Being good is easy, what is difficult is being just. - Pasado Stroud
#1
10 de invierno. Año 16.
Whisky Peak, Corriente Rakusei ~ 10:00 a.m.

Se han reído de ella cuando ha dicho que quiere regresar algo que ha encontrado. Es un bolso que ha aparecido en el camino, uno que reconoció luego de que la tirara al piso ¡Obviamente luego de tocarlo! No metió la mano dentro a pesar que existió curiosidad de lo que hay ahí. Aun así, sintió que es privado, es el objeto de alguien más, la pertenencia de otro.

¿Qué hace ahí en la mitad de la nada?

—¿Sabe en donde podría dejarlo para que el dueño lo encuentre? Lo encontré en el piso — fueron sus palabras a un vendedor, uno que la miró con una ceja alzada, incrédulo de que alguien quiera regresar algo intacto ¡Seguro ya le ha robado lo importante! Cuando en realidad ¿Qué valor puede tener para ella un montón de cosas de alguien más? Más si no las puede ver.

—No lo sé, pero aquí no.

Es una respuesta escueta que la invitó a irse lejos. Suspiró, usando el bastón para moverse más, sin chocar con nadie más. El calor de la mañana y el bullicio de la gente la obligó a vagar, esperando encontrarse con la gente que ha llegado, pero no llega ¿Será que se ha perdido de verdad? — Debería llamarlos quizás… — palpó el caracol en su bolsillo, más no hizo más, determinada a seguir demostrando su independencia.

Fue una mujer quien se apiadó de ella, indicándole que efectivamente hay alguien que podría ayudarle. Es un hombre de la marina, su uniforme seguramente lo delata, por eso no hizo nada más que juntar sus manos y acomodar el bolso en su hombro.

—Muchísimas gracias, de verdad — una despedida cariñosa fue lo que le dedicó, antes de seguir la indicación de dónde ha sido visto con anterioridad ¿Su nombre? No tuvo idea ¿La razón de estar ahí? Menos, supuso que un viaje como ellos.

Cuando finalmente se encontró en el sitio indicado, muy cercano a una pileta, carraspeó preparando su garganta.

—BUSCO A UN MARINE, NECESITO AYUDA CON ALGO ¿SERIA TAN AMABLE DE AYUDARME?

Poco sutil e increíblemente honesta, tanto que varios voltearon a verla, más nadie dijo nada. Simplemente el mundo siguió su camino, mientras ella se sentó en la orilla de la decoración de la plaza y suspiró.

—Espero que lleguen pronto.

¿Y si no qué?

Tocará volver a buscar.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#2
El Contramaestre Redgrave, como empezaban a conocerlo por ahí, se había detenido a ojear los bienes que ofrecían los mercaderes de la zona, impecablemente uniformado y bajo el sol mañanero que irradiaba su luz blanquecina sobre la peculiar Whiskey Peak. Incluso después de tantos años, se le hacía extraño ser llamado únicamente por un apellido con el que no nació, que le había sido asignado al alistarse, a falta de uno. Llevaba poco en aquella extraña isla, y sabía que tampoco se quedaría demasiado; había materias urgentes que requerían su atención más adelante en el Grand Line, y así se lo habían hecho saber desde arriba. Apenas un par de horas antes, había sido su propio Den Den Mushi el que lo había despertado, llamándolo desde las oficinas de la Marina, hablando de destinos a corto plazo para el Marine a lo largo de la Corriente Rakusei, de planes de contención de la piratería, de medidas antirrevolucionarias. Tras tomar nota de las nuevas órdenes durante varias conversaciones que parecieron alargarse hasta el infinito y colgar, se había servido un desayuno apresurado y había salido a recorrer la ciudad. Aún llevaba un vasito de café humeante en la mano mientras comprobaba la mercancía disponible.

Tratándose del mar sin ley que el Grand Line tenía fama de ser, Stroud hubiese esperado algo más de hostilidad ante el uniforme que portaba. Sin embargo, al menos en Whiskey Peak, la mayor parte de la población se mostraba incluso más amable, en términos generales, de lo que se mostraban en lugares como el South Blue. Cuestiones de tener que aguantar a los piratas, supuso. Su cabeza aún daba incontables vueltas a cuanto había sucedido días atrás, en aquella demencial travesía por los Cabos Gemelos; intentaba atar todos los cabos, pero sentía que a ese puzle le faltaban piezas. Era como si la solución al problema se le escapase entre los dedos cada vez que se acercaba a resolverlo, como un humo que se le escapaba con sutileza entre las rendijas de los dedos. Dio un suspiro, ajustándose la visera de la gorra blanca al tiempo que examinaba unas pipas de madera ricamente talladas. Cinco mil berries por la pipa más barata, claro. La rodó entre sus dedos con delicadeza, encontrando su punto de gravedad. No era ajeno al tallado de la madera, y sabía apreciar un buen trabajo, o eso pensaba él. Lo cierto es que no tenía mucho ojo artístico, pese a lo que él creía, aunque sí técnico. La cazoleta estaba tallada en forma de orca, cuya aleta caudal ascendía por el caño y se aferraba al anillo de la misma. Stroud estaba encantado con aquello. Entornó los ojos, valorando la decisión. Era una compra estúpida, ni siquiera fumaba, pero molaba. Apretando los labios por un instante, acabó por extraer cinco billetes de mil berries de su bolsillo, doblándolos ordenadamente y tendiéndolos al vendedor. "Le puedo grabar su nombre, si quiere," ofreció el vendedor, contando los billetes y guardándolos en un pequeño cajetín metálico con gran meticulosidad. Stroud pensó por un instante y afirmó con la cabeza, cruzándose de brazos. "Escríbame su nombre, si no le importa," dijo el hombre, acercándole un papel por encima de la mesa, al tiempo que extraía una pequeña gubia del bolsillo de su camisa.

Justo cuando Stroud soltaba la pluma y le tendía el papel, vio algo de revuelo en las cercanías de aquel puesto. Una muchacha de ojos tapados, cuya piel más bien parecía hecha de porcelana, caminaba por el lugar, aproximándose a su posición y requiriendo la presencia de un Marine. Stroud entornó los ojos, haciéndole un sutil gesto con la mano al tendero, y se encaminó hacia la joven, situada unos pasos más allá, delicadamente sentada sobre una suerte de alféizar, como a la espera. Le costó reprimir el impulso de ceñirse sus guantes tachonados, como tendía a hacer cada vez que sucedía algo. Los lamentos de la muchacha parecían haber captado la atención de los transeúntes, aunque parecía importarle bastante poco. No parecía que nadie la conociese, era probable que no fuese de allí. ¿Cómo habría terminado en Whiskey Peak? Se preguntó si, como había escuchado hablar, sería una de esas personas capaces de ver sin ver. Se acercó hasta una distancia prudencial, examinándola con atención. Lo último que parecía era una amenaza, de eso no cabía duda. Se cruzó de brazos frente a ella, y, por un instante, barajó qué hacer. Lo cierto era, y se estaba dando cuenta en aquel preciso momento, que nunca había interactuado con nadie en condiciones así durante su servicio. A decir verdad, no estaba demasiado seguro de cómo proceder. Su mente metódica, sin embargo, se antepuso con rapidez a cualquier interrogante, y, como había que hacer siempre en caso de duda, se limitó a seguir el protocolo estándar.

"Contramaestre de la Marina," anunció. En casos como aquel, era habitual presentar únicamente el título del oficial. "¿Qué ocurre? ¿Está bien, señora?," inquirió, en pose marcial frente a la joven. La chica no parecía herida, ni estar en ningún apuro serio. ¿Se... se había perdido? Sus ojos grises no pudieron evitar lanzar furtivas miradas hacia los lados, temiéndose que aquello se tratase de una especie de trampa. Sus labios formaron una delgada línea, al tiempo que, finalmente, optó por ponerse en cuclillas para quedar más cercano a su altura, como haría uno con un niño. No fue hasta que ya hubo flexionado las rodillas que se dio cuenta de lo estúpido que era ponerse a la altura visual de aquella chica, pero qué se le iba a hacer.
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#3
¿Qué es un contramaestre de la marina? Se volteó a la voz, aun así reconoció el término de marina, porque tan ignorante no fue, aunque los rangos de la ley no fueron parte de su conocimiento. Separó los labios para decir algo, es un impulso de preguntar que salió al final — ¿Contramaestre? ¿Es un título especial o algo así? ¿Tu apellido? — seguro si lo dijera en rangos de la iglesia de los sabría, pero no fue así, por lo tanto no hizo nada más que sonreír con suavidad, agradeciendo que llegó alguien a ayudar.

Ahogó una risa, una que se arrastró ligeramente en la garganta cuando escuchó que la llama señora ¿Tan grande se ve? Aclaró su garganta con una de sus manos frente a sus labios — Gwendolyn Yang, ese es mi nombre. Un gusto — su mano se movió adelante y tocó el rostro de él, sin esperar que esté en ese sitio. Paseó la punta de los dedos sin vergüenza, unos segundos, notando que es su rostro y simplemente permaneció serena con la interacción — Me parecías alguien mayor, pero parece que no.

Veo que no, habría deseado decir, pero en realidad no pudo ver nada. Nunca lo ha hecho y aunque creyó que existe un momento que el destino cambiará, no es el momento ni el lugar.

—Encontré esto — tomó con ambas manos el bolso que se encontró a su lado y se lo extendió. No pudo ver cómo choca con el cuerpo ajeno, pero sí sintió la resistencia al no medir la distancia entre ambos — Estaba andando sin mucho cuidado y me caí, estaba esto en el suelo. No sé lo que tiene dentro… no me pareció correcto el tomar las cosas de los demás sin permiso y como no puedo ver, pues, decidí que debía ser alguien como tú — no es él, es la marina, la justicia y la rectitud. Eso se supone que debe ser ¿No? Nunca se lo han dicho en la iglesia, aun así, lo escuchó en el pueblo un montón de veces.

Aun así, la gente sigue hablando de Dios como el juez mayor ¡Más que aquellos que tienen un título!

—Quiero regresarlo a su dueño. Seguro en el interior hay algo que sirva para encontrarlo — soltó el bolso finalmente, dejándolo ir, esperando que el lo tome — No sé leer por obvias razones, así que incluso si encontraba algo, no podría hacer nada.

Su voz le pareció conocida, pero no dijo nada al respecto, no pudo recordar de dónde la recuerda. Porque viene de un mal sueño que no tuvo en la cama, sino en un sitio desconocido.

Esperó que lo revisara, escuchar el sonido de la tela y los objetos para preguntar. Seguro no podrá ver las pocas joyas, las cartas y la sangre que se encuentra en el interior, en una combinación que provocan manchas y produce un aroma que arrugó su rostro.

—¿Qué hay ahí?

Su rostro permaneció tranquilo y sus manos impecables. No hay rastro del líquido carmesí, por lo tanto si no fue ella ¿Quién?
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#4
Stroud no pudo evitar alzar una ceja cuando la chica preguntó qué era aquello de contramaestre. Su confusión respecto al lugar de la chica en Whiskey Peak no hizo sino crecer: ¿era posible vivir tan desconectada de todo, y en un lugar como Whiskey Peak, que suponía la casilla de salida para tantos navegantes por el Grand Line? El noqueo ante la pregunta fue tal que, por una vez en su vida, vaciló en su respuesta. Se había quedado en blanco por un instante. "Eh... Es un cargo, señora Yang, n..." Fue a decir algo más, pero su discurso quedó repentinamente cortado al notar cómo la mujer palpaba su cara. Su primera reacción fue apartarse, naturalmente, pero fue consciente de que los invidentes solían hacer aquello. Cualquiera que lo hubiese visto desde fuera hubiese podido percibir un rubor en su cara. Permaneció quieto por unos segundos, dejando que se quedase con su cara. Ignoró el comentario sobre su edad. Conforme pasaba el tiempo, recibía más comentarios sobre su juventud respecto al cargo que ocupaba. Otra cosa, en cambio, empezó a rodar por su cabeza. No llegaba a ser aún un pensamiento, pero sí que se le empezaba a acercar. Yang. ¿De qué le sonaba eso? De no ser por lo extraño de la interacción, seguramente su mente hubiese trabajado de forma algo más ágil con aquello. Lo sucedido en los Cabos Gemelos ni siquiera pasó por sus pensamientos.

Desechó, sin embargo, aquel pensamiento en gestación cuando la muchacha le tendió el bolso que había encontrado. Si le importunó que empujase el bolso contra él, no hizo señal alguna. Todo contacto físico le había dado la misma impresión, como si ella estuviese hecha más de plumas que otra cosa, incapaz de ejercer una fuerza significativa. Incluso cuando hacía un movimiento brusco, era delicada. Asintió con la cabeza cuando ella afirmó que quería darle el bolso a un agente de la Marina, en un gesto que, evidentemente, no era adecuado para charlar con ella. A veces podía resultar refrescante comprobar que aquella confianza en la institución de la Justicia seguía vigente, pese a todo, incluso en lugares como el infame Grand Line.

Cuando ella dejó caer el bolso, su mano derecha lo atrapó, aún en cuclillas frente a la mujer. "Veamos qué tenemos aquí. Ha hecho bien, no se preocupe," afirmó en su siempre monótona voz, quitándole importancia con un ademán de su mano izquierda, con la que sujetaba aún el vasito de café. Dio un trago y abrió la cremallera del bolso, examinando su interior. Stroud entornó los ojos cuando el aroma procedente del mismo llegó a su cara, y arrugó la nariz cuando se dio cuenta del contenido del objeto. Sacó la mano derecha,  sus dedos índice y corazón tiznados de sangre seca. Al frotarse los dedos, se deshizo con facilidad, como óxido, en un polvillo marrón. Reconoció al instante de qué se trataba, pero se abstuvo de decir nada. Continuó rebuscando, encontrando una serie de joyas de no demasiado valor y algunas cartas. Aquello se había puesto raro de la nada.

¿Había sido ella? ¿Se estaba quedando con él? No podía ser. La pregunta de la chica lo sacó de su ensimismamiento, justo mientras su cerebro intentaba averiguar, a toda máquina, qué había sucedido allí. "Lo que uno esperaría, no se preocupe," se limitó a decir. Si, en efecto, no había tenido nada que ver con aquello, no había necesidad de preocuparla con una investigación potencialmente criminal. Si, por otro lado, aquello era una especie de trampa, ella misma se inculparía sola. Extrajo una de las cartas del interior, agitándola en el aire para escuchar su contenido, y examinó el sobre en busca de alguna pista sobre la identidad del propietario. "¿Dónde dice que lo encontró?"
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#5
—¿De verdad lo crees? — ¿Ha hecho bien? ¿Por qué el resto del mundo no opina lo mismo? Se volteó a él, al camino que ha recorrido, mientras su mano avanzó por la superficie que contiene el agua en la pileta — Porque nadie más creía que fuese realmente lo correcto — aun así continuó con su camino, sin importarle las palabras de otros. Incluso si es ciega, a veces se sintió muda, porque nadie pareciera entender lo que dice — ¿Hay alguna razón para eso?

Por qué un pueblo no estaría de parte de la supuesta ley. No hizo nada más que juntar sus manos, escuchando el sonido del trajín en el interior del bolso, hasta que las palabras finales llegan — Oh, entiendo. Estaba un poco pesado para mi, pero por suerte podía cargarlo — no es que sea especialmente fuerte, jamás ha entrenado al cuerpo y tampoco tuvo intención de hacerlo — Lo encontré…

Alzó su rostro, como si viera el cielo, pero no lo conoce. Simplemente es un gesto que acomodó su postura ligeramente — No lo sé, haha — se rió con suavidad, como si fuese un pequeño error, una situación de la cual no se preocupa ¡Si él no le ha dado detalles! Por lo tanto se lo tomó con ligereza — Pero había aroma a pan cerca. — eso lo recuerda, pero ¿Cómo le puede pedir un sitio especial a alguien que se pierde en un mundo oscuro? Adelante es la única dirección, porque el atrás no lo conoce ni recuerda bien — Supongo que eso sí puedo recordar y un poco de mis pasos.

Aunque no lo suficiente, porque no ha contado pasos o minutos, simplemente avanzó en indicaciones de personas que la empujaron a un destino con suavidad, esperando que consiga lo que quiere, seguramente por mera lástima.

—Pero podría intentar volver — se levantó y tomó el bastón. Apuntó un punto con su mano, es una calle, aunque no pudo acertar en donde está el centro ¡Incluso está ligeramente corrido! Pero solo hace falta un poco de sentido común para saber a dónde quiere ir — Me dijeron que tuviese cuidado al pasar por ahí, pero no el por qué… supongo que tampoco iba a entender.

La vida del exterior a veces es compleja, cuando ella conoce solo la simplicidad de un día de plegarias y una vida austera.

—No es necesario que me trates de usted. No lo parece quizás… porque no sé cómo me veo, pero no soy tan adulta — ya de pie avanzó, golpeando el suelo con suavidad. Esperó escuchar sus pasos para andar también — Veintidós años tengo ¡Sigo siendo una señorita! — eso supone, es lo que le han dicho siempre, aunque siempre existe que sea un invento de alguien más, ha aparecido en la iglesia y nadie sabe la razón, más que un simple abandono — Estoy recién comenzando mi viaje, me quedan muchos años más.

Y si son menos de los esperados, pidió que sean viviéndolos al máximo.

—Tu voz se me hace conocida, pero no recuerdo de donde — la gente le dio espacio para avanzar, fue lento al intentar recordar detalles que le digan que la dirección es así o no — Seguro de alguna isla hasta llegar acá, sí, debe ser eso… — o tal vez es un recuerdo que tiene borroso, que la mente le pide recordar.

Se quedó quieta al escuchar un sonido particular, unos segundos, aun así no dijo nada al respecto.

—¿Te gusta ser marine, Contramaestre?

No le ha dicho su nombre, así qué ¿Cómo podría llamarlo entonces?

—He oído muchas cosas de la marina, pero… me gustaría descubrirlas yo, no que alguien más me diga que pensar. Lo hice por mucho tiempo y me di cuenta que de nada me sirvió, porque a final del día no sabía qué quería yo.

¿Volver a su hogar o buscar uno nuevo? ¿Amar a Dios o a alguien más? No hizo caso a el pasado y solo avanzó, incluso si eso produce más dolor.

—Solo lo que esperaban de mi.
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#6
Stroud se rascó la cabeza por un instante, levantando su mirada gris del contenido del bolso para mirarla a ella. "Es difícil de decir. Supongo que porque la mayoría preferiría quedarse con el bolso, o desvalijarlo antes de entregarlo, quedarse con cualquier cosa de valor. La opción sencilla antes que la correcta, ya sabe cómo es la gente," dijo, sin ser consciente de que, en realidad, no lo sabía. "Lo justo no es siempre lo cómodo. Rara vez lo es." De alguna forma, la tal Gwendolyn Yang permanecía impermeable ante los intentos del mundo por corromperla. Por cuanto Stroud había visto, ese tipo de gente solía ser la que peor acababa, y, a menudo, la que más necesitaba a la Justicia.

Mientras la chica describía que había encontrado el bolso en algún lugar con olor a pan, Stroud lo cerró, habiendo terminado de examinar su contenido. Se incorporó, poniéndose de nuevo en pie, y dio un último trago al vasito de café que había sujetado todo ese tiempo. "Si no le importa..." dijo cuando la chica se ofreció a indicarle la dirección, permitiendo que se levantase y dándole espacio para que se orientase. Era interesante ver cómo se desenvolvía. "Me da la impresión de que se ha acostumbrado a un trato un poco condescendiente," se aventuró a afirmar, siguiéndola, mientras la chica empezaba a caminar hacia la calle en cuya dirección había señalado instantes atrás. Tenía por política no meterse en asuntos personales mientras estaba de servicio, pero no pudo evitarlo. "No se preocupe por lo que le hayan dicho, no vamos a tener ningún problema." Mientras caminaban, pasaron por al lado del puesto en que había pagado cinco mil berries un par de minutos atrás, y Stroud, sin decir nada a la muchacha, tomó la pipa de madera tallada que le ofrecía el tendero. El nombre ya debía de estar grabado, mas se fió del vendedor y no se detuvo a comprobarlo. En un gesto sutil, la guardó en el interior del bolsillo de su camisa y continuó caminando junto a la joven, manos tras la espalda. ¿Qué mejor souvenir de Whiskey Peak?

Sus cejas se arquearon ligeramente, no sin cierto estupor, cuando la chica mencionó su edad y habló del inicio de su viaje. En efecto, parecía que no era de allí. ¿Aquella joven estaba viajando por el Grand Line? No era Marine, claro, pero tampoco podía ser pirata. ¿Comerciante? ¿Viajaba por trabajo, tal vez? ¿Un asunto familiar? Era un auténtico enigma, pero hubiese sido descortés preguntar por un asunto tan personal. Esperó en silencio a que se aclarase con la dirección por la que caminar, caminando a su lado como una especie de señal luminosa para que la gente abriese paso. "Si está recorriendo el Grand Line, le garantizo que le quedan infinidad de años de viaje por delante," aseguró, esbozando una sonrisa. La mujer, por poco que lo aparentase, tenía algunos años más que él. "Pero me permitirá que no la tutee, por una cuestión de cortesía. Y porque es mayor que yo, claro," afirmó, sin poder evitar añadir el chascarrillo del final.

Continuaba caminando a su lado, deteniéndose cuando ella se detenía y caminando cuando ella caminaba, sus ojos grises recorriendo la multitud que los rodeaba y que abría paso para ella. Le hizo cierta gracia la disposición de la chica a charlar en aquella situación, aunque su interés parecía absolutamente genuino. No era habitual que le preguntasen si le gustaba su trabajo. La mayoría de civiles optaban por intentar solucionar el problema en cuestión y despachar la situación con las interacciones justas y necesarias. Stroud no podía culparlos. "¡Me extrañaría que nos hubiéramos cruzado, créame!," afirmó, esbozando una sonrisa. Su voz, por mucho que la elevase en ocasiones, jamás cambiaba de tono, en un bizarro efecto que se asimilaba a alguien hablar en tono conversacional, solo que a mayor volumen, como amplificada. "Tal vez en Samba, aunque no pasé demasiado tiempo allí. Pero sí, estoy contento con mi trabajo," respondió a su cuestión. Era consciente de que su servicio a la Justicia le granjeaba más antipatías entre la población que otra cosa, pero era una carga que consentía llevar sin quejarse. Le iba en el sueldo, pero, más allá de eso, consideraba deshonroso que los Marines se quejasen por cosas así. Servir a la Justicia era un honor que se llevaba en silencio, bajo la vergüenza o bajo la admiración. No importaba. "No sé qué cosas habrá escuchado. Muchas probablemente sean ciertas," dijo, y se paró por un instante a meditar sus siguientes palabras. Stroud era consciente, al igual que lo era de las virtudes de la Marina, de sus muchas faltas. "Hay mucho por hacer aún. Hacemos lo que podemos," se limitó a decir al fin. "Si me lo permite, ¿qué esperaban de usted, señora Yang? ¿A qué se refiere?," inquirió con cierto interés.
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#7
Incluso si debería sentirse mal, simplemente sonrió — La condescendencia es la amabilidad de la gente desconfiada. No me molesta — porque el mundo siempre la ayuda, incluso si no hay razón para hacerlo. Existe alguien que da una respuesta, tal vez no viene espolvoreada con azúcar, pero sí trae lo que anhela, esas que busca desde el inicio del viaje hasta ahora. Aunque las preguntas han cambiado, no son las mismas y supuso que en futuro tendrá otras — Toda ayuda es mucha y cualquier agradecimiento que de será poco.

Porque no tiene dinero para ofrecer, ni una capacidad, simples palabras y una oración. No hay más, porque tampoco ha tenido otra cosa.

—Me quedan muchos, sí — no se mostró triste o angustiada, simplemente avanzó en una serenidad que llamó a la calma, como si el tiempo le sobrara, quizás porque no puede verlo con claridad. El día y la noche se diferencian en el ruido, en el calor o el frío, nada más — AH ¿Es cortesía eso? No lo sabía, en la iglesia me llamaban por mi nombre. Pocas veces me dijeron señora — pocas veces le hablaron en realidad, pero siempre estuvo ahí, presente para escuchar a la gente pasar. — ¿Debería entonces hacer lo mismo?

¿Cortesía para qué? ¿Cuál es la razón para hacerlo? Siempre lejana a los demás, ésta vez deseó tenerlo a todos cerca. Aun así no se atrevió a decirlo, simplemente apretó los labios, formando una línea delgada.

—En Samba… Es verdad, estuve ahí unos días — antes de zarpar y salir en un encuentro que solo la hizo llorar, porque han sobrevivido, pero para tal acto no ha hecho nada. Ni espectadora de espectáculo fue, una anécdota que nadie contará — Magnífico sitio para estar, si pudiera volver sería… — se quedó en silencio y se rió por lo bajo — Sería a Karate, estaba a punto de mentir. — no dudó en rectificar sus palabras y confesar su error. Porque aceptar las cosas es fácil cuando le han enseñado el valor de la honestidad.

Asintió ante las últimas palabras, preguntándose qué tanto hay que hacer, quiso saber las tareas que tiene en la mente, aun así, tal vez de preguntarlas se encontraría con una lista que no acaba, solo suma cosas en su avance — Esperan un milagro — se volteó a él, sin verlo, pero sí pudo suponer de dónde viene su voz por la cercanía de ambos — Pero como verás, no puedo hacer algo así por mucho que se lo pida a Dios. — lo nombró, luego de mucho tiempo escondiendo esa palabra la soltó.

Existe una vergüenza al decir que cree en él, porque el resto no lo hace seguramente y si es así, solo es en los peores momentos ¡En las malas y las peores! Y en las buenas es un recuerdo.

—Aunque algunos seguro consideran milagro que haya llegado aquí siendo ciega ¿No? Debo tener mucha suerte — se rió con suavidad y avanzó moviendo el bastón, en un movimiento ligero, para no golpear nada de toparse con ello — Aunque… — detuvo su hablar, se quedó en silencio unos segundos como si se planteara el decir la oración, hasta que finalmente salió — Tengo planes aún más grandes, esto es un pequeño paso.

Fueron minutos de caminata, hasta que finalmente lo sintió. Es un aroma característico que ensanchó su sonrisa — Debía ser por aquí… sí — avanzó y se encontró con una pared, como si hubiese olvidado el camino, aunque en realidad se desorientó ligeramente — O bueno no, haha — el fallar no la trajo mal humor o frustración — ¡Ya sé! Recuerdo que vendían cosas viejas cerca de donde lo encontré ¿Ves algo?

Porque claramente ella no lo hace.

Esperó la indicación y entonces una vez se encontró cerca del puesto, tocó la mesa. Recordó las imperfecciónes, por lo tanto avanzó en la misma dirección, que el instinto le pidió, hasta enfrentar a un pasillo.

Se ve normal ante los ojos de la gente común y para ella no es más que oscuridad — Fue aquí — se enfrentó a la entrada sin temor — ¿Crees que haya algo? Tal vez su dueño volvió a buscarlo — un paso adelante, sin dudar, porque no supo qué hay dentro del bolso. Un aroma a hierro, que podría venir de muchas cosas — De todas formas, no debería temer. Porque aunque he escuchado cosas malas, más son las buenas.

Porque las muy malas no salen a la luz ¿No? Se hunden en el mar y pretenden que nadie las vio.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#8
Stroud escuchó hablar a la chica. Todo cuanto decía parecía sacado de alguna cita de algún escrito religioso. Se expresaba con delicadeza y, sobre todo, con un enorme sosiego, como si no le corriera prisa, como si nada supusiese realmente una presión para ella. Era un rasgo que le agradaba, siendo él mismo de naturaleza enormemente serena, al menos en su exterior. Su forma de hablar también dejaba entrever, además de una humildad que parecía ser genuina, un trasfondo educacional rico. Aquella chica era significativamente más cultivada que la mayoría de gente que uno se podía cruzar en un lugar como Whiskey Peak. A él, que, pese a lo que solía dar por hecho la gente, se había criado entre callejones, aquellos que sabía mucho y hablaban muy bien siempre le resultaban algo intimidantes, incluso en el caso de aquella delicada joven. "Cómo llamarme depende enteramente de usted. Como se sienta más cómoda, señora Yang" aseguró. Todos los Marines tenían sus formas de tratar con los civiles, pero uno de los protocolos más estándar determinaba que los Marines incentivasen a los civiles a estar tan cómodos como fuese posible en su presencia.

Parecía que la tal Gwendolyn había pasado por más de un lugar, y, si no se equivocaba, ¡debía de haber atravesado la Red Line hacía no mucho! A Stroud no pareció pillarle por sorpresa que hablase de Dios, y, aunque la chica hubiese podido verle, no hubiese notado extrañeza alguna en su expresión. Tampoco la pudo notar en su voz cuando él respondió. "No considero que haya sido un milagro que haya llegado hasta aquí siendo ciega. En todo caso, una excelente labor por parte del Gobierno Mundial con la apertura del paso hacia el Grand Line, naturalmente," afirmó, ignorando su propia experiencia al cruzar los Cabos Gemelos. "En lo personal, no creo en más Dios que la Justicia, pero estoy seguro de que está con usted, lo llame como lo llame. No se preocupe por lo que esperen otros," afirmó con severidad, "sino de lo que sepa que debe hacer." No era habitual que discutiese temas así con nadie; ni siquiera estaba capacitado para ello, y lo sabía. Sospechaba que acababa de decir una gilipollez que, sin embargo, en el fondo, no se alejaba de lo que realmente pensaba. No había tenido una gran educación formal, pero nadie podía negar que Stroud fuese un tipo de ideas claras. Y, pese a su política de no meterse jamás en los asuntos de los civiles que no le incumbiesen muy directamente, no pudo evitar preguntarse qué tipo de plan o aventura había podido llevar a una chica así hasta la entrada del mismísimo Grand Line. No parecía faltarle ambición, pese a las apariencias. Su historia debía de ser una de las interesantes.

Cuando llegaron al punto, Stroud necesitó algunos segundos para reparar en el aroma a pan que la mujer había descrito. Sus fosas nasales se ensancharon por un instante, mientras intentaba distinguir el olor. Al cabo de unos segundos, se volvió evidente. Justo cuando más segura parecía estar de su situación, Stroud vio con estupor cómo se dirigía hacia la pared, corriendo a sujetarla con delicadeza por los hombros para que no se diese demasiado de bruces. No hizo comentario alguno al respecto. Cuando preguntó por un lugar en que vendiesen cosas viejas, sin embargo, Stroud asintió en silencio, para rápidamente darse cuenta de que era inútil. No se terminaba de acostumbrar. "Sí, justo ahí," se apresuró a decir, encaminándola con cuidado hacia un puestecito cercano. Observó cómo tocaba la mesa, con enorme interés. Resultaba fascinante ver cómo gestionaba sus movimientos.

Sus ojos grises, fríos y calmados, pero rebosantes de sagacidad y atención a partes iguales, examinaron la entrada a la que la chica hacía referencia. "¿Lo encontró aquí?," inquirió, dando un paso adelante y situándose junto a la chica. "No se preocupe, veamos qué podemos hacer," afirmó, antes de alzar el volumen de su monótona voz, sujetando aún con fuerza el bolso en su mano izquierda. En efecto, cuando la chica afirmó que no debía temer, Stroud no la contradijo. Tal y como lo veía él, tenía razón. "Busco al dueño de este bolso. Agente de la Marina. Preséntese aquí inmediatamente," exclamó, buscando llamar la atención de cualquiera que se hallase en las inmediaciones. No se andaría con tonterías.
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#9
¿Qué debemos hacer? ¿Sabes tú lo que debes hacer o solo crees hacerlo?

No hay palabra a sus respuestas, solo un simple agradecimiento silencioso, porque aunque no cree en el mismo, tampoco dijo algo al respecto. Creer en la justicia es similar, es creer en algo que no ven, pero que creen. Enseñanzas que hace a la gente reír por lo bajo y seguro los llaman tontos, eso es.

—Lo encontré por aquí, sí. No recuerdo exactamente el punto, el mundo es enorme cuando no se puede ver — el bastón golpeó el suelo con suavidad, asegurándose de que nada hay ahí — ¿Crees que se haya perdido o sea algo más? — la inocencia y las buenas intenciones siguen ahí, pero se ha colado silenciosamente otro sentimiento a la ecuación, ha sido por buenas razones, pero se negó a darle la bienvenida con los brazos abiertos, por eso lo acalló — Tal vez quería ser encontrado por alguien, pero me tocó a mi hacerlo ¿Te imaginas?

¿Te imaginas que no es un tesoro perdido, sino algo más?

Las palabras de Stroud resonaron por el lugar, pero no hay respuesta. No hubo sonido alguno o reacción de una persona, una calle vacía en donde nadie cruza, incluso si la misma se ve de manera corriente. — ¿Qué ves? — es la mejor pregunta que le podría hacer, porque quiso saber qué hay ahí ¡Qué misterio esconde un bolso lleno de secretos! La decepción la atacaría de poder observar el panorama, porque la normalidad del sitio no dio ninguna pista.

Avanzó por la calle, una que no es estrecha, pero sí carece de ojos para vigilar. No hay puesto, no hay ventana, no hay nada que la pueda observar. Un sitio del terror para los más desamparados y aunque estuvo en esa condición, no la sintió — Tal vez por aquí hay algo — fue primero -supuso- como si la aventura se encontrase recién comenzando.

No apresuró su paso, se dio el tiempo de avanzar para no caerse, cuando algo llamó su atención.

tͭ oͦ cͨ   tͭ oͦ cͨ   tͭ oͦ cͨ   tͭ oͦ cͨ   tͭ oͦ cͨ   tͭ oͦ cͨ

—Huh, curioso.

tͭ oͦ cͨ  tͭ oͦ cͨ  tͭ oͦ cͨ

Golpeó el suelo con el bastón una vez más, cerciorándose que todo esté como lo ha creído.

—¿Lo escuchas? — tal vez no tiene una audición tan fina como ella o la costumbre de oír el piso al ser golpeado, pero los años le han dado esa facilidad o tal vez sea la costumbre al avanzar — Hay algo acá abajo. Como si estuviera hueco — podrían ser muchas cosas, un montón de ellas ¿Pero cuál es? — Cuánto misterio en este sitio. Me dijeron que no me metiera en problemas, pero si estoy con la marina no tengo ninguno ¿No?

Se volteó a verlo, antes de agacharse en la zona y tocar el piso con la punta de las manos. No encontró nada en un inicio, como si se encontrase oculto — ¿Me ayudarías con esto? Es solo echar un vistazo… bueno, tú — se rió al decir eso, porque su ceguera no duele siempre, solo cuando la situación se escapa de las manos — Tal vez encontremos un tesoro, quién sabe.

O el mayor secreto de alguien.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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