[Presente absoluto] Pérdidas y celebraciones
#1
Cuando me quise dar cuenta ya llevábamos unas cuantas horas en alta mar, lejos de las plataformas y con un rumbo que sólo Aspros conocía, pues sin preguntar decidió por todos nosotros nuestro próximo destino, y me parecía bien ya que era el navegante y él sabría llevarnos a buen puerto. Paseé por la cubierta y me coloqué en la popa del barco, detrás del timón, sentándome en una barandilla que me venía francamente pequeña y que me llegaba a la rodilla, para mí no era más que un pequeño escalón de madera. Exploré el horizonte del ancho mar que se extendía frente a mis ojos, el mar en el que ahora no podía sumergirme por haber probado el fruto prohibido. Desde pequeño siempre me había fascinado el océano, un reino de inmensidad azul, donde las olas danzan al compás del viento y las aguas se encuentran con el cielo en un abrazo infinito.
 
Embelesado por la belleza que se extendía frente a mi comencé a pensar en Peixe. No lo pude salvar de las manos de la marina y aunque sabía que iríamos a por él y lo acabaríamos trayendo de vuelta no podía quitarme la sensación de culpa de la cabeza. Me encantaría tenerlo por aquí, haciendo sus bromas, sacando de quicio a Aspros y a Triana y haciendo reír a Jolyne. Si estuviera por aquí le pediría que nos cocinara un gran plato de algo de verduras, seguro que nos lo íbamos a pasar muy bien. Esperaba de corazón que esos asquerosos marines, aunque lo encarcelaran, lo trataran bien al menos y también esperaba que fuera todo lo paciente y fuerte que pudiera. Iríamos a por él tarde o temprano.
 
Suspiré hondo y me puse de nuevo de pie en la cubierta, miré hacia el cielo y nuestra bandera ondeaba en lo alto del mástil mayor del que ahora era nuestro barco. Intenté mover el brazo izquierdo para rascarme la cabeza, pero recordé que Triana me lo había cosido y entablillado con brusquedad y rapidez mientras me gritaba que me estuviese quieto y que dejara de lloriquear. Era una tía dura…
 
Caminé hasta el centro del barco y dije: “¡Nakamas! ¡Todos a cubierta!”. El ánimo se veía un poco bajo y aún no habíamos bautizado al barco ni montado una fiesta. En cuanto estuvieron todos conmigo continué:
 
-Tenemos que montar una fiesta y bautizar el barco. He encontrado unas cosillas… -dije mientras me hundía en la cubierta del barco y desaparecía de la vista de todos, para aparecer justo detrás de Jolyne, usando el sigilo y pretendiendo darle un susto. -¡EN LA BODEGA! -le grité con todas mis fuerzas para asustarla. -¡Kiikikikiki! -reí. -¡Vamos a sacar cosas hay comida y bebida! Es lo que hubiera querido Peixe. -dije mientras me dirigía dando saltitos hacia la bodega, para comenzar a sacar cosas para la fiesta mientras canturreaba: “Probaremos un licor llamado Sake de Binks”
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#2
Ensimismado, gobernada el rumbo del barco, con la vista fijada en el vasto mar y abrazado por un horizonte que se asemejaba eterno. El navío parecía estar en buenas condiciones, así que era probable que viajásemos en él durante un largo periodo, o al menos hasta que encontrásemos algo mejor. Por ese motivo, creía oportuno adecuar algún rincón del mismo para llevar a cabo mis trabajos de cartografía y navegación. Por el momento navegaba siguiendo mi intuición y las indicaciones de un log pose bien avenido.

- Espero tener camarote propio -pensé mientras sentía como Yojimbo se aproximaba y se sentaba cerca de mi posición. Según los periódicos, publicados aquella misma mañana, las recompensas de la banda se habían incrementado con creces, siendo la del capitán una de las más grandes mostradas. Junto a nuestras fotos, podía ver a algunas de las personas con las que habíamos compartido escenario en el desastre de los cabos. - Y que sea ligeramente más grande que el de los demás.

Los demás. Aquella fútil frase me hizo pensar en Peixe, en cómo no habíamos tenido más remedio que dejarlo atrás. Debía reconocer que, en su ausencia, el silencio pesaba más que de costumbre. Entendía el trabajo de la marina, pero tras los eventos acaecidos en los cabos gemelos, ¿no se podía hacer la vista gorda? Todos peleamos codo con codo, y más de un perro del gobierno había sido rescatado por un “sucio pirata”. Por un momento, mi mente también se posó en Sasha, aquella niñ… chica demonio y el difícil de mirar Gronn. Odiaba admitir que nuestra acelerada despedida me había dejado mal sabor de boca, que esperaba que su viaje pudiese continuar y que pudiésemos volver a encontrarnos. Estaba convencido de que oiría hablar de ella, de la agresiva pero inocente chica prehistórica, y de su banda.

“Nakamas, todos a cubierta”

Ante el bramido del capitán, abandoné el puesto de mando, estabilizado según el rumbo que habíamos estado siguiendo, para reunirme con mis compañeros. El viento mecía suavemente las velas, haciendo de aquel un viaje tranquilo; como se dice, después de la tormenta siempre llega la calma.  Cruzado de brazos, observaba la cotidianidad, las escenas de risas, de bromas entre Jolyne y Yojimbo, la impasibilidad de Triana. ¿Era aquella la libertad que promulgaba el capitán? Si era ese el caso, estaba empezando a comprenderlo todo.

- ¿Hay champagne rosado? Conozco uno que… -hablaba mientras seguía al capitán.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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#3
Exhalé el humo del puro apoyada en la barandilla del lateral del barco mirando los últimos destellos anaranjados de los rayos del sol reflejados en el mar. No había caído en la cuenta hasta ahora de lo cerca que habíamos estado de no volver a sentir esta calidez en nuestra piel ni las pequeñas gotas de agua salpicándonos el rostro. Había estado cerca, pero cuando tomé la decisión de seguir a Yamamura sabía que la muerte era una posibilidad. Ahora tenía más claro que debíamos esforzarnos mucho más para conseguir nuestros objetivos. El mar en el que nos estábamos adentrando era completamente diferente al que estábamos acostumbrados. Los enemigos de Yamamura ya no serían alcaldes de pueblo y granjeros cabreados, los míos no serían marines de tres al cuarto y los desafíos de Jolyne y Aspros no serían espantar zorros de los gallineros ni conseguir un maquillaje perfecto. Visto lo visto ni podía imaginar a qué nos enfrentábamos, aunque me hacía una idea. El mundo estaba cambiando.

Sostuve el puro entre mis labios para sacar del interior de mi chaqueta uno de los periódicos que habían caído por la mañana. Un Yonko había sido asesinado. Su poder era inimaginable y, aún así, había aparecido alguien capaz de derrotarle, una mujer bastante atractiva y de mirada desafiante, Alice Maddohatta. El periódico también informaba del incidente de los piratas Sticky y ensalzaba a tres marines, uno de ellos el tipo barbudo de mi plataforma. Como si ellos hubiesen sido los únicos en enfrentarse a los piratas, pero no me sorprendía, ya me imaginaba que se llevarían todo el mérito. Nosotros no buscábamos el reconocimiento público, pero lo menos que podía hacer un medio de información era dar información veraz. También hablaba del surgimiento de una banda pirata liderada por el peliazul que había luchado a nuestro lado. La noticia me sorprendió bastante, él mismo les había reconocido a los marines que no les tenía mucha simpatía, pero no me esperaba que estuviese al mando de una banda.

Las siguientes noticias eran las más interesantes, las de aquellos nuevos lugares a los que nos dirigíamos. Por lo visto, en una de las islas había habido un enfrentamiento entre bandas de cazarrecompensas y la disputa había acabado con un bando vencedor, All Hunt. El resto de las noticias eran más comunes, aunque la del Reino Ryugu me causaba curiosidad. Volví a guardarme el periódico cuando escuché la voz de Yamamura llamándonos. El puro ya casi se había consumido, así que lo lancé al mar antes de ir con los demás. La noticia que nos dio Yamamura fue muy positiva. Después de lo que habíamos pasado nos merecíamos un descanso. Bajé a la bodega después que él y Aspros, que estaba diciendo algo sobre un champagne, y cogí todas las botellas que pude, seis en total, para subirlas a la cubierta. No sabía cuánto pensaban beber los demás, pero yo pensaba inflarme.

Dejé cinco en el suelo y me senté con una en la mano. Parecía que era vino. —Venga vamos —dije para meterles prisa y, justo después, quitar el corcho de la botella con los dientes. —¿Por qué quiere brindar el capitán? —pregunté alzando la botella y esperando a que los demás se unieran.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#4
Después de todos los acontecimientos, me encontraba tumbada en el suelo del barco, con la mirada perdida en el cielo, una vista que siempre me fascinaba. Había leído el periódico que nos entregaron al zarpar de los Cabos Gemelos, junto con el cartel de nuestras recompensas. No dejaban de crecer como si las estuviéramos cultivando, esperando a ser cosechadas algún día por algún cazador o marine sin escrúpulos. Era una desgracia muy grande, estábamos condenados de por vida. El único sonido que rompía el silencio era el eco de una armónica resonando en mi mente y algunos de mis pensamientos. ¿Cómo estaría Peixe? Él también tenía recompensa. Si la respuesta era “con vida” para mí era suficiente.

Triana ya se había ocupado del brazo de Yojimbo y ahora nos dirigíamos hacia quién sabe dónde con Aspros al timón. Al menos ya teníamos barco propio y bandera. Sin contar con los infortunios que nos causaría el tener un precio por nuestra vida, no podía negar que esta vida de vagabunda, pirata o como quisieran llamarla, comenzaba a parecerme divertida, pero el mundo tampoco dejaba de moverse. Un Yonko asesinado por una alianza pirata, un Shichibukai que controla robots por orden del Gobierno, islas controladas por cazadores de piratas… Parecía increíble que en medio de todo eso también apareciéramos nosotros, aunque solo fuera para decir que nos enfrentamos a un puñado de marines. Incluso salió la banda de Sasha y Gronn como una nueva amenaza. Seguro que la muchacha se alegra de tener por fin una recompensa.

Miedo me daba que tuviéramos que pasar por Whisky Peak. Con nuestras recompensas, seríamos como unos terneritos jugosos en medio de una jungla de depredadores hambrientos. Aunque las otras islas que se mencionaban tampoco parecían muy amigables. ¿Plaga de avispas? No, gracias. Ni siquiera producían miel. ¿Avalanchas? Suena a muerte silenciosa. ¿Reino de Ryugu con islas submarinas? ¿Y cómo quieren que respiremos los que somos humanos? -Tsk, ¿es que no vamos a poder viajar a una isla tranquila? - me incorporé lentamente para quedarme sentada. ¿Dónde quedaba la isla de algodón de azúcar o la de los animales parlantes? La culpa era mía, por creer las historias de un puñado de viejos borrachos de pueblo. Cuando vuelva, se iban a enterar de lo que vale un peine.

Yojimbo nos llamó a la cubierta, haciendo que diera un salto para ponerme de pie, y me dirigí hacia donde estaba. Mientras se hundía ante nosotros, nos propuso hacer una celebración. A pesar de su brazo y de la ausencia de nuestro compañero, intentaba mostrarse animado. Sin embargo, sospechaba que solo estuviera barriendo sus sentimientos debajo de la alfombra -Pobrecito, debe de estar pasándolo fatal.

-¡EN LA BODEGA!- El grito de Yojimbo, que apareció justo detrás de mí, me puso en alerta e hizo que me girara de golpe. ¿¡Se puede saber qué haces!? Un día me moriré de un ataque al corazón, igual que la pobre cabra Rufina, que en paz descanse. Que, por cierto, el susto se lo pegué yo. ¿Me hacía eso mala persona? Prefería no pensarlo. Todos se fueron a la bodega para preparar las cosas y Triana se sacó unas cuantas botellas. No sé si por algún tipo de problema, pero no era quién para juzgar a nadie. Yo preferí servirme una jarra de de agua y, sentándome al lado de Triana, levanté el brazo. -Eso, ¿por qué brindamos? - dije uniéndome a ella.

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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#5
Era la primera vez que bajaba al nivel inferior del barco desde que habíamos partido. Y es que me había concentrado tanto en encontrar un rumbo y seguirlo que el resto del navío había dejado de existir. Mientras los demás parecían estar a lo suyo, reuniendo alcohol y demás parafernalia festiva, me aproximé a una vieja vitrina de madera desgastada por el efecto del salitre y el tiempo. En ella, copas de cristal se alzaban tras un cristal polvoriento, deseando respirar un poco de aire fresco. Cargué un par de copas en cada mano y tomé las escaleras rumbo a la cubierta. Observé a Triana, botella en mano, con la intención de amorrarse a ella como si no hubiese un mañana. La miré, miré los vasos y de nuevo volví a mirar a la espadachina, que descorchó la botella con sus propios dientes. Eché un último vistazo a las copas antes de lanzar una de ellas hacia mi espalda, dirección al mar.

- Bueno, creo que a ti no te hace falta vaso. -dije mientras apretaba mis labios y miraba hacia un lado de forma irónica.- En fin. -me aproximé hacia Yojimbo, momento en el cual me percaté de que el colosal tamaño del capitán la impedía igualmente emplear una de las pequeñas copas; volví a lanzar uno de los vasos al mar. Finalmente posé la mirada en Jolyne, la entrañable chica de campo con más anécdotas campestres que estrellas tenía el cielo. ¿Bebería en copa o usaría sus manos a modo de cuenco, como si se tratase del agua del río? Miré las copas por última vez y acabé por tirar ambas. ¿Qué sentido tenía ser el único de la banda que bebiese en copa? Tal vez debía acostumbrarme a las mundanas costumbres de los piratas y dejarme llevar por la rudeza del momento. Me aproximé a Triana y aferré una de las diversas botellas que ella misma había subido de la bodega. Tras un absurdo amago de querer descorchar la botella de la misma forma que había hecho Triana, retiré el corcho con las manos. Un fuerte olor a fermento ascendió hasta mi nariz, haciendo que mi visión se nublase por un momento- Dios santo, ejem...

Agité mi cabeza para librarme de aquella sensación y observé al resto de la banda. No me consideraba un buen bebedor, pero el momento merecía un poco de locura, un poco de libertad. A la espera de algún tipo de brindis grupal, alcé la botella en dirección a un centro imaginario entre todos nosotros, posando los ojos en cada uno de ellos, incluso en un imaginario Peixe presente en aquel mismo barco, hasta acabar en Yojimbo, el gran capitán.
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#6
Mientras me dirigía hacia la bodega del barco no podía evitar sonreír recordando los gritos que me había lanzado Jolyne al haberla asustado. Me habló de una cabra, esperaba que hoy nos contara una de esas historias tan divertidas que tenía de su vida como granjera. Siempre salía con una anécdota graciosa e innovadora. Esta Jolyne, nunca cambiará…
 
Una vez bajo, en la bodega, me dediqué a ir haciendo viajes hacia la cubierta para sacar todo lo necesario para la fiesta de celebración. Saqué dos grandes cajas repletas de botellas de vino y ron, en total habría como cuarenta, y también un instrumento raruno. Coloqué también en la cubierta una gran mesa que había abajo llena de polvo y mapas viejos garabateados que ya no tenían ninguna función. En la mesa comencé a posicionar las botellas, sacándolas de las cajas, jarras de madera y gorritos de cumpleaños en forma de pico que, por algún motivo, estaban en perfecto estado de conservación. Cogí uno de los gorritos y me lo puse en la cabeza, pero la goma no era lo suficientemente elástica y cedió ante la presión, saliendo el sombrerito disparado hacia el mar. Una pena. Me fijé en todos ellos, en mis nakamas… Triana esperaba con ansia beber de una de las botellas que había sacado ella de la bodega, Jolyne parecía lista también para beber como la loca borracha que era, y Aspros tiraba copas al mar mientras hacía tiempo para el gran brindis.
 
-¡Jolyne toca algo mientras doy mi discurso! -le grité mientras le tiraba ese aparatoso y pesado instrumento con firmeza. -Ejem… -carraspeé antes de comenzar con mi discurso. -Mis intrépidos, valientes y astutos nakamas, hoy nos reunimos en este navío, nuestro orgulloso barco pirata, con el espíritu de la aventura en nuestras almas y el viento del océano en nuestras velas. ¡Mirad a vuestro alrededor! Este barco no es sólo madera y clavos, ¡es libertad! En nuestros corazones late el espíritu intrépido y rebelde de los grandes piratas que nos han precedido como el Rey de los Piratas, Voi D. Rowned, que su leyenda nos inspire a ser valientes y a no temer de los enemigos más feroces, porque el camino no será fácil, pero será maravilloso. Que el océano sea nuestro testigo y que el viento nos sea favorable. ¡Que la tripulación de los Alas Negras y su barco, el Tango de la Sultana sea eternamente temida y respetada! ¡Ahora mis nakamas, bebamos hasta encontrar tierra a la vista! -grité contento dando un salto de alegría mientras agarraba una botella de algo que había en la mesa y me la bebía de un trago.
 
 
-Horas más tarde-

 
Me encontraba flotando por la cubierta del barco por culpa de mi habilidad de la fruta del diablo, con un dolor de cabeza terrible y sin acordarme de nada de lo que había pasado. Emergí del todo de la madera del barco y me puse en pie, a lo lejos vi una isla… ¡UNA ISLA! Abrí los ojos de par en par y grité:
 
-¡Tierra a la vista!
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#7
Yojimbo apareció con un montón de artilugios raros para la celebración, entre ellos, unos gorritos muy graciosos. Me puse uno por encima de la gorra, como si esta por costumbre formara parte de mi cabeza, dejando a los lados dos leves bultitos sobresaliendo por la presión de mis antenas. Me dejó también un instrumento que no había visto en mi vida, pidiéndome que tocara algo. –¿Y cómo se supone que tengo que…? – antes de que pudiera terminar la frase, el capitán carraspeó preparándose para dar su discurso. Me encogí de hombros y empecé a darle vueltas a la manivela mientras tocaba una especie de botones, emitiendo un sonido que solo algunos podrían calificar como música. A mí no me parecía demasiado desagradable, pero tampoco era un sonido que querrías oír el día de tu boda. El capitán brindó por la unión de nuestra banda y por el nuevo barco, el Tango de la Sultana, que habría que proteger y cuidar a partir de ahora. Yo bebí de mi jarra y así se selló el brindis. Lo que menos me entusiasmaba era la parte de los feroces enemigos, pero ya me preocuparía de eso más tarde.

En mi pueblo también hacíamos celebraciones por cualquier motivo que se presentara, sin embargo, a pesar de que éramos muchos, yo siempre me había sentido sola. En ese entonces no me importaba demasiado; ya me había acostumbrado a pasar mis días con la única compañía de mis animales. Pero después de haber conocido a estas personas, descubrí que prefería estar con ellas a estar sola. 

Éramos solo un grupo de gente que por algún motivo habíamos decidido hacer un viaje juntos. Ya conocía la historia de Aspros porque que veníamos del mismo sitio, y Yojimbo parecía una persona sencilla de entender, pero Triana seguía tan distante como siempre. Estaba sentada a su lado y, mientras Yojimbo flotaba como un alma en pena por todo el barco, me dediqué a contarle a ella una de mis historias. -Bueno… Como te iba diciendo, la vaca Betty vino después de la vaca Peggy, que desapareció una noche sin dejar rastro, pero no antes de que la vaca Genny muriera por una enfermedad rarísima que afectó a muchas de las vacas del pueblo. Que, por cierto, nada tiene que ver con la enfermedad de la vaca Melly. Y luego es cuando nació la vaca Tessy, ¿entiendes? Es importante que lo entiendas. Todo esto me serviría de introducción para contarle la leyenda sobre la vaca marina legendaria que llamaba a todas las vacas al mar, pero no quería precipitarme.

Un poco más tarde, Yojimbo nos anunciaría tierra a la vista. No me había acostumbrado a verle en su modo fantasmal y me aterraba la idea de encontrar su cara en una de las paredes espiándonos, aunque eso era algo que más bien se me ocurriría hacer a mí. No pude terminar de contarle la historia a Triana, pero ya habría tiempo para eso. Me levanté con entusiasmo del sitio y me dirigí a la barandilla del barco para ver tierra yo también.

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#8
Pensé que los demás esperarían hasta tener un vaso o cualquier recipiente en el que beber. No sabía bien que esperar de Jolyne y Yamamura con lo raritos que eran, pero estaba convencida de que Aspros solo bebería si encontraba una copa de oro. Abrió la botella y olió el líquido de su interior, por su mueca no parecía estar muy acostumbrado. En ese punto ya dudaba siquiera de si sería capaz de beber un alcohol tan malo, pero, para mi sorpresa, no solo estaba dispuesto a probarlo, sino que alzó la botella para brindar tal y como yo había hecho, sin vaso. Estaba claro que todavía tenía mucho que aprender de ellos. A pesar de sus particularidades, cada vez me caían mejor. No era muy difícil, en un principio no daba un berrie por ninguno.

Yamamura subió en sus viajes a la bodega una mesa, dos cajas más con varias botellas en su interior y un instrumento que no había visto en mi vida y ni podía imaginar cómo se tocaba. Por algún motivo también había en el barco unos gorritos festivos que se sujetaban con una lamentable goma. Por algún motivo Yamamura había pensado que aquella sujeción iba a ser suficiente para que el gorro se fijase en su cabezón. Para sorpresa de nadie, aquello no sucedió. Le pidió a Jolyne que tocase algo con aquel instrumento. No sabía que supiese de música, aunque de alguna manera tenían que entretenerse en su pueblo. No era descabellado.

El discurso de Yamamura hizo que volviese a sentir aquello por lo que me había hecho a la mar y me había unido a su tripulación. Disfrutaríamos de nuestra libertad y no les pondríamos fácil el trabajo a los marines. Sin embargo, aquel momento emotivo estaba siendo arruinado por el estruendoso sonido que Jolyne le estaba sacando al instrumento. Parecía que estaba retorciendo a un gato moribundo. Le pegué otro trago largo a la botella mientras Jolyne me contaba algo de una vaca llamada Penny. Me quedé en silencio escuchándola y bebiendo de la botella hasta terminármela por completo en un tiempo récord. —Jolyne, que sepas que tu vaca Jenny fue alucinante y que nadie te diga lo contrario —le dije repentinamente con cierto deje en la voz y bastante tiempo después de que me hubiese contado esa historia. No sabía por qué, pero me había venido a la mente y me pareció importante dejarle clara mi postura.

Yamamura apareció atravesando la madera, como era habitual, para avisar de que había avistado una isla. La cosa se ponía emocionante, ¿qué clases de lugares habría al otro lado del Red Line?
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#9
Disfrutamos como si fuésemos los únicos habitantes del planeta, como si nuestro barco fuese el único surcando aquellas vastas aguas. Las extrañas historias de Jolyne, la misteriosa Triana, el imprevisible Yojimbo, Jenny la vaca; por un breve instante, fuimos ajenos a todo lo que existiese fuera de nuestras vidas. Ensimismado, observaba el horizonte apostado sobre el timón, dejando que todo mi peso se descargase sobre el mando del barco. Pensar en la ausencia de Peixe me hacía reflexionar sobre algo: hay que vivir intensamente, puesto que puede ser la última vez que tengas la oportunidad de hacer algo. Observaba de reojo a mis compañeros, arroyados por un enemigo llamado alcohol, divertido.

- Así que… estos son mis nakamas, ¿eh?

El capitán. Se trataba de una persona extraña, pero sabía cómo infundir coraje en la gente que le seguía, en sus compañeros y hermanos. Se encontraba flotando sobre la cubierta, atravesando todo lo que se interponía en su camino, como una especie de fantasma gigante en llamas. El fuerte grito del mismo sacudió mi mente y me extrajo de la ensoñación. No me había percatado de que, frente a nosotros, una borrosa mancha sobre el mar comenzaba a tomar forma. Habían pasado pocos días desde nuestra partida de los cabos gemelos y el viaje había transcurrido con normalidad, por lo que habíamos tenido la oportunidad de recuperar fuerzas. ¿Nos harían falta en aquel nuevo lugar al que nos aproximábamos? ¿Íbamos a correr la misma suerte que días atrás? Fuera como fuese, estaba preparado, listo para afrontar cualquier desafío y defender todo aquello en lo que creíamos.

- ¿Preparados para atracar? -anuncié a mis compañeros- Por cierto, ¿el nombre del barco es definitivo? Me encanta ser transgresor, pero tal vez el “Tanga de la sultana” sea demasiado. -Era un pensamiento que me asaltó durante el discurso del capitán, horas antes, pero no quería ponerlo en duda en medio de aquellas alentadoras palabras.- Bueno, ya lo discutiremos, ¡LLEGAMOS A TIERRA!
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