[FIC - Pasado] Un baño de burbujas extra relajante
#1
Leyenda


Otoño, Año 11
En las calles de Ciudad Murkhold
Día 16, a media mañana.

Caminaba por las estrechas calles de Ciudad Murkhold con paso rápido. No me gustaba nada mojarme, aunque mi principal razón era otra. Sabía perfectamente que a pesar de llevar puesta la capucha de mi abrigo, si alguien se me quedaba mirando iba a ser bastante sencillo que me reconocieran. Por ello esquivaba a la gente con la que me cruzaba, sin detenerme un instante. Tenía un objetivo claro en mente, y cuanto más tiempo tardara en alcanzarlo, más probabilidad de problemas.

- La biblioteca - murmuré, antes de mirar si Mandarina se encontraba bien. Como era de esperar, este se había dormido. Seguí las indicaciones que marcaban los carteles, llegando pasado un cuarto de hora a un gran edificio. Más que una biblioteca, aquello parecía una especie de galería de arte. Desde una posición alejada analicé la situación.

Había varios guardias apostados en la puerta. Dos hombres altos, con poco pelo y con unos atuendos bastante extravagantes. Me entró la risa al pensar en que más que guardias parecían bufones e imaginármelos haciendo malabares para entretener a los invitados. La risa me duró poco al ver que analizaban minuciosamente a cualquier persona que entraba o salía de la biblioteca/galería. Seguramente se trataba de una medida de seguridad para que la gente no tratara de robar ni dañar ninguna de las numerosas obras que se encontraban en su interior.

Apariencia de los guardias


- Mierda - pensé, enfadada. , Aquello frustraba por completo mis planes de entrar a la biblioteca sin ser descubierta y poder disfrutar de alguna buena lectura. - ¿Por qué la biblioteca tiene que ser una galería de arte? - me quejé y comencé a alejarme del lugar con paso rápido. Posiblemente mi sobresalto despertó al pequeño Mandarina, puesto que comencé a sentir como este se movía dentro del abrigo. - Tranquilo pequeño, en no mucho estamos de vuelta en el hostal, y podrás comer lo que quieras ¿vale? - abrí levemente el abrigo, introduciendo una mano para acariciarle la cabeza. El felino no tardó en volver a dormirse. Por suerte, recordaba el camino de vuelta, por lo que no tuve mayor problema en llegar. - ¿Ves? Eso te pasa por no haber ido antes a la biblioteca. - la voz de mi cabeza comenzó a hacer de las suyas. - Si no hubieras perdido el tiempo con tus nuevos "amiguitos" seguro que hubieras podido entrar a la biblioteca.

- ¡Me da igual! Ya veré como me las apaño para entrar. O si no volveré más adelante, total, tengo todo el tiempo del mundo. - respondí, gritando. Seguramente cualquiera que me hubiera visto se hubiera sorprendido y asustado a partes iguales, aunque por suerte para mí, la calle en la que se encontraba el hostal de Las glotonas de mediana edad no había casi nadie a esas horas.

Como era de esperar, después de aparecer en el periódico no podíamos quedarnos en el anterior hostal. Era un sitio bastante concurrido, y además, no quería ocasionarles ningún problema a la dueña ni a su nieta, las cuales habían sido muy amables conmigo. La despedida con la nieta de la dueña fue algo amarga, más por su parte que por la mía, puesto que cuando se enteró de que era posible que no pudiera vernos más a Mandarina y a mí se puso realmente triste. No puedo negar que me costó encontrar un nuevo lugar donde quedarme, pero por suerte, parecía que en el hostal en el que ahora me hospedaba, Las glotonas de mediana edad, no hacían ascos a nadie, tal como decía su eslogan. No hacían ascos a nadie, era cierto, pero el cartel no mencionaba nada de que te cobraran una tarifa extra si eras una persona buscada, escudándose en que era una "fianza en caso de destrozos por posibles encontronazos con la guardia".

Me quité la capucha, molesta por pensar nuevamente en ello. En alguna otra ocasión hubiera mandado a la mierda a aquellas dos arpías, pero en aquel momento estaba algo desesperada, y a decir verdad, tampoco es que fuera a quedarme mucho tiempo más en aquel lúgubre lugar.
- Bueno, ahora una sonrisa y a la habitación - suspiré, entrando en el local. Saludé vagamente a la que parecía la mayor de las dos dueñas. En el poco tiempo que llevaba allí me enteré de que por lo visto eran amantes, pero a mí personalmente me parecía que tenían algún tipo de parentesco. No quise seguir indagando, por lo que trataba de no entablar mucha conversación con ellas. Aquello de "no hacer ascos a nada" me daba bastante repelús, a decir verdad.

Una vez arriba, me aseguré de que la puerta estaba cerrada, y me tiré en la cama. Por suerte para la integridad de Mandarina, mientras me dejaba caer me di cuenta y con un rápido movimiento logré caer de espaldas. Como era de esperar, el colchón hizo un ruido del demonio. Me moví un poco, puesto que me hacía mucha gracia como con el más mínimo movimiento este parecía que se iba a partir en dos. Mandarina no tardó en salir de mi abrigo, asustado y hambriento, pero sobre todo hambriento. Maullaba mientras se acercaba a mi cara, para que le diera de comer.

- Lo siento pequeñín. - me disculpé, antes de levantarme de la cama. Me acerqué a mi bolsa, de donde cogí un poco de pollo seco. Lo puse en el pequeño plato que tenía sobre la mesita, antes de cogerlo y llevarlo al baño. 

- Tú comes mientras me doy un baño relajante - le dije al animal, dejándole en el suelo del baño. Siguió maullando, puesto que había dejado el plato con comida al lado del lavabo, donde este no llegaba. Mientras se preparaba el agua de la bañera fui de nuevo a la habitación. Lancé el abrigo hacia la cama, cogí una toalla, además de un par de cositas más de la bolsa y volví al baño. Fui dejando caer al suelo las prendas de ropa que me iba quitando, camino a la bañera. Sabía que no iba a entrar nadie más, por lo que me importó más bien poco el completo desorden que acababa de generar en un momento.

Bajé el plato de comida hasta un lugar accesible. Aproveché que me había agachado para peinarme, antes de levantarme nuevamente. Cerré el grifo de la bañera, eché sales de baño y me quedé unos instantes mirándome al espejo. Pasé con mi mano derecha por mi brazo izquierdo, subiendo poco a poco desde la palma al antebrazo, y de ahí hasta el bíceps. Toqué la horrible cicatriz que tenía. Seguía doliendo, después de todos esos años. Instintivamente me llevé la mano izquierda a mi hombro derecho. Otra vez comenzaba a arder la marca de mi hombro. Además, esta vez había sido completamente mi culpa. Suspiré, relajándome de esa forma y solté los vendajes que cubrían mi hombro, dejándolos caer al suelo también.

Me acerqué a la bañera, entrando en esta con cuidado. A medida que mi cuerpo se sumergía en el agua sentía como mis fuerzas me iban abandonando poco a poco. Tras muchos intentos había aprendido a calcular cuál era el máximo de agua que mi cuerpo podía soportar antes de quedarme en un estado en el que no pudiera salir de la bañera. A decir verdad, mirándolo desde esa perspectiva no era tan malo el hecho de ser una usuaria. Al perder parte de mis fuerzas mi cuerpo se relajaba más, y yo dejaba de darle tantas vueltas a todo.

- Un baño extra relajante - fue como había bautizado a aquello. Cerré los ojos, dejando la mente en blanco unos instantes. En aquel sitio estábamos únicamente el agua, las burbujas y yo. Bueno, y Mandarina devorando sin compasión la comida que le había dejado en el plato. Me reí, antes de abrir los ojos y coger unas pequeñas tijeras, con las que comencé a cortar las puntas que se habían ido abriendo en mi pelo carmesí.





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#2
Leyenda


- Vale, parece que eso sería todo - dije, dejando las tijeras y echando mi pelo hacia atrás. Pasé bastante más tiempo del que iba a admitir arreglando las puntas de mi pelo. Bueno, era algo normal teniendo un pelo como el mío, o más bien teniendo una obsesión como la mía porque este estuviera perfecto. Pasé tanto tiempo que el pequeño Mandarina había terminado toda su comida y se encontraba ahora jugando con los vendajes que había dejado caer al suelo.

Cerré los ojos, dejando escapar una risita, antes de comenzar a jabonarme. Pasé suavemente por los brazos, rozando mi blanca y delicada piel con la esponja. De ahí seguí hacia los hombros, bajando lentamente por el pecho al abdomen. - Y si... - pensé en voz alta. Abrí los ojos, sacando una de las piernas del agua. Apoyé el pie en el borde de la bañera y me quedé mirando unos instantes. - Sí, ¿por qué no? - concluí, antes de terminar de jabonarme e incorporarme en la bañera. Rebusqué brevemente entre las cosas de la pequeña bolsita que había llevado al baño. - Tiene que estar aquí, no llevo tanto tiempo sin usarlo, ¿no? - pensaba mientras seguía buscando. Finalmente encontré la pequeña cuchilla. - Por fin - suspiré. - Bueno, ahora con cuidado. - levanté una de las piernas levemente, comenzando a rasurarme después. A decir verdad, posiblemente debido a mi condición de albina o tal vez de semioni, no tenía demasiado vello corporal y este, al ser blanco, apenas se notaba. A pesar de ello el tacto de mi piel después de depilarme se me hacía muy agradable. Hacía fácilmente más de un año que no me depilaba las piernas, bueno, que no me depilaba en general. En gran parte se debía a que tener un momento así era bastante complicado con Mandarina pululando por ahí (nunca se sabe cuando puede intentar comerse cualquier cosa, o a vomitar por la habitación), aunque tampoco es que hubiera sentido la necesidad. Total, como si alguien fuera a verme las piernas, o mejor dicho como si su opinión fuera a importarme lo más mínimo.

Un ligero pellizco me sacó de mi pequeño trance. - Oh, mierda - dije, apartando la cuchilla. Como me temía, me había hecho un pequeño corte en la pierna, a la altura del muslo. De hecho, el corte era tan pequeño que no pude verlo hasta que la primera gota de sangre comenzó a emanar de él. Rápidamente cogí la toalla para limpiar la sangre. Para cuando me di cuenta la mancha en la blanca toalla era del tamaño de una manzana pequeña. - ¿Pero cómo puede sangrar tanto una herida tan pequeña? - exclamé, con una mezcla de sorpresa y cierto miedo. Por un momento se me pasó por la cabeza la idea de morir desangrada en aquella bañera. - Si bueno, para que encima Pandita se ría de mí. - dije, volviendo a presionar la toalla. Tras unos segundos parecía que el sangrado había parado. - Vale, parece que ya está. - suspiré, más relajada, metiendo la pierna de nuevo en el agua, para continuar rasurando la otra pierna. El agua caliente hizo que los vasos sanguíneos se dilataran, lo cual hizo que la sangre volviera a salir. - No está, no está. - hablé, algo nerviosa, volviendo a sacar la pierna del agua, ahora teñida de rojo. Salí entonces de la bañera, lo cual alertó a Mandarina, quien se apartó y comenzó a bufar a la bañera.

- Van a pensar que he asesinado a alguien ahí - me reí al ver la espuma con un tono rosáceo. Me miré la pierna, la cual parecía que poco a poco dejaba de sangrar, aunque debido a mi blanca piel se podían notar los lugares en los que había pasado la sangre - Pues nada, tendré que ducharme para terminar con esto y volver a limpiarme.



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