[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Niebla de Guerra
#21
Leyenda (Guía de color)


Por alguna razón, antes de que pudiera empezar a negociar con aquel úrsido revolucionario, Rapax Gin decidió que era una buena idea intentar amenazar al mink, aun encontrándose con un pie en el otro barrio. Parecía que las negociaciones iban bien, hasta que Ashura (quién si no) decidió demostrar por qué le llamaban Machete Ponzoñoso, sacando toda esa ponzoña a relucir, exigiéndole que le trajera las espadas de Kisuke, su compañero. Gaeru, por su parte, parecía estar bastante a favor de aquel trato, sacando una bolsa de monedas y lanzándola entre el oso y nosortos. Para sorpresa de nadie, el revolucionario no iba a entregar las espadas de su amigo, diciendo que aceptaba únicamente la mitad del trato. Nuevamente, aquella enorme presión volvió a rodearme. Los pelos de mi cola se erizaron, así como los de mi espalda. No podía moverme y veía todo como si el tiempo a mi alrededor se hubiera ralentizado. El animal antropomórfico se acercó como una centella, recogió del suelo la bolsa que el cocinero del barco había lanzado y se alejó con la misma celeridad. Se alejó y aquella presión desapareció de la misma forma que llegó, súbitamente. Rápidamente desenfundé mi pistola, apuntando con ella al revolucionario mientras se alejaba. Había algo raro en todo aquello. Era como si la presencia del mink fuera tan abrumadora que me dejaba moñeco en el sitio, pero no era como si vieras un monstruo tan colosal que parece que pudiera devorarte hasta sin querer. Cuando pasa eso el miedo no desaparece sin más y vuelve a aparecer de la nada. Parecía más como cuando Ashura le grita a alguien para que le reduzca el precio de algo que quiere, pero este tipo no había hecho nada de eso. Había aparecido y luego se había ido.

La pregunta de Ashura me sacó de mi pensamientos - Bueno, el dineral lo he puesto yo. Así que tómatelo como que sale de las árcas públicas, porque la mayoría se lo robé a un marine león al que ya no le iba a hacer falta - respondí, guardando mi pistola nuevamente - No hace falta que lo entiendas, ya lo verás en acción. Tú ve a que Ben te vea, que poco más y vienes con las tripas por fuera. - sonreí, saltando nuevamente a la barandilla junto al timón. Miré al resto mientras la burbuja iba inflándose poco a poco - ¿Podéis dejar de liarla por un momento? - pregunté, realmente molesto - ¿Estáis todos que no podéis casi ni teneros en pie y os parece buena idea amenazar al tipo ese que ha venido? - suspiré - ¿Qué hubierais hecho si viendo cómo estáis de mal le hubiera dado por decir que sí, que tiene ganas de pelear? - pregunté - Ashura y yo nos lo hubiéramos cargado, sí, pero lo mismo os hubiera arrancado la cabeza a más de uno. O peor todavía, podría haberse cargado el revestimiento y nos hubiéramos quedado todos aquí a descubrir qué cojones está pasando - seguí caminando hacia el timón, mirando en dirección al mar cuando llegué a este - Cuando la burbuja esté completamente hinchada podremos zarpar, así que tendremos que tener todo listo para entonces


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#22
El trabajo estaba hecho. Vi el torso vendado, lo ultimo que había hecho, sobre mi cama, del hombre moreno alado. Le había dejado las alas libres para que no se sintiera del todo incómodo. Ahora lo que necesitaba Artur era tiempo para descansar. Me levanté, cogí una toalla negra que guardaba en el armario y me sequé el sudor. Aquella presencia poderosa se había desvanecido. Era hora de tomar un poco de aire. Abrí la puerta y fui a cerrarla con llave, pero me detuve de inmediato. "Quizá debería dejarla abierta por si uno de los novatos quiere ver al hombre pájaro..." Pensé. Saqué la llave de la cerradura sin girarla y la metí en el bolsillo interior de la gabardina que me había vuelto a vestir tras secarme el sudor. Me encaminé a cubierta. Rapax estaba diciendo algo de que el barco debía estar listo para salir. Los trabajadores de antes parece que estaban acabando su trabajo, fuese cual fuese. Lo importante es que íbamos a zarpar pronto. La rana y el enmascarado charlaban tranquilamente tirados en la barandilla. Parecían agotados, pero no necesitaban tanto mis servicios. La verdad es que ser el médico de los Mushoku, tras el lío de pelear casi hasta la muerte era jodidamente extenuante. Ashura miraba a la parejita homosexual interespecie. Parecía asentir con la cabeza, pero con los pensamientos perdidos en sus propias ideas, o atendiendo más al tontatta que, como casi siempre, estaba en su hombro posado. Alcé la vista. El aire apenas corría. Y vi una pompa hinchándose sobre nuestras cabezas. "Así que esto es lo que estaban haciendo esos de la caja que querían cobrar". No se para que servía, pero yo no soy el navegante. Me encaminé hasta la pareja apoyada en la barandilla - Chicos, Artur está estable, pero inconsciente todavía. Podéis ir a visitarle a mi camarote. He dejado la puerta abierta.- 

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#23
Paseaba por las anodinas calles de Sabaody, con mis manos entrecruzadas entre sí y por detrás de mi cabeza, haciendo caso omiso a la rutina de la plebe de mi alrededor que disfrutaba de su mísera e insignificante vida. Como una de las herederas de las familias fundadoras, si me daba en gana, podía partirle la columna vertebral a más de uno o convertirlo en mi esclavo por el resto de su existencia. Pero para la fortuna de todos esos infelices, mi máxima prioridad ahora era otra. Quinque había avisado a mi leal sirviente de que habían avistado a tres peces gordos, frente a la Hells Paradise, a dos capitanes piratas y otro revolucionario que se estaban empezando a labrar un nombre en el Grand Line. ¿El motivo por el que estaban ahí? No me importaba lo más mínimo, pero tampoco era cuestión de dejar vagando a simples hormigas en nuestro territorio, que lo atacaran y se llevaran a alguno de nuestros esclavos. Era una simple cuestión de orgullo, y ya está.


Estando a medio camino de la Casa de Subastas, el Den Den Mushi que llevaba encima empezó a sonar y a vibrar en el bolsillo derecho de mi pantalón, provocando que resoplara y chasqueara la lengua. Aparté las manos del cogote y llevé mi diestra hacia dónde se ocultaba, descolgándolo justo en ese preciso instante.- ¿Sí? - Respondí de mala manera, escuchando una voz carraspear y toser al otro lado de la línea.- Disculpe, señorita Verus… - Dijo la voz, la cuál pude identificar al segundo.- Ah, eres tú, Wammy. - Dije sin importancia.-  Dime, ¿qué pasa? - Añadí, dejando a mi sirviente que hablara.- Verá, quería actualizarle sobre la situación de la Hells Paradise y resulta que… - Quiso comunicarme algo mi mayordomo, pero no pude terminar de escucharle, ya que hubo algo que captó mi atención. Algo de tan gran escala como era una enorme explosión que resonó en todo el Archipiélago y, cuya columna de humo y fuego se oteaba en lo que debía ser el manglar 30. Fascinada, por lo improbable que era que sucediera algo de tal magnitud, me detuve y me quedé observando en trance la seta de humo que había generado tal estallido, ¿qué clase de persona o criatura había sido capaz de hacer algo así? Una siniestra sonrisa se dibujó en mi rostro, la cuál se apagó en segundos cuando los gritos de Wammy repitiendo mi nombre, una y otra vez, me sacaron de mi embelesamiento.- Señorita Verus… - Insistió, una última vez, antes de volviera a dar señales de vida.- Sí, sí, que ya voy para allá. - Le puse mala cara al Den Den Mushi, y proseguí andando hacia la Casa de Subastas. Viendo que era bastante probable que nuestra red de tráfico de esclavos estuviera bajo un ataque inminente, activé hasta los 700 metros mi Kenbunshoku Haki.

- ¿Se sabe algo sobre la fruta y la esclava desaparecida? - Pregunté, con tal de tener algo de entretenimiento hasta llegar a la Hells Paradise. Habían pasado cerca de dos meses y aún no se sabía nada sobre esa prófuga que se había escapado de nuestras garras, ni de la akuma no mi que se había llevado con ella. Nada más que la Mera Mera no mi.- Me temo que no. Preguntamos en los astilleros hace unos días y dicen que pudieron haber avistado a una mujer parecida a la descripción de la esclava escapándose de la isla. Pero no hay nada confirmado aún. - Explicó con la solemnidad y parsimonia que caracterizaba a Wammy cuando, nuevamente, algo hizo que atrajera mi interés siendo, en este caso, una debilitada y familiar aura, a unos 700 metros de mi flanco derecho.- ¿Pero qué…? - Giró sobre mi misma, quedando orientada hacia el lugar del que procedía esa presencia, y concentrando toda mi atención y sentidos en analizarla. Ese color rosa, esa forma humeante y chisporroteante, me quería sonar de algo, pero ahora mismo no caía en la cuenta. Me quedé absorta, mirando en aquella dirección, e intentando atar los cabos de mi incertidumbre, hasta que la imagen del hombrecillo enmascarado me vino a la mente.- No me digas que… - Me queda ojiplática, recordando a aquel individuo que conocí en la subasta, el mismo día que yo perdí a la esclava con la Mera Mera no Mi. Un hombre cuyo rostro ocultaba que se apareció ante mi como un fantasma del pasado. En su momento, no pude comprobar su identidad pero, extrañamente, había algo de él que me era familiar. Demasiado, quizás. Me recordaba a algo, y necesitaba averiguar a qué.- Voy a retrasarme un poco, Wammy. - Anuncié tras lo cual y, sin dejar que mi sirviente respondiera, colgué el Den Den Mushi y cambié mi objetivo hacia donde quiera que estuviera yendo esa aura.

Tras varios minutos divagando e inmersa en no perder el rastro de esa presencia, ésta se detuvo en algún lugar del manglar 0, lugar que, según la posición en la que se encontraba, debía pertenecer al muelle de los astilleros. Junto a la presencia que captaba mi interés, había muchas más auras - la mayoría de ellas debilitadas -, que correteaban como insectos de un lugar para otro, estando así durante un buen rato hasta que se quedaron más estáticas, dividiéndose en lo que parecían ser tres grupos debido a sus posiciones. Debían estar preparándose para abandonar el campo de batalla, supuse, frunciendo mi ceño ante tal hipótesis. No había mayor prueba de debilidad que aquella misma. Y la debilidad me sacaba de quicio.

Al llegar al muelle y estando a unos 100 metros aún de distancia, pude otear con mi único ojo tres navíos distinguidos, quedando cada uno separado a unos 20 metros respecto al otro. De ellos tres - el más situado a la derecha respecto a mi punto de vista - sobresalía un enorme galeón sin bandera, al cuál se le estaba actualmente hinchando el revestimiento de resina tan característico de Sabaody. Observé como los otros dos barcos - no tan notables como el primero -, hacían lo propio. Pero tan pronto como miraba hacia ellos volví a dirigir mi mirada hacia el primer barco en el que había puesto mi atención, al ser en él en el que residía lo que en aquel momento me interesaba. Según podía sentir con mi haki de observación, en él había 8 presencias, siendo el poder de dos de ellas prácticamente minúsculo, otras dos denotando estar gravemente heridas o débiles, y el resto estar más o menos de una pieza.



En ese momento, y sin importarme lo que fuera a suceder a continuación, comencé a correr a una velocidad imperceptible para cualquier mortal, acercándome con gran celeridad hacia el gigantesco barco. Estando a escasos 30 metros de él me detuve, en décimas de segundo, para flexionar mis rodillas, aprovechando la inercia de la carrera para impulsarme y saltar con suma velocidad en dirección a la localización de la misteriosa y familiar aura, atravesando como una flecha la pompa que empezaba a cubrir al navío sin llegar a reventarla, aterrizando sonoramente - gracias a las gruesas suelas de mis botas - en la barandilla que había junto a su timón y acabar sentada de cuclillas sobre este, a unos  15 metros del palo mayor, a cuál le daba mi perfil izquierdo. Sin más preámbulos y con el objetivo de que ninguno de aquellos insectos me molestara, hice gala del poder innato con el que me habían bendecido los mismísimos dioses, extendiendo mi Haoshoku Haki hasta unos 70 metros y escuchando como la madera del barco crujía y se rasgaba ante mi mera presencia intensificada y como la burbuja de resina oscilaba y se inestabilizaba, amenazando con estallar en cualquier momento ante mi poder sin parangón. Algo que incluso los barcos más cercanos serían capaces de sentir.

Frente a mí, se erguía una gigantesca figura que, de no ser por la explosión de Haoshoku que había emitido, estaba segura de que no se habría percatado de mi al haberme prácticamente teletransportado a su lado. De un simple vistazo, era cierto que aquella enorme chica no se parecía en nada al individuo con el que me topé en esa subasta, lo que hizo que frunciera el ceño. Aún así, agudicé mis sentidos para hacer una segunda comprobación y, tras eso, extendí mi brazo derecho rápidamente hacia el rostro de la joven, pellizcando con fuerza su mejilla izquierda y arrastrándola con violencia hacia abajo, obligándola a que girara su rostro hacia el mío, para poder verla mejor. Sin hacer caso directo al resto de insectos del barco, pero permaneciendo alerta en caso de que fuera necesario aplastarlos, me quedé observando a la grandullona durante un par de segundos, clavando fijamente mi único ojo en cada una de sus facciones, impasible y en absoluto silencio. Esos ojos grandes… Ese pelo rubio con ese mechón carmesí… Y esos dos grandes cuerno rojos… No cabía alguna duda, se parecía en talla y corpulencia al tipo de esclavos qué solíamos tener hace veinte años, pero más pequeña. Aún recordaba cuando padre regalaba estás gigantonas a nuestros hermanos para yacer con ellas.- Tú…. - Dije, después de tres segundos que se pudieron hacer eternos para los presentes.- Tú no eres el tipo de la máscara pero vuestra aura se parece mucho, realmente.... - Apreté con más fuerza su mejilla, zarandeándola en una clara señal de desagrado por no obtener el resultado que esperaba. ¿Me había equivocado recordando el aura del hombre enmascarado? No, descarté esa opción al momento, estaba segura de haberme grabado en la mente aquella sensación melancólica en mi piel. No entendía que clase de relación podría tener esta chica oni o semioni con el hombre de la subasta, pero sentía que había perdido el tiempo en balde y, por tanto, me sentía frustrada e irritada, siendo notorio por la hinchazón que estaban sufriendo las venas de mis brazos.

Abrí los ojos de par en par cuando una difusa y ligera idea cruzó mis pensamientos como una centella - ¿Cuántos años tienes? - Pregunté acercando mi cara a la suya. Era una idea loca, pero una resta rápida que coincidiese podría hacer que las cosas cambiasen abruptamente.


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#24
Estaba tranquilo sentado al lado de Gaeru y pude escuchar como Ñorgo comentaba que la mayoría del dinero lo había puesto el y eso era totalmente cierto, porque yo no se ni cuanto le tiré a los carpinteros. Aunque lo que me llamo más la atención de su comentario es que saco el dinero de un Leon Marine al cual “robo” porque ya no le hacia falta, sino le hacia falta quiere decir que, o era millonario o Ñorgo lo mando a dar un paseíto con la Santa Muerte. Luego le aconsejo a Mashuka que fuera a verse con Ben, el capitán seguía bañado en sangre, aunque sabiendo como es, para el eso sería como un regalo a pesar de ser su sangre.

Luego nos reprocho por amenazar al panda, yo no le preste atención, ya que en mi caso en particular simplemente me hice el desentendido cuando lo vi. También confeso que entre el y Mashuka se habían podido hacer una linda chaqueta de pelos de panda, tengo que aprender de ellos pensé, al final confirmo el hecho de que cuando la burbuja se inflara nos podríamos ir.

En ese momento y proveniente de la nada misma, volví a sentir la presión como cuando llego el Panda y un miedo que no era parte de mí, volvió a recorrer mi cuerpo, dejando clavado en el sitio donde estaba. Instintivamente empecé a mirar a todas partes y vi como la burbuja se sacudía, escuché crujir la madera del barco. Mis ojos iban de un lado para otro. Como pude me levanté, sin embargo, seguía clavado en el mismo sitio donde me encontraba, al lado de Gaeru. Giré la cabeza y en el barco que estaba al lado del nuestro pude ver a una chica con cabellos morados, era absurdamente linda, pero tenia una especie de parche en un lado de la cara. Vi como tomaba por la mejilla a una chila de cabellos amarillos y cuernos verdes, La cara de esta me sonaba de algún sitio, pero no podía recordar de donde, Maldita sea mi memoria, me dije a mi mismo.

La chica hermosa del cabello morado le dijo a la muchacha que ella no era el tipo de la máscara, pero que sus auras se parecen. ¿Tipo con mascara?, No puedo ser yo, porque si no habría saltado a por nosotros. El miedo seguía allí y una especie de instinto animal se apodero de mi y me susurro al oído “Peligro, corre” y justamente eso era lo que quería hacer, correr, tal cual lo hace un caballo desbocado y asustado.

Ubiqué a Ñorgo con la mirada y le dije. – Ñorgo, no se que mierda esta pasando, pero no me puedo ni mover, además hay una muchacha en el barco de al lado, preguntando por un tipo con mascara y el único imbécil con mascara acá soy yo, salgamos de aquí, por favor.

Esperaba que mis compañeros al igual que yo entendieran que estamos en un peligro, uno que ahora mismo no podríamos afrontar, teníamos que irnos lo mas pronto posible de este maldito lugar y no volver.

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Belico


Gastos, Daño y Regeneraciones


Karmas Involucrados


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#25
Respiré hondo, ya íbamos a salir de este infierno, la burbuja que recubría el barco se iba hinchando poco a poco, cada vez quedaba menos, yo solo tenía que sentarme y esperar, y con suerte tal vez en unos minutos saldríamos de allí. Rumbo a la isla Gyogin, no había oído hablar mucho de aquel lugar, pero debido a la redundancia del propio nombre suponía que ese lugar estaría habitado por gente de mi especie. Tal vez y solo tal vez, yo venía de aquel lugar, ya que aunque no me lo hubiese planteado nunca, alguien me tuvo que meter en aquel barril cuando era pequeño. Y otra vez, tal vez, y solo tal vez, allí encontraría respuestas.

Expiré hondo mientras los rallos de sol que pasaban a través de aquella capa de resina cegaban mis ojos. Sonreí, sin pensar en que de un momento a otro esa misma sensación que había sentido hace un rato volvió a calarse en mi piel. Ese aura, esa presencia, ¿El panda había vuelto? Aún le faltaba bastante dinero para recubrir su barco, y tal vez venía a por más.

Un escalofrío recorrió toda mi espalda mientras me levantaba y me giraba para intentar ver por encima de la barandilla del barco. Aunque para mi sorpresa el panda no estaba. No había… ¿Nadie? Si no había nadie ¿Quién estaba haciendo lo mismo que aquel mink hace unos momentos? Ya levantado observé a mis compañeros, todos parecían estar aterrorizados. Yo lo estaba también, debía admitirlo, pero el terror nunca me había achantado. 

Casi trastabillando, debido a que mis heridas aún se resentían, me dirigí a las escaleras, me hice bolita y me precipité por ellas, dando vueltas a la par que caía por los escalones de una forma algo cómica para quien me viera. Debido a la inercia avancé unos centímetros para terminar tumbado de vientre sobre la madera del niebla de guerra habiendo dejando un reguero de sangre tras de mí, acabando en la cubierta cerca de los pies del capitán. 

Levanté la mirada mientras trataba de reincorporarme usando mi arma como bastón. -¿Qué ventrescas pasa? -Dije mirándole fijamente mientras sabía que esto no era bueno. La burbuja parecía perder estabilidad y sentía la madera del barco crujir bajo mis pies. Desenvainé la katana aún sin saber bien lo que pasaba, hincando mi rodilla y mirando hacia todas direcciones esperando un ataque inminente. 

-¿Esto lo está haciendo el panda de antes? No veo quién lo está haciendo pero quiero cortarle~gero. -Fue entonces cuando levanté la cabeza para darme cuenta de algo. Ashura también estaba en las últimas. No sabía contra qué o quién se había enfrentado pero sangraba muchísimo, y su piel se palidecía a cada segundo. Estaba perdiendo demasiada sangre pero pese a ello su determinación y presencia no disminuía, el tío seguía intimidando a cualquiera que cruzara su mirada con él.

Pese a ello con mi katana desenvainada y una rodilla aún hincada en la madera de la nave no perdí mi determinación. Observé el resto de barcos que teníamos cerca, sin saber muy bien donde enfocar la mirada. -Da igual lo que me cueste, da igual si pierdo otra extremidad en el intento, pero pienso hacer todo lo que esté en mi mano para salir con vida de este infierno. Así que dime demonio de humo. ¿Qué puedo hacer para serte útil? Úsame como arma, pero sobreviviré hasta haber logrado mi sueño y asegurarme que Quetzalli está bien~gero. -Pese a la debilidad de mi cuerpo mis ojos amarillos brillaban en determinación. Sabía que me estaba tirando un farol, apenas podía mantenerme en pie y debido a las heridas el resto de mis compañeros tampoco. Pero no iba a irme de este mundo sin tratar de proteger lo que me importa. Apreté la empuñadura de “la escultora de marfil” con fuerza. 

No quería que pensaran que fuera un inútil o alguien débil por el cual se tendrían que sacrificar por mi. No otra vez. Aún no me sentía parte de los mushoku como tal, pero esta tripulación me había aceptado y no pensaba quedarme atrás. Y pese a que me gustaran los grandes retos y pelear con gente fuerte, valorando la situación. Esa no era la mejor idea así que tan solo crucé los dedos esperando que nadie hiciera nada y todo esto fuese una falsa alarma, y lo más importante de todo. Que nuestra burbuja no explotara.

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#26
Aparentemente la apresurada y urgente negociación del revolucionario y los Mushoku había dado sus resultados, pues tan rápido como el mink bicolor se había apersonado a los pies de la rampa de nuestro humilde navío, había desaparecido junto a parte del dinero que había pedido originalmente. Había sido un encuentro un tanto aterrador al inicio, pero por suerte no había pasado a mayores, pues lo cierto es que no nos encontramos en las mejores condiciones de la vida como para ponernos a pelear ahora mismo.

Respiré aliviado mientras giraba a ver a Ben y a los novatos, mientras preguntaba : Oigan, si alguno tiene así sea un atroveran para ayudarme a sentirme mejor de la paliza que me comí, se los agradecería -Gin. Me llevé entonces la mano a la cabeza y presioné mi frente con fuerza. La cabeza no paraba de dolerme y aún tenía un leve ardor en mi ojo aunque por fortuna ya podía ver con completa claridad. El estómago también me dolía. Mierda hasta las uñas me dolían en este momento, pero no era el tiempo de lamentarse. Mientras esto pasaba, la capa jabonosa que los carpinteros habían puesto en el barco se iba inflando, cubriéndonos y envolviéndonos a nosotros también, causando que el Niebla de Guerra quedara como atrapado dentro de una enorme pompa de jabón. Imagino que esto era el mecanismo mágico para hacer que pasáramos a la Isla Gyojin. No pensaba cuestionar los métodos de estos señores. Si la gente solía hacer esto para llegar allí, es porque hasta ahora funcionaba.

Giré nuevamente la vista y me apoyé en la baranda viendo hacia los otros barcos. Los revos habían conseguido el dinero y se disponían a terminar de preparar el barco comunista para el viaje al fondo. Los Nalgas Negras por su parte estaban haciendo lo propio. A lo lejos podía ver cómo Natasha y su gente terminaban también los preparativos y se disponían a zarpar. Cerca de la semioni pude ver también al músico que decía que era amigo de ella, el del otro día del bar, Gabriel o algo así se llamaba.

Todo parecía andar bastante bien, cuando de pronto la burbuja del barco de la otra banda pirata destacable del muelle comenzó a agitarse, como si comenzara a perder estabilidad. Pude notar una nueva figura apersonarse en el lugar. Era una mujer de cabello rosa de unos 2 metros y tanto de estatura que cayó de forma sonora en la cubierta del navío. Sabía que solo podía haber problemas con esta nueva llegada. Sin apartar la mirada de aquella situación, dije a mis compañeros:

Hay que irnos ya, Kongo-Gin. Están invadiendo a los del barco de--

No conseguí terminar la frase, pues de pronto sentí de nuevo la misma sensación de cuando el maldito panda había venido a "negociar". Era una presencia imponente que conseguía hacerme sentir un escalofrío subir por mi columna. Mis dedos no se movían de la baranda y mis piernas dejaron de responder.

Pude ver desde mi impotencia cómo la nueva tripulante del barco de los Nalgas Negras saltaba hacia Natasha y la tomaba de la cara, preguntándole por alguien con una máscara. ¿Una máscara? Mierda... ¿¡Kukul Khan!? Si esa mujer estaba buscando a nuestro nakama, teníamos que irnos ya mismo. Solo espero que alguno de nosotros tenga la fuerza para mover al niebla y terminar de irnos de aquí. Ya he recibido demasiados golpes en un día, y considerando el estado de Epifanio, creo que más de uno de los Mushoku necesita lamerse las heridas.


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#27
De un momento para otro mi ser se volvió a encoger. Sentí como mis manos dudaban nuevamente, y aun que la presión del ambiente podría hacer palidecer a un dios, ya estaba harto. Arto de aquella vorágine que me invadía sin poder contrarrestarla, en mi interior se arremolinaba el miedo y la fuera y se contrarrestaban a partes iguales.

Un gran sentimiento de mareo me asoló, la sangre seguía escapando de mi carne como si nunca hubiera sido mía, y mi cuerpo me estaba diciendo que mi limite estaba cerca. Las maderas del Niebla chillaban súbitamente ante la presión y la pompa empezó a titilar reflejando levemente los destellos del sol invernal. Y aun que me sentí exhausto y cerca de desfallecer no podía achicarme, no podía dar una imagen de debilidad, no frente a mis hombre que estaban..
 
Completamente disecados, sus ojos se movían mirándose entre uno y otros, buscaban el auxilio en los demás pero nadie parecía moverse. Aquella sensación del ambiente era mucho más aterradora que la que había sentido con anterioridad, ¿Qué coño era esto? Aquella sensación era parecida a llevar el peso del mundo sobre los hombros, era como si todo estuviera en mi contra y aún así, el traqueteo de mi sangre cayendo arrítmicamente contra la madera que sufría por la fuerza de lo que fuera y el bombeó de mi corazón me mantenía alerta, sentí que de un momento para otro caería contra el suelo, pero aún así, yo como su capitán debía ser el último bastión que los separara de la muerte.  Estábamos en las últimas un ataque ahora acabaría con toda la tripulación, no podía permitirlo, si el panda volvía aunque fuera un inútil sería capaz de destruirnos y más con Korg completamente parado. Teníamos que salir de allí, curar nuestras heridas y volver más fuertes de lo que éramos. Caminé hasta posicionarme junto a Gaeru, enfocándome hacía donde el panda había desaparecido. Observe con toda la atención que me quedaba, con aquella inmensa presión sobre mi testa y contesté a Gaeru.

- Mantente vivo hoy y mañana convertiré tus sueños en las pesadillas de los hombres - conteste intentando mostrar la menor debilidad aunque estaba exhausto, había perdido muchísima sangre. Aquel chico... Incluso Korg y Rapax, mis dos hombre más poderosos habían sucumbido ante aquel poder aterrador, y el enano... Seguía en pie, a punto de desfallecer y mostró una voluntad sin parangón, dio su mano - la única que le de quedaba - a mi causa, y ahí me enseñó la fortaleza y el poder del que estaba compuesto. En ese momento, aquel que parecía a simplemente el más débil de todos nosotros me demostró cuán valioso era en mis números. 

- Tenemos un joya pero que muy interesante entre nuestros tesoros churrita - dijo Nicolás, su tono viajaba entre el miedo y el interés - Este diamante tenemos que pulirlo... Si sobrevivimos - Tenía razón, al chico le esperaban arduos entrenamientos con la espada, aprendería el arte de la guerra con dolor y sangre, pero le fortalecería hasta que la extenuación lo dejara al borde de la muerte.

Y me paré ahí, junto al pequeño cocinero, la única arma que me quedaba en pie. Observé, el astillero por el que el panda nos había atacado con toda la atención que pude, junto a mi pequeño cocinero, en caso de ataque, el y yo seríamos los encargados de mantener con vida a los indeseables que surcaban los mares bajo mi bandera. 

La burbuja aceitosa titilaba con nervios, las maderas de mi embarcación chillaban, pero mientras quedara conciencia en mi cuerpo, defendería a aquel barco y a sus tripulantes hasta que la última gota de sangre huyera de mi piel, ellos me convertirían en el mayor conquistador del mundo y yo los mantendría vivos para lograrlo. 


off rol


Bélico



inventario
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#28
Leyenda (Guía de color)


Si bien la mayoría de los que se encontraban conmigo en cubierta gozaban de una capacidad auditiva superior a la media (lo cual no habían perdido tiempo de mencionar en un par de ocasiones), parecía que eso no implicaba que entendieran lo que se les decía. O tal vez era cosa mía por no haber sido lo suficientemente claro al decir que había que tener todo listo si querían salir en cuanto la burbuja estuviera hinchada, porque nadie se movió de su sitio. Suspiré, antes de dar un salto y comenzar a desatar las velas. Era bastante cómico que la persona con probablemente la menor fuerza física del grupo fuera quien se estuviera encargando de esto, pero el resto no parecían tener mucha intención de moverse de donde se encontraban - Le podría decir a Ashura que subiera a ayudar - pensé, rascándome la tripa - No, mejor no, no vaya a ser que se caiga y se arme la de dios aquí. Lo que nos faltaba - seguía tratando de soltar los nudos de las velas. Por suerte para mí, aunque quien había atado las velas parecía haberlo hecho usado una fuerza excesiva para algo que obviamente en algún momento se tenía que soltar, los nudos eran una mágica invención que permitían a alguien con la suficiente destreza soltarlos sin ejercer prácticamente nada de fuerza. Y tal vez otra cosa no, pero mi labia, mi buen ojo y mi juego de manos eran posiblemente mis tres principales fortalezas. Bueno, mis tres principales fortalezas si no tenemos en cuenta lo bien que se me dan los juegos de cartas.

Mientras me encontraba ahí entretenido con el nudo, giré mi cabeza hacia el barco al que había ido el panda. No puedo negar que me generaba cierta curiosidad la línea de pensamientos que este había tenido que seguir para decidir llamar a nuestra puerta a extorsionarnos. ¿Tan mala pinta teníamos? Bueno, la verdad era que sí. Rapax y Gaeru se tenían en pie a duras penas. El enmascarado de las alas, si bien parecía algo más fresco, no estaba mucho mejor, y Ashura tenía pinta de que en cualquier momento el peso de ese machete ponzoñoso que llevaba siempre consigo le iba a vencer y se iba a quedar patas arriba en el suelo. Aunque, he de decir que cuando ese revolucionario había decidido hacer su aparición no estaba para nada tan mal.

Un repentino me hizo desviar la mirada hacia el barco del fondo. Se trataba de un galeón, bastante más grande que el Niebla de Guerra. No había llegado a procesar aquello cuando nuevamente me vi incapaz de moverme. Si me dieran un berrie por cada vez que me había pasado eso el día de hoy tendría tres berries, que no es mucho, pero es extraño que haya pasado tres veces. Qué cojones, claro que es mucho. No me había pasado nunca en mis veintinueve años de vida y me pasa tres veces en el mismo día. Era parecido a lo que había sucedido antes, con una leve diferencia: que lo de antes parecía un puto juego de niños al lado de este infierno. Antes sentía cómo todo mi cuerpo temblaba y como los pelos de mi cola se erizaban, pero esta vez solo sentía dos cosas: pánico y la sensación de que una mano invisible me aplastaba. Sentía como no solo mi alma, sino todo mi ser se comprimía poco a poco ante la enorme presión, tanto que ni siquiera podía respirar. Presión que no provenía de un sitio, si no de una persona. Una mujer, que en un principio me pareció una repugnante pelirroja (aunque no tardé en ver que se trataba de una no tan repugnante pero sí muy temible pelirrosa), parecía ser la causa de todos mis temores. Aquella mujer, hermosa aunque no al nivel de esas que te dejan sin aliento (pero que parecía tener otra forma de dejar sin aliento a la gente) y musculosa como esas mujeres que se dedican a reventar sandías con sus muslos, se encontraba sentada de cuclillas en el timón. Empezó a hablar con quien tenía delante, a quien agarraba de la mejilla con fuerza, y le preguntó algo. No me costaba desviar la mirada unos centímetros hacia la persona a quien iban dirigidas esas palabras, pero en aquel momento solo tenía ojos para aquella extraña mujer. Y con solo tener ojos para ella no me refiero a la típica frase que dicen la gente sobre sus parejas. Me refiero a que aunque lo intentara con todas mis fuerzas, o aunque mis ojos me ardieran de la sequedad de tenerlos abiertos como platos, me era imposible apartar la mirada o parpadear. Algo dentro de mí me lo impedía, por la falsa seguridad que en mi cerebro originaba el pensamiento de que, si seguía mirándola constantemente, esta no se movería de ahí.

Y parecía estar funcionando. Tras la pregunta acercó su cara a la de quien tenía delante, pero no se movió del sitio. No sabía que estaba pasando pero parecía como si en aquel barco fuera a estallar una bomba en cualquier momento. Todo eran gritos mientras la rana ninja le decía a Ashura que haría todo lo que estuviese en su mano para salir de este sitio. Era extraño que le pidiera consejo a Ashura, pero era más raro todavía que se pudiera mover en esta situación, aunque ninguno de estos pensamientos pasaba por mi cabeza en aquel momento


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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1104 + 0 = 1104
Energia: 1197 + 56 = 1253
Espiritu: 1059 + 0 = 1059
#29
Tras las palabras a la parejita de la tripulación, me erguí a dos metros de ellos y miré hacia el barco de los Alas Negras. Aquellos malditos que habían absorbido a los Shogun Gari. Allí, tan cerca y a la vez tan lejos, vi a Sasha, en el timón, preparada para salir como nosotros en cuanto la burbuja estuviese lista. De repente, otra vez la sensación que tuve hacía un rato. Esa que me había desviado de mis labores de médico de abordo durante unos instantes, pero más del doble de intensa. De hecho, me quedé allí clavado, sin poder moverme, mirando hacia el barco de los otros piratas. De repente, una mujer de pelo como rosado, apareció enfrente de Sasha. ¿Sería ella la culpable de aquella sensación? La navegante de aquel barco estaba en peligro. La mujer la agarró de la cara. Mis ojos se movieron hacia Ashura. Me sorprendí al ver que Gaeru se había, prácticamente arrastrado hacia él y se estaba levantando apoyado en la espalda. El capitán no dejaba de perder sangre, manchando el suelo de madera que había comenzado a crujir junto la presión que sentía. Parece que no era el único que estaba paralizado, pues Rapax no salió corriendo a por la nueva amenaza como sería lo normal en él. Mejor, pues no estaba en el mejor estado para luchar ahora mismo. Todos debíamos reposar con calma y recuperarnos de las heridas.
 
Intenté hablar, pero me esforzaba en no desmayarme entre la presión y las heridas. Yo también debía descansar y curar mis heridas. En mi mente se volvió a dibujar la herida del hombre metalizado que me quemó. Me centré en Gaeru y Ashura, que parecían los únicos que se podían mover, aunque con sus limitaciones, en este momento. Mis ojos se clavaron en la ranita sin anca. “No te precipites, pequeño, retirarse a tiempo para volver a luchar no es de débiles, es de inteligentes.” pensé. Pero la verdad es que, si me retaban, yo sería incapaz de evitar la tentación del combate. Es superior a mí. Y cuanto más fuerte parece el enemigo, más ganas me entran. Tendencias suicidas por mis anteriores vidas, supongo.

Información del turno
[Imagen: 6BbPnnH.png]
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#30
Estaba expectante ante la respuesta de la oni o semioni, a la que examinaba con detalle cada facción de su rostro, por si encontraba alguna similitud que pudiera ayudar además a esclarecer mis dudas. La chica, igual en un acto de osadía o de insensatez, tuvo la desfachatez de dirigirse a mí con impertinencia y altanería. Si no fuera porque me interesaba demasiado la información que pudiera proporcionarle, no habría dudado en cruzarle la cara y hundirla contra el suelo. Por si fuera poco, una débil presencia, anteriormente ubicada bajo una servidora, había pasado a situarse a 7 metros de mí, gritando palabras cargadas de lujuria que se perdían en el viento y en la nada. No me digné a escucharle, y aún menos a dirigirle la mirada. Tenía toda mi atención en la joven que tenía agarrada, sin dejar de monitorizar los niveles de fuerza y emociones que emanaba cada aura presente al alcance de mi Haki de Observación.

Cuando la chica respondió que tenía 19 años, abrí mi ojo aún más si cabía. Recapitulando todos los datos que había reunido, esta joven no sólo poseía un aura familiar y similar a uno de mis hermanos, sino que no era 20 años cuando padre empezó a regalar a mis hermanos esclavas de la misma raza que ella. Afirmando tener 19 años, había, como máximo, un año de diferencia entre la anterior cifra mencionada. Nueve meses... Las cuentas eran claras y simples, y mis hipótesis parecían tomar un buen rumbo. Con ello, podía sentir como algo de mi se destensaba en mi interior. No había encontrado al individuo de la máscara, pero había conseguido una información que podría ser igual de valiosa. No había perdido el tiempo y, por ello, no había hecho mal desviándome de la Hells Paradise. Ahora, necesitaba sonsacarle más información. Para mi suerte, parecía que iba a seguir hablando, quizás añadiendo algo sobre su nacimiento que ayudara a atar más cabos de este entramado puzzle que empezaba finalmente a vislumbrar y comprender. Sin embargo, se me olvidaba cuan molestas podían ser las moscas que revoloteaban a tu alrededor.

Antes de que pudiera aportarme más datos, uno de los enclenques que estaban en aquel barco, se dignó a interrumpir el interrogatorio, llamando chata a una servidora mientras sentía, gracias a mi haki, como la hostilidad crecía en muchos de los presentes de aquel navío pero, sobre todo, en aquel sujeto que, si bien pude percibir como su poder crecía mínimamente, o era un completo inútil y no era capaz de medir la diferencia que existía entre él y una descendiente de los mismísimos dioses, o era un profundo gilipollas. Fuera cuál fuera la razón, no me podía importar menos. Lo que si me importaba era el enojo que corría por mis venas. La sangre me hervía. No podía permitir que alguien tan débil me hablara con esa falta de respeto. Si para poder hablar largo y tendido con la cría a la que tenía a mi merced debía masacrar a todos los insectos que había en los tres barcos, no pestañearía dos veces con mi único ojo para lograrlo. Era hora de pasar a la acción y de que conocieran que ocurría cuando se enfrentaban a una divinidad.

Habiendo percibido las intenciones del insecto ese, rápidamente, cambié el agarre de la pequeña grandullona de su mejilla izquierda a la nuca, al mismo tiempo que desactivaba mi Color del Conquistador - parando las burbujas de tambalearse y la madera de crujir -, al no ser necesario utilizar un poder divino contra objetivos tan irrelevantes como aquellos. De la misma manera, percibiendo que las únicas molestias que había allí estaban a tan solo 70 metros aproximadamente, disminuí el rango de acción del mi Haki de Observación hasta esa distancia. Con todo ello, antes de que el incordio se lanzara a por mi, me giré levemente en sentido antihorario e imprimí todas mis fuerzas en mis piernas, astillando la madera de la barandilla sobre la que me situaba, lanzándome inmediatamente hacia ese sujeto con la pierna izquierda extendida hacia delante y con la oni aún amarrada por la nuca con mi diestra a ras de mi. En los cortos 7 metros que nos separaban, pude ver como el que había tenido la valentía de hablarme de esa manera era un payaso en toda regla, un individuo desnudo tapado tan sólo por un delantal, ¡qué desfachatez! Alguien que no valdría ni para esclavo con esas pintas. Sólo me sorprendió su corpulenta forma y pelaje, bien por ser usuario o por un mink. Aunque mis fugaces pensamientos iban dirigidos a suponer que, seguramente, se trataba de un liberal de esos a los que le gustaba retozarse con gente de su mismo sexo. Fruncí el ceño de tan sólo imaginarlo. Era repugnante.

Tras recortar la distancia que nos separaba y teniendo la cabeza al alcance de mi talón izquierdo, cubrí mi pierna izquierda enteramente de una película negra mate y resplandeciente, propia de haber entrenado y pulido mi poder innato para la batalla. El Busoshoku Haki que me brindaba una letalidad y resistencia mayor de la que ya de por sí poseía. Sin necesidad de usar demasiada fuerza - pues ni siquiera merecía que diera ni un 50% de mi poder -, desplacé mi talón hacia la parte superior de la cabeza de ese infra-ser, describiendo un arco descendente que acabó por impactar en dicha zona, deshaciendo su transformación - dejando claro que se trataba de un usuario - y, aprovechando mi arremetida para inclinar mi pie izquierdo, rotando levemente mi tobillo, para pisar su nuca, empujando levemente su cuerpo hacia atrás, empezando a caer de cara como un peso muerto, o bien porque estaba inconsciente o bien porque había perecido. Nuevamente, no me podía importar lo más mínimo. La cuestión era, ¿quién sería ahora mi próximo objetivo? En el campo de batalla, cuando te enfrentabas a una ejército o a una tropa, acabar con el rey o el líder del enemigo era la mejor manera de asegurarte la victoria. Sin embargo, en mi caso me parecía mucho más divertido y emocionante aplastar a los más débiles y ver la cara de desesperación de los más fuertes, quienes no podían hacer nada para impedir la masacre. Los que tenían su aura más apagada en esos momentos en ese barco era la propia chica que sostenía con mi diestra y, luego, un hombre parecido a un vaquero y de barba naranja que permanecía a 1 metro a la espalda del individuo de rojizos cabellos - y por tanto, 1 metro frente a mi -. A la cría con cuernos de oni, por obvias razones, no me interesaba dejarla fuera de combate. Y, por el contrario, del aura del vaquero podía percibir una gran hostilidad dirigida hacia mí, mucho mayor que el resto de los tripulantes que componían este barco. Él sería mi próximo objetivo.

Mientras el cuerpo del tipo que acababa de noquear seguía desplomándose - para caer de cara al suelo -, concentré mis fuerzas en el pie izquierdo con el que pisoteaba el cogote de ese payaso, aprovechando aquella superficie para impulsarme sobre ella y dirigirme hacia la persona con el sombrero de cowboy, terminando el pelirrojo en caer de bruces sobre la madera de la cubierta. Contraje mi brazo izquierdo hacia atrás, cerca de mi costado izquierdo y, en cuestión de milésimas de segundo, cuando estuve a su alcance, desplegué con suma ferocidad mi mano abierta hacia su cara, palmeándola y deteniendo en seco mi avance gracias al impacto de mi ataque. Sin que mis pies tocaran el suelo, y aprovechando que tenía mi pierna izquierda aún recubierta en Haki de Armadura, la flexioné - de forma que sobresalía mi rodilla - y situé, a la par, el brazo con el que le había golpeado tras su nuca. En un momento simbiótico, hice que, con mi brazo, el vaquero se inclinara hacia delante al mismo tiempo que propinaba un rodillazo con haki en la boca del estómago del vaquero.

Permaneciendo de pie, junto a los debilitados cuerpos de los hombres con pelos de colores, me hallaba frente al palo mayor, el cuál distaba de mi unos 2 metros. Sin contar a la oni, aún quedaban tres auras en ese barco que podían molestar a nuestra tertulia. Frente a mí, también a 2 metros, y junto a la base del mástil principal del galeón, podía ver a otro crío de azabaches y alborotados cabellos, notando con mi haki que estaba ideando algo, aunque no era capaz de saber el que. Otra de las auras que detectaba, y la que más vitalidad tenía, se situaba a mis 10:00 y a 3 metros de distancia. De reojo, pude observar que se trataba de una mujer rubia que, a juzgar por las katanas que se había dignado a desenvainar. Sin embargo, su atuendo, para nada óptimo, era más propio de una fulana que el de una combatiente. ¿Qué pasa en ese barco con la desnudez? Podría ser una de las muchas mujeres que podríamos vender en uno de nuestros lotes de esclavos. Al menos, sé que el degenerado de Quinque se volvería loco si pudiera contar con alguien de ese calibre para su uso personal. Por último y junto a ella, a mis 9:00 y separándonos 4 metros, se erguía otra mujer, de pelo rosa y con un uniforme de color azul. Estaba bastante entera según podía sentir pero, aún así, estaba segura de que de dos o tres ataques bastarían para dejarla fuera de juego.

Mientras había apalizado a esos dos desgraciados, podía sentir como la fuerza mayor que había entrado en los lindes de la costa de Sabaody, causando esa apocalíptica explosión, seguía causando estragos a diestro y siniestro. No, no era necesario siquiera usar el Kenbunshoku Haki para detectar la destrucción que estaba ocasionando. Por mucho que me gustara quedarme y seguir jugando con estos simples mortales, tenía que volver a la Hells Paradise antes de que arrasaran con ella. Miré nuevamente hacia la chica rubia de carmesíes cuernos a quien dejé, por diferencia de altura que se pusiera a cuatro patas y se arrodillara, como si estuviera haciendo una reverencia.- Volvamos a intentarlo, y esta vez sin distracciones. - Suspiré, mostrando un claro enojo en el reflejo vacío de mi único iris para, en ese mismo momento.- Dime todo lo que sepas sobre tus padres. Sobre todo de tu madre. - Exigí, pasando a mirar a continuación a los otros tres que quedaban en pie.- Y más les vale a las moscas altaneras no molestar si no quieren acabar como estos dos débiles e inútiles. - Amenacé, pasando a imprimir más fuerza ahora a la joven oni.- Y ahora, habla. - Ordené, quedando pendiente de sus palabras, esperando que mis sospechas se terminaran de confirmar y atenta a que ninguno hiciera la estupidez de ir en contra de mi orden.





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Energia: 5845 + 0 = 5845
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