22-11-2025, 02:53 AM
El joven arquero había pasado el día entero preparándose para su próxima cacería, siendo que en esta ocasión le correspondía una cacería nocturna, las más complejas y delicadas por el hecho de que eran pocos los cazadores de la isla que tenían la capacidad de poder ver con mayor claridad en la oscuridad del bosque cuando anochecía. Si Bertram fuera uno de ellos no sería un problema ni siquiera un reto tan grande, pero en realidad el joven no fue de los bendecidos con esa misteriosa y útil capacidad, por lo que debía descansar y evitar al máximo posible la luz, siendo que se mantenía en un cuarto sin apenas luz para que poco a poco sus ojos se adaptaran a la oscuridad, de forma que cuando se adentrara en el bosque pudiera ver entre la visión adaptada y la luz que llegaba de la luna, siendo que por fortuna le tocó cacería nocturna en una noche de luna llena, por lo que la visibilidad sería medianamente buena. Durante prácticamente toda la tarde el joven estuvo encerrado, recibiendo la comida y bebida allí, y vendándose los ojos completamente cada que necesitaba ir al baño para reducir al mínimo la luz que percibía, de forma que sus ojos no se verían afectados por ello. Mientras estaba en la habitación aprovechaba para meditar, mantener su arco en orden y limpio, estirar y entrenar su cuerpo para estar totalmente a punto para la hora de la cacería.
Como lo hiciera su abuelo en el pasado, un recluta fue quien le avisó de que ya podía salir, por lo que Bertram colocó su arco a su espalda, por encima del carcaj para poder sacarlo sin molestias una vez estuviera en posición y salió de la habitación con tanta naturalidad como si estuviera viendo en todo momento, pero era básicamente el resultado de años y años de entrenamiento y dedicación que provocaron que esos movimientos se sintieran tan naturales y comunes como el respirar, motivo por el que podía hacerlos aún a ciegas. El joven pelirrojo aún recordaba cuando podía vivir de la caza de forma permanente, sin importar que le dijeran que su talento le permitiría expandir sus horizontes, ir a otras islas, otros mares, unirse a gente que iba por presas a lo largo del mundo, incluso mencionaron que sería un gran marine, pero él quería quedarse en la isla, era feliz en su trabajo sencillo cazando para el pueblo, disfrutando de su familia, sus amigos y su vida calmada y tranquila donde podía entrenar a diario, cazar cuando era necesario y disfrutar de la paz del bosque.
El joven se adentró en el bosque, con pasos tranquilos, calmados y cuidados para evitar que los animales lo escucharan, buscando reducir al máximo su presencia, y poder ocultarse en algún lugar a la espera de la presa de la noche, siendo que cada vez debía cazar una presa concreta y en este caso se trataba de un reno, un animal escurridizo y asustadizo que huía ante cualquier ruido. El pelirrojo se subió con cautela a un árbol una vez se adentró en aquel frondoso bosque, más allá de la zona donde se podría ir de excursión, más allá de las primeras capas, donde aún se podían ver los senderos, el joven era ya un cazador en pleno derecho, y por ello era que le enseñaron a moverse por esa zona, evitar los peligros y las trampas naturales, estar atento a posibles trampas de otros cazadores, cobardes a ojos de los Gaufrid, y a evitar las plantas venenosas de la zona, simplemente le indicaron todo lo que debía saber para poder sobrevivir en el bosque de ser necesario.
El joven se asentó en una rama intermedia del árbol, ni muy alto ni muy bajo, se mantuvo en una zona donde las hojas le ayudaban a pasar desapercibido mientras que no le bloqueaban totalmente la vista, dejando un hueco perfecto para disparar. Eligió el árbol a consciencia, sabía que era la mejor ubicación para su cacería de la noche, pues cada noche un reno se ponía a comer por la zona, y ese lugar estaba en un lugar donde su olor no lo delataría. El joven esperó, mirada fija en la zona donde se encontraría la presa, flecha ya apoyada en la cuerda, el arco bien sujeto y su postura relajada. En cuanto empezó a escuchar al animal acercarse tensó el arco y aguzó aún más la vista, fijándose en el reno aparecer, momento en el que tomó aire con calma y lo siguió lentamente con la vista, hasta que el animal se detuvo, momento en el que Bertram soltó el aire a la vez que dejaba ir la cuerda del arco, impulsando fuertemente la flecha que voló hasta atravesar el cuello del reno, que cayó inerte allí mismo. Bertram se quedó un tiempo observando y escuchando, atento a cualquier señal de un animal peligroso, pero al ver que no se acercaba ninguno bajó a tomar su preas y la llevó a hombros hasta el pueblo, donde la entregó al carnicero que lo buscaba a cambio de unas pocas chuletas y otras piezas de carne.
Como lo hiciera su abuelo en el pasado, un recluta fue quien le avisó de que ya podía salir, por lo que Bertram colocó su arco a su espalda, por encima del carcaj para poder sacarlo sin molestias una vez estuviera en posición y salió de la habitación con tanta naturalidad como si estuviera viendo en todo momento, pero era básicamente el resultado de años y años de entrenamiento y dedicación que provocaron que esos movimientos se sintieran tan naturales y comunes como el respirar, motivo por el que podía hacerlos aún a ciegas. El joven pelirrojo aún recordaba cuando podía vivir de la caza de forma permanente, sin importar que le dijeran que su talento le permitiría expandir sus horizontes, ir a otras islas, otros mares, unirse a gente que iba por presas a lo largo del mundo, incluso mencionaron que sería un gran marine, pero él quería quedarse en la isla, era feliz en su trabajo sencillo cazando para el pueblo, disfrutando de su familia, sus amigos y su vida calmada y tranquila donde podía entrenar a diario, cazar cuando era necesario y disfrutar de la paz del bosque.
El joven se adentró en el bosque, con pasos tranquilos, calmados y cuidados para evitar que los animales lo escucharan, buscando reducir al máximo su presencia, y poder ocultarse en algún lugar a la espera de la presa de la noche, siendo que cada vez debía cazar una presa concreta y en este caso se trataba de un reno, un animal escurridizo y asustadizo que huía ante cualquier ruido. El pelirrojo se subió con cautela a un árbol una vez se adentró en aquel frondoso bosque, más allá de la zona donde se podría ir de excursión, más allá de las primeras capas, donde aún se podían ver los senderos, el joven era ya un cazador en pleno derecho, y por ello era que le enseñaron a moverse por esa zona, evitar los peligros y las trampas naturales, estar atento a posibles trampas de otros cazadores, cobardes a ojos de los Gaufrid, y a evitar las plantas venenosas de la zona, simplemente le indicaron todo lo que debía saber para poder sobrevivir en el bosque de ser necesario.
El joven se asentó en una rama intermedia del árbol, ni muy alto ni muy bajo, se mantuvo en una zona donde las hojas le ayudaban a pasar desapercibido mientras que no le bloqueaban totalmente la vista, dejando un hueco perfecto para disparar. Eligió el árbol a consciencia, sabía que era la mejor ubicación para su cacería de la noche, pues cada noche un reno se ponía a comer por la zona, y ese lugar estaba en un lugar donde su olor no lo delataría. El joven esperó, mirada fija en la zona donde se encontraría la presa, flecha ya apoyada en la cuerda, el arco bien sujeto y su postura relajada. En cuanto empezó a escuchar al animal acercarse tensó el arco y aguzó aún más la vista, fijándose en el reno aparecer, momento en el que tomó aire con calma y lo siguió lentamente con la vista, hasta que el animal se detuvo, momento en el que Bertram soltó el aire a la vez que dejaba ir la cuerda del arco, impulsando fuertemente la flecha que voló hasta atravesar el cuello del reno, que cayó inerte allí mismo. Bertram se quedó un tiempo observando y escuchando, atento a cualquier señal de un animal peligroso, pero al ver que no se acercaba ninguno bajó a tomar su preas y la llevó a hombros hasta el pueblo, donde la entregó al carnicero que lo buscaba a cambio de unas pocas chuletas y otras piezas de carne.
