Owen Yang
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— ¿Así que has pensado en eso? —
-¡Le di mil trillones de vueltas cuando estaba en alta mar!-
El tono de su mujer favorita enardeció muchísimo más su rostro y su aspecto en general, el cual, ya se veía nervioso y sudado no solamente por lo que habían hecho hacía instantes, sino, por lo exageradamente nervioso que le ponía intimar en profundidad con quien obnubilaba sus sentidos. Ella tenía un control sobre él gigantesco, incluso, en sus propias emociones; Repetidas veces en el pasado ella le había dejado sin hablar sin siquiera callarle de manera directa, un superpoder que nadie había logrado hasta ahora con el pelirrojo que escupía palabras como una fuente agua. Aquello era irresponsable y peligroso, ambos lo sabían. Gwen no era tonta, menos, aún, que tenía un mínimo de información sobre cómo procedería el embarazo de una mujer, ella podría sentir el fuerte calor que desprendía todo su cuerpo mientras sentía las caricias de lo que era, para él, la chica que había elegido hasta las últimas consecuencias.
Ella emitió una pregunta que lo puso, incluso, aún más nervioso de lo que ya lo estaba; Todo aquello que habían hablado, sobre formar una familia, ser un equipo, un proyecto a futuro, se sentía y escuchaba tan lejano como excesivamente improbable que ocurriese ahora. Era una fantasía, de esas que todos tenemos de vez en cuando...pero ella quería dar un paso más allá: " ¿Te quedarías conmigo si ocurre?" -¡OBVIO!- dio un sobresalto que le enrojeció por completo, clavando esos orbes celeste brillante en el rostro más hermoso que vio. Hacer lo que estaban haciendo, sin ningún tipo de cuidado, efectivamente, haría que "ese proyecto de vida" se acelerara de manera brutal, accidentada y abrupta -Sería...muy lindo.- Un chico que jamás tuvo una familia. Uno que jamás pudo ser querido genuinamente. Uno que era visto como un bastardo, como un indeseado, ¿Pudiendo romper ese ciclo, él? -...sería un sueño para mi.- su estómago se encogió mientras su mirada iba directamente hacia el vacío. Él sería el padre que nunca tuvo, así no sepa ser uno, aprendería. Por ella, sería capaz de hacerlo.
Si algo así ocurriese, su corazón ya no le pertenecería solo a Gwen, sino, a otra persona más.
La propuesta de repetición de Owen le abrió los párpados de par en par, porque jamás se esperó esa reacción en el amor de su vida. Ella le besó -...Gwen?- y siguió con su cuello, generándole un escalofrío con esos carnosos labios y que tanto le obsesionaban.
— ¿Te refieres a ahora? —
-...ahora? ¿Otra vez?-
Él se refería a más adelante, de no haberla espantado con la brusquedad de su accionar, pero...¿Había generado el efecto contrario? Sintió cómo ella entrelazaba su mano hacia él, como si estuviese indicándole, incluso, que ella todavía quería más de donde aquello empezó. Su corazón empezó a palpitar con muchísima intensidad nuevamente, sintiendo cómo la adrenalina, otra vez, explotaba en su interior, con sus orbes celestes que viajaban por cada milímetro del rostro bellísimo que tenía su amada -Y que yo te tengo acá conmigo, Gwen. Pensé que no volvería a verte en...años, tal vez.- aquello escapó en un suspiro, pero uno que estaba enardecido por culpa de las palabras de la mujer de la que, honestamente, ya tenía una poderosa obsesión.
"¿Crees que puedas seguir?"
Ella siguió hablando, pero su frase siguiente, en la cabeza del pelirrojo, se tornó total y absoluto ruido blanco. Le hechizó, como siempre suele hacerlo Gwen, lanzando esa "magia no-mágica" sobre el pelirrojo que comenzó a tener su respiración pesada y, sobre las piernas de su mujer favorita, pudiese comenzar a sentirse un impulso ascendente y progresivamente duro justo sobre una de sus piernas. Sin siquiera darle tiempo a poder pensar absolutamente nada, torció su cuerpo para derrumbarla sobre la cama en las que el chico estaba sentado con ella encima, haciéndola rebotar en el mismo.
-¿Me lo dices en serio?-
Parecía molesto, al igual que lo estaba su expresión, pero no, era totalmente lo contrario a molestia. Le miró con esa expresión que podría confundirse con odio, pero no, era un deseo caótico, incontrolable y explosivo, PEOR que el que había tenido por ella antes de que comenzase todo aquello. Gwen, quien él siempre pensó que sería alguien un poco más conservador o " una vez cumplido, pasar a otra cosa", ahora, ¿Estaba sugiriendo que lo volviesen a intentar? La respiración caliente de su cuerpo se expulsaba en bocanadas, una atrás de otra, mientras se veía su torso inflarse y desinflarse por la excitación y el morbo -¿De verdad me estás preguntando si puedo seguir?- su tono parecía realmente enfadado o altivo, pero no, es que la muchacha había tocado "el botón correcto", casi de la misma manera que lo había hecho aquella vez que le dijo " te amo" por primera vez: Cegarle los sentidos por un breve momento.
Quiso quedarse con el principio de la frase hasta que se tornó difusa. La miraba derrumbada, ojos entre-cerrados, inevitable no morderse el labio inferior. Ella era tan espectacular, con un cuerpo tan increíble y un rostro tan lindo que estaba explotando -¿Cuidar? Pero yo soy el que quiere cuidar de ti.- se comenzó a asilvestrar, abalanzándose sobre ella y capturándole ambas manos hacia los lados del cuerpo. Su cabello caída hacia abajo, aún sudado.
-Aunque si antes te traté un poco mal, ahora te voy a tratar un poco peor. Solo, por esta noche, no pienso cuidarte.-
Varias horas de idas y vueltas habían ocurrido. Ruidos, golpes, una cantidad enorme de sonidos en los cuales habían recibido martillazos a la pared debido a lo estruendosos que estaban siendo. Aquello era un alojamiento, sí, pero había gente que de verdad lo utilizaba para alojarse, a diferencia de esos dos que parecían estarse extrañando demasiado -AH...AH...- habían pasado fácilmente dos horas, comenzando ya la madrugada y el pecho del muchacho, aún completamente desnudo, se inflaba y desinflaba sin cesar, observando el techo de aquella habitación tenuemente iluminada. Sus ojos parecían perdidos, como si estuviese haciendo un esfuerzo atroz por recuperar el aliento -...Gwen...eso fue...increíble...- giró su cabeza hacia a su lado donde yacía su compañera, excesivamente excitado por un pecho que se inflaba y desinflaba como un globo -¿Cómo...has hecho...lo del giro en el aire?- sonrió con emoción, haciendo que esos dientes blancos, brillantes y colmilludos apareciesen y, en un acto reflejo, girase su cuerpo para quedar de perfil hacia el amor de su vida -Ven, preciosa.- dio un par de botecitos en dirección a la muchacha, buscando abrazarla con sus manos y atraparla consigo.
Progresivamente, iba siendo capaz de respirar con mayor normalidad, liberando suspiro tras suspiro, y su mano izquierda comenzó a acariciarle la copa de la cabeza y jugar con los mechones de su cabello -¿Te sientes débil, Gwen?- sus ojos estaban entre-cerrados, ahora sí el cansancio comenzaba a jugarle una mala pasada al pelirrojo -¿Tienes alguna duda de...que tienes el potencial para cambiar el mundo?- llevó su mejilla hacia la parte superior de la cabeza, apoyando la mejilla y haciéndola descender un poquito hacia su pecho -¿Qué es lo que te gustaría conseguir allí fuera, hasta que...yo termine con lo mío?- su mirada comenzó a dudar, por el miedo que tenía de una inminente separación futura -Has hecho de mi...alguien medianamente bueno, mejor de lo que era, ¿Te acuerdas del cuento del demonio y el ángel?- esbozó una sonrisa y liberó una pequeña risita -Eres lo mejor que pudo pasar en este mundo, en mi mundo,- y, besando su cabeza, prosiguió -y en mi vida. Seré quien te proteja hasta que lo logres.- pero había algo que Owen, en su obsesión y soberbia, parecía jamás haber analizado.
¿Acaso, algo de todo esto, era algo que desease la propia Gwen?
-Hablo- , Narro , -Pienso-
Gwendolyn
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15-12-2025, 08:44 PM
(Última modificación: 16-12-2025, 10:01 AM por Gwendolyn.)
Lo sintió, ese calor que fue la respuesta que ha hecho. No necesita palabras, simplemente sonrió con suavidad, en un gesto que escondió detrás de su mano, es una risa que permanece, pero que no debería estar ahí.
—Sí, es lo que te pregunto, Owen — aun así el tono divertido se desvaneció, porque es la verdad, es una pregunta que ha hecho con un por qué, hay una razón detrás que no escondió — ¿No puedo?
¿Es que ha elegido palabras incorrectas? Porque en realidad parece al revés, incluso si su tono no es amable o animado como antes, no se asustó. Simplemente tomó aire, acomodándose en la cama, porque ha aplazado el final por un rato más ¡Ya llegará eventualmente! Pero en ese momento no.
Aceptó todo lo que va a pasar, en un contrato que ninguno ha firmado, pero que vale más que cualquier papel en todo el mar. Uno que no se puede romper ni robar, por eso es tan valioso ¿O será porque son ellos?
¿Por qué se aferra tanto a él?
Su cuerpo descansó finalmente, se sintió cansada, aun así no se dejó ir, simplemente se aferró al sonido de la voz de Owen, a su respiración, como si perderse eso fuese a lastimarla — Estoy agotada, pero me siento bien — esa es la verdad, aunque una parte de ella no quiera moverse más, no quiso estar en ningún otro lugar. — Yo… — ¿Debería decir la verdad ahora o no es el momento? Apretó los labios aprovechando que no la puede ver, mordió la parte exterior acomodándose junto a la piel de él, escuchando sus latidos — Sí, lo dudo. Dudo que pueda hacer muchas cosas. — se apegó a él, diciendo lo que hasta ahora ha querido esconder.
—Lo que yo quiero es egoísta, Owen. Por eso no sé cómo podría cambiar al mundo si no puedo ayudar a nadie — un suspiro salió de su cuerpo, uno que la encogió ligeramente, quizás por lo que dice también — No sé que tengo que hacer para hacer eso.
¿Qué respuesta puede dar que se asemeje a un milagro? Se sintió atrapada una vez más, solo que antes nadie volvía reclamando porque no se cumplían sus peticiones ¿Y Owen? Cuánto podrá vivir notando que no ha cambiado ni un centímetro del mundo — Podría intentarlo — es un tal vez, una posibilidad, pero no una certeza, como si algo dentro de ella le dijera que es imposible. No existe tampoco la posibilidad de pedírselo a Dios, porque en realidad ¡¿Qué tiene que cambiar?! Cuál del montón de cosas que están mal tiene que mejorar.
Aunque no importa qué le digan, no se sintió lista para resolver ninguna.
—Quiero saber por qué estoy aquí. Debe haber una razón que he vivido tanto, incluso pasando el incidente en donde nos encerraron — su tono se suavizó inicialmente, para terminar acompañándose con un bostezo al final — Lo más probable es que de estar con otras personas no habría salido ilesa — su mano se posó en el torso de él y lo acarició despacio — Tuve mucha suerte.
Más que él, pero no la suficiente como para no caer en esa trampa. Lo justo para mantenerla viva.
—Y ya te dije, planeo buscar la forma de poder ver. Debe existir alguna, le preguntaré al Doctor… Kiyoshi, él — porque le dice Doctor sin su nombre, solo por una costumbre, aun así lo tiene ¡Y debería tratarlo así con otros! — Así que lo conocías de antes ¿De dónde?
Dónde conoció a un hombre que ha cruzado camino con ambos.
¿Es una coincidencia o una respuesta?
—No me pareces alguien que vaya por las buenas al médico — se rió a pesar de que debería preocuparse — Por eso ¿Me prometes que te cuidarás más?
O que al menos volverás sin importar lo que pase.
Owen Yang
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17-12-2025, 09:45 PM
(Última modificación: 17-12-2025, 11:50 PM por Owen Yang.)
Cuando estaban a punto de despedirse, curiosamente, estaban en una posición bastante parecida en la que se encontraban en ese mismo momento. La incertidumbre de "no saber cómo proceder" era, por sobre todas las cosas, algo que les tenía en ascuas, incluso, al propio pelirrojo. ¿Cuándo sería el final de su cometido? ¿Saldría bien? ¿Acaso cuando Uker, Maki, Jensen o el propio Kiyoshi se enterasen de que su único fin era obtener información de parte de un mafioso serían capaces de dejarlo con vida? El chico apegaba a la mujer de su vida un poco más a él, aferrándose, algo que parecía mutuo, como si ambos intentasen obtener protección ante una indefensión aprendida producto de los acontecimientos de hace muy pocos días.
—Lo que yo quiero es egoísta, Owen. Por eso no sé cómo podría cambiar al mundo si no puedo ayudar a nadie —
-Lo mío...también lo es. Pero confío en que crearás el cambio que este planeta necesita.-
Estaba agotado, los calambres de su cuerpo se intensificaron debido a que la adrenalina, progresivamente, comenzaba a disminuir. Aún así, simplemente por querer prestarle atención a su mujer favorita en todo el mundo y apoyarla en ese pequeño sentimiento de inferioridad que parecía florecer en ella, simple y llanamente, se mantuvo firme y despierto aunque su cuerpo estuviese cediendo al cansancio.
Mientras intentaba prestarle atención, pestañeaba con fuerzas, aquel gesto que uno realiza para poder evitar que el cuerpo se acomode lo suficiente para permitirse descansar. " Quiero saber porqué estoy aquí", una frase que Owen, desde que tiene uso de razón, se preguntaba día y noche hasta encontrar un propósito más allá de uno puro y enteramente vengativo como al que había estado aferrándose hasta estas instancias. Tenía suerte; Al haber terminado a la deriva en el South Blue y más precisamente en el Reino de Sorbet en una primera instancia, jamás había tenido un nuevo contacto con aquellos de Isla Tamanegi que, metiéndolo en un saco, lo habían lanzado a la deriva. La existencia de Gwen era un escudo, un bloqueo que le permitía ir hacia adelante y no hacia atrás en búsqueda de reparar un daño...haciendo más daño -Si tú tuviste suerte, yo tuve aún más suerte.- y, mientras decía esto, se apegaba al cuerpo de una Gwen que parecía estar siempre temperada de la forma idónea, a diferencia del muchacho que, aún, conservaba un calor abrumador provocado por la revolución de hormonas en su interior, mientras desviaba la mirada hacia aquellas caricias que iban hacia su torso desnudo y él, de igual manera, apegaba su mejilla en la copa de la cabeza del amor de su vida.
—Y ya te dije, planeo buscar la forma de poder ver. Debe existir alguna, le preguntaré al Doctor… Kiyoshi, él —
-¿Kiyoshi?-
— Así que lo conocías de antes ¿De dónde?—
-...sí...él es...el médico de...mi tripulación...-
Mientras decía aquellas palabras, la sola mención de hacer sinapsis y vinculación entre Gwen y Kiyoshi, hizo que su cerebro fuese atacado con un recuerdo, uno que impactó en su frente como un flechazo con información y vivencias. Durante una décima de segundo, su cerebro procesó aquello con una velocidad inusitada:
Cita: -¡BRRRRR!- como lo haría un perro para secarse -¡QUÉ GUAPO!- el subidón de la adrenalina, también, estaba actuando como siempre lo hacía en él.
-¡JA-JA! ¡A POR EL SIG-
— Esa ciega… —
-...eh?-
— Quien la cuidaba, era raro… muy raro… —
Y ella, entre risas, simplemente ofrecía simpatía ante la coincidencia de que ella, por sus propios medios, había conocido al médico con anterioridad. Este, a su vez, también había mencionado haberla conocido, pero...otorgó detalles que hicieron que Gwen, incluso, tuviese aún más dudas de sus orígenes.
Otra vez, otro recuerdo atacó mientras ella simplemente se frotaba y realizaba una pregunta: " ¿Me prometes que te cuidarás más?" Owen no respondió, manteniéndose en un silencio relativamente incómodo que mostró que su rostro estaba pensativo. Había perdido un poco la concentración en estar cansado y, ahora, estaba canalizando todos sus esfuerzos en seguir recordando todo lo hablado hacía tiempo atrás en Isla de Samba. El médico era alguien muy reservado, antipático, mal bebedor y por sobre todas las cosas, arisco. Pero toda esa actitud escondía algo: Mucha profesionalidad, seriedad y dedicación absoluta a su profesión, cosa que Owen respetaba en demasía al igual que acompañarle, cuando haga falta, a su objetivo final.
Otro recuerdo le asaltó, uno más...delicado:
Cita:-¿Quién...la cuidaba? Hay...algunas cosas de ella...que son un poco extrañas, no es que no confíe en ella, para nada. Pero...- su mirada, sin intención, se desvió, perdiendo el contacto visual para divagar un poco en su propia cabeza -...casi parece como si ella misma hubiese omitido cosas de su pasado por su bien, ¿Me entiendes? ¿Te ha pasado? ¿Has visto casos así?- la sangre seguía corriendo por su cabeza. Sí, Kiyoshi, habías perforado fuerte en esa cabeza semi-vacía -¿De alguien que para aminorar un trauma hacen como que no existió, y hasta cuando intentan recordar, no pueden?- eran preguntas realmente genuinas, clínicas, Owen tenía muy presente los suyos propios y, los mismos, fueron el motor que lo llevaron hasta donde está aquí, casi que literalmente -¿Una manera de...vivir en paz, para no tomar...alguna decisión...tonta, como dirías tú?-
— Sí, es algo que sucede. Normalmente ocurre que es un proceso involuntario, pero por como lo dices, pareciera que fue una decisión de ella. ¿Estás seguro de eso? De todos modos, si me preguntas, si ella puede realizar su vida normal, lo mejor es que no intente recordar.
La mirada de Owen se desviaba hacia un lado, confusa, silente, incómoda. Gwen era excesivamente perceptiva, demasiado, su carencia de visión le había otorgado la posibilidad de poder sentir cualquier modificación del entorno e, incluso, de las propias emociones del pelirrojo y, de la misma manera, el muchacho sentía cualquier detalle que la muchachita presentase como extraño en su comportamiento.
-Conocí a Kiyoshi, el médico, sí. Me comentó que quien te cuidaba era alguien raro, muy raro.-
La dejó picando, como si fuese una respuesta capciosa, una que buscaba tirar de una cuerda de la que no sabía qué se encontraría del otro lado. Existía...algo de confusión en el pelirrojo, ¿Porqué ella podía saber todo sobre su pasado, incluso, sus fuertes traumas, y él no? Algo de duda se generaba en el muchacho, una genuina -Gwen.- sonó un poco más serio que de costumbre, volteando a buscar el rostro de la chica y que ella, sintiendo el calor de su respiración, comience a indagar en algo de lo cual...tal vez, podría ser un error -¿Quién fue el doctor que mencionaste...aquella vez?- si bien bajó el tono de voz debido a la cercanía, podía escuchársele...intranquilo -Aquella vez...que Onizuka Jin vino hasta nuestra casa, ¿Lo recuerdas?- necesitaba...probar su punto. Entre-cerró sus ojos, manteniendo un contacto físico algo tenso, perceptible -¿Recuerdas lo que ocurrió en la cueva de los ecos?- ya eran demasiadas las situaciones dudosas como para dejarlas pasar -¿Recuerdas cómo...no me dejaste leer la carta que tenías...- y su dedo índice, viajando hasta los pechos de la muchacha, aquellos que alzaban la gema azul que no se había quitado de su cuello, señaló el adorno -...en este guardapelo?- y que ella, sin siquiera verle, sentiría al sufrir, en el tacto, el suave empujón de la joya sobre el esternón.
-¿Qué es lo que hay detrás de ti, Gwen?-
Tal vez iba a forzarla a que encare algo que ella estaba ocultando en esa pasividad y ternura que tanto le caracterizaba.
-En tu recuerdo...- sus ojos se entrecerraron y desviaron, evitando seguir mirándole el rostro solo por el dolor de...lo imaginable -...tu cama se movía luego de un rato.- porque él había sido capaz de sentirlo. Ambos, durante ese período de tiempo, sabían qué pasaba dentro del otro, ¿O acaso lo habían dicho en voz alta sin siquiera haberse dado cuenta? -Luego, tu cuerpo dolía cuando pasaba tu mano por la piel.- palabras textuales, dichas por ella, porque aquello...no parecía haber simplemente pensado por la mujer.
-¿Quién eres?-
Ya...resultaba algo incómodo para el pelirrojo ocultar la pregunta.
-¿No recuerdas nada de lo que pasó antes de que llegaras a Isla del Karate, Gwen?- había cierto tono preocupado en sus palabras, pero...también una intriga azotadora de no saber, exactamente, " quién era el amor de su vida", así la eligiese por siempre y para siempre -¿Porqué...no te interesa saber...quién eras?- una duda que le carcomía la cabeza a un Owen que, bajando la mano hasta los pechos de la muchachita, se abría paso a ellos para poder sentir los latidos de su corazón.
Ya que, al lado del mismo, permanecía la mitad que le dejó.
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Algo ocurre, una situación que no supo cómo ha desencadenado, pero incluso si intentó contenerla, sintió como la misma se derrama. Se apegó a él escuchando lo que tiene que decir, no quiso responder, apretó los labios en silencio. Habría deseado fingir el dormir, el que ha caído en un profundo sueño luego de tanto, pero no es así. Sería mentir más de la cuenta, aunque no lo suficiente como para deshacerse del problema, porque éste se aferrado a ella por culpa de Owen.
—Yo no le conté nada de quien me cuidó — no ha dicho nombre, nada más que la indiferencia a su ceguera. Que nada han hecho en la iglesia, porque es mejor así: No ver, a observar cosas que no le van a gustar. — Pero voy a suponer que sacó conclusiones, porque me hizo un par de preguntas — gruñó despacio y suspiró, como si no le gustara la situación.
Y efectivamente, mientras más escarba, aparecen preguntas que le quitan la sonrisa del rostro. Es un gesto agotado, no físicamente, sino más bien hay algo más. Porque ha llegado lo que dejó atrás, una vida que no quiso continuar a pesar de hacer ademanes en un inicio de seguir el rumbo trazado para ella.
—¿Por qué es tan importante saber? — Se quedó junto a él, aun así se tapó con las sábanas como si sintiera frío, cuando en realidad no puede sentirlo. Tal vez el sentirse juzgada por quien debería aceptarla la obligó a buscar refugio en algo más — ¿Si te respondo todo, dejarás de preguntarme?
Apretó por primera vez los dientes, en un gesto de frustración que permaneció oculto para su suerte. No le mostró su disgusto, pero seguro puede percibir que en realidad no es una conversación que quiera tener.
—No me interesa saber quién era, porque si era alguien, seguro no podría ser libre de elegir lo que quiero hacer ahora ¡Tenía un deber con la iglesia! Con el pueblo — su voz sonó ligeramente más alta, es como si la frustración se arrastrara al final, pero el cansancio se hizo presente y su presión fue más, como para que no sea un grito, sino una queja — Y lo abandoné. Abandoné todo lo que fui y debía hacer, Owen. Abandoné a toda la gente que creía en mí y que podía cambiar sus vidas — para recibir un nuevo destino impuesto por alguien más, como si el destino no se pudiese cambiar, solo reemplazar por algo más. — Eso está en la lista de cosas que dejé atrás.
Tomó aire y lo soltó en un suspiro cansado.
—Sabiendo esto ¿No te asusta que te abandone a ti también? Dejé de hacer lo mismo que me estás pidiendo ahora. — quizás por eso lo ha escondido, porque se siente hipócrita aceptando un deber, cuando ya lo ha dejado sin mirar atrás una vez.
—No conocí a ningún doctor. Nadie nunca lo conoció y eso no pasó, en el pueblo nadie sabía de él, no importa a quién le pregunté. — tomó la mano de él, esa que se ha posado sobre su pecho y la apretó — Eran sueños. Eso me decían en la iglesia, son malos sueños que se irán. No hay más, pide por las noches para que Dios te ayude — ¿Entonces por qué dolía cuando palpaba su piel? — Recuerdas pesadillas, nada más. Eso es lo que sentiste seguramente... Incluso ahora, me cuesta saber si las cosas ocurren. Si estoy durmiendo o despierta.
Culpó a la fantasía de todo, como si fuese la panacea para toda enfermedad, porque así lo han hecho en la iglesia y no conoce más. Es la solución más fácil cuando a Dios no lo pueden usar.
—Pero en ellas escuchaba a un Doctor, sí.— se volteó a donde está él y buscó un poco de relajo al sentir el perfume de quien la acompaña. Es una sensación nostálgica, como si estuviesen en Karate una vez más, tranquilos y preparándose para otro día — Siempre lo escuché temeroso y arrepentido. Pero nunca pude preguntar, porque cuando me lo encontraba mi cuerpo estaba pesado, pero podía escucharlo.
No dijo qué pudo oír, porque son conversaciones que a veces no recuerda y el resto no entiende del todo.
—La persona que me crió me dijo que Dios me había elegido, que era especial... Tal como tú lo haces. — lo soltó finalmente y se sentó en la cama, arrastrando las sábanas con ella — Pero él decía que podía hacer milagros. Que los había hecho en realidad y me los contaba todo el tiempo.
Se encogió de hombros con suavidad, como si no supiera que creer. Porque todo suena a fantasía, pero si todos lo afirman ¿Es verdad o mentira?
—Soy la elegida de Dios, la que trajo buena suerte al pueblo y que incluso podía curar a la gente con su canción — sonrió, pero no es un gesto amable y tranquilo, es la sensación de que ha permanecido mucho tiempo en un mundo de mentira — Una doncella milagrosa.
Pero de poder hacer milagros, no estarían ahí. Owen no se encontraría lastimado y nadie habría tenido que morir.
—Que solo trae desgracias a su paso.
Una farsa que se ha extendido más de lo necesario.
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Todas las personas desarrollamos no un sexto, un séptimo sentido para poder notar " cuándo las cosas andan mal", y más aún cuando se trata de los más cercanos y afines. Gwen resultaba ser una chica tranquila, risueña, con inquietudes, miedos y fortalezas, pero jamás parecía mostrarse reacia a afrontar ninguna situación que la vida decida ponerle, al contrario; Resultaba ser tan temeraria como el pirata más belicoso o el ladrón más curtido. Sin embargo, ella parecía tener un talón de Aquiles o, al menos algo, que le generaba una sensación de incomodidad tan enorme que hasta le hacía cambiar su comportamiento al interactuar con Owen: Su pasado.
El pelirrojo afrontaba su realidad, su existencia matona, pendenciera y malandra a su manera, pero la afrontaba sin ningún tipo de bondad ni amabilidad. Gwen, por su parte, realizaba una cantidad de maniobras evasivas tan alevosas que empezaban a despertar preocupaciones en el pelirrojo, ¿Porque la quisiera menos si supiese de su pasado? No, sino, porque encontraba algo...un poco más preocupante: El amor de su vida sería capaz de poder ocultarle cosas, si lo deseara.
— ¿Si te respondo todo, dejarás de preguntarme?
-...supongo que sí. Tampoco es para que te pongas tan a la defensiva, ¿No?-
Era la primera vez, en todo el tiempo que se habían conocido, que Owen sí reaccionaba de manera ligeramente rebelde ante el comentario de la mujer a la que había mencionado como la única en su corazón y vida. Sus ojos se desviaban hacia abajo, como si quisiese evitar un contacto visual inexistente pero evidenciando frustración en sus palabras. Se notaba a leguas la negativa de tener que darle explicaciones, pero, ¿Porqué no darlas? Eso era lo que mantenía al muchacho en ascuas.
En cuanto su discurso empezó, la expresión de Owen no hacía más que confundirse y acomplejarse cada vez más, " no me interesa saber quién era", " tenía un deber con la iglesia", el chico era mucho más sencillo de mente y sus conflictos infinitamente más terrenales, más mundanos, más palpables. Los de Gwen, no; Parecía como si la chica estuviese teniendo una lucha perpetua entre lo que fue y lo que quiere ser, abandonando a una persona para encontrarse con una nueva, algo que...bueno, el pelirrojo también estaba haciendo. Sin embargo, él cargaba con la mochila de aquel maleante que siempre fue y, desde que sintió la calidez de la bondad maravillosa de la mujer que tenía delante, había abandonado poco a poco, arreglando a un ser imposible como él. " Ella lo abandonó todo".
—Sabiendo esto ¿No te asusta que te abandone a ti también? Dejé de hacer lo mismo que me estás pidiendo ahora. —
-Inténtalo, si quieres. Yo moriré antes de abandonarte a ti.-
Era, probablemente, la primera vez que Owen se mostraba absolutamente distinto a lo que Gwen se había encontrado desde siempre; Un chico risueño, divertido, gritón, romántico y muy meloso, que siempre deseó tener la compañía de quien él consideraba perfecta ante sus ojos, porque ella lo era así no pudiese verlo, irónicamente. Esta vez sonaba determinado, nervioso, sí, incluso con una pequeña gota de sudor que, debido a la tensión, se deslizaba por su mejilla. Se lo escuchaba obstaculizante, como si la muchachita de párpados cerrados fuese un ratón y él dos grandes manos que le perseguían, ¿Miedoso de recibir un mordisco? Sí, porque un par estaba recibiendo, ¿Detenerse a querer atraparla? No, para nada. Su amor por ella le había cambiado y mostrado que podía dejar de ser el demonio que todos pensaron que sería. Comenzó a mencionar a un famoso " doctor", el mismo por el que gritó en Isla del Karate cuando Onizuka Jin irrumpió en aquel lugar que consideraba hogar. Atrapó su mano, apretándola -...- y él, inevitablemente, clavó sus orbes celeste brillante en el rostro más hermoso que jamás creyó poder ver. Había algo que no encajaba, había algo...en su discurso, bastante extraño, "Recuerdas pesadillas, nada más", como si alguien le hubiese dicho que las razones de sus extrañas sensaciones eran, simple y llanamente, pesadillas tan exageradamente específicas que sonaban a la peor patraña que el pelirrojo podría contar al intentar engañar a alguien.
Ella se mostraba tremendamente inquieta mientras exponía sus recuerdos, miedos y dudas, viéndose primero relajada, pero luego tensa. El rostro del muchacho, ciertamente, era un poema; Tenía su ceño fruncido, mirándola, con una seriedad que le empezaba a generar dudas y cuestionamientos que, en el fondo, le empezaban a hacer germinar la planta de la duda en una semilla que fue regada durante, ya, varios meses, incluso, habiendo gente en el pasado que " también decía que era especial" -¿Me quieres decir alguna indirecta, Gwen?- porque quería entender el mensaje entre líneas, uno que jamás, el pelirrojo, tenía con ella y, mientras no le quitaba ni un solo ápice de segundo la mirada de encima y ella le soltaba, llevándose las sábanas consigo y quedándose estas como un velo.
"Ella era la elegida de Dios, una doncella milagrosa, que solo trae desgracias a su paso."
Vio aquel "velo improvisado" que ahora era la sábana que a ambos les cubría. El pelirrojo, sentado, mirándole a su espalda, no se movió ni un solo ápice de su ubicación.
-¡Estás muy equivocada! ¡Tú has cambiado a un demonio como yo!-
Algo que el pelirrojo le repitió a diestra y siniestra, pero parece que ella, todavía, no se lo había creído. Debido a las inmensas ganas de demostrarle lo equivocada que estaba, no dudó en alzar la voz, incluso, ya siendo la madrugada y jugándosela a que puedan echarles la bronca por la inmensa cantidad de ruidos en esa habitación -La única desgracia aquí es que tenga que subirme a ese puto barco, lleno de orates.- y, desplazándose hacia adelante, desvió la mirada hacia abajo, aproximándose a la mano derecha de la muchachita y capturarla con la misma, dando un pequeño salto para quedar justo a espaldas de la mujer de su vida -Tu pasado no es algo que me importe, Gwen, pero, ¿No te genera ruido lo que estás diciendo?- porque al pelirrojo sí, mucho, y podía verse en ese ceño fruncido, lleno de indignación -¿Sueños con un médico? ¿Un médico pidiéndote perdón y clemencia? ¿No suena tan abrumadoramente específico un sueño así que parece la peor gilipollez jamás escuchada?- se le había quitado la maña de insultar a diestra y siniestra con ella, pero bueno, se estaba dejando llevar un poco. Dio otro pequeño botecito, quedándose casi pegado a la espalda de esa mujer envuelta en una sábana -Yo soy un puto bruto, y si soy listo es porque me curtí a los golpes. Tú eres inteligente, demasiado, ¿Cómo puedes simplemente asumir que semejante patraña sea cierta?- parecía él más indignado que ella, ciertamente -¿Quién coño fue tan subnormal- listo, soltó los anclajes que evitaban que no sea un maleducado -de hacerte creer que provocas desgracias, cuando yo era un ser vil y desgraciado antes de conocerte?- él se flagelaba demasiado por su pasado, pero bueno, envuelto en la desgracia sí estuvo siempre, tenía un punto -Si sobreviví a lo que de esa puta torre asquerosa- señaló abruptamente hacia la ventana, como si ella pudiese verlo (O como si el lugar estuviese en la dirección donde apuntaba) -fue por el querer verte una noche más, como esta. Lo que siento por ti me mantendrá vivo para siempre, y nada, NI NADIE, va a detenerme hasta que te cases conmigo.- y, bajando el brazo y la mirada, pareció...ligeramente más angustiado, incómodo, repentinamente.
-Aceptaré que tarde o temprano quieras abandonarme, si puede que lo hagas. No me importa.- acotó, de repente, como si recapitulara lo que ella había dicho hacía unos minutos. Su mirada se encontraba desviada, sin moverse un milímetro a espaldas de la chica, solo manteniendo el contacto con sus manos que, lentamente, fue separando para quedar algo encorvado, cabizbajo -Aún así, mi corazón va a seguir sin pertenecerme. Va a ser tuyo, te lo ganaste a pulso, Gwen.- y, mostrándose un poco...¿Ofendido, tal vez? Quien se volteó para darle la espalda fue él, en un gesto lleno de impotencia.
-Pensé que eso lo habías entendido ya.-
Sonaba triste, apagado, con la cara apuntando hacia los retazos de tela agolpados entre ellos, dibujando arrugas por el peso de su cuerpo -Y si en esta vida me dejar de amar en algún momento, lo volveré a intentar en la siguiente.- porque él siempre había demostrado la fragilidad de que, tarde o temprano, "pudiesen dejar de quererle".
Porque nadie le había querido genuinamente, excepto ella.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
Gwendolyn
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
24
98
24
0
80
0
85
70
70
150
21-12-2025, 07:30 PM
(Última modificación: 21-12-2025, 07:32 PM por Gwendolyn.)
Se habría apretado los brazos con sus manos, para que las uñas traigan una sensación que moleste, pero menos que las palabras que le dedica Owen. Su declaración debería llenarla de orgullo, porque ha visto el cambio, pero ha sido el lograr algo y que él espere más de ella a cambio.
¿Qué debería hacer ahora?
Bajó el rostro ante su acusación, porque la verdad parece peor que la mentira ¿No? Por eso no la comenta, es un secreto que no le gusta decir, que prefiere ignorar, como si eso fuese a llamar a una vida tranquila, cuando en realidad no ocurre — Claro que lo hace, pero ¿Qué más podría hacer? — qué puede hacer más allá de darle vueltas a lo sucedido, porque no está ahí y de aparecer el pasado por ella ¿De verdad la dejarán ir? — Tu al menos sabes de dónde vienes, quienes son las personas de tu pasado. Yo no sé nada ¿Qué quieres que haga? Siempre pensé que eso era lo normal...
Que busque en el mar a base de recuerdos y sueños que eventualmente de van a desvanecer ¡Y mejor así! — Incluso si es verdad, no sé quién era el Doctor. No sé quién era mucha gente — su mano terminó en su frente, como si su mente comenzara a doler porque no puede ponerse de acuerdo ¿Quiere recordar o no? Qué es lo que desea hacer en realidad — No lo pensé mucho, no necesitaba saber.
No saber parecía estar ligado a no ver, como si no fuese necesidad, si alguien más lo repetía una y otra vez. No necesita conocer la verdad, ni el mal o el exterior. Nada debería anhelar más que el estar ahí, cumpliendo milagros que no ocurren.
Tomó aire cuando escuchó su declaración, aun así no dijo nada. No hubo palabras para declarar, porque incluso si dice la verdad ¿Se lo creerá? Solo ha soltado cosas ridículas a la que les quita importancia para poder avanzar tranquila.
— No te abandonaría nunca — su mano se movió para ver en donde está. Avanzó por la tela, hasta llegar a un calor que le gusta, porque en realidad es todo lo que ella no. Hasta podría ser lo que le gustaría ser en realidad, seguro por eso se aferra a Owen el doble de lo que debería — Me sorprende que luego de tanto, sigas pensándolo — de pasar tiempo juntos y declarar lo que nunca hizo con nadie más, porque siempre se ha mantenido en silencio en la iglesia, esperando que le digan qué hacer.
Acercó su cuerpo y chocó con la espalda de él — Y no dejaría de amarte, ese… ese no es el problema. Si no lo hiciera no te contaría esto ¿No? — se habría quedado en silencio, pretendiendo que todo está bien, que nada ocurre. Fingir una demencia que a veces se asoma, pero que permanece más escondida, no por obra de Dios, sino porque no debería existir en primer lugar — Es solo que me asusta. El saber... es un viaje de ida sin vuelta, Owen.
Mᵉ asᵘsₜa pₑnˢaᵣ ᑫuₑ ᵗodo lₒ ᑫuₑ ᵛiᵥí fᵤe dₑ ᵛeᵣdᵃd, ᵖoᵣqᵘe sᶦ ₗo fᵤe, ¿Qᵘé dᵉbₒ ᵖeₙsᵃr?
Su mano inició en la espalda de él y avanzó, en un abrazo suave.
— No quiero volver allí. No quiero volver a la iglesia o ser la doncella milagrosa, quiero quedarme contigo, lo decidí cuando nos quedamos en Karate, que no querría estar en ningún otro sitio con otra persona — besó con suavidad la piel de él, en una muestra de cariño legítima que avanzó hasta su mejilla — Estoy segura que en el momento que me encuentre de nuevo con ellos querrán que regrese.
Y que deseche todos sus sueños y anhelos.
— Si el saber es que exista una probabilidad de que no pueda estar contigo, entonces te elijo a ti, Owen — lo soltó y avanzó a la orilla de la cama, para levantarse con suavidad — Y si tengo que cambiar al resto del mundo, lo haré — porque cada vez que lo nombra parece más un anhelo compartido, seguramente para que la carga sea más fácil de llevar — Así podemos vivir tranquilos en Karate cuando llegue el momento.
ᴬsᵢ́ ᵖᴏᴅᴇᵐᴏₛ ᵖᴇᵣᴍᵃɴₑᴄᵉʀ ᴊᵘɴₜᴏˢ ₑʟ ʀₑsᵗᴏ ᴅᵉʟ ᴛᶦᴇₘᴘᵒ ǫᴜᵉ ₙᴏˢ ǫᴜᵉᴅᴀ.
— Ya... lo hablaremos con más calma
Una vez más, lo hablaremos en el momento incorrecto, el lugar más desafortunado, porque toda mi suerte me la gasté conociéndote ¿No?
Dᵢₘₑ Dᵢₒₛ, ¿Eₛ qᵤₑ ₘᵢ ₛᵤₑᵣₜₑ ₛₑ acabₒ́?
Owen Yang
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
123
73
53
51
118
133
70
178
0
0
— Me sorprende que luego de tanto, sigas pensándolo —
-Jamás lo pensaría. Pero si ocurriera, barrería el mundo para encontrarte otra vez.-
El contacto entre ambos. Ese que le generaba un cosquilleo dentro del vientre de un pelirrojo extremadamente enamorado de la chica que traía consigo y que, simplemente, se sentía muy acomplejado por descubrir que la chica por la que él lo daría todo tenía una mochila que cargar. Una mochila que él no entendía, una que, debido a haber vivido entre mentiras y falsedad, creía que traía cierta parte de verdad, y cierta de omitirle información. En su mirada había desasosiego, cierta tristeza, no quería pensar el peor de los casos y, en cierta medida, estaba bastante asustado de lo que estaba ocurriendo en ese preciso instante: ¿Acaso esta era la primera vez que discutían? Tal vez no había demasiada belicosidad en las palabras de ambos, pero sí había una confrontación, una que Owen había pospuesto, a su parecer, mucho tiempo. Él era un tipo excesivamente frontal, emocional, directo y ligeramente neurótico, por lo dudas no es algo que lo mantengan especialmente tranquilo.
Ella mencionó, incluso, que " no creía importante saber sobre el doctor", alguien que, durante el colapso que tuvo en Isla del Karate y que Jin Onizuka fue espectador, se volvió el protagonista en la demostración de lo aterradores que podían ser los poderes de Gwen. La mirada del chico se clavó hacia la nada, perdida, aún dándole la espalda a la mujer de su vida. No lo hacía de manera literal y aquello no resultaba ser una declaración de intenciones, sino, que la angustia de lo ocurrido y el posterior momento tenso entre ambos le generó una fuerte catarata de nervios, y miedo; Ese miedo que uno sufre cuando teme perder a alguien, por la fragilidad de las relaciones humanas, por el terror de...dejar de ser querido por ella, pero esa angustia se disipó cuando ella, por motus propio -¡!- se apoyó sobre él, pudiendo sentir la presión de sus pechos sobre su espalda y haciendo que sus ojos se mostrasen sorprendidos. Estaba nervioso, su corazón comenzó a palpitar, porque cualquiera podría decirle lo que sea, ¿Pero ella? Sus palabras le engatusaban tanto que hasta le sonrojaron en demasía -¿Un...viaje de ida, y sin vuelta?- le extrañó el comentario, uno que le quitó de esa pena que le comió tan solo que ella le dijese que lo ama. Volteó, queriendo verle el rostro que podría reconocer a setecientos kilómetros de distancia.
—No quiero volver allí. No quiero volver a la iglesia o ser la doncella milagrosa, quiero quedarme contigo, lo decidí cuando nos quedamos en Karate, que no querría estar en ningún otro sitio con otra persona —
-Lo siento por...tener que habernos hecho separar.-
Porque, muy en el fondo, por más que el objetivo que " él quería tener para con ella", siempre se sentía profundamente culpable y avergonzado de tener que haber cambiado meses de ternura y un futuro junto a la mujer de sus sueños, simple y llanamente por las ataduras propias de su pasado; Mientras que ella desconocía el suyo y en cualquier momento podría venir a cobrarle intereses, el de Owen, desde que tenía uso de razón, le atormentaba hasta el punto de tener el cabello tintado de rojo día si, y día también. Cualquier tipo de frialdad o miedo que pudiese sentir (Que al muchacho comenzaron a aflorarle cientos desde que Gwen existía en su vida) desapareció en un instante en cuanto comenzó a sentir cómo le besaba su piel desnuda, alcanzando hasta la mejilla. El muchacho había adquirido un gesto que repetía: Observarse la palma de la mano, como si la misma tuviese una pantalla donde se reflejasen los recuerdos de sus errores, dichos o situaciones donde se involucró de más. Cuando ella quiso besarle la mejilla, aprovechándose que no podía cambiar de dirección y no poder preverlo debido a su ceguera, el chico desvió el rostro hacia la derecha, haciendo que los labios carnosos y hermosos de su amada choquen a propósito con los suyos y que estos suenen por el impacto -Y cuando ellos te quieran regresar, ahí estaré para detenerlos y que sigas tu camino. Eres la fuerza de cambio que podrá hacer un mundo mejor, como me mejoraste a mi.-.
Sí podía haber un tono triste en sus palabras. Uno que hablaba de lo inminente que sería que, tarde o temprano, ese pasado que la había capturado volviese a ponerle tras las rejas. Uno demasiado diferente al del pelirrojo del cual jamás aceptó estar tras una, volviéndose el enemigo del mundo si así lo fuese. Eran distintos, demasiado, y aún así se elegían...porque eran más parecidos de lo que realmente creían.
— Y si tengo que cambiar al resto del mundo, lo haré —
-...-
— Así podemos vivir tranquilos en Karate cuando llegue el momento.
-Ese es mi sueño, Gwen. Poder irme a Karate y comprar la casa que nos espera.-
Pero...había cierto deje de impaciencia en sus palabras, más aún cuando esos ojos, que parecían de cachorro mojado, la observaban levantarse de la cama y la mirase la espalda alejarse mientras que su mente, como es usual, maquinaba a toda velocidad -Este mundo no nos cambiará. Este mundo no nos hará malas personas.- terminó por decirle, aunque había cierta tensión en sus palabras, incomodidad, como si la conversación hubiese quedado sumamente pendiente en un amanecer que lenta y progresivamente se aproximaba y teñía la habitación no de un azulado oscuro, sino, de un anaranjado opaco que se asomaba tímidamente a amarillento, ¿Habían estado " despiertos" toda la madrugada? Bueno, es lo que hace la juventud -Y sin importar el tamaño del mundo,- mientras decía estas palabras, copió el gesto del amor de su vida: Se orilló exactamente en la misma dirección de la muchacha, se puso de pie y, poniéndose a sus espaldas, la abrazó desde el vientre en un gesto en el que sus manos se deslizaban y, gracias a la diferencia de altura, apoyaba su mejilla sobre la copa de la cabeza de la muchachita -te encontraré, pase lo que pase. Mi mundo fuiste y serás tú, Gwen. Gwendolyn Yang. Jm,- una risita, enmudecida por los labios apretados, apareció -me estruja el pecho cada vez que sé que mi apellido es el tuyo.-.
-¿Si tuviéramos un hijo, qué nombre te gustaría? ¿Chico o chica? E-es...¡Es solamente u-una pregunta! ¡No sé! Joder...lo siento.-
Se apenó demasiado, rojo como un tomate.
Pero el solo pensarlo, le retorcía de amor por dentro.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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