Kayseira Ashter
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Día 20 de Verano.
Aun me cuesta acostumbrarme, a veces me tenso sin darme cuenta, mis ojos se apartan de forma inconsciente, me cierro más la bata sobre el cuerpo. Habían presentado a Zhang como médico, y mi mente había ido a lugares oscuros de los que tenía que asegurarme que pudiera volver.
Da igual los tatuajes, la confianza o el hielo que recorre ahora mi cuerpo, cualquier médico podría mirarme las venas de los brazos y darse cuenta. Y él no era cualquier médico, era bueno, y eso nos llevaba a otro problema.
En el momento en el que resultara herida y él intentara ayudarme, si no me calmaba, la cosa podía terminar realmente mal.
Ya no vamos a contar que aun por encima, es al único que si toco, quitando un par por ahí, no le congelo, por lo cual termino pidiéndole ayuda con algunas cosas sobre aquel poder extraño.
En definitiva, esto es un desastre.
No quiero que piense que soy una desagradecida, no quiero que piense que tengo algo en contra de él…¡Por Dios si se ve super simpático!
Dejo morir el cigarro en mis labios hasta que se consume, apoyando la frente contra la mesa de aquella sala que forma parte del lugar en el que nos estamos quedando. Tengo abierta la ventana para que el humo no moleste, pero ahora mismo lo único que me molestan son mis pensamientos.
-Tsk…Asi no vamos a llegar a ninguna parte.-Le he pedido de reunirnos, de hablar, va a ser extraño, lo sé.
He quitado la bata que suele cubrir mis hombros, mis brazos, se ven las cicatrices debajo de la tinta.Precisas, de un bisturí, las marcas de haber llevado una vía durante demasiado tiempo puesta en las venas, evidencias que no puedo ocultar, cosas que un médico debe saber.
-Menos mal que no usa bata blanca.-Patético, lo sé, mientras revuelvo mis cabellos blancos la puerta se abre, y se que tiene que ser él.-Perdona si estabas ocupado o algo, pero necesitaba hablar contigo…¿Disculparme?-Todo lo buena que soy hablando, lo charlatana y descarada se está escapando por la ventana a mi espalda, de eso no tengo duda.
-No se si llamarlo disculpas, pero se de sobra que no he está todo lo cómoda contigo que debería y que no es tu culpa.-Agacho un momento la mirada, mientras mis dedos juegan de forma distraída con los guantes que ahora llevo para no causar tantos problemas.
Zhang Guolao
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El mink había recibido una invitación inesperada y, como siempre, la curiosidad de Zhang era casi incontrolable. Se había despertado temprano, con la primera luz del día, y como la mayoría de las mañanas, emprendió un pequeño paseo matutino en busca de flores silvestres. Las flores frescas siempre eran tan… deliciosas. Una vez llevaba todo lo necesario, regresó de inmediato a aquel establecimiento; no quería llegar tarde.
Zhang caminaba con su calma característica, y luego de unas semanas en la isla, ya saludaba a los pueblerinos con naturalidad. Silencio, por su lado, saltaba entre los tejados desgastados y reía con la alegría de un niño pequeño que no conoce del bien o del mal, una chispa de caos en la vida del viejo burro. Pronto zarparían al mar, y era inevitable sentir un nudo de nervios al pensar en comenzar una nueva historia con personas tan... diferentes. Zhang tragó un poco de saliva; odiaba sentirse de ese modo, pero a su edad, ya se encontraba cansado de… Un pequeño estruendo, hizo que Zhang volviera en sí. Silencio, como siempre, había hecho de las suyas en el camino.
Si bien olvidó aquellos pensamientos, un pequeño sentimiento continuó latiendo dentro del pecho de aquel burro, quien prosiguió su camino de regreso. No tardó mucho en los preparativos; aunque metódicos, eran tan precisos y veloces como dictaba la experiencia de los años. Zhang Guolao entró a aquella habitación vestido con su ropa vieja y gastada, en sus manos cargaba torpemente unas tazas de cerámica y un poco de fruta fresca.
—Buen día, señorita Kayseira —dijo Zhang amablemente, mientras se inclinaba un poco en señal de respeto—. Qué hermoso día-. La voz de Zhang, era calmada y grave. Continuo directo a la mesa, donde pronto sirvió un poco de té para cada uno de ellos.
—Una taza de té para calentar nuestra alma. —Zhang escuchó la voz nerviosa de la chica, y su actitud demostraba mucho más que mil palabras. Su oído agudizado captaba la tensión en cada sílaba. —No hay nada más valioso que una charla y un poco de té. Mucho gusto, Zhang Guolao. Curandero errante, mink burro y un viejo chismoso.
Zhang le dedicó una risa sincera, un relincho suave; él no podía mentir. Las siguientes palabras fueron un poco inesperadas, ¿Incómoda?, se cuestionó por un momento Zhang. No era la primera vez que su presencia, su naturaleza y su apariencia generaban ese tipo de situaciones. —No tienes que pedir disculpas por sentir… Hmmm… —La conversación había dado un giro inesperado, y esto había dejado un poco helado al mink—. Sentirte incómoda es natural, no tienes que disculparte. Tú no tienes la culpa de que yo sea tan feo.-
Zhang de nuevo intentó sacarle una pequeña sonrisa, pero esta vez, sus dientes amarillos sobresalieron en el aire, y Silencio dio un pequeño salto a la mesa para intentar tomar un poco de té. La actitud de Kayseira despertaron de inmediato, el deseo natural de Zhang de querer curar. —¿De qué quieres hablar? Me gustaría saberlo —preguntó Zhang, quien esperaba a que ella tomara un poco de aquella bebida para calmar sus nervios.
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Zhang era tranquilo, eso me agradaba, yo lo era para enfrentar a las cosas pero tenía un arte extraño para llamar al caos. Como por ejemplo hacer pensar al pobre mink que opino algo tan despreciable de él.
- ¿Qué? ¿Tu apariencia?-Casi di un respingo en mi asiento al escucharle decir eso, mirándole con algo de sorpresa. Conseguí detener la taza de té en mis manos y solté una queja al aire, maldiciendo por lo bajo.
El líquido de la taza de té estaba intacto, pero había congelado ligeramente una parte de la mesa que ahora estaba bañada por un brillo helado.
De verdad que no se si ponerme a llorar o a reír en este mismo momento, así que llevo el dedo índice y el pulgar al puente de mi nariz, respiro un par de veces y busco calmarme un poco. Después, le doy un trago al té, agradeciendo la calidez y le miro, refunfuñando con algo de queja, entrecerrando los ojos.
-No me esperaba esa broma, tengo que admitirlo, pero la agradezco.-Al menos he conseguido relajar los hombros, darme cuenta de que hay cosas que no puedo esconder por mucho que quiera.
-Desde que tengo recuerdo, los médicos, los hospitales, nunca han representado nada bueno para mi.-Las palabras salen en un tono algo distante de mi boca, se de sobra que intento no bañarme en ellas, no darle demasiadas vueltas. Abro suavemente los botones de mi manga, mostrando a Zhang aquellas marcas.
Cortes de bisturís, heridas de pinchazos, cosas sutiles que normalmente podrían pasar desapercibidas bajo mis tatuajes, mis heridas…Heridas que se notan no están bien curadas.
-Cao no lo sabe.-Una parte de mi no sabe exactamente cómo decirlo, cómo reaccionaría, quizás se enfadaría, no lo sé.
Tal vez simplemente pensaría que soy un monstruo, como el resto.
Me tenso ante ese pensamiento intrusivo, sorprendida por el mismo, antes de mirar al médico.- Les tengo terror…-Es casi un susurro, pero se que puede escucharlo, que puede ver la forma en la que mis ojos se agachan.-Los hospitales, las batas, cuando se acercan, aún puedo recordarlo, sentirlo.-Mi mano tiembla, mis músculos se tensan, puedo notar como mi corazón amenaza con desbocarse.
Como el miedo quiere tomar las riendas.
-Se que no me has dado nunca una razón para pensar que tú has sido así, que harías lo mismo, pero a veces no puedo evitarlo.-Intente dar una respiración profunda, calmarme, dar otro sorbo a la taza de té, esperar que haga algo de efecto.-Hay olores de productos, sonidos.-Es frustrante, me gustaría que mi cuerpo no reaccionara de esa manera, pero no es algo que se pueda evitar.
Era un bebe cuando todo aquello empezó, está grabado a fuego en lo más profundo y oscuro de mi mente.
-Se que no es justo de mi parte, no cuando no has sido más que amable conmigo y comprensivo.-Incline la cabeza en señal de disculpa, petición, no lo se, a este punto todo es un desastre.-No cuando tengo la poca vergüenza de pedirte ayuda a controlar estos poderes tan extraños, pero quiero intentar remediarlo.
¿Cómo? Bueno, pues eso es lo que vamos a ver como demonios descubrimos.
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Casi se le sale el alma a la pobre criatura. Pensó Zhang, luego de observar su expresión después de aquel inocente chiste. Zhang se cruzó de brazos y se encogió un poco entre sus hombros; siempre era bueno preguntar para salir de la duda.
—Bebe un poco —dijo Zhang, para luego hacerle caso a su propio consejo y tomar un sorbo de té. Se alegró de tener la taza entre sus manos, pues la mesa del lugar pronto se bañó de un tono cristalino, y el aire frío se apoderó de inmediato. El otro individuo, Silencio, dio un grito de sorpresa por su trasero congelado. Zhang soltó una pequeña risa.
—Reír no siempre es el camino fácil, pero sin duda lo hace más llevadero —dijo en un tono suave y calmado, intentando calmar un poco los nervios de Kayseira. La voz de ella sonaba nerviosa y le costaba un poco mirarle fijamente. Zhang escuchó atento las palabras de la joven, observando el reflejo del horror de los hombres en su mirada.
Zhang guardo silencio por unos segundos, intentando encontrar las palabras correctas. – Es válido querer ocultar nuestra historia, ignorar nuestros recuerdo. Pero, ¿sabes qué pasa con un barco que se queda varado, Kayseira?
Hizo una pausa para que ella asimilara la pregunta.
—Si ignoras la marea, te quedas atascada en la orilla, pudriéndote sin ir a ninguna parte. Lo que me has contado es algo terrible, inhumano, pero es lo te ha traído hasta aquí. Has hecho bien en sobrevivir, y debemos seguir navegando. —Zhang movió su mano suavemente, posando su palma helada sobre uno de sus brazos descubiertos.
Zhang intentaba de algún modo conectar con aquella chica. —Las personas solemos pensar que podemos hacer las cosas sin ayuda de nadie, pero no hay nada de malo en dejar que quienes te quieren, te ayuden. Si me lo permites, quiero estar ahí para ayudarte a continuar tu camino y seguramente Cao igual. —Zhang apretó un poco su mano, para luego darle un poco de espacio para que Kayseira pensara en su propuesta.
No iba a ser algo sencillo, pero lo importante era querer hacer algo al respecto. —Te prometo que algún día esto será una historia del pasado. —Zhang la observó con ternura e, inocentemente, buscó entre sus ropas algo para intentar un gesto repentino. De su bolsa, sacó un pequeño botiquín, el cual puso sobre la mesa. —Toma, coge esto, es para ti. —Zhang intentaba ver cómo reaccionaba a ese tipo de estímulos; si iban a la mar, era muy probable que alguna vez tuviese que atenderla, y era mejor conocer mejor a su paciente.
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Yo, que siempre me he jactado de ser directa, clara y concisa, he terminado rodeada de personas con una increíble capacidad de decir las cosas de una forma más poética, bonita y es… agradable.
Al final termino de esa manera, con los brazos cruzados sobre la mesa, de forma suave, mientras niego de manera tranquila.
Se que pasa con un barco, de manera total y completamente literal, pero tengo dos dedos de frente para saber que no habla de eso, que es una metáfora. Una vez la explica, se suaviza mi mirada, es extraño, se que nunca he tenido la oportunidad de sentirme como una niña.
Pero delante de Zhang, siento la calma de alguien que se encuentra en casa, como si incluso el frío no importara.
-Para manejar el frío, eres una persona realmente cálida.-Admito con un gesto leve, una sonrisa algo tímida, no he sido vergonzosa en mi vida, pero tampoco estoy acostumbrada a que alguien sea así conmigo.
Por eso quizás aprecie su gesto, colocando mi mano gélida sobre la suya, asintiendo de forma suave.
-Prometo que en algún momento, habré avanzado lo suficiente en mi camino para contaros que pasó.-Ahora mismo es complicado, admitir mis heridas ha sido una de esas cosas, mis traumas, mis debilidades. Estoy pidiendo ayuda, y es algo que nunca llegué a hacer antes.
-¿Hum?-Miro lo que saca de entre sus ropajes, puedo identificarlo por lógica, e intento calmarme. Se que intenta, ver cómo me afecta, cómo respondo, en algún momento él tendrá que curar alguna herida mía.
Abrí el botiquín intentando mantener mis manos firmes, dejándolo abierto delante de mí, para ver qué contiene.
La mayor parte de aquellas cosas son normales, vendas, gasas. El olor al alcohol para limpiar las heridas me eriza el vello de forma suave. Como si de pronto olieras algo repugnante que busca hacerte vomitar, en mi caso, algo que trae recuerdos dolorosos a mi mente.
Siento un escalofrío un instante al ver los objetos más punzantes, las tijeras, y mientras las miro, mis ojos claros van a Zhang.-Creo…Creo que mejor, si tienes que usar algo punzante conmigo, me dedico a mirarte a ti.-Joder, no le tengo pánico a las agujas, ni a la sangre, pero es verlas cerca de mi y siento como me llevan todos los males.
Esto es patético, la verdad.
-Las tijeras y las agujas, el…-La palabra bisturí es complicada, porque puedo decir exactamente lo que pasa cuando te cortan la piel, y estas despierta para sentirlo.
-Eso es ya un poco más complicado.-Admito finalmente, dándole otro trago al té, a este paso me voy a beber toda la tetera.
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(Última modificación: 14-10-2025, 12:59 AM por Zhang Guolao.)
El sanar era un acto de resiliencia, no era el camino más sencillo, pero sin duda era el necesario para poder continuar.
Le alegraba que ella hubiera tenido la iniciativa de reunirse. Faltaban pocos días para salir rumbo a Samba, y que ella se sintiera cómoda era muy importante para el viejo burro.
Zhang sonrió de oreja a oreja, y un tono rojizo se apoderó de sus mejillas peludas. No estaba acostumbrado a ese tipo de palabras amables, él no buscaba ayudar a otros por ese motivo, pero sin duda las palabras reconfortaban y le daban ganas de seguir su camino.
—Gracias, señorita Kayseira, tú también pareces ser una persona maravillosa que me encantaría conocer mucho más. —El poder de Kayseira era abrumador, y aquel frío que emanaba hizo sentir a Zhang luego de tanto tiempo—. Hacía mucho no tenía algo de frío —dijo Zhang algo emocionado por el contacto con Kayseira, que por un momento le hizo sentir algo de vida.
Incluso Silencio, quien se encontraba perdido en la comida, por un momento pareció entender la conversación, y se acercó con sutileza al cuerpo frío de Kayseira, ofreciéndole un poco de fruta, intentando, a su modo, que ella se sintiera mejor.
—Encontré a Silencio en medio de una isla, le habían hecho cosas horribles, y yo hice cosas horribles. Pero lo importante es que ahora vivimos el uno por el otro. —Zhang observó un poco a Silencio, como un padre ve a su hijo con ojos de amor—. A lo que me refiero, Kay, es que algún día espero que te sientas parte de algún lugar para poder hacer las pases con tu historia. Espero ser parte de ese mismo.
Zhang observó las actitudes de aquella mujer, quien se incomodó casi de inmediato. —Las tijeras, las agujas, el... bisturí —repitió la palabra con el mismo cuidado con el que se pronuncia un nombre sagrado. Hizo una pausa, dejando que el sonido se disolviera en el aire—. Son como las palabras más cortantes, Kay. No están allí para hacer daño porque sí, sino para un acto mucho más profundo, pero cualquiera que haya sido herido de forma injusta teme su filo. No hay vergüenza en eso, querida.-
—Mira mis manos, Kay. No están hechas para coser, sino para curar, para hacer té y para pelear. Y sin embargo, con estas mismas manos, te prometo algo. Si llega el día en que necesites esas herramientas, obtendrás la paz en mis ojos —volvió a reír suavemente, mientras la observaba a sus ojos.
—Ahora come un poco, y guarda esto por favor, y prométeme que lo usarás de ser necesario. —Zhang empujó el botiquín suavemente, y lo guardó dentro de unas mantas para que Kayseira no sufriera por cargarlo. Era necesario que ella poco a poco se familiarizara con esto; si iban a la mar, serían necesarios en algún punto.
—Y cuéntame, ya que iremos a Samba, ¿qué opinas del clima de las islas? Yo no confío en ellas. Demasiado ritmo para mi lento caminar. Hmmm... Necesito saber si llevas parches para los oídos —dijo Zhang como broma, intentando hacer sentir más cómoda a Kay. El proceso sería largo, pero era importante dar pequeños pasos.
La confianza era una planta delicada, y Zhang sabía que para hacerla crecer, a veces solo había que regarla con un poco de humor y paciencia. El Retorno Celeste era, después de todo, un viaje de vuelta a uno mismo, y para volver, a veces hay que ir muy lento.
En este post entrego Kit primeros auxilios lvl 1 a Kayseira.
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Es gracioso, como el frío,algo que a veces asusta y aleja a las personas, puede hacerte sentir tan cálido.
Mire a Silencio con cariño, quería abrazarle, hacerle pat pat, maldita sea, pero no quería hacerle daño. Mientras escuchaba la historia de Zhang acepte la fruta con cuidado, sonriéndole de forma suave a modo de agradecimiento.
Mordí la fruta con cuidado, mientras miro a ambos.-Nadie es perfecto, yo tampoco hice cosas buenas, pero lo importante es que hacemos a partir de que somos conscientes de nuestros errores.-Asentí ante aquello, lo malo no era cometer errores, era repetirlos siendo consciente de ellos, sin cambiar nada.
Entonces no eran errores, eran crímenes.
Asiento ante su consuelo, se que no debería de sentirme mal por estos miedos, traumas, por la forma en la que todo me quema, me hiere. Pero soy consciente de que estoy caminando poco a poco, consiguiendo algo.
-Prometo confiar en ti, y en hacer siempre todo lo posible para sobrevivir, hacer las cosas, incluso aunque sea con miedo.-No iba a ser más valiente por esconder lo que sentía, pero una vez lo dejaba ver, tenía que aceptarlo, luchar contra ello.
-¿Ah? Bueno, la verdad es que normalmente soy yo la ruidosa, así que no me fijo en esos detalles.-Ya había tirado una taza, casi, congelado parte de una mesa, a veces elevaba el tono sin darme cuenta, o reía demasiado fuerte.
-Pero siempre viene bien tener algo de cuidado con esas cosas, imagínate que molestamos mucho y nos echan de donde nos quedamos.-En general éramos una tripulación bastante grande, llamativa, muchos de ellos reían de formas divertidas, únicas, estridentes.
Una risilla suave sale de mis labios, mientras me inclino suavemente sobre la mesa, como si le contara un secreto a Zhang.
-Siempre pensé que mi hogar, era un sitio donde pudiera descansar, donde pudiera estar sola cuando lo necesitara, acompañada cuando hiciera falta.-Había agarrado un trozo de fruta, congelándola un poco, dejándola como escarchada, para que ayudara un poco con el calor del verano, y se la extendí a Silencio.
-Pero tal vez mi hogar, no es un lugar.-Tal vez todo este tiempo había estado buscando de manera errónea, temiendo perder de nuevo aquello que alguna vez había encontrado.
Quizás la vida me estaba dando de nuevo lo que necesitaba para sentirme bien, real, cómoda, para sanar…Y eran siete personas de lo más extrañas.
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Las palabras de Kayseira flotaban en la mente de Zhang, haciéndole reflexionar un poco sobre su historia. ¿Era realmente consciente de sus errores? Zhang siempre había intentado ser un buen Mink, pero sin duda estaba condenado a repetir su historia.
El mink se encogió un poco de hombros, intentando mirar por la ventana, pero luego de esto, volteo a mirarla a los ojos nuevamente. —Tienes razón. Lo importante es hacer algo al respecto. Yo también prometo confiar en ti y en todos... —Zhang respiró profundo, para luego soltar el aire con un resoplido fuerte—. Hmmm, aunque sea con miedo, señorita, tenemos mucha vida por vivir —le decía aquel viejo, mientras cerraba un ojo (el único) y le dedicaba una sonrisa de burro.
Silencio continuó comiendo su fruta, y de vez en cuando lanzaba comida a la calle, porque ya estaba muy fría para él. Aquel animalito había tenido que aprender a convivir con el frío, pero nunca antes había sido tan feliz.
—Sí, yo es que ya estoy viejo para tanto baile y esas cosas. Crecí en un templo de monjes, entonces aprendí a vivir de cierto modo, pero bueno, también es importante desaprender y avanzar —dijo Zhang, como una autorreflexión—. Por cierto, ya que vamos a la Gran Línea, espero algún día lleguemos a Zou, yo vengo de allá me gustaría presentarte a mis amigos. —Hacía mucho tiempo que había dejado su tierra atrás, pero los Mink solían vivir muchos años.
Zhang juntó sus manos y las frotó un poco, simulando calentarlas. De vez en cuando, Cuando Zhang se movía su pelaje se transformaba en pequeños copos de nieve que comenzaban a flotar suavemente. Zhang comenzó a desprender un poco de nieve de su mano, y esta se transformó en un par de cuernos para el pequeño diablillo, Silencio.
—Yo he recorrido los mares en busca de un hogar, y ahora entiendo que tienes razón, Kayseira, lo importante está aquí, ahora. —Zhang movió su mano hacia su pecho y respiró profundo, agradeciéndole a la vida por aquella conversación tan inesperada.
—Bueno, Kayseira, ahora tenemos que disfrutar el viaje. Espero repitamos esta conversación cuando estemos en la Gran Línea, con nuestros nuevos nakamas. —Tenía razón, un hogar tal vez no era un lugar—. ¿Y cuéntame, has navegado antes? —Silencio, luego de comer, se había echado una siesta sobre la mesa, conservando aún el par de cuernos. Zhang con cuidado, le abrigó con una pequeña manta de nieve.
Se encontraba interesado en conocer un poco mejor a su compañera. —¿Y qué te gusta hacer en la vida, qué te apasiona, qué quieres hacer? —Zhang Guolao era muy curioso, y no desaprovecharía aquella oportunidad.
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-Tiene que ser bonito saber de donde se es, quiero decir…Tienes que tener recuerdos agradables en tu tierra de tu niñez.-Me crucé de brazos sobre la mesa, sonriendo de forma suave ante su explicación. Imaginarme a un Zhang más joven, adolescente, o incluso niño, me resulta francamente adorable.
Algo me dice que no era precisamente un niño travieso, si no de esos que te daban ganas de abrazar y tirar de los mofletes.
-Me gusta pensar que mientras esté con vosotros y estemos bien, ese es mi hogar.-Miré con cierta diversión los copos de nieve, tocando aquellos que llegaban a caer, mientras Zhang seguía jugando con Silencio.
-He viajado por los Blues, antes…antes solía viajar con otra banda pirata, aunque no se si llamarlos así.-Arrugué suavemente la nariz ante aquello, aparte de viajar juntos todos en el mismo barco y liberarme del laboratorio, no creo que Iskander hiciera nada de pirata.
-Creo que era simplemente una familia de inadaptados que viajamos de un lado a otro adoptando gente.-Se me escapó una pequeña risa por eso, mientras negaba ante aquel pensamiento tan acertado.-Haré lo que mi hermano mayor nunca hizo, dejaré los Blues e iré a Grand Line para ver el resto del mundo.-Soy consciente de la razón de que Iskander nunca hiciera ese viaje.
Él se preocupaba demasiado por nosotros, y el resto de gente joven que había en el barco, dudaba de que todos pudiéramos sobrevivir si cruzamos al otro lado. Al final no había servido de nada, el mar no los había matado, aunque si se los había tragado.
-Al final.-Me detengo un momento, una sonrisa leve pinta mis labios, mientras miro a Zhang, alzando ambas cejas. Menuda conclusión a la que he llegado.- Al final me parezco a él, quiero viajar por el mundo, ayudar al que lo necesite, cuidar al que se deje…Tal vez obligar al que no.- los ojos con cierta diversión, aunque claramente no había malicia en mis palabras.
-Mi hermano me enseñó a trabajar la madera, a arreglar botes, barcos, llamarme carpintera es extraño, pero digamos que si.-Encogí suavemente mis hombros, mirando un momento por la ventana.-Me encantaría poder ayudar a los monjes a cruzar el mar y ayudar a la gente, en un barco que he ayudado a construir.-Quizás es una tontería, pero un barco fue toda la casa que he tenido en mi vida, y siempre ha sido así.
El movimiento en el mar, como un arrullo, el susurro del viento, se volvieron mi canción de cuna, mi calma.
Y quiero ser capaz de crear una calma en medio de la tormenta de nuestro viaje.
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(Última modificación: 14-11-2025, 01:11 AM por Zhang Guolao.)
Los recuerdos del pasado latían con fuerza en el corazón de Zhang. Aquella cicatriz en su rostro era el resultado de una infancia hecha de amor, disciplina y entrega. —Lo es… La vida, la historia, las experiencias. Somos el resultado de todo y de todos —dijo, esbozando una sonrisa mientras veía a Kayseira cruzarse de brazos.
—Nunca conocí a mis padres, pero no me faltó amor. Y aunque no lo creas, hace muchos años era un poco más atrevido… Ya sabes que los Minks somos muy instintivos... Aunque supongo que todos los niños son parecidos, Mink, Gyojins, humanos...—comentó, encogiéndose de hombros al recordar las travesuras de su niñez—. El hogar, mi querida niña, se construye. Lo importante es tener la apertura para ser amada. Zhang acarició la cabeza de su pequeño compañero.
—¿Te gustaría contarme un recuerdo lindo tuyo?— ...Zhang no esperaba aquellas palabras. —¿Ah, sí? Cuéntame. Pensé que era tu primera vez como pirata —dijo el burro, intrigado ante la faceta desconocida de su compañera—. El mundo es hermoso, y a veces no somos capaces de salir de nuestra burbuja… pero hay que vivir, hay que conocer, hay que crecer y, por supuesto, hay que cagarla para ser mejores.
Las palabras de la joven alegraban el alma del viejo burro, quien cada día entendía un poco mejor que estaba en el lugar correcto; que la vida tenía una forma misteriosa de obligarnos a mover el culo en la dirección adecuada. —Suena a que tu hermano es una persona maravillosa. Si es la mitad de bueno que tú, sin duda es alguien excepcional —dijo Zhang, deteniéndose un momento a saborear sus propias palabras antes de continuar—. Supongo que gracias a él estás aquí. Y por eso le agradezco… a él y al universo.
Conocer nuevas personas era algo que el burro valoraba profundamente, y había algo en aquella joven que hacía que Zhang se sintiera cómodo, casi familiar.
Esperaba que sus deseos —los de ella, y los de todos— se cumplieran. Ya estaban metidos en aquella nueva aventura que comenzaría en Samba dentro de poco. —He escuchado que hay una isla de carpinteros… otra incluso en el cielo… y de donde vengo, vivimos sobre un elefante gigante. Las palabras son poderosas, y nosotros… Creo que realmente podemos hacer algo por este mundo. Al menos por el nuestro. Y eso, al final, puede transformar muchas vidas.
Zhang guardó silencio unos segundos, mirando a Kayseira con una mezcla de curiosidad y ternura. —Dime, niña… ¿tú qué es lo que realmente buscas allá afuera? —preguntó con voz baja, casi ceremoniosa. El silencio se extendió entre ambos, solo alterado, por los gritos y gemidos de aquel animal, que chillaba sobre aquella mesa helada. Solo el viento respondió primero, moviendo suavemente el pelaje blanco del anciano.
Finalmente, Zhang soltó una risita cansada. —Y si lo que buscas es juventud… te advierto desde ya que se me agotó hace como treinta años. Lo único que me queda es sabiduría… y ganas de ir por un Té. —Zhang sonrió de nuevo, mientras esperaba la respuesta de aquella joven pirata, que sin certeza, pero con mucho deseo, se convertiría en su familia en aquel mundo.
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