[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2
#21
Atributos Personaje


Tuve el placer de ver a Akira mientras hablaba de los proclamados delincuentes, piratas y alborotadores del orden, tesoro. Su energía era imposible de ignorar, casi tan ruidosa como la mía y mira que eso ya es decir bastante, no pude evitar observarlo con una media sonrisa mientras analizaba la situación, porque incluso en medio de una posible amenaza, hay quienes no pueden evitar ser exactamente lo que son y entonces comenzó a dar saltos a mi alrededor como si fuese un mono desatado, lleno de energía, impredecible y absolutamente incapaz de quedarse quieto. Mi cascabel respondió con un sonido suave cada vez que movía la cola para seguirle el ritmo visualmente, mis ojos clavados en él con una mezcla de diversión y atención real. —Ay, tesoro, si esa es tu forma de prepararte para un posible enfrentamiento entonces más te vale no perder ese entusiasmo cuando las cosas se pongan realmente serias, porque voy a necesitar que toda esa energía sirva para algo más que dar saltitos encantadores alrededor mío —comenté con una sonrisa ladeada.
 
Lo observé un momento más, ladeando ligeramente la cabeza mientras mis alas se acomodaban detrás de mí con elegancia, porque sí, esta división es un completo circo. Un espectáculo de personalidades intensas, estilos distintos y formas únicas de enfrentar el deber y, honestamente, no lo cambiaría por nada del mundo. —Vamos a proteger ese ferry de los delincuentes, tesoro —dije con firmeza mientras mi cuerpo comenzaba a desplazarse por la cubierta en un movimiento fluido y zigzagueante, con mi cola serpentina deslizándose con elegancia y precisión sobre la madera. Cada impulso era natural, casi hipnótico. El cascabel al final de mi cola con un sonido constante, marcando un ritmo distinto al de mis maracas, uno más tenso, más, peligroso, mis ojos fijos en el ferry como si ya pudiera ver el problema antes de que se manifestara por completo.
 
—Consumí esta akuma no mi que me permite transformarme en una serpiente de cascabel, tesoro y mira esta combinación de elegancia, peligro y ritmo que no se consigue todos los días, ¿no te parece que va perfectamente conmigo, Juan? —dije con una sonrisa ladeada mientras mi cascabel sonaba, casi como si acompañara mis propias palabras, no lo digo por presumir, lo digo porque es la verdad, y ya se sabe que yo no miento, pero claro, el universo nunca permite que una revelación tan fabulosa ocurra en calma.
 
En cuestión de segundos, todo empezó a desordenarse con una precisión casi cómica, Sigrid había dejado su alabarda en una habitación cerrada, un detalle que, tesoro, en medio de una posible amenaza, es todo menos ideal, Akira estaba en su propio mundo, actuando como si fuera el cerebro maestro con información de los delincuentes en lugar de un marine listo para actuar, y para rematar, el barco cambió de dirección, así, sin más, sin elegancia, sin aviso digno. Mi cola se tensó ligeramente contra la cubierta, el cascabel se detuvo por un segundo.

Tras haber pasado unas horas de viaje, el sol comenzó a ocultarse lentamente, tiñendo el horizonte con ese brillo que siempre me hace suspirar un poquito, tesoro… pero la calma duró lo justo. Las nubes empezaron a acumularse sin pedir permiso, cubriendo el cielo hasta dejarlo completamente blanquecino, como si alguien hubiese decidido borrar el verano de un solo trazo, pero no es precisamente el tipo de espectáculo que me gusta.
 
El frío se coló en la cubierta con una intensidad inesperada, mucho más molesto que el calor que habíamos soportado durante la tarde. Mi piel ahora cubierta en parte por escamas reaccionó al cambio, y mi cola se movió con un leve roce contra la madera mientras ajustaba mi postura. —Ay, Ay, Ay, ya no se siente como un simple cambio de clima, y mira que he visto cielos ponerse caprichosos como una señorita en sus dias, pero este tiene una intención bastante fea escondida entre esas nubes tan blanquitas —murmuré con una pequeña sonrisa cerca de Akira quien parecía querer subirse en la espalda de Sigrid. A lo lejos, la silueta de la isla comenzaba a definirse, justo hacia donde el desfile de barcos se había desviado. El mar se agitaba un poco más con cada minuto que pasaba, y el ambiente se volvía denso, pesado como si algo estuviera esperando nuestra llegada.
 
Los chicos decían ver una silueta a lo lejos, tesoro, pero por más que afiné la mirada no lograba distinguir nada con claridad; el horizonte se había vuelto un lienzo borroso entre nubes y mar inquieto, y eso no me gustaba ni un poquito. Estaba a punto de decir algo, de soltar una de mis observaciones con todo el estilo que corresponde, cuando de repente todo se apagó. Así, sin aviso, sin elegancia, sin darme siquiera el gusto de reaccionar como es debido. Sentí mi cuerpo ceder, la fuerza abandonando cada músculo mientras mi cola se deshacía en el proceso inverso, escamas retrocediendo, huesos reacomodándose, volviendo a ser yo, completamente yo. Caí contra la cubierta con un golpe sordo y mis alas parecían pesar más de lo normal, mis dedos eran incapaces de aferrarse a nada, qué forma tan poco glamurosa de desplomarse.
 
Entonces llegó la oscuridad, no veía nada, no sentía el viento como antes, no percibía a los demás con esa claridad que siempre me acompaña, pero algo sí estaba ahí. Una canción, suave al principio, colándose en mi mente como un recuerdo que no pedí pero que tampoco podía rechazar. Era ese tipo de melodía que te abraza cuando has bebido demasiado, cuando la noche se vuelve eterna entre risas, maracas improvisadas y confidencias que solo existen bajo la luz tenue de un bar cualquiera. Podía casi oler el alcohol, escuchar las carcajadas, sentir ese calor despreocupado que llega cuando el mundo deja de pesar por unas horas, esas noches donde uno se pierde un poquito para poder encontrarse después.
 

Mi cuerpo no respondía, pero mi mente vagaba entre esos recuerdos, arrastrándome a ese instante incómodo del día siguiente cuando abrir los ojos es una batalla, cuando todo da vueltas y el alma parece seguir bailando, aunque el cuerpo ya no quiera y entre esa neblina mental, como un eco lejano pero insistente, apareció esa frase. —Hoy parece 31 de febrero —murmuré en la oscuridad, con una sonrisa débil que nadie pudo ver.

Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 512 + 0 = 512
Energia: 510 + 2 = 512
Espiritu: 102 + 0 = 102
#22
Atributos Personaje



El ligero roce de los labios contra su oído provoca un cosquilleo ascendente que enciende los oscuros orbes en un brillo intenso, como si cada palabra susurrada instase a transformarse en una ineludible realidad: aquella que evoca dulces e íntimos escenarios que anhela reavivar. La remembranza es desplazada ante las cándidas risas que afloran en el ambiente ameno que embriaga a los ingenuos piratas, aquellos que, osados, desoyen contratiempos, cavilaciones y aprensiones.

El aroma, las texturas, las cuestiones y amistades se abren paso ante la abundancia de platillos que los jóvenes depositan uno tras otro sobre la larga mesa compartida, en concordancia con sus diferentes gustos, permitiendo que la comodidad fluya con naturalidad entre ellos. 

Dulces, carnes, mariscos y bebidas. El lomo se le antoja a gloria, tanta que ignora el hecho de saber que su angurrienta serpiente pierde el tiempo consumiendo donas en vez de nutritivos alimentos. Está bien, están de paseo. Quizá por ello decide acercarle un poco de su jugo de menta a Cardan, definitivamente esa la idea que le lleva a combinar flan de café y chocolate con carne desmechada, papas hervidas y manzanas teñidas en almíbar.

Ríe ante las frases de Wyatt, observa con una sonrisa a Barald, arquea una ceja al escuchar la necesidad de Tezca por encontrar señal, niega divertida por las intervenciones de Ryota y eleva el rostro mostrando esa expresión coqueta que tanto la caracteriza al notar la cercanía de Yuuki. ¿No es esa una “familia” demasiado ruidosa? Disfuncional y, al mismo tiempo, funcional a su manera.



—Oh cariño, sí que debemos ponernos al día.

Sentencia para la pelirrosa, ofreciéndole una copa de vino para que la acompañase a beber, entre comidas nunca viene mal. La amazona relame sus labios en una expresión relajada, cercana y entretenida. —Si no lloras en las atracciones, prometo decírtelo. —Susurra, lista para levantar la copa y beber del contenido al escuchar el brindis.

Y hubiera pronunciado palabra de no ser por el aviso que termina por romper el encanto de la experiencia: Un desvío.



Juego.

Envites.

Expectación.

La euforia se antepone ante el frígido entorno que denota el cambio climático, el inminente anochecer y, quizá, la cercanía hacia el punto de reparación más cercano: Kutsukku. El desplante se transforma en oportunidad, en la posibilidad de nuevas riquezas, mientras la tensión entre Ryota, Cardan, Runin y los tres hombres que persiguen una victoria que solo las cartas pueden conceder.

¿Subir las apuestas?

Algo que solo Ryota Miyamoto es capaz de hacer: ir por el todo sin dar el brazo a torcer, un juego de todo o nada del que buscará librarse entre fingida demencia y astutos alegatos. ¡Abrigos! Incluso portando una camisa sobre el top, la fémina agradece la intención de remitir el frío, porque la delgada tela dista de sustituir el abrigo de un gabán.

Por ello, cuando la escalera real se revela y las estridentes risas del castaño llenan la sala, ella también ríe en armonía. Incluso Cardan parece contagiado por la felicidad, aun sin entender del todo el vicio de los hombres. —¡Lo conseguiste, cariño! No mentiré, dudé por un momento, pero juro que a partir de ahora creeré en tu mazo, fufufufu. —Emite entre jolgorios reaccionando a las ensoñaciones de su capitán. ¡Un barco!



—Quiero un camarote sólo para las chicas, con armarios y un baño decente.


Imagina las posibilidades. ¿Podrá tener “noche de chicas” con Yuuki? La idea provoca sonrisas quedas, nunca ha tenido una de esas. —Sin gastarte todo. Debemos pensar en muebles y un buen decorado. ¿Quién cocinará en el barco? ¡Ah! Vamos de compras luego del parque, cariño. —Toma el abrigo que el castaño le ofrece, disfrutando del nuevo calor, riéndose de los perdedores, pensando en un futuro brillante y cercano. ¡Será buena! Les dará un ambiente agradable a Tocho Morocho y a Cardan. ¿Los demás? Ah sí, ellos también.

Cardan se acurruca en el cuello de la fémina, sintiendo el calor de la cálida gabardina, permitiéndose mecerse por el navío, los pasos de su compañera y la diversión del momento, al menos hasta notar el vacío procedente de la inminente caída.

Runin no demora en tambalearse desde su posición, la vacía mente intenta conectar ideas que se tornan incoherentes cuando la inconsciencia pesa sobre sus párpados y las luces se transforman en oscuridad, cuando el cuerpo falla y la voluntad se mece hacia el abismo cual hoja en otoño. No piensa en nada, no le da tiempo para hacerlo, aunque un último pensamiento siempre parece atormentarla: ¿Estarán sus amigos bien?


BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
#23
Atributos Personaje


Definitivamente, Tensui sabe cosas. No sé cómo lo hace, pero lo hace, ni siquiera se había dado la vuelta y ya sabía que yo tenía algo que no era mío. Es inquietante, casi como si pudiera oler mis intenciones antes de que yo misma las termine de pensar, hice una mueca pequeña, inflando un poco las mejillas mientras miraba la pieza entre mis dedos, ni siquiera tenía idea de para qué servía, podría ser parte de un arma, de una máquina o simplemente algo importante que no debería desaparecer por accidente.  —Pero bueeeeeno, ya lo dejo en su lugar —murmuré con ese tonito resignado que no me sale del todo convincente.
 
Me incliné un poco hacia adelante y la devolví exactamente donde la había tomado o bueno, casi exactamente. Ajusté un poquito la posición, como si eso compensara la intención inicial. Mis dedos se quedaron un segundo más de la cuenta sobre el metal, como si dudaran en soltarlo, porque soltarlo siempre es la parte difícil, aunque finalmente retiré la mano despacio, como si nada hubiera pasado, y me giré con una sonrisa ligera, inocente, perfectamente ensayada. —¿Ves? Estoy siendo un ejemplo de comportamiento impecable, como toda una niña buena, mirame, mirame —añadí, llevándome una mano al pecho con falsa dignidad —Bajo perfil, cero robos, pura honestidad. —Hice una pausa breve y luego ladeé la cabeza. —Bueno, por ahora, glup. — Salí del taller de Tensui sin hacer mucho ruido, cerrando la puerta detrás de mí con un cuidado que no suelo tener, pero que, por alguna razón, ese lugar me obliga a fingir. El calor quedó atrás poco a poco mientras subía, y con él también esa sensación incómoda de estar siendo observada incluso cuando nadie mira.
 
Volví a mi habitación y me dejé caer un rato, sin hacer mucho más que mirar el techo y dejar que el balanceo del barco me arrullara. No dormí del todo, pero tampoco estuve despierta, sino ese punto medio donde el tiempo se escurre sin pedir permiso, por lo menos sé que pasaron varias horas, lo suficiente como para que el aburrimiento empezara a picarme otra vez en los dedos y no tenía ninguna intención de volver donde Tensui, porque ya había sido suficientemente buena por un día.
 
Me incorporé despacio, estirando un poco los brazos mientras mis tentáculos se acomodaban por sí solos, como si también hubieran descansado. Ajusté mi bufanda roja en mi cuello, asegurándome de que cubriera bien lo de siempre. Luego di un par de pasos hacia la puerta, con esa sensación inquieta creciendo otra vez en el pecho, si ya habíamos llegado el mundo afuera me estaba esperando, porque yo no soy muy buena esperando. Salí de la habitación y empecé a subir hacia la parte superior del barco, moviéndome con ligereza entre los pasillos., porque si ya estábamos en puerto, significaba gente y si hay gente, bueno, sonreí apenas para mí misma mientras subía el último tramo. —Sanemi —murmuré en voz baja, casi cantando su nombre antes de siquiera verlo —Más te vale tener buenas noticias porque ya me cansé de portarme bien, glup— Ni siquiera pude decir una palabra mas pues sentí una ola extraña recorrer todo mi cuerpo y pareciera como si mi mundo se desvaneciera en un segundo cayendo al suelo de la cubierta del Buda.

Estanque de peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
#24
Atributos Personaje


Una condena tiene muchas caras. La que estaba a punto de caer sobre nuestro cuello tenía aspecto de promesas y sueños. El viento, casi inexistente hasta que nos hicimos a la mar, hinchó las velas con violencia, logrando que la triste goleta cobrara mayor velocidad. Cualquiera habría pensado que era la mano de un Dios benévolo empujando nuestro camino. A mí, sin embargo, se me encogió el corazón una vez más.

No conseguía deshacerme de la inquietud que me había carcomido por la noche. Por eso, aunque suene ridículo, casi agradecí los malos humos de mi recién conocido compañero. Estaba acostumbrado a las personas como Hasegawa: impredecibles, orgullosas y explosivas. El tipo de gente que no tolera ser contradecido. Me recordaba a otro tipo de figuras que habían gobernado mi vida años atrás.

—El Tempestad no está preparado para alcanzar un ferry, eso es más que evidente —respondí sin acritud. Tan solo mis pupilas sobre las suyas bajo el semblante más conciliador que podría ofrecerle—. Sin embargo, tampoco lo está para entrar en un combate naval directo. Haber comenzado uno en las costas de Baterilla habría significado perder la oportunidad de alcanzar más tarde al ferry. —Volví a fijar la vista en la estela que este dejaba a su paso y en la marea, en un intento por descifrar lo que pudiera avecinarse ante tal cambio climatológico—. Entiendo tu preocupación, Hasegawa. Por supuesto que a ninguno nos agrada la idea de saber que alguien como Dharma se encuentra en libertad, pero parece ser que está interesado en el mismo viaje que nosotros. Se trata de esperar el momento y la estrategia adecuada para actuar. Además, el ferry siempre fue el objetivo de esta misión y los pasajeros podrían estar en peligro por la presencia de Kazan. —Hice una pausa, contenido un suspiro que nunca llegó a nacer de mis labios—. En cualquier caso, somos un equipo. Ya que Omuyaga y tú conocéis bien nuestras fortalezas y debilidades, podríais aprovechar el viaje para pensar una buena estrategia.

Lo vi marcharse hacia la proa. Mi vista buscó de soslayo a Omuyaga, en una invitación silente a que fuera a intentar limar las asperezas que el albino había provocado. Guardé para mis adentros el pensamiento de que por supuesto que obedecería a Omuyaga por encima de Hasegawa. A él sí lo conocía y había demostrado su valía. Toda tripulación necesita un líder. Llámalo capitán; llámalo X. Incluso si todos pertenecíamos al mismo rango, la ausencia de líder sólo habría sido una invitación directa al caos.

No quise involucrarme más en la relación que pudieran mantener. Sé que Omuyaga estuvo un rato hablando con él, pero toda mi atención seguía puesta en la travesía.

A medida que el viaje avanzaba y el sol decaía, mi salud empeoró, tan voluble como el tiempo. Todo lo que me rodeaba adquirió un matiz granulado, demasiado parecido al de las interferencias provocadas en un den den Mushi visual. Me froté los ojos, rezando por hacerlas desaparecer. A esas alturas ya era inevitable. Lo sabía. El peor ataque de migrañas siempre venía precedido por el aura.

—¡Reducid vela! —ordené. Voz rasposa y más grave de lo habitual—. ¡Y despejad la cubierta!

El dolor de cabeza me preocupaba, especialmente cuando estábamos en alta mar, pero estaba acostumbrado a él. Para lo que no estaba preparado era para el nuevo rumbo trazado por el ferry: Kutsuku. Las manos, aferradas con fuerza sobre el timón, comenzaron a sudarme. Un escalofrío me atenazó la columna. Viré el timón como pude para ajustar el rumbo a un viento lateral controlado.

Un martillazo en la sien me hizo apretar la mandíbula. «Ahora no, por favor», pensé con las náuseas arremolinadas en el estómago. Apenas hacía un día desde que había superado el episodio de fiebre que me había tenido en cama más tiempo del deseado. La niebla comenzó a envolver al Tempestad y yo me sentí particularmente atrapado en ella.



—Nunca tuve el privilegio de conocer este lugar.

La voz de Hasegawa me llegó abortargada. Apenas pude dedicarle un vistazo, centrado como estaba en la marea y las rocas de una costa que conocía demasiado bien.

—Es la isla Kutsuku.
«Y has tenido la fortuna de no conocerla» me tragué la bilis; los recuerdos de una niñez teñidos por la podredumbre de las apuestas y el alcohol. Había crecido en aquellas calles.

—Conocí a alguien que procedía de aquí —mentí.

Por supuesto que el bueno de St. George jamás podría haber nacido en un lugar tan cuestionable. Justo en ese instante, sentí la mano de mi ángel sobre el hombro. Un contacto que me ancló a tierra y apartó ligeramente la neblina que amenazaba con llevarme.

—Dima, cariño, ¿te encuentras bien? ¿Quieres descansar un momento?

Le dediqué una sonrisa suave. Por supuesto, decliné con una negativa la idea de descansar. A ella sí me permití mirarla a los ojos un poco más, antes de continuar con lo que tenía que decir. Una puerta abierta para que Hae-won, que conocía todo lo que había tras mi historia, pudiera dilucidar un pedacito más de mi pasado.

—Kutsukku es una isla dedicada especialmente a la chatarra, armas y balísticas, pero lo más importante es… que cada ciudad cuenta con una banda criminal que rige cierto territorio. —Localicé a Nyra con la mirada, mientras luchaba por esquivar los últimos obstáculos—. Informa de ello a la División 80. Es posible que vayamos directos a una emboscada.

Ya no era solo el dolor de cabeza lo que atenazaba mi cuerpo. Lo hacía también esos recuerdos hasta entonces sepultados, el incesante latido en mi pecho y la falta de oxígeno. Me llevé un puñado de hojas de menta a la boca, antes de que las vías respiratorias amenazaran con cerrarse.

Había escapado de aquella isla quince años atrás.
Ahora echábamos ancla en ella.
Mi último recuerdo allí era el cadáver de mi madre desmadejado junto a la mesa del comedor. El rostro colérico de mi padre; sus manos intentando darme caza a mí también.
Tragué saliva.

Quizás si no me hubieran invadido los recuerdos, habría dado mayor importancia a esa extraña tonalidad verdácea de un sol extinto. Habría visto el origen del trueno.

—Dima, mantente alerta. No te separes de…

El corazón se me detuvo al escuchar su voz. Un terror arrollador. «No. No. No. No puedo perderte también…» y entonces sentí el latigazo antinatural. Me lancé hacia Hae-won sin pensar. Mi cuerpo cubriendo el suyo cuando golpeamos la cubierta.

—Estoy… contigo…

Lo último que recuerdo es abrazarla con todas mis fuerzas. Desear que si esta vez el destino debía llevarse a alguien fuese a mí. Rogar al espíritu de Rose que la protegiera a ella, que la librase del mismo destino que ya nos atrapó a nosotros.

Después, todo se desvaneció.


Disclaimer
#25
Atributos Personaje


Sigrid terminó de subir a cubierta con el ceño apenas fruncido, pero esa incomodidad le duró poco, pero bastó con que sintiera el viento del mar en el rostro y el vaivén del barco bajo sus pies para que su expresión volviera a la normalidad, su alabarda no estaba, sí, era cierto, pero tampoco era el fin del mundo. La vikinga flexionó los dedos lentamente, cerrando los puños con un leve crujido de nudillos, como si se recordara a sí misma algo importante. —Neh, no es para tanto.— soltó con una sonrisa ladeada, encogiéndose de hombros. —Era un plus.— Miró sus propias manos un segundo, grandes, firmes, marcadas por entrenamiento y combate. Luego golpeó un puño contra la palma abierta, probando la fuerza como quien comprueba que sigue siendo quien es.
 
—Con esto me basta.— añadió, alzando el mentón con orgullo mirando a su compañero Juan Sebastian porque si algo tenía claro Sigrid, era que su fuerza no dependía de un arma. La alabarda era especial, sí, casi parte de su familia, pero no era lo que la hacía peligrosa, su tamaño, su resistencia y esa brutalidad natural que llevaba en la sangre vikinga eran más que suficientes para enfrentarse a cualquier enemigo que tuviera la mala idea de acercarse demasiado u luego estaba eso otro.
 
Su sonrisa se ensanchó apenas, mostrando los dientes con cierta emoción contenida. —Además— murmuró, bajando un poco la voz mientras el barco se preparaba para el posible enfrentamiento. —No estoy sola.— No hablaba solo de sus compañeros, aunque confiaba plenamente en ellos. Hablaba de ese poder extraño, ese regalo que había cambiado la forma en la que peleaba desde que lo obtuvo, su Akuma no Mi, un poder que hacía todo más sencillo y al mismo tiempo más divertido.
 
Sigrid se adelantó unos pasos hacia el borde de la cubierta, observando el horizonte donde la amenaza comenzaba a tomar forma. —Si vienen— dijo con una energía renovada, plantando los pies con firmeza. —Que vengan.— Giró ligeramente el cuello, relajando los hombros como si se preparara para un entrenamiento más. —Hoy no necesito alabarda para repartir justicia.— Y entonces, como si todo aquello fuera simplemente otro día más en el mar, dejó escapar su risa estruendosa, firme, imposible de ignorar.
 
Las horas pasaron sin que ninguna amenaza llegara a materializarse. La alarma quedó atrás como un eco lejano y, poco a poco, la tensión en cubierta se transformó en rutina. El sol comenzó a descender, tiñendo el mar de tonos anaranjados y dorados, y fue entonces cuando una silueta apareció en el horizonte, difusa al principio, como una sombra recortada contra la luz del atardecer. Los marines comenzaron a murmurar entre ellos. La División 80 se arremolinó cerca de la borda, intentando descifrar qué era exactamente aquello que se alzaba a la distancia. Sigrid entrecerró los ojos, llevando una mano a la frente para cubrirse del sol, intentando enfocar mejor.
 
—¿Esa es la isla?— murmuró, ladeando la cabeza, pero no tuvo mucho tiempo para pensar más en ello, porque al momento siguiente sintió el peso familiar sobre sus hombros. Akira ya estaba allí, acomodándose con naturalidad, como si ese fuera su sitio habitual. Sigrid soltó una pequeña risa por la nariz, ajustando ligeramente su postura para que el equilibrio fuera perfecto, firme como una roca incluso con alguien encima. —A que se ve bien desde arriba, ¿no, Akira-chi?— comentó con una sonrisa amplia, señalando hacia el horizonte.
 
Pero en ese momento algo invisible y abrumador, cayó sobre ella como una montaña entera desplomándose desde el cielo. No fue un golpe físico, pero su cuerpo reaccionó como si lo fuera, sus músculos se tensaron, el aire se le escapó de los pulmones y su visión se fragmentó en un instante, Sigrid no entendió qué era, pero lo sintió, un peso imposible, una voluntad aplastante que no dejaba espacio para nada más. Sus rodillas cedieron sin previo aviso. Sus manos intentaron reaccionar, buscar apoyo, pero no hubo tiempo. El mundo se inclinó hacia adelante mientras su cuerpo, enorme e imponente, se desplomaba contra la cubierta con un golpe seco.
 
Akira dejó de ser un peso en sus hombros, el sonido de su risa desapareció, sus ojos, abiertos un segundo ante, perdieron el enfoque por completo y en cuestión de un instante, la vikinga cayó inconsciente, tendida sobre la madera del barco, inmóvil, como si toda su fuerza, toda su energía, hubiera sido arrancada de golpe por algo que ni siquiera pudo ver.

Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
#26
Atributos Personaje

Sentía la piel limpia después de refrescarme la cara. Estaba con calma, sentada en la cama, aunque parecía que tenía la mirada perdida en algún punto de los detalles que tenían aquellos guantes rosados, el cual sostenía en mis manitos blancas hermosas, con uñas largas bien cuidadas. Los guantes me los había sacado para mojarme. Recuerdo cuando me los regalaron, pero no… no eran un regalo importante, aunque han estado casi siempre aquí, casi no han hecho nada en toda su existencia, pero esperaba que tuvieran un motivo, me pertenecían, tantos años que los llevaba conmigo que no podría olvidar su textura.

Cuando el barco crujió, despacio, mis ojos se movieron solos hacia la ventada donde vi el cielo, notando que desde que nos separamos del puerto, empezaba a verse que se movía poco a poco más rápido… Uhm, tal vez por el viento, porque… el tiempo estaba extraño, donde la luz… la luz había cambiado, estaba resplandeciendo, porque se ocultaba, se escondía, hasta que el cielo se volvía más oscuro. ¿Ya se estaba haciendo tarde tan pronto? Me acomodé en la cama, recostando la espalda sobre las sábanas y la comodidad dejó estirar el cuerpo con tantas ganas, los brazos estaban al aire, luego un gran bostezo. Solté el aire, sintiendo como dejaba que el cuerpo siguiera hundiéndose más u más sobre la cama… rocé con las manos sobre la tela, suave, con ese olor limpio que refrescaba la nariz. Miau.

Los ojos se sentían pesados como si el sueño ganara. Recorrí la vista por todo el camarote, para inspeccionarlo, veia la puerta y pensaba que podría salir de aquí para comer o tomar, pero estaba pendiente de lo suave y blando era la superficie de la cama… Como también seguía escuchando las voces y las conversaciones ajenas que se filtraban por la puerta, las paredes, el techo, no lo sé, por donde estuviesen, algunos estaban tensos, otros seguían ordenes, no lo sé. A veces no solo eran las voces, también había movimiento, pisadas que iban y venían de allá para acá, de arriba y abajo. Por suerte lo hincha pelotas que eran mis compañeras en el templo que veía el ruido como compañía, porque sí no estaba atenta a algo, al menos otros sí. Al menos otros gritarían y despertaría.

Iba a cerrar los ojos cuando de repente… ay un sonido más… un aviso más. Algo sobre motivos meteoroalgo y reparación es que harían una parada en… lo había escuchado bien el nombre, pero no podía pronunciarlo correctamente, aparte era bastante feo como para querer aprenderlo bien. Arrugué la nariz al pensarlo. Era un lugar del que no conocía. Entonces cambio de rumbo… el crujido típico del barco y desde la ventana se veía un poco el cambio de ángulo del cielo que llevaba un extraño color.

Tenía que volver a ponerme los guantes, no quería enfriar mis manos si es que la temperatura iba a bajar… ya puestos, busqué una de las almohadas grandes que están en la cabecera y la arrastré hasta mi cuerpo. Las piernas con el calzado subieron, acomodando la almohada entre ellas, apretándola con fuerza. Dormir ahora claramente podía ser la decisión que el cielo tan feo que hay afuera… y si quería explorar esta cuestión de barco necesitaría primero de un descanso, había caminado tanto en el paseo que las piernas estaban cansadas. 

Tras un momento… suena un trueno, mierda. Le di la espalda a la ventana, para estar mirando directamente a la puerta y así no tener que ver el cielo que a cualquiera le daría pesadillas. Escondí un poco la cara contra la almohada, lanzando un besito al aire, y al rato,  sin notarlo siquiera, la respiración se volvió más pesada, los ojos se cerraron. Caí sin resistencia…

Miau
#27
Atributos Personaje


La conversación revelaba cosas de Asherah cosas que iba aprendiendo, observando, pensando, claro lo mejor siempre era llevar la conversación donde todo es más tranquilo, más sencillo. Claro con el detalle es que ella es invisible del propio efecto que genera por sí misma, pero la conozco lo suficiente como para estar seguro de que si lo sabe. —  ¿Crees que podrías pasar bajo el radar de cualquiera? Los piratas los hay de todo tipo, y aunque todos son peligrosos hay algunos que no lo parecen. — Tampoco podía hacer más, ciertamente ella no lo notaría, o había decidido jugar a la ceguera. No insistiría y dejaría que el río de la conversación diera todas la vueltas necesarias. 

Claro, improvisar al momento siempre es una mejor opción que esperar ser invisible. Me hizo reir un poco. No más que el mover de la comisura de los labios en un ligero movimiento que luego volvió a la naturalidad. Claro, ahora que vamos de viaje a un parque de juegos tuve una ocurrencia. —¿Que piensas te gustaría subir a atracción? Podríamos ir a una rueda de la fortuna nunca me he subido a una.— Pero como cupido y cronos no puedes volar muy lejos cuando el tiempo decide cortarte las alas. Yo no se como funciona una rueda de la fortuna, no voy a poder hacer nada al respecto para insistirle por lo que eso muere allí. El meneo del barco comienza a llamar mi atención, mirando a las ventanas del horizonte. No solo ver como está el clima, ver cómo las personas corren de un lado al otro con atención. Ya he visto estas rutinas antes, he andado en barcos de pesca y se que cuando la gente se mueve de esa manera es por algo tan importante que tiene nervioso a todos. 

El cambio de dirección fue transmitido de la marea al barco, del barco a mis pies, de mis pies a mi cabeza que dejó de dar centro a mi compañera. Miré a mi alrededor este cambio no pasa inadvertido, he sido navegante, he estado allí afuera y la marea habla. No es muda, si las cosas están tensas allí afuera ella lo hará saber, si todo está tranquilo ella te dejará llegar a tu atracadero con tranquilidad. En eso cuando las botanas se acabaron ella 

Por mi cabeza pasó una idea clara de otro tipo de propuesta pero Asherah desde hace un rato parecía querer resguardarse, querer entrar, querer escoger una mesa en el centro de todo. ¿Sería que a ella no le gusta viajar en barco? No parece, pero son las señales que se interpretan. Además de que prefería estar en su habitación. Ella es muy serena, podría estar de mareos y aun así no lo sabía del todo. —Si me entero de algo te lo haré saber. — Nuestro caminos se separaron, no quería dejarla sola pero mi curiosidad me hizo asomar a ver qué ocurría afuera. El mar estaba calmado y parecía que nos acercabamos a donde atracar temporalmente. 

Busqué salir, recibir un poco de esa brisa nocturna y enterarme pues que tenía a todos de sobresalto. En cuanto estuve viendo desde el frente los miembros de la tripulación del ferry el buda me insistieron que volviese a entrar y es cuando pude ver desde mi posición. Un destello, allí vi lo que parecía una silueta encapuchada, seguido de una brisa nos empujó a todos dentro con fuerza derriba hasta el más duro. Mi orgullo está destruido tras ser tumbado por la fuerza de la naturaleza como esa. En el suelo luche por querer ponerme de pie pero fue imposible, una presión llegó sobre mi, no como el miedo que sientes a una pesadilla, no como el terror que tienes al ver una araña, maldición. Quise luchar, oponer mi voluntad a tal sensación pero me encontré vencido como todos. 

— Ah-ahs… — Inmediatamente fuí a buscar extendiendo mi mano en dirección de las habitaciones, quería claramente buscarla pero no lo lograría en absoluto. Vencido todo se fue a negro y con ello mi esperanza por velar por su bienestar.

cosas off
#28
Atributos del personaje


¡Pero ¿cómo se atreve a decir que somos noviooooos?! ¡¡¿Comprometidos?!! ¡Fue solo una citaaaaaaaaa! ¡Y ¿cómo se atreve a poner esa pose tan dramática?!

―¡Pero ¿qué comprometidos?! ¡No somos novios! ¡¿Y cómo que romperle el corazón a LinLin?! ¡¿No se supondría que te lo tendría que estar rompiendo a ti en todo caso?! ―Los puños cerrados, que había mantenido a la altura del torso y moviéndose al compás de mis palabras, terminaron por quedar junto a mis caderas cuando extendí los brazos por la indignación―. ¡¿Tú te escuchas?! ¡Te importa más ella que yo!

Jamás lo admitiría, ¡pero estos piques son de lo más divertidos! Además, la llegada de Enji, Juan y el resto de la División 80 relajó aún más la situación, al menos hasta que se mencionó a Kazan. Quise meterme un poco más con Shin, preguntándole por qué no lo había atrapado en el pasado, y la mención del mar lo explicó todo…

―Ah, tiene sentido…

Aun así, en ese momento mis pensamientos giraban en torno a la idea de que quizás tuviéramos que atrapar a una buena persona. Una idea que me traía retazos del pasado a la mente y dudas extendiéndose en mi pecho.

Pero si los tintes no se habían oscurecido aún lo suficiente con mis recuerdos y un grupo de piratas amenazando la seguridad de civiles, una sombra invisible comenzó a envolver a Shin y a Kael, alcanzando primero a Dimitri y a punto de extenderse a la División al completo.

―¿Quién te crees para darme órdenes?

¿No se suponía que hoy era un día de feliz reencuentro? Y al primer momento de presión, en la primera oportunidad de mostrarnos unidos…

―Pero si quieres seguir el formato de las tripulaciones piratas...

Los entendía… De verdad que sí… Los dos querían lo mejor para la tripulación, aunque a veces un mismo objetivo podía tomar caminos muy distintos.

―¿Te tengo que llamar a ti revolucionario…?

Si la duda ya estaba sembrada en mi pecho, la culpa germinó con ella. «¿Yo también lo soy…? No todos los piratas…». Y no solo la culpa. «Cuando lo sepa, él también me va a odiar...».

― … y no voy a dejar que se cometa el mismo error otra vez.

Imaginaba que habría una historia tras aquella frase que seguramente yo no debería de haberlo oído, pero… ¿por qué tenían que decirse palabras que hacían daño…?

Mi mirada ya no se encontraba sobre ninguno de ellos, sino en algún lugar abajo que ni yo misma podía percibir. Para cuando me di cuenta, encontré mis dedos nuevamente enredados en mi colgante, igual que había ocurrido de madrugada. No supe en qué momento me había desabrochado lo suficiente la chaqueta como para poder alcanzarlo, ni cuándo mi otro brazo se había pegado a mi cuerpo bajo el pecho, apoyado la mano en la parte interior del codo del derecho, casi abrazándome.

Me bastó ser consciente de aquello para forzar una tímida sonrisa.

―Chicos… ―los llamé con las orejas aún gachas y el más suave y dulce de mis tonos, procurando ocultar la súplica silente en mi mirada―, sé que la situación es complicada, pero solamente podremos enfrentarnos a lo que nos espere si trabajamos en equipo… Sois amigos, ¿no…? Eso importa más que nada… Es lo principal para poder lograr juntos todo lo demás...

Fue entonces cuando sugerí hablar con Shin sobre la información que le faltaba sobre mi fruta antes de ponerme a ajustar las velas. ¿Tal vez estaba estresado porque acababa de llegar y sentía que no había pasado tanto tiempo en el grupo como el resto? Tanto si era el caso como si no, esperaba que el contarle los detalles sirviera para recordarle que era uno más y que juntos formamos un equipo.

Por suerte, Akira llamó no mucho después y las cosas parecieron estabilizarse. Su información sobre los piratas, si bien algo creativa, era muy acertada y se notaba que se había informado bien.

Saber que había otra tripulación de los nuestros trabajando con nosotros me ayudó mucho a recuperar algo de paz.

*****

Las velas hacía tiempo que estaban ajustadas y no necesitaban más mi presencia y la de Choi. Desde la proa, donde me encuentro apoyando mi peso sobre los brazos cruzados en la barandilla, observo con tensión adormilada y contenida el ferry que se encuentra ante nosotros. No puedo evitar reprimir un escalofrío cuando el cada vez más frío viento agita mis cabellos mientras pienso en todo y en nada a la vez. Hay bastante movimiento pero, al menos, no parece haber nadie en peligro inmediato. Aun así, con esta oscuridad creciente…

Mis orejas se yerguen en cuanto detectan una voz. Algo que se está diciendo en el ferry. Al tener el viento a favor y no estar lejos, consigo escuchar el mensaje. «¿Kutsukku…?». Seguramente Dimitri ya se habría dado cuenta, pero por si acaso corro hacia el timón para avisar a todos.

―¡Chicos, es Kutsukku! ―informo conforme me acerco al trote, sin estar del todo segura de lo que habían hablado hasta entonces―. Lo han dicho por la megafonía del ferry. Dicen que necesitan reparaciones, pero eso es raro, no parece haber habido un ataque como tal… ¿Será una forma de poner a salvo a los civiles… o una trampa de los piratas para huir? ¿Creéis… que habrán tomado al capitán como rehén…?


Dimitri es quien más información pudo dar sobre la isla. El corazón se me acelera ante la mención de una posible emboscada, y ante la indicación del castaño asiento y tomo mi Den Den Mushi.

―Contacta con cualquiera de los Den Den Mushi de la División 80 ―ordeno y espero unos segundos hasta que alguien se conecte―. División 80, aquí Nyra, de la División 75. El ferry se dirige a Kutsukku, donde hay presencia de bandas criminales. Debemos estar atentos por si se tratara de algún tipo de emboscada. No sabemos si los piratas han llegado a algún tipo de acuerdo con estas o si han capturado al capitán del ferry. Debemos estar preparados para lo que sea.

Espero unos segundos por si hubiera respuesta, que escucharía atentamente, antes de colgar. No mucho después, soltamos ancla para que el barco no se moviera.

Hasta entonces, la noche daba caza al arrebol. Ahora, le dio muerte con reflejos de esmeralda. El sonido del viento llenó el silencio, agitando nuestros cabellos con más fuerza cada vez. La niebla cubría la isla, dificultando aún más la misión.

―¡Voy a ver qué puedo ver!

Echo a correr de inmediato hacia la baranda más cerca a la isla justo a tiempo para notar una figura. Un estallido, un trueno sin relámpago que lo anunciara y con el poder de desestabilizar por un instante el viento de la tormenta. Un golpe intangible que me golpeó hacia atrás. Por una fracción, de segundo, creí que era una de esas veces que la sensación de caída te despierta de golpe con una sacudida, con la diferencia de que ahora apaga mi consciencia con la misma fuerza.

«A ellos no…», logro pensar mientras caía. «Por favor...».

Con un golpe, ya nada más existió.

Información
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
#29
Atributos Personaje


El viaje se había vuelto particularmente tenso para Mizuki luego de que se dieran las alarmas en el muelle de la isla Baterilla, sin embargo aunque un navío de la marina siguiera al barco que se dirigía a los cabos gemelos y el afamado parque de diversiones se estaría inaugurando más allá de los mismos. Los diversos pasajeros de la embarcación tenían reacciones que podrían considerarse adecuadas a las noticias, al menos los que habían escuchado algo al respecto, otros simplemente se alejaban de la gente más sospechosa y muchos, como hacen tantos humanos, simplemente ignoraban aquello que les resultaba inconveniente o desagradable demostrando la infinita adaptabilidad del populacho humano.

Por un momento la rubia acaricio la espalda de su alada amiga para intentar reconfortarla tras verla mirando por doquier y frotando sus nudillos de forma aparentemente nerviosa -Todo irá bien, después de todo estamos unidos en este viaje y no importa qué clase de terrores el parque de diversiones traiga estoy segura de que habrá suficientes para que todas podamos pasarlo bien sha sha sha.- como siempre bromear y desviar el tema era una buena forma de reducir la tensión de lo que pudiera estar pasando ya fuera en el momento o en la mente de sus camaradas -Y llevas la razón con lo de que luego podremos poner las cosas patas para arriba sha sha sha-

Al escuchar los comentarios de Kazan sobre la parada técnica del ferry y el destino al que se dirigían la Gyojin de ojos azules lo miró aprensiva antes de suspirar -Yo tampoco termino de creer que el viaje desde Baquella hasta la reverse mountain hubiera tenido que tomar este curso, pero el mar ha estado comportándose de forma extraña y cruel para con los materiales del barco, yo también hubiera preferido recolectar materiales extra y prepararme para lo peor si estuviera navegando esta cosa tan cargada de gente.- comentó mientras explicaba su propio compartir de opinión con las acciones del navegante, aunque quizás ella hubiera preferido ir a una isla diferente en lugar de apuntar por una como aquella.

Había algo extremadamente raro en el ambiente, no era solo el clima, la neblina cerca de la isla que nunca antes había visitado, la tensión en algunas personas específicas, la falta del sol estaban empezando a incordiar a Mizuki, pero no era nada grave de momento, al menos no hasta que de repente algo desconocido, una presencia titánica se hizo presente, aplastándola antes de que ella pudiera tan siquiera entender que estaba pasando, sus pensamientos llegaron a procesarlo, pero fue incapaz de articular palabra alguna antes de que su cuerpo cayera inconsciente sobre el barco a un par de metros de sus compañeros.

Off
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
#30
Atributos Personaje

Ya habían pasado horas desde zarpar, y parecían quedar atrás los días del South Blue, siendo que ahora junto a Alek y Miyori nos encontrabamos en viaje primero a parar en New Era Joy Park, y luego seguir nuestro verdadero itinerario, la incursión al Grand Line. Realmente lo del parque de diversiones no era algo que me volviera loco ni despertara el mayor de los intereses, sin embargo, no quería dejar pasar la oportunidad de conocerlo, además Miyori estaba bastante ilusionada con él. Por otro lado, yo, al igual que Alek tenía mis ideas más enfocadas a otro asunto… Todo parecía indicar que todos los puntos convergerían allí, había incluso sonado una alerta de la marina mencionando a muchos que estabamos en el ferry por si fuera poco, y podía verse como un barco nos seguía y detrás de éste, dos barcos más de la marina. Era innegable, en el New Era, pasarían cosas, esa era la promesa que me llamaba y que a su vez despertaba interés, puesto que prometía más allá de los peligros, que no habría aburrimiento, más bien sería totalmente divertido, o eso creía.

Sin embargo, curiosa forma de obrar la del destino, que tuvimos que desviarnos a Kutsukku… Conocía la isla, sabía que claramente no era un sitio vacacional ni punto turístico… Aunque dada la congregación supuse que no haría falta preocuparse, por no mencionar que Kutsukku siempre despertó cierto interés en mí… Después del todo era casi una isla olvidada por la buena fortuna o la justicia, donde mandaba quien más poder tenía, y esos, eran cuatro bandas, que ninguna de ellas se llamaba marina, o estaba afiliada al gobierno. Por lo demás, fue imposible no disfrutar del viaje, amar el amar, su viento, su mecer, Miyori… Alek… A quien llevaba tiempo esperar volver a encontrarnos para finalmente cumplir nuestra palabra e ir en búsqueda de la total libertad zarpando a altamar.

Sin embargo… Los azares del destino y sus caprichos nuevamente tomaban cartas en el asunto otra vez. Entrando en aquellos dominios de tal turbulenta y mal afamada isla, las tornas volvían a cambiar trayendo un nuevo barajar, casi desechando las cartas en juego sobre la mesa. Junto a la violinista, de pronto, el estruendo no demoró en llegar, rugiendo en todo lugar desde los cielos, amplificando su estruendo con los vientos. La presión era ominosa, aplastante… No había sentido algo igual antes, me sofocaba… Mi cuerpo no respondía… A duras penas había logrado poner mi mano sobre el mango de la katana como si la amenaza fuera real, física, y con lo último dirigir una mirada a Miyori… Le había fallado… Alek también no pude cumplirle mi palabra… Estaba indefenso, y totalmente sobrepasado por una presencia invisible pero brutal que arrasaba con total dominancia, no estaba frente mío pero aún así era una voluntad que se imponía, como una montaña en medio del camino…

No pude resistir más… Mi cuerpo cedió, mis fuerzas flaquearon… ¿Acaso éste era el destino?... La oscuridad poco a poco se adueño de mi vista, y la gravedad finiquitó el trabajo. Yaciendo inconsciente junto a Miyori.


Cosas


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