La Indestructible - (Evento local) [Presente Absoluto]
#1
Día 60 del año 14, Primavera - 11:25 a.m.

Un nuevo día amanecía e iluminaba la selvática y enigmática isla de Chisi. Las primeras gotas de rocío descendían lentamente de las hojas de las vegetaciones autóctonas del lugar, siendo visible tanto la humedad de la zona, como la bajada brusca de temperaturas que había sufrido durante la helada noche. Sin embargo, ni el más gélido de los climas, sería capaz de borrar las quemaduras, físicas y mentales, que sufrieron los tres integrantes de los Kuro no Bōgyū. Los días transcurrían con una celeridad pasmosa, días que, Kisuke y Don Bambú empleaban para recuperarse de todas sus heridas, al mismo tiempo que trazaban un plan y buscaban a Zorak, mientras que el mariscal, tan sólo podía rezar que le mantuvieran con vida y esperar, a que sus amigos y compañeros, le rescataran de un destino que, mismamente, podría llegar a ser peor que la muerte.

Esa misma mañana, el espadachín y el mink panda, encontrarían una nota anónima en la cubierta de su barco. Dicha nota estaba escrita en una gran hoja de un árbol, parecido a la de un arce, para cuya escritura, a juzgar por la viscosidad y color de las letras, se había utilizado la savia de alguna especie de planta.

NOTA ANONIMA


El mensaje era claro y conciso. Los cazarrecompensas habían logrado reclamar la recompensa por la cabeza del mariscal revolucionario y era cuestión de tiempo que, el barco que se lo llevaba preso, zarpara hacia un oscuro y desdichado destino. Con eso en mente, y con tan poco margen de maniobra, el dúo revolucionario se preparó con lo necesario para salvar a su amigo de su cautiverio y, tan rápido como podían, emprendieron su carrera contrarreloj hacia el navío de la marina, abriéndose paso entre toda la vegetación, a velocidad pasmosa, hasta que llegaron a un claro circular, de 20 metros de radio, lleno de pasto, del cuál sobresalían pedruscos recubiertos de moho y helechos. Lo particular de ese prado es que, ante los dos revolucionarios, el camino que hasta ahora habían recorrido, en ese mismo claro se bifurcaba, o mejor dicho, se “trifurcaba”, pues tres eran los senderos que llevaban ahora hacia la costa sur, separados por 10 metros de distancia. El tiempo apremiaba y, por si fuera poco, la arboleda que rodeaba el terreno, al tener una altura media de 30 metros y una gran frondosidad, impedía poder divisar cuál de las elecciones era la mejor, aunque, alguien con un buen sentido de la orientación, podría estimar que camino no había que tomar.

Mientras tanto, un debilitado, esposado, amordazado (mediante un bozal que sólo le permitía emitir sonidos) y despojado de todos sus bienes Zorak, había sido escoltado por una totalidad de treinta hombres y mujeres de la marina, hasta el barco que lo conduciría a Impel Down. En su trayecto, pudo observar las dimensiones del gigantesco buque. Un navío con unos 200 metros de eslora y unos 38 de manga. Poseía tres mástiles, midiendo el trinquete y el palo de mesana 10 metros cada uno, y estando situados a 50 metros de la proa y popa respectivamente. En cuanto al palo mayor, estando ubicado justo en el medio del barco, llegaba a medir hasta 20 metros de altura. Nada más subir al medio de transporte, no era difícil de suponer que, en la popa, estarían todos los camarotes y distintos compartimentos del que puede disponer un barco. No obstante, lejos de recluirlo en alguna de esas habitaciones, al mariscal le esperaba una sala de espera mejor pues, acompañado por dos soldados, en una trampilla situada en un punto intermedio entre el trinquete y el palo mayor, había un habitáculo vacío y aislado al exterior salvo por dicha trampilla, de sección cuadrangular, de 10 metros de lado, y 5 metros de altura hasta el techo. Una hilera de barras de metal, que hacían la vez de calabozo, separaba el espacio en dos secciones. Uno de los soldados, un chico joven y pálido, de pelo verde alborotado -  quién le puso las esposas a Zorak -, abriría la puerta a la jaula, introduciendo al criminal en la misma, mientras su compañera, una chica de tez morena y de pelo anaranjado y rizado, observaba a 2 metros de las barras.- Intenta no hacer mucho ruido, ¿vale? La capitana debe estar entrenando ahora y le gusta estar concentrada. - Dijo el chico, con una simpática sonrisa en su faz, como si no le importara hablar con un vándalo, mientras cerraba la puerta de la jaula con llave -que resultaba ser las mismas que abrían las esposas que apresaban tanto pies como manos de Zorak -, situándoselas en el costado derecho de su cinturón.- Te hemos dejado un colchón allí al fondo, así que intenta estar cómodo, que el viaje hasta Impel Down es largo y turbulento - Comentó señalando con el índice de su mano derecha hacia el colchón.- Aunque bueno, estando encadenado de brazos y piernas va a estar complicado eso de estar cómodo….- Cerró los ojos y se llevó la misma mano con la que señalaba, anteriormente, al mentón. Lo que decía aquel joven era cierto, estando encadenado en cada una de las extremidades, Zorak lo iba a tener complicado para poder moverse. Por fortuna, debido a que el uso de su Akuma no Mi había sido escaso, las esposas que le mantenía preso no eran de kairoseki, al no saber que trataban con un usuario. Las cartas estaban puestas sobre la mesa, y dependía del mestizo como jugar su mano. 

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INFO
#2
El tiempo había pasado volando. Desde aquella terrible derrota a manos del enano calefactor y el furro espadachín, Don Bambú había vuelto a tener increíbles dudas sobre sus capacidades de combate. Había podido plantarle cara al picante pigmeo, pero únicamente hasta que éste decidió que había tenido suficiente. Sencillamente el panda no golpeaba lo suficientemente fuerte. No pudo impedir que el haki del conquistador, aunque todavía no supiese qué era exactamente, continuase impidiendo a su dientudo compañero moverse. La pelea terminó con el kanabo del enmascarado descendiendo brutalmente sobre el torso del mink. El resto, por lo que a sus recuerdos respectaba, estaba en negro. Un negro ardiente. Don Bambú, sin embargo, no se había dejado llevar por la desesperación. Esta vez no estaba solo, como le había ocurrido en Little Garden. Kisuke le hacía compañía y era su compañía la que le mantenía cuerdo. Se animaban el uno al otro y trazaban toda clase de planes para lograr salir de aquella isla, pero por lo pronto ninguno había dado frutos.

Una buena mañana, según Don Bambú salía de su camarote hacia la cubierta con el desayuno en sus manos, se topó con una nota dirigida al dúo revolucionario. Con una cierta ansia dejó su comida a un lado y devoró la nota (figurativamente) sólo para después salir corriendo a avisar a Kisuke de la oportunidad que se acababa de presentar. —Creo que es de Peony. He intentado encontrar su presencia en la isla, pero como no la percibí supuse que se había largado. Sin duda la botánica no es su única cualidad. —Cómo el excéntrico personaje había logrado eludirle durante todo el tiempo que había pasado en la isla era un misterio, pero un misterio que quedaría sin resolver hasta el lejano futuro. Lo que ahora tenían delante era una oportunidad, la única quizás, de rescatar a su amigo de las garras de la asquerosa marina. Los cazadores habían cobrado su recompensa, de modo que cuales lobos con la panza llena estarían satisfechos por el momento. Además hoy era uno de esos días... Pero la noche estaba muy lejos y el tiempo del que disponían era escaso. —Creo que no queda otra que ir directos a por la marina. Puedo garantizarnos un golpe sorpresa, si es que no están alerta con algún usuario del Kenbunshoku, pero a partir de ahí me temo que será una batalla campal. —Sentenció el panda.

Emplearon el tiempo justo y necesario para aprovisionarse para aquella pequeña escaramuza. El panda no llevaba casi nada, únicamente algo de beber y comer para el camino. Dejó su bolsa con sus libros en el navío porque sabía que le iban a estorbar más que ayudarle y se puso su clásico conjunto de pantalones vaqueros largos con camiseta negra y camisa verde por encima. Al salir a cubierta una ligera brisa le dio la bienvenida. El calor primaveral le resultaba agradable. Su cuerpo ya casi no presentaba quemaduras desde el encuentro con los cazadores y su pelaje volvía a ondear tras haber medrado de nuevo en las zonas más afectadas por las quemaduras. El viaje no se hizo esperar, pues en cuanto Kisuke estuvo listo partieron de inmediato en dirección hacia el otro lado de la isla. Don Bambú activó de inmediato el Kenbunshoku para evitarse sorpresas por el camino, pero mayormente se estaba guiando por el terreno que ya conocía. Había pasado demasiado tiempo en aquella isla como para no saberse innumerables caminos y rutas para llegar a ciertos sitios. No tardaron en llegar a un claro en el bosque relativamente conocido. Frente al dúo revolucionario se abrían de tres posibilidades para llegar al otro lado de la isla. Don Bambú no conocía todos los caminos que tenía delante, pero sí que sabía una cosa: el camino del medio era especialmente brusco y presentaba adversidades para las cuales no tenían tiempo. —Te toca escoger, camarada. Izquierda o derecha. El camino del medio sé de buen grado que no es el adecuado para lo que nos conviene. —Se limitó a dejarlo ahí. No necesitaba explicar por qué. No era adecuado y con eso debía bastar por el momenot.

Resumen


Bélico
#3
Los días habían pasado más rápidos de lo habitual, privado de alimento cosa a la que gracias a mi precaria infancia estaba más que acostumbrado puesto que bueno era el día en el que no se tenía que compartir una comida entre tres, podía sobre llevarlo en cierta manera, me sentía mas débil de lo habitual quizas fuera por la ausencia de nicotina en mi cuerpo lo cual estaba comenzando a martillear mi psique, el caso era que apenas podia caminar bien y mucho menos con los grilletes que encadenaban mis muñecas y tobillos, así como los tirones que de tanto en tanto daba la numerosa escolta que me llevaba camino al gigantesco barco de la asquerosa marina, tampoco ayudaba el asqueroso bozal que portaba, no podía respirar bien y todo esto llevaba a que la vena de mi frente cada vez se inflase más, estaba de un humor de perros, pero no habia perdido la fé en mis compañeros.

No tardemos demasiado en llegar a cubierta, el marine de pelo verde que me puso los grilletes me acompaño a la que parecía era mi suit, cuando abrió la puerta vi la oportunidad, fingiendo un tropiezo dejé mi espalda a la vista de la marine que vigilaba desde dos metros, chocando con el hombro derecho del marine de pelo verde con el pecho.

"Ah... Awfua forfaboh"

Farfulle haciéndome ver mas débil de lo que me encontraba realmente, en un intento de centrar toda la atención en mi y no en lo que estaba haciendo, pues cinco filos hilos nacían ahora de la punta de los dedos de la mano izquierda, el marine me instó a no hacer ruido y a que me pusiera cómodo, cosa irónica cuanto menos debido a la evidente falta de movilidad, me dejé caer en el colchón, recostando mi espalda contra la pared, haciendo todo el ruido posible mientras con la poca movilidad que disponía en mis manos lanzaba un zarpazo con la mano izquierda haciendo que los hilos fueran directos hacia las llaves que.el marine acaba de colocarse en el cinturón, enrollándose tres hilos en las llaves y otros dos rajando el arco para cinturón donde estaban colgadas antes de enrollarse en las mismas, apenas se cerraron en torno a las mismas cerre el puño, haciendo que las llaves volasen a mi mano izquierda, escondiendo estas rapidamente tras la hebilla de mi cinturón, ahora era cuestión de esperar el momento oportuno para poder usarlas y sembrar el caos. 

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Karmas usados y a tener en cuenta

Bélico y Fruta
#4
Kisuke estaba aún medio dormido mientras llegaba la zona que usaban de letrina, una zona de la playa semiescondida tras unas rocas junto al acantilado. Un inoportuno apretón mañanero le había impedido seguir su rutina habitual de desayunar como un oso, y largarse a entrenar hasta la tarde, pero aquella mañana sus tripas habían decidido que sería más tarde... o no. Tras hacer de vientre y enterrar los restos de aquella "escaramuza", se acercó a la orilla para lavarse las manos y posteriormente sumergir todo su tronco, cabeza incluida en el agua. A pesar de que llevaban allí más de tres meses y el invierno había pasado y la primavera estaba en su etapa más calurosa, el agua aún estaba lo suficientemente fresca como para despabilarle.

"Puta mierda... Llevamos aqui demasiado tiempo atascados."

El desánimo le estaba haciendo mella; sobre todo porque no sabía que podía haber sido de su hermano de otra madre, Zorak, al que se habían llevado aquellos infames cazarrecompensas. Estaba claro que aquellos perros del gobierno debían de haber cobrado su recompensa, y eso le daba esperanzas de que seguiría con vida, pero no podía asegurarlo. Por suerte el estar con Don Bambú, había apaciguado mucho su ansiedad; era un tipo sereno y tranquilo, y con buen juicio, y la compañía que se hacían el uno al otro, había evitado un descenso a la locura como el que invitaba aquella situación de bloqueo en la que se encontraban.

Estaba llegando al barco de nuevo, caminando tranquilamente por la costa, fumando un cigarrillo, cuando Bambú salió como una exhalación con un papel en la mano que le mostró y le comentó que quizá sería de Peony. Arqueó una ceja ante la mención de Peony con cara de desdén, en realidad a Kisuke le sudaba tres hectáreas de verga que fuese el hippie excéntrico que había huido como una rata en cuanto aparecieron los cazarrecompensas; no guardaba para nada buen recuerdo de aquel tipo. Pero lo importante era lo que decía la nota, así que cuando Bambú le dijo de ponerse en marcha, tiró la colilla y la apagó, lo miró resuelto y no dudó ni por un instante.

-Cojo mis espadas y nos largamos ya.

Entró en el camarote y se prendió tanto a Mangetsu como a Sode no Shirayuki en el cinto y se dispuso a seguir a su compañero que era un guía natural. Siempre elegía caminos adecuados cuando exploraban y evitaba los famosos "desatajos" que parecían caminos más rápidos pero luego terminaban siendo más problemas que camino, y al final tardaban más y pasaban por muchas más dificultades. Y al final tras un breve rato, llegaron a un claro del que salían tres caminos. Bambú había activado su Kenbunshoku y comentó que el de en medio estaba descartado, que eligiese él, no en vano confiaba en las habilidades de su navegante y timonel, aunque aquel mar de árboles no era el océano al que estaba acostumbrado.

-Kuhahaha... Deja que el navegante se moje aunque no haya agua del mar aquí, ¿no?Mi padre siempre decía cuando apretaba las tuercas del cabestrante del pesquero que la derecha oprime y la izquierda libera... Vayamos por la izquierda.

Con un gesto con la cabeza y tras mirar lo más lejos que le daba la vista y no ver nada extraño, se encaminó por el sendero de la izquierda, llevándose una mano a la empuñadura de su katana, porque desde lo ocurrido con los cazarrecompensas, sumado al incidente de Akarui, estaba más paranoico que nunca con las emboscadas que pudiesen llegar a sufrir. Toda precaución, era poca.

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karma

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#5
Tomar decisiones estando bajo presión no era de las mejores experiencias que un ser vivo pudiera experimentar. Sentir como, cada segundo pensando cuál es la opción más óptima, es un segundo menos que puede quedarle de vida o libertad a un ser querido era, cuanto menos, estresante. Eran, de este modo tres caminos los que se extendían frente a Kisuke Don Bambú, siendo el del centro tajantemente descartado gracias al sentido innato de la orientación que poseía el mink, sendero que, de haberlo tomado, le habrían hecho toparse con un nido de hormigas rojas gigantes, lo que les habría costado un tiempo del que no disponían. Con tan sólo dos opciones restantes, el espadachín, precavido por lo que pudiera pasar, optó por el camino de la izquierda, adentrándose en él, raudos y veloces, sin saber que, el camino situado más a la derecha, les habría llevado directamente hacia dónde estaba el buque marino.

Raudos y veloces, corrieron por aquella senda, de unos 7 metros de ancho, rodeado en sus lindes por toda clase de exóticas plantas abundando, sobre todo, la presencia de lo que parecían ser plataneros con la particularidad de que, sus frutos, en vez de poseer un pigmento amarillento, eran de color azulado con motas rojas. No hacía falta ser un explorador empedernido o un cocinero para saber que, comer una de esas, debía resultar fatal. O no. Pues, una vez recorridos los 500 metros desde el inicio del trayecto, un grupo de 50 babuinos, se hallaban en mitad del mismo y obstruyéndolo, dándose todo un festín con estos frutos - llamados bananamotas -, regocijándose y disfrutando del enigmático sabor de tal manjar. Cruzarse con ellos de bruces en ese instante, podría suponer encolerizarlos y entrar en una trifulca que ocasionaría una pérdida de tiempo quizás irreparable. Por fortuna, el uso del Kenbunshoku Haki de Don Bambú, podría alertarlos de la presencia de estos simios y, en consecuencia, obrar de la forma más inteligente posible sabiendo que, salirse del camino o dar marcha atrás, podría conllevar ralentizar de sobremanera la llegada a su objetivo.

Al mismo tiempo, volviendo a la bodega donde se encontraba preso Zorak, ninguno de los dos guardias se había percatado, confiados en la falta de fuerzas del revolucionario, de que el mestizo, le había echado el lazo - o mejor dicho el hilo - a las llaves que abrían, tanto las esposas, como la jaula que lo aprisionaban. Los dos soldados observaban con detenimiento al pelirrojo conforme se alejaba hacia el colchón de su cama.- Hay que ver... Está que da pena verlo, Sung...- Negaba con la cabeza, el chico del pelo verde.- Más pena da que alguien tan guapo pueda ser un criminal, pero al menos no nos ha llegado cortado en cachitos. - Comentó la chica de pelo naranja, con tono de broma, girándose 90 grados en sentido horario, para encarar a su compañero, quién palideció - aún más si cabía, al escuchar aquellas palabras.- Calla, calla... Lo dices por ese cazarrecompensas que se rumorea que manda a sus víctimas troceadas, ¿verdad? - Siguió la conversación, rotando su cuerpo también en 90º, pero en sentido antihorario, para estar frente a frente a Sung, momento en el que, Zorak, se había sentado en el colchón, apoyando su espalda en la pared, quedando frente a ellos, a unos 7 metros de distancia.- ¡Ese ese! ¡Se dice además que se bebe la sangre de las personas que caza, es todo un sádico, Sam! - Exclamó, con cierto morbo, añadiendo información que, al chico del pelo verde, no le gustaba oír, debido a lo aprensivo que era, hasta el punto, que ipso facto fue a taparse las orejas y a cerrar sus ojos.- ¡He dicho que calles! ¡Sabes que no me gusta nada escuchar este tipo de cosas, Sung! - Gritó, justo en el mismo momento que Zorak había usado los poderes de su Akuma no Mi para arrancar de la hebilla del cinturón de Sam, las llaves que podrían ponerle en libertad, pasando completamente desapercibido, por pura suerte, tanto el movimiento del revolucionario, como el retintineo de las llaves moviéndose hasta llegar a las manos del pelirrojo.- Tranqui, tranqui, sólo bromeaba, bobo, que si no se nos hacen las horas eternas.- Le guiñó un ojo a Sam, para después darle un suave puñetazo derecho en su hombro izquierdo con cordialidad.- Más te vale que sea broma, o se lo diré a la capitana. - Refunfuñó, volviendo a orientarse hacia la jaula y hacia el apresado criminal.- No debería quedar mucho para partir... - Pensó, posando su mirada en el mariscal, sin saber realmente lo que se traía entre manos.

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INFO
#6
Parecía que la suerte está vez estaba de mi lado, pues nada indicaba que los guardias se hubieran dado cuenta de que tenía en mi posesión las llaves para poder liberarme, hablaban entre ellos sobre un cazador que entregaba sus presas hechas trozos y que se rumoreaba que bebía la sangre de sus enemigos, me hizo pensar en mi amada Maeve, recordando como la noche en la que dimos ambos rienda suelta a nuestros monstruos interiores vengandonos de toda la banda del hombre que nos marcó el rostro a ambos con una media sonrisa, la noche en que caí enamorado de su brutalidad y la primera vez que me entregué en cuerpo y alma a otra persona, así como también fue la primera vez que comi carne humana, cosa que no sonaba nada mal ahora mismo.

De hecho ambos se veían tremendamente apetecibles, cosa que hacia que la saliva se abriera paso por mis afilados dientes,  siguiendo con mi farsa de hacerme ver mas débil de lo que en realidad estaba, me dejé caer sobre mi lado derecho y gire sobre mi mismo encarando la pared y dándoles la espalda a ambos, con sumo cuidado lleve mis manos hacia la hebilla del cinturon y agarre el manojo de llaves, apretándolo fuertemente para que no hicieran ruido al manipularlas y fui probando lentamente llaves hasta que di con la que hacía juego en la cerradura, tosiendo fuertemente mientras giraba la misma para enmascarar el sonido de la cerradura cediendo ante la llave, por fin tenía las manos libres, tras esto adopte una posición fetal, como si estuviera buscando una comodidad mínima para poder dormir, llevando la llave hacia las ataduras en mis tobillos y volviendo a toser para enmascarar el sonido de la cerradura. Por fin, tras tanto tiempo podía notar la sangre fluyendo con libertad por mis piernas y brazos.

Con los grilletes aflojados, pero aún en su sitio busque levantarme y camine lentamente hacia los barrotes.

"Abhua, forfavor"

Dije casi susurrando, siguiendo con el teatro, al llegar hacia los barrotes apoye mi frente en unos de ellos, buscando la mirada de ambos, posando la mano izquierda sobre el cuadrado que portaba la cerradura de la puerta, con la llave oculta en la mano derecha ocultándola tras el mismo cuadrado, metí la llave en la cerradura mientras hablaba mas alto.

"Abhua, forfavor"

Ahora solo quedaba esperar a ver si alguno de ellos era tan amable de acercarse a los barrotes para comenzar a ganar tiempo, estaba seguro de que un barco tan grande no pasaría desapercibido para mis amigos, tocaba ganar tiempo, tocaba dejar salir al Zorak más ruin y macabro.

Resumen

Inventario

Regeneración de energía
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5199 + 0 = 5199
Energia: 3330 - 322 = 3008
Espiritu: 654 + 0 = 654
#7
Kisuke aceptó el honor de tomar aquella decisión y la acompañó de una curiosa anécdota que hizo sonreír al panda. Quizás se hubiera llevado bien con el padre del samurái revolucionario. Aquella era una frase que había leído en unos cuantos libros tiempo ha. La derecha oprimía y la izquierda liberaba. Su padre era justamente una representación viviente de esa expresión en el peor de los sentidos. Tanto le había detestado a lo largo de su vida que el panda había tomado la mayoría de sus características y había tratado de evitar replicarlas a toda costa. Prevalecieron sin embargo en su personalidad una cierta predisposición a la beligerancia y la impetuosidad en las batallas.

El camino escogido parecía prometedor. No había peligros inminentes que asaltasen al grupo de revolucionarios y la vegetación del lugar ofrecía frutos de aspecto exótico y venenoso. Lo más probable es que los animales salvajes evitasen aquella zona debido a la presencia de aquella fuente de alimento envenenada... O eso creía el panda. Una vez habían recorrido un buen trecho de distancia, su percepción extrasensorial le alertó de la presencia de seres vivos en la lejanía. Media centena de presencias relativamente juntas que bien podrían ser marines o animales. Todavía no estaba claro. Inmediatamente detuvo la marcha y alertó a su compañero. —Cuidado camarada. Más adelante hay presencias que deberíamos evitar. No percibo el aura de Zorak entre ellas, de modo que si son marines no son los que buscamos. Podría hacer un túnel para cruzar sin ser vistos a través del subsuelo, aunque tardaremos algo más. También podríamos acercarnos y valorar la situación con mayor conocimiento de causa. ¿Qué opinas? —Don Bambú respetaba las ideas de su compañero. Si bien podía resultar burdo en ocasiones había demostrado poseer un intelecto similar o superior al del panda. Acercarse a ver qué eran aquellas presencias podría ser arriesgado también, ya que era posible que les detectasen. Sin duda la jugada segura era hacer el túnel, pero el panda no era un experto en el control de sus poderes sobrenaturales, de modo que su forma de hacer túneles era algo lenta todavía.

Resumen
#8
Kisuke se detuvo ante las palabras de Don Bambú; parecía haber detectado algo con su Kenbunshoku haki, aunque no fue muy concreto. Ciertamente tenían prisa dadas las circunstancias, tanto por intentar rescatar a su amigo como para salir de aquella maldita isla en la que llevaban varados tanto tiempo. Tenían que ser rápidos y juiciosos a la vez a la hora de tomar decisiones. Sacó un cigarro y lo prendió, dándole una calada rápida para reflexionar brevemente.

"Tenemos que darnos prisa."

El tiempo apremiaba y no podían tener el más mínimo retraso, por lo que la situación era delicada. Pensó en que el túnel sería apropiado para pasar desapercibidos, pero quizá les retrasase demasiado; por otro lado también estaba la opción del poder intimidante que tenía el mink, quizá eso fuese suficiente para poder pasar sin tener mayores problemas con esas presencias que había detectado, pero también es cierto que si eran más fuertes, eso los retrasaría más, y además podría alertar a otras personas con habilidades de detección si hacía eso. Tras unos segundos siguiendo esta argumentación, miró resuelto a Don Bambú y le dijo:

-Tenemos dos opciones. O hacemos lo del túnel que mencionas, o vamos de frente contra ellos con tu poder extraño para incapacitarlos. El problema con esto último es que sean lo suficientemente fuertes como para soportarlo, así que aunque sea un poco más tardado, creo que lo mejor es lo del túnel.

Quizá había sido presuntuoso decidir aquel camino solo por un chiste de su padre, quizá el camino de la derecha hubiese sido mejor pero no tenían tiempo para volver y tomar el otro camino. Tenían que moverse cuanto antes así que le dio una palmada en las costillas al enorme mink y le dijo:

-Kuhahaha... Vamos oso-topo, te apuesto 5000 berries a que llegamos ahí antes de que se zarpen. Confío en tus habilidades y se que lo conseguiremos

Le sonrió al mink para quitarle presión pero la realidad es que el rescate de Zorak podía depender íntegramente de la habilidad del panda y de su capacidad para hacerlo lo más rápido posible. Se le ocurrio una cosa más antes de ponerse en marcha.

-No vayas muy profundo y mantén tu Kenbunshoku activo para poder emerger de nuevo lo más pronto posible una vez pasemos de largo de esas presencias.

Era el momento de ser más sigilosos aunque eso fuese algo que Kisuke no acostumbraba, tenían que ser un poquito como Zorak para poder recuperar a su amigo, y eso a pesar de que eran posiblemente los dos tipos menos discretos y más ruidosos en aquella parte del mundo.

resumen de turno

karma

inventario
#9
La capacidad extrasensorial que había adquirido, bajo intenso entrenamiento, el mink en las tierra celestiales, le había permitido prever y sentir la localización de varios seres vivientes a un centenar de metros de la dupla. Tras discutir sobre cuál sería el mejor curso de acción, fue unánime la decisión de utilizar los poderes sobrenaturales que poseía Don Bambú. Si bien, evitar un posible enfrentamiento con aquellos babuinos podía ser una opción más que eficiente la teoría no era igual a la práctica y, por tanto, que saliera bien o mal dependería de la ejecución y maniobra del panda.

Cambiando de plano al que se estaba enfrentando el revolucionario Zorak, este aprovechó el momento de tertulia que estaban teniendo los dos soldados para, en primer lugar, hacerse con éxito con la llave y, a continuación, mientras les daba la espalda, usarla para liberarse de las esposas que aprisionaban sus articulaciones de los brazos y piernas. Ya fuera por todo el tiempo que llevaba sin probar bocado, o porque de verdad ansiaba devorar carne humana, una sed de sangre y un apetito voraz parecía emerger en la psique del  pelirrojo, hasta el punto de empezar a salivar. Durante todo ese rato, los dos guardias seguían observándoles, impasibles, procurando de que no hiciera nada raro, más allá de acostarse y revolcarse en el colchón. Conforme Zorak se levantó de la cama, unas pesadas pisadas - provenientes de la cubierta - empezaron a resonar en el habitáculo, haciendo que tanto Sam como Sung, desviaran su mirada hacia arriba.- Deben estar ya preparándose para desembarcar, supongo... - Comentó el peliverde, volviendo a dirigir su mirada hacia el criminal, del mismo modo que hacía su compañera. La expresión de Sam, comenzó a tornarse en una que denotaba inseguridad y pena cuando veía como se dirigía hacia ellos, débilmente, pidiendo, a duras penas y de manera casi inentendible, agua. Al llegar a los barrotes, y apoyar su frente sobre ellos, el pelirrojo volvió a repetir el mismo mensaje, haciendo que a Sam le inundara la pena, mientras Sung denotaba más seriedad.- ¿Crees que está pidiendo agua, Sung? - Preguntó a la chica, mientras se llevaba su mano a su costado izquierdo, sacando de allí una pequeña cantimplora. Sung lo miraba de reojo, casi juzgándolo.- Ni idea, la verdad, ¿pero qué te crees que haces? ¿No pensarás...? - Dijo, en señal de rechazo, ante la idea de dar de beber al preso que escoltaban. Sam suspiró.- Es lo que la capitana querría, ya sabes, ella siempre dice, a su manera, que hasta el más atroz de los monstruos guarda en sí un atisbo de humanidad. - Declaró, con una sonrisa, mientras miraba a la cantimplora que sostenía con su zurda. Sung rodó los ojos y se cruzó de brazos.- Sabiendo como es la capitana, me extraña que de su boca saliera todo eso... Pero está bien, si se lía es cosa tuya. - Contestó, refunfuñando, mientras volvía a sonar, justo por encima de ellos, esas mismas pisadas, volviéndose más pesadas, denotando que, quizás, una gran cantidad de multitud se estaría movilizando para salir al ancho mar. En ese momento, Sam extendió su mano izquierda, y la inclinó, sobre la boca de Zorak, dejando una separación de un metro por encima, para que cayera el agua sobre él.- Espero que así esté bien, señor criminal. - Comentó, inocentemente, esperando que ese rocío de agua sobre la faz del revolucionario fuera suficiente para contentarlo.

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INFO
#10
OST

El engaño había surtido efecto y el marine de pelo verde había cedido ante su buen corazón, mientras comentaba a su compañera que hasta el peor de los monstruos tenía algo de humanidad en el, no se equivocaba del todo pues yo mismo había dudado de esta parte de mi durante los dos últimos años, pero tras la aplastante derrota frente a esos dos cazarrecompensas y sumado al tiempo que tuve para meditar mientras me tenían cautivo pude darme cuenta del gran error que había cometido todo este tiempo, no se trataba de mantener al monstruo encadenado, yo era el monstruo. Uno que decidió ponerse del lado de la gloriosa revolución para traer el cambio que este mundo necesita.

La amable mano del marine se alzó un metro sobre mi cabeza y mientras giraba la muñeca para dejar caer el agua liberé mi brazo izquierdo mientras lo mandaba al mentón del joven, que al recibir el golpe perdía el equilibrio a causa de la sacudida en el cerebro que caracterizaba mi golpe mientras con la mano derecha giraba la llave, empujando con todo mi cuerpo la puerta provocando que el marine cayera hacia los pies de su compañera, no perdí el tiempo y con la misma mano que acababa de golpear al pelo verde, agarre a su compañera por la cara tapando su boca y nariz, por el ruido que sentía sobre mi no me interesaba que gritase, no al menos hasta que me hubiera alimentado.

Ya con la situación controlada la miré a los ojos mientras llevaba la mano derecha con las llaves en ella hacia el costado derecho de mi propia cabeza, insertando la llave en la cerradura del bozal y dejando que cayese sobre el cuerpo de su compañero al cual aprisionaba mi pie derecho sobre su cuello.

"Así que alguien tan guapo es una lastima que sea un criminal, eh?."

Dije mientras una macabra sonrisa se dibujaba en mi rostro, dejando ver la hilera de afilados dientes que poseía y ente ellos brotaba la saliva libremente, anunciado en cierta manera mis intenciones.

"Hace tiempo que el epíteto de "criminal" se me queda corto"

Dije mientras me acercaba a su rostro abriendo mis fauces, al punto de que pareciera que mi mandíbula iba a desencajar, para llevarla al cuello de la marine y cerrar con fuerza, clavando mis dientes en este y estirando, buscando arrancar la carne que mi estómago demandaba ferozmente, lo primero era alimentarse y luego ya buscaré si alguno de los dos tenía algo de tabaco.

Resumen

Bélico

Inventario
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5199 + 0 = 5199
Energia: 3008 - 54 = 2954
Espiritu: 654 + 0 = 654


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