[ P.A| Aventura T3 ] Una historia sin importancia
#1
Introduccion

Ost


88 de primavera – Año 17

11:00AM – Mañana – Soleado



La pequeña comuna Wasurerareru ubicada en el sur de Sorbet era como todas las demás de aquel sector. Una aldea empobrecida, que día a día veía lo positivo pese  a sus horribles gobernantes. Diario, sus habitantes se levantaban a tempranas horas de la mañana, solo para disfrutar lo poco que podían en una existencia tan oprimida que, si se detenían a pensar en ella, sentían que no podían hacer absolutamente nada con sus vidas. Sin embargo, lejos de llorar, se aferraban a la esperanza de que algún día sus situaciones pudieran cambiar y por eso, lo daban todo cada día.

La ingenuidad más pura que todo ser humano llevaba en su corazón, más era la energía suficiente para que sus sueños se mantuvieran vigentes.

Y como de sueños va la cosa, nos trasladamos al lugar en donde inicia esta historia. La cantina Ruffus, una pequeña, envejecida y agujereada cantina, con mesas de madera gastada, sillas viejas, copas de piedra y el mejor vino de uva de toda la isla. 




“¡Star! ¡Ya te dije que no molestes a los clientes!”

Exclamó la alegre cantinera, que revoloteaba de un lado a otro por el lugar, llevando bebidas tanto a los clientes que buscaban escapar de sus problemas a través del alcohol, como a aquellos que, tras escuchar sobre la especialidad de la casa, habían llegado hasta allí para probarla.

Entre este pequeño y reducido número de la población, se encontraban Runin Kitay y Barald Kane, dos miembros de una tripulación pirata bastante nueva con un horrible capitán.

“No los molesto maaaamá, solo les estoy hablando sobre la leyenda de Ruffus…” Contestó una pequeña de cabellos sonrosados (click aqui para verla). La cual, de forma descarada, se sentó  en la misma mesa en donde los dos piratas se encontraban degustando el vino más delicioso que hubieran probado en la isla. Su consistencia era suave, dulce y profunda, como si las uvas marcaran el camino de sus gargantas y dejaran una sensación agradable en su paladar.

“¡Ruffus era el tesoro de mi tatarabuelo! ¡en su diario decía que no había mejor compañero y que jamás había perdido una sola pelea con el de su lado! ¡decía que uno solo de sus dientes te daba suerte para diez vidas! ¡una criatura que seguramente solo han escuchado en leyendas!” Exclamaba emocionada, estirando las manos a los costados, ignorando, claro, las miradas acusatorias de su madre desde lejos para que dejara de molestar a los clientes.

“Les contare un secreto.” Menciono cubriendo su boca con la diestra después de ver sobre sus hombros que nadie los estuviera espiando. “Ruffus es el nombre de un dragón y mi ancestro fue el último domador de dragones”. Al término de sus palabras una sonrisa iluminó el rostro mientras ella se levantaba sobre su asiento. “¡Y yo seré la próxima domadora de dragones! ¡Recuerden mi nombre porque seré la más famosa del mundo Shioshioshioshio! ¡Star Rivel la ama de dragones!” Reía para sí misma con la confianza de quien cree decir la verdad.

“Niña, por Dios…” La voz de su madre resonó detrás de ella, interrumpiendo sus carcajadas y luego la pequeña de no más de 6 años, fue tomada por debajo de sus axilas para bajarla de la silla donde se había levantado. “Por favor, discúlpenla, desde que su padre murió no hace más que leer los libros que dejó, seguramente es algún libro de fantasía.” Expreso con la dulzura de quien espera no incomodar a quienes tan amablemente dejaban dinero en sus arcas.

“¡Claro que no! ¡La historia de Ruffus es real! ¡mi padre lo sabía! ¡y por eso me dejó el último diente de un dragón!” Contesto ofuscada, sacando de los agujereados bolsillos de su vestido una piedra. Sí, una piedra con la forma de un colmillo, la cual puso sobre la mesa. “¿Ven? Un foking diente de dragón.”

La cantinera suspiro cubriendo el rostro con la derecha en una expresión de bochorno, pues ya sabía lo que estaba por ocurrir.

“Y podría ser suyo por solo 100 mil berrys, Shioshioshioshio” Reía descaradamente, como quien no sabe aún estafar a otros. “Seguro que en el norte la podrán vender por un millón de berrys  Shioshioshioshio” Continuó riéndose de forma exagerada, al igual que un joven inocente que no puede sostener una mentira sin ser descubierto.

“Disculpen, les daré otra botella de vino en compensación…” La madre agachó la cabeza frente a los piratas.

“¿Que? No, claro que no, ¡ellos tienen que darnos dinero, no al revés!” Se molestó, viendo a su madre volver a la barra, para servir otros tragos.

“Chss… ¿entonces? ¿me compran la piedra o qué?”

Off Rol
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#2

La monotonía genera aburrimiento, el aburrimiento produce desmotivación y la desmotivación propicia sentimientos de vacío perpetuo. Resulta inconcebible que alguien como Runin Kitay pueda caer en ese círculo vicioso. ¿No es así? Después del tercer día repitiendo el mismo desayuno a idéntica hora, observar la caída del sol durante el atardecer y degustar el mismo vino insípido directamente de la botella; se dió cuenta que estaba desperdiciando su estancia en Sorbet.

Incluso Cardan le instaba a leer revistas nuevas, le acercaba el den den mushi como si esperase que la solución estuviese al otro lado, en cierta ocasión hasta cazó por sí mismo un ratón para ella. ¡Cardan cazando! La amazona supo en ese instante que era hora de moverse o lo siguiente que encontraría bajo su cama sería una cucaracha y, después, a su serpiente muerta a un costado. —Muerte dada por la fémina, claro está. —

Quizá ese último fatídico pensamiento fue lo que la llevó a sonreír tras la línea para contactar con Tezca y Barald; el primero se encontraba ocupado en sus propios asuntos, el segundo no pudo librarse de las intenciones de la fémina.



”Cariño, yo jamás invito a nadie el desayuno, deberías sentirte halagado, fufufu~ ¡Nos vemos mañana!”

Fueron las dulces palabras cargadas de obligación que Runin pronunció para ganar la aprobación de su nuevo compañero de tripulación.

Agradable fue la sorpresa cuando esa noche, en medio de algunas charlas ocasionales con el posadero, este mencionó un pequeño poblado de nombre impronunciable que parecía olvidado por el mundo, pero no por su gente. Roído por el paso del tiempo y el infortunio de no tener recursos suficientes como para mejorar las edificaciones en condiciones óptimas; aún así, las personas son limpias y, constantemente, tratan de mantener el poblado pulcro. Desde los caminos de piedra lijada hasta las pequeñas lanchas lustradas que se adentran al mar en busca de peces que no crecen lo suficiente.

“Si quieres respirar aire fresco, caminar por calles limpias y ver el atardecer más bonito antes de que el faro se prenda, es tu lugar; además...”

El panorama se escuchaba enternecedor; un lugar que Runin podría conocer en solitud, pero que no podía imaginar visitar en compañía para explorar; a no ser que tuviera un motivo decente y claro que lo tenía:

“... tienen el mejor vino de toda la isla. Ni siquiera en el norte podrás encontrar algo como eso.”

¡Vino!

En la escala del 1 al 10 ¿Qué tan alcohólica era por querer desayunar con vino en copa? Probablemente un sólido 5: no pensaba emborracharse tan temprano. Eso podían dejarlo para después.


—Fufufufufu. ¡Hubieras visto a Ryota en frente del oso queriendo ser su amigo! —Cuenta la fémina al día siguiente, disfrutando de la copa de piedra repleta de vino; es su segundo vaso. Despreocupada unta un poco de pan en el interior de la pequeña vasija que contiene estofado de cerdo. Mantiene, cruzado sobre el pecho, un pequeño bolso. Esta vez ha decidido pagar el consumo de ella y su compañero. ¿Buen humor? Quizá. —Había fuego por todas partes y…

Lo que empieza como una irrupción termina por convertirse en la impresionante historia de un hombre domador de dragones; una leyenda de la que nunca había escuchado en su vida, pero qué, muy a su pesar, ha llamado la atención de la amazona. Era eso o el simple hecho de disfrutar de la imaginación, soltura y sueños de la animada infante, quién sin temor desobedece abiertamente a su madre. Runin niega con delicadeza en dirección de la regente del establecimiento, restándole importancia al comportamiento de la pequeña. Sonriendo brevemente en dirección a Barald, como si le pidiera mantener la paciencia.

Curiosa acerca el rostro hacia el de la niña. ¿Un secreto? Runin puede guardar un par. Relame sus labios con parsimonia, a punto de dar un consejo.—No puedes ir contando esas cosas, Star Rivel. ¿Qué tal si alguien escucha tu secreto y decide robar tu sueño? ¡Aún te hacen falta años para zarpar! —La siempre melosa voz de la fémina parece modularse para usar un tono más vibrante, jocoso y entrañable. Una sonrisa apacible embriaga la expresión de la pirata. Está a punto de responderle a la regente cuando Star interviene.

Uno.

Dos.

Tres.

Los segundos pasan mientras la infante muestra el trozo de piedra y, seguido, se atreve a intentar venderles su más preciado tesoro a un par de desconocidos. Runin aprieta los labios entre sí, forma una línea recta que parece contener lo que realmente desea hacer. ¿Levantarse e irse del establecimiento? ¿Fruncir el entrecejo y pedir que eduquen a la pequeña estafadora en potencia? ¿Regañar a la niña que los ha interrumpido? No, ninguna de esas opciones es correcta.

—F- —Al final no es lo suficiente fuerte, no logra contenerse cuando una carcajada escapa desde el fondo de su garganta.



—¡FUFUFUFUFU! ¡Qué astuta!

Runin sostiene su estómago, golpeando un poco con sus botas negras la madera vieja de los tablones que recubren el establecimiento. —Me gustaría comprarte más de un diente de dragón, Star, pero aún no me vuelvo lo suficientemente rica como para seguir el sueño de alguien más. —Divertida niega, incluso la comisura de la vista se ha aguado.

—Fufufufu, no te preocupes, cariño. Star tiene razón. Pagaremos el vino, no hay nada qué compensar. —Niega, observando a Barald. —¿Has escuchado eso, Bary? Le ha llamado “piedra” en lugar de “diente”. Alguien aquí debe aprender a estafar mejor. —Runin suspira, tranquilizándose. —Puedo darte 50 berries y una charla sobre estafa, pero tendrás que ponerla en práctica cuando crezcas un poco; mis métodos son más… físicos. —Guiña en dirección a la infante, intentando asustarla un poco.

—Fufufu, si no te molesta, Bary. ¿Star puede sentarse con nosotros? —Con tranquilidad ofrece su tazón a la infante, no sin antes terminar el pedazo de pan que ha embarrado antes. —Cuéntanos de dónde has sacado la historia de los dragones, somos personas muuuuuuuy curiosas. —En términos generales, a Runin le gusta tratar con los niños, por muy molestos que estos puedan llegar a ser a veces.


Bolsa de estrellitas
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#3
 

Acababa de entrar la noche, la gente descansaba en sus hogares después de sus trabajos y cenaba con su familia mientras contaban historias y reían disfrutando de una cena caliente, pero el joven ya no tenía nada de eso. Desde hace aproximadamente un año el pelinegro emplea diferentes horas de su vida en mejorar sus capacidades asesinas y las horas nocturnas eran sus preferidas. El sonido del acero cortando el aire, ahí estaba la prueba de que tanto el, como Nishiki, habían mejorado. El herrero Murasame no mintió cuando forjo ese arma, el arma capaz de evolucionar así como lo hacía su dueño. Atrás quedo aquel cuerpo flacucho y débil, fruto del esfuerzo había cultivado su mente y cuerpo para convertirse en una maquina asesina capaz con intención de mutilar aquello que se le pusiera por delante. En la armería menos famosa y más piola de Sorbet, un hombre promedio desafiaba las leyes del cuerpo humano frente a un muñeco de entrenamiento de paja. A escasos 3 metros de el, portaba su arma con ambas manos, concentrado. Una gota de sudor que recorría su cara, cayó al suelo, preciso instante en el que avanzó acortando distancia hasta quedar al lado del muñeco de entrenamiento con el arma completamente estática. Un parpadeo, menos de un segundo.

Pudo escucharse el acero cortando el aire una vez más, era un sonido extremadamente bello y adictivo. Dos cortes se dieron en el muñeco, en cambio, tan solo podía escucharse uno. - Dos cortes que suenan como uno ¿lo dominé? - Tras aquello, la cabeza y el brazo del muñeco cayeron al suelo. Pudo verlo aquella vez cuando el Yakuza vino a verle aquel día en el que mafiosos destrozaron la armería, también había visto al viejo maestro hacer gala de aquel dominio de la espada, lo había conseguido. Su nivel como espadachín había mutado, así como su cuerpo y mente. Sentía algo especial en su arma, era diferente al resto, como si tuviera su propia alma aunque esto quizás solo fueran percepciones suyas. Recibió la llamada de la amazona, colgó el den den, encendió uno de sus últimos cigarrillos y dejo una nota escrita en la mesilla de recepción de la armería donde ponía un " Mañana no vengo, me tomo el día libre" para que Shiba lo viera en la mañana, todo esto antes de emprender su viaje hasta el apartamento para finalizar su día.

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- Quiere beber desde temprano, es una realidad ... tiene que buscar novio para estar mas distraída o acabará siendo alcohólica. -


El nuevo día llegó en la cantina donde tomaba un zumo de piña con pajita disfrutando del estofado y de la compañía de su nueva amiga contando aquella historia en la que Ryota intentó hacerse amigo de un oso ¿casualidad? el lo intentó con un tigre, ojala pudiera haber sido su mascota. Aun sueña con caminar junto a un tigre salvaje por las calles de Sorbet. Al llegar había colocado su gabardina en la silla para sentirse más cómodo, portando un elegante jersey ajustado negro con el cuello cerrado, un pantalón elegante, un cinturón lujoso y los zapatos brillosos como la vida misma, cayendo sobre su pecho un colgante fino y sutil de oro, con una estampa en el medio circular la cual se abría para poder que había su interior. La niña de la cantina, curioso, sentía una debilidad profunda por las niñas ya que le recordaban a su hija, decidió escucharla atentamente, sentía que a los niños había que mostrarle validez cuando hablaban para que crecieran seguros de si mismos y al igual que Runin, no pudo evitar sonreír al ver que clase de niña era, entrelazó miradas con la amazona y decidió seguir escuchando sin decir nada.

Era astuta e ingeniosa sin duda, expresarse diciendo "Un foking diente de dragon" hizo que Barald se llevara la mano a la cabeza para evitar reírse más de la cuenta frente a ella. Runin en cambio, de la risa soltaba algún que otro lagrimón. Se giro hacia su madre que apareció para detener los planes de una estafadora potencialmente peligrosa y con un tono tranquilo y apaciguado mostró total tranquilidad. - Descuida, no te disculpes, no molesta para nada. - Breve tras su discurso dejo que Runin hablara con la niña mientras llenaba la taza de zumo de piña para que posteriormente se la ofreciera a la niña y pudiera beber algo, mientras tanto, centró su atención visual manteniendo contacto con la madre de Star mientras estaba allí sentado, teniendo a su derecha a  la misma, no sin antes contestar. - Claro que puede sentarse. Siempre es bienvenida una chica que tiene un diente de dragon millonario dahahahahahaha. - Contestó a Runin, esbozando una leve risa para posteriormente dirigirse a su madre.

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- Dejar que los niños sueñen para cuando sean adultos los persigan ...  ¿crees que sería capaz de domar un dragón? desparpajo tiene y mucho, no se ve eso todos los días. -

Alagó la personalidad de Star y aceptó de buena gana su compañía, intentando transmitírselo a su madre con buenas palabras y una profunda reflexión. - Gracias por la hospitalidad me encanta el estofado. - Dijo sonriendo a la mujer pelirroja a lo que educadamente, hizo una presentación grupal. - Ella es Runin, ya ves que la gustan las niñas y yo soy Barald ¿quizá vinimos un poco tarde a desayunar no? No me extraña que tenga tanta fama en Sorbet ¿haces tu sola todo este trabajo? tiene mucho merito. - Barald no mentía con sus palabras hablaba con total naturalidad de aquel lugar, era un sitio común que quizás no destacaría en nada a simple vista pero tenía su magia, al igual que la comuna junto al faro ¿sería un buen lugar para retirarse de la vida pirata para vivir una vida tranquila?


Cofre del tesoro

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#4

La buena respuesta mostrada por la amazona de ojos chocolate y el caballero de mirada apagada, hizo sonreír a la pequeña. Lejos de mostrarse reacios o enojados a su intento de venta; aceptaron sus palabras de buena gana e incluso alabaron su gran ambición. Aunque la mujer se rió de más, sin embargo, no llegó a molestarla, podía permitir eso de alguien que posteriormente aceptaba en un futuro comprarle uno de sus invaluables dientes de dragón.

“Heeeeyyyy, no es, ¡no es ninguna estafaaaaa!” Insistió la pequeña con lágrimas manipuladoras en sus ojos, tratando de doblegar las sagaces mentes de los mayores.

Por su parte, la madre y dueña de la taberna, agradeció la amabilidad para con su hija. Insistiendo en la reverencia, para luego ir por otra botella de vino y llenar los vasos de ambos.

“Oh, gracias.” Expreso la pequeña, sentándose junto a ellos y sin ningún remordimiento comenzó a comer del plato que tan amablemente, Runin le había alcanzado. “Ya lo mencionó mamá, lo leí en la libreta que dejó mi padre.” Comentaba sin masticar del todo su comida, haciéndose la fuerte ante un hecho que claramente la dejó un poco más seria de lo habitual.

“Runin y Barald, tengo que agradecerles por su amabilidad.” Expreso la dueña de la taberna, ya con el vino en mano y llenando las copas de ambos hasta el borde. La mujer de hebras sonrosadas les agradeció con la mirada para luego ver a su hija devorándose la comida de la morena. “Antes lo hacía con mi esposo, de hecho, este bar era de su familia.” Comento con un dejo de nostalgia en sus palabras. “Yo solo heredé el lugar y la receta para hacer el vino de él, siempre fue mi sueño tener un lugar donde las personas pudieran llegar a disfrutar un poco de sus apurados días, dar algo de sol a una zona tan carente de ello.” Sonrió para sí misma, tomando la botella en ambas manos y apoyándola contra su pecho.

“Mi difunto marido me regaló eso, aunque su sueño siempre fue salir al mundo para encontrar los restos de las criaturas de sus libros, era un apasionado de la arqueología.”  Al término de sus palabras, la mujer fue llamada por uno de los comensales y con un gesto de disculpa, agachando un poco la cabeza, continuó atendiendo el bar.

“Mi padre anotó todo tipo de historias increíbles en su libreta. Incluida la historia de Ruffus y nuestro ancestro.” Continúo la pequeña, tomando ahora la respuesta que su madre dejó carente de atención. “También dejo un montón de ro… digo, dientes de dinosaurios en un cofre. Él lo llamaba su cofre del tesoro, solo eran cosas que encontraba en sus pequeñas expediciones… solía acompañarlo a ellas.” Sonrió, mitad alegre y mitad triste, como si se esforzara para mantener una imagen fuerte.

“En realidad, antes de morir, sí cumplió parte de su sueño, por eso no me entristece tanto.” Comentó con lágrimas en sus ojos, sonriendo a los dos. “Se enviaban cartas con otros señores de las rocas, siempre se alegraba porque decía que sus hallazgos eran importantes para otros entusiastas y parece que eso fue lo que más le trajo felicidad antes de morir.” Una lágrima solitaria se derramó por su mejilla y la joven rápidamente se secó sus ojos, ignorando el hecho para continuar. 

“Pero bueno, ahora soy yo quien debe cumplir su sueño, pero como excavar me aburre, voy a encontrar los últimos especímenes con los que mi padre soñó alguna vez.” Casi olvidando sus lágrimas anteriores, la pequeña sonrió ampliamente, enseñando una resiliencia pocas veces vista por una menor. “El mundo es gigante y seguro que en el grand lane aún podría encontrar algunos de esos seres maravillosos con los que mi padre tanto soñaba.” Termino de comer, dejando ambos cubiertos a un costado del plato, para levantar su cabeza y liberar su pequeña panza glotona. “Por eso, cuando sea mayor, me convertiré en una domadora de dragones, no tengo ninguna duda.” Expreso esperanzada y segura, con la confianza que solo poseen los niños cuando confían sus sueños más personales a los adultos.


En ese momento, cuando nada podría ser más bello que ver los anhelos de un pequeño y la convicción para lograrlo todo. Las fantasías, el amor y el esfuerzo de quienes luchan día a día por lo que aman… sería quebrado por un solitario grito a las afueras del bar.

“¡PIRATAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSS!”

De inmediato la niña quedó sentada abriendo sus ojos como platos. Lo primero que hizo fue girar a ver a su madre, la mujer en consecuencia también se encontraba sorprendida y los comensales no perdieron tiempo en salir a del bar para ver lo que estaba ocurriendo. “Pero, ¿piratas? Es solo una aldea pobre, ¿Por qué?” Se escucharon murmullos afuera del bar, al mismo tiempo que la madre de la niña, decidió ir hasta la mesa y levantarla entre sus brazos.

“Runin, Barald, disculpen, voy a ver qué está pasando.” Informó a la mujer, saliendo de inmediato del bar con la pequeña, para ver junto a los demás pueblerinos qué estaba ocurriendo.


Y la respuesta no fue otra que ver frente a la cosa, un barco con la bandera negra ondeando al viento. “Quizás solo buscan un lugar donde encallar, no quiere decir que sean rufianes…” Expreso la mujer abrazando con fuerza a su pequeña y ver cómo poco más de cincuenta hombres tras saltar al agua,  llegaban a la playa con armas en mano.

Contenido Oculto


Contenido Oculto


¿Qué estaría por suceder? Y ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Qué querían los piratas llegando de esa forma? Solo el próximo post, lo revelará.

Info
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#5
La positiva actitud y humor de Barald enternece en cierta medida las jocosas expresiones de la fémina. ¿Alguien más a quien se le ablanda el corazón ante la impavidez de los infantes que sueñan con cruzar fronteras, agarrar el mundo entre sus manos y devorarlo hasta obligarlo a generar cambios? Entre dientes de dragón pulidos en piedra, ensoñaciones visionarias que pueden llegar a convertirse en objetivos futuros y el aroma a estofado caliente con tinte hogareño; el nombre de ambos es pronunciado por el indómito espadachín.

La amazona asiente terminando de relajar los risueños gestos. La atención pasa de la voracidad de la pequeña estafadora hacia la amabilidad de una madre que se esfuerza a diario por su hija, una esposa que perdió a su compañero de vida, una persona resiliente que estira la mano aferrándose a sus ambiciones. Aún cuando el sueño de aquel hombre no era regentar una cantina, dio todo lo posible para que la persona que amaba pudiera hacerlo, ayudándola a cumplir sus deseos. El estómago de la fémina se contrae ante el pensamiento. Por acto reflejo, alza la copa con el cuidado necesario para no derramar su contenido y bebe un sorbo sin dejar de prestar atención.

El chocolate de su mirar solo se desvía cuando la dueña del local pide disculpas en un silencioso ademán, continuando con el labor que ella misma ha elegido para su vida. ¿Es oportuno cuestionar? ¿Emitir juicio sobre la profesión del hombre? ¿Mostrar mórbida curiosidad? Separa los húmedos labios cuando la voz de la infante interrumpe sus pensamientos e incógnitas morales. No hace falta preguntar, Star es la primera en continuar con una historia que no les concierne, pero que el par de azabaches están dispuestos a escuchar.

La sonrisa vuelve a depositarse en los labios de la morena cuando la pequeña casi vuelve a dejar escapar el engaño. ¿No es demasiado valiente al atreverse a hablar de un hecho que aún marca el sentido de su vida? ¿Contar acerca del tesoro que su padre resguardaba con cariño? Runin niega en movimientos tan tenues que el cabello resbala por su hombro. El “solo” no existe para aquellos que se atreven a soñar.

Los hombros descienden al notar las dulces lágrimas de quién, aún recordando a la persona que perdió, sonríe. ¿Así que el Grand Line? ¿Llevar a la acción las palabras?



—¿Sabes, Star Rivel? Tampoco tengo dudas.

Emite al notar la comodidad con la que se estira sobre la silla, mostrando el estómago repleto, un semblante optimista y la expectación de un futuro brillante en su mirar.

Los labios de la amazona se separan, deseando indagar, queriendo alentar a la pequeña, quizá jugar con ella o limpiarle los pequeños rastros de comida que se ha dejado en el rostro; mas la sonora advertencia se expande por el poblado como si de un incontrolable fuego se tratase. Los orbes chocolate buscan la intensa mirada carmín que adorna el rostro de Barald. ¿Qué dirían la asustada madre y la sorprendida hija si supieran que aquel par también busca ondear la bandera negra con calaveras? ¿Que, reunidos bajo la tenue luz de una taberna, brindaron por metas venideras, ambiciones y libertad?

Runin se levanta de la mesa, inconscientemente toca el pequeño bolso que lleva encima. Los dedos se deslizan por este cuando la voz de la mujer se alza entre ellos. ¿Querrán probar el dulce vino que aún tilita en el paladar de la fémina? ¿O sus intenciones son más hostiles?



—Daré un vistazo, cariño.

Guiña en dirección al azabache; encaminándose hacia la entrada mientras saca sus guantes, con rapidez acostumbrada se los coloca a modo de precaución. —Seguramente quieren beber algo de vino.

La embarcación se alza en la costa junto a una bandera de lo más ¿Única? Una risa corta escapa de entre los labios de la amazona antes de recuperar la compostura, notando algo particular en los hombres que encallan en la playa, a 20 metros de la entrada a la cantina. —Llevan armas. —Pronuncia en voz alta con la clara intención de alertar a su compañero. —En mano. —Culmina. Inconscientemente se coloca frente a Star y su madre, sintiendo una ligera brisa marina en el ambiente. El clima, aunque soleado, no ha llegado a su máximo punto de exposición, por lo que no encandila la vista ni genera malestar corporal.

—Cariño. ¿Puedes entrar? Escóndete tras el mesón. —Y aunque se lo dice a la pelirrosa a modo de pregunta, un deje de gravedad emerge en la profundidad de su voz. No es una petición, es una demanda. La apremia hacia el interior del local al tiempo que observa el panorama. Los hombres se aglomeran uno tras otro, las voces se vuelven ruido y las puertas de las casas se escuchan en fuertes portazos que indican el terror hacia los hombres del mar. La fémina no cierra del todo la puerta tras de sí.

Runin se adelanta hasta el borde del camino de piedra, habiendo avanzado cuatro metros. Alza la voz, ruidosa, como siempre; sabe que no puede ocultarse, así que llama la atención de los recién llegados con cierta dulzura seductora combinada con insana diversión, haciendo gala de la sorpresa y de sus cualidades. —¡Sean bienvenidos, buenos hombres! ¿Han venido a beber el mejor vino del South Blue?

Para ese instante los hombres han recorrido desde la playa una cantidad de 14 metros; sin perder tiempo después de sus vocablos, la fémina salta hacia adelante, la mirada encendida cuando su puño derecho desciende en un fuerte jab cargado de energía que es expelida hacia una horda de 50 piratas, derrotándolos en el acto.



—Lástima, se agotó.

Masculla, confiando que su compañero cubra su espalda. Incluso si ellos son piratas, no son del tipo que entran a un poblado pobre con armas en manos, aterrando a los pobladores con su presencia. A sus espaldas, en ese bar, hay una pequeña niña soñadora con una madre preocupada que no merece ver su local mancillado por hombres hostiles.

BOLSA DE ESTRELLITAS
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2060 + 0 = 2060
Energia: 2212 - 500 = 1712
Espiritu: 330 + 0 = 330
#6
 

Quien iba a decir que un tranquilo desayuno iba a desencadenar hondonadas de hostias por todos lados. Si hubiera apostado por algo así hubiera perdido, pensaba estar tranquilo hasta embarcarse en el nuevo viaje a Baterilla sin meterse en problemas, disfrutando de la compañía y afilando sus armas, sin embargo ... la acción y los problemas siempre aparecen cuando menos lo esperas. El pelinegro disfrutaba de la compañía de Runin en aquel desayuno con un estofado digno de revivir a un muerto, Star Rivel, la niña del diente de dragón que mostraba tener un gran potencial para ser una estafadora y su humilde madre, viuda de un arqueólogo. ¿Demasiada tranquilidad para durar demasiado no creen? Barald tras escuchar la historia de la humilde tabernera no mostró emoción ninguna en su rostro, aunque sintió algo de pena al saber la historia de su marido, quizás hubiera sido un buen compañero al que fichar para la banda, sin decir palabra alguna centró su atención ahora en la niña, que seguía contando la historia de su padre Ruffus mientras Barald terminaba de desayunar. ¿Será que realmente existen los dragones? Quien sabe si en el Grand Line conocería la majestuosidad de un dragón en persona. Cualquier otra persona no hubiera creído su historia, Barald tampoco lo hacía, en cambio le creaba una duda la cual solo su propia experiencia podría hacerle cambiar de opinión ¿cabria la posibilidad de aquello? solo el Grand Line tenía respuesta a aquella pregunta.

Alertado por los gritos de fuera Barald sonrió levemente. - Te acompaño. - Dijo el pelinegro que bajo ningún concepto dejaría hoy sola a su compañera. Si ella iba a ser la espada que enfrentaría a los enemigos Barald sería el escudo que la protegería con los dientes si hiciera falta, el espadachín era muchas cosas, buenas y malas según quien lo juzgue,  pero sin duda su lealtad era una de sus mayores aptitudes. Dejó que su compañera se encargara de todo lo previo referente a las chicas del bar, al salir ahí fuera observó la bandera pirata con forma de emoticono de mierda de perro rosa, no conocía ningún tipo de banda pirata hasta el momento así que no pudo identificarlos, el grupo de piratas avanzando por la costa armados lo alertó de que se avecinaba una pelea ¿defenderían las costas de Sorbet de aquellos piratas? Si, sin lugar a dudas. Barald avanzó simultáneamente a Runin que ya se había puesto sus guantes de combate. El espadachín empuñaba sus armas en ambas manos, mirando de frente a aquellos que osaban entrar en la costa, avanzando sin miedo a la muerte.

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- mmmm ¿esta gente no sabe a quien tienen delante no? -

Sabía lo que iba a pasar, la amazona haría gala de sus tremendos puñetazos una vez más, no le hacía falta compañía para eso, en cambio Barald se mantuvo a su lado en todo momento mirando al frente, teniendo siempre dentro de su rango de visión todo cuanto viniera de frente sin quitarle el ojo de encima a su compañera y en aquello que se le pudiera acercar. Salto junto a ella, colocándose a su lado justo cuando ella ya había lanzado su puñetazo, no podía seguir su enorme velocidad en cambio, sus ojos podían verlo todo. 

La banda pirata caería con el puñetazo de Runin mientras que Barald preparado previamente para la pelea se posicionaría a un lado de ella con un salto, justo a su derecha a un metro de distancia listo para la acción una vez más. Soltó una bocanada de humo, el cigarrillo en los labios y sus armas empuñadas en ambas manos, necesitaba fumar después de llenar el estomago. Hacia un tiempo que no peleaba, ya era hora de ver si su entrenamiento había dado sus frutos, aunque de momento no parecía tener que intervenir en la pelea pues Runin había eliminado a aquellos hombres con tan solo un puñetazo. ¿Saldría ya el pez gordo? - Dahahahahahahaha, no me gustaría haber sido uno de ellos.  - Ser el objetivo de la amazona no era plato de buen gusto para nadie, más aun cuando en vez de mostrarte algún tipo de cariño te golpea a toda potencia con sus puños.


Cofre del tesoro
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#7

La inocencia de la madre fue detenida por la preocupación de la amazona. Con gentileza, la dama de piel bronceada instó a la mujer para que regresara al bar a esconderse tras el mesón. ¿Sabía ella algo que la dueña del bar no supiera? “No, pero, porqu…” No pudo objetar mucho ante la seriedad de la contraria, pues prácticamente la regresó de nuevo hasta el interior de su bar. “Qué mujer tan fuerte…” Pensó la propietaria, para rendirse junto a un gran suspiro, abrazando aún más fuerte a su hija y regresando la mirada a la puerta. Viendo cómo todos los demás parecían escuchar la petición de la morena a ellas e imitaron el mismo patrón.

“Mamá, ¿Qué está pasando?” Preguntó la pequeña Star con angustia por sus nuevos amigos. “No lo sé, bebe, no lo sé…” Respondió angustiada ante lo que pudiera llegar a ocurrir.

Sin embargo, afuera del Bar, la pareja de piratas se desplazaría en dirección a la costa.

El grande y atractivo saludo de Runin alertó a aquellos marinos con máscaras de helado de fresa quienes, al levantar la mirada, quedaron sorprendidos por la belleza que observaban. “Hey lindura…” Dijo uno que otro, sonrientes en su avance por las falsas ilusiones que se armaban en sus cabezas. No obstante, cuando avanzaron lo suficiente. La diabólica morena presentó su idea de bienvenida, pues lejos de usar sus puños para dominarlos, usó sus curvas para asesinarlos.

Y es que la mujer no se dio cuenta de que acababa de saltar frente a cincuenta hombres con una minifalda que dejaba poco a la imaginación, exponiéndose ante todos los piratas que llevaban quién sabe cuántos días en alta mar sin compañía femenina.

“¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!”

Gritaron al unísono, siendo eyectados con una hemorragia nasal junto con el primer y único sujeto que la mujer golpeó con su ataque. La mayoría de cuerpos cayeron de espaldas algunos metros delante de la posición de Runin y para ese momento el espadachín de negro, caería junto con su compañera, ubicándose ambos, codo a codo como los vencedores de la horda.

No obstante, alguien fue inmune al ataque erótico de la morena. Frente a ellos, a una distancia de dos metros y medio, se encontraba un hombre de gran envergadura (Altura de 3M), músculos prominentes, un kanabo como arma reposando en su hombro y una de esas extrañas máscaras de helado de fresa.


Conn O. Difresa

Tras los agujeros de dicha cubierta, se podían ver un par de ojos furiosos y una mueca de enfado. Tal parecía que no estaba muy feliz con el ataque a sus compañeros y la risa de Barald no hizo más que detonarlo. 
Sin mediar palabra, ni siquiera un aviso, el brazo derecho del coloso que empuñaba el kanabo se movió a una velocidad absurda. Dio un paso al frente y descargó un brutal barrido horizontal, de izquierda a derecha según su perspectiva, a la altura de las costillas, dispuesto a arrasar con uno de sus oponentes. El impacto fue sólido y certero, estrellándose de lleno contra Barald y lanzándolo un metro en la dirección del golpe, lo suficiente para que se chocara con Runin.

No contento con eso, y tras impactar al espadachín negro, el coloso aferró también la otra mano a la empuñadura del arma. Aprovechó la inercia del movimiento para cambiar la trayectoria, dibujando una curva en el aire al elevar el kanabo y, acto seguido, hacerlo descender en un brutal golpe vertical dirigido a la cabeza de la mujer de hebras azabaches. “Apártense, nadie se interpondrá entre nosotros y el tesoro.” Expreso sonriente, haciendo hincapié, a que no era el único de los piratas que había conseguido evitar el poderoso ataque de la morena.

¿Qué estaba pasando? ¿Habría sido mejor saber cuál era el objetivo de los piratas? ¿Por qué Barald no dejaba de oler perfume? Lo sabremos en el siguiente post.

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INFO
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#8
 

Jean-Paul Gaultier; un hombre siempre debe ir bien perfumado para causar buena impresión a las babys. Hoy era el día en el que el dúo aromático matata enfrentaría a la banda pirata de helados de fresa y como era de esperar, el puñetazo de Runin había sido supe efectivo como cuando usas un lanzallamas con un Caterpie, instakill. La horda de pequeños sacos de mierda había sido derrotada en cambio, uno de ellos parecía haberse mantenido en pie como si nada le hubiera afectado, era un tipo enorme con la cara de un helado de fresa ¿era una mascara? nunca usaría algo así en mi puta vida. Portaba un arma a priori poderosa, nunca hasta ahora había enfrentado a nadie así pero siempre había un primer día para todo. Barald sentía un orgullo interno de ser un humano promedio con una gran capacidad de visión de combate igual que un mediocentro creativo, capaz de ver un hueco para filtrar un pase a veces más valioso que un propio gol en la portería contraria. Sus ojos estaban abiertos, observando todo cuanto tenía delante, atento a cualquier cosa que mostrara peligro así que centró su atención en el tipo nada más quedo en pie. Barald no tenía los ojos de un clan de la aldea oculta de la hoja pero si que eran rojos y ambos brillaban ante la aparición de un enemigo potencial al que la amazona de ataques eróticos no había derrotado de un golpe, pero lejos de mostrar entusiasmo más allá de su expresión facial centrada en el combate, solo pensaba en blandir sus armas contra este nuevo enemigo, el cono de fresa.

[Imagen: 7vTwQNr.jpeg]
-Nagare-

Sus ojos lo vieron y su cuerpo fluyó en el combate. Era todo un experto en peleas a corta distancia. Vio claro el ataque inminente y devastador del hombre con la mascara de helado ¿pero realmente era una mascara o es que un helado de fresa había conseguido tener una familia y este ser que esta aquí frente al pelinegro es alguna clase de subraza humana-helado? quien sabe. El plan de Barald en combate siempre era astuto, ser un tipo más lento que una piedra tenía sus desventajas y había que intentar cubrirlas. Posicionamiento y astucia amigo mio; avanzó sin miedo como quien quien busca la muerte frente a un ataque buscando acortar la distancia entre ambos mientras que elevaba su arma, dejando que el combate siguiera fluyendo. El acero de Nishiki tuvo la culpa, su brazo derecho realizó un movimiento ascendente hacia arriba mientras corría hacía adelante, interceptando el kanabo antes de que llegara a colisionar en su cuerpo lo que hizo que el ataque en vez de estamparle las costillas, pasara por encima de su cabeza a 30 centímetros exactamente, dejando que el mismo siguiera su recorrido.

En menos de un parpadeo había creado una apertura en la defensa rival como si fuera Mbappe y había ganado algo de terreno aunque tampoco mucho, simplemente dio dos pasos al frente; dando lugar a la técnica del infinito del Barald Style mutherfucker.  - Mugen. - El corazón del hakuna matata ni si quiera se había acelerado, mostrando así su templanza y tranquilidad allá por donde sus katanas bailan. ¿Dónde esta la marina cuando se la necesita? ¿por que tienen que hacer este trabajo gratis? bueno amigos míos, más allá del dinero y de la fama, esta la gloria y vencer a la banda de helados de fresa era una buena experiencia laboral digna de los mejores curriculums. El objetivo era claro, machetear a placer al enemigo. Giro su cintura acompañando ambas manos en el corte, dando dos cortes paralelos en el costado izquierdo del cono de fresa de derecha a izquierda de manera horizontal pero esto no iba a acabar ahí. Gracias a su riguroso entrenamiento, tras lanzar el primer ataque, volvería a mover ambas manos de vuelta, realizando de nuevo otros dos cortes pero esta vez de izquierda a derecha para tras aquello dar un salto para alejarse de aquel tipo, un salto de unos 3 metros, girándose para evitar darle la espalda y poder volver a tener una visión clara. Pudo notar el olor a cloaca de aquel tipo, no parecía conocer lo que significaba asearse pero lejos de contenerse decidió encontrar la lógica.

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- Hueles a muerto ¿es que tienes un problema de hormonas? ¿por eso tienes la cabeza como un helado de fresa? -

Esperaba no incomodar con sus preguntas o ... ¿tal vez si quisiera hacerlo?
Cofre del tesoro
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1651 + 0 = 1651
Energia: 1287 - 257 = 1030
Espiritu: 288 + 0 = 288
#9

“Te acompaño”

¿Cómo es posible que dos palabras logren derribar incluso los muros más impenetrables? La sutileza de una curvatura se apodera de los labios del joven espadachín: una sonrisa que arraiga decisión, honestidad y camaradería. La firme mirada carmín no permite generar duda alguna cuando la fémina experimenta la reconfortante sensación de haber encontrado compañeros con quienes compartir algo más que momentos gratos y de amena compañía. Barald elige permanecer a su lado, inclusive en medio del caos, el desconcierto y la impulsividad que a menudo guían el accionar de Runin Kitay.

Los cuerpos caen derrotados en vergonzosos hilillos de sangre que emanan del interior de las estrafalarias máscaras con forma de ¿popó rosa? ¿helado? Singular manera de respetar la imagen insignia que se eleva en la bandera de la tripulación. La fémina no puede evitar pensar que quizá llevar ese tipo de vestimenta suelta podría considerarse un aspecto positivo a futuro. Lejos de incomodarse, su excéntrica risa terminó por hacer dúo con la de su compañero; el sonido hace mella en los sentidos de la fémina, no hace falta dirigirle la mirada para saber qué Barald se encuentra a un metro de su diestra, haciendo entender que no está sola.

¿Oh?

No todos los hombres están dispuestos a caer ante sus encantos, aunque evidente, la idea le fastidia en cierto aspecto.



”Debería haber caído rendido a mis pies.”

Cavila sin ahondar demasiado en ello; menos cuando los movimientos del fornido hombre le dejan sin hálito. Ni siquiera es consciente de la velocidad con la que ataca cuando Barald desvía el primer golpe, provocando que el kanabo se eleve. La sensación de victoria es ínfima al notar que el enemigo no piensa detenerse: El golpe sobre su cabeza reverbera por cada fibra de su anatomía.

Un pequeño “crack” resuena: por suerte, no proviene de  su cráneo, sino más bien la pequeña y delicada vincha con forma de hojas, que termina por desprenderse en pedazos sobre la superficie del camino de piedra labrada. Un notable hilo de sangre humedece el flequillo de la fémina, y las ganas de vomitar desequilibran su entorno. ¿Qué acaba de suceder? No le ha dado tiempo a reaccionar. ”¡Reacciona!” Una cachetada mental intenta regresar a la amazona a la realidad, superando el desconcierto inicial y las dolorosas punzadas en su cabeza.

No trata de negar para despertar del todo de la desorientación; porque sabe que, si fuerza demasiado el movimiento, podría terminar sintiéndose más aturdida. Lo primero que hace en ese instante es enfocar la vista. No alcanza a distinguir los movimientos del par de hombres, pero confía en que su compañero se hará cargo a partir de ese punto, al menos el tiempo suficiente como para que Runin intente, en sentido figurado, poner los pies sobre la tierra. Mientras tanto, la fémina empieza a girar con rapidez el brazo derecho, tres veces, al tiempo que la cólera comienza a hacer mella en su sistema.

—¡STAR…! —El grito estalla cuando las rodillas se flexionan apenas y, mientras gira nuevamente el brazo para efectuar su técnica; en un desplazamiento ágil, queda a quemarropa del enemigo; con el brazo extendido, lanza un potente gancho directo a la entrepierna del hombre, siempre cuidadosa de no interferir en los ataques simultáneos de Barald y atacando justo después de él. —¡TRIAL!

¿No tenía un mejor lugar al que golpear? Y no, no se refiere a su puñetazo, sino a su cabeza. ¡La maldita vincha la había comprado tan solo un día antes! Molesta, imita el movimiento de su compañero, alejándose del grandullón con un salto uniforme y largo al ras de la superficie. Gira en el aire para no darle la espalda al enemigo y aterriza a dos metros de Barald. Su cuerpo se mantiene orientado hacia ambos, intentando no perder de vista a ninguno.

—Después de esto necesito que me pongas hielo en la cabeza, cariño. —Menciona mientras vuelve a girar el brazo derecho tres veces; parece respirar un poco más agitada. El ceño se mantiene fruncido, relame sus labios con cierta lentitud.



—Apesta como los mil demonios.

BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
#10

El agudo sonido de los metales vibro por tan solo un instante en los oídos de todos los presentes. Apenas un fino toque del peli negro demostró su maestría con los filos, desviando por encima de su cuerpo la poderosa arma del enemigo en una acción defensiva que pareció detener el tiempo.

Los ojos en el interior de la máscara se esforzaron por seguir el movimiento ajeno, al mismo tiempo que su arma abandonaba cualquier guardia posible. “¡Bastardo!” Proclamó furioso, tensando los músculos de su brazo en un intento desesperado por desplazar el arma a alguna posición ventajosa.

En el último segundo, el kanabo trazó una trayectoria horizontal de derecha a izquierda, a la altura de la cabeza del pelinegro, acelerando en un impulso guiado por el instinto de supervivencia que le gritaba por defenderse del peligro. 

Solo fue un instante, apenas un centímetro, pero fuera como fuera, el combate se inclinó a una de las dos balanzas cuando el arma se detuvo antes de impactar.

“KGGGGHH…” Se quejó el gigante enmascarado al notar cómo su sangre caía al suelo, resultado de la técnica que el espadachín negro había logrado ejecutar antes de que su ofensiva impactara. El dolor lo obligó a interrumpir al instante su contraataque, salvando por un escaso centímetro la cabeza del oponente. “Voy, a mata…” No pudo terminar sus palabras, o siquiera salir del estado confuso en el que se encontraba, pues un segundo golpe aparecía de la nada impactando de lleno contra su entrepierna.

Los ojos tras la mascara se volvieron blancos, las maldita zorra de hebras negras lo ataco justo después de que el espadachín negro consiguiera impactarlo, sumiendo sus sentidos a una niebla espesa que robo su consciencia por tres segundos.

Los oponentes de inmediato buscaron la seguridad de la distancia, alejando sus cuerpos para centrarse en la respuesta del coloso.

“¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHRRRRRRRRRRRGGGGGGG!”

El sonoro grito respondió ante los insultos en medio de aquella calle de piedra caliza mientras se giraba en dirección a ellos. Primero moviendo su cabeza para verlos por el flanco de su visión, para luego verlos frente a frente. Se veía desgastado, cansado por los impactos previos, pero por alguna razón mantenía una sonrisa de victoria en su mirada.

¿Acaso disfrutaba de placer en el dolor? O quizás, había conseguido indirectamente  hacer algo que buscaba. 
“Espero que hayan disfrutado, porque hasta aquí llegaron.” Un semblante serio se plasmo en el rostro de Conn, agarrando su arma con ambas manos frente a él, preparándose para el siguiente movimiento. Por alguna razón, no atacaba, se quedaba allí, esperando.

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