[Pasado] | The Room Where It Happens | [Social] [Privado-Tezca] [+18]
#21
Sus ojos estaban centrados en un solo punto, sus dedos seguían moviéndose, cada vez incrementando más la velocidad. Verlo con semejante expresión y disfrutar de verlo sentirlo de ese modo. Odiaba que tuviera que cubrir su boca, quería escucharlo. Sus labios se adentraron más, moviéndose en lo más profundo. Su nariz alcanzó la pelvis ajena. Quería escucharlo, incluso si era a la fuerza. Satisfacerlo como nunca antes lo había hecho. ¿Iba a terminar? Entonces estaba haciendo bien su trabajo. Quería que lo hiciera, quería notar qué tanto lo disfrutaba. Su concentración ahora se centraba en la erección ajena, apartando ligeramente sus labios, sin dejar de trabajar con su propia lengua en la punta del miembro.

 
—Entonces solo córrete.

Verlo, sentirlo con la tensión de la excitación. Sabía que estaba haciendo un buen trabajo incluso si era la primera vez que realizaba aquel acto. Quizás era demasiado bueno, o quizás solo dejándose llevar estaba siendo sencillamente excelente para el hombre. Mejor, eso era justo lo que quería. No lo iba a-...

Pere-Pere-Pere

Ah, mierda. ¿Eso era el Den-Den Mushi? ¿Cómo en un momento como este? Lo ignoró. No sabía a quién pertenecía y ahora mismo no le importaba en lo absoluto. Solo buscaba disfrutar del momento. Era demasiado especial para que un maldito Den-Den Mushi lo interrumpiera. Le daba igual quién-...

Pere-Pere-Pere

No, no haría caso. Siguió la labor, sus labios ahora separándose, usando la mano contraria para masturbarlo, mirando los ojos del contrario. 

Pere-Pere-Pere

—Espera… esa cosa está sonando. — La vena comenzó a marcarse en su frente, cargada de furia. ¿Quién se atrevía a interrumpir un momento como ese en un momento tan malditamente importante? Retiró los dedos, con furia marcada, buscando de dónde provenía el condenado ruido. Encontró, entre la ropa, el sonido que seguía molestándolo. ¿Cómo se atrevía? Todavía tenía la erección intacta, palpitaba entre sus piernas. ¿Cómo un idiota se atrevía a interrumpirlo? Tomó el caracolito, dejando que el sonido se escuchara alrededor. 

—¿¡QUÉ!?

Su voz sonaba ronca en el grito que expulsó desde lo más interno que sus pulmones le permitían, sentándose a un lado de la cama. —Pensé haberte dicho que aprendieras a responderme. — La mano apretaba el Den-Den Mushi al reconocer la voz. Le molestaba, mierda, cómo le molestaba... Y en un momento como ese. —Estaba ocupado.

—¿Con Norova? — Sus ojos volvieron hacia el rubio. Ah, mierda, lo odiaba, el momento, la situación. Sin embargo... se le ocurrió algo. Sonrió de medio lado, mirando a Tezca. Elevó su mano hasta los labios ajenos, cubriéndolos con su zurda, elevando la diestra hasta los suyos propios en señal de silencio. 

—¿Acaso lo has olvidado, viejo? Tengo que terminar de castigarlo. ¿Pensabas que lo del restaurante sería suficiente? — Apenas pronunció dichas palabras, su expresión era ahora divertida, tomando su propia erección, apuntando directamente en la entrada del rubio. Nunca antes había mentido a su jefe hasta entonces. ¿Se podría considerar siquiera un castigo? —No te preocupes, Raigo, no voy a faltar si eso es lo que te preocupa. — Penetró despacio, muy despacio, apenas solo logrando introducir la punta en la entrada del joven. Se relamió, divertido, ahora buscando la mirada del contrario. Ah, quizás no era tan mala opción que lo interrumpieran. ¿Podría soportar sus gemidos ahora?

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#22
Que molesto.

Me quejé al sentir como su atención se iba a otra cosa, el teléfono, mientras me dejaba ahí, sin más: completamente desesperado y frustrado, respirando profundamente mientras intentaba calmar la velocidad a la que latía mi corazón, parecía molesto ¿Se podría tratar del hombre rubio al otro lado de la línea? Lo dejé sentarse a lado de la cama, mientras los seguía con la mirada, esperando recuperar su atención: la erección dolía y quería tocarme, pero debía admitir que mi atención se veía desviada a la inesperada y mal recibida llamada.

Sonreía ¿podrían ser buenas noticias? Lo miré con confusión, silencio. Por supuesto. Entonces debía tratarse del rubio, ahora casi podía confirmarlo. Por mala suerte para todos:

Yo no sabía seguir otra indicación que no fue mi propia voluntad.

Ahora podría cobrar venganza de la cena ¿O es que creía que no haría nada al respecto? Lo entendía, pero estos actos no pueden quedarse sin castigo, justo como decía el pelinegro. Lo miré con total atención, mordiendo mi puño intentando hacerle creer que no haría ni un ruido, encogiendo los dedos de los pies ante el placer, abriendo uno de los ojos para poder observar al hombre y sonreír con malicia. Esto podría empeorar las cosas por mucho, por demasiado pero eso lo volvería demasiado entretenido. No sabía si la excitación me hacía mucho más estúpido o una vez más confiaba en la suerte ciegamente, tal vez solo actuaba por un impulso animal. Tal vez era todo eso y más.


O tal vez solo quería demostrarle de quién era Jin. 


Gemí ruidosamente, a propósito, tan vocal como siempre, moviendo las caderas y aferrándome a su cuerpo para intentar sentirlo más profundo, aproveché la diferencia de estatura para bajar la cabeza, encorvándome para alcanzar su rodado botón, atendiéndolo entre mordidas y besos, succionándolo con fuerza, haciéndolo sentir lo que me había hecho anteriormente, chasqueando la lengua, separándome ligeramente con la respiración entrecortada. —Si sigues en el teléfono voy a pensar que quieres invitar a alguien ¿me entiendes?— Por supuesto estaba ligeramente molesto,hablando lo suficientemente alto, llevando mis manos a su cadera, acercándolo más. — por favor…— Eso último fue casi un susurro, suplicante, alzando la mirada.
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#23
Mierda... Maldición... ¿Cómo era posible que todo se torciera de esa forma? Solo podía verlo a él, llegando casi a olvidar por un momento que en el otro lado de la línea se encontraba uno de los mayores peligros a los que se enfrentaba. Tuvo que apretar su mandíbula con fuerza, tanta que se marcaba. Estuvo a punto de eyacular allí mismo, en ese mismo instante. Requirió de toda su maldita fuerza de voluntad para no hacerlo allí mismo, en ese mismo instante. El vaho salía de entre sus labios, sus muslos temblaban. —Ya veo que te estás tomando tu tiempo. — Sus ojos se volvieron al Den-Den Mushi al escuchar la voz del contrario. Dudaba que a su jefe le sorprendiera ese momento, pero ahora todo estaba en un momento demasiado peligroso para pasarlo por alto. Instintivamente buscó reacomodar la mano en los labios de Tezca. ¿Acaso no veía que intentaba salvarlo?

Mordió su labio inferior ahora con fuerza, muy severa. Mierda... No... Se sentía demasiado bien. Las venas se marcaron en su cuello cuando la atención a su botón se hizo más perceptible. Su mano descendió al miembro ajeno, masturbándolo de nuevo, sus ojos descendían buscando su mirada. Abrió sus piernas por la nueva posición. Elevó inconscientemente su cabeza, sumido en el placer, peleando internamente por no emitir demasiado ruido. ¿Acaso alguna vez se había contenido de esa forma? Lo dudaba...

—¿Qué mierda quieres, viejo? Ve al grano.

Las palabras salían temblorosas, usando ahora el caracol de modo que ambos pudieran escucharlo. Los labios del Den-Den Mushi ahora simulaban un altavoz, donde la voz Raigo, algo más firme y amenazante, hablaba. —No es ese el tipo de castigo que esperaba para el Norova. También sé que no volviste anoche. — Los muslos de Jin temblaban violentamente. Se estaba desesperando quizás tanto como Tezca. Se suponía que tenía que ser especial, pero estaba deseando penetrarlo de golpe, hacerlo enteramente suyo, llenarlo hasta que no pudiera más. Mierda, mierda... Se sentía demasiado bien. Un momento. ¿Qué le había dicho Raigo? El silencio era demasiado largo, tratando de centrarse y regresar en la mente las palabras del Gran Jefe de su propio clan. —¿De qué te preocupas tanto? A veces no me gusta que me estés vigilando el... Haahh... Trasero, maldito viejo... — mierda, lo necesitaba. Los susurros de Tezca lo convencían, el cuerpo que lo estaba convenciendo de solo tomarlo enteramente suyo. Ambas manos rodearon las caderas del contrario, tratando de frenarlo. Si lo penetraba su autocontrol se iría en... A saber dónde, maldición. ¿Invitar a alguien? Como si fuera a dejar que alguien más pusiera sus asquerosas zarpas sobre él.

—Esa invitación parece tentadora, Jin. — el fastidio llenó el rostro y expresión de Jin, quien volvió la mirada al caracol, ahora molesto. Ah no, eso sí que no. Ya no le importó que los escucharan, lo sujetó firmemente en aquel abrazo, tensando sus músculos, entrando sin avisar de una sola estocada, penetrándolo sin el cuidado inicial. Ahora eso se había convertido en una guerra de pertenencias.

Tezca era solo suyo. De nadie más.


—Dime la maldita hora viejo y cierra el pico, puto viejo... — Sus labios fueron al hombro ajeno, mordiéndolo sin cuidado alguno, ni siquiera cuando sintió el sabor de la sangre frenó. No. Eso sí que no. ¿Raigo con su ahora amado? No, nunca. Por encima de su cadáver. No esperó a que Tezca se adaptara. Ahora ni siquiera pensaba en las posibles consecuencias, solo buscó penetrarlo, moviendo sus caderas, deshaciendo el abrazo, sosteniendo sus glúteos y empujándolo hacia abajo para seguir moviéndose más profundo en él. Ni siquiera teniéndolo sentado frente a él, o estimulándolo. Apretó ambos glúteos con más firmeza, solo haciendo que lo sintiera más ante la tensión. Sus ojos solo podían buscar la mirada del contrario, ahora sí, separando sus labios entre jadeoos.

Tezca Norova no podía ser de nadie más. No lo iba a compartir ni muerto.
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#24
A toda acción corresponde una reacción igual y opuesta
 
Había terminado sobre la mano ajena, aferrándome a él con fuerza mientras fruncia el ceño. Había sido rápido, sin duda, ya no había podido resistirlo más, acallando mis gemidos al morder mi labio inferior con fuerza. Las voces apenas volvían a ser tangibles, logran describir la escena en mi mente de algo que solo había sido un algo de sensaciones al azar hasta culminar en mi liberación. Mi cuerpo se estremecía, incluso sentí la ligereza de lloriquear, carajo ¿Es que acaso el hombre del den den mushi no se podía callar?
 
 
Y solo empeoraba, aunque en el fondo lo esperaba. Algo en las palabras del hombre al otro lado del den den mushi había tocado una fibra sensible; se notaba en la manera en que había mirado el teléfono, como si aquel objeto inofensivo se hubiera transformado de pronto en el objeto de su enojo y destrucción. Su expresión se tensó, lo suficiente para delatar que el mensaje había calado más hondo de lo que estaba dispuesto a demostrar. Me estremecí al sentirlo tan profundo de una sola estocada, mi mandíbula tensándose, pero no estaba seguro si era por su brusco acto o por la mordida que punzaba sobre mi hombro, provocándome un agudo gemido desde lo profundo de mi garganta. Había caído a la cama una vez más. Sin poder recuperarme, mirándolo con los labios entreabiertos, jadeando desesperadamente. —Jin… Se…— Ni siquiera podía hablar, su nombre había escapado de mis labios, pretendía ser más formal al estar en altavoz pero me había sido imposible, sintiendo que estaba cerca una vez más, me sentía ligeramente cansado pero no quería parar, moviéndome a la par del mayor, alcanzando el den den mushi, intentando que mi voz saliera lo más normal posible. —El… señor Jin parece ocupado, nos… ¡ah! vemos en la noche. Que tan una excelente tarde. — Y le colgué, dejando el caracol lo más lejos que podía para atraerlo a mi, besándolo.
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#25
Las palabras de Tezca lo alcanzaban y, aún así, no era capaz de frenar. Sus movimientos fueron mas bruscos, lanzándolo contra la cama boca arriba. Sus dientes se separaron de su hombro al momento que se atrevía a escucharlo contestarle a su jefe. ¿Se atrevía a contestar esa provocación? No, eso sí que no. Sus labios no podían apartarse de su piel, terminaron ahora en la zona de la nuez, succionando la piel de dicha zona mientras lo escuchaba contestarle. Él era suyo, maldita sea. No permitiría que Raigo pusiera un solo dedo encima de ese hombre. Por encima de su maldito cadáver. Sus caderas no cesaron, solo fueron más bruscos, solo parando un segundo para respirar, apartando sus labios de su cuello, dejando su miembro en lo más profundo del contrario para que pudiera terminar de hablar sin que la voz se le hiciera demasiado ronca. A estas alturas sospechaba que su jefe ya sabía qué estaba ocurriendo y, al menos por el momento, no le importaba. 

—Venid a las doce. A medianoche. En el lugar de siempre, Jin. — El tono de la voz se había vuelto más severo, ¿acaso le importó a Jin? Estaba tentando a la suerte. Por suerte para entonces Tezca había terminado la llamada, el caracol respondió ahora con silencio hasta caer al suelo. Las manos de Jin descendieron hasta la zona posterior de su rodilla... más bien de ambas piernas, elevándolas de forma que sus rodillas casi alcanzaban los hombros ajenos. Las caderas se movieron con violencia. Si no fuera flexible quizás sería algo problemático. Dio una nueva embestida, dejando escapar un gemido de entre sus labios. 

Aceptó sus labios, besándolo con la misma pasión inicial. No podía parar, se suponía que eso debía ser especial, pero algo dentro de él al escuchar a su jefe aceptar aquella invitación lo había llenado de algo... distinto. Quizás eran celos, no lo sabía, pero era lo que más encajaba en ese momento. No quería que nadie lo tocara, nadie más que él. Mierda, mierda... Sus caderas se movían sin cuidado alguno, sentía cómo lo apretaba, cómo solo buscaba más sus labios. 

Dejó las piernas encima de sus hombros, ahora buscando las manos, elevándolas encima de su cabeza. El cabello desparramado por toda la cama era una visión digna de los dioses. No, el propio Tezca, desde sus ojos hasta su forma de respirar, todo eso sí era digna de dioses. Se sintió el hombre más afortunado del mundo mientras los dedos se cruzaban entre los ajenos, entrelazándose entre sí. Separó sus labios unos segundos, con los ojos fijos en el hombre, con una mirada no solo cargada de deseo, también cariño, una expresión que no sabía que era capaz de hacer nunca antes. Sus ojos enfocados en el hombre, en la belleza que se posaba frente a él. Frenó por un segundo, con sus caderas una vez más pegadas a él, toda su virilidad en el interior del hombre. El vaho escapaba de entre sus labios.

 
—No dejes que nadie te toque así... 

Hizo una pausa, soltando una de las manos para posicionarla en la mejilla ajena, plantando un nuevo beso en sus labios. —Me volveré loco si vuelvo a ver una marca que no es mía en tu cuerpo. Solo imaginarte con Reigo... Me cabrea. — Apenas lo murmuró, moviendo sus caderas, sin apartarlas, haciendo un movimiento circular para que pudiera sentir más toda la extensión. —No me importa hacerte tan adicto a mí como yo de ti. — Sus ojos no podían dejar de verlo. ¿Siquiera era capaz de vivir sin él? Sus labios descendieron hasta su cuello, paseando la lengua por las zonas que había marcado como suyas. 

—No olvides que ahora eres mío...
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#26
El hombre era único sin duda, desde lo que me hacía sentir hasta la forma en la que me observaba. Era tan extraño, un amor que realmente nunca había sentido: Algo en lo más profundo de mi ser que aún en esa posición tan incómoda me provocaba una profunda ternura, una profunda excitación ¿me excitaba ser amado? ¿Eso era raro? El hombre me llenaba por completo, de todas las formas que podía imaginar, aunque podía imaginar la suavidad de sus estocadas si todo esto no hubiera sucedido, agradecía internamente al rubio de cabello corto por provocar al mayor y que este resultado fuera tan satisfactorio. El ritmo lento nunca fue para mí de todas formas.


Estaba tan adentro que creí que no era posible, lo sentía palpitar a mi interior y me dolía la propia erección, mi piel estaba en fuego, casi como una fiebre, mirándolo al hombre de la misma forma que me miraba; con mucho amor y sus palabras llegaron después.


algo se removió en mi interior, tal posesión provocando una sacudida en mi intimidad mientras me acurrucaba en la palma de su mano. — No pienses en el, Jin, soy tuyo. Completamente tuyo ¿me entiendes? Me haces sentir como nadie.— Gruñí al terminar de decirlo, algo avergonzado, todavía sintiendo el fantasma de sus labios sobre los míos y entonces me liberé de su agarre, acercando mi mano a su rostro para acariciar su rostro a la par mirándolo con una sonrisa. De verdad lo amaba, maldita sea.


Bajé esa misma mano para comenzar a masturbarme una vez más, con cierta pereza, gimiendo mientras arrugaba la nariz ante la sobre estimulación, girando ligeramente la cabeza para abrir los labios esperando alcanzar la mano que me acariciaba, lamiendo su pulgar y esperando que tomara la indirecta. Necesitaba estar ocupado, me urgía estarlo. — Carajo…— Me quejé entre gemidos, cada vez más largos, cerrando los ojos al sentir como llegaba al orgasmo,  arqueando la espalda lo que provocaba que lo sintiera aún más y en un lloriqueo terminar por correrme ahora sobre mi propia mano, ciertamente exhausto, con las gotas de sudor sobre la gente y mirando al hombre de forma suplicante.

Aún así no quería detenerme.
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#27
Verlo acomodarse sobre su propia mano le hizo sentir un poco más de calma bajo la sensación de dolor que le provocaba imaginar al rubio con el jefe. Sus ojos no podían perder detalle ante la visión que tenía frente a él, la expresión que se le regalaba como la de nadie más, como la que solo quería ver en él. No iba a permitir que esa expresión fuera apreciada por nadie más que él. Respiró profundo, incluso con el sudor corriendo en su cuerpo, incluso con el pecho apretándole de esa forma. Sus labios descendieron hacia él, besándolo con ternura sobre su frente. ¿Cómo lo hacía para relajarlo en tan poco tiempo? 

Cerró sus ojos, agradecido por el toque en su propia mejilla, acomodándose en esa misma mano también que lo acariciaba. Elevó la propia, aprovechando el tacto de dicha mano, sintiéndose relajado ante las palabras que mencionaba. Por un momento incluso olvidó todo su alrededor, incluso el hombre que le llenaba de preocupación. Tomó la mano cuando sintió que buscaba separarlo, besándolo en la misma antes de soltarlo. Sus ojos descendieron, viendo que él mismo buscaba de nuevo seguir sintiendo más... Igual que él. Era tan malditamente hermoso, tan sexy... El calor y la temperatura no hizo más que ascender a medida que veía más su actuar. Tragó saliva, viendo su pulgar ahora hundiéndose entre los labios del rubio. Sintió mayor excitación. Mierda, no podía parar... Sentía que se volvería loco.

Introdujo más su pulgar, buscando así una mayor dominancia, ahora dejándose llevar más por el calor del momento. Su respiración más agitada, regresando los movimientos de su cadera, ahora mucho más bruscos, sin ningún tipo de cuidado. Se veía demasiado bien... Y su interior lo apretaba más. Arqueó la espalda, descendiendo su mano hasta el muslo ajeno, elevándolo a la altura de su cintura, buscando penetrarlo con mayor fiereza y fuerza. Apretó los dientes y los ojos, podía sentir el clímax, cómo el contrario también alcanzaba la misma. Quería que lo hiceran juntos, no quería terminar antes que él. Eso se suponía que tenía que ser especial, no brusco.

 
—¡T-Tezca!

El rojo se encendía en sus mejillas, su voz, grave habitualmente, se agudizaba incluso más entre gemidos. No podía dejar de decir el nombre de con quien estaba compartiendo su cuerpo, sintiendo que cada vez que lo pronunciaba era más y más especial. Apretó los dientes, arqueando la cabeza hacia atrás. Podía sentirlo, el clímax, el calor, la excitación, incluso con el cansancio que había acumulado, bajo el estrés que había estado sufriendo en las últimas horas antes de la confesión... Y allí estaba, ahora mismo con la persona que lo hacía sentir diferente, especial, único... De formas que ni él creía que se sentiría. Prácticamente terminó a la vez que él, en su caso, en el interior. Su cuerpo completo se tensó, sus músculos... Todo alrededor dejaba de existir excepto la persona que tenía frente a él. 

Jadeó, tratando de retomar el aliento, respirando poco a poco. Su dedo todavía dentro de la boca ajena. El pecho subía y bajaba, ahora, de repente, en una pequeña lucidez, recordando algo que de por sí era lo primero en lo que pensaba cuando se acostaba con alguien. Era la primera vez que se le había siquiera llegado a olvidar, incluso con Tezca. Elevó la mirada, con el sudor corriendo por su frente, mirándole con una media sonrisa. No era malicia, solo no sabía cómo reaccionar. —Lo siento, olvidé el preservativo... — Pero estaba seguro de que no era suficiente. Sus labios descendieron, buscando su cuello, besándolo. 

—¿Quieres una segunda ronda? 

Mierda, ni que fuera un virgen desesperado, pero no podía parar... estaba lejos de terminar. Ese era un día especial. Demasiado. No importaba lo demás, ahora mismo solo Tezca. Apretó más su pulgar entre los labios del rubio, apartándolos unos segundos solo en caso de que fuera a responderle. Estaba lejos de terminar y quedaban todavía muchas horas por delante.
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#28
El cansancio comenzaba a pasar factura sobre mi cuerpo. Al terminar, solo pude verme aún más cansado, respirando con pereza mientras liberaba el pulgar de mi mordida, me comenzaba a costumbrar a la sensación que el mayor me generaba cuando tomaba la decisión de terminar en mi interior y al escuchar sus palabras solo pude soltar una risita ¿Era de verdad? No solo esa sonrisa me encantaba sino la forma en la que sonaban sus palabras también tenía su encanto ¿O es que era lo absurdo de la disculpa? Después de tantas veces me parecía ilógico. —¿En serio acabas de disculparte por eso? Creí que era nuestra nueva normativa ¿me entiendes? Así que no te disculpes por una tontería así. — Hablé con cierta dulzura en la voz, mierda, el cansancio me hacía mucho más vulnerable, aunque… ¿No era esto también parte de la nueva normalidad?
 
 
Recibí sus besos moviendo la cabeza a un costado para darle más espacio, soltando un suspiro con lo mucho que disfrutaba el tacto del más alto y simplemente dejé un pequeño beso sobre su pulgar para retirar su mano de mis labios. Por más que me tentara sabía que tendríamos que parar: Aunque teníamos un par de horas era verdad que ambos necesitábamos una buena noche de sueño y descanso antes de enfrentarnos al viejo malicioso…. Nada más faltaba que fuera gyojin.  Alejé con cautela al hombre, separando su rostro de mi cuello todavía con una sonrisa en el rostro que no tardó en convertirse en una expresión de cansancio. —No creo poder resistirla, Jin... Al menos no sin desmayarme o ser un flojo de mierda. —
 
 
Me estiré en la cama, empujando al hombre de encima mío para que pudiera sentarme y finalmente levantarme. Estaba exhausto, por supuesto, pero me negaba a mantenerme así. Necesitaba una ducha urgente. — Voy a ducharme, no tardaré. Sé lo que piensas y ni se te ocurra. No otra vez. — No sabía ni dónde estaban las toallas, pero eso era un problema para después; algo encontraría en el baño, siempre se encuentra. Cerré la puerta tras de mí y, casi por inercia, giré la llave del agua caliente. El vapor comenzó a levantarse de inmediato, llenando el espacio con una neblina tibia que empañó el espejo y suavizó los contornos del lugar, como si el mundo se volviera menos nítido a propósito.
 
Me deslicé bajo el chorro con calma, dejando que el agua recorriera mi cuello y mis hombros, llevándose consigo el polvo del día, la tensión acumulada, incluso los pensamientos que no habían dejado de girar desde que todo había empezado. Cerré los ojos un momento, apoyando la frente contra los azulejos, y solté un suspiro largo, casi agradecido. El calor me envolvía de una forma peligrosamente reconfortante.

Con cada segundo que pasaba, el cansancio comenzaba a hacerse notar con más claridad. Sentía los músculos pesados, las piernas menos firmes, producto de los sucesos recientes. Un bostezo se me escapó sin que pudiera evitarlo, amplio y lento, acompañado de ese extraño vacío agradable que anuncia que el sueño está ganando terreno.
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#29
Una media sonrisa asomó de entre sus labios, ahora con la mente más relajada, con su sentido de la orientación volviendo en sí, sabiendo que estaba en esa casa, en ese dormitorio, en una cama. Todo hasta entonces se había vuelto solo y exclusivamente ciego con una sola persona; Tezca. No recordaba que fuera así habitualmente con nadie más. Desde luego, Tezca era único, eso cada vez lo tenía mucho más claro. Besó un lateral de su frente de forma cariñosa, cerrando sus ojos para mostrarle de ese modo su afecto. —Está bien. Lo tendré en cuenta para la próxima, Tezca. 

Tomó una pequeña distancia, observando al varón frente a él, aquella sonrisa que solo lo volvía más resplandeciente. Seguía preguntándose cómo podía haber tanta perfección en una sola persona. Sus ojos se entrecerraron en una expresión calmada pese a las ojeras que persistían bajo sus ojos por la ausencia de sueño y falta de descanso. Sus ojos descendieron viendo la mano que ahora trataba de apartarlo. A veces olvidaba que su lívido no era como el de otros. Él mismo retiró su erección de la entrada del hombre, también con cuidado. No es que tuviera mucho sentido ahora que había actuado con semejante violencia tras la llamada, pero si podía cuidarlo aunque fuera después, lo haría.

—No te preocupes, tienes que descansar. 

Se mentalizaba, con la idea de que ciertamente el rubio necesitaba descansar. Lo había traído hasta allí, posiblemente sin haber descansado, recordaba las botellas en la playa, sus ojos todavía se veían cansados. Por mucho que deseara poseerlo todo el resto del día y posiblemente incluso toda la noche, lo mejor era su salud. Se acomodó a un lado de la cama, elevando su zurda para rodear la zona inferior del cojín, viéndolo incorporarse, pudiendo apreciar mejor ahora el cuerpo desde su espalda. No podía apartar la vista de su cuerpo, de su espalda, sus glúteos. Mierda, su erección revivió como si nunca hubieran tenido nada. La fantasía de poseer de nuevo el hombre en el baño se le cruzó por la mente una vez mencionó a dónde se dirigía. 

—... Sé lo que piensas y ni se te ocurra. No otra vez.

—Ppfftt-... ¡Jajajajaja!

No pudo evitarlo, una risa divertida escapando de entre sus labios, manteniendo su mano en la misma posición, abriendo sus ojos poco después para volver a contemplar el cuerpo ajeno, tratando inútilmente de disimular su erección tomando las sábanas para cubrir su mitad inferior, hasta que la tela alcanzó la zona superior de su cintura. ¿Cuándo había sido tan abierto como para que otro supiera en qué estaba pensando? No podía evitar una sonrisa de oreja a oreja. No se había abierto nunca antes así ante nadie. 

—Está bien, te estaré esperando aquí. No haré nada. Luego iré yo cuando termines.

Vio cómo la mano se acercaba a la puerta del baño que había en el mismo dormitorio, con su diestra sobre la sábana que cubría su erección. —Hay toallas limpias dentro, úsalas. Luego iré por más en el cuarto de al lado. — La puerta se cerró tras él. Sus ojos contemplaron la puerta cerrada, donde el rubio había desaparecido. El sonido del agua no tardó en llegar en su afilado oído, sus músculos se relajaron mientras estiraba el brazo buscando el despertador que había al otro lado de la cama, preparándolo para que sonara una hora antes de tener que estar en el lugar acordado. Bostezó, sus ojos parpadeando lentamente. Todo se volvió pesado, lento, agotado. Tenía que pensar en organizarlo todo, en cómo iban a ver a Raigo, en cómo desper-...

Sueño... Mucho sueño... Su brazo perdió fuerza antes de que pudiera dar el temporizador, dejándose caer sobre la cama. Abrazaba inconscientemente la almohada donde Tezca había estado, donde su cabello había estado, donde su esencia todavía persistía. Se estaba cómodo. Solo un poco, solo dos minutos antes de terminar... Un poco más... El cansancio, pese a la erección que perdía fuerza, había sido mucho más fuerte de lo que el yakuza había creído. Porque sí, pese a haber solicitado una segunda ronda, el cuerpo y la mente del hombre también estaban agotados, sin energía alguna y solo la propia adrenalina y la añoranza lo habían mantenido tan despierto. Todo se volvió a relajar, ahora todo era calma.  Todo en lo que pudo pensar antes de que fuera derrotado por el sueño fue, de nuevo, en el mismo hombre que estaba ahora mismo en su ducha.

Al menos antes de la tormenta. 
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#30
Terminé de ducharme, secándome con una de las toallas y terminando por enredarla alrededor de mi cintura para salir del baño, estirándome con pereza. Sentía un poco de dolor en los músculos ¿tal vez había sido demasiado brusco? Ah, no podía evitar omitir ese tipo de cosas cuando estaba con Jin, simplemente era más fácil dejarse llevar y no pude evitar pensar que tal vez estaba dejándome llevar demasiado, debería tener más iniciativa; provocarlo más, pero por otro lado… Mis propios pensamientos de hacían ruborizar, carraspeando con cierto nerviosismo mientras dejaba de caminar frente a la cama, mirando al hombre. — Oye, Jin…Creo que no me gusta como se siente tu shampoo, creo que tiene demasiados químicos ¿me entiendes?— Al ver como no me respondía, di la vuelta, inclinándome para observarlo.
 
¿Estaba dormido?
 
 
Si, estaba dormido.
 
 
Se me ocurrieron cosas muy maliciosas, pero no podía interrumpir ese dulce sueño que parecía tener… No mucho.  Me arrodillé a un costado de la cama, mirándolo con curiosidad  mientras me acercaba a dejar un suave beso sobre su mejilla. — Muévete…— Murmuré apenas, como si el sonido pudiera romper algo frágil entre nosotros. Terminé por incorporarme con lentitud, deslizándome a la cama para buscar un pequeño espacio entre su postura y la almohada, ese rincón mínimo que bastaba para acercarme sin invadirlo del todo. Dudé solo un segundo, el suficiente para que mi orgullo intentara protestar, pero lo ignoré. Con cuidado, casi para no despertarlo, apoyé las manos contra su torso y lo empujé apenas.
Me deslicé entre sus brazos poco a poco, sintiendo cómo el calor de su cuerpo me envolvía antes incluso de que terminara de acomodarme. Apoyé la mejilla contra su pecho, escuchando el latido firme bajo la piel.  Levanté el rostro entonces, despacio, recorriendo sus facciones con la mirada durante algunos segundos que se sintieron más largos de lo que realmente fueron. Había algo en sus ojos que me sostuvo ahí, suspendido entre la cercanía y el silencio. — Te amo.— murmuré, finalmente cerrando los ojos para poder descansar, durmiendo profundamente después de un cansado día.
 
Y así pasaron las horas.
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