchas, siempre y cuando no tocasen al Gobierno.

—Está bien, si todos están dispuestos a colabo…—Sus palabras fueron interrumpidas. La nueva presencia de Barald, aunque ni de lejos tan temerosa como la que aún acongoja su corazón se alza fuerte en la sala, a cinco metros frente a ellos, con la tenue luz de la puerta a su espalda, claramente buscando acercarse hasta los Marines. ¿Un ataque directo? ¿El inicio de un combate? No está dispuesto a quedarse quieto para averiguarlo.—Atrás.

Aquellas palabras fueron dirigidas hacia Kane, pero fue él quién aprovechó el agarre que tenía sobre el hombro de su compañero para tirar de ambos hacia atrás en un salto a la izquierda de cinco metros, pegándose a la pared. Soltó inmediatamente después al albino, y se puso un paso por delante de este.

—Me parece que el subordinado no está muy de acuerdo con la decisión de su capitán, así que vamos a dejar claras unas pautas y condiciones que dejen clara nuestro armisticio.—Porque como sus "Shichibukai", incluso si estos son poderosos y útiles, siguen estando por debajo de ellos.—Hasta que seamos libres evitaremos el conflicto entre nosotros y nos centraremos en aquellos que nos retienen y nos han puesto esto.—Señalando sus cadenas, la mirada de Kael trata de ofrecer valor aún con su estructura temblorosa a causa del enorme miedo que siente.—Si debemos combatir, todos buscamos lo mismo, y traicionarnos solo nos pondría en desventaja hasta que consigamos librarnos de las cadenas. Solos es prácticamente imposible que salgamos de esta, por lo que pese lo que nos pese a todos, debemos tratar de confiar los unos en los otros.—Algo que hasta el momento no está dispuesto a hacer; no sin haberlo expresado como está haciendo previamente y se llega a un acuerdo.—Si nos obligan a enfrentarnos entre nosotros, lo mejor será fingir mientras buscamos una solución alternativa, y comprar todo el tiempo que nos sea posible.—Desgraciadamente es una respuesta poco efectiva, pero es mejor que matarse los unos a los otros cuando resulta que los miembros de esta sala no tienen nadie más a quién recurrir.—Y sobre todo...dejaos de soberbias y amenazas. O empezamos a comportarnos todos con seriedad, o acabaremos bajo tierra sin volver a sentir la libertad nunca más.—Y esas últimas palabras, iban dirigidas no solo para los criminales, sino también para su compañero, al cuál, a pesar de todo, le permite confiar en él.

—Poneos las pilas.

A disposición
#6
Apenas habían pasado unos instantes cuando el suelo comenzó a vibrar, acompañado de un sonido hidráulico, y un denso pero inocuo vapor comenzó a acumularse en la sala. Con visible pesadez, y de forma exasperantemente lenta, la enorme puerta frente al grupo comenzó a abrirse, ascendiendo. Por todas partes se oían sonidos de cadenas y engranajes, probablemente responsables de la apertura. A través del vapor se colaba una rendija de luz procedente del otro lado de la puerta, que, poco a poco, fue creciendo hasta iluminar la estancia al completo. Cuando el temblor cesó y el vapor comenzó a desvanecerse, la puerta había quedado completamente abierta. Al otro lado, nuestros protagonistas pudieron observar una nueva estancia. Había llegado el momento.
 


 
A 6 metros de profundidad, inmóvil en el fondo de la sala de cincuenta metros de ancho por cincuenta metros de largo construida con tantas placas de metal sólido que bloqueaban la señal de mi den den mushi, llevaba suficiente tiempo esperando como para que cualquier rastro de impaciencia se hubiera disuelto en la oscuridad que me rodeaba. La sala olía a humedad al igual que yo, y a madera podrida, el agua en sí no era limpia, tenía una tonalidad verdosa que complementaba perfectamente el tono de mi piel, casi opaca, con partículas de moho que enturbiaban la visibilidad. En la superficie flotaban restos de algas y una capa fina de suciedad que atrapaba lo poco de luz que se filtraba desde los márgenes del techo a cincuenta metros de altura sobre la sala. La única fuente de luz era indirecta, débil, insuficiente para cualquiera que no estuviera acostumbrado a condiciones similares de baja o nula iluminación que yo había desarrollado tras vivir múltiples años en estas condiciones que para mí eran suficientes, e incluso preferibles. Estaba concentrándome en guiar pequeñas masas de agua que se curvarían sobre mis ojos como una extensión del cuerpo. Ssss. a puerta acorazada resonó al otro lado de la sala con un golpe metálico sordo, seguido del chirrido lento de los mecanismos. El olor delato a mis víctimas. Eran cuatro, que olían a sudor, adrenalina y miedo mal disimulado. Cuatro pares de pasos sobre la madera resonaron posicionándose a lo largo y ancho de la plataforma de madera que momentáneamente se levantaba en sus cincuenta metros de largo y doce de ancho en su punto más cercano al agua pantanosa.
 
Me quedé en el fondo, avanzando veintiún metros adelante quedando a diecisiete de la plataforma de madera, en el centro de la sala, las paredes laterales a veinticinco metros a mis costados. La humedad lo impregnaba todo, las paredes rezumaban agua por las juntas de piedra, el techo chorreaba en varios puntos creando columnas de gotas que golpeaban la superficie con un sonido constante y hueco. El olor a moho era tan denso que enmascaraba casi cualquier otra cosa, casi. Para ellos, la sala sería un pozo oscuro y húmedo que apestaba a abandono. Para mí era un campo perfectamente legible gracias a mi ajustada visión y mi mejorado sentido del olfato. Desde el fondo distinguí las cuatro siluetas sobre la plataforma de madera en el extremo sur y, contra todos mis instintos, acepté las ordenes de nuestro líder y emergí ligeramente del agua sacando apenas mi cabeza, mis ojos se hicieron visibles al salir a la superficie al igual que las púas que recorrían mi cuerpo desde mi espalda hasta la base de mi culo, pero el resto de mi cuerpo de la boca para abajo se mantuvo bajo el agua como lo haría un cocodrilo o un caimán.
 
Con timidez, levanté ligeramente la cabeza para dejar salir mi boca del agua y me dirigí a los recién llegados – “Ssss” – fue lo primero que exclamé, un siseo que me provocaba paz y me daba el valor de decir algo más. Sin embargo, me fue imposible, a pesar de las ordenes de Landon. Sabía que tenía ordenes claras, y las tendría que llevar a cabo eventualmente, pero no tenía en mí el tomar la iniciativa para interactuar con estos extraños – “Ssss” – volví a sisear, ahora en un tono que claramente se distinguía como enojado, aunque principalmente lo estaba conmigo mismo al estar fallándole a Landon en la misión que me había encomendado.
 

 
Narracion

Resumen

Belico y Posiciones

Inventario

Mapa Planeta Océano

Turno
#7
Atributos Personaje

Y de pronto; sus orificios nasales se abrieron más de lo normal ¿por que? le pareció poder oler algo desagradable por un momento ¿serían imaginaciones suyas? se detuvo en seco tras dar dos simples pasos hacia su nuevo compañero el marine de pelo blanco que tenía cara de idiota a pesar de que quisiera agarrarle su cabeza de marine y estrujarla ... pero ¿qué era ese olor? Barald mantenía la mayor parte del tiempo su cara inexpresiva, era igual en ese momento en el que vio como el marine de pelo negro se asustaba al verle avanzar agarrado a su compañero. - ¿Es que duermen juntos también? - Mira que era dificil cambiarle la expresión pero tras ver aquella actuación puso una media sonrisa a pesar de que una gota de sudor le cayera por la frente debido al extraño miedo que todavía le recorría en el cuerpo del cual no encontraba causa lógica. Pudo verlo; a cámara lenta de hecho; el marine de pelo negro daba un salto para alejarse del espadachín junto con el otro marine tras haber expresado abiertamente su miedo frente al pirata pidiendo que se alejara; eso si que es efecto terror y no el del hao amigos. Pudo sentir el miedo en sus ojos y también, casualmente lo llevaba oliendo un rato aunque ese olor solo fuera producto de su imaginación. Le escuchó pero sin tomarle en serio; hablaba un montón de mierda de pautas y condiciones para haberse cagado en los pantalones con que tan solo hubiera dado dos pasos. ¿así de potente era su presencia? nunca había sentido algo como aquello. Llevo su mano a su cara, tocando con el dedo su parpado para intentar detener el parpadeo constante de su ojo derecho que casualmente solía aparecer cuando algo malo iba a suceder, aunque no había que ser muy inteligente para darse cuenta de eso.

[Imagen: rYY3RsG.jpeg]
- Te cagaste bro, callate. - 



El suelo empezó a vibrar lo que alarmo al espadachín que escuchó perfectamente el sonido hidraulico y observó como la sala empezaba a llenarse de vapor; la fiesta estaba por empezar. Los mecanismos que movían la puerta rugieron despacio a medida que la misma se empezaba a abrir. Una vez el suelo dejo de temblar la puerta estaba abierta, comenzó a caminar. Dejo caer su gabardina allí mismo tras guardar su den-den-mushi en su bolsillo trasero; ahora en su espalda podían verse las 3 katanas que hasta el momento yacían ocultas. Miro al chico de oro a medida que caminaba hacia el umbral de la puerta hermética - Es hora de salir de aquí Tezca, hay que encontrar al resto. - Barald se preocupaba por el resto de la tripulación aunque sabía perfectamente de sus capacidades, allí donde estuvieran sabían cuidarse solos. De los 4 que iniciaron en aquella sala, fue el primero en cruzar la puerta.

Sus ojos ya se habían adaptado a la oscuridad de la primera sala así que entro al lugar con las pupilas dilatadas, aunque la verdad que era un lugar muy oscuro y ni aun así podía ver mucho. La humedad del ambiente y el chirrió de la madera al poner un primer pie sobre ella le indicó algo y sus ojos, se lo confirmaron. Aquel lugar era una cloaca y probablemente si, estaban bajo tierra. Se detuvo tras comprender la magnitud del lugar, iluminado por las fisuras del techo que daban paso a los únicos rayos de luz que iban a ver en esta sala ¿o quizás no fueran los únicos? Tras ese instante decidió mirar al frente y seguir caminando con cuidado. No había pasado demasiado tiempo desde que había entrado a la sala, intentaba ver mas allá en el agua hasta que escuchó algo activarse. El sonido provenía del final de la sala, al norte; no sabía bien a que se debía pero era motivo más que de sobra para armarse. Llevo ambas manos a su espalda agarrando a Nishiki y su nueva katana por la empuñadura y tiro hacia arriba, desenvainándolas.  Algo chirriaba, no cabía duda. - Se activo algo al final de la sala ... tener cuidado -

Barald mantenía sus ojos bien abiertos aunque le era muy complicado ver bien en ese sitio mal oliente del cual quería salir a toda costa. Se percató de los dos huecos en la madera a los lados mientras que seguía avanzando de frente; intentaba agudizar sus sentidos, sobre todo su oído. Pasados unos segundos detuvo su andar al escuchar algo emerger del agua, también un siseo; buscó con la mirada el sonido que provenía del agua mientras hablaba. - Hay algo en el agua, frente a nosotros. - Algo no le encajaba, no podía ver bien pero estaba claro que no estaban solos. Se dio cuenta rápido ¿eso eran unos ojos? inmediatamente su cuerpo se tensó al verlos, lo que sea que estuviese ahí estaba observándolos y el segundo siseo le confirmo todo, aquel sonido indicaba amenaza, no hacia falta entender lenguaje de caimán para entender que fuera lo que fuera estaba enfadado. Barald estaba listo y sus katanas también.
Contenido Oculto


[Imagen: TSyY2Zu.jpeg]
- Te tengo, esta en el medio justo ahí delante.  -

Lo localizó y lo indicó lo más rápido que pudo nada mas le vio los ojos. ¿sobreviviría esta "alianza" frente al misterioso enemigo? confiaba en su juicio para tomar decisiones correctas y en el camino del acero que había recorrido todo este tiempo hasta llegar hasta aquí. - Vamos sal ¿vas a estar ahí todo el día? no seas tímido - Era el momento de demostrar cuanto había crecido.

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
#8
Atributos Personaje
 


JA.
Una media sonrisa divertida llegó a mis labios al escuchar la reacción de mi compañero de tripulación y su interacción con aquellos marines, negando la cabeza al notar que esta “cooperación” iba a ser más entretenida de lo que esperaba.
 
Cuando este maldito miedo que me acechaba desde la nuca dejara de acosarme.
 
Aquella sonrisa duró demasiado poco, demasiado: Un temblor se hizo presente sobre el suelo que pisábamos, provocando que me separara de inmediato de la pared, de pronto humo y entre este una puerta que se abría frente a nosotros. Demasiadas cosas ¿Es que finalmente vendría alguien a explicarnos alguna mierda? ¿Tal vez era alguna broma o nueva experiencia que desconocía? No, era un lugar demasiado jodido para eso. —No hay otro camino que podamos tomar más que adelante… ja, el ambiente de mierda me pone modo filosofo ¿me entiendes? Vamos. — Y lo seguí al cruzar , jugando con el tridente en mi mano intentando calmar mi alterada mentalidad.
 
La penumbra volvía a tragárselo todo. Chasqueé la lengua, harto, y con un gesto brusco me quité los lentes para subirlos sobre mi cabeza, como si eso fuera a arreglar algo en ese maldito agujero. Apenas mejoró la cosa. El lugar seguía igual de miserable: humedad pegándose a la piel, el aire denso, y ese olor rancio que parecía meterse directo en la garganta: Me hacía maldecir a la suerte por estar en un lugar tan malo… y con dos marines. Los pasos de mi compañero eran aquello que me guiaba, sus palabras fueron la señal de alerta que necesitaba, chasqueé la lengua con molestia. Sin darme cuenta apretaba el agarre de mi bella arma que tampoco merecía estar en ese lugar.
 
Y algo emergió del agua.
 
Tuve que entrecerrar los ojos, inclinándome un poco hacia adelante para intentar definir qué demonios estaba viendo, era imposible que incluso pensaba que mis ojos comenzaban a alucinar. Por un momento juraría que era un tronco; con la mugre acumulada en ese lugar, no sería raro que hubiera basura tirada por todos lados y se me perdía en la terrible oscuridad, teniendo que observar a todos lados en un burdo intento de encontrarlo: Me sentía ciego. Pero entonces lo escuché. Un siseo. Seco, rasposo… vivo. Otro siseo y no se escuchaba del todo feliz.
 
Mi ceño se frunció al instante, la idea del “tronco” desvaneciéndose tan rápido como había llegado. Aquello no era inerte. No era basura. —Si, ya escuché ¿Qué carajos? — Intentar no dejar que la falta visión fuera tan notoria para lo que sea o quien sea que produjera el siseo, en respuesta, mi cuerpo comenzó a endurecerse, pretendiendo proteger mi propia existencia de lo desconocido y mi querido compañero me estaba dando la oportunidad. —Veeeeen, gatito gatito gatito… pspspspsps— No sabía a que llamaba, no sabía si habría respuesta, pero mi humor regresó con la provocación y a la nada que sabía que existía no pude evitar hablar. —Solo queremos hablar y salir de aquí ¿Te importaría? —
 
Resumen

 
Karmas

 
Posicionamiento

 
Gastos de energía

 
Akuma

 
 
Estados

 
Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1709 + 0 = 1709
Energia: 2138 - 20 = 2118
Espiritu: 249 + 0 = 249
#9
Nezca Torozova soltó muchas tonterías, algunas inchequeables y muy dignas de discursos dados por personas... como él, sin embargo nada de eso fue comparable a lo que escuchó después en palabras del mismísimo Barald, quien mostraba dejes más bruscos al hablar, como si fuese una mole de músculos y poco cerebro. Hasegawa los analizaba bien a ambos, atento a cualquier indicio de hostilidad, y aunque Kael también se mostraba reacio al concepto de colaborar hombro a hombro con piratas, al final la brecha se abrió al menos hasta que Kane mostró señales de querer acercarse.

Shin lo vio en cámara lenta, sus movimientos físicos eran como si estuviese moviéndose en medio del fango, con los pies atrapados, e inmediatamente colocó los dedos índice, medio y pulgar extendidos, listo para atacarlo en ese preciso instante y reducirlo a la absoluta nada, como el pirata que era. Lastimosamente para sus intenciones inmediatas, pero quizás, el bien futuro del grupo, Omuyaga aún sujetándolo tras ayudarlo a ponerse de pie lo alejó de un tirón que lo tomó por sorpresa —¡Hey! ¡Estaba por encargarme! —exclamó mientras se movían en el aire, audible para todos los presentes.

Y todo habría acabado ahí, con el siempre responsable discurso del azabache de no ser porque al pirata se le ocurrió seguir provocándolos, a lo que Shin decidió responder de inmediato. —Cállate tú, a partir de ahora serán perros del gobierno por colaborar con marines. Y no es una cuestión de quién ayuda a quién, Bary, es lógica. —sentenció, su voz había dejado de titubear, durante breves segundos se impuso al terror que estaba asolando a su cuerpo —Soy el más fuerte de esta sala, ¿me entiendes? —con esa última pregunta observó al rubio, en una clara burla, y cuando retornó la vista a Kane se rascó la cervical, con un gesto tan soberbio que era capaz de irritar a muchos.

[Imagen: cee17daf0e3e60d6eff62fc255aad008.jpg]

—Podría haberlos matado a los dos juntos.

Entonces volvió a su postura natural, con una sonrisa de oreja a oreja. —Agradécele a Kael que... —y justo en ese momento, una punzada de adrenalina invadió su corazón, al que no podía calmar de ninguna manera incluso si en su fachada era el más valiente de todo el grupo. Que también podía ser dadas sus características, pero el efecto tan desgarrador en su cuerpo tras haberse despertado lo ponía en una situación más bien desventajosa en ese ámbito.



Sonidos parecidos a los industriales de Kutsukku interrumpieron en la sala, metal interactuando con metal, o cadenas hechas de las mismas aleaciones. La puerta acorazada, con apariencia de pesar sus respectivas toneladas, comenzó a elevarse como si fuese algo extremadamente sencillo, y mantuvo el deje de alerta en la mente del albino, quien aprovechando la cercanía observó de reojo a Omuyaga —Sabes que no soy estúpido. Confía en mí. —una breve referencia a la fuerte discusión que tuvieron a bordo del Tempestad, y también, su pequeña manera de ofrecer las paces sin decirlo explícitamente.

Pero Kael lo sabía, conocía perfectamente las ideas que pasaban por su cabeza cuando se hacía el idiota, y los engranajes que ponía en funcionamiento al momento de afrontar un combate. Su ego no es exceso de confianza, jamás se valora por encima de lo que cree valer, pero el detalle puntual es, precisamente, que sí piensa que es demasiado, y actúa en función de ello. Mientras la puerta termina de abrirse, lo que antes era una pequeña abertura de luz, ahora se transformaba en un poco más de visibilidad, y el primero en salir por la puerta tras comentarle algo a Nezca Torozova es Barald.

El vapor le llamó la atención, sí, pero aunque intentó no inhalarlo si había algo jodido en el aire no tenían demasiadas chances de salir impunes de esa situación, por ende avanzó tras el dúo de piratas con cautela. En ese momento primaba el instinto de supervivencia conjunto, y por esas razones la idea de atacarlos o complicar más las cosas había desaparecido, aún y si mantendría en alto la guardia, especialmente con Kane. Por ende, y siguiendo esa lógica, una vez ingresaron a la nueva sala la perspectiva y las prioridades habían cambiado por completo.

El olor a madera podrida y humedad le hizo arrugar la nariz, observar el agua sucia y el enorme estanque frente a ellos, con un escenario tan desfavorable, produjo recuerdos que lo llevaban directamente a su pelea contra Kazan. Las diferencias resultaban escasas, en lugar de tener un amplio escenario de treinta metros a la redonda, se encontraban con un espacio de cincuenta metros de ancho y como máximo, doce de largo en referencia al terreno que podían pisar, pese a que el cubículo entero donde los ubicaron parecía tener la misma cantidad de diámetro en todas sus direcciones.

Kazan, el wotan de aquella pelea intentó atacarlo con agua, y gracias a su combate contra Enji y también, los fatídicos momentos donde intentó nadar una vez obtenida su fruta descubrió que, efectivamente, pese a hacerse intangible existen condiciones capaces de hacerle daño. Lo que tenían delante daba toda la sensación de apuntar directamente contra sus debilidades, y no podía permitirse ese lujo.

Fueron noqueados por una energía que no sintió jamás, despertaron encerrados y con collares de esclavos, una vez abren la puerta no hay nadie cerca para adjudicarse el mérito de un rescate súbito y además, su amigo de la infancia se encuentra con él, el detalle que lo ponía más nervioso por los traumas que carga desde que inició su carrera como marine, alimentando el terror tan severo que afrontan su cuerpo y su mente. Sin señales de Nyra, Choi y Dimitri, y con pocas opciones de salir de allí considerando la cantidad de agua que los rodeaba... no podía confiar en nada de lo que se aparezca a partir de ese momento.

Iría con todo ante desde el primer segundo.

La libertad nunca se sintió tan macabra, especialmente porque aquello lucía como un juego orquestado por mentes sádicas. Por ende Shin decidió ubicarse a dos metros a la derecha de Barald, considerando que el rubio se posicionó a dos metros del lado paralelamente opuesto, eso lo dejaba a cuatro del albino y el mencionado también se mantuvo a tres del borde de la madera. Desde esa posición prestó atención al moho y a cualquier posible movimiento que indicase algún peligro en los alrededores, dentro de lo que las posibilidades lumínicas le permitían.

Y fue en ese instante que ocurrió el primer siseo, tenue, pero audible. Observó entre la densidad de sombras emerger del agua a una criatura espeluznante, su estructura física le recordaba a un caimán, con las espinas a su espalda y todo, ¿sería ese animal puntual? ¿O presentaría las características ofrecidas por Kazan? Un gigante acuático, de los molestos.

No se iba a permitir descubrirlo sin tomar la iniciativa.


'Te tengo, esta en el medio justo ahí delante.'

Barald confirmó lo que sus ojos vieron.

Era momento de atacar.

A penas terminó de decir aquella frase, Shin no le dio tiempo de reaccionar a nadie más. Sus piernas tomaron la apariencia distinguible de la luz, activando su akuma y reposicionándose a una velocidad indistinguible para ninguno de los presentes en el borde de la tabla de madera tras haber avanzado tres metros. Luego, y sin detenerse, se reubicó dos metros hacia la izquierda, convirtiendo su brazo derecho también en luz mientras realizaba esa segunda transición, una vez estuvo exactamente tres metros por delante de Kane, y a diecisiete metros exactos de la extraña criatura, con su diestra en dirección a la mencionada y sus dedos índice y medio extendidos apuntando al caimán, en ese mismo movimiento, lanzó su ofensiva.

Una partícula de luz emergió de la punta de sus dedos, avanzando en línea recta y comenzando a recortar las distancias con el monstruo en un parpadeo. El silencio en labios del marine fue sepulcral durante esta acción, estaba completamente concentrado, en sus ideales, los motivos tras las decisiones que tomó y por supuesto, combatiendo contra el miedo.

Antes de que siquiera conecte el primer ataque, pues su velocidad de movimiento era incluso mayor a la de sus ofensivas, se volvió a reposicionar cuatro metros a la derecha manteniendo la inercia, prácticamente volviendo sobre su propia transición previa. Y aún apuntando contra la bestia, misma posición de dedos, sumando el pulgar (índice, medio y pulgar extendidos en dirección al enemigo de la mano derecha) lanzó otro ataque, una esfera de luz de cinco centímetros que se movía con la misma rapidez que su primera ofensiva, aunque al ser lanzada después llegaría en segundo lugar, y posterior a su siguiente acción.

Cuando la esfera abandonó la punta de sus dedos, Shin ya no estaba ahí. Retrocedió de frente a la criatura en dirección a la puerta como si se hubiese teletransportado, recorriendo los doce metros correspondientes, sólo dejando una estela envuelta en fulgor dorado que no era suficiente para interceptarlo sin poder seguirle el ritmo, ya que desaparecía de inmediato. —¡Ven y pelea, desgraciado! ¡Díselo, Nezca Torozova! —gritó mientras se seguía moviendo. Y una vez tomó esa distancia perfectamente calculada, giró el cuerpo con un movimiento de sus piernas transformadas en luz para moverse hacia su derecha (desde la perspectiva del cocodrilo frente a la tabla, a su izquierda) otros siete metros.

Shin no dejaría de moverse pese a haber alcanzado el límite de su movilidad. Mantendría la fruta activa y seguiría recorriendo la superficie de la tabla de madera en su forma parcial de logia, acumulando inercia a medida que seguía avanzando. Los ojos de Hasegawa se movieron a penas unos centímetros, observando otro espacio en su campo de visión, el nuevo destino al cual se reposicionaría al instante.

Info
[Imagen: vEBNZb3.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1215 + 0 = 1215
Energia: 1275 - 312 = 963
Espiritu: 141 + 0 = 141
#10
Mentiría si hubiese dicho que no se había preocupado, mas la situación no le permitía pecar de imprudente. Se enfrentan a una fuerza desconocida; algo los ha dejado inconscientes en el suelo, aterrados, sufriendo un destino fatal que sólo los más desafortunados consiguen mantener, y lo que aferra en sus cuellos se lo recordará cada maldito segundo, no porque pueda observarlo directamente, sino por la sensación constante que hay en su cada maldito músculo de su cuerpo. Hasegawa parecía dispuesto a hacer las cosas a su manera, pero algo hubo en la mirada entre ambos que les dejó claro que al menos aquel fue la mejor reacción posible por parte de los marines.

La respuesta del pirata ante su forma de actuar no podía ser más predecible. ¿Estaba el marine asustado? Por supuesto que lo estaba. Ninguno de ellos podría negar el temor que los inunda desde que despertaron. Les han infundido una sensación en sus cuerpos que resulta imposible de disimular por muy rectos y firmes que traten de ser. Esa misma sensación recorre el rostro de aquel que le confronta, de su mejor amigo, y del supuesto capitán de los Hana Mahana.

—Cállate tú, a partir de ahora serán perros del gobierno por colaborar con marines.

Las palabras del chico de luz restaron mucho peso sobre los hombros de su amigo. En la gran mayoría de ocasiones, bien fuera por su enorme ego o por tener una boca con nulo o poco filtro terminaba diciendo cosas que podrían meterlos en problemas, y aún con eso, en ocasiones consigue quitarle las palabras que siempre piensa, pero por su forma de actuar nunca prefiere decir. Si no fuera por el miedo que recorre sus cuerpos y por la tensión completa de la situación…

Bueno, por lo menos es algo que sabría tener en cuenta.

Resulta fácil intuir la molestia del criminal al que Kael pudo reconocer tan solo con las cuatro palabras que le ha dedicado, pero…¿y el rubio? Ni siquiera le dedicó un segundo cuando confrontó la situación. Se podría interpretar de decenas de formas distintas, pero en ninguna de ellas lo toma como algo positivo. Un líder, incluso un amigo o un compañero es capaz de defender a los suyos, especialmente cuando aquel que tiene delante no es precisamente de su agrado. Por supuesto, el miembro de la División setenta y cinco no le ofrecería tampoco ningún comentario pues, tal y como ha expresado segundos atrás, si querían colaborar debían dejar a un lado las soberbias y las amenazas.

Al final, Kael nunca pierde los estribos por las provocaciones de un criminal.

—

Aquella puerta reforzada de acero deja en evidencia, por el sonido de sus mecanismos de apertura y lentitud a la hora de abrirse debido a lo que posiblemente sea su increíble peso, que haber intentado abrirla habría sido una completa pérdida de tiempo y la valiosa energía que deben de intentar conservar. El sonido hidráulico de la puerta en ascenso daba a entender la complejidad de la estructura en la que se encontraban los cuatro jóvenes esclavizados.

Su suerte había sido lanzada con los dados del destino, y la sala contigua a ellos no parecía muy dispuesta a ofrecerles ningún tipo de ventaja. Apenas un suelo de madera prácticamente podrida cubría una pequeña parte de la estancia en la que prácticamente podrían caminar como mucho doce metros hacia delante, dejando el resto en manos de un agua ponzoñosa que si le jurasen que era de cloaca, el responsable de la setenta y cinco no hubiese dudado de ello ni por tan solo un instante.

—Sabes que no soy estúpido. Confía en mí.

Resopló. Sabe perfectamente que no es estúpido, pero remarcarlo solo le deja claro que va a hacer algo que a todas luces lo fuese a parecer.

Aún así, por primera vez en mucho tiempo, Kael mostró una pequeña sonrisa, una cómplice, solamente a su amigo. Parece que en el fondo, es el único ser vivo en el mundo que puede lograr algo así, incluso si se han peleado momentos antes de esta situación. Si hay algo que tiene claro, es la capacidad que tienen para trabajar juntos y salir de todas las situaciones en las que se meten, por muy en desventaja que se terminen encontrando.

—Lo hago—Le dió un pequeño toque sobre su hombro con la diestra, antes de comenzar a tomar algo de distancia—Pero tranquilo. Si cometieras un error, sabes que me tienes cubriendo tu espalda.

Sí, quizás puedan terminar enfrentados a la hora de tomar ideas, pero una sola pelea no es ni remotamente suficiente como para terminar enfrentando a aquellos dos marines, que tantas historias y sucesos han vivido acompañados el uno del otro…

Aquel “pantano” se les ofrecía a la vista como su salida del lugar, pero lejos de ello, parecía ser simplemente otro juego predispuesto por aquel o aquellos que habían urdido toda esta maquiavélica treta con tanto trabajo. El desconocimiento de lo que podría pasar, sumado a toda la tensión que recorre su cuerpo, si bien de alguna u otra forma podía terminar soportando sin hacer demasiada mella en su psique, no hacía un buen cóctel de emociones internas en nuestro marine que tiende a sobreanalizar toda clase de situaciones.

Por si fuera poco, incluso con su nariz destrozada y con dificultad para detectar olores, podía notar perfectamente el hedor a humedad que desprende este lugar putrefacto, haciendo que sus fosas nasales le pidieran a gritos abandonar ese lugar, pero…¿por dónde? Al atravesar el umbral de la puerta y observar a su alrededor por la nueva sala, no consigue observar ninguna otra salida, ni siquiera atravesando aquel lago artificial.

“¿Hemos entrado bajo el agua?” Observó su uniforme, llevado impecable y con orgullo al principio en Baterilla antes de partir, preguntándose si había pasado por él alguna mancha que delatase cualquier detalle del que no habría podido percatarse previamente en la sala oscura.

Lo peor que podría haber pasado para sacar algo de información del uniforme es que dejara de quedar en perfectas condiciones, solamente viéndose arrugado tras ser transportado hasta esa sala, o que haya recibido algún rasguño que más tarde, si conseguía salir de ese lugar tendría que tirarlo y pedir un nuevo uniforme, evitando así enfadar a los de rango superior.

Rápidamente entendió que el agua contaminada no estaba presente en su uniforme, pero la necesidad de encontrar algo de información le forzaba a pensar en cualquier remota posibilidad al no entender cómo narices está dentro de esa sala, ni mucho menos la forma de poder salir si se lo propusieran en equipo.

Continuó buscando con la mirada, adentrándose en la sala cinco metros por el centro de la plataforma, dejando que su “Shichibukai” con el mismo color de pelo que el suyo se mantuviese a otros cuatro metros de distancia por delante. La plataforma de madera estaba rota tanto a su izquierda como a su derecha, teniendo la de la izquierda a unos doce metros de distancia. No veía por ninguno de los lados de la plataforma una salida, y al observar el techo nada parecía llamar su atención en un principio.

—¿Alguien ve una salida?—preguntó sin mucha esperanza, mirando a su compañero de división por si milagrosamente él tenía más suerte, hasta que apenas unos segundos después, Barald mencionó la presencia de algo…o alguien.

Desde ese lugar no podía ver en la dirección que el pirata había indicado, teniendo a este precisamente por delante cortando su visión hacia el agua por la zona central. Si había algo escondido en la ciénaga, seguramente no tenía ni la más mínima intención de comportarse amistosamente…y Shin no dudó ni tan siquiera un instante.

Antes de poder visualizarlo, sus movimientos se realizaron a velocidades tan extremadamente altas que sus ojos no pudieron ni seguirlo. La luz de su cuerpo recorrió distancias en décimas de segundo -o lo que él entendió como tal- y comenzó a disparar al agua por la zona señalada. Si él lo había visualizado o no sería indiferente. Ya fuera por prevención de riesgos, o bien porque la amenaza se cernía de una forma mucho peor de la que el azabache podía imaginar, al final su compañero decidió comenzar a encargarse el primero de ese asunto con sus propios métodos.

Él tenía que estar preparado. No puede relajar su cuerpo. Tiene que estar prevenido para enfrentar lo que pueda aparecer, que junto a la adrenalina del combate frente a lo desconocido, sumado por encima al miedo que aún reside en su corazón, y seguramente el de todos…definitivamente no iba a tenerles con una situación sencilla de resolver.

A disposición


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