[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2]
#11
Inesperado es la palabra correcta. Tuvo que agarrarse de la punta de la barba cuando su cuerpo descendía por el repentino movimiento del gigante para no caerse. Movimiento brusco, repentino, en el que posiblemente habría sufrido daños. —¡THRYM! — Ni siquiera parecía escucharlo. Su cigarrillo por poco caía hasta el suelo a medida que el hombre solo se sacudía, sujeto con ambas manos desde los pelos del gigante. Mordió su cigarrillo para no perderlo en el aire y, a continuación, se soltó despacio, usando la propia tela del gigante en el descenso para ir sujetándose una y otra vez hasta que sus pies finalmente alcanzaron el suelo. Esperó a que terminara de lloriquear, dando unos pasos hacia atrás buscando evitar ser pisado por accidente. Elevó de nuevo su voz de forma que pudiera captar su atención.

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—Cálmate grandullón. Yo estoy aquí.

Volteó a ver al resto de los compañeros, quienes se comenzaban a presentar. Retiró el cigarrillo de entre sus labios con los dedos, volviendo sus ojos al resto de las personas. Una de ellas distraída con el Den-Den Mushi. ¿Quizás sí era buena idea tratar de comunicarse con Hyákinthos? —Thrym. Intentaré llamarlos, pero cálmate de una vez. — sus palabras sonaban calmadas, seguras de sí mismo, mientras retiraba el Den-Den Mushi de su bolsillo izquierdo, intentando dar la comunicación y, de paso, calmar al loco gigante que parecía un niño. Pronto arqueó la ceja cuando no parecía haber respuesta, mirando el objeto sin comprender.

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—¿No funciona…?

Dejó escapar un suspiro, el aire saliendo de su nariz acompañado del propio humo del tabaco, guardando de regreso el objeto cerrando los ojos, ahora centrándose en la situación y el resto de las personas que se habían presentado. Lan, Kelvin y Giyuu. No es que estuviera despreocupado totalmente de sus compañeros, era más bien costumbre, en su propio clan ya había tenido situaciones así, un día perdía gente, otra no, alterarse solo lograría empeorar una situación innecesaria. Lo mejor era mantener al menos la cabeza fría hasta salir de allí y entender qué ocurría. Intentó caminar hacia el resto, siendo frenado por una voz que desconocía completamente. Lo dejó hablar de belleza, algo de lo que realmente no estaba interesado, no al menos en la situación en la que se encontraba en ese instante. Solo pensó en lo sospechoso que parecía que, después de estar en un lugar así, alguien apareciera con tanta naturalidad, sin siquiera verse alterado, lo que le hizo pensar en un par de cosas. O bien él era el causante de aquellas paredes artificiales, o bien estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones, lo que significaba un peligro serio.

Su mano se posicionó en la vaina de la katana en el lado izquierdo de su cinturón con la propia mano izquierda. De hecho podía oler el perfume desde la posición en la que se encontraba ese hombre, incluso entre el humo de su propio cigarro. No parecía peligroso, al menos no a la vista y, sin embargo, toda la situación sí lo tenía en alerta. Su experiencia comenzaba a salir a relucir. Sus ojos, afilados, se enfocaron en contemplarlo con firmeza y calma imperturbables.

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—Habla de belleza, una que parece intangible pero, ¿a quiénes puede considerar usted bellos?

Una breve pausa, dejando caer el cigarrillo al suelo, usando su zapato para apagarlo de un pisotón. La conversación le parecía estúpida y, sin embargo, quería ver hasta dónde quería llegar, qué hacía allí, sacar un mínimo de información. —La belleza, según comenta, es usted mismo, ¿qué más? Gente considera la muerte como un poema, otros pueden considerar que una sola mirada lo es, o el propio mar como paisaje. Todo el mundo tiene una perspectiva distinta de belleza. — No omitió el estado de alerta en el que el resto había comenzado a entrar, estaba claro que no era el único. A diferencia de Giyuu, él no se puso en posición de ataque, aunque su mano seguía firme en la vaina de su katana, acercándose en línea recta hasta donde se encontraba el que hablaba.

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—Así que dígame, ¿qué le ha traído por aquí?

Frenó sus pasos, manteniéndose a una distancia de él, pero atento a cualquier movimiento, preparado en caso de un ataque sorpresa. —¿Y cómo es siquiera que ha podido entrar en unas paredes que está claro que son artificiales? Parece usted buscar algo concreto. Dudo que estos muros se hayan alzado solos, y más cuando parece no haber escapatoria, pero usted ha aparecido hasta aquí. No estaría mal saber qué quiere de nosotros y, si lo que busca es matarnos, no buscar un método tan teatral. — Procura mantenerse alerta, atento en caso de que cualquier sonido aparezca por sorpresa. ¿Y si no está solo? Nunca se sabía y debía estar preparado.



OFF
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#12
Atributos Personaje


-Yo soy Kayseira, Kay, pero…-¿Sabes cuando alguien quita el tapón de la bañera y de pronto se arma un remolino hacia abajo sin frenos? Pues eso, apenas me da tiempo a decir mi nombre a todos cuando tengo al gigante llorando desconsolada, al que el hombre llamado Jin, llama Thrym.

Entiendo sus lágrimas, su pena, más que nadie se lo que se siente y miro a Lan con algo de duda. No, no es algo que vaya a contarle aquí, es algo que se merece saber con calma, que le explique exactamente qué pasó.

De nuevo preocupándome más por los sentimientos del resto que de los míos, al parecer esto ya es un clásico.

Apagué el mechero en cuanto mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, guardándolo de vuelta en el bolsillo interior de la chaqueta, con su cremallera. Hablan de ver si ven algo raro en las paredes, y yo entiendo que no es una estructura natural porque sería demasiado conveniente.

Pero ver como salimos de esta tampoco es sencillo.

-¿Eh?

¿Qué cojones?

Alguien está soltando el discurso de su vida, maravilloso, sin duda es el momento de ponerse a soltar mierda por la boca. Cómo no va conmigo, ni me interesa demasiado, comienzo a caminar pegada a la pared, alejándome del señor del discurso, mientras busco alguna hendidura, algo.

Tal vez haya algo en la pared que indique cómo podemos salir de aquí.

Vale, tras andar unos seis metros pegada a la pared me detengo, mirando al hombre en cuestión con la cara hecha un cuadro…¿Me estás jodiendo que está dando un discurso sobre la belleza y el arte? Y yo aquí, como una gilipollas viendo si encuentro un puto boquete en la pared para explotarla o algo.

Increíble, maravilloso.

-A veces me maravilla la capacidad que tiene la gente de quererse a uno mismo.-Digo pestañeando con algo de sorpresa, mientras le hago un gesto a Lan para que se acerque, para seguir buscando algo en la pared. Es verdad que no le quito el ojo de encima al hombre extraño, por mucho que sus palabras sean cuanto más especiales, no me da una sensación inquietante.

Pero si es verdad que es el único que no se ha presentado ni mostrado amable, si no que ha soltado un discurso sobre lo genial que es y lo bueno que está. Entiendo el enfado de Giyuu, los humos están caldeados, pero necesita un poco más para interesarme. Y el otro hombre, el gigante, Kelvin, normal que beba, seguro era eso o darle una ostia con la mano abierta.

-La verdad es que yo prefiero salir de aquí, y si quieres entonces explicarme lo hermoso que eres, seguro que  la vista mejora aun más a la luz de la luna llena.-Por decir algo, más que nada porque ahora mismo le compro a cualquiera que me rompa la pared de las narices.

Off
#13
Atributos Personaje



No hubo respuesta de Han, ni de Bai, ni de Dong al otro lado del Den Den Mushi. Esperaba que ellos no estuvieran en una situación parecida, y que estuvieran a salvo en el barco o en tierra firme como nosotros, aunque no encerrados en una caja de tierra.
Miré a mi alrededor luego de soltar a Kay. Había dos gigantes, y éramos seis en total encerrados allí. Aquello se volvía cada vez más lúgubre. En definitiva, no iba a pensar que mis compañeros habían muerto, sobre todo después de observar la desesperación en la que había caído el pelirrojo, golpeando las paredes colérico y afligido por sus colegas.

Aunque el corazón se me apretó, me concentré en que saliéramos de allí. Sin embargo, algo me tomó desprevenida: había algo en medio de la caja donde estábamos. Mis ojos apenas alcanzaban a distinguirlo; tenía la piel de color rosa. Me pregunté de qué especie sería, pero poco más, pues inmediatamente comenzó a hablar.
En cuanto pronunció las primeras palabras, sin dejar de observar al hombre —quien tenía un aura extraña—, volví a poner hierbas sobre el cuenco de mi pipa. Luego di la primera calada, sostuve el humo en mis pulmones unos segundos y, al expulsarlo, me relajé, tendiéndole la pipa a Kay.

Ninguno habló mientras el hombre del centro daba un discurso terriblemente largo, al que presté poca atención. Ni siquiera pensé en lo que estaba queriendo decirnos. 
—Paciencia en la forja… Ya ves, Kay, hay mucha gente en el mundo —le comenté a mi compañera peliblanca, mientras los demás respondían al final de aquella cátedra.
Observé a Ramhorn Giyuu, quien se había presentado antes. Sus palabras eran provocativas; todos allí estaban tensos.

Luego vi cómo un hombre se deslizaba por las ropas del gigante que lo había cargado antes y caía, respondiéndole también, hablando sobre buscar matarnos y demás. Los observé a todos, curiosa, incluso a Kay, que parecía titubeante por alguna razón. 
Golpeé el suelo con uno de mis pies.
—Creo que de nada servirá seguir golpeando las paredes, hermana —le dije a la albina.

—¡OYE, HERMANO! —grité desde donde estaba, asegurándome de que me escuchara fuerte y claro—. ¿Quieres un poco de relajante natural? —señalé la pipa levantando la mano mientras daba otra calada y la soltaba, componiendo una sonrisa—. Estamos buscando la forma de salir de aquí, ¿de casualidad sabes cómo? —pregunté mientras caminaba un poco hacia la derecha de Kay, al menos a unos cinco metros de ella, sin quitarle los ojos de encima a aquella cosa.

Esperaba que, fuera lo que fuera, aquello no se pusiera demasiado feo. Por lo pronto, intentaría no perder la compostura y mantener la cabeza fría.


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Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
#14
Atributos Personaje


El suelo aún olía a sal y muerte. Me hallaba hecho un ovillo, el cuerpo encorvado y las rodillas recogidas, los brazos cruzados sobre el pecho como si así pudiera contener el temblor que no me dejaba en paz. Sentía el frío de la piedra metiéndose por los poros, pero no era eso lo que me estremecía, sino la idea constante, la imagen repetida que mi mente no paraba de proyectar: sus rostros cayendo en la tormenta, las manos extendidas que no pude alcanzar.

Llorar siendo gigante es una experiencia que nadie quiere vivir. Las lágrimas no se sienten pequeñas, son mares, torrentes de agua salada que se mezclan con el polvo y la sangre. Ni siquiera recordaba que Jin seguía aferrado a mi barba, como una garrapata, hasta que su voz, tenue pero firme, me sacó un poco de esa oscuridad.

Ni siquiera respondí. No podía. El sonido de su voz era un eco que llegaba desde muy lejos, atravesando una pared de pena tan gruesa que casi no la entendía. Escuché cómo manipulaba el den den mushi, los clics de sus pequeños dedos y luego… el silencio. El silencio del aparato que no contestaba, el silencio que me perforó el pecho más que cualquier arma. “No hay respuesta”, fue lo último que le oí decir.

Golpeé el suelo con una mano, apenas con fuerza, pero el estruendo resonó por todo el pozo como un trueno subterráneo. Me cubrí el rostro con las manos y apreté los dientes. —No puede ser… no puede ser…— Repetía para mí mismo, hundido en esa culpa amarga. Ellos confiaron en mí. Yo tenía que haberlos protegido. Si tan solo… si tan solo hubiera sido más rápido, si hubiera tenido un agarre más firme, si no hubiera soltado la baranda. Todo giraba en mi cabeza como un torbellino.

Fue entonces cuando escuché esa voz.

Una voz afilada, teatral, con la arrogancia de alguien que se cree un dios y ve a los demás como insectos insignificantes parte de una creación mayor.
No la entendí al principio. Palabras como “belleza”, “perfección”, “ser superior” se mezclaban con el eco de mis pensamientos. Me costó creer que alguien estuviera hablando de sí mismo con tanta devoción en un lugar como este, rodeados de muerte y ruinas. Me llevé las manos a la cara, las aparté de golpe, y solo entonces giré la cabeza, aún tumbado sobre la tierra, para mirar al tipo que interrumpía mi duelo.

Ahí estaba.
Un hombrecillo extraño, de piel violácea pálida, con cuernos que parecían pulidos a mano y una sonrisa demasiado ancha para la situación. Caminaba con paso medido, casi danzando, como si esperara aplausos. Su cola tintineaba con anillos dorados. Su discurso se extendía como una obra de teatro: “La belleza es jerarquía natural… deberían sentirse honrados de contemplarme…”

No podía creerlo.
¿Honrados?
¿Honrados de qué? ¿De sobrevivir a una tormenta que había matado a decenas, quizá cientos, de inocentes? ¿De estar encerrados en un agujero sin cielo ni aire? ¿De compartir espacio con alguien tan ajeno al dolor que lo convertía en espectáculo?


—¿Por qué…?— Murmuré. —¿Por qué alguien diría eso ahora?—

No esperaba respuesta. Ni la buscaba.
Seguí mirándolo, tumbado aún, con los ojos hinchados y la respiración entrecortada. Por un instante pensé que todo era una alucinación, un producto del trauma, un eco deformado de mi cabeza rota. Pero no, él estaba allí. Se movía, hablaba, creía cada palabra que decía. Jin estaba a mi lado, pequeño, atento, pero yo solo podía pensar en lo absurdo de todo aquello: la tormenta, el naufragio, la muerte… y ahora esto, un bufón haciéndose pasar como un dios.

—…...No tienes idea de lo que pasó arriba, ¿verdad?— Murmuré al fin, con voz ronca, sin levantarme aún del suelo. Mis palabras salieron como un gruñido cansado. El tipo siguió sonriendo, inmutable, como si mis palabras fueran una corriente de aire que apenas le despeinaba el ego. Yo cerré los ojos, apreté los puños y sentí cómo el corazón me latía en las sienes. En mi interior algo oscilaba entre la rabia y la tristeza, una mezcla tan densa que apenas podía distinguir una de otra.

Me di la vuelta lentamente, quedando boca arriba sobre la tierra fría, mirando hacia lo que fuera que había sobre nosotros, quizá piedra, quizá oscuridad, y respiré hondo. No podía seguir llorando. No podía quedarme encogido mientras alguien usaba la tragedia como escenario para su vanidad. Pero tampoco tenía fuerzas para levantarme todavía.

Así que me quedé ahí, el pecho subiendo y bajando con lentitud, observando al hombrecillo desde la distancia con los ojos entrecerrados. Aún dolía, todo dolía, pero empecé a sentir cómo el temblor de mi cuerpo se volvía más firme, más enfocado. No era el momento de discutir belleza ni jerarquías. Era el momento de sobrevivir. Y si este tipo seguía hablando, bueno… tarde o temprano iba a tener que explicarle lo que significa el respeto a los caídos para los gigantes.


OFF
#15
“Parece que les aburrió mí, Monologo” – dije borrando la sonrisa de mi rostro mientras volvía a bajar la mano. Aquellos monos asquerosos no podían apreciar el arte, aunque caminara delante de sus ojos y les sacudiera violentamente de los hombros. En lugar de apreciar mis palabras, se atrevieron a cuestionarme, ignorarme, e incluso contrariarme con sus ideas estúpidas e infundadas. Necios, tercos, tontos… desagradables. Pagaran caro el pecado de no apreciarme. Mientras aquellos esperpentos me dirigían sus palabras vacías y estúpidas, vi como mi Monologo empezaba a generar los efectos esperados, por lo que coloqué con la gracia de un artista labial sobre mis perfectos y curveados labios y reí – “Ho ho ho” – a lo que añadí sin dejar de sonreír – “por lo visto mis hermosas palabras caerán en saco roto, una pena, me han confirmado que ninguno de ustedes tiene derecho a sobrevivir esta noche.” – y, mientras aquellas chicas sin gracia se movían por la pared alejándose ligeramente, el chico feísimo de los cuernos se acercaba unos pasos, el gigante del báculo bebía como el ser grotesco que era, aquel humano pálido fumaba sobre el pecho del otro gigante mientras desenvainaba su espada, y el segundo de los asquerosos gigantes aquellos se encogía como un bebe que debió ser tirado a la basura al nacer mientras escupía estupideces que no me digne ni a escuchar, active un poder que equiparaba el tamaño de mi belleza con el de mi persona.

 
Creciendo en un instante 25 metros, superé en altura a todos los presentes, despilfarrando belleza a por doquier, y sin perder un instante avance dos metros y rote el torso hacia la izquierda a la vez que dije con la gracia de un artista – “Elegancia” – a la vez que desenrollaba mi cola (misma que ahora medía 25 metros de longitud al igual que mi cuerpo, haciendo tintinear aquellos anillos que la adornaban los cuales habían pasado a medir un metro de diámetro) con fiereza haciendo un barrido diagonal el cual castigo a aquellos dos gigantes asquerosos (al borracho pegándole en la cara) junto con el estúpido ser pálido que se encontraba sobre el pecho del barbudo pues mi latigazo había impactado en el pecho de los gigantes donde todavía se encontraba ese humano lamentable quien había atinado a desenvainar su arma, en valde. Los otros… bichitos, tuvieron la suerte de esquivar el golpe por simple diferencia de altura y distancias, pero eran irrelevantes, de momento, podían seguir observando las paredes o caminar cuanto quisieran.
 
Sintiendo mi odio crecer hacia aquellos dos fenómenos a los que había regalado la gracia de mi atención, y aprovechando el impulso que el latigazo de mi cola me había dado (la cual enrolle sobre mi cuerpo a modo de cinturón nuevamente), empecé a girar sobre mí mismo tomando una posición de ballet (aquel bello arte marcial del que me había enamora hace más de 20 veranos atrás) mientras mi belleza se seguía desbordando por todo el escenario pasando a tener una altura digna de veneración, alcanzando 80 divinos metros de altura, y libere mi pierna izquierda (usando la derecha como pivote) para impactar con la espinilla en el pecho de los dos gigantes quienes se encontraban derribados en el suelo (el borracho habiendo caído tras mi primer golpe siendo incapaz de soportar la belleza del mismo), aplastando a la vez a aquel humano insulso y pálido en el proceso a la vez que exclamaba – “Grand fouetté: Ano natsu no hi no memoir” – el impacto nuevamente ignorando a los otros tres desdeñables seres que se habían atrevido a ignorarme, regrese mi pierna izquierda a su posición inicial quedando nuevamente de frente a mis… tributos.
 
Aprenderán por las malas a apreciar la belleza… mi belleza, ternuritas.  
 

 
Resumen

Aclaraciones

Belico

Gastos

Den Den Mushi

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1976 + 0 = 1976
Energia: 1592 - 423 = 1169
Espiritu: 300 + 0 = 300
#16
Atributos Personaje

Buah, creo que como vuelva a bostezar se me va a descuadrar la mandíbula, pero es que el tío es un pesado y yo ya no se que decirle.

Sonrío divertida ante las palabras de Lan, negando de forma suave.

Hasta que todo explota, un golpetazo, otro, yo aguanto el aliento viendo el desastre y algo en mi cabeza sabe que tenemos que hacer algo. Joder, decir que tenemos que movernos se queda corto.

Tengo que evitar que vaya por ellos de nuevo, no voy a permitir que los mate y se de sobra que yo y Lan podemos hacer algo.

-Giyuu, aléjate de nosotras y ten cuidado.- Es todo lo que le digo mientras avanzo un metro en diagonal hacia el bicho, empezando a frotarme las manos, haciendo un gesto a Lan para ponernos a ello.

¿Sabéis la cosa más buena que tiene ser ruidosa? Los benditos pulmones que ni un par de años con el tabaco me han podido quitar.

-¡OYE, MALDITO DESGRACIADO HORRENDO, VEN A PEGARTE CON NOSOTRAS!, ¿O NOS TIENES MIEDO? CLARO, SIENDO ASÍ DE FEO, ES NORMAL, SEGURO QUE CUANDO NACISTE EL MÉDICO GOLPEO A TU MADRE POR TRAERTE A ESTE MUNDO.

¿Qué? Seguramente había podido pasar, suponiendo claro que haya nacido de alguien, no lo sé, la biología de otras razas no es definitivamente lo mio.

-ERES UNA DESGRACIA PARA LA VISTA, OJALÁ SER CIEGA PARA NO VERTE, Y TENER AMNESIA PARA OLVIDARTE.

Estoy definitivamente tocándole las narices, los cojones no se si tiene, pero es mi solemne misión hacer que venga a por Lan y a por mi.

-VAMOS, TANTO HABLAR DE GIGANTES Y AHORA ERES MÁS GRANDE, Y MÁS FEO QUE UNO, QUE HASTA EL PINTALABIO TE EMPEORA LA CARA, ESE SUBTONO TE HACE CARA DE POLLA Y NO TE ENFRENTAS A NOSOTRAS PORQUE SOMOS MÁS GUAPAS QUE TÚ.

Me doy un par de golpecitos en el pecho, señalo a mi compañera pelirroja, mientras le invito a que venga a pegarse con nosotras.

-¡ENVIDIA ES LO QUE TIENES, QUE ERES TAN FEO QUE EL DÍA EN QUE NACISTE FUE DECLARADO LUTO NACIONAL! ¡VEN Y ENFRENTATE A NOSOTRAS, FEO, QUE ERES FEO! ¡Y APARTE DE FEO SEGURO QUE DEBIL!

Señor, como mi plan no funcione a lo mejor Lan y yo nos vamos para el otro barrio, pero la verdad es que retarle a que venga a por nosotras es lo más efectivo para que deje al resto.

Es hora de ponernos serios.

OFF
#17
Atributos Personaje

El joven gigante, quien se encuentra bebiendo por afán de su vicio, un vicio adquirido con el tiempo y los viajes, no puede hacer mucho más, ni bien termina de beber nota como el sujeto, anteriormente no tan grande como para ser tan visible para él, crece exponencialmente hasta ser más alto que el propio Kelvin, incluso aún mayor que el gigante que tiene al lado, que ya es mayor que el mismo Kelvin. Para cuando puede reaccionar a la acción del tipo, en todo su tamaño, su cola impacta contra su pecho, lanzándolo de espaldas, haciendo que el daño sea tremendo. Para más inri, el joven apenas logra levantarse cuando el sujeto, quien parece tener un desprecio inusitado contra los de la raza de Kelvin, y eso se demuestra porque justo después, vuelve a golpearlo, dejando al gigante medio aturdido.

El golpe en su cuerpo acumula demasiado daño, sus capacidades de por si ya mermadas por el impacto de la caída, luego el efecto soporífero de la voz petulante y pesada del adefesio con aires de belleza más los golpes, el joven gigante ahora es como un gran cuerpo de inestabilidad y problemas para moverse, siendo que su mente está dando tumbos, siendo que hasta valora la posibilidad de que todo termine ahí para él, que no llegue más allá de aquella maldita montaña, de aquél ridículo y miserable cubil en el cual se vio encerrado junto a y loco narcisista que le desprecia sin motivo alguno, más allá de ser un gigante, siendo irónicamente, capaz de ser aún mayor que el propio gigante.

Los pasos del joven, al tratar de moverse denotan su estado, descoordinado, incapaz de mantenerse erguido de no ser por apoyarse en el muro, trata de alejarse de esa zona lo más rápido posible, aunque claro, su estado y circunstancia le complican la vida para hacerlo. Intentaría una jugada para buscar un golpe de suerte y fortuna, pero eso sería ponerse en un rango donde el tipo podría aplastarlo con facilidad nuevamente. Por ahora ha de recuperarse, ha de moverse lo máximo que pueda, que es la ridícula distancia de un metro, pero poco a poco irá recuperando capacidad y podrá moverse mejor, pero por el momento, se aleja lo suficiente, en silencio, tampoco puede hacer más. No sabe qué harán los demás, pero al parecer alguien está gritando, aunque su confusión le complica entender muy bien la situación, por ahora, solo quiere recuperarse, antes de ponerse en marcha y tratar de conseguir que el tipo esté el tiempo suficiente para que pueda robarle algo de suerte.

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1314 - 900 = 414
Energia: 1180 + 0 = 1180
Espiritu: 171 + 0 = 171
#18
Atributos Personaje



Me encogí de hombros volviendo a ponerme la pipa y le di una calada suave cuando este comenzó a reírse. Lo miré espectante, aunque era verdad que pensaba en que aquello no tenía pinta de que fuera a ser simple; ya que, delante de mí, había un gyojin que no paraba de hablar sobre sí mismo, cantando incluso nuestra sentencia de muerte por orden de alguien más.
Aquello escaló. —Paciencia en la forja —me recordé a mi misma y a Kay.

El gyojin creció en un pestañeo. Lo observé, estupefacta. Desenrolló su cola y, de un segundo a otro, golpeó con ella a los gigantes. Mis músculos se tensaron de un momento a otro sin que yo los controlara; el fuego tintineante de la forja en mi interior cobró vida, chisporroteando y encendiéndose como un volcán a punto de hacer erupción, mis mejillas se sonrojaron, aquello habái debido doler y aquel gemido que alcancé a escuchar cuando recibieron el golpe, terminó por encenderme completamente. Aquella era de las mejores sensaciones…
Mi torso había quedado de frente hacia el gyojin mientras miraba detenidamente a los gigantes, que aunque aturdidos, todavía estaban vivos detrás de ese golpe.

Aquello solo iba a significar una cosa; un delicioso ardor me recorríó el cuerpo.
Miré a Kayseira a mi lado y vi en su rostro todo lo que necesitaba; aquella cosa volvió a crecer frente a mí, esta vez girando sobre sí mismo en una posición de ballet.
Kay dio un paso al frente y entonces le dediqué una señal de paz y amor a Giyuu aún con las mejilals sonrojadas, para después mirar a Kay y tras una mirada y una sonrisa socarrona, asentir a su señal.

¡COÑO, SÍ!, ¡ESTOY LISTA!

La emoción contenida explotó por mi boca y mi excitación comenzó a verse através de mi mandíbula apretada y en los músculos de mi espalda, que ahora eran revelados a mis compañeros al dejar caer la capa de lobo detrás de mí. Y en ese momento, los gritos de Kayseira lograron lo que en mucho tiempo no había pasado: encender el reto, prepararme para la batalla.

Me partí de la risa, y a través de mi estomago salió disparada una carcajada ronca, profunda y cantarina, casi cínica que se transformó en un grito.

HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAAHUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAAHUHUHYYAAAHYYAAAHUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA

Seguramente alguien como aquel gyojin pensaría que me estoy riendo de él por su aspecto. Pero nada más lejos de la verdad.
Era alegría.

¡POR LA BATALLA!


Me reí a todo pulmón mientras salía despedida a toda la velocidad y fuerza con la que daban mis piernas y pies descalzos hacia el gyojin de entonces ochenta metros. Avancé hasta cinco metros hacia él a todo lo que daba, mientras de mi boca no salían más que carcajadas y mi cuerpo sprinteaba aquellos metros, subiendo la tensión y mi excitación por la batalla.

Off
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
Hablo #e82a1f | Pienso #E86E04 | Narro
Karmas
#19
Debía admitir que no era algo que se esperase el incremento de tamaño de aquel nuevo individuo. Todavía se mantenía en el pecho de Thrym, pero a duras penas tuvo tiempo de reaccionar a tiempo. Solo vio unos dorados anillos directos en la posición en la que se encontraba. Su intención era dar un salto, evitar el golpe o incluso usar su propia katana para realizar un movimiento horizontal para, como mínimo, realizar un daño, por mínimo que fuera, algo que fue total y completamente interrumpido tras ser aplastado con esa fuerza por la cola del nuevo enemigo. Lo único a lo que pudo llegar a reaccionar fue a hablar de nuevo.

[Imagen: fYxQd6G.jpg]

—¡MUÉVETE ESTÚPIDO GIGANTE INÚTIL!

El impacto fue inminente. No lo hizo volar, tampoco es que pudiera. Encontrándose en el pecho del gigante solo se sintió aplastado contra su cuerpo, con un impacto brutal que alcanzó todo su cuerpo. El gemido de dolor fue corto, pero perfectamente audible. En el momento que la cola retrocedió, el cigarrillo de entre sus labios descendió hasta caer a saber dónde. Su mente de repente parecía estar viajando, completamente aturdido, sin capacidad siquiera para moverse, la propia katana comenzaba a deslizarse lentamente de entre sus dedos en su estado, aturdido, desorientado. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía? ¿Su jefe estaba delante? ¿Otra vez en uno de esos duros entrenamientos en los que perdía la razón?  Todo se sentía exageradamente lejano, su cabeza estaba dando vueltas y más vueltas. Incapaz, por supuesto, de conocer que ocurriera alguna otra cosa en su entorno, ya fueran los gritos de la propia Kaysera, o el grito de guerra de Lan.

Respiraba, jadeando prácticamente, tratando de recuperarse a sí mismo. Un ojo más cerrado que otro, ahora percibiendo el dolor con el que había sentido el impacto. Poco a poco podía percibirlo, el dolor, la adrenalina y, además, consecuencia de lo primero, aquel dolor característico en su pantalón, una ligera erección que le era provocada cada vez que el dolor llenaba su propio cuerpo, o lo infligía en otros.

[Imagen: JW4swpU.png]

—Mierda…

Su mano se apretó más firmemente en el momento justo en que la katana estuvo a punto de terminar de descender de entre sus dedos, evitando así perder el arma. Respiraba todavía entre jadeos, ahora ayudándose de una mano para ponerse en pie en la medida que le fue posible. Sacudió su propia cabeza, terminando, al fin, de reacomodar su mente, volviendo a tener la lucidez suficiente para reencontrarse, volver a saber qué estaba haciendo, dónde estaba y qué había estado haciendo en esos escasos segundos que parecieron eternos. El ruido de las mujeres, en parte, le fue de ayuda, aunque no podía decirse lo mismo de lo que tenía entre sus piernas. Tenía que moverse, al menos en la medida que pudiera. Su cuerpo todavía se sentía algo entumecido por el dolor, sin embargo no lo frenó de mantener su katana preparada, en una posición horizontal, desenvainada, aunque justo al lado de su propia vaina para poder facilitar el movimiento sobre el propio gigante, buscando acercarse ahora al contrario en lo que le fuera posible, ya fuera que se iba a distraer con el ruido de las chicas gritándole, o cualquier cosa que fuera a ocurrir, pero el entumecimiento solo logró que el movimiento fuera demasiado lento, sin poder avanzar más de seis metros.

OFF
[Imagen: bTjgVIr.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1803 - 836 = 967
Energia: 1426 + 0 = 1426
Espiritu: 423 + 0 = 423
#20
Lo que vino después me partió la cabeza un segundo el tipo, ese presumido de rosa, creció hasta hacerse gigante ante mis ojos. He visto habilidades raras, pero nunca a alguien hincharse así como si fuera un saco; era desconcertante y cuando vi cómo había golpeado a los dos bestiales que estaban conmigo, supe al instante que debía ir con pies de plomo, con un solo golpe así me dejaba los cuernos hechos polvo.
 
Kayseira habló y, al mirar su rostro, entendí que iban a hacer algo peligroso. Quedarme quieto ahí solo las estorbaría, pero tampoco iba a salir huyendo como un cobarde. —Mal educada, yo también sé pelear —le solté de mala gana, pero le guiñé un ojo, aunque no sabía si lo había visto, aun así, me corrí tres metros hacia atrás, para darles espacio y que supieran que las cubro, que no se me ocurriera a nadie tocarlas desde mi angulo
 
Contenido Oculto

 
Entonces se me encendió la idea. Ese tipo se había pasado pavoneándose como Rossevelt en sus mejores noches, sabía que un poco de lenguaje correcto y unos piropos bien puestos le harían perder la cabeza. Así que jugué la carta que siempre funciona con esos tipos, le hice ojitos como si fuera el propio Roosevelt. —No les hagas caso a estas tipas —le dije justo después del primer comentario de Kayseira  —¡BEEEH! ¡YO APUESTO QUE LES PARTES EL CUERPO EN PEDACITOS A LAS DOS! —subí la voz lo suficiente para que me entendiera y sonara convincente.
 
Cuando Kayseira lo llamó envidia y su amiga se lanzó hacia adelante, yo mantuve mi papel. —OUICHI, ¿quieres que me encargue yo de ambas? Aunque creo que alguien como tú puede con ellas solo y en tu forma original —le dije, empujando su ego con palabras precisa — No hace falta que te hagas más grande, en tu tamaño natural ya eres perfecto y más si es para pelearte con estas dos, tipejas. — Lo hice para que se hinchara por dentro, para que su orgullo lo hiciera volver a la forma normal o, al menos, para distraerlo lo suficiente como para que nos diera ventaja, funcionan siempre, los presumidos caen por vanidad y si algo falla bueno, siempre puedo embestir, aunque con esa forma no creo que funcione demasiado.
 
—Si te dije algo feo al principio, me arrepiento. La oscuridad no me dejaba apreciar toda tu perfección. —Dije mientras me inclinaba desde el torso, un gesto de disculpa tan exagerado como falso; una reverencia de papel para calmar egos.

OFF


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