Los días transcurrían con tranquilidad y la enorme sombra proyectada por los acontecimientos de los cabos gemelos se diluía en el amargo recuerdo de lo que fue; una pesadilla en la tierra. Si nos comparaba con otros grupos presentes en el lugar, habíamos salido de allí prácticamente ilesos, a excepción de Peixe, que había sido atrapado por la marina. Se echaba en falta a aquel simpático y extraño gyojin, cuya ausencia dejaba tras de si un reguero de silencio y pesadumbre. Aquello me hacía pensar en que, si hubiésemos sido más fuertes, tal vez hubiésemos sido capaces de llevarnos al hombre pez con nosotros. Estaba claro que no íbamos a dejar en la estacada a un compañero, por mucho que su gusto por la moda deje mucho que desear, pero si no hacíamos nada para mejorar nuestras habilidades, el resultado iba a ser el mismo o incluso peor. Tras asentar el rumbo, apaciguado por unas aguas extremadamente calmadas y un viento que parecía guiarnos hacia nuestro destino, bajé del puesto de mando y estiré mis brazos hacia el cielo. Mantener aquella postura sujetando el timón hacía que se me cargasen los hombros, quejosos bajo mi repentino estiramiento. El aroma del mar y el salitre inundaron mis pulmones, y la luz del sol proyectaba un manto dorado por toda la cubierta.
- ¿Dónde estarán todos? -el barco no era pequeño, pero tampoco poseía un tamaño descomunal como para no encontrarme a ninguno de mis compañeros, y menos si uno de ellos poseía un tamaño colosal. Comencé a estirar, alzando en primer lugar mi pierna diestra en un perfecto ángulo de 180 grados y colocándola contra uno de los mástiles. Seguía buscando con la mirada algún signo de vida en aquella robada isla de madera, mientras diversificaba mis posturas para asegurarme de calentar correctamente cada parte de mi cuerpo.- ¡Necesito atención!
Se me había ocurrido que tal vez pudiésemos entrenar entre nosotros, tal y como alguno de los miembros ya había hecho con anterioridad. Todos poseíamos estilos de pelea muy diferentes, y eso podía hacer que mejorásemos mucho nuestras habilidades ante situaciones "diferentes" a las habituales. Además, siempre iba a ser mejor entrenar con alguien que es capaz de moverse; pegar a maniquíes ya estaba pasado de moda. Jolyne era especialista en combates a distancia, Triana empleaba sus espadas y Yojimbo su imponente físico. Cualquiera de las opciones plantadas sobre la mesa era buena, aunque tal vez, la persona más dispuesta a hacer un poco de ejercicio fuese…
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
Ya había leído todas las revistas que había traído conmigo y no había demasiado que hacer en aquel barco. Tendríamos que darle unos retoques para que quedase a nuestro gusto, un pequeño salón de maquillaje estaría bien y seguro que a Aspros también le parecía buena idea. También quería decorar mi camarote a mi gusto, incluso pintar las paredes. Todo en el barco era igual, con muebles obsoletos y de madera casi podrida por la humedad, paredes vacías y aburridas, sábanas blancas. Parecía una cárcel. Tal vez Jolyne pudiese construir muebles nuevos si le conseguía madera y los materiales necesarios y Aspros podía pintarlos. Y Yamamura podría… Seguir siendo Yamamura. Con eso bastaba.
Salí a la cubierta y me senté en la parte trasera del barco apoyada en la barandilla. Creía que llegaría a aburrirme en esta situación, un barco, pocos pasatiempos y pocas personas con las que conversar. De hecho, ahora no veía a ninguno de los otros tres. Sin embargo, escuchar el mar y mirar el cielo era suficiente para pasar el rato hasta caer dormida y que las horas transcurriesen más rápido. Cerré los ojos, pero hoy ya había dormido suficiente y no hubo manera. Volví a abrirlos y me puse en pie para buscar a alguien. Si yo estaba tan aburrida los demás tendrían que estarlo mucho más. No parecían el tipo de personas que disfrutase de la soledad.
Caminé por la cubierta del barco hasta que vi a Aspros. A veces olvidaba que él era el navegante, no le pegaba nada, pero con él al timón seríamos la banda más estilosa de todas. Ahora mismo no sabía qué estaba haciendo con la pierna, un movimiento extraño, como de estiramiento, pero hasta haciendo eso parecía refinado. No pensaba dejarme llevar por las apariencias, sus movimientos eran gráciles, había visto cómo pateaba a un marine y, por lo que contaban él y Jolyne, habían conseguido lanzar al mar a una de las piratas de la banda a la que nos habíamos enfrentado en las plataformas. Estaba convencida de que además de refinado podía llegar a ser letal.
—¿Te aburres? —le pregunté acercándome a él —. Te pediría que me maquillases, pero perdí todo mi maquillaje en el incidente de los Cabos, ¿se te ocurre algo que podamos hacer para entretenernos?
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
Como agua de mayo, Triana había aparecido en la asolada cubierta, dispuesta a hacer algo para entretenernos. Poco podíamos hacer en medio de aquel tranquilo mar, pero la llegada de la gran rubia encajaba perfectamente con mis planes. La espadachina era fuerte, muy fuerte. No había tenido la oportunidad de ver su desempeño en los cabos gemelos, pero su estado prácticamente intacto y su presencia denotaban un portento con la espada. Tampoco podía olvidar cómo se enfrentó sin problemas a aquel grupo de marines en isa Isshin. Cuando peleé cuerpo a cuerpo contra Ginni, la pirata miembro de aquel grupo de esclavistas, me pude dar cuenta de lo peligrosa que podía ser un arma en las manos adecuadas. Bajé con delicadeza mi pierna alzada, extraje un pequeño bote del bolsillo trasero de mi pantalón y desenrosqué el tapón, dejando ver un pincel negro de brillantes hebras rugosas.
- Jopé, que planazo -pensé ante la propuesta de Triana de maquillarla; debía declinar la oferta, por mucho que me doliese. - Nunca pensé que diría esto, pero… quiero pelear -solté finalmente, mientras empleaba el pincel para peinar mis llamativas pestañas. Mientras lo hacía, no podía evitar abrir la boca y mirar hacia arriba. – Heoheheneos he… ejem- cuando terminé de pintarme, volví a guardar el bote en mi bolsillo- Decía que tenemos que ser más fuertes para poder recuperar a Peixe y hacer frente a la marina.
Dramáticamente, sacudí mi pelo con un elegante movimiento de cabeza y adopté una postura ofensiva. Esta consistía en mantener el equilibrio sobre una pierna, brazos en alto, mientras que la otra pierna reposaba en la rodilla de su contraria. El okama kenpo se basaba en la letalidad del karate y la elegancia del ballet, fusionando ambos mundos para dar como resultado un estilo de pelea digno de los dioses. Observaba con determinación a Triana, a la espera de su repuesta.
- No te contengas, aunque sea bonita, se pelear -dije con confianza, a pesar de sentir el enorme abismo que nos separaba a ambos en cuanto a pelea se trataba- Madre mía que me mata.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
95 FUE
75 RES
150 DES
33 PRE
53 AGI
150 REF
43 INT
73 VOL
50 CH
0 CA
Vitalidad: 1756 / 1756
Energía: 983 / 1843
Espirítu: 173 / 369
Nivel: 10
Aspros cada día me sorprendía más. Siempre estaba divino e intentaba no ensuciarse más de la cuenta, pero cuando era necesario era el primero en involucrarse y darlo todo. Todavía recordaba la patada que le dio a aquel marine cuando iban a detener a Yamamura en la isla en la que lo encontramos por primera vez. Todos eran muy peculiares, pero tenían sus cosas buenas. Aspros incluso estaba hablando de fortalecerse para rescatar a Peixe. Pensaba que no le tenía demasiada simpatía y. aún así, estaba dispuesto a salvarle. Al final no me arrepentiría de ir con ellos y tendría que callarme cada vez que Yamamura invitase a alguien nuevo a la banda, tenía buen ojo. O muy buena suerte.
Me enorgullecía ver cómo quería fortalecerse y mucho más que quisiese entrenar conmigo. Así yo también podría practicar un poco, familiarizarme con sus estilos de pelea y dejar de aburrirme. Sonreí y desenvainé mis dos espadas. Pensaba hacerle caso y no cortarme, porque me daba la impresión de que era mucho más duro de lo que aparentaba y no podía permitirme bajar la guardia ni pensaba menospreciar a mis compañeros. También en combate cada uno era hábil a su manera. Yamamura era un monstruo de cinco metros capaz de destrozar a cualquiera de un puñetazo, Jolyne era diestra con su arma y la puntería era su fuerte, algo que a mí jamás se me ha dado bien, y Aspros parecía tan ágil como duro.
—De acuerdo. Espero que tú tampoco te contengas —le dije realmente esperando que me azotase con una de sus patadas. Sin dejarle más tiempo, corrí hacia él y extendí la mano derecha para realizarle un corte en el lateral de su muslo izquierdo. Sería una buena manera de tantearle de y comprobar si era capaz de evitar mi ataque.
Resumen turno
Me acerco a ti a 50 de Agilidad, así que me ves venir de sobra y te daría tiempo a reaccionar. Te ataco con mi katana tier 2, que es la que llevo en la mano derecha. Si te llego a dar te quitaría 100 PV y con tu resistencia pasiva se quedaría en 72 PV.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
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56 RES
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42 PRE
126 AGI
120 REF
47 INT
72 VOL
30 CH
40 CA
Vitalidad: 1571 / 1597
Energía: 955 / 1826
Espirítu: 132 / 306
Nivel: 10
Como dicen, del dicho al hecho hay un trecho. Ver aproximarse a Triana, cargada con esa determinación y destreza, hizo que me plantease por un segundo si había sido buena idea retar a la espadachina. Era imponente y no por nada la consideraba de las personas más fuertes que me había topado hasta ese momento, pero debía pasar por aquello si quería ser más competente; sobrevivir en aquel lado del mundo iba a ser más duro de lo que había imaginado al principio de mi pequeño periplo.
Mi vista rápidamente se posó sobre su espada, que blandía con la diestra mientras se acercaba hacia mi posición. En un combate cuerpo a cuerpo debía tener especial cuidado con las espadas y demás armas filosas, puesto que un alcance podía ser fatal. – Es más rápida de lo que pensaba, mi agilidad no supondrá una gran ventaja en este encuentro- pensé. Flexioné levemente mis rodillas para saltar y evitar su acometida, describiendo una serie de volteretas aéreas que finalizarían con una fuerte patada descendiente en dirección a su hombro derecho. Buscaba desarmarla, o al menos dificultar sus movimientos.
Aprovechando el contacto con su hombro, hice palanca con mi pierna para impulsarme hacia la zona ubicada a la espalda de la espadachina. Tras un par de vueltas más, aterricé a dos metros de su posición, con las rodillas flexionadas y dándole la espalda. Rápidamente me volteé y adopté una postura defensiva, que consistía en extender mis brazos hacia el cielo y pegar mi rodilla derecha al pecho, mientras que me mantenía en punta con la pierna zurda.
- Le vas a sacar el ojo a alguien con eso, querida.
Resumen del turno
- Te asesto un golpe con la pierna izquierda sobre tu hombro derecho, para luego alejarme de ti un par de metros. En el caso de que esto ocurra, la técnica produce 318 puntos de daño (65 + (Fuerza+5)*2.3).Tu resistencia pasiva haría que este daño se redujese en 38 puntos, quedando en 280 puntos de daño.
Tecnica
Grand fouetté: Ano fuyu no sora no memoir («Gran azote: Memorias del pasado de las noches de invierno»):
Okama Kenpo
3
Información
Requisitos: Nivel 8 | 80 Fuerza | Conocer Grand fouetté: Ano natsu no hi no memoir
Daño: 65 + 2,3xFuerza
Coste: 110 de energía
Efecto:
Aumenta en 10 la Fuerza durante el ataque.
Enfriamiento:
Un turno
El usuario salta en el aire haciendo múltiples volteretas girando sobre si mismo, después de alcanzar la suficiente velocidad, lanza una patada descendente con un ángulo de 45 grados.
Código: okama002
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
Sabía que era rápida con la espada, no me consideraba una espadachina mediocre, pero la velocidad y la habilidad de Aspros me sorprendieron cuando fue capaz de esquivar mi ataque. Y no solo eso, sino que rápidamente reaccionó para devolverme el golpe con un grácil y letal movimiento. Vi venir el ataque, aunque no por mucho. Redirigiendo la posición de mi espada estaba bastante segura de que podría intentar bloquearlo, pero me quedé completamente quieta. Quería comprobar si no solo agilidad era tan asombrosa, sino también su fuerza.
El golpe llegó y fue tal y como esperaba. Era potente a la par que elegante, aunque no lo suficiente como para noquearme. Todavía nos quedaba mucho entrenamiento como para poder llegar a asestar impactos de tal calibre. Tras un giro en el aire aterrizó en una posición de lo más curiosa y práctica. Daba la impresión de que en esa posición iba a ser complicado atacarle, no dejaba ningún hueco, parecía listo para defenderse de lo que le viniese. Sonreí, todavía algo dolorida en la zona en la que me había golpeado con su patada. Nos quedaban muchos entrenamientos para mejorar, pero apreciaba el potencial. De momento no seríamos la banda más fuerte, al llegar a las nuevas islas que nos esperaban nos encontraríamos con enemigos feroces, pero conseguiríamos hacerles frente.
Bajé mis espadas y las envainé. —Acabo de cambiar de idea. ¿Por qué no nos tomamos algo? Seguro que con todo el alcohol que hay en el barco podemos conseguir hacer un cóctel decente —le propuse esperando que aceptase. Estaba convencida de que las conversaciones que podíamos tener serían de lo más interesantes. ¿Cuántos cotilleos de famosos conocería? Probablemente muchos más de los que se publicaban en las revistas.
Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
- Me ha dejado golpearla -pensé mientras observaba a la rubia ante mí, impasible, hasta cierto punto burlona. Había resistido mi golpe con entereza y, con solo ese hecho, con esa mirada capaz de desnudar a cualquiera, supe que había una enorme diferencia entre los dos. Si ella quisiera, podría hacerme pedacitos con esa enorme espada suya y servirme como sushi al resto de la banda, pero me imaginaba indispensable en la banda por mi rol de navegante.
Relajé la postura, suspiré abiertamente y me aproximé a una de las desvencijadas sillas que encontramos en el barco cuando lo asaltamos, apostada junto a una mesa circular próxima a la pared del fondo. Me crucé de piernas y extraje un pintauñas, dios sabe de dónde, y comencé a embadurnarme la mano con aquel potingue oloroso. – A la próxima te vas a enterar, bonita – no me dignaba a mirarla a los ojos, en parte por no salirme de las escasas zonas de dibujo- Pero prefiero un smoothie, ¿dónde esta Jolyne? Imagino que sabrá exprimir frutas y ponerlas en un mismo recipiente, ¿no crees? -fingí buscarla por las inmediaciones - ¡JOLYNE! -fue entonces cuando volví a dirigir la mirada a Triana y le hice indicaciones con la barbilla para que se sentase a mi vera, en otra de las sillas- No deberías beber tanto alcohol. No me malinterpretes, estás muy bien para tener 35 años. Durante mis giras…
Y fue entonces cuando sentí que comenzaba mi relación con Triana, aquel enorme muro impasible y relativamente racional, al menos en comparación con el resto de la banda. Lo recuerdo como un día soleado y tranquilo, posterior a una gran tormenta en los cabos gemelos, y que seguramente sería predecesor de alguna otra aventura en la que cabía la posibilidad de perder la vida; qué difícil era la vida del pirata.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.