You’re always there at the scene of the crime (Pasado-Social)
#1
Día 70 de Verano, Año 16

-Como alguien me vuelva a soltar que esto es una puta prueba ancestral, juro que me tiró rodando hacia abajo.-¿A quién demonios se le ocurrió poner mil escalones para subir a un jodido templo? ¿No ha pensado en las pobres almas fumadoras como yo? También es verdad que llevo un cigarro a medio fumar entre los labios mientras intento subir escalones de dos en dos.

Pero es que miro para arriba y me mareo con la cantidad de escalones que hay.

Suspiro con indignación, soltando todo el humo de mis pulmones, antes de revolver mis cabellos con algo de desgana. Yo y mi maldita manía de buscarme un lugar tranquilo para fumar, preferiblemente alto.

También es que tengo curiosidad, este sitio tiene ese aire místico y trascendental que te hace pensar y esas cosas. A mi hermano le hubiera gustado, le encantaba meditar, reflexionar y todas esas cosas que a mi me dan sueño o dolor de cabeza.

Así ando yo, subiendo las dichosas escaleritas, cuando de pronto escuchó un golpetazo, uno bastante estridente.

-¡CUIDADO!

Vale, alguien ha resbalado en los escalones estando arriba y viene hacia abajo, rodando y claramente pasándolo mal…Y claro, yo eso de estarme quieta, como que no lo llevo nada bien.

Medio atino a agarrar al hombre, pero la verdad es que yo voy con él detrás, porque no ha sido una buena idea, claramente.- ¡Joder!-Atino a quejarme, genial, me voy a abrir la espalda, la cabeza, seguramente vaya a perder el cigarro.

¡Voy a perder el cigarro!

Al darme cuenta hago lo que todo humano racional debería intentar hacer en esa clase de situación: agarrarme a un escalón, persona, lo que sea que agarre pero que me detenga.

Consigo frenarnos, solamente me he dado un culazo monumental y la marca de las escaleras se me va a quedar en la espalda cual animal print. El problema es que la mochila y las cosas del hombre van escaleras abajo haciendo un desmadre y ya empiezo a plantearme si hice mal o bien.

Pero oye, mi cigarro y mi mechero siguen bien.

Hay gente mirando las cosas esparcidas por las escaleras, otros intentan ayudar, algunos suben a ver como estamos, hay una mujer cerca de donde hemos caído.

-¿Está bien señorita? ¿Todos bien? -Me sacudo los pantalones con algo de queja, mientras me estiro, flexionando mis músculos doloridos ante semejante ostia, asegurándome que nadie más haya terminado herido.-No pienso volver a subir, que conste.- Las cosas del hombre están desperdigadas por las escaleras, le ayudo a levantarse, veo que este al menos entero.

Antes muerta que preguntar por un médico.

-Espera que intento recoger algunas cosas.-Es un hombre mayor, yo puedo tener mis cosas, pero tampoco soy una desalmada, además que ser Pirata no me hace inhumana e Iskan bajaría como fantasma a estrangularme si no lo hiciera.
#2
Limpiarme era algo recurrente cuando llegaba a una isla. No solo se trataba de tomar baños; era una cosa física y espiritual al mismo tiempo, algo que me enseñó mi madre y que ciertamente quedó marcado en mí con el mismo fuego en el que ella desapareció.
Fui directamente hacia uno de los templos de la isla después de aquella amena y ciertamente fructífera reunión, donde conocí a lo que podría ser mi nueva familia… ¿tal vez?
Coatl se retorció en mi espalda mientras subía las escaleras, asomándose por encima de mi hombro y haciendo algunos sonidos, como si me dijera que no me hiciera tantas esperanzas. Aunque, después de tantos años, se sentía bien volver a tener amigos así.

—Aun así, hoy será un día de limpieza. El mar guarda muchos espíritus, Coa.
Iba a paso sostenido; llevaba puesta la capa de lobo rojo con la capucha hacia atrás, mientras me llevaba la pipa de madera quemada a los labios y daba una calada lenta. Todos mis movimientos tenían una suerte de compás rítmico que podía notarse al cambiar de posición.
Exhalé la calada, observando entonces hacia arriba y notando a la chica que iba frente a mí. Arrugué un poco el entrecejo.
—¿Kay? —la llamé por instinto, pensando que era ella. Tenía un cigarrillo en la boca, y la complexión y el cabello eran los mismos.

A mi nariz llegó el olor a hierba fresca quemada y a tierra mojada. Por un momento pensé: Ahh, exquisito, mientras trataba de alcanzarla, apurando un poco el paso y observando también a mi lado derecho cómo se veía ya lejano el pueblo donde se encontraba el templo, y la gran cantidad de enormes árboles que se entretenían por encima de todas las pobres almas que subían hacia él. Yo incluida.
¿Qué otra cosa se le podía pedir a la vida?
Me encontraba sonriendo; tendría alguien con quien conversar cuando llegara a la cima. Pero mi sonrisa se ensanchó aún más a continuación.
—Paciencia en la forja compañera, si es una prueba divina, entonces estamos juntas en ella —le contesté, alcanzándola un escalón más abajo.

Lo siguiente fue caos y destrucción. En ningún momento vi que el hombre frente a Kay hubiera tenido un tropiezo: un grito y un trastazo, un golpe seco y luego otro. La mujer profirió una maldición, y mi cuerpo y mente se prepararon para ser la pared que amortiguara su caída.
Compuse duro el cuerpo y me afirmé con una pierna en el escalón de arriba y la otra en el de abajo. Venían con impulso fuerte, y el golpe fue seco, contundente, casi sacándome el aire y doblándome un poco.
—¡HUUFFF! ¡NNGHH! —proferí, colocando las manos sobre mis rodillas y observando cómo había soltado la pipa por el golpe.
Bajé las escaleras, decidiendo inmediatamente ayudarlos.

—Mira el lado bueno, Kay: pudiste haber rodado todo el camino hasta abajo, huhuhyya —le sonreí y hablé en voz alta mientras recogía mi pipa del piso, al mismo tiempo que ella se sacudía.
—Estoy bien, gracias. ¿Cómo están ustedes dos? —pregunté, mientras también le daba la mano al señor para que se levantara—. ¿Están heridos? ¿Algún hueso roto? —añadí, mientras ayudaba a recoger algunas de sus cosas, pues varias personas estaban auxiliando.
—Si necesitan llegar a la cima, puedo ayudarlos a subir —le dije entonces a la albina, colocándome la pipa en la boca nuevamente y dándole una calada mientras me señalaba la espalda con una sonrisa en el rostro, dispuesta a llevarla.
—Pensé que no los vería hasta el día de partir. ¿Vienes a una limpieza también? —pregunté.
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Karmas
#3
Mira que yo siempre me alegro de ver a la gente cercana a mi, pero ahora mismo siento que Lan ha sido baja del cielo, bendecida por los Dioses, Satán o lo que sea para evitar que termine de abrirme el cráneo o de perder la vida.-Lan, cariño, siempre me alegro de verte, pero te prometo que hoy especialmente…Como hubiera llegado al final, no vuelvo a subir.-Arrugo el gesto con queja, encogiendo suavemente la nariz con desagrado.

Ni de broma, demasiados escalones para un cigarro.

-Entera que no es poco, apostaba por romperme algo mientras rodaba.-Comprobé que el tabaco estaba intacto, mi mechero favorito vivo y todo lo demás.

Alzo ambas cejas ante su propuesta, puedo prometer que mi lado más perezoso se muere de ganas por trepar encima de su cómoda y calentita espalda. Miro entonces al hombre mayor, dudando un momento, antes de sobarme la frente.

-...Llevemos al hombre, anda, al menos sus cosas, para que no vuelva a terminar rodando por las escaleras y armando desmadre.-Lo digo como para intentar convencerme de que lo hago por eso, no porque realmente me costara dejar a un hombre mayor así.

Vamos, que yo debería de haber podido pararle mejor.

-¿Una limpieza? ¿Hay aguas termales arriba o algo?-Me brillan los ojos de la emoción ante la posibilidad, la idea de una bañera calentita a la luz de las estrellas para relajar las ganas que tengo últimamente de matar a alguien, estarían genial.

-...¿O hablas de otro tipo de limpieza?-Entrecierro los ojos con algo de duda, sospecha, mientras vamos subiendo escaleras arriba. Lan es una persona culta, mística incluso,tal vez está hablando de algo super inteligente y profundo y yo pensando en remojar el trasero. 

Bueno, cada una tiene sus prioridades claras.

-La verdad es que me apetecía fumar un cigarro con buenas vistas, y dije…¿Por qué no subir cientos de escaleras para joderme los pulmones a mejor altura?-Porque claro, no puedo ser una persona normal y fumar abajo, como todos, no. También tiene que ver con que mi mal humor ha aumentado desde que congelo a casi todo lo que toco, pero para mi suerte, Lan es inmune.

Es algo que me relaja, la verdad, ya que me siento de pronto alguna clase de extraño monstruo incontrolable y extraño.

Más de lo normal.

-Creo que necesitaba pensar un poco, reflexionar, no sé.-Admito con algo de duda, mientras seguimos subiendo las dichosas escaleras.

Pedazo gemelos que vamos a sacar.
#4
No llevaba mucho tiempo conociéndola, pero lo poco en palabras que había intercambiado con ella, hacía que definitivamente me agradara. 
Le sonreí de oreja a oreja cuando soltó las primeras palabras —Paciencia en la forja, te entiendo —solté mientras cargaba al hombre como si fuera una princesa al mismo tiempo en el mi compañera accedía a ayudar al hombre. Asentí, pues lo haría con todo gusto.  

—La verdad, admito que fue un poco gracioso verlos, pero vengo fumando desde que comencé a subir las escaleras ¡HUHUHYYA! —y una genuina risita se me escapó de los labios. 
El anciano estaba sin palabras, sin saber qué decir, mirando de un lado a otros mientras dos mujeres decidían su suerte. 

—No se preocupe, buen hombre, lo llevaremos hasta la cima —dije al notarlo nervioso, el hombre se revolvió un poco en mis brazos, en su rostro se veía algo de terror y confusión, así que simplemente me giré hacia Kay, como si ellos fuera a suavizar al hombre.
—¿Podrías ayudarme con su bolso querida? — pregunté, dándole una calada a la pipa y escuchando lo siguiente que mencionaba la albina.

Volví a sonreírle y mis ojos brillaron —¡AMBOS! —le dije, y aún más. 
—Yo invito, ¿me acompañarías? —le pregunté nuevamente mientras comenzaba a subir las escaleras, faltaba la mitad del trayecto y el escozor en las piernas comenzaba a sentirse un poco, pero para mí, aquella era otra parte de la purificación, pues el dolor era un excelente método para expiar culpas y pecados. Aquello solo iba comenzando.

—La verdad, tuvimos la misma idea, yo tambien quiero consumir estás hierbas desde un lugar alto, es lo mejor para la meditación, ya verás cómo nos divertiremos —le dediqué una mirada cómplice, socarrona, mientras que el viejo comenzaba a lucir realmente incómodo, queriendo decir algo pero al mismo tiempo sin querer interrumpir nuestra conversación. 

—Que te parece, te propongo algo —comence a decir mientras subíamos el último tramo de escalones cuando ya comenzaba a verse la majestuosidad de templo, con aquella entrada rojiza y los árboles de la cima. —Tomamos un baño en las termas, nos damos un banquete y después, hacemos lo que tú quieras —propuse, totalmente convencida de que no podría rechazarse. Mi estómago rugió entonces, provocando que el señor en mis brazos interrumpiera con una carcajada propia, haciéndome ver hacia él. 

—¡Ustedes jovencitas si que son energéticas! Y unas bellas damas además —dijo, cuando por fin lo depositaba en el piso al pie del último escalón. 
—Gracias por su ayuda jovencitas, espero verlas por ahí muy pronto —el anciano sacó entonces de sus bolsillos en el kimono, dos figuras. 
En la mano de Kay, trató de dejar una figura tallada en madera preciosa, era un pequeño dragón pintando de color rojo con fueras garras y alas enormes, bien definido, tallado con una precisión que solo un carpintero de alto calibre podría lograr. 

En mi mano dejó un tigre, que dando un zarpado y rugiendo parecía como si fuera a cobrar vida en cualquier momento. 
—Gracias buen hombre —hice una reverencia al anciano, aceptando su regalo mientras esté se despedía de ambas con solo el saludo de una mano, tomó su maleta y se dispuso a caminar con pasó lento hasta el templo, donde a lo lejos se pudo ver, era bien recibido por los monjes del lugar.

—Que extraño ancianito —dije, observando el tigre de madera para luego girarme hacia la albina:
—¿Entonces? ¿Que dices? También podemos fumar primero si gustas, me muero de ganas por invitarte de esto —moví la pipa de un lado a otro como si fuera una campanilla, mientras le dedicaba otra calida sonrisa.
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Karmas
#5
Agarré las cosas del hombre en cuanto Lan me las señaló, llevándolas al hombro sin problema, asintiendo sin mucho problema. La escucho explicarme aquello, mientras le miro con algo de duda, la verdad es que tengo un poco de curiosidad ante aquello.

-La verdad es que suena bien, bañito, comer…Y oye, ya que estamos, tal vez te pida fumar de tu hierba, te vas a reír pero nunca la he probado.-Admito sin problema, riendo divertida, caminando a su lado.- Si hago algo raro o me sienta mal, al menos se que tu cuidaras de mi.-Le guiñé el ojo de forma traviesa, coqueta, pero la verdad es que puedo confiar en ella con esas cosas.

Me trasmite esa calma, ese calor, esa facilidad de que si me siento a su lado y camino, todo saldrá bien.

Una vez bajamos al hombre no pude evitar silbar ante lo que me daba, era precioso, un trabajo fino, detallado.-Señor anciano, iba a decirle que yo también soy carpintera, pero comparado con su trabajo no puedo llamarme nada.- Pestañee con sorpresa, mirando la figura de forma suave, pasando los dedos con alma por ella.

-Extraño, pero todo un artista, la verdad.-Guardé la figura con cuidado dentro de mi chaqueta, escuchando su proposición.

Crucé los brazos bajo mis pechos, alcé el mentón, mirándola, entrecerré los ojos como si estuviera evaluando exactamente que iba a pasar, y entonces, sonreí.

De forma amplia, divertida, cálida.

-Vale, fumamos ahora, pero te hago total y plena responsable de mi integridad física y mental a partir de que yo fume hierba.-Porque se que puede haber varios tipos de reacciones, pero yo no tengo ni idea de cual pueda darme.

-Si termino mareada en las aguas termales, comiendo por cuatro personas o lo que sea, caerá todo sobre tu conciencia, que lo sepas.-La señalo de forma acusadora, aunque claramente la sonrisa traiciona todo atisbo de seriedad que pueda haber.

Vamos que soy una adulta res…una adulta, no, no soy nada responsable y lo se de sobra, pero no hay nada mejor que arriesgarse con una buena amiga a algo que nunca has hecho antes.

¿Total qué podía salir mal?

Muchas cosas, demasiadas, más conmigo y con Lan en medio de todo aquello, pero mientras ambas tomamos asiento para fumar de aquella pipa me planteo que total, si no pruebo ni arriesgo, nunca lo sabré.

Así que toca dar la primera calada, pestañear de forma marcada, y mirarla alzando ambas cejas.

-Joder.

Ahora veremos si para mal, o para bien.
#6

La miré con los ojos bien abiertos cuando me comentó que nunca la había probado, pero no la interrumpí; eso solo me hizo componer una sonrisita cómplice mientras aún cargaba al hombre, al subir las escaleras recibí el guiño con felicidad y asentí: —Paciencia en la forja, querida, confía en mí —le dije mientras bajaba al anciano.
Metí dentro de la piel de lobo el hermoso tigre que me dio y me giré hacia mi compañera con una sonrisa, el viaje de limpieza comenzaría a partir de aquí:
—Un artesano siempre será un artesano —creía en ese momento, que sabía a qué me refería, después de todo forjar cosas con las manos era de mis actividades favoritas; después de luchar y después de la hierba.

Antes de avanzar más, me senté en el último escalón. En el poblado rodeado de montañas ya encendían las lámparas de aceite, la noche caía y el ambiente adquirió una vibra sutil de misticismo, intriga y calidez extraña, pero, calmante.

Solté una carcajada —HUHUHYYAAA —salió mi verdadera risa mientras asentía cuando me hacía responsable de todo lo que fuera a pasar con su mente y cuerpo, pero; —Yo voy a estar a tu lado en todo este viaje, hermana —le dije, con una voz dulce que me salió del alma.
De mi pecho salió un ronroneo mientras la invitaba a sentarse a mi lado, para que contemplara cómoda la vista que estaba teniendo.

Le tendí la pipa. No tosió. Lo aguantó.
Y mi sonrisa se ensanchó. El corazón mío prendió la forja de la amistad y crucé las piernas como una niña pequeña que mira con ánimos a su amiga descubriendo algo nuevo.
—Espera a que sueltes la calada; tiene un sabor delicioso —le dije, —Sabe como si pudieras saborear el aire en los campos y la tierra tocada por el mar.

La miré —Yo creo que la hierba es una planta con espíritu —comencé a hablar un  poco entonces —Me permite ver, oír y sentir más desde donde estoy y eso me sirve mucho para meditar —dejé escapar un sonido de suspiro de mi boca mientras que mis hombros bajaban, relajandome con la brisa que soplaba hasta allí.
—En este estado, respira —vi como su esclerótica comenzaba a ser rojiza — Respira profundo y si quieres, cierra los ojos durante un segundo —tomé la pipa y di otra calada yo misma, soltando despacio y sintiendo aquella sensación de calma. —Me gusta, me da un espacio para respirar, consciente de mi, de los sucesos de ayer y de hoy.
—¿Cómo te sientes? —le rosé con el codo levemente el brazo que estaba más cercano a mi.
—Pero sobre todo, ¿Cómo estás? —
—Ah, por cierto… ¿me darías uno de esos de los que fumas tu?
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Karmas
#7
Protocolo: Moderación
Estado: Activado
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Bip-Bip
Pacifista Activado

TEMA CERRADO


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