[Av. Recolección] - Ladrona gata, pero no mucho.
#1
Había pasado mucho tiempo. Demasiado, diría yo. Shoto desapareció de mi lado, en aquella trágica noche en la que los dos nos pusimos borrachos y discutimos, donde yo me fui al taller a dormir, y él simplemente se esfumó completamente del panorama ¿Quizás debería llamarle al Den den mushi? Al fin y al cabo tengo su número. Pero, algo dentro de mí me frenaba, me decía que no lo hiciese, la sensación era de que si lo hacía iba a molestarle, incluso que no quería saber nada más de mí. Cada vez que intentaba contactar con él, acababa colgando, sin llegar a dar el paso. Quizás, y lo más probable, es que esté mejor sin mí, y le irá mejor.

Así que aquí me he quedado yo, en mitad de esta isla, sola. Bueno, acompañado siempre de Espinas, el único que me da cariño y conversación, aunque a su manera. Últimamente, he estado buscando información de como salir de aquí. No sé manejar un puto barco, solo sé fabricar cosas con mierda y chatarra. Aunque encontré una cosa más que interesante, unos barcos de la Marina de vez en cuando partían de aquí hacia lo que parece ser, otra corriente diferente a donde estoy, de manera frecuente, además, por lo que, no tenía prisa, pero tampoco podía pararme. Pues en mi cabeza seguía con la idea de hacerme una munición mejor. Bueno, varias, pero no me daba la vida para ello, primero tendría que empezar poco a poco. De momento, en una de mis misiones de infiltración, conseguí adjudicarme un montón de nuevas armas. Tres pistolas y tres rifles nuevecitos, de una calidad más que aceptable, obviamente, mi niña bonita, Shock, no podía faltar, siendo la joya de la corona. La imagen de mí, llevando todas aquellas armas encima, era bastante graciosa, aunque de puta madre en mi humilde opinión. La gente solía mirarme raro, como si fuera una pirata incluso, se pensaban que iba a hacerles algún tipo de daño, pero joder, nada más lejos de la realidad, ¡si era una cazadora de ellos! – Aunque aún no he podido cazar nada, caguen dios -

Así que aquí estaba, dando un paseo por la ciudad, con Espinas en mi hombro derecho y todas mis armas en mi espalda. Necesitaba encontrar pólvora y acero. Lo segundo era bastante sencillo, pues ya en el taller tenía bastante de diferente tipo de mierda que podía reciclar, pero siempre venía bien tener un poco de más. Ahora, la pólvora era algo más complicado, pero no imposible para mí. Pregunté por el pueblo y a las afueras de la ciudad había una pequeña mina a la cual me dirigía. Solo necesitaba tres cosas: nitrato de potasio, carbón y azufre. Con ello podría luego mezclarlo todo y así tener pólvora, pero me daba absolutamente toda la pereza, así que esperaba por dios bendito que allí ya me dejaran el trabajo terminado y hecho.

Tras unos minutos caminando, llegué a la entrada, la cual, estaba custodiada por dos soldados de la Marina, cosa que tenía sentido — Joder, o me dejan pasar por las buenas o me va a tocar engatusarles — Pensé arrascándome la parte derecha de mi cabeza — Llevar en mi puta espalda más de 6 armas no sé yo si es será de su agrado, estoy seguro de que me dirán algo — Suspiré largo y tendido, el simple hecho de pensar en que podrían ponerme alguna pega ya me cortaba el poco ánimo que tenía. Simplemente, me acerqué, saludando lo más amablemente y educadamente que podía hacer para que así no me dijeran nada — Eh — Soy una puta maga. Bien, primer paso realizado con éxito.

— Disculpe, señorita — Dijo el soldado de la derecha, acercándose mientras levantaba la mano en señal de que parase — ¿A dónde se dirige? — Preguntó. Me daban ganas de responderle mal, algo del palo “A la farmacia, no te jode”, pero mantuve la compostura, e intenté que fuera lo que fuera a decir sonase creíble y poco cantoso — Vengo a por pólvora para hacer munición — Perfecto Erika, eres completamente gilipollas ¡NO TUVE NI TIEMPO PARA INVENTARME ALGO, JODER! Estaba jodida, ahora me iban a dar por culo con que hay algún problema o alguna mierda del palo — Perfecto — Dijo el marine tranquilamente, mientras miraba una lista que tenía en su mano derecha, acompañado de una pequeña tablita de madera — ¿Eing? ¿Ya está? ¿Así de fácil? — Pensé, haciendo una mueca con mi boca, que claramente significa confusión por todos los lados — ¿A qué hora tiene la recogida de la mercancía? — Añadió el marine. Ahora sí que estaba jodida por todos lados — eeeeee…. — Me quedé sin palabras esta vez, estaba en blanco, el giro dramático de los acontecimientos me pilló desprevenida, pues ya estaba confiada en que iba a entrar, llevarme la pólvora y a tomar por culo, pero no. El marine arqueó una ceja en señal de duda o preocupación — ¡Ah, sí! ¡Verás! ¡Es qué! … ¡Soy nueva, es mi primer día! ¡Simplemente, me avisaron tope de rápido, sin apenas tiempo, diciendo que yo fuera para acá, cogiera él aquello y lo llevase a su destino! ¡Iiiiahahaha! — Dije llevándome la mano derecha detrás de mi cabeza, con una gota por mi frente, escapándose, casi delatando que era una puta mentirosa ¡Me caguen dios! El marine no cambio ni la expresión de su rostro, estaba igual — … Ya… Entiendo… — Dijo totalmente seco y soso. Estaba donete, a un marine no puedo amenazarlo así porque sí, eran con los únicos que tenía que, o bien engañarles o engatusarles, y para lo segundo no sé yo si ya era demasiado tarde, así que me puse a pensar de qué manera me iba a tener que infiltrar en aquel sitio, cosa que me daba toda la pereza, pero su compañero de repente, saltó a la conversación de golpe.

— ¡No pasa nada, chiquilla, todos hemos tenido nuestro primer día! — Le miré lentamente, mostrando poco a poco una sonrisa, sin despegar mi mano de mi cabeza — ¡Claro, tío! ¡Si es que verás, yo estaba sin trabajo, casi muriéndome de hambre! ¿Ves a este colega de aquí? — Señalé con mi zurda a mi hombro derecho, donde Espinas estaba colocado — ¡El pobre está vivo de milagro, apenas tengo para darle de comer! ¡Y ya ni te digo yo, que he estado días comiendo solo un platito de comida! ¡Pero ahora tengo un trabajo, y no quiero desaprovecharlo! ¡Solamente me han llamado, me han dicho que viniera y… ! — De repente, empecé a mostrar en mi rostro pena, tristeza — … pero claro, no me han dado más información de nada. Simplemente, salí corriendo para hacerlo lo más rápido posible, y así demostrar que podían contar conmigo y contratarme… pero no he caído en que quizás me tuvieran que dar información para recoger la pólvora y todas esas mierdas… ¡Buah, tíos, voy a perder el curro, joder! — Comencé a agitarme el pelo de un lato para otro, intentando sonar desesperada — ¡Mierda mierda mierda MIERDA! ¡AAAAAA… ! — Comencé a gritar, mientras me tiraba al suelo de rodillas y seguía revolviéndome el pelo. Los dos marines estaban mirándome algo confusos, aunque el más majete saltó de nuevo — ¡Eh, eh, venga, tranquila, no pasa nada! ¡Podemos ayudarte! — … AAAAAAah, si? — Corté abruptamente, dejando mi cuerpo quieto, sin realizar un movimiento y mirándolo fijamente — ¡Sí, mira, tan solo dinos a qué empresa es la que tienes que llevar la mercancía, con eso nos vale! — No estaba dando crédito, todo mi puto show no iba a valer de nada, volví a hacer una mueca con mi boca, mientras, dejaba los ojos en blanco, e incluso me faltaba el aire a la hora de hablar — Pu...pues… es… — ¡QUÉ COÑO PODÍA DECIR, OTRA VEZ MÁS, ESTABA EN BLANCO! — … la emp...resa se… llama… — tenía que dar un nombre, ya, al momento, así que dijo lo primero que se me vino a la cabeza — … recambios… Sebas… — El nombre del taller en el que estaba hospedada, fue lo único que se me ocurrió decir — Dame un momentito — Dijo el otro marine, buscando en la lista con atención. Estaba fuerisima, esto si que no iba a colar, así que me preparé para la respuesta. Muy a malas decirles que hablaré con mi empresa e irme de allí sin nada, pero al menos quedaba bien y no como una mentirosa. Joder, hoy no era mi puto día, estaba claro que todo me iba a salir mal.

— Correcto. Aquí está. — Mi boca se desencajó en cuanto lo escuchó, pero pude actuar rápidamente — ¡VES VES, AHÍ ESTOY! — Grité mientras me levantaba del suelo, juntando mis brazos, levantando los puñitos para así parecer una dulce y tierna mujer que solo quería que la dejasen entrar de una putisima vez e irse de allí — Está bien, ten — Comentó mientras me daba lo que parecía un recibo con toda la información — Entra y en la ventanilla del principio les das este papelito y te darán tu mercancía y podrás irte — Finalizó, mientras le quitaba de las manos con un movimiento bruto y avanzaba dando saltitos — ¡Gracias, sois muy majos, majetes, bonicos, guapos, me habéis ayudado mucho! — Les gritaba corriendo de espaldas para acabar en un giro y salir pitando hacia la ubicación — ¡Joder, lo que ha costado! ¡Tendré que camelarme al de la ventanilla ahora para poder entrar dentro! — Pensé, mientras llegaba a mi destino. Subí unas pocas escaleritas y… y… jódeme más esta vida gitana que llevo.

Era la entrada de la mina, con una, a la izquierda, la susodicha ventanilla. Pero para poder avanzar, había más putos marines vigilando todo, por lo que por dentro, aún, habría más — Y una polla cebollera como una olla. Sudo completamente — Dije mientras dos ríos de lágrimas corrían por mi bello rostro – No literalmente, es en plan comedia, ¿Entendéis? – Suspiré largo y tendido mientras avanzaba a la ventanilla para que me atendieran y a tomar por culo. La verdad que era un puto palo no poder irme de allí bien cargada de pólvora, pero este sitio estaba hasta las trancas de seguridad, y me iba a resultar imposible. Así que aquel buen hombre de la ventanilla guardó el papelito, se fue para dentro, y me trajo una caja de pólvora, rectangular, no muy alta, más bien plana. La pegué un vistazo con cara de asco — Y… ¿ya está? ¿Es solo esto? — Miré haciéndome la loca al de la ventanilla, un gyojin con cara de mal follado que se notaba que estaba hasta el nabo de currar allí — ¿Qué más quieres? Es lo que pone en el recibo de entrega — ¡YA! ¡HOMBRE! ¡PERO! ¡YO QUE SE! ¿No te sobra una cajita más por ahí? Esas que se les astilla un poco el pico y ya no valen y las tiran, una de esas me vale ¿ah? — El gyojin se me quedó mirando, con los ojos entre abiertos y cara muy seria — … no — Cogí rápidamente la caja y me di la vuelta — ¡VENGA YA, Y LUEGO ME DICEN ASQUEROSA! ¡ASQUEROSA DE QUE, ASQUEROSOS VOSOTROS! — me marché de allí dando gritos, enfadada.

Sí, ya lo sé. No tenía motivo para irme, estaba intentando engañarles y llevarme un poco más por la cara, suficiente que me he llevado esta poca pólvora por la puta cara, ¡PERO QUERÍA MÁS! ¡ESTO ERA MUY POCO! Pero me iban a dar por culo – Ojalá – es lo que había y punto. Así que por donde vine me volví a ir, pegándole patadas a las piedras pequeñas que encontraba por el camino, incluso a la nada, estaba tilteada, de mal humor, así que me fui a por chocolate de camino al taller, a la mierda con todo, de una puta vez, cojones.

Llegué al taller. Era ya de noche, muy de noche, estaba hasta el nabo de aquel día. Encima llegar aquí y estar sola no ayudaba lo más mínimo. Sí, está Espinas, pero… la verdad que echaba de menos hablar con alguien que pudiera responderme. Pero no era momento de todo eso. Me quité la ropa, quedándome en bragas y sujetador, quería estar lo más fresquita posible. Me senté en la mesa grande principal donde se trabajaba, con el chocolate a mi derecha, la caja de pólvora a mi izquierda, y delante de mí todo el acero de un montón de chatarra y piezas inservibles, pero que se podían reciclar. Con una prensa que el propio taller disponía, y la ayuda de unas pinzas enorme, comencé a hacer los casquillos de las balas gracias a toda aquella montaña de mierda metálica. Una a una, despacito, acompañado todo de unas gafas muy parecidas a las del pelo arbusto, no eran las suyas, claramente, pues nunca se las quitaba de encima, pero al menos hacían su función. Acabé haciendo unos 30 casquillos. Una vez estaban terminados, los llevé a la mesa y fui rellenándolos de la pólvora de aquella caja que me dieron. Me percaté que en la pegatina había cierta información que podía ser interesante — “¡Nueva fórmula más potente!” ¿Qué cojones? Si la fórmula es la misma, ¿no? … bah — Dije sin importarme mucho. Lo esencial era que de allí pudiera hacer una munición mejor que la que ya tenía, que era muy básica. No paré, el chocolate incluso se había derretido del calor que se originaba en aquella mesa — ¡Joder, mi puto chocolate! — Dije apenada cogiendo el envoltorio, para acto seguido pegarle una lamida y saborearlo — Mmm, ¡Tasty! — Dije alegrándome esta vez.


Me dieron las 03:00 de la mañana aproximadamente, pero por fin terminé — Bien… — Dije levemente mientras guardaba cada bala meticulosamente en una cajita metálica, colocándolas de manera que encajasen todas. Las dejé encima de la mesa, estaba totalmente agotada, Espinas estaba dormido encima de una de las sillas, ni siquiera estaba en su cama de mi habitación. Lo cogí en brazos con delicadeza para llevármelo y estuviera más cómodo. Le di un beso en su pequeña cabecita.

— Venga, nene. Vamos a dormir. Mañana será otro día. —
#2
RECOLECCIÓN FINALIZADA

La munición solicitada ha sido creada con éxito y añadida a tu inventario


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