Manglar 16, Archipiélago Sabaody
"Mierda, cada día parezco más viejo, estos cabrones van a matarme... kuhahahaha."
Después de aquello había salido a hacer una ronda y ver de qué podía enterarse, necesitaba información, porque la verdad las órdenes de Nilats habían sido muy vagas y habían sido dadas hacía demasiado tiempo. Lo que parecía evidente es que, con la presencia de ellos en la isla, y los Mushoku, con los que habían tenido ya un encuentro, algo se estaba cociendo en aquel lugar y que seguramente había más gente peligrosa y poderosa en aquel endiablado laberinto de árboles gigantes. Como siempre, iba con sus katanas en la cadera derecha, tanto Onikiba como Sode no Shirayuki, y, aunque las llevaba semiocultas por el largo manto que portaba, su mano izquierda jugeteaba con el pomo de Onikiba bajo la capa, mientras caminaba, para echar mano de ella en caso de ser necesario, llevándose con la mano derecha un cigarro a la boca para dar una calada, aparentando calma en su paseo.
Durante sus paseos, había ido observando las actitudes de lugareños y viajeros que llegaban a la isla, constatando que, en aquel lugar, el racismo, la esclavitud y la corrupción estaban a la orden del día. Había podido verlo en los rostros de la gente, cuando pasaba alguien diferente, como un gyojin o un mink, los rostros de desagrado y desaprobación, como si no tuviesen derecho a caminar bajo el mismo sol que ellos. Había visto gente de caros ropajes, más que aquel mercader estafador de Kano al que le dio una lección en su día, tirando de cadenas que portaban un grupo de mujeres ligeras de ropa, esclavas sexuales para algún noble sin duda. Había visto con su aguda mirada, saquitos de dinero que recibían alguaciles a cambio de dejar entrar a esclavistas en sus calabozos para llevarse a delincuentes menores o mayores al "Mercado de Humanos", que en un alarde de cinismo vomitivo llamaban "Oficina de empleo". Y aunque todas aquellas situaciones le hacían hervir la sangre, apretar los dientes y hacer un esfuerzo sobrehumano para no llevarse la mano a la empuñadura de sus katanas, le estaba siriviendo para reafirmarse en sus convicciones de que el camino correcto y virtuoso estaba en la Revolución, que solo así podría alcanzarse un mundo mejor, haciendo caer el sistema actual.
"Sin lugar a dudas, es necesario poner patas arriba el mundo."
No obstante, aquella era una mañana más o menos tranquila y no había llegado a ver, aún, ninguna de esas situaciones. Panda había regresado el día anterior de bastante mejor humor, puesto que al parecer se había encontrado con un tal Garnet, un viejo conocido suyo. Kisuke no era estúpido y había atado cabos rápidamente, sabiendo que aquel no era ni más ni menos que Garnet Matlock, un afamado y excéntrico pirata que tenía un montante importante por recompensa, más que él de hecho, aunque no recordaba cual era la cifra exacta. Al parecer había varios tipos de piratas por el mundo, puesto que siendo amigo del mink panda y con lo que les había contado de él, ese tipo era muy, muy distinto a lo que el antiguo pescador vio de Ashura. Aquello planeaba más cuestiones en lo referente al Gobierno Mundial, puesto que al parecer catalogaban como criminal o pirata a cualquiera según su visión de la justicia, no importaba que fuesen gente buena que hace las cosas a su manera o asesinos despiadados, para ellos era lo mismo.
"Es simplemente un método para llevar al rebaño por el mimso camino, ellos son ley, y por tanto son justicia."
Estaba sumido en aquellas cavilaciones caminando por una calle bastante vacía, era más o menos estrecha, de unos 8 metros de ancho y estaba a la sombra de los edificios que la delimitaban. Las burbujas que ascendían del suelo, a las que ya se había acostumbrado con el pasar de los días, estallaban a una altura considerable pese a lo cual, el sonido de las mismas al explotar era audible a nivel del suelo. Cuando estaba terminaba de pasar por un callejón que quedaba a su derecha, y, al mismo tiempo que estallaba una de las burbujas, una voz femenina, alegre y despreocupada le susurró al oído, muy cerca, demasiado cerca.
-Capitán Kageyama, es usted un hombre demasiado descuidado.
El instinto de Kisuke se disparó como una bala de cañón, haciéndole dar un salto y girar hacia su dercha, dándose la vuelta y sujetando la empuñadura de su katana, pero no vio a nadie. No podía haberlo imaginado, estaba seguro de que había sido real, ¿una aluciancion quizá?
-Jijijiji, por supuesto que no estás alucinando, Kisuke.
Esta vez el susurro, aún con el mismo tono juguetón, le vino del oído izquierdo. Se giró de nuevo y se quedó sorprendido ante lo que vio a unos cinco metros de distancia de él. Era una muchacha de un metro sesenta o setenta como mucho, con apariencia de colegiala o adolescente y el antiguo pescador no era capaz de creer que aquella muchachita hubiese podido sorprenderle de aquella manera y moverse tan rápido que no tuviese tiempo para reaccionar. La joven miró a todos lados y, bajando la voz, se presentó.
-Soy Kihira Takanami, Gran Lider de la Armada Revolucionaria.
Kisuke no salía de su asombro, aquella mocosa insinuaba que era una de los Altos Mandos del Ejército Revolucionario como si tal cosa, aquello parecía un chiste malo, aunque Kisuke estaba obviando el pequeño detalle de que esa muchachita, había conseguido soprenderlo y él no había sido capaz ni de verla moverse. Pero en su incredulidad obvió estos detalles y fue presa de sus propios prejuicios; había olvidado aquel principio que le decían sus padres de pequeño "no juzgues un libro por su portada." Antes de darse cuenta tenía la chica frente a sus ojos y le dio una toba con su dedo corazón en la frente, que ante el asombro de la misma, provocó que la frente del antiguo pescador se desvanciese en una nube de polvo negro, que tiznó el dedo de la chiquilla. Un instante después del impacto, le llegó la voz de la chica a su espalda a unos cinco metros de él. Se giró y ahí estaba, limpiándose y sonriendo de oreja a oreja.
-Joooooo... ¡no sabia que eras usuario del tipo logia! Has chafado mi demostración, Kisuke.
Kisuke seguía perplejo, incapaz de articular palabra. Aquella niña era hábil, rápida y sabía de las akuma no mi, puesto que había deducido rápidamente que era usuario del tipo logia, aunque aún no fuese capaz de controlar ese poder. La desconfianza que había adquirido a lo largo de su viaje seguía imponiéndose ante lo que sus ojos habían visto, y se negaba a creer que aquella adolescente fuese una Gran Líder de su facción. Tratando de aparentar una seguridad que no sentía para nada, se encendió un cigarro y le dijo:
-Mira, mocosa, no es prudente ir diciendo cosas de ese estilo en un sitio como este. Márchate a casa y no vuelvas a usar palabras como esas o conseguirás que te maten... kuhahahaha.
La chica le miró como si fuese un marciano, y su sonrisa se hizo más amplia con sus palabras, dándole un aspecto más dulce y entrañable, pero al mirar sus ojos, el instinto de Kisuke se disparó al ver que la mirada de la joven no acompañaba para nada aquella sonrisa y, antes de que pudiese hacer intento de agarrar la empuñadura de sus katanas, la muchacha estaba a melé del propio Kisuke y apenas pudo ver un destello negro cuando impactó el puño de la adolescente en el fuerte mentón de Kisuke, levantándolo del suelo tres metros y cayendo al suelo con la espalda con estrépito. La respiración del capitán revolucionario se cortó y se sentía mareado, cayendo el cigarro que colgaba de su labio al suelo a la izquierda de su cara.
"¿Qué cojones? Menuda hostia me ha pegado."
Antes de que pudiese recuperar el aliento siquiera, vio el pie izquierdo de la joven abalanzándose sobre él pisando la colilla que estaba a escasos centímetros de la cara de Kisuke, reflejando la posición de dominancia que tenía la muchacha sobre él. Cualquiera que viese la escena se sorprendería de ver a un tipo de dos metros, musculoso y armado en el suelo amenazado por una chiquilla que parecía recién salida del instituto. La muchacha sonrió de nuevo, esta vez acompañada de sus ojos y le tendió una mano para ayudarle a levantarse.
-No juzgues un libro por su portada... Supongo que lo habrás oído en más de una ocasión, pero no te preocupes, estoy acostumbrada a que me pase esto y, al final, todos acaban como tú, a mis pies con cara de estúpidos jijijijij.
Kisuke aceptó la ayuda de la chica y cedió ante la evidencia; aquella mujer no mentía. Se levantó frotándose el mentón todavía resentido del tremendo puñetazo que la muchacha le había propinado, pero y la miró de nuevo, sorprendido todavía pero ya no incrédulo. No cabía duda que aquella chica era un activo valioso para infiltrarse puesto que nadie sospecharía de una colegiala y tenía fuerza suficiente para defenderse sola. La chica seguía hablando, parecía que era bastante dicharachera.
-Te estarás preguntando que hago aquí. Pues básicamente he venido a ver a los novatos que están en boca de todos en el Cuartel General. Habéis estado haciendo bastantes cosas y pareces ser que seréis activos muy importantes para la causa, pero tras tanta y tanta charla sobre vosotros, pues decidí acercarme a ver si es verdad que sois tan buenos como dicen.
Kisuke no salía de su asombro. Aquella muchacha había ido a Sabaody, con el cargo que ostentaba, simple y llanamente porque tenía curiosidad por conocerles y comprobar si la fama que se estaban labrando era cierta o solo eran promesas en el viento que se disolverían a la menor ráfaga que soplase.
-De todas maneras será mejor que me acompañes al barracón abandonado que hay detrás de esas casas-dijo señalando más adelante de la calle.-Allí podremos hablar más tranquilos, hay cosas que quiero comentarte, ya que he podido contactarte al fin... jijijiji.
Aún sorprendido y con la cabeza embotada del tremendo golpe que le dio Kihira, la siguió hasta el lugar que decia la muchacha. Era un barracón de madera de unos cincuenta metros de largo por veinte de ancho, más o menos y la joven saltó por un agujero que debía ser una ventana en el pasado, entrando dentro. Kisuke no cabía por aquel agujero, por lo que se quedó esperando hasta que un chirrido le indicó que la Gran Líder Takanami había abierto una puerta, por la cual el pescador se adentró. El sitio, una vez acostumbrada su vista a la penumbra, estaba polvoriento y saqueado, había cajas de madera enormes por doquier, vaciadas en pillajes del pasado, seguramente se trataba de un viejo almacén. En un rincón había un pequeño puesto de comunicaciones, colocado con total seguridad por la chica, en el que pudo distinguir un den den mushi blanco.
-Muy bien, ya estamos aquí, ya nos hemos presentado, y creo que te he demostrado que soy mucho más fuerte que tú, ¿verdad? Entremos en materia, entonces. He visto que tienes potencial, aunque hay mucho por pulir, más aún que ahora eres usuario de akuma no mi, he hablado con gente que te conoce, como Nilats y Ninel, que fue quien te reclutó, y entiendo que compartimos el mismo ideal y la misma visión del futuro que queremos para el mundo, ¿me equivoco?
Kisuke reflexionó unos instantes, aquella chica sin dudas era muy joven, pero sabía muy bien lo que se hacía y aunque fuese alocada y alegre, no cabía duda que su propósito, su camino, como le había dicho a Ashura, era el mismo, transitaban en la misma dirección al fin y al cabo. Aquella chica tenía una férrea voluntad y era fuerte, a pesar de que su aspecto de primeras invitase a pensar que no era así.
-No te equivocas, todo lo que has dicho es cierto.
La muchacha hizo un puchero, algo decepcionada ante la parca respuesta de su interlocutor, aunque rápidamente sonrió con aprobación, acercándose a Kisuke y dándole palmaditas en la espalda como si fuese un perro gigante al que estaba dando un premio por haberse portado bien. Aquello le hizo fruncir el ceño a Kisuke, pero quería saber para qué lo había llevado a aquel lugar.
-Muy bien, Kisuke, parece que lo que dicen de ti que eres medio mudo es cierto jijijiji.
Kisuke estaba irritado ya, pero no podía negar que era muy superior a él así que tampoco podría hacer mucho como represalia. Así que frunció más el ceño y gruñó como única muestra de lo molesto que estaba. Estaba perdiendo la paciencia y se giró rápidamente pero la chica no estaba ya allí, estaba a cinco metros de él subida en una caja con los brazos cruzados con suficiencia.
-Para ¿qué coño me has traido aquí mocosa?¿Sólo para reírte de mi?
Kisuke estaba empezando a hartarse de los juegos de aquella muchacha, que aunque fuera su superior no mostraba aquel porte que inspiraba respeto y deferencia como otros de los superiores que había visto en su estancia en Báltigo. Ella era diferente, y sus habilidades estaban fuera de toda duda, pero Kisuke era un hombre con poca paciencia y además tratar con mujeres era algo en su debe sociológico. La muchacha se puso seria por un momento.
-Tranquilízate Kisuke, ese temperamento tiene que ser domado. Todo tiene su momento y créeme, me necesitas para ser más fuerte.
Kisuke se calmó ante el brusco cambio de actitud de la muchacha, interesado en lo último que había dicho, y se sentó respirando profundamente para rebajar su estado irritabilidad, y poder relajarse y escuchar lo que tenía que decirle aquella chica. Hizo un gesto con la cabeza para indicarle que estaba dispuesto a escucharla hasta el final, por supuesto que le interesaba ser más fuerte.
-Bien, así me gusta... jijijiji. Tengo entendido que conoces los conceptos básicos del haki pero sólo has sido capaz de manifestar el haki de armamento, ¿verdad?-Kisuke asintió con un gesto.-Entiendo, vuestro entrenamiento con el haki ha sido muy deficiente, realmente y, con el tiempo del que dispongo, solo me va a dar tiempo a enseñarte el haki de visión básico.
Kisuke asintió de nuevo confirmando y aceptando las palabras que Kihira estaba comentando. Aunque solo fuese el haki de visión, aquello supondría una mejora de sus habilidades y eso era algo de agradecer. No obstante tenía una duda que le asaltó al recordar el golpe que la muchacha le había dado y estableciendo una conexión con el rescate de Zorak de aquel buque de la Marina.
-Una cosa, cuando nos enfrentamos a aquella división de la Marina en Chisi, la Marine al mando mostró una extraña habilidad que ponía de color negro azabache sus brazos, y al recordar el golpe que me has dado, me ha dado la sensación de que tú has usado lo mismo, ¿tiene que ver eso con el Haki?
La muchacha sonrió de oreja a oreja, al parecer muy satisfecha ante la pregunta que le acababa de hacer Kisuke.
-Bien visto, me sorprende que hayas percibido siquiera que mi puño estaba negro, pero tienes razón. Supongo que al ser logia y haberte golpeado has asociado el haki para poder golpearte con ese colo negro en mi puño. Como bien has deducido, eso es haki, haki de armamento de un nivel superior al que puedes utilizar tú. No entraré en detalles pero el Bushoshoku Kouka es una forma del haki de armamento que aumenta tu poder defensivo y de ataque al golpear, cubriendo con una especie de armadura negra a voluntad la parte de tu cuerpo que deseas potenciar, así a grandes rasgos. Por eso estabas un poquito mareado cuando te golpee.
Decir un poquito era ser demasiado generoso para el terrible puñetazo que le había asestado la muchacha al fornido capitán revolucionario. Pero aquello era muy, pero que muy interesante, porque implicaba que el haki era muchísimo más útil de lo que parecía de primeras. Kisuke se emocionó y preguntó:
-Y, ¿puedes enseñármelo?
La joven torció el gesto y negó con la cabeza.
-Lo siento mucho Kisuke, estás lejos aún del nivel necesario en tu dominio del haki para hacerlo y no tengo tanto tiempo para enseñarte algo así. Por eso dije que vuestro entrenamiento en este campo había sido deficiente. Para que lo sepas, también hay formas avanzadas para el Kenbunshoku que son muy útiles, pero ahora no es momento, centrémonos en lo que sí podemos hacer.
Kisuke suspiró, no iba a ser tan fácil hacerse más fuerte. Obviamente, era algo que requería de mucho tiempo y disciplina y no iba a suceder de la noche a la mañana. Entendía por qué el haki de visión básico podía enseñárselo puesto que ya había intentado despertarlo antes y tenía una ligera idea de que iba la vaina.
-No te preocupes, cualquier ayuda que me puedas dar para ser más fuerte será más que bienvenida.
La chica sonrió de nuevo, parecía encantada con el cambio de actitud que había tenido Kisuke una vez había comprendido todo lo que tenía que decirle. Kihira sacó una venda negra como la noche de su bolsillo y se acercó a Kisuke, que seguía sentado y este la miró hacia arriba intrigado, aunque sospechaba lo que seguía.
-Bien, como sabes, el haki de vision o Kenbunshoku permite localizar presencias en un radio determinado por tu control del haki y hacer una estimación de su poder y esbozar las intenciones que tienen dichas presencias; esto es a nivel básico, claro. Ahora, para despertar tus sentidos extrasensoriales vamos a hacer algo divertido... jijijiji ¡¡Vamos a jugar al escondite!!
Como imaginaba el antiguo pescador, la chica le tendió la venda negra a Kisuke y este sin mediar más palabra se ató la venda cubriéndose los ojos. La chica le hizo una peineta y le hizo muecas para comprobar que no veía y le puso algo en las manos a Kisuke, pequeño y cilíndrico, que parecían de alguna especie de goma o espuma.
-Para evitar que el sentido del oído interfiera, ponte esos tapones y cuenta hasta 100. Yo me esconderé y tendrás que percibir donde estoy escondida. Ese es el ejercicio que vamos a hacer.
Kisuke obedeció y a la negrura que ahora rodeaba su vista, se añadía un silencio absoluto. El pescador pensaba que lo de los tapones era exagerar puesto que Kihira había demostrado ser más silenciosa que un gato y no hacía nada de ruido al moverse, pero no era él quien fuese a cuestionar a su maestra. El antiguo pescador contaba mentalmente hasta 100 y no era capaz de ubicar donde estaba la revolucionaria. En realidad ella no se había movido de su lado, seguía a dos metros de Kisuke sonriendo como siempre y esperando pacientemente en silencio.
Trató de serenarse, de vaciar su mente y entrar en estado de concentración, como cuando aprendía el haki de armamento, pero solo era capaz de sentir su propio haki, no era capaz de notar nada más. Aquella sensación se prolongó durante varios minutos, que para Kisuke eran horas, hasta que se cansó de la situación y se quitó la venda de los ojos. Al instante un puño negro golpeó su cabeza y estampó al revolucionario contra el suelo. Kisuke no daba crédito y se giró agarrándose la coronilla.
-¡¡¿Por qué has hecho eso?!!
Kihira le sonrió con malicia.
-¿No te lo había dicho? Solo puedes quitarte la venda si das una respuesta. Si no lo haces....
Y le mostró el puño ennegrecido con su busoshoku, a modo de amenaza, mientras se disipaba el haki de la chiquilla.
-Vamos de nuevo, Kisuke.
Aunque no la escuchó, entendió y se puso la venda de nuevo, y comenzó a contar, mientras que Kihira comprobaba que no podía ver desnudándose por completo. Al no ver reacción alguna del antiguo pescador supuso que no veía y se vistió a toda máquina colocándose a diez metros dentro de una caja de madera. Por su parte, Kisuke terminó al poco de contar, y suspiró para concentrarse. De nuevo sintió solo su propio haki pero esta vez había algo diferente, podía visualizarlo en su mente, era capaz de verlo como un vórtice en su pecho que giraba inestablemente, de una manera turbulenta, de un color verde oscuro, como las hojas de los abetos. Aquello era una novedad, no había sido capaz nunca, ni se había detenido a percibir su propio haki, pero tenía sentido, primero conocerse a uno mismo antes de conocer a los demás, esa filosofía se le hacía muy lógica. Con esto en mente, intentó extender esa percecpión fuera de si mismo, como hacía cuando imbuía su armamento en sus katanas. Y se encontró con el vacío, no era capaz de extenderlo más allá de un par de metros. Como no era capaz de pasar de esa "barrera" y no detectaba a Kihira, la llamó en voz alta.
-Kihira, he notado cambios, pero no puedo localizarte.
Como un resorte, la chiquilla saltó de la caja y se plantó delante de Kisuke en un instante habiéndole quitado ella misma la venda, con su sonrisa inocente, indicándole que se quitase los tapones para poder escucharla. Kisuke obedeció y se quitó los tapones, que tras el silencio absoluto en el que había estado durante tanto rato, percibía muchos sonidos que normalmente no. Parpadeó un poco para habituarse a la penumbra que le parecía super luminosa después de la negrura en la que había estado sumido. Kihira empezó a hablar antes de que Kisuke dijese nada.
-No hace falta que me digas nada, yo he tenido activado mi Kenbunshoku y he percibido que no podías extender tu percepción más allá de los dos metros y tu haki se veía turbulento e inestable.
La chica lo miró con interés, y poco a poco una mueca de disgusto se fue dibujando en su cara. Había algo que no terminaba de cuadrarle con Kisuke y suponía que ahí estaba el problema que bloqueaba su progreso. Tras unos instantes observando a Kisuke asintió como si hubiese entendido algo, había dado con el quid de la cuestión.
-Ya veo, creo que he dado con la clave, Kisuke. Y es que eres un mar de dudas, no sé que es lo que te habrá pasado en tus viajes, ojalá un día con más tiempo me lo puedas contar, pero lo que está claro es que esos titubeos son los que están frenando tu progreso. ¿De verdad quieres ser más fuerte?¿Por qué estas luchando, Kisuke?
Kisuke suspiró, había leído como un libro abierto en él, aquellas eran las mismas preguntas que él mismo se hacía continuamente y eran lo que enturbiaba su espíritu. Las dudas seguían en su mente carcomiéndole y minándole la moral y, por consiguiente, frenando su progresión. No sabía que responderle a Kihira, y se quedó callado, pensando, hasta que recordó aquel extraño sueño en el que Yamigiri le llamaba, recordó sus palabras que había dejado metidas en un cajón de su mente y no había vuelto a reflexionar sobre ellas. Entonces, con una mirada despejada y teniendo clara su respuesta, tratando de demostrar todo la convicción y voluntad que le impulsaba, contestó a la revolucionaria.
-Sí, quiero ser más fuerte, quiero luchar, quiero vencer. Porque el mundo necesita un cambio, y, por desgracia serán necesarias las armas para traer ese cambio. Lucho por liberar y equilibrar a la población.
Kihira lo escuchó muy seria, sopesando y valorando sus palabras, hasta que volvió su sonrisa. Parecía que le complacía la respuesta del capitán revolucionario.
-Muy bien, pues escúchame. No tengas miedo, Kisuke, no estás solo, por lo que ¿acaso hay algo que debas temer? Mira al frente, retrocede y morirás, duda y te matarán. El pueblo llano vive oprimido por el Gobierno Mundial, y tenemos que derrocarlos para establecer una sociedad más justa e igualitaria. Ese es nuestro fin como revolucionarios, así que ponte la venda de nuevo y los tapones y encuéntrame.
Kisuke estaba impresionado ante la voluntad y el entusiasmo de Kihira ante su objetivo revolucionario. Era, cuanto menos, inspirador, por lo que sin dudar se pusó de nuevo la venda y los tapones volviendo al vació sensorial. La muchacha se posicionó a 6 metros en otra caja a la izquierda de Kisuke. Se concentró de nuevo, sintiendo su haki, visualizándolo ahora ya estable, uniforme, con un giro apacible y del mismo color verde oscuro, que había percibido anteriormente. Entonces trató de proyectar esa percepción más allá de si mismo y, tras una ligera resistencia a los dos metros, consiguió extender su "visión", por fin, más allá y al llegar a los doce metros de diámetro, detectó la presencia de Kihira, era de un color amarillo, vivaracho como ella, y pudo percibir el gran poder que tenía, muy superior la suyo. Por fin era consciente que estaba muy lejos de aquella muchacha. Pudo ver como la muchacha saltaba de alegría, y de pronto tenía su presencia detrás a tres metros de él, y se giró hacia ella poniéndose en pie, cara a la Gran Lider del Ejército Revolucionario y se quitó la venda y los tapones, con una sonrisa torcida. Lo primero que vio fue la sonrisa de la chica que mostraba orgullo y alegría ante el logro de su compañero.
-Parece ser que lo he conseguido Kihira-sensei.
Hizo una ligera reverencia y la muchacha estalló en risas ante la actitudo que había tomado Kisuke en aquel momento.
-Jajajajajaja... No fastidies, Kisuke, somos compañeros, no hace falta que me hables de esa manera. Me sirve con que entiendas mi superioridad.
Le dijo esto último sacándole la lengua y guiñándole un ojo. Kisuke no pudo evitar reírse también, al final, la alegría de la muchacha era contagiosa y estaba contento de haberse topado con ella, aunque las casualidades no existen y estaba seguro que ella había hecho mucho por encontrarse con él.
-Bueno, Kisuke, ha sido un placer servirte de ayuda. Has despertado el Kenbunshoku, pero no descuides tu adiestramiento, en ninguno de los dos tipo de haki, de verdad. Sigue practicando y no cejes en tu empeño, que ahora además debes añadir el control sobre tu fruta del diablo a los entrenamientos.
Se acercó a él y apoyó su pequeño pero poderoso puño en su pecho.
-Y sobre todo, recuerda lo que te dije antes. Cree en ti mismo, puedes conseguir lo que sea, porque yo creo en ti, camarada.
Dio un paso atrás y Kisuke asintió con deferencia, hacia Kihira.
-Espero que volvamos a vernos, Kihira Takanami, ha sido un honor haber aprendido de ti.
La chica sonrió con encanto y vio como Kisuke se encaminaba a la puerta para marcharse, dándole la espalda a su compañera, y, al menos para Kisuke, nueva amiga.
-El placer ha sido mío, Kisuke Kageyama, espero grandes cosas de ti.
Alzando el puño izquierdo en alto, salió por la puerta notando que la tarde se alargaba, junto con las sombras de los manglares mientras el antiguo pescador se encaminaba de nuevo al manglar número 13 donde estaba su barco y sus compañeros, aunque había olvidado preguntar a Kihira si podía comentarle su encuentro a sus compañeros, sospechaba que si ella quería dejarse ver por ellos lo haría sin ninguna duda.
