25-02-2026, 05:41 PM
(Última modificación: 25-02-2026, 07:05 PM por Juan Sebastian.)
Isla del kárate día 22 de verano, año 17
Empecé con la búsqueda de información por los bares de la ciudad, esta vez, gastando cuidado con las puertas y tratando de llamar menos la atención. Teníamos una ubicación marcada gracias al desertor de sus hombres, pero no sabíamos si se trataba de una trampa o algo parecido, quería tener la prudencia que nos faltó la vez anterior. En uno de los bares presencié una disputa entre un hombre de gran envergadura y un Gyojin que me resultó extrañamente familiar. —¡¡Como vuelvas a insultar al maestro Batch Kalão te arrepentirás!!— Aquel pequeño gyojin parecía bastante molesto con el hombre, que le miraba de forma burlona —¡Vamos merluzo, haz que me arrepienta! ¡Inténtalo!— En el momento en el que el tipo gritó, intentando intimidar al pequeño, me acerqué para poner fin a la disputa, pero antes de que llegase a ellos, el pequeño actuó —¡Merluza tu madre!— Y en un suspiro, haciendo un veloz movimiento con su mano, lanzo algo al hombro del tipo, causándole una hemorragia que acabó rápidamente con sus aires de superioridad. —Un momento... Yo he escuchado un insulto como ese antes— Pensé, con la certeza de que se mi buen amigo —¡¿Kuririn eres tú?!— Al escuchar mi voz, el pequeño gyojin se volteó rápidamente —¡¿Juan?! Así que al final viniste ¡Cangrejo cabezón!— Me alegró mucho verle por aquí, sabía que estaba en la isla, pero con todo el tema del trabajo no me había pasado por la cabeza el ir a verle.
Ignorando al tipo que yacía en el suelo del bar, como si fuese algo irrelevante de un pasado distante, ambos salimos del local mientras charlábamos. —Pues eso hermano, que estoy rayado. Ese criminal me dio para el pelo, no estuve ni cerca de tocarle y ahora tenemos que capturarlo— Kuririn chasqueó repetidamente la lengua mientras negaba con la cabeza —Lo que tu necesitas, mi grande y torpe amigo, es versatilidad. Te limitas a golpear como un loco y eso es un aspecto muy superficial de los combates. Habla con el Maestro de Batch Kalão, seguro que está dispuesto a entrenarte.— Entrenar... ¿Realmente tenía tiempo para eso? En cualquier caso debería consultarlo con mi compañero, así que me despedí de mi escamado amigo y puse rumbo al lugar en el que habíamos quedado una vez terminásemos de reunir información.
Una vez los dos nos reunimos, le comenté mi situación y acordamos dejar un plazo de varios días para entrenar o atender asuntos propios. Akira me por lo visto iría a otro Dojo, lo que ya era casualidad si te parabas a pensarlo. Ya era tarde así que descansaría esa noche e iría al día siguiente por la mañana.
El camino era más duro de lo esperado, unas horas después de mi partida, el sol ya hacía presencia y el sudor caía por mi coraza en forma de gotas, una tras otra. A medida que subía me iba encontrando más y más bonsáis, o al menos la gente de la costa me dijo que eran bonsáis —¿No se supone que los bonsáis son arbolitos chiquititos y adorables?— Musité, y parándome un segundo en mi sitio dije, mientras hacía unos movimientos con mis brazos, que emulaban la forma de un gigantesco árbol —Esto no son bonsáis, son BOON...SÁISS— Siempre era sorprendente ver la flora y la fauna de los lugares que visitaba. Pensar en las posibilidades que esa madera ofrecía ocupaba mis pensamientos mientras subía la, cada vez más escarpada, montaña —Parece de muy buena calidad pero ¿Serán árboles sagrados o algo así? Los bonsáis están muy ligados a la espiritualidad y esas cosas— Lo último que quería era causar problemas en esta isla, menos después del incidente del bar.
Mientras estaba ensimismado en mis pensamientos, me topé con lo que parecía ser el Dojo. Sin dudar entré dentro del recinto y me encontré con dos Humanos con rasgos de peces, no era la primera vez que veía personas con esas características por lo que no me sorprendí mucho, tampoco estaba en posición de hablar de la apariencia de los demás... Me presenté ante ambos de forma cordial y con una alegre sonrisa en mi rostro —Buenos días por la mañana. Mi nombre es Juan, estoy buscando al maestro Batch Kalão para aprender kárate Gyojin— El hombre de pelo oscuro me respondió —Has venido al lugar correcto, supongo...— Tras girar su cabeza para mirar a su compañero de pelo blanco, dijo, mientras me señalaba de arriba abajo con su dedo —¿Este tipo entrenará aquí Jiho? No tiene clase, además huele raro— El mestizo de cabellos claros le reprimió —No faltes el respeto así a la gente Nian, harás que se sienta mal. Ha subido el camino hasta aquí sin problemas, lo mínimo que merece es la oportunidad de hablar con el maestro— Realmente no me importaban esas palabras, ya estaba acostumbrado después de tantos años, asumí que las palabras de mi madre no eran verdad, especialmente después del tiempo que pasé con cierta muchacha alocada de cabellos celestes...
Finalmente me invitaron a entrar al Dojo —¡Ah! Disculpa nuestra falta de educación, no nos hemos presentado, mi nombre es Jiho y él es Nian, que no te engañe, no es tan antipático como parece de primeras—. Una vez dentro lo primero en llamar mi atención fue un cuadro de un pescado en la pared, era peculiar, pero tenía su encanto, Mientras miraba el cuadro un gyojin se acercó a mi lado y observó el cuadro conmigo por unos breves segundos —Iba a quitar este cuadro, pero le agarré cariño... ¿Quién eres muchacho?— Me volteé a mirarle, era un gyojin verde, de una considerable estatura, dos tercios de la mía aproximadamente, y tenía una expresión seria en su rostro —Mi nombre es Juan señor, he venido con la intención de buscar al maestro del Dojo para aprender Gyojin Karate— Aquel hombre se volteó hacia mi y tomó algo de distancia para no tener que girar mucho su cuello al mirarme a la cara —Tienes delante al maestro del Dojo, mi nombre es Batch Kalão. Ahora responde ¿Por que quieres aprender Karate Gyojin?— Su mirada era seria, sus ojos me daban a entender que no aceptaría palabras vacías o medias verdades —¡Para ser más fuerte!— Dije con determinación —¿Y para qué quieres ser más fuerte?— Mis motivos eran algo que tenía claro desde que era un niño, por lo que no dudé en responder una vez más, cruzando los brazos con orgullo sobre mi pecho —¡Para ser un héroe que salve a los inocentes de las injusticias!— El maestro me dio la espalda luego de esbozar una ligera sonrisa —Me satisface, aunque siento curiosidad por lo que entiendes por "Justicia" .Empezarás esta tarde después de la comida— Una vez aceptado como estudiante Jiho puso la palma de su mano abierta, sobre la que cayó una moneda de parte de Nian, esos dos por lo visto se entretenían a su manera con los novatos, pero no se veía mala fe en ellos.
Una vez aceptado en el Dojo, me puse un Gi que me habían dejado y me dirigí al patio, donde el maestro me había indicado para comenzar mi entrenamiento. De camino me crucé Con Kuririn, que estaba limpiando en pasillo de madera con un trapo, corriendo de punta a punta del mismo. Al verme se detuvo —Te han aceptado como supuse, el maestro puede parecer muy serio pero siempre admite a las personas determinadas a aprender. Esfuérzate al máximo, los entrenamientos del maestro no son sencillos— Sin que me diese tiempo a hablar volvió a correr limpiando el piso mientras de despedía —¡Buena suerte centollo!— Tener a alguien conocido cerca era un alivio a decir verdad, sentía que si en algún momento tenía problemas podría hablar con alguien.
Al llegar al patio lo primero que hice fue fijarme en lo bonito que era todo, el bordillo de madera te permitía sentarte, apoyando los pies en el césped que estaba perfectamente cuidado y el sonido de una cascada sonaba de fondo, ayudándome a enfocar mis pensamientos. Mientras me relajaba allí apareció el maestro —Has llegado rápido, eso está bien. Antes de empezar necesito saber cosas de ti ¿Qué sientes que te falta? ¿Qué necesitas?— Me mantuve callado por un momento, intentando buscar una respuesta, si quería ser más fuerte era porque carecía de algo eso es evidente ¿Pero el qué? ¿Más fuerza física? Por supuesto que estaría bien, pero no era eso lo que buscaba en el Karate Gyojin, eso era algo que podría trabajar por mi mismo. Después de pensar alrededor de un minuto pude pensar algo coherente —Quiero ser más completo, poder desenvolverme en cualquier situación— Tras responder, el maestro tocó por encima mi hombro y mi espalda, dando la impresión de que estaba analizando mi físico —Tienes buen cuerpo, sólido, resistente. Si quieres ser más completo entonces debes trabajar tus debilidades, fluir como el agua, eres sólido, resistente, pero también, rígido, estático. Se de algo que te podría ayudar, ven conmigo—
Batch se levantó y me llevó a una zona del Dojo que estaba algo más abandonada, tenía un estanque, que, a diferencia de los que había visto hasta ahora, estaba bastante mugriento, lleno de algas verdes por todos lados y con un lodo oscuro en el fondo. —Tienes que limpiar este estanque— Miré al estanque y lo miré a él, cuando me devolvió la mirada le dije —¿Qué?— Ambos miramos al estanque y nos volvimos a mirar mutuamente —Limpiar el estanque... Con esto— Un cepillo de mano apareció de algún lugar, yo juraría que él no llevaba nada encima, y lo dejó caer en mis manos. Un incómodo silencio pareció acallar incluso la cascada que sonaba de fondo, una vez más, al unísono ambos miramos el estanque y nos volvimos a mirar mutuamente —¿Qué?— Está vez al mirarle vi que tenía un cubo de madera en la mano —Antes hay que vaciarlo por supuesto, usa esto— Miré el cubo, miré el lago y le miré a él, mientras me sostenía la mirada —¿Qué?— Entonces, después de asentir, como si lo que me había mandado fuese lo más normal del mundo, se fue, y allí me quedé, solo, bueno, solo no, acompañado de un cepillo, un cubo y un apestoso estanque. Ante esto solo había una cosa que podía decir, apagado, sin sentimientos ni esperanzas —¿Qué?—
Desde la distancia Nian y Jiho observaban la escena, al pobre crustáceo que se había quedado en el sitio, diciendo "¿Qué?" como un disco rayado, tardaría unos minutos en recuperarse —¿No es excesivo? Poner al nuevo a limpiar el estanque en su primer día?— Su compañero asintió con cara de preocupación —Solo mírale, se ha roto, pobrecillo— Kuririn por su parte cerraba los ojos intentando no pensar en su amigo, se hacía a la idea de lo que le tocaría a Juan como entrenamiento al ver a donde se dirigía para hablar con el maestro, se lamentaba del destino que se cernía sobre su amigo cangrejo mientras escuchaba varios "¿Qué?... ¿Qué?..." de fondo —Se fuerte Juan— dijo entre dientes mientras seguía con sus labores
Al cabo de unos minutos me recompuse, afortunadamente había visto a Kuririn en acción, así que sabía que el entrenamiento tendría sus frutos. Así que agarré el cubo con mi pinza empecé a llevar agua desde el estanque sucio hacia el que se encontraba a unos 50 metros, que se encontraba vacío. El trabajo era duro, los primeros cubos los pude llevar fácilmente, pero después de una hora moviendo cubos de un estanque a otro mi pinza comenzaba a doler y me temblaban las piernas. Sumado a eso, mi moral empezaba a flaquear, después de una infinidad de cubos, el estanque permanecía prácticamente igual —Se está riendo de mi, este maldito estanque se ríe de mi, tch— pensé, frustrado por la situación—Ni siquiera eres un estanque... Solo eres un charco grande, un charco feo y apestoso— Tras decir esto, la cordura regresó a mi —¿Qué estoy diciendo? Me estoy peleando con un estanque...— Me enjuagué la cara y proseguí con mi tarea hasta que cayó la noche y ya no se veía nada. Tenía la intención de hablar con Kuririn antes de dormir, pero parecía que yo era el último en terminar y, de todas formas, tampoco tenía muchas fuerzas para charlar, anhelaba la cama como si de un tesoro se tratase.
Al día siguiente me dolía todo, principalmente la espalda, pero eso no me iba a detener, si algo debía tener un marine era disciplina, y yo no sería menos. Mientras trabajaba intentaba pensar en la lógica de todo —Estoy moviendo agua...¿Yo soy agua? No, no, eso es estúpido. Yo soy el cubo...— Pero no encontraba nada. Sin resultados llegó la hora del desayuno, donde me encontré con Kurilin —Buenos días Juan ¿Cómo lo llevas?— Me dijo mi amigo, intentando animar el ambiente, a lo que solo pude responder —¿Qué?— El pequeño gyojin me miró aterrado, hasta que vio mi cara, con una sonrisa burlona. Volviendo a hablar con normalidad le dije —Pues estoy jodido la verdad, me duele todo y ni siquiera sé por que estoy haciendo esto— Kuririn solo asintió mientras se comía su cuenco de arroz con algas —Si pudiera decirte algo lo haría Juan, ya lo entenderás— Eso era algo que yo ya sabía, cuando ayudaba a mi padre en el taller siempre me decía lo mismo "Hay un significado en descubrirlo por ti mismo" Aunque yo tampoco pedía una respuesta final, tan solo un poco de ayuda.
Al terminar el desayuno, aproveché para buscar a Jiho y Nian, ellos llevaban mucho tiempo siendo alumnos del Dojo, quizás podrían darle algún consejo o aunque sea una pequeña pincelada de información. Me dirigí a sus dormitorios y cuando llamé a la puerta, esta se rompió, cayendo de forma estrepitosa al suelo. Me quedé mirando fijamente a la nada mientras pensaba —¿De que mierda hacen las puertas hoy en día?¿No puede ser mi culpa verdad? Si yo solo...— Pero bueno, la puerta carecía de importancia, las puertas van y vienen, el conocimiento se mantiene. Entré en la habitación, aprovechando que estaba abierta, pero no había nadie, así que decidí volver al trabajo pero, cuando ya estaba saliendo de la habitación, un Den Den Mushi, comenzó a sonar —No debería...Pero ¿Y si es una emergencia?— Pensé, en un intento burdo de justificar mi curiosidad. Así que respondí la llamada del Den Den Mushi mientras decía —Yeheii ¡¡Buenos días!! El cubo al habla—
—Hablo— —Pienso—
—Kuririn— —Jiho— —Nian— —Batch Kalão—
—Kuririn— —Jiho— —Nian— —Batch Kalão—
Parte 1: ¿Eres tu Kuririn?
Por fin llegábamos a Kárate para poder encontrar a ese maldito Diosdado, acabar con ese tipo es algo que Akira y yo teníamos en la cabeza desde que nos enfrentamos a él en Baterilla. Una vez llegué a la isla lo primero que hice fue encontrarme con Akira No quería que esa humillación que pasé se volviese a repetir, y no estaba seguro del todo de poder hacerle frente, pero era lo que había todo o nada. —Deberíamos separarnos para buscar. Si lo encontramos no peleamos sin avisarnos primero— Ambos sabíamos de la peligrosidad de ese sujeto, por lo que no pretendíamos subestimarlo, pero al no conocer la isla, no podíamos permitirnos el lujo de tardar demasiado en buscarlo.Empecé con la búsqueda de información por los bares de la ciudad, esta vez, gastando cuidado con las puertas y tratando de llamar menos la atención. Teníamos una ubicación marcada gracias al desertor de sus hombres, pero no sabíamos si se trataba de una trampa o algo parecido, quería tener la prudencia que nos faltó la vez anterior. En uno de los bares presencié una disputa entre un hombre de gran envergadura y un Gyojin que me resultó extrañamente familiar. —¡¡Como vuelvas a insultar al maestro Batch Kalão te arrepentirás!!— Aquel pequeño gyojin parecía bastante molesto con el hombre, que le miraba de forma burlona —¡Vamos merluzo, haz que me arrepienta! ¡Inténtalo!— En el momento en el que el tipo gritó, intentando intimidar al pequeño, me acerqué para poner fin a la disputa, pero antes de que llegase a ellos, el pequeño actuó —¡Merluza tu madre!— Y en un suspiro, haciendo un veloz movimiento con su mano, lanzo algo al hombro del tipo, causándole una hemorragia que acabó rápidamente con sus aires de superioridad. —Un momento... Yo he escuchado un insulto como ese antes— Pensé, con la certeza de que se mi buen amigo —¡¿Kuririn eres tú?!— Al escuchar mi voz, el pequeño gyojin se volteó rápidamente —¡¿Juan?! Así que al final viniste ¡Cangrejo cabezón!— Me alegró mucho verle por aquí, sabía que estaba en la isla, pero con todo el tema del trabajo no me había pasado por la cabeza el ir a verle.
Apariencia de Kuririn
Ignorando al tipo que yacía en el suelo del bar, como si fuese algo irrelevante de un pasado distante, ambos salimos del local mientras charlábamos. —Pues eso hermano, que estoy rayado. Ese criminal me dio para el pelo, no estuve ni cerca de tocarle y ahora tenemos que capturarlo— Kuririn chasqueó repetidamente la lengua mientras negaba con la cabeza —Lo que tu necesitas, mi grande y torpe amigo, es versatilidad. Te limitas a golpear como un loco y eso es un aspecto muy superficial de los combates. Habla con el Maestro de Batch Kalão, seguro que está dispuesto a entrenarte.— Entrenar... ¿Realmente tenía tiempo para eso? En cualquier caso debería consultarlo con mi compañero, así que me despedí de mi escamado amigo y puse rumbo al lugar en el que habíamos quedado una vez terminásemos de reunir información.
Una vez los dos nos reunimos, le comenté mi situación y acordamos dejar un plazo de varios días para entrenar o atender asuntos propios. Akira me por lo visto iría a otro Dojo, lo que ya era casualidad si te parabas a pensarlo. Ya era tarde así que descansaría esa noche e iría al día siguiente por la mañana.
Parte 2: El Dojo del Gyojin Karate
Después de pasar la noche en la playa me levanté, decidido a subir la montaña hacia el Dojo. El calor del verano ya se hacía notar, lo que no era el mejor clima del mundo para entrenar, pero eso no iba a detener a este cangrejo. Me coloqué con firmeza mi gorra de la Marina y puse rumbo a la gran montaña que ejercía su presencia a todos los rincones de la Isla del Kárate. El camino era más duro de lo esperado, unas horas después de mi partida, el sol ya hacía presencia y el sudor caía por mi coraza en forma de gotas, una tras otra. A medida que subía me iba encontrando más y más bonsáis, o al menos la gente de la costa me dijo que eran bonsáis —¿No se supone que los bonsáis son arbolitos chiquititos y adorables?— Musité, y parándome un segundo en mi sitio dije, mientras hacía unos movimientos con mis brazos, que emulaban la forma de un gigantesco árbol —Esto no son bonsáis, son BOON...SÁISS— Siempre era sorprendente ver la flora y la fauna de los lugares que visitaba. Pensar en las posibilidades que esa madera ofrecía ocupaba mis pensamientos mientras subía la, cada vez más escarpada, montaña —Parece de muy buena calidad pero ¿Serán árboles sagrados o algo así? Los bonsáis están muy ligados a la espiritualidad y esas cosas— Lo último que quería era causar problemas en esta isla, menos después del incidente del bar.
Mientras estaba ensimismado en mis pensamientos, me topé con lo que parecía ser el Dojo. Sin dudar entré dentro del recinto y me encontré con dos Humanos con rasgos de peces, no era la primera vez que veía personas con esas características por lo que no me sorprendí mucho, tampoco estaba en posición de hablar de la apariencia de los demás... Me presenté ante ambos de forma cordial y con una alegre sonrisa en mi rostro —Buenos días por la mañana. Mi nombre es Juan, estoy buscando al maestro Batch Kalão para aprender kárate Gyojin— El hombre de pelo oscuro me respondió —Has venido al lugar correcto, supongo...— Tras girar su cabeza para mirar a su compañero de pelo blanco, dijo, mientras me señalaba de arriba abajo con su dedo —¿Este tipo entrenará aquí Jiho? No tiene clase, además huele raro— El mestizo de cabellos claros le reprimió —No faltes el respeto así a la gente Nian, harás que se sienta mal. Ha subido el camino hasta aquí sin problemas, lo mínimo que merece es la oportunidad de hablar con el maestro— Realmente no me importaban esas palabras, ya estaba acostumbrado después de tantos años, asumí que las palabras de mi madre no eran verdad, especialmente después del tiempo que pasé con cierta muchacha alocada de cabellos celestes...
Apariencia de Jiho y Nian
Finalmente me invitaron a entrar al Dojo —¡Ah! Disculpa nuestra falta de educación, no nos hemos presentado, mi nombre es Jiho y él es Nian, que no te engañe, no es tan antipático como parece de primeras—. Una vez dentro lo primero en llamar mi atención fue un cuadro de un pescado en la pared, era peculiar, pero tenía su encanto, Mientras miraba el cuadro un gyojin se acercó a mi lado y observó el cuadro conmigo por unos breves segundos —Iba a quitar este cuadro, pero le agarré cariño... ¿Quién eres muchacho?— Me volteé a mirarle, era un gyojin verde, de una considerable estatura, dos tercios de la mía aproximadamente, y tenía una expresión seria en su rostro —Mi nombre es Juan señor, he venido con la intención de buscar al maestro del Dojo para aprender Gyojin Karate— Aquel hombre se volteó hacia mi y tomó algo de distancia para no tener que girar mucho su cuello al mirarme a la cara —Tienes delante al maestro del Dojo, mi nombre es Batch Kalão. Ahora responde ¿Por que quieres aprender Karate Gyojin?— Su mirada era seria, sus ojos me daban a entender que no aceptaría palabras vacías o medias verdades —¡Para ser más fuerte!— Dije con determinación —¿Y para qué quieres ser más fuerte?— Mis motivos eran algo que tenía claro desde que era un niño, por lo que no dudé en responder una vez más, cruzando los brazos con orgullo sobre mi pecho —¡Para ser un héroe que salve a los inocentes de las injusticias!— El maestro me dio la espalda luego de esbozar una ligera sonrisa —Me satisface, aunque siento curiosidad por lo que entiendes por "Justicia" .Empezarás esta tarde después de la comida— Una vez aceptado como estudiante Jiho puso la palma de su mano abierta, sobre la que cayó una moneda de parte de Nian, esos dos por lo visto se entretenían a su manera con los novatos, pero no se veía mala fe en ellos.
Parte 3: Comienza el entrenamiento
Una vez aceptado en el Dojo, me puse un Gi que me habían dejado y me dirigí al patio, donde el maestro me había indicado para comenzar mi entrenamiento. De camino me crucé Con Kuririn, que estaba limpiando en pasillo de madera con un trapo, corriendo de punta a punta del mismo. Al verme se detuvo —Te han aceptado como supuse, el maestro puede parecer muy serio pero siempre admite a las personas determinadas a aprender. Esfuérzate al máximo, los entrenamientos del maestro no son sencillos— Sin que me diese tiempo a hablar volvió a correr limpiando el piso mientras de despedía —¡Buena suerte centollo!— Tener a alguien conocido cerca era un alivio a decir verdad, sentía que si en algún momento tenía problemas podría hablar con alguien.
Al llegar al patio lo primero que hice fue fijarme en lo bonito que era todo, el bordillo de madera te permitía sentarte, apoyando los pies en el césped que estaba perfectamente cuidado y el sonido de una cascada sonaba de fondo, ayudándome a enfocar mis pensamientos. Mientras me relajaba allí apareció el maestro —Has llegado rápido, eso está bien. Antes de empezar necesito saber cosas de ti ¿Qué sientes que te falta? ¿Qué necesitas?— Me mantuve callado por un momento, intentando buscar una respuesta, si quería ser más fuerte era porque carecía de algo eso es evidente ¿Pero el qué? ¿Más fuerza física? Por supuesto que estaría bien, pero no era eso lo que buscaba en el Karate Gyojin, eso era algo que podría trabajar por mi mismo. Después de pensar alrededor de un minuto pude pensar algo coherente —Quiero ser más completo, poder desenvolverme en cualquier situación— Tras responder, el maestro tocó por encima mi hombro y mi espalda, dando la impresión de que estaba analizando mi físico —Tienes buen cuerpo, sólido, resistente. Si quieres ser más completo entonces debes trabajar tus debilidades, fluir como el agua, eres sólido, resistente, pero también, rígido, estático. Se de algo que te podría ayudar, ven conmigo—
Batch se levantó y me llevó a una zona del Dojo que estaba algo más abandonada, tenía un estanque, que, a diferencia de los que había visto hasta ahora, estaba bastante mugriento, lleno de algas verdes por todos lados y con un lodo oscuro en el fondo. —Tienes que limpiar este estanque— Miré al estanque y lo miré a él, cuando me devolvió la mirada le dije —¿Qué?— Ambos miramos al estanque y nos volvimos a mirar mutuamente —Limpiar el estanque... Con esto— Un cepillo de mano apareció de algún lugar, yo juraría que él no llevaba nada encima, y lo dejó caer en mis manos. Un incómodo silencio pareció acallar incluso la cascada que sonaba de fondo, una vez más, al unísono ambos miramos el estanque y nos volvimos a mirar mutuamente —¿Qué?— Está vez al mirarle vi que tenía un cubo de madera en la mano —Antes hay que vaciarlo por supuesto, usa esto— Miré el cubo, miré el lago y le miré a él, mientras me sostenía la mirada —¿Qué?— Entonces, después de asentir, como si lo que me había mandado fuese lo más normal del mundo, se fue, y allí me quedé, solo, bueno, solo no, acompañado de un cepillo, un cubo y un apestoso estanque. Ante esto solo había una cosa que podía decir, apagado, sin sentimientos ni esperanzas —¿Qué?—
Desde la distancia Nian y Jiho observaban la escena, al pobre crustáceo que se había quedado en el sitio, diciendo "¿Qué?" como un disco rayado, tardaría unos minutos en recuperarse —¿No es excesivo? Poner al nuevo a limpiar el estanque en su primer día?— Su compañero asintió con cara de preocupación —Solo mírale, se ha roto, pobrecillo— Kuririn por su parte cerraba los ojos intentando no pensar en su amigo, se hacía a la idea de lo que le tocaría a Juan como entrenamiento al ver a donde se dirigía para hablar con el maestro, se lamentaba del destino que se cernía sobre su amigo cangrejo mientras escuchaba varios "¿Qué?... ¿Qué?..." de fondo —Se fuerte Juan— dijo entre dientes mientras seguía con sus labores
Al cabo de unos minutos me recompuse, afortunadamente había visto a Kuririn en acción, así que sabía que el entrenamiento tendría sus frutos. Así que agarré el cubo con mi pinza empecé a llevar agua desde el estanque sucio hacia el que se encontraba a unos 50 metros, que se encontraba vacío. El trabajo era duro, los primeros cubos los pude llevar fácilmente, pero después de una hora moviendo cubos de un estanque a otro mi pinza comenzaba a doler y me temblaban las piernas. Sumado a eso, mi moral empezaba a flaquear, después de una infinidad de cubos, el estanque permanecía prácticamente igual —Se está riendo de mi, este maldito estanque se ríe de mi, tch— pensé, frustrado por la situación—Ni siquiera eres un estanque... Solo eres un charco grande, un charco feo y apestoso— Tras decir esto, la cordura regresó a mi —¿Qué estoy diciendo? Me estoy peleando con un estanque...— Me enjuagué la cara y proseguí con mi tarea hasta que cayó la noche y ya no se veía nada. Tenía la intención de hablar con Kuririn antes de dormir, pero parecía que yo era el último en terminar y, de todas formas, tampoco tenía muchas fuerzas para charlar, anhelaba la cama como si de un tesoro se tratase.
Al día siguiente me dolía todo, principalmente la espalda, pero eso no me iba a detener, si algo debía tener un marine era disciplina, y yo no sería menos. Mientras trabajaba intentaba pensar en la lógica de todo —Estoy moviendo agua...¿Yo soy agua? No, no, eso es estúpido. Yo soy el cubo...— Pero no encontraba nada. Sin resultados llegó la hora del desayuno, donde me encontré con Kurilin —Buenos días Juan ¿Cómo lo llevas?— Me dijo mi amigo, intentando animar el ambiente, a lo que solo pude responder —¿Qué?— El pequeño gyojin me miró aterrado, hasta que vio mi cara, con una sonrisa burlona. Volviendo a hablar con normalidad le dije —Pues estoy jodido la verdad, me duele todo y ni siquiera sé por que estoy haciendo esto— Kuririn solo asintió mientras se comía su cuenco de arroz con algas —Si pudiera decirte algo lo haría Juan, ya lo entenderás— Eso era algo que yo ya sabía, cuando ayudaba a mi padre en el taller siempre me decía lo mismo "Hay un significado en descubrirlo por ti mismo" Aunque yo tampoco pedía una respuesta final, tan solo un poco de ayuda.
Al terminar el desayuno, aproveché para buscar a Jiho y Nian, ellos llevaban mucho tiempo siendo alumnos del Dojo, quizás podrían darle algún consejo o aunque sea una pequeña pincelada de información. Me dirigí a sus dormitorios y cuando llamé a la puerta, esta se rompió, cayendo de forma estrepitosa al suelo. Me quedé mirando fijamente a la nada mientras pensaba —¿De que mierda hacen las puertas hoy en día?¿No puede ser mi culpa verdad? Si yo solo...— Pero bueno, la puerta carecía de importancia, las puertas van y vienen, el conocimiento se mantiene. Entré en la habitación, aprovechando que estaba abierta, pero no había nadie, así que decidí volver al trabajo pero, cuando ya estaba saliendo de la habitación, un Den Den Mushi, comenzó a sonar —No debería...Pero ¿Y si es una emergencia?— Pensé, en un intento burdo de justificar mi curiosidad. Así que respondí la llamada del Den Den Mushi mientras decía —Yeheii ¡¡Buenos días!! El cubo al habla—
GRAND LINE
—¿Yehei?— musito con suavidad y confusión la voz femenina al otro lado del Den Den Mushi, la primera impresión se esfumó, y su mente se quedó con la siguiente frase —¿El cubo al habla?— repitió soltando una encantadora sonrisa, que se sentía como un primer rayo de sol de la mañana —¿Y por qué habla el cubo? ¿O era por que el cubo cruzo el mar?— bromeó con dulzura sin dejar las risitas de lado.
—Perdón Perdón... Estoy pasándolo mal con rutina del maestro Batch Kalão y veo cubos en todas partes jeje— aquella voz me resultaba extrañamente familiar, pero no conocía a nadie que tuviese relación con Jiho o Nian así que lo dejé pasar —¿Necesitas algo de Jiho o Nian? No están aquí ahora, puedo decirles que has llamado si quieres.—
—¡Ooooooh!— la sorpresa fue palpable —¿Estas entrenando con mi Maestro Bacalao? Mi Maestro Bacalao es el mejor pez verde que he conocido, pero es un pez de verdad verdad, no es un cuadro en la pared. ¡Cuidado que te confundes!—Me advirtió, (Recordando su propia confusión y como le habló a un pedazo de papel, un pedazo de papel muy convincente si le preguntaban) —¿También te está haciendo limpiar el Dojo? Mi Maestro Bacalao es un tacaño, debería pagarle a alguien para que limpie, uno de esos fanáticos de “muerte a los gérmenes, sin piedad a la mugre”— bromeó al tiempo que me contaba un poco sobre su propio entrenamiento, y como la cotilla que era, prosiguió —¿Sabes? Estuve por días limpiando las lozas del lado sur, o eran del oeste, da igual… lo importante es que solo tenía que limpiarla con un trapo y agua, y luego el gran bambú defectuoso, esperar que se llenara de agua y reponerla en todas la piscinas y charcos del templo… ¿Tanto cuesta un fontanero para que repare sus… tuberías? Por eso es verde, porque es tacaño… o porqué está haciendo la fotosíntesis… ¡Hay que hacer la fotosíntesis, Cubito y seremos verdes!— empezó a contarle, pero divago con su particular y simpática locura —Cubito…— —¿Cubito?— Pensé, parecía que me había bautizado con ese mote tan… único —Al principio tampoco entendí lo que Mi Maestreo Bacalao quería de mi… llegue a enojarme muchísimo con él pero…— se calló por un momento y, aunque yo no pudiera verla, la voz estaba mirando sus propias manos y recordando lo que el Karate Gyojin había hecho por ella, y como había cumplido el propósito por el cual subió aquella montaña llena de bonsáis —… aunque no entendamos al principio sus métodos, él sabe lo que hace porque "cada discípulo es un individuo distinto de enseñar", esas fueron justo sus palabras, nunca las olvidaré… como nunca podría olvidar su consejo, y… aunque no debería, escúchame bien…— la voz empezó a susurrar como si fuera a contar un secreto que nadie más que nosotros debiésemos escuchar —… la esencia del Karate Pez radica en nadar, fluir, menearse como el agua del mar, hay agua en todos nosotros, y lo usas a tu favor, porque el agua es... VIDA... y así podrás aprender los puñetazos, patadas, kung fu-siones, sambas, origamis, kimchines… del Ancestral y MEJOR Karate Pez— explicaba a su manera caótica, cuando a lo lejos se escuchó un lejano pero sonoro e indescifrable “… comid… ve… fru…” —¡Desayuno! Tengo que colgar a la piruleta… la verdad llame para saludar a mis amigos, si puedes trasmitirle el mensaje lo agradecería, no se cuando pueda volver a llamarlos, también me están haciendo entrenar, Cubito. Diles que los quiero muchísimo, y que si todo sale bien en unos meses estaré en el paraíso acuático del cual me hablaron, el gigante sabe cómo llegar, dijo que eventualmente pasaremos por ahí… Y Cubito, tu puedes lograrlo, confía en tu corazón de pecesito… y en tus puños, cola, aletas, pinzas, lo que tengas, y nunca olvides porque fuiste... eso siempre me lleno de confianza y determinación… un abrazo sirenezco, Yeheeei— habló con rapidez, sin perder la hermosa esencia que transmitía, luego solo se escuchó un piiiiiiiiiiiiii…. Y finalizo la conversación.
La conversación me dejó algo... ¿Confuso? Había sido como si una tormenta arremetiese contra mi, sin la posibilidad de hacer nada ante ella, realmente un sentimiento nostálgico, me hacía preguntarme que sería a día de hoy de la pequeña María... Pero había sacado cosas importantes de esta conversación, fluir... ser como el agua... ¿Origamis? Si me paraba a pensarlo, ahora todo tenía un poco más de sentido, además, era reconfortante ver que no era el único en sentirse tan confundido, me sentía acompañado por alguien más a pesar de desconocer a que distancia se encontraba. Antes de volver con el entrenamiento, debía ver a Nian y Jiho, transmitir el mensaje de aquella mujer era lo mínimo que podía hacer, después de todo me había ayudado mucho. Fui a la entrada del Dojo, donde me encontré con ellos por primera vez y allí estaban, podando uno de los bonsáis del jardín de la entrada.
—¡Buenass! Mientras pasaba por enfrente de vuestra puerta escuché como sonaba el Den Den Mushi y entré a cogerlo por si era importante, la puerta se ha roto sola. Tengo un mensaje para vosotros de una chica, dice que os quiere muchísimo y que pronto estará en el paraíso acuático del que le hablasteis, que el gigante conoce el camino y que... Y ya, eso es todo— Ambos me miraron arqueando una ceja —¿Qué dices de la pue-?— Nian se vio interrumpido bruscamente por Jiho —¡Fue cielo ¿verdad?! Ha llegado tan lejos...— A Jiho se le saltó una lágrima al oír noticias de su amiga y mientras, Nian asentía con orgullo, como si de un hermano mayor se tratase. —Bueno Juan, ahora y sin ánimo de arruinar el ambiente ¿Qué ha pasado con la puerta?— Dijo Nian Yo le hubiese respondido sin problemas, pero para cuando terminó de formular su pregunta, ya me encontraba lejos... Muy lejos... Allá donde los problemas no pudieran encontrarme... El cariño que la gente le tenía a las puertas era algo bastante curioso, las puertas se cierran... Se abren... Van... Vienen... Si te parabas un segundo a pensar en ello, tenía un aire hasta filosófico.
Con los ánimos renovados volví a mi tarea, agarra cubo, vacía cubo y repetir, pero esta vez algo era distinto, podía ver más allá, entendía el propósito. Cada vez que recogía agua con el cubo, observaba como el resto de agua del estanque se arremolinaba alrededor del espacio que había sido ocupado por el cubo y al soltarla en el otro estanque, me fijaba en como las ondas de agua se extendían por toda la superficie. Fluir... El agua que hay en todos nosotros... Pasó un día, y el estanque quedó vacío. Con esta tarea terminada quedaba la segunda parte, cepillar toda la superficie, una tarea más rápida, pero también más difícil de entender, pero no importaba, sabía que había un propósito, así que lo haría sin titubear.
Terminé la segunda tarea en tiempo récord y, como si me hubiese estado espiando, el maestro apareció junto a mi. —Buen trabajo. Ha sido bastante rápido— La aprobación del maestro me lleno de alegría, a pesar de que él no me había enseñado nada directamente —Si, y creo entender el propósito de vaciar el estanque, ver el agua fluir, repetir con persistencia, como el agua misma. Pero la parte de cepillar el fondo no he llegado a entenderla, simplemente no lo entiendo— El maestro no cambió su serena expresión ni por un instante ye me dijo —¿Eso? Bueno ya que vacías el estanque los suyo era aprovechar para limpiar un poco, nada más— Al escuchar eso se me marcaron las venas de la frente, lo que era difícil debido a mi coraza —Pero bueno, vamos con lo importante, emplea lo que has aprendido, siente el agua dentro de ti, intenta dirigir su rumbo— Me puse manos a la obra, cerré los ojos y me concentré en lo que había aprendido, —el agua de mi cuerpo, desde los pies hasta mi cabeza, todo vivo, todo libre, y ahora lo muevo todo hacia la punta de mi dedo— Al hacerlo una pequeña, minúscula gota apareció en la punta de mi dedo y se mantuvo en este, desafiando las leyes de la gravedad. —Remarcable para ser el primer intento, intenta llevar algo más de agua a la punta para hacer un tamaño decente y luego, lánzalo hacia adelante, repite eso hasta que logres dejar una marca en el árbol—
Empecé con la nueva etapa del entrenamiento lanzando la gota que formé hacia el árbol pero apenas era como lanzar un chorrito de agua. —Esto va a ser más difícil de lo que pensaba— Dije para mi mismo, pero ya estaba cerca, ahora solo tenía que mejorar lo que tenía para poder aprender la nueva técnica. Gota a gota, paso a paso, pero no podía lograr aplicar propiedades ofensivas en el agua, algo me estaba fallando. En ese entonces pude recordar lo que aquella chica me dijo por el Den Den Mushi —Hacer la fotosíntesis... ¡No, eso no! Tengo que fluir, no solo hacer fluir la gota, fluir yo y que mi flujo arrastre a la gota— Hice un movimiento con mi brazo, acompañado por todo mi cuerpo y la fuerza de todo el agua que residía en mi para impulsar la gota, que fue lanzada contra el árbol, dejando un agujero en él. No lo había atravesado completamente pero, ahora si podía considerarse un ataque. Repetí este ejercicio 200 veces más antes de desmayarme en el sitio.
A la mañana siguiente fui despertado por Kuririn y el maestro que me encontraron en el suelo. —¿Estás bien Juan? Me has dado un susto de muerte— A lo que respondí —Cinco minutitos más por favor...— Kuririn se repuso, soltando una risa de alivio, seguida por una patada el la cabeza —¡Que te despiertes maldita sea!— Mientras Kuririn y yo discutíamos entre colegas, el maestro Batch Kalao se quedó mirando el árbol, o lo que quedaba de él, ya que estaba hecho astillas en mayor medida —Veo que has progresado de forma satisfactoria, aunque solo hay una forma de verificar la eficacia, en combate real. Kuririn, ten un duelo de Uchimizus con Juan, a un disparo— Kuririn asintió y ambos nos movimos a nuestras posiciones, a 15 metros el uno del otro y dándonos la espalda mutuamente. La tensión se palpaba en el aire, no era el escenario ideal para estar recién levantado, un duelo real contra alguien que ya era un experto en varias técnicas era sumamente arriesgado. El maestro empezó una cuenta de diez regresiva, podía sentirlo todo, los latidos de mi corazón, el sonido del agua de mi cuerpo, la cascada que caía de fondo, y de repente escuché —¡¡Ahora!!— Al escuchar la señal mi cuerpo se movió por instinto, me di le vuelta, pero Kuririn fue ligeramente más rápido que yo, pero no que mi desenfunde, por lo que antes de que él pudiese ejecutar su disparo, yo usé Uchimizu primero y le logré golpear en el hombro. —Nada mal Juan, nada mal— Me dijo mi amigo mientras se sujetaba el hombro para contener la hemorragia —Ve rápido a que te atiendan Kuririn, lo habéis hecho bien los dos. Te falta algo de agilidad para pelear con soltura Juan, no lo olvides— Sus palabras eran duras, pero cargadas de un orgullo que se esforzaba en disimular, no parecía ser de los maestros que le daban una palmada en la espalda a sus alumnos y les decía cosas bonitas —Es que me acabo de despertar maestro— Dije, con una expresión guasona en mi rostro.
Unas horas después del duelo, fui a ver a Kuririn, que se encontraba tendido en un futón ya con el hombro vendado —Ahora me siento mal ¿Cómo estás?— Mi amigo sonrió con orgullo —Hace falta mucho más que esto para acabar conmigo hombre. Tienes talento para esto Juan. Pero no te relajes, aún hay mucho que puedes aprender del kárate Gyojin, Uchimizu solo es una técnica más— No podía imaginar lo lejos que podría llegar si esta era una de las técnicas más básicas, estaba deseando practicar más, aprender nuevas cosas. Pero eso tendría que esperar, tenía una misión que cumplir y debía volver con mis compañeros.
Así pues, me despedí de los amigos que había hecho en el Dojo, Nian, Jiho, Kuririn y el maestro Batch Kalao y bajé la montaña de regreso a la costa de la isla, más fuerte que ayer, pero menos que mañana y con la autoestima renovada. Lo que más rondaba mi mente en el camino de vuelta era, aquella antigua alumna del Dojo, esa forma de hablar... —Es imposible ¿Verdad? Si, no puede ser que sea ella—
Llegué a la costa y me encontré con Akira. Por lo visto No se pudo recolectar mucha información en estos días, así que deberíamos tomar el riesgo de ir a ciegas a la localización que nos habían facilitado. Era peligroso, pero ahora era más fuerte, no tenía nada que temer y por lo visto, Akira también contaba con aires renovados tras su entrenamiento. Aunque dentro de mí ardía un deseo de seguir volviéndome más fuerte, necesitaba serlo si quería cuidar de mis compañeros y sabía que aún tenía muchísimo que aprender del maestro y del Kárate Gyojin
Resumen
Off

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