[Social, pasado] Una jornada más
#11
Stroud suspiró ante el comentario de Kibai, que parecía haberse aclimatado más que correctamente a aquel infierno helado llamado Roshwan. "Bueno, siempre puedes quedarte quedarte aquí un par de años más," afirmó, con un deje de sarcasmo en su voz poco común en él, casi indetectable. Sin embargo, adquirió rápidamente su seriedad habitual. "Lo cierto, Kibai, es que Roshwan es un poco una prueba. El típico destino duro al que envían a los que destacan un poco en la formación para ver si se rompen. Ya sabes: el frío, el aburrimiento, el aislamiento, poco o nada que hacer. No te imaginas la cantidad de que reclutas que, a los pocos meses de llegar aquí, se echan atrás o solicitan el traslado, quedándose para siempre en algún puesto de oficina. No quita que nuestro deber esté en lugares como este también, naturalmente. Siempre hay algún carterista o algún contrabandista de poca monta, claro, pero un Marine que se tercie se muere del aburrimiento aquí. No es lugar para la aventura, la ambición o cambiar el mundo realmente," afirmó, correspondiendo al brindis de Kibai con su propia bebida, apurando lo último de su jarra. "Por otro lado... Es cierto que acabas de llegar, y no parece que nuestro viaje vaya a ser precisamente fácil. Así que la decisión que tienes ante ti no es fácil," concluyó, extendiendo ambas manos sobre la mesa de forma lapidaria.

"Sin embargo," continuó, esbozando una media sonrisa y depositando la jarra sobre la mesa, "si eres lo suficientemente imprudente, estaré encantado de recomendarte al Sargento Gaufrid, no habrá ningún problema. ¿Cómo era? Hombres para un viaje peligroso, sueldos bajos, frío intenso, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, dudoso regreso con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito... ¡Algo así!", recitó. "Tenemos mucho que hacer ahí fuera. Los rumores hablan del Gran Line," concluyó, levantándose pausadamente y volviendo a colocar su taburete en su lugar con propiedad.

Negó con la cabeza ante la cuestión sobre el músico de la taberna, a quien lanzó la misma moneda con la que había estado jugueteando durante toda la conversación. "Si optas por unirte... bienvenido a la División 84, soldado Kibai," dijo con enorme formalidad, haciendo el saludo militar al mink.
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