Kovashi Shimatsu
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09-08-2023, 10:54 PM
(Última modificación: 12-08-2023, 01:56 PM por Kovashi Shimatsu.
Razón: Cambio de presente relativo a presente absoluto
)
꧁ Primavera. Año 11. Día 1 de la estación ꧂
Que condenadamente altos eran los molinos de Villa Foosha. También es verdad que contra más bebió el día anterior, más altos le parecían, lo que para su mente era todo un desafío. No sé como sería para Caló, el mink que le acompañaba, con quién llegó a la isla una semana antes y a quién había intentado introducir en el alcoholismo de forma descarada, pero él no bebía y al no beber podía ofrecer otra visión de aquel muro de molinos que no cesaban su movimiento. Kovashi sentía un apestoso olor, era su boca, una mezcla entre fuerte sedante y gas pimienta, un beso y te cura el cáncer de mama. Se levantó del suelo arenoso en el que estaba. Vestía una camisa blanca de flores completamente abierta, dejando visible un cuerpo tanto atlético como magullado, su heridas estaban no solo en el rostro (las más visibles) si no por todo el cuerpo, su padre trabajaba con finura, era un profesional de la tortura. Intentó abrocharse la camisa, pero le fue imposible, con un gesto agresivo desistió, empujando la prenda de ropa.
— Tengo que dejar de beber … — Musitó con sus labios secos como el desierto, se podían ver rastros de piel muerta entre ellos. Sin duda la noche anterior la juerga no fue baladí.
Casi de forma inconsciente, introdujo su mano en el interior de la camisa y sacó una petaca, la abrió e intentó beber. Es donde guardaba su alcohol de reserva, pero solo quedaban gotas. Buen intento para haber jurado que dejaría de beber un segundo antes.
— ¿Ehh? ¡Zarpa! — Gritó, dandose la vuelta para ver si encontraba al oso. — ¡Dónde has metido mi elixir! — No tardó en marearse al dar tres vueltas muy consecutivas y volver a caer al suelo. ¿Hasta ese punto había llegado? Era hora de remontar … ¿no? Cualquiera en la situación de Kovashi que tiene un pensamiento así, positivo, se levanta y continua, era el momento … — Como encuentre a ese oso lo destriparé con mis manos por quitarme lo que es mío. ¿Que coño se cree? ¿mi padre? ¿se cree perfecto por no beber? ¿y el puto enganche con los condenados peces que tiene, qué? — Movía la cabeza mientras ideas nefastas le circulaban por la cabeza, era un buen sitio en las que estar, supongo, mejor que expresarlas desde luego.
Las ocho de la mañana y el sol comenzó a salir con fuerza, los rayos del mismo eclipsaron el iris azul de nuestro protagonista, quién se puso una mano sobre la frente para evitar la molestia. Se recompondría relativamente rápido, alzando de nuevo el vuelo y poniendose en pie. Comenzó a caminar cuesta abajo en dirección al pueblo … Suponemos que en busca de Caló, que seguramente o estaba buscando algun pescado que comer o estaba comprando sus mierdas de médico. Estaba todo el día en la caza de cualquier planta u movida similiar que le sirviera para esas cosas, Kovashi no entendía de eso, así que le daba cero importancia.
Con las manos metidas en los bolsillos, zapatillas de madera, camisa veraniega de puro turista, la katana asomandole por el hombro en la espalda y unos pantalones largos completamente negros como el carbón, marchó a su destino. Es que hasta su manera de andar era llamativa. De unos días hasta ahora, hablando/debatiendo con Khruner, llegaron a la conclusión de que deberían centrarse, Kovashi se había gastado sus ultimos dineritos en fiestas y el mink oso le seguía la corriente siempre y cuando al salir el sol el oriental aceptara avanzar un poco en todo lo que fuera productivo, vease comprar plantas para sus estudios. ¿Pero cómo serlo si el iba por su cuenta? — Maldito oso, trozo de carne — Escupió a un costado, cerca de una mujer de unos sesenta años, pelo cardado completamente rubio y un cigarro entre los dedos. Kovashi la miró impasible. Sabía identificar con facilidad cuando una era rubia natural y cuando no, si eran muy mayores le salía ser extramadamente respetuoso, pero si eran jovenes … Mejor no pensarlo. Tardó en percatarse, pero las huellas de Caló se iban mezclando con la de los humanos de la zona, era relativamente sencillo identificar por donde se estaba moviendo, solo que Kovashi no se estaba dando cuenta, hasta ahora. Las pisadas giraban a la derecha, justo hasta un local llamado “ Kyti la curandera, dolor y sierras, buen precio” toma ya, eso es una cabecera. En su escaparate tenía brebajhes varios, piedras “energeticas”, cartas del tarot y si, sierras. El Shimatsu empujó la puerta de madera cochambrosa que le alejaba de su compañero. La altura de la entrada rozaba los dos metros, hasta el proipio Kovashi tuvo que bajar la cabeza, aunque una vez dentro el techo se extendía cerca de los tres. Aún así Khruner tendría que ir encorvado seguro.
Max D. Bambú
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Destreza
Precisión
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Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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Villa Foosha le recordaba al pueblo de su infancia. Se trataba de un lugar pacífico donde los días transcurrían sin noticia más relevante que un viento fuerte o unas cosechas que ya no son las de antes. La vida era silencio en aquel lugar, y silencio era lo que Don Bambú siempre buscaba. Tirado en uno de los infinitos campos cercanos a uno de los molinos del norte del pueblo, un mink, un hombre panda de considerable tamaño para los humanos, se encontraba recostado sobre el cesped con ambas manos elevadas por encima de su cabeza, ambas sujetando un libro antiguo y medio desgastado. Los pulgares del panda impedían que la brisa primaveral pasase las páginas del libro que tenía entre sus manos. Mientras reajustaba su mano para pasar a la siguiente página, el título de la obra fue visible por unos instantes. "¡Marines! ¿Marines?", de Törsten Brotschett, un agudo autor del North Blue que escribe obras de humor satírico sobre diversos temas, entre ellos la policía y su faceta. Una leve risa se escapó de los labios del panda. El capitán Vines acaba de ordenarle al guardia interino Cebolla que descargase sobre un malhechor todo el peso de la ley. Lo que hizo el guardia fue atizarle con el manual de leyes de la ciudad que habitaban. –Nunca falla –dijo pensando en voz alta.
La risa de unos niños que corrían por el campo, persiguiéndose unos a otros interrumpió la lectura del panda inmediatamente. No podía leer con ruido, no era capaz de concentrarse. Cerró su libro sin pensarlo más y miró el cielo azul. Ya iba siendo hora de desayunar. Todavía no había recibido nuevas órdenes del ejército, así que tenía tiempo. Quizás hasta se topase con algún compañero y todo. De un salto, Don Bambú se puso en pie y emprendió la marcha hacia la zona céntrica del pueblo, buscando en su camino algún sitio apropiado para el desayuno.
Su enorme estatura le hacía destacar en el pueblo, pero la gente estaba ya acostumbrada a la presencia de los mink. Sin ir más lejos, había visto a algunos minks oso por la zona. Inconscientemente se llevó la mano al pantalón y de su bolsillo extrajo una cajetilla de cigarrillos. Se llevó uno a la boca y sacó de su otro bolsillo un mechero que cumplió su función tras un par de chasquidos de calentamiento. El aroma del tabaco empezó a rodear al panda, que deceleró la marcha para no llegar demasiado pronto a la zona con mayor número de locales hosteleros.
Finalmente, quedando del cigarrillo poco más que una chusta, el panda encontró lo que buscaba. Un pequeño establecimiento que hacía de bar-restaurante estaba recién abierto. De su interior emanaba el delicioso aroma del café recién tostado y Don Bambú supo cuál iba a ser su desayuno. Se sentó en la terraza, que se componía de un par de mesas de madera dispuestas a los lados del local. Una vez sentado, se pidió un café con tostadas y huevo y se puso a ojear el periódico.
Entre lectura y lectura miró sin ver un par de veces a su alrededor. Quizás lo más destacable era un establecimiento justo delante del bar donde él estaba. Era algo de una curandera, pero no le interesó demasiado.
Khruner
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C. de Haki
C. de Akuma
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Ya hace una semana que empezó mi aventura de viaje con el único compañero humano que he tenido tras lo ocurrido con mi familia, la verdad es que yo era reacio hacer este viaje, no tenía ninguna necesidad de alejarme de mi familia… -hay mi familia que será de mi mamá vieja- refiriéndome a mi abuela, -como la echo de menos, ¡andeve!-, pero a lo largo del viaje y una vez llegada a está isla tengo que decir que me gusta la idea de poder viajar y ver bosques con muchas hierbas y tipo de plantas que todavía no sabía para que se utilizaban, ya que solo tenía un librito pequeño con dibujos de plantas medicinales, el librito era muy sencillo constaba de los dibujos de las hierbas acompañado de dibujos de recipientes o calderas según como se prepare, todo esto fue hecho por mí verdadera familia que no es la misma que la que me acogió después.
Después de todos mis pensamientos matutinos de agradecimiento a mis señores familiares antepasados y al universo por haberme dado un día más. La última noche que hemos estado juntos el kova y yo, el kova es un pobre borracho que siempre tengo que ir comprándolo bebida porque no aguanta ni un día sin beber, -ya podrías tener un mejor hábito- comenté mientras caminaba. No podré entender porque le gusta beber con lo rico que es comer.
-arggg….pescadito- dios es que el pescado es lo mejor que pueda existir da igual como se prepare solo quiero zamparmelo y comer sin tener ningún reparo para ello, a lo que iba… como cada noche es una costumbre hacer siempre que se pueda una fogata y sentarnos juntos y cantar o bailar siempre que estemos con los nuestros pero esta vez kova se pasó, se pasó de beber a tal punto que pensaba que un molinillo de aire del tejado de una casa era un molino gigante. Después de eso le dije que quedamos en el pueblo y decidí irme hacia allí.
Comencé a caminar dirección pueblo o… eso es lo que yo pensaba porque por más que iba caminando lo único que hacía era ver bosques.
-¡mierda! Ya me he vuelto a perder- no me queda otra que seguir caminando, gire a la izquierda y continúe por el camino solo había árboles altísimos tan altos algunos que ni yo podría tocar y eso que medía 3 metros, veía animales pasar que asustaban porque escuchaban mis pisadas, son 235 kilos poquita cosa no iba a ser. Al cabo del rato empiezo a pisar suelo asfaltado y por fin encontré el pueblo.
-bien ahora solo queda encontrar al borracho - continúe caminando por el pueblo, podía sentir las miradas de pueblerinos, incluso alguno se atrevió a decirme alguna grosería, solo tuve que poner mis ojos sobre el para que se arrepienta de llamarme aquello. Cuando iba caminando encontré en el pueblo un local llamado…. Quizás no podía leer porque no tenía las gafas puestas así que me las saque de mi bolsillo y me las puse, vi de nuevo el cartel y ahí estaba el local de…. - exacto seguro que pone que es un bar- comenté aunque no tenia idea de lo que estaba leyendo. Acto seguido me guarde mis diminutas gafas de lectura y intenté entrar, era costoso ya que esa puerta medía justo lo que yo medía así que o bien me encorvaba como jorobado se tratase o me ponía a 4 patas, quizás la gente se asustará pero me es más cómodo ir a 4.
Entre en el local y gracias al señor no había nadie salvo la dependienta, una chica rubia de unos 30 años con ojos azules, -tal y como le gustan al kova- pensé yo, había un rincón donde se podía uno sentar bien y había como un puestecito de hierbas -andeve! Será verdad que he entrado en un sitio como este, casualidades de la vida por dios- pero la paz en ese local no iba a tardar en desaparecer, pues se escucha un empujón en esa delicada puerta y ahí estaba justamente a quién yo buscaba, era mi hermano kova!
Derya Tyhr
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C. de Haki
C. de Akuma
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0
10-08-2023, 12:41 PM
(Última modificación: 10-08-2023, 12:41 PM por Derya Tyhr.)
Los baños matutinos eran uno de esos placeres de la vida para Derya. Su rutina siempre lo incluía, y en aquella ocasión no era diferente. Las aguas cercanas a la aldea eran taimadas, nunca aparecían peces demasiado grandes ni agresivos, solo sardinitas nadando en grandes bancos. Qué paz. Era casi como meditar, como alcanzar un estado zen que paraba el tiempo, podía dejar la mente en blanco y sentirse como un granito de arena dentro de un mar infinito. El caso es que además había aprovechado para desayunar, nadó un poco más profundo, donde encontró un campo de algas y con sus afilados dientes arrancó el tallo de unas pocas, las masticó tranquilamente y se las comió. Estaban mejor cuando se asaban con un poco de sal, pero al natural tampoco estaban nada mal.
Después del remojón, salió a la superficie y empezó a caminar hacia el interior de la isla, haciéndose camino entre las rocas, pues no se trataba de una playa como tal, cosa que también le ofrecía privacidad. Se sacudió el cuerpo como si de un animal mojado se tratase, para quitarse el exceso de agua, y se colocó una camiseta por encima y unos pantalones que enseguida se humedecieron a causa del bikini mojado. Se estrujó el pelo con fuerza, ahora mismo estaba suave y sorprendentemente liso, sin embargo, cuando se secase pasaría a su forma ondulada de siempre. Los mechones rubios le caían por los hombros y le rozaban la aleta a medida que avanzaba hacia el pueblo. Esto muchas veces le hacía cosquillas, así que prefería hacerse una coleta. "Ya va siendo hora de cortármelo", pensó mientras se lo estrujaba todavía entre los dedos, sacando todas las gotas que podía.
Llegó a la plaza central de villa Foosha. Llevaba allí hospedándose unos pocos días, así que la gente ya estaba -más o menos- acostumbrada a la presencia de la gyojin. No era la primera vez que uno de su raza pasaba por allí -cosa que no dejaban de recordarle, en plan "pues por aquí vino Fulanito, era un pez como tú, ¿seguro que no lo conoces?" y Derya pensando "no señor, ¡no conozco a cada uno de los gyojins del mundo solo por ser una de ellos!"- pero aún así, siempre era sorprendente y llamativo. Saludó a un par de habitantes con la mano y luego se acercó a un local donde preguntó desde la puerta. - ¡Buenos días! ¿Tienes algún huequito para mí? - Se trataba de una peluquería. El centro de la plaza estaba tan vivo en parte, porque tenía de todo en el mismo sitio. - ¡Hola, Derya! Mmmm, ahora mismo no, pero si te pasas en un par de horas te hago un hueco. - Le respondió la señora que se encontraba aplicando un tinte a otra señora aún más mayor. - Genial, ¡muchas gracias! Luego me paso. - Concluyó la gyojin, se despidió de la mujer y volvió a la parte central. "¿Y yo qué hago durante dos horas?" se preguntó para sus adentros. "Daré una vuelta" y empezó a caminar, parándose en los diferentes locales y puestos, ojeando y curioseando hasta que algo le llamase lo suficiente la atención para entretenerse.
Max D. Bambú
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Destreza
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C. de Haki
C. de Akuma
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Según el fondo de su taza de café se iba haciendo más y más claro, el panda supo que su agradable desayuno estaba llegando a su fin. Con un suspiro tragó las últimas gotas del brebaje y aprovechó un par de migas restantes de las tostadas. El panda de recostó en la silla y se estiró, haciendo crujir con sonoridad sus huesos. Se quedó medio tirado en la silla, disfrutando del momento antes de su inevitable marcha. El sol se derramó sobre él a lo largo de la mañana y la sensación de un calor reconfortante sumado a una brisa refrescante le estaba dando una experiencia trascendental. Podría haberse quedado dormido en esa postura, pero por suerte o por desgracia el tintineo del menaje siendo recogido por la camarera le sacó de su ensimismamiento. Pagó su desayuno con un par de monedas y se levantó de la mesa lentamente. Se apartó del local y dio un par de pasos hacia el centro de la calle, mirando disimuladamente hacia el cielo.
Por su cabeza pasaban recuerdos de tiempos donde desayunaba con su madre. Lo echaba de menos, pero tal vez eso fuera lo bonito, que podía echarlo de menos por haberlo vivido. De alguna forma un pasado sin su madre se le hubiera antojado gris y vacío. El panda salió de su ensimismamiento cuando a lo lejos percibió la presencia de un enorme oso, pero no panda, sino pardo. Su compañero racial se paró a leer el nombre del establecimiento de la curandera y debió de resultarle satisfactorio, pues entró sin pensarlo dos veces. Se sintió impelido a saludar a su hermano mink, pero se contuvo. Parecía que tenía un destino fijo y no quería interrumpirle. Todavía mirando hacia el local de la curandera, emprendió la marcha de nuevo, sin rumbo fijo. Sin embargo, su marcha tuvo un final abrupto e inmediato, ya que su cuerpo impactó con el de una muchacha rubia cuya complexión y fisionomía la delataban como una gyojin. –Uy, lo siento mucho, de verdad. Tenía la cabeza en otro sitio, por favor, discúlpame –Don Bambú se agachó para comprobar si aquella muchacha estaba bien, pues le daba más o menos por la cintura. –¿Estás bien?–
Kovashi Shimatsu
Fuerza
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Destreza
Precisión
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C. de Haki
C. de Akuma
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Es fácil, cuando un ángel entra en tu casa, tu dejas todo lo que estás haciendo y te centras, el corazón se abre ante una posibilidad espectacular de felicidad que abandona cualquier remitente ajeno y tan solo está ahí para cogerla. La felicidad si tiene rostro, lo tiene, el de una joven mujer rubia en edad de procrear. Kovashi entró en la tienda pasando absolutamente de Caló, este fue casi que levitando hasta el mostrador, donde contempló el angelical rostro de la fémina.
— Perdona si la bestia de mi amigo te está molestando, mujer. Pero es inofensivo, te sorprendería hasta que punto lo es. — Miró despectivamente hacia Khruner.
— Oh … Eh, bueno … No estaba siendo molesto, solo es un cliente más. — Sonrió al terminar de hablar y el corazón de Kovashi se abrió en canal. Era tan bonita. Y de rubio natural claramente.
— ¿Yo también lo soy? verás … Estoy notando una conexión entre nosotros. — Kovashi le sujetó la mano, acariciando la misma. La mujer se sonrojó, esto estaba finiquitao. — ¿Te apetece copular? — Bofetón. Su pelo rubio, liso, limpio, perfecto, se fue … Corrió hasta el final de la barra y se metió dentro del cuarto de baño. — Pero … — Alargó la mano, pero el precioso olor a vainilla que desprendía terminó desapareciendo por otro, el hedor a tierra mojada. El que siempre tenía encima Caló.
Kovashi le miró fríamente.— Donde. Coño. Está. Mi. Alcohol. — Estaba pillando un cabreo tal, más que por su bebida, por la pedazo de mujer que se le había escapado, ¿que había dicho? — En estas islas las mujeres se escandalizan por nada. — Susurró antes de que Khruner pudiera responder a lo primero. — Es la decimo noventa que ha salido corriendo cuando les hablo de follar, ¿es que aquí no folla ninguna? ¿tienen un tapón en el agujero? — Cuando se cabreaba le salía la bordería. — Sore wa shinji rarenai kotoda, nazenara karera wa 1 kara shuppatsu suru no ni, watashi wa nanimoshinai, shinsetsu ni mo, oroka ni mo, nanimoshinai kara — Estaba cambiando a su idioma materno, el japonés, la cosa era seria.
Karma; Siente una devoción hacia las mujeres de cabello rubio (NATURAL) desde que es un niño. Al punto de casi enamorarse al ver una. No atacarlas. Volverse servicial. Por supuesto le es imposible matarlas. Una curiosidad es que el personaje se dejaría robar, pegar e incluso podría llegar a dejarse matar (si entablara relación con alguna por algún periodo de tiempo). Lo que podría sentir un samurái por su katana, el respeto y adoración, por un puto color de pelo. Es ridículo, pero así es.
Sore wa shinji rarenai kotoda, nazenara karera wa 1 kara shuppatsu suru no ni, watashi wa nanimoshinai, shinsetsu ni mo, oroka ni mo, nanimoshinai kara
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Es increible, por que pasan de uno y no hago nada, ni siendo simpatico, ni siendo un idiota, nada
Khruner
Fuerza
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Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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118
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75
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60
Tras la entrada de Kova me percate que se había quedado embobado por esa rubia,
-esas son las que les gusta a él, ya va venir con su numerito.- pensé, mientras iba sacando todo lo necesario de mi bolsa que llevaba conmigo desde mi partida hacia esta aventura y lo puse debajo de la mesa por si Kova hacía algún movimiento raro, pues ya me lo había visto de muchas formas esta situación. Saque una segunda petaca que era la reserva de su reserva para cuando me lo pida después del rechazo que le dará, y de mi bolsillo saqué mi librito de nuevo pues había como un tipo de revista con varias plantas dibujadas y un pequeño párrafo de letras.
Las entradas de Kova casi nunca iba con buen pie, pues siempre tenemos algún que otro sustillo sobre todo cuando de una rubia se trata, y esta vez no fue diferente. Por cada verso y movimiento de Kova yo mira con mis afiladas garras sin que se rompiera la hoja las hierbas dibujadas por mi familia, pero a la vez pensando, - Sera que nunca se cansa de que lo hostien?-.
Y otra vez puso esa cara, cara de decepción y diciendo cosas de su idioma nativo que no lo entiendo ni dios, - Kova chacho tranquilízate- le alce la petaca de la reserva y le dije con voz comprensiva, -siéntate no te preocupes ya sabes que no te merecen- en realidad es lo único que siempre le decía mi mama vieja, cuando venía con sus caras largas después de ser rechazado.
Acto seguido guarde mi cuaderno de hierbas y me dedique a darle consuelo, -Kova vamonos de aquí si quieres, no hay nada para comer y tengo bastante hambre necesito lo mío–, le puse la mano en la espalda y le di una palmadita ligera con amor. Aquí ya no teníamos nada que hacer y mi cabeza o mejor dicho mi barriga solo pensaba en una sola cosa saciar mi pescado, ahora era mi turno de obtener mi recompensa y ya de paso comprar y rellenar las reservas y una botella de mas pues si Kova tiene algo es que le gusta beber y por muy poco que me guste ya le tengo cariño a éste borracho de cojones.
Baraqqiel Saiqa
Fuerza
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Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
17
16
12
13
17
13
13
14
0
0
Sobre el acolchonado pasto y rodeado de una considerable cantidad de árboles Baraqqiel se hallaba derrotado, derrotado por Dionisio quien la noche anterior le reto a enfiestarse como nunca antes…- Mhm…- Emano un sonido de su boca al juntar los labios para humedecerlos y luego los ronquidos se reanudaron como también el hilo de saliva que volvió a colgar de la comisura de sus labios, estaba tan cómodo en un sitio desconocido que incluso sus piernas y brazos en absoluta relajación se veían extendidos hacía sus respectivos costados…- ¿Pero qué…? – Fuera por que el sol estaba en la posición optima o que el follaje de los arboles se moviera por acto del viento, un halo luminoso acaricio su rostro de forma que le resulto molesta, lo que enseguida alerto a sus sentidos y obligo a que abandonara los brazos de Morfeo…- Puta madre – Sin abrir los ojos se fue incorporando poco a poco, su cabeza daba vueltas por lo que se levantó tan despacio como pudo, quedando sentado en el césped y con ambos brazos presionando su cabeza…- ¿Cómo rayos termine aquí? – Por más que intentaba recordar no podía, las imágenes en su mente se desvanecían cuanto más se esforzaba por recrearlas, pero como cada vez que le pasaba aquello decidió no hacer mucho caso y centrarse en lo prioritario; recargar sus energías y eso lo lograría únicamente comiendo y bebiendo algo digno.
-Ah…- Soltó un pesado suspiro cuando sus orbes por fin se abrieron, la luz no era tan abundante como para ocasionar malestar, pero el que ya traía le impedía siquiera desplegar sus alas para empezar a volar, por lo que la única opción era caminar…- Maldición, esto es culpa de la revolución – Chasqueo la lengua y soltó un escupitajo al suelo como si los estuviera renegando, desenfundando del bolsillo de su chaqueta negra de cuero una singular hierba que comenzó a triturar con los dedos hasta que se volvió tan pequeña como para manejar, luego la envolvió en un papelito para hacerse un cigarrillo y lo llevo hasta sus labios…- Si tan solo me dieran algo que hacer no tendría que estar enfiestado hasta perder el conocimiento – Su dedo pulgar despidió una pequeña llama con la que encendió su rolado y dando una profunda calada dejo que sus pulmones se llenaran, mantuvo la respiración por unos segundos y luego exhalo liberando una abundante nube de humo blanquecino que por un instante inundo su alrededor…- Que buena esta – Pronto el dolor de cabeza se fue aminorando, la sensación de vacío en su estomago extinguiendo y sus ojos se sintieron más relajados…- Ahora a buscar algo que comer – Acomodo sus cabellos con la izquierda y renovado emprendió camino a la ciudad.
Desde donde se situaba le tomo alrededor de cinco minutos salir del bosque y encontrar el sendero, de ahí para allá avanzo diez más para comenzar a ver la afluencia de personas que iban y venían, pero todas tenían algo en común y eso era dirigir su atención al lunarian de cuatro metros de alto cuyo aspecto tétrico los intimidaba. Con cada paso que daba las cadenas que adornaban su indumentaria sonaban y eso atraía más miradas, pero como un león que no prestaba atención a las ovejas el siguió avanzando y gracias a que sus zancadas eran largas, no tardo en llegar a la zona con mayor cantidad de comercios, sin embargo el que llamo su atención fue el que despedía un peculiar olor a café tostado…- Tsk, supongo que aquí encontrare algo decente – El local se veía bien, un establecimiento que se podía llenar fácilmente pero que a su vez al no estarlo te brindaba la suficiente privacidad como para pasar un buen rato, por lo que sin pensarlo más se adentró.
Derya Tyhr
Fuerza
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Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
145
100
39
50
95
90
55
70
13
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El paseo se antojaba largo y tedioso, la peluquera le había pedido un par de horas y Derya no sabía si iba a conseguir encontrar entretenimiento tal para llenar ese cupo tan grande de tiempo. No obstante, se mostraba optimista, y es que siempre encontraba algo que hacer. Derya vivía el día a día como si llevase una bomba en la espalda que explotaría en el momento que dejara de moverse. Lo bueno es que no solía aburrirse casi nunca; lo malo, que acababa el día agotada, era hacerse de noche y toda la energía se evaporaba de su cuerpo en un intervalo de pocos segundos.
En resumen, la gyojin se encontraba ojeando algunos puestecillos de la calle, con la mente en Babia y los movimientos del cuerpo en modo automático, así que era cuestión de tiempo que ocurriese lo inevitable: se chocó con alguien. No el típico choque de hombros que molesta un poco, pero muchas veces ni te piden perdón porque tampoco ha sido para tanto, no, fue un choque tan grande que la joven cayó de culo al suelo. ¿Contra qué se había dado? ¿Un muro andante? Le sorprendió de sobremanera, pues Derya era considerada bastante alta, encima aún más tratándose de una mujer.
Tardó un poco en volver en sí, en salir del estado de la confusión, las palabras amables de aquel muro gigante la ayudaron a ubicarse. Antes si quiera de dirigir la mirada a él, corrió a responderle. - ¡No, no, no te preocupes! No estaba viendo por donde iba. - Soltó una risita nerviosa y entonces se fijó en como la figura enfrente suya se agachaba con ella. Su aspecto le delató enseguida como un mink, concretamente se trataba de un oso panda, altísimo, delgado y con una cicatriz que cruzaba su cara. - ¡Sí! Estoy bien, no ha sido nada. - Le resultaba curioso, alguna vez había visto un mink, pero nunca había interactuado con ninguno. Qué amable parecía.
Hizó el ademán de levantarse del suelo y ponerse de pie, entonces ¡chas!, una punzada de dolor cruzó su mano derecha. Al caer, apoyó sobre ella todo el peso de su cuerpo sin darse cuenta, y ahora tenía un arañazo que al mirárselo pudo ver como empezaba a brotar unas pequeñitas gotas de sangre. Enseguida miró al mink. - ¡Solo es un rasguño! - Lo cierto es que escocía un poco, pero lo último que quería hacer era preocupar a aquel hombre tan majo. Y mientras todo esto pasaba, apenas se fijaba en que las cosas seguían ocurriendo alrededor de los dos. Que había gente por todos lados, que salían de locales, que entraban en ellos, y que algunos se les quedaba mirando. Al fin y al cabo, eran dos "bichos raros" bastante grandes en mitad de la plaza.
Kovashi Shimatsu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
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Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
245
205
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Joder, era complicado no querer a Khruner. Kovashi le quitó de las manos la petaca y dió un ligero sorbo, como si no lo necesitara, tranquilo, aunque por dentro estaba increíblemente sediento.
— Por estas cosas te quiero tanto, amigo mío. — Le devolvió la palmadita en la espalda y ambos se marcharon del local. Fue francamente decepcionante, en aquel lugar solo se podían ver tres locales, en el que habían estado apenas se veía gente, pero en el pueblo igual. Al salir lo primero que contempló Kovashi fue a una mujer, aparentemente ¿roja? enseguida su olfato se puso en marcha. — Sí, es una gyojin, huele a puro pescado, me pregunto se se pudrirá si pasa días fuera del agua — que estaba en el suelo y un gran hombre animal de pie. — Coño mira, es tu primo — Le dijo de cachondeo a Caló.
No solían verse mink tan a la ligera, para más inrri que fuera también un maldito oso, si no igual que Khruner, pero parecido. Curiosamente, olía mejor que su compañero, el panda. Más de una vez el oso pardo se levantó con un par de hojas de menta colgadas de su pelaje en uno de sus sueños profundos o incluso enjabonado con algo, lo que fuera que apartara aquel olor tan fuerte que solía desprender. Para muchos ni siquiera sería mal olor, no dejaba de ser ... Bosques, olía a bosques, pero era muy fuerte en la nariz de Kovashi.
Las cejas del peli blanco se alzaron, pues la mujer pez portaba algo que llamó su atención. No pudo esperar a analizar si se trataba de rubio natural, eso lo haría luego. El espadachín desapareció, dando un estético salto desde la puerta del local en el que estaba hasta tierra firme (habían cuatro escalones) después con la ayuda de la caída apareció entre el hombre oso y la mujer pez. — ¿Estás bien? — Le comentó a la hembra sin mirarla, pues el Shimatsu se puso en pie, frente al panda.
Uno no se podía comparar al tamaño de un mink, en general todos los que se había encontrado rebasaban de sobra los tres metros, este no era un caso diferente. Aún así le mantuvo la mirada fija. — Te parece bonito — Le dijo de manera muy directa. — Golpear a una joven damisela — Desde la altura del panda podría contemplar que tras Kovashi asomaba una katana de colores negruzcos. Esta asomaba casi por la cabeza del espadachín, ocultándose de frente, pero dejándose ver cuando algo lo miraba sobre el rostro, como en este caso.
Karma negativo: Código de honor
Karma negativo (mitigado): Vicio (Alcohol)
Karma positivio: Sentidos aumentados [Olfato]
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