[Presente absoluto] Escapando en un barco que no es nuestro
#11
Derya pudo ver a lo lejos la característica melena blanca de Kovashi. Iba a dirigirse hacia él, cuando vio como un grupo de civiles se acercaban corriendo hacia su posición. Algunos se quedaron asombrados ante la fuerza y espectacular entrada de la gyojin, pero otros estaban demasiado centrados en buscar un refugio. Entonces Derya comprendió que tenía que priorizar que aquella gente estuviera bien y a salvo. Kovashi ya había demostrado de sobra que sabía arreglárselas solo, además habían quedado en hacerse con un barco, ¿no?

— ¡Todos a los barcos, venga! — Había varios muelles con un par de barcos más, aparte del primero que vio Derya. Actuó casi como de guía, ayudando a todo el mundo a entrar a los barcos, y a la vez, impidiéndoles que entrasen en el primero. Aparte de que no era necesario, pues los barcos eran lo suficientemente grandes como para acoger a aquellos civiles sin problemas, Derya necesitaría uno libre, para ella y su grupo. — ¡Quieto todo el mundo! — Un valiente raso  apuntó a la rubia con su fusil. Hablaba como alguien con muchas agallas, sin embargo, Derya pudo ver que los brazos le temblaban, quizás de los nervios, o quizás de la euforia. Los civiles se quedaron quietos, atemorizados ante la presencia del arma de fuego. La gyojin sonrió. — Venga ya, no vas a disparar eres un jodido co- — ¡PUM! Pues sí, sí que había disparado, el muy cabrón. Por suerte o por desgracia, el pulso le bailaba tanto que en vez de acertar y darle a Derya, la bala rozó el hombro de una muchacha que tenía cerca. La pobre cayó al suelo, dolorida y sangrando. Derya, que no había apartado los ojos de aquel marine pudo notar en sus ojos el arrepentimiento por haber herido a alguien injustamente. El chaval quedó tan aturdido y desconcertado por lo ocurrido, que se quedó en blanco unos segundos, como sin creerse lo que acababa de hacer.

Momento que Derya aprovechó para dar un paso hacia el costado y caer de lleno al océano nuevamente. Volvió a hacer lo mismo que había hecho antes, nadando hacia abajo unos cuantos metros para coger carrerilla. Su velocidad y fuerza bajo el agua eran inigualables, y podía sacarle muy buen provecho si atacaba nada más salir del mar. Cosa que no tardó en hacer, saliendo disparada entre las olas hacia él, con la boca bien abierta. Esta aterrizó sobre el brazo derecho, la cual sujetaba el arma. Cuando tuvo los dientes bien enterrados en la carne, zarandeó la cabeza de un lado a otro, como si fuese un animal aniquilando a una presa. El brazo salió volando, arrancado a la altura del codo, mientras un chorro enorme de sangre bañaba la cara, el pelo, la boca, el cuello... casi a Derya por completo. El pobre cayó sobre el suelo, desconsolado. Si no lo ayudaba nadie moriría allí tirado, pero eso a ella le daba completamente igual.

Como si nada hubiera ocurrido. — ¡Vamos, seguid corriendo, meteos en los barcos! — Algunos de los civiles celebraron su osadía, al fin y al cabo, había sido un ataque justificado. Otros estaban tan centrados en refugiarse que apenas reaccionaron y le hicieron caso directamente. Derya salió corriendo hacia el primer barco, el que había dejado libre de civiles y con el que pensaba escapar junto a sus compañeros. Se subió e inspeccionó rápidamente con la mirada la equipación que contenía. Era un barco sencillo, más bien pequeño, pero era suficiente como para poder escapar de aquella isla. Bajó a las bodegas, buscando algo de utilidad. Encontró barriles con algo de comida, barriles de cerveza, hamacas para dormir... Y fuegos artificiales. Se le encendió una lucecita sobre la cabeza.

Subió el barril a la proa, agarró una pistola sencillita que se encontró en la bodega y armándose de toda su fuerza, lanzó el barril por los aires, mar adentro, pero direccionado hacia arriba. Era pesado, pero consiguió alzarlo los metros suficientes para dispararle con la puntería que tenía y acertar. De repente, estalló una sinfonía de petardos, colores, brillo y esplendor que inundaron la base de la marina por completo. Era imposible que alguien no lo hubiese escuchado. Ahora solo quedaba esperar a ver si sus colegas habían entendido la señal, o si por el contrario, quienes aparecían serían más marines.

Cita:Contador de Derya:
1 marine KO y 1 marine desmembrado.
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#12
Íbamos mi primo y yo, por un pasillo superfeo y lúgubre, estaba más oscuro que mi propia piel, que en verano se ponía el color castaño, y en invierno se volvía más un color marrón oscuro. Mirábamos por las habitaciones, y solían estar vacías, cuando digo eso, me refiero a que por haber solo había una cama y nada más, hay que ver cuán triste me da este sitio, normal que la gente sea así de asquerosa, -sus muertos- dije en voz baja.

El primo parece que tendría su plan, porque parecía estar seguro de saber dónde tenía que ir, la lluvia seguía cayendo a toda pastilla, su sonido era tan fuerte que no se podía escuchar nada, del exterior. El pasillo se hacía eterno, yo estaba hasta los cojones de seguir caminando, para cuando llegue a casi el final, el primo se le fue la puta pinza, -onde vas-, se dio la vuelta y fuimos hacia otro pasillo hasta el final, fuimos de camino hacia el final. No me lo podía creer, solo había un puto objeto en el suelo, y sería capaz de no tropezarme, pues…, no!, la madre que me parió me caí de boca, pero con la puta lluvia, el chacho ni me escuchó y siguió su camino.

Caí de boca haciendo una voltereta, me levanté con dolor en la boca, -vaya golpe que me pegado- empecé a caminar a ver si encontraba al primo, caminaba, caminaba y nada no encontraba una salida, abría todas las puertas y no había ni una escalera, abrí una puerta y eso llevaba a otra puerta continua que daba a un pasillo, un pasillo que me sonaba mucho, pues efectivamente, mire hacia abajo y ahí estaba el objeto de antes, acabo de dar la vuelta más grande y toooonta de mi corta vida. Inicie el camino hacia el lado opuesto de donde fui, camine, hasta encontrar las escaleras pegadas al lado derecho para subir.

Subí ya cansado de tanto andar, el primo parecía estar peleando con alguien en la habitación de allí, me apoye con una mano en la puerta y jadeando del cansancio de tanto andar y abrir puertas -Perdón primo llegue un tanto tarde-, justo después el primo lanzó a uno por la ventana, y las alarmas empezó a sonar, el chacho me llamo, parece ser que me tocaba a mí, pues era a lo que hemos venido, había tres marines más me puse recto y les mire desafiante, -Quién va ahora!-, dije con una voz intimidante, me coloque en posición de combate, en mis brazos se formaron los preciosos muelles, la fiesta recién había empezado.

Bum, derechazo al primero, Zas, gancho izquierdo al siguiente, ambos marines cayeron Ko al suelo, Catapum, doble puño en el pecho, haciendo que se marche también por la ventana, -dale saludos a tu amigo- la alarma seguía sonando, ya no teníamos tiempo, no podíamos estar más tiempo en ese lugar ya teníamos que irnos, solo se me ocurrió una manera, era rápida, aunque digamos que no del todo segura, pero si daría mucha adrenalina, cogí de la mano al primo, -Vamos, salta conmigo, sobre todo no sueltes mi mano!- me puse en la ventana vi el movimiento de los ciudadanos hacia el barco que estaba al otro lado del cuartel con mi mano izquierda estiré mi mano hacia arriba que era como un piso más, nos fuimos hacia arriba los dos, - ya no hay tiempo vámonos con los demás!!-, lo decía chillando por el fuerte ruido que provocaba la lluvia, con la mano cogida corrí hacia donde estaba el barco, por primera vez me estaba sintiendo vivo, me estaba empezando a gustar la aventura que estaba teniendo.

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Akuma


Karmas


bajas
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#13
Tiros por aquí y por allá. Los marines parecía que estaba apareciendo por todas partes, aunque si te fijabas un poco los hombres que les acompañaban no iban vestidos de la misma forma, pues portaban como un escudo, un emblema en el pecho y ropajes distintos. ¿los hombres del rey? - Así que cooperan con los marines. - No era una sorpresa como tal, tenían una gran base marine cerca, así que era de suponer que se ayudaran, lo que uno jamás llegaría a suponer es que en momentos como estos, se pudieran de este lado ...
— ¡Vamos Derya! — Kovashi levantó su arma, animándola tras verla actuar. Algunos vagos hombres le siguieron el grito, pero fue apagado, sin emoción, el miedo les impedía salir de ese agujero mental.

Más tiros. Esos venían desde el otro lado de la isla, donde estaba el muelle comercial, allí se disgregaron varios grupos de civiles. De todos modos se podía ver a la distancia, si te fijabas, como un sector de hombres armados disparaban a bocajarro contra hombres y mujeres. Se estaba volviendo una locura, ¿de verdad era necesario? Desde luego que no, es más, no sería de extrañar que todas las muertes que se estaban dando cayeran bajo la responsabilidad de los “revolucionarios”. Incluida la de los civiles. Kovashi mostraría su masculina sonrisa al ver los fuegos artificiales abrirse camino entre la lluvia. Un espectáculo que no era fácil de ver. Salió corriendo, dando un gran salto para subirse al mismo barco de Derya.
— ¿Lo habrán visto? — Sería un puto coñazo que les hubieran capturado, eso obligaría a Kovashi a ir a por Khruner, no podía dejarlo allí.

Con calma, el espadachín se sentó sobre un barril. Abrió otro que tenía cerca inspeccionando a ver si de casualidad ... Toma ya. Botellas vacías, cuerdas, papeles y ropa vieja. Tomó la ropa, volcando el barril para sacarla. Eran dos pantalones y una chaqueta. Se pondría la chaqueta por encima. Con la bajada de tensión, estaba empezando a notar el frío, las temperaturas habían bajado casi hasta los cinco grados. No le gustaba el frío.
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#14
Según salía de la estancia, Khruner apareció de entre las sombras y se disculpó por haberse perdido. Ignoraba que se hubiera perdido, pero lo importante es que él estaba ahí con él ahora y había recibido el mensaje de que le tocaba pelear. Lo que aconteció dentro no lo vio, pues decidió sacar un cigarrillo y encendérselo mientras la alarma pitaba a todo volumen y su amigo repartía golpes a diestro y siniestro. Aspiró el humo del tabaco con parsimonia, porque sabía que su trabajo allí estaba hecho y que pronto escaparían bajo tierra indetectados. Cuando se dio la vuelta para avisar a Khruner de que era hora de irse, éste agarró la mano de Don Bambú con fuerza y prácticamente le llevó con él en su salto hacia el exterior. Contrariado porque se le había caído el cigarrillo en el proceso, el panda tuvo que protestar. —¡Oye, este no era el plan! —Se quejó, pero ya era demasiado tarde. Con la alarma pitando a sus espaldas, ambos osos empezaron a correr hacia el puerto a toda velocidad. Justo delante de ellos había un muro que impedía el paso de los civiles si los marines no lo deseaban, pero el muro tenía una altura de cinco metros, lo cual no era suficiente para contener a los minks dentro de aquella fortaleza. Sin decir nada, porque sabía que Khruner era capaz de saltar más alto que él, Don Bambú corrió hacia la muralla y de un salto la rebasó con relativa facilidad, apoyando en medio del salto ambas manos en la planicie superior del muro e impulsándose para llegar más lejos. Al llegar al otro lado, cayó rodando al suelo y se puso de pie inmediatamente, continuando el camino corriendo sin mirar atrás más que un par de veces para corroborar que su compañero oso seguía con él en aquella carrera. —¡Vamos por aquí! —Le alentó para que pudiera seguir su voz entre la lluvia torrencial y la oscuridad, sabía que tendía a perderse.
 
Según se acercaban al puerto, Don Bambú pudo entrever entre la oscuridad numerosos destellos que rápidamente se convirtieron en fuegos de colores. Pudo reconocer el sonido de los fuegos artificiales a través de la intensidad de la lluvia. ¿Era tal vez una señal? Pero aquel sonido de petardos no era el único que se escuchaba. Según se acercaban al puerto, más destellos aparecían, pero a su sonido explosivo no lo sucedían luces de colores, sino el silencio. Supo entonces que los marines estaban abriendo fuego, pero no era posible que fuera contra sus compañeros, porque los destellos venían desde sitios muy dispares. Estaban matando civiles. La sangre empezó a hervirle ante tal pensamiento y despertó en él una furia que la lluvia era incapaz de sofocar.
 
Ambos osos llegaron al puerto extraordinariamente rápido. Esto se debía a que ya no iban bajo tierra con la velocidad limitada de Don Bambú para hacer túneles y empujar tierra y porque habían estado descendiendo en pendiente de camino al puerto. Don Bambú se encaminó hacia el lugar donde estaba el barco más próximo a los fuegos artificiales de antes y de camino se encontró con dos humanos con lanzas y escudos que estaban flanqueando a un hombre de mediada edad. —¡BASTA! —El panda saltó sobre ellos y le propinó a cada uno, en la cabeza, un puñetazo en vertical descendente con todas sus fuerzas. Les había pillado por sorpresa, eso jugó mucho a su favor. —Vamos al barco. —Le dijo al civil e inmediatamente reanudó la marcha hacia el barco, ya estaba a menos de diez metros.
 
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#15
Derya, como buena navegante, empezó a hacerse con el dominio del barco. Desplegando velas, atando cabos, moviendo mástiles... Era un trabajo complicado, y sobre todo si estabas sola. Pero así podría tenerlo a punto para cuando sus compañeros llegasen, la salida sería mucho más rápida. A su alrededor todo se había vuelto un caos de luces, explosiones y gritos. Aquello era un sálvase quién pueda en toda regla. En su cabeza, solo se preocupaba porque sus acompañantes hubiesen entendido su señal. Confiaba en que Kovashi sí, porque no andaba muy lejos y se habían visto mutuamente un par de veces. Pero al no saber exactamente la ubicación de ambos osos, le preocupaba un poco que no supiesen interpretar su aviso.

Parte de su preocupación se esfumó cuando vio y escuchó a Kovashi incorporarse al barco de un salto. — ¡Espero que sí! — Respondió la joven ante la duda del peliblanco, al parecer compartían la misma inquietud. Éste se tranquilizó bastante cuando aterrizó en el navío, sentándose sobre un barril y vistiéndose tranquilamente. En contraposición, Derya con su preciado bikini rosa, se deslizaba de la proa a la popa, gracias a lo resbaladizo que estaba el suelo por la lluvia, comprobando que todos los mástiles estuviesen bien posicionados. A pesar de lo técnico que era, le apasionaba la navegación.

Tras su espalda, un ruido especialmente cercano llamó su atención. Se giró para poder ver de qué se trataba. No podía ser otra cosa más que sus dos queridos osos, que habían derrotado a un par de hombres uniformados con otro traje diferente a los marines, y se abrían paso hacia la embarcación, seguidos de un civil al que acababan de salvar. Derya no le dio mucha importancia, ahora mismo la prioridad era salir de allí rápido. — ¡Todos adentro! — Dijo, animándoles a los tres a subir lo antes posible.

Una vez todos estuvieron dentro, la joven se deshizo del cabo que unía el barco al muelle. Enseguida, impulsados por el viento de la tormenta, el barco comenzó su travesía, dirigiéndose en dirección recta hacia el mar abierto. Algunos disparos les siguieron, sin embargo no parecían constar de la precisión suficiente como para acertar a objetivos tan lejanos. Derya salió corriendo hacia el timón del barco, el cual agarró con mano firme. Conocía aquellos mares de sobra, nadie los había experimentado desde dentro como lo había hecho ella. Una sensación de libertad y de invencibilidad llenó su cuerpo de repente, navegando se sentía mejor que nunca. Pronto, la isla se convirtió en tan solo un punto negro en la lejanía.

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Recuento final de bajas
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