[EVENTO FIN BETA] Control de Acceso; Parte 2 (Grupo 2)
#11
Kuraku no tuvo la oportunidad de volver a hablar. Quería presentarse como es debido, pero en ese momento apareció un ser descomunal frente a ellos. 
Abrió los ojos de par en par, pues nunca había visto un ser de ese tamaño. 

El enorme desconocido empezó a hablarles, aunque por su tono no parecía amenazarles ni intentar hacer de esto una situación bélica, cometió un error. 

"Aún no sois conscientes de vuestra situación, ahora sois esclavos." 

Kuraku rio. 

Desenvainó su katana y miró fijamente al enorme bicharraco. huhuhuhahahaHAHAHAHA... ¿Acabas de llamarnos esclavos?, porque verás, creo que no entiendes la situación.- El Lunarian se puso completamente firme, y abrió sus alas. - HABÉIS PESCADO UNA PRESA QUE NO SERÉIS CAPACES DE CAZAR. - Diciendo esto, encendió por completo su llama, mostrando su claro enfado. 

Aun con lo impulsivo que era el lunaria, se arrepintió de haber dicho todo eso, pues joder, el enemigo era de 11 metros, daba miedo. -Entiendo que ahora puedas estar arrepentido, así que te doy la oportunidad de retirarte sin pelear. Si nos dejas ir, no nos enfrentaremos. - La verdad es que Kuraku tenía mucha curiosidad por como sería pelear con un monstruo como ese, pero estaba claro que le iba a superar en todos los aspectos.
Kuraku, era muy débil para este nuevo mar y acababa de ser consciente de ello. 
Había que arreglar esta situación como fuese, y si eso acababa siendo una pelea, no tenía nada claro que iba a hacer.

Aclaraciones
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#12
Y, de pronto, todo se vino abajo. De forma literal. Tras los estruendos de las campanas y los sonidos metálicos de las cadenas que sujetaron y conectaron la plataforma al barco que había enfrente, faltaba un último elemento que le daría sentido a toda aquella situación. La última pieza del puzzle. Aunque el oleaje no parecía muy fuerte ni descontrolado, la balsa de madera comenzó a temblar y agitarse de forma extraña, llevando los cuerpos de las tres personas que estaban allí erguidas al suelo debido a la fuerza gravitatoria de aquellos azotes. – Ouch... – Murmuró Enma mientras intentaba mantener el equilibrio en el suelo para, posteriormente, ponerse una vez más en pie. Y, de pronto, ahí estaba. La fuerza sobrenatural que había hecho tambalear la plataforma tenía una respuesta y, probablemente, un nombre: un imponente ser (aparentemente gyojin, pero en versión gigante) emergió de las profundidades del mar y se postró ante ellos con un tono bastante condescendiente, pero no muy amenazante. ¿Cuántos metros mediría? Era enorme, con una tonalidad de piel de color azul que indicaba su linaje marítimo, y unas vestimentas que, para qué negarlo, eran bastante vistosas.
 
Enma no salía de su asombro y tampoco fue capaz de articular palabra en aquel momento. Primero, quería analizar la situación y comprender qué es lo estaba sucediendo, aunque ver que aquel ser no dejaba de repetir una misma verborrea sobre ser sus ‘esclavos’ le daba al pelirrojo una idea de qué podría suceder y del objetivo principal de todos aquellos barcos que se postraron ante ellos. Esto le recordaba, inevitablemente, a su infancia, cuando precisamente un grupo de piratas atacó su villa para esclavizar a toda la población. Esta historia, aparentemente, podría volver a repetirse. Pero desde luego que Enma no era el mismo, y tampoco tenía pensado que el destino lo llevara al mismo punto del que venía. Todo aquello había quedado atrás y la historia de esclavitud y dictadura vivida era un capítulo completamente cerrado que no se podía repetir.
 
Todavía inmerso en sus pensamientos, vio como Bepso realizaba las introducciones pertinentes y se dirigía, con su característico tono pacifista, al nuevo potencial enemigo. Nos presentó e intentó tender la mano al extraño, en un intento por no provocar un conflicto que podría ser innecesario e, incluso, contraproducente para ellos. Lo cierto es que a Enma esta estrategia le resultó muy inteligente y, aunque pensaba que Bepso no la había meditado suficiente, sino que se debía a su carácter innato –por lo poco que le conocía–, decidió seguir sus mismos pasos. – Bueno... Encantado, imagino que hay que decir... – Suspira. – Siempre hay que presentarse... – Continúa. – Y, como dice nuestro amigo... lo mejor es ser amigos... ¿no? Lo de ser esclavos... ya no se lleva. – Sentenció, mientras colocaba nuevamente sus tiritas por el rostro, que le habían caído después de haberse caído en la plataforma. Miró hacia Bepso, que se había acercado demasiado, a su parecer, al posible enemigo, y se preocupó por él a pesar de no conocerlo. Pero no tenía maldad, carecía de ella, así que intentó apaciguar la situación de alguna manera, mientras se alejaba del borde de la plataforma con cada palabra. – ¿Qué te parece...? Somos un grupo... agradable... – Dijo, mientras dirigía su mirada al lunarian, que podría ser el que más inconvenientes pusiera a esta estratagema. 
 
Y, de hecho, así fue. Rápidamente, Enma se arrepintió de sus palabras. En un tono bastante colérico, parece que buscó defenderse del gigante gyojin que se encontraba frente a ellos, expresando que ‘eran una presa que no seréis capaces de cazar’. Pero, ¿era así? Este evidente enfado pareció ser puntual, ya que el joven alado se mostró más cooperativo segundos después, aunque en un tono que tampoco era muy pacífico. – Vaya… – Murmuró mirando hacia él. – Desde luego que alguien tienes problemas de gestión emocional… – Murmuró. – Lo cierto es que no sabemos qué pasa y… estaría bien comer… ¿no? Tengo hambre… – Expresó mientras ponía una de sus manos en el estómago y se alejaba de los bordes de la plataforma. – A él... Puedes obviarlo... – Sentenció entre bostezos, mientras dirigía su dedo índice de la mano derecha al lunarian. – ¿Fue tu banda... la que nos dividió casualmente así...? – Preguntó, curioso. Tampoco podía mentir u ocultar que todo aquello le producía intriga. Volvió a posar la mano sobre su estómago, que emitió algún que otro rugido.
 
No iba a ser fácil. Es verdad que, aunque su apariencia fuera agresiva e incluso grotesca, su tono de voz no le hacía justicia a esta descripción. De hecho, parecía bastante pacífico y esto podría jugar a su favor. Pero las cartas estaban todavía sobre la mesa y, ahora mismo... todo podía pasar. Cualquier cosa.
 
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#13
El más pequeño de todos tomó la iniciativa y me alegró escuchar lo que tenía que decir. Con entusiasmo se presentó y dijo que ellos eran sus amigos, me apenó escuchar eso ya que seguramente acabaran separados, tanto de extremidades, como de algún órgano, como de distancia. Y pese a lo que pueda parecer, lo más doloroso era la soledad. Negué con la cabeza y toqué uno de los tentáculos tatuados que se asomaban por mi pecho con la mano izquierda… sin duda lo más doloroso era la soledad. Su discurso me estaba gustando, excepto la parte en la que no aceptaba ser esclavos. ¿Me estaba intentando engañar? Esperaba que no me tomara por tonto, eso me hacía enfadar. Respiré hondo y me pensé su oferta de ser amigos… quizá en el pasado hubiera aceptado, pero ahora era “La Senda” y debía cumplir con mi deber.

Conforme aquel alegre monigote saltimbanqui comenzó a escalar mi cuerpo con dificultad, y fue a dar el último salto para subirse a mi hombro, lo agarré con mi mano izquierda y cerré el puño, dejándolo atrapado dentro. Pensé en comérmelo porque igual estaba delicioso, nunca me había comido a un tontatta y tenía curiosidad… pero la misión, debía centrarme en la misión…

Con aquel renacuajo encerrado en mi puño izquierdo iba escuchando como al tipo con alas se le iba la cabeza y se comenzaba a reír, sus palabras me herían. Solía pasar, cuando uno se hacía esclavo no lo solía aceptar de primeras, pero lo suyo había ido a hacer daño, y encima se estaba burlando de mí… amenazándome... Me dijo que me iba a dar la oportunidad de irme sin pelear. Fruncí el ceño y sonreí amenazante.

El pelirrojo comenzó a hablarme pero fui incapaz de escucharle, mi mirada estaba clavada en el peliblanco de alas negras, sus palabras me ofendieron y era incapaz de despegar mi vista de él. Mientras el humano iba hablando yo susurraba, en un tono bajito como si pensara en voz alta, difícilmente audible para los presentes:

-Te juro que en cuanto pueda voy a romperte cada hueso del cuerpo y voy a desgarrar la carne de tu diminuto cráneo. Voy a apretarte tan fuerte que tus órganos te van a salir por los ojos y vas a terminar como un amasijo de vísceras y muerte.

Respiré hondo de nuevo, intentando calmarme y dirijí mi mirada al pelirrojo de nuevo.

-No sois personas, sois esclavos. No me importan tus palabras, no me hables más, y no me vais a continuar intentando engañar. Dejar en el suelo cualquier arma que podáis tener y no me enfadéis más.

Resumen del turno

Info bélica


Info narrador


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#14
Atributos Personaje
 
Bepso, después de haber escalado hasta el brazo de Glotz y haber planeado preguntarle su nombre una vez llegara a su hombro, se encontró con un inesperado obstáculo en medio del salto que realizó. La inmensa mano de Glotz se interpuso en su camino y lo atrapó al vuelo. La mano del wotan se cerró con una fuerza implacable alrededor del diminuto cuerpo de Bepso, aplastándolo de tal manera que le resultaba imposible moverse o respirar. La abrumadora presión ejercida por la descomunal diferencia de tamaño y la fuerza del enorme ser lo privaba del aire, y en ese momento, parecía que no había escapatoria posible para el tontatta.
 
A pesar de la dificultad de la situación, Bepso luchó con valentía por su vida. Intentó gritar pidiendo ayuda, pero sus esfuerzos solo resultaron en gemidos guturales completamente inaudibles para nadie, ya que las palabras quedaban atrapadas en su garganta del mismo modo que él había quedado atrapado en la palma del pirata. La inminente amenaza de muerte despertó un primitivo instinto de supervivencia en el tontatta. Utilizando sus poderes, hizo que sus puños se volvieran más grandes y empujó con todas sus fuerzas contra la mano que lo aprisionaba. Su cuerpo se retorcía y doblaba para evitar ser aplastado por sí mismo en el proceso.
 
A pesar de sus esfuerzos desesperados, la situación seguía siendo precaria. La ubicación y la posición no eran las más favorables para luchar por su vida, y la falta de aire se hacía cada vez más agobiante. Bepso sabía que si no lograba liberarse pronto del agarre enfrentaría un destino sombrío, un final prematuro para la emocionante epopeya que nunca habría tenido la oportunidad de comenzar por completo y el fin de una carrera que ni siquiera había tenido la oportunidad de empezar a correr.

Resumen
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#15
Era un día soleado, aunque la situación que estaba viviendo el pelirrojo era más característica de días tormentosos y de mares agitados. Pero, estando en medio del mar, en una plataforma de madera de tantos metros –de ancho y de largo–, sombra era lo que menos había, a excepción de la que provocaba el barco de enfrente en los primeros metros de la balsa más próximos a él. Quizá por este motivo fue tan fácil ver cómo Bepso recorría el cuerpo de aquel wotan, con una altura tremendamente colosal, ya que su sombra parecía correr mucho más que su propio cuerpo. Pero, de repente, el puño izquierdo del posible enemigo se dirigió rápidamente hacia su hombro, como cortando el paso de Bepso o incluso aplastándolo. Este movimiento, bastante ágil por parte del wotan, hizo desaparecer de la vista de Enma a su nuevo y pacífico compañero. Sin embargo, no conocía hasta qué punto esto podría ser visto como un acto de guerra, pues en ningún momento aquel wotan pronunció ninguna palabra sobre la muerte del pequeño tontatta. ¿Quizá le había ayudado a subir y, debido a que puño se encontraba en el medio, no podría verlo?
 
De cualquier manera, lo cierto es que Enma no era capaz de distinguir la voz de Bepso, pese a tener un oído excepcional. De hecho, es seguramente el mejor y más potente de sus sentidos, pero no había rastro del trazo sonoro de Bepso. Lo que sí comenzó a escuchar, fue un breve susurro emitido por el wotan, con un cierto tono de agresividad. Como respuesta, Enma, que se encontraba cerca del centro de la plataforma, en un acto reflejo, hizo uso de su poder para que, de pronto , cinco cuervos emergieran de su espalda, esperando que, debido a su tamaño y al de los cuervos –de aproximadamente treinta centímetros– tuvieran un impacto nimio en el campo visual del wotan. Pero, si así fuera, tampoco sería entendido como un acto de guerra... ¿o sí? Las palabras que habían alertado a Enma habían sido las siguientes: “Te juro que en cuanto pueda voy a romperte cada hueso del cuerpo y voy a desgarrar la carne de tu diminuto cráneo. Voy a apretarte tan fuerte que tus órganos te van a salir por los ojos y vas a terminar como un amasijo de vísceras y muerte”. Mientras las escuchaba, Enma envió dos cuervos a direcciones opuestas, uno a la izquierda y otro a la derecha, sobrevolando levemente la plataforma hacia alrededor de las piernas del wotan; y otros dos se dirigieron hacia el cielo, en un intento por sobrevolar la zona que rodeaba la plataforma y poder observar, también, si se podía avistar a alguien más dentro del barco. El objetivo era claro: conocer cuántos posibles enemigos había frente a ellos. Si había más como este wotan... la batalla estaba más que perdida. O eso es lo que Enma cree ahora mismo. El quinto lo envió al hombro de Kuraku, cerca de sus alas, también de color negro, mientras respondía al wotan, en un tono más elevado de lo normal –para lo que su tono era–. – Oyeee... pensé que no eras violento... pero esas palabras han sido un poco... feas... ¿no...? – Le recriminó entre suspiros al wotan, esperando que sus palabras pudieran dirigir su mirada hacia él, a pesar de su enfado.
 
Pero si algo le había quedado claro a Enma, es que la forma en la que había susurrado aquello indicaba que Bepso no había sido agredido, ya que hablaba sobre una persona a la que “no había cogido”. Si no, ¿por qué iba a decir ‘en cuanto pueda voy a’...? A Bepso podría romperlo en pedazos en cualquier momento. Pero los cuervos que había enviado a sobrevolar la zona y a ver el barco no habían avistado a Bepso, por lo que Enma le preguntó directamente. – ¿Ha llegado el pequeño Bepso... a la cima...? No lo vemos... – Exclamó, a su manera. Esto le dio la idea de enviar un mensaje a Kuraku, pues de los tres era el que más posibilidades tenía de cabrearse en una situación así. – Creo que Bepso está bien... vamos a esperar... – Murmuró el cuervo. – Ah... soy Enma... estos cuervos de hollín... son mi poder... no digas nada. – El cuervo bostezó. La verdad es que una pelea era el escenario menos idílico para Enma, que no era nada violento, y que todavía no tenía grandes aptitudes físicas o de control de su poder, más allá del manejo de cuervos. Pero no iba a ser un esclavo otra vez.
 
El wotan volvió a dirigirse hacia ellos en un tono más elevado, reiterando su mensaje sobre la esclavitud. – Pero vamos a ver... No te hemos dicho... que ser esclavo está pasado de moda... Acaso... ¿no te llega nuestra... voz? No me digas que tan grande... pero sordo... – Preguntó seriamente, mientras se colocaba las tiritas en su rostro, ya dañadas por las constantes caídas. Pero su mensaje ya no era tan violento, algo había cambiado y Enma no sabía qué era. O bien tenía doble personalidad o tenía un conflicto interno bastante grave. Enma miró para Kuraku y murmuró... – Otro con problemas... emocionales... – Suspiró. Y continuó respondiendo al wotan. – ¿Qué armas voy a tener... si apenas puedo tenerme en pie... en esta balsa...? – Bostezó. – ¿Quieres esto...? – Dijo mientras sacaba su caja de tiritas. 
 
Mientras, dos cuervos sobrevolaban la zona para echar un vistazo a sus alrededor y a la cubierta del barco; otros dos se encontraban bordeando las piernas del wotan; y otro se encontraba en el hombro de Kuraku, colocado estratégicamente al lado de sus alas, también de color negro. Y esperando que el wotan no pensara que ese era su poder. Total... ¿qué podría hacer con unos cuervos de pocos centímetros?
 
Aclaraciones
 
Akuma no mi

 
Gastos
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#16
Bepso. Bepso ya no estaba subiendo por el hombro del monstruo. Daba la sensación de que el bicharraco lo había apresado en su puño

Enma se puso a decir algunas cosas en su volumen normalmente bajito. Kuraku lo ignoró. El lunaria tenía mil pensamientos en su cabeza, quería volar directamente a la cabeza del monstruo y empezar a pelear por su vida, quería saltar al brazo del wotan e intentar liberar a su nuevo amigo. Quería hacer todo tipo de cosas de las que luego probablemente se arrepentiría. 

"No sois personas, sois esclavos. No me importan tus palabras, no me hables más, y no me vais a continuar intentando engañar. Dejar en el suelo cualquier arma que podáis tener y no me enfadéis más"

Esas palabras no hicieron más que aumentar esos deseo belicosos. Intentaba seguir buscando a Bepso con la mirada, pero el puño permanentemente cerrado del wotan, solo hacía que aumentar sus sospechas de que lo había atrapado por completo. 
Antes de que Kuraku, muy enfurecido, saltase a la acción para intentar salvar a su amigo, notó algo en su ala. Al girar su cabeza y mirarlo, vio un pequeño cuervo de un raro material apoyado en ella.

Creo que Bepso está bien... vamos a esperar... – Murmuró el cuervo. – Ah... soy Enma... estos cuervos de hollín... son mi poder... no digas nada.

Entonces se percató que no solo había este cuervo, el enorme enemigo tenía 2 más rodeándole. 

¿Esperar? ¿Esperar a que? ¿A que aplaste a Bepso? ¡Yo a este me lo cargo! - Le dijo Kuraku al pequeño cuervo. 
El Lunaria tenía miedo. Estaba cabreado, pero tenía miedo. ¿Cómo se iba a enfrentar a un monstruo como ese? Era algo obvio que le superaba en todos los aspectos, solo había un par de cosas en las que Kuraku podría resaltar, y era el momento de hacerlo. Porque el wotan, no era el único monstruo que había allí.

Volvió a extender bien sus alas, y las impulsó con fuerza hacia abajo, elevándose del suelo. Miró fijamente al Wotan, y aun sosteniendo su katana, fue hacia él. 
El lunarian era impulsivo, pero no tonto, tenía un plan, y quería intentarlo. 

Se quedó cerca del Wotan, intentando mantenerse a la altura de su cabeza, mirándole fijamente a los ojos. Apuntó con su arma al gran ser, y se quedó en posición de ataque, como esperando a que este le mandase un golpe. 

¡Yo no soy esclavo de nadie!, ¡En mi estado, no podrás ni siquiera atraparme! 

El plan tenía que funcionar, o toda esta pequeña aventura no habría significado nada.

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#17
El pelirrojo comenzó a sacar pájaros negros de su espalda, estiré mi brazo derecho y lo apunté con el dedo índice, sólo por precaución, pero parecía inofensivo… ¿qué me harían unos pájaros? Tras sacar a esos pajarracos, y aún señalándolo con el dedo índice, me increpó ser violento, me jodía reconocerlo, pero esta vez había tenido razón… me había dejado llevar por mis sentimientos.

-Oh… tienes razón… antaño fui una persona bastante colérica y bueno… seguramente al chiquitín me lo hubiera comido, a ti te haría pateado hasta deshacerte en vísceras por diversión y al vacilón de tu amigo lo hubiera tenido encerrado en una jaula hasta que muriera de viejo. Pero ya no soy así, me disculpo. Tienes razón…

Mientras hablaba con el esclavo de las tiritas me pude fijar en que uno de aquellos pajarracos se ponía a hablar con el chaval en llamas. Seguramente estarían tramando alguna estrategia inútil, su destino ya estaba escrito y daba igual lo que intentaran.

El humano continuó hablándome, pero no le presté ni la más mínima atención. Mi puño izquierdo… le pasaba algo… algo dentro de él intentaba empujarme, algo pegajoso. Mi piel azul palideció levemente y un sudor frío recorrió todo mi cuerpo. ¿Había apretado demasiado? Abrí la mano inmediatamente y me encontré al simpático enanito recubierto de una masa blanca pegajosa, ¿acaso su sangre era así? Deje de apuntar a Enma con mi dedo y, con el dedo que antes apuntaba al pelirrojo, acaricié su pequeña cabecita y lo dejé en el suelo. Estaba muerto.

-Chicos de verdad que lo siento… vuestro amigo…

Y entonces escuché al niño de piel morena gritar: “Yo a este me lo cargo”, e inmediatamente después fue volando hacia mi, sosteniendo su katana. Lo sentía muchísimo, pero la masacre acababa de comenzar. Retrocedí levemente mi hombro derecho y flexioné el codo, mientras abría la palma de mi mano y doblaba el pulgar, poniéndolo en el centro de la misma. Inmediatamente después, cuando aquel bichejo desagradable estaba a menos cinco metros de mi estiré el brazo y le golpeé con una potente y gigantesca onda de vapor de agua que lo lanzó volando bien lejos, pero aún dentro de la plataforma. Aquel golpe generó un estruendoso sonido que molestaría a los allí presentes e hizo que la plataforma se agitara durante unos segundos de forma violenta.

-No decidas hacer esto por las malas, me caes bien. -le dije al pelirrojo, ya que supuse que el parajo llameante estaba muerto, y el enanito había fallecido en mi mano. -El siguiente ataque que haga será más fuerte, quedas avisado.


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Gastos y Daños


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#18
Después de unos tensos segundos empujando los inmensos dedos de Glotz, Bepso finalmente notó un atisbo de movimiento en ellos. Comprendiendo que debía dejar de empujar antes de que fuera demasiado tarde, el enano se preparó mentalmente para tomar una bocanada de aire en cuanto tuviera la oportunidad.
Cuando la enorme mano del wotan finalmente se abrió, la repentina luz del sol deslumbró a Bepso. Instintivamente, el pequeño tontatta cerró los párpados y ladeó la cabeza para evitar que la luz del sol le dañara los ojos. Además de que el movimiento de su vientre al respirar, casi imperceptible debido a su diminuto tamaño en comparación con Glotz, dio la impresión equivocada al pirata de que Bepso había fallecido en su mano. La sorpresa y la preocupación se apoderaron de él, a juzgar por su tono, mientras observaba la pequeña figura de Bepso con gran asombro.
 
Cuando, con una inusual delicadeza, Bepso fue depositado en el suelo abrió lentamente los ojos. Para su sorpresa, vio a dos pájaros negros como la noche sobrevolando la plataforma. ¿Estaría alucinando debido a la falta de aire que había experimentado momentos antes? Poco a poco, el pequeño tontatta se incorporó y se sentó en la plataforma, justo al lado de uno de los imponentes pies de Glotz.
El enano se frotó los ojos, aún algo confuso y sin entender del todo qué eran esas aves que habían aparecido de repente. Mientras observaba a Kuraku volar hacia el gigante, sintió un temor profundo en su interior. Se levantó rápidamente, intentando advertir a su compañero de que era una mala idea, pero ni siquiera tuvo tiempo de abrir la boca.
Un estruendoso sonido resonó en el aire, tan potente como una explosión. Lo siguiente que vio Bepso, que cerró los ojos como acto reflejo al escuchar el sonido que Glotz había provocado, fue a Kuraku siendo arrojado violentamente en la dirección opuesta al wotan. El lunarian volaba, pero no por elección propia; había sido lanzado a gran velocidad debido al poderoso golpe que había recibido.
 
La sangre de Bepso se heló al ver la condición en la que quedó su amigo, tumbado y aparentemente inconsciente tras ese brutal golpe. Con una determinación nacida de la preocupación, el enano se puso en posición y corrió hacia el cuerpo de Kuraku. Se colocó sobre el pecho del lunarian, tratando de verificar si al menos seguía consciente. — ¡Eh, eh! No vayas a morir, ¿vale? —comentó con angustia, incapaz de ocultar su preocupación por su amigo. Luego, se giró hacia Enma, para confirmar su condición, él parecía estar ileso, al menos, finalmente volvió a mirar a Glotz, comprendiendo que, a regañadientes, tendrían que acompañar al gigante ya que no tenían muchas opciones. La situación estaba demasiado clara como para resistirse, si no lo acompañaban por las buenas lo harían por las malas.
 
Está bien, iremos contigo, pero me gustaría saber si a mi amigo lo van a poder ayudar, necesita que alguien revise su herida...
 
A pesar de su deseo de pedir estar junto a sus amigos, Bepso entendió que no era el momento de pedir más favores, especialmente dada la tensa situación. No quería provocar la ira de Glotz ni poner en peligro a sus compañeros de balsa. Aceptó la oferta del pirata y su derrota, completa y aplastante.
Sabía que no podía hacer mucho en esa situación, pero al menos intentaría evitar que el conflicto escalara aún más. Viendo lo mal que había terminado Kuraku después de recibir un solo golpe, era evidente que ni él ni Enma estarían en condiciones de sobrevivir a una lucha prolongada. Si querían sobrevivir, y al menos Bepso si que quería, la única opción por el momento era someterse.
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#19
Los cuervos pasaron aparentemente inadvertidos para el wotan, o quizá él los había ignorado por considerarlos inofensivos. En cualquier caso, Enma consiguió su objetivo de obtener una visión panorámica de lo que estaba sucediendo alrededor, aunque la respuesta que obtuvo no fue la que esperaba. Quizá era su ingenuidad e inocencia, pero quería encontrar algún tipo de elemento que les pudiese ayudar a darle la vuelta a aquella situación, pero nada más lejos de la realidad. Alrededor de la plataforma no había nada y la cubierta del barco... era una más, sin nada en particular que captase su atención, pues sólo había gente, barriles y mucho murmullo. La pregunta entonces era, si conseguían salir de esa situación, por algún tipo de milagro... ¿tendrían que enfrentarse todavía a más personas? Porque si este fuera el caso, la situación ya estaba perdida. No había que darle más vueltas. Pero Enma no había llegado hasta este punto para rendirse o convertirse en esclavo; por lo menos, no sin antes luchar, aunque la batalla fuese más intelectual que bélica, ya que en este campo estaba completamente perdida. De eso, no había duda. Un wotan de once metros contra tres personas que no les llegaban a sus rodillas, una de ellas incluso era más pequeña que uno de sus dedos... el resultado lo había decidido el destino mucho antes de que sus cuerpos aterrizaran en aquella plataforma. Pero había que buscar una situación, una alternativa, un pequeño atisbo de esperanza. Y, con este pensamiento, los (dos) cuervos que en ese momento se encontraban supervisando el barco y los alrededores se dirigieron cada uno hacia un lado, uno a la derecha y otro a la izquierda, para conocer qué eran las siluetas que se podían percibir en medio de aquel océano. ¿Serían otras plataformas como en la que ellos se encontraban? La respuesta fue afirmativa. El control de Enma sobre su poder no era tan fuerte como para poder controlar a miles de metros de distancia estos cuervos, pero sí lo suficiente como para acercarse a dos plataformas que se encontraban a su derecha y a su izquierda. Y el panorama resultaba desolador. En ambas plataformas había varias personas en lo que parecía ser una contienda, especialmente en una de ellas, a su izquierda, donde una silueta sobresalía más que el resto por su tamaño y apariencia. ¿Qué era aquello? Y, de pronto, '¡pum!', un tremento estruendo llegó a los oídos de Enma, e incluso de los cuervos, de un lugar más alejado de lo que podía alcanzar su mirada. Esto empeoraba por momentos. Desde luego, esta visión panorámica de sus alrededores le dio una pista a Enma de qué estaba sucediendo y que su situación no era única, pues varias personas estaban viviendo lo mismo, pero sí especial: en su plataforma todavía no había comenzado un conflicto. Y esto es algo que había que aprovechar... o así lo creía el pelirrojo.
 
Mientras, el wotan parecía estar respondiendo a Enma de una manera de lo más inusual, con un tono muy diferente al que había mostrado hasta ese momento. Expresaba haber sido una persona colérica, pero que ahora había cambiado... de alguna manera. En un principio, Enma quiso dudar de estas palabras, pero una persona de su tamaño y con sus fuerzas podría haber terminado esto con un simple suspiro. – Así que... Antes eras malo... ¿Y ahora bueno...? – Pregunto Enma, interesado. – Entonces... ¿cuál es el motivo... de querer hacernos esclavos... si eres bueno...? – Continuó preguntando. - ¿Te persigue... tu pasado? – Sentenció con la pregunta, en lo que parecía un proceso de terapia psicológica. Desde luego, el potencial enemigo no era una persona estable emocionalmente, pero tampoco parecía tener la suficiente inteligencia como para trazar un plan ingenioso. No es como si lo necesitase, tampoco, pues sólo había que ver la situación de superioridad en la que se encontraba. Pero a pesar de esta evidente superioridad, y también de los avisos de Enma, el lunarian se lanzó a la aventura en un intento por amedrentar al enemigo, alzando el vuelo y mostrando su espada, acompañando este gesto con un tono amenazador.
 
Este momento fue interrumpido por unas palabras desalentadoras por parte del enemigo, quien expresaba una sensación de lamento mientras una sustancia blanca escurría de sus manos. Ni Enma ni los cuervos que todavía rodeaban las piernas del wotan podían deducir si era o no Bepso, pero esta situación se aclaró segundos después al observar como, por algún tipo de poder extraño, el pequeño tontatta se encontraba perfectamente. No podemos decir lo mismo del lunarian que, a pesar de los intentos de Enma por amainar la tempestad que había percibido que podría llegar, recibió un duro golpe del wotan que hizo que sobrevolara la plataforma unos cuantos metros hacia detrás. Por poco y no cae al mar y, por lo que Enma había deducido del poder de Bepso... ninguno de los presentes lo podría haber salvado. – Ara, ara... esto va a ser problemático... – Murmuró Enma, en un tono ciertamente desalentador, pero también de enfado, al ver cómo su plan conciliador se había desvanecido. Y su cuerpo, debido al estruendoso golpe, volvió a caer sobre el suelo de aquella plataforma. ¿Qué tan resistente era? – Ves... apenas soy incapaz de ponerme en pie aquí... – Continuó con aquella idea de que no tenía armas, mientras se levantaba y agarraba la caja de tiritas, acercándose a Kuraku. – Te lo advertí, pero... hay gente que no piensa demasiado... – Sentenció mientras le dejaba la caja de tiritas a Bepso, que se encontraba ya a su lado. – Quizá necesite alguna... – Enma era médico, pero sus conocimientos y recursos no le permitían ofrecer una asistencia lo suficientemente buena para mejorar la situación. El lunarian había tomado una decisión y se había equivocado. Ahora tocaba pensar en otra estrategia.
 
Mientras, los cuervos que se encontraban supervisando las plataformas y el que estaba en el hombro del lunarian alzaron el vuelo para realizar círculos alrededor de la plataforma en la que se encontraba Enma, en un último intento por controlar visualmente la situación. Y justo en ese momento, Bepso quería rendirse. ¿Con qué grupo había ido a topar Enma? – Vaya, vaya... – Murmuró para sí mismo. Escuchó atentamente las palabras de Bepso, así como la advertencia que le había lanzado el wotan después de haberle propinado semejante golpe al lunarian. Pero quizá era el momento de mirar por él mismo, ya que tenía claro que no quería volver a ser esclavo de nadie y que su vida ahora estaba en manos de la revolución. – Bueno, bueno... ¿me has mentido...? – Preguntó mientras dirigía la mirada hacia el wotan y se alejaba de Bepso y el lunarian. – Hace unos segundos me habías dicho que ya no eras colérico... que ahora... habías cambiado... pues... pacífico tampoco eres... ¿no? – Preguntó, interesándose por la respuesta del wotan. – Me gustaría saber... si no eres agresivo... por qué estás intentando... que seamos tus esclavos... y lo haces a golpes... – Continuó. – Sin mencionar... – Paró para bostezar. – Que casi destrozas el cuerpo de Bepso... Y él sí que es bueno, no como… Bueno… No te entiendo... – Enma estaba desconcertado y creía que la mejor estrategia era sonsacar información de algún tipo que le permitiera entender la situación. Si estaban allí para acabar con ellos, ¿por qué no lo habían hecho ya? – Y... mi vida no es mía... es de la revolución... ¿así que qué puedo hacer...? – Lanzó la pregunta. – Desde luego... pensé que había un poco de... bondad en ti... después de haberte disculpado... por casi matar... a Bepso... – Enma se paró y se sentó a colocar las tiritas que le habían caído.
 
Ni el lunarian ni Bepso eran sus amigos, aunque el segundo le caía mucho mejor por su carácter pacifista. Pero no veía que él peligrase precisamente por eso, así que intentó, de alguna manera, obtener información para poder actuar en consecuencia. Si la batalla bélica estaba perdida, sólo quedaba la intelectual. - ¿Entonces...? – Preguntó mientras continuaba observando al wotan.
 
Aclaraciones


Akuma no mi

Gastos
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#20
Atributos Personaje


Kuraku se abalanzó convencido hacia el Wotan, su plan era hacer de cebo y prender el hollín a los pies del monstruo para hacerlo arder y salvar a Bepso en la sorpresa de la situación.
La idea no estaba mal, pero la ejecución fue desastrosa. Cuando Kuraku se presentó frente al monstruoso enemigo, se fijó que había dejado el cuerpo de Bepso en el suelo, y antes de que Kuraku pudiese reaccionar a ello y ver si el pequeño estaba bien, el wotan respondió con un movimiento de brazo.
Kuraku escuchó un estruendo.
 
Su cuerpo voló varios metros hacia atrás, su llama se apagó prácticamente del todo, y sin consciencia alguna en el momento del impacto, no pudo ni ayudarse con sus alas a aterrizar de forma correcta.
 
Esto era absurdo, había sido una idea terrible y Kuraku había pagado por ello, el Lunarian había sido impulsivo y no había pensado en las diferencias reales con su enemigo, como era costumbre para él. Prácticamente, siempre se había enfrentado a cualquier enemigo que le plantase cara, y pocos de ellos habían podido con él. Estaba acostumbrado a abalanzarse sobre cualquiera que le dijese algo sin pensarlo dos veces siquiera. Esta vez, en cambio, sí que lo había pensado, no demasiado, pero lo había hecho. Estaba claro que no había valorado realmente los riesgos. Este mar no era como el North Blue, y eso lo estaba aprendiendo por las malas.
 
El cuerpo del Lunarian, completamente aturdido, cayó en la plataforma de madera, como si de un animal muerto se tratase. Aún no tenía muy claro que había pasado exactamente, pues desde que se comió esa maldita fruta no había ningún golpe que le hubiera podido dar. ¿Cómo podía haber sucedido algo así?
Cuando había recibido algún golpe, las caras de sus enemigos habían sido de terror y asombro a partes iguales por descubrir su poder.
 
Tenía que hacer algo. En ese momento no era capaz ni siquiera de abrir los ojos, le dolía absolutamente todo. Seguía sin saber cómo había ocurrido esto, aunque al menos había tenido suerte de no haber caído al mar. Se sentía fatal, quería explorar este mundo, quería proteger a los de su raza, y en ese momento, quería proteger a Bepso, pero las intenciones no son siempre lo que cuenta, había fallado. ¿Qué habría sido del pequeño? ¿Estaría bien? No podía ni siquiera pensar con claridad en su estado actual. Tras unos segundos en el suelo, empezó a sollozar, completamente impotente por lo sucedido. Había perdido completamente, y rendirse era la única opción que le quedaba. Los sollozos se transformaron en un llanto, un llanto silencioso y ahogado, el cual no podía contener, jamás se había sentido tan humillado, con tanta impotencia que ni siquiera tenía fuerzas para abrir los ojos.
Notaba la sangre caer por su frente, le dolía muchísimo la cabeza. A duras penas seguía vivo, así que no tenía muy claro el estado en el que se encontraba su cuerpo, ya que lo sentía todo completamente dolorido y destrozado.
 
En su momento de inconsciencia, ya en el suelo, le quedó claro que no era tan fuerte como pensaba, que había seres que estaban a un nivel completamente alejado de él. ¿Qué tan inimaginable era la fuerza y el poder de los que controlaban este vasto mar? Pues si simplemente un tripulante de una banda de piratas podía hacer algo así de un solo golpe, ¿qué podría hacer, por ejemplo, el capitán? ¿O incluso, uno de los señores de la guerra? ¿Tan lejos estaba Kuraku de todo eso? Jamás se habría imaginado algo así; una diferencia tan abrumadora entre él y su enemigo.
Si conseguía salir de su estado actual con vida, tendría que prepararse, ya que, para intentar conseguir su nueva meta autoimpuesta, tendría que estar a la altura de monstruos como Glotz. Tendría que entrenar y entrenar, hacerse 10, ¡No! 100 veces más fuerte.
 
Si seguía con vida para entonces, claro…


Aclaraciones
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