El dúo pelirrojo ataca, ¿Otra vez? [Pasado - Social - Elara]
#11
Mientras la sirvienta pelirroja se encargaba de distraer al hombretón, Elara, finalmente, podía ganar un poco de distancia para, así, evitar que la situación llegase a unos límites tan peligrosos como morbosos. La mano, musculada y venosa del sujeto apretaba, cada vez más, la tráquea de un Owen sometido ante una fuerza que le superaba con creces. Intentaba tirar de ella, pataleaba y buscaba que una de las patadas impactase contra el sujeto, pero este se resistía cada vez que el impacto se daba, generándole un pequeño sobresalto.

[Imagen: pTZDM0P.png]
-¡E-ELARGH! ¡CORGH!-

Le costaba hablar, a cada palabra que emitía, el apretuje era mayor. Era como si el señor Titlán buscase, por activa o por pasiva, "silenciar" a sus dos nuevas chicas de la limpieza: Una de forma mortal, y otra de forma...bueno, no entremos en detalles escabrosos -¿Qué...?- cuando sus orbes celestes la divisaron, temblorosa, tímida y completamente llena de un terror atronador en su mirar, pudo escuchar el sonido de los cristales siendo arrastrados y, cuando su mirada empezaba a estar borrosa por la proximidad de un desmayo, pudo divisar esos cuernitos torcidos que tan bien el pelirrojo reconocía: Elara había tomado aquella arpa, ese instrumento musical que Owen simple y llanamente había tomado de la inmensidad de los tesoros por lo abruptamente diferente y destacable que era del resto, ¿Cómo podía aparecer un arpa de tono turquesa dentro de un emporio dorado y repleto de oro como el que habían visto? Tenía que ser la clave de esos tesoros, pero la muchachita parecía tener otros planes.

Tensó el arpa y, cuando volteó, ¡FIUM! -¡!- la flecha rozó la mejilla del hombretón y se clavó en la pared justo detrás de él que, automáticamente al sentir el frío metal cortante sobre su cincelado rostro, dejó de apretar a la pelirroja que también volteó a ver a una Elara tan valiente como temblorosa -¿Qué...cojones...te crees...- una vena se marcó en su frente, una que bajaba hasta el centro del entre-cejo y mantenía su ceño fruncido, haciendo que sus ojos, oscurecidos por la maldad intrínseca que siempre había tenido (Pero que mantenía ligeramente mermada en una cara bonita) -¡PUTO!- ¡PLAF! Owen, aprovechando la distracción de ese corte generado y el brote de sangre que empezó a caer, lanzó un puñetazo derecho que le desestabilizó lo suficiente para quebrar algún que otro umbral del dolor, el suficiente para hacerle retroceder dos pasos y el chico, cayendo de frente, ¡CRISH! -¡AGH!- se clavase, en ambas palmas, parte de los fragmentos de cristal que él mismo había fracturado con su ser hacía minutos atrás.

Demoró cinco segundos, solamente, hasta posicionarse con un movimiento hacia atrás hasta quedarse exactamente pegado, hombro con hombro, con su compañera pelirroja como él -¿Cómo has hecho eso?- preguntó, mientras brotaba sangre a borbotones en las palmas del chico pero este, distraído por la impresión de la situación y dando extensos pestañeos producto de sus enormes pestañas que miraban hacia los ojos de iris estrafalaria de la chica y, posteriormente, del arpa que yacía en sus manos -¿¡No es un arpa!?- Owen pensó que sí, ¿O tal vez sí lo era? -Van a ser, entonces,- las palabras del muchacho, rápidamente, fueron opacadas por cómo esa mano musculada, con el cuerpo del hombretón al lado de la cama donde iba a consumarse una perversión fragante, se tocara su nueva herida facial para intentar quitar el exceso de manchón carmesí -dos putas muertas el día de hoy.- y "La Owena", frunciendo el ceño y mirando hacia adelante, arqueó su cuerpo en una postura muy característica y normal de combate en la que arqueaba la espalda, la cintura y colocaba una mano por delante y otra próxima al pecho -Elara.- balbuceó, mirándola a los ojos de forma ladina. Sonrió, marcando esos colmillos que tanto lo caracterizaban.

[Imagen: wxGpWgu.png]
-¡Repitamos la maniobra de esta mañana!-

Y, agazapándose como un lince, salió disparado en dirección hacia el matón para colocarse justo atrás de él, buscando generarle una distracción -¡Por aquí, degenerado!- exclamó el muchacho yendo hacia la derecha (Izquierda desde la visión de Titlán) y, evitando un manotazo gracias a su fuerte agilidad, patearle justo por detrás de la rodilla para, así, generarle un movimiento involuntaria de quiebre -¡UGH!- y generarle un trastabillar -¡ELARA, VENGA!- si bien un flechazo podría ser mortal, no había ni un ápice de clemencia de parte del pelirrojo, ¿O es que acaso él había tenido alguna de algún índole cuando casi se aprovecha físicamente de la muchachita de lunares debajo del párpado? Emocionado, eufórico, pedía que la chica utilizase esa abrumadora y excelente puntería para, así, derribar al sujeto que los/las (Genero dudoso este Owen) mantenía prisioneros.

El señor Titlán parecía ser bastante fuerte, pero parecía un "cañón de cristal"; Una fuerza abrumadora desde sus manos, pero demasiado flojo ante los mínimos golpes de alguien no excesivamente fuerte como lo era el pelirrojo en este momento. El remate estaba servido, y era hora de que su compañera de aventuras demostrase esa inmensa habilidad en la arquería que solamente se la había visto a ella -¡Cuando terminemos te invito unas gyozas!- exclamó el chico, incluso, teniendo el tiempo suficiente de ver cómo el hombretón de mirada oscura y algo maquiavélica, lentamente, se erguía, sin voltear exactamente hacia Owen debido a tener a la peligrosísima Elara a escasos metros de distancia con aquel instrumento que ella, con su enorme talento, volvió arma.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
  Responder
#12
Elara sentía que el mundo se le iba de las manos, todo pasaba muy rápido y de forma caótica. Estaba en el suelo y el vidrio roto le cortaba las rodillas, era un dolor que quemaba pero no podía pensar en eso ahora porque ver a Owen libre era lo único que le importaba. Owen estaba ahí, sangrando de las manos y respirando mal por la culpa de ese tipo, y a Elara se le rompió algo por dentro. Sus alas se abrieron de golpe, soltando plumas por todos lados en ese sótano que olía horrible a tabaco y a miedo.

— ¡O-Owen! ¡Tus manos! ¡Están sangrando mucho por mi culpa, nee~ ! — gritó ella casi sin aire, sintiéndose la persona más estúpida del mundo por haber dejado que las cosas llegaran a esto.

Ver a su amigo sonreír con esos colmillos incluso estando herido le dio una fuerza extraña. Se agarró al arpa esa de color turquesa y se dio cuenta de que no era madera normal, vibraba raro, como si tuviera vida propia y le estuviera pidiendo que hiciera algo ya. No sabía si era un arma o un instrumento pero le daba igual, era lo único que tenía para defenderse de ese demonio.

— ¡No sé qué es esto, Owen! ¡Pero me dice que lo use, nee~! — le contestó toda nerviosa, con las lágrimas chorreando por la cara porque no podía parar de llorar del susto que tenía encima.

Titlán daba mucho miedo, se le marcaba una vena en la frente que era horrible y la miraba como si fuera un bicho, pero Owen ya estaba saltando y moviéndose como un lince. Elara no podía creer que en un momento así él estuviera pensando en comida, en gyozas, pero eso era tan "él" que le dio un poquito de esperanza entre tanto desastre.

— ¡Comeremos todas las que quieras! ¡Pero por favor no te mueras, nee~ ! — exclamó Elara intentando ponerse de pie sobre los cristales que hacían un ruido feo bajo sus pies.

Le dolía todo pero se aguantó. Extendió las alas para no caerse y puso toda su fuerza en tensar la cuerda del arpa verde. El sonido que hizo fue súper fuerte, como una nota musical que retumbaba en todo el cuarto y le ponía los pelos de punta. Sus ojos verdes se fijaron en la espalda de ese monstruo, justo cuando Owen le dio la patada y lo hizo fallar. Era su oportunidad y no podía desperdiciarla porque Owen estaba jugándose la vida por ella.

— ¡He dicho que nos dejes en paz! ¡Suéltalo ya, monstruo, nee~ ! — gritó con todas sus fuerzas, casi quedándose afónica.

Soltó la cuerda y sintió un quemazón en los dedos pero no le importó nada. La flecha salió volando por el aire cortando la tensión y el humo. Elara se quedó ahí parada, temblando como una hoja y casi cayéndose de espaldas contra la cama, pero con los ojos bien abiertos. Solo quería que esto terminara de una vez y que pudieran salir de aquí para comer esas gyozas y curar las manos de Owen que no paraban de sangrar. ¡Tenía que darle, por favor que le diera!
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)