Visto y no Visto. [Pasado] [Gwendolyn]
#11
— No puedo volver a la hostal ya… ¿Crees que sea muy peligroso que me quede por aquí en la noche? Si me pudieras a encontrar un sitio con techo para quedarme estaría agradecida —
[Imagen: afcec19513e0ff39c04720c8fd3fc0c7.jpg]
-Claro que sí Gwen, si quieres vente conmigo hasta que te encontremos casa.-

Si bien sonaba preocupado por el estado de la muchacha, en su cabeza, no se sentía para nada culpable de haberle generado un problema a la ciega. Realmente y por su condición, la muchachita no debería estar metida en mayores problemas de los que ya los podía estar, pero Owen...desgraciadamente, era un imán para ellos. Tanto los que se buscaba, como los que no. Se cruzó rápidamente de brazos, sintiendo cómo el sol embriagador y el tenue soplido del viento le generaban una sensación extremadamente agradable en todo su ser -Además que el dueño de ese hostal es un gilipollas, menos mal que te sacaste ese peso de encima.- Intentaba auto-justificarse y, por más que quiso morderse la lengua al insultar otra vez (Luego de que la chica le había dejado bastante claro que no le gustaba escucharle así), era tan genuino y honesto con quienes valoraba que no podía ni siquiera controlarlo.

Un demonio y un ángel puestos en el mismo plano terrenal; Desastre, colapso, vicios y crudeza. Pureza, fragilidad, diligencia y respeto. Las dos caras de una moneda, caprichosamente, juntas, aunque tal vez...no todo era tan blanco ni tan negro, al menos así no era Owen. Se mantenía de brazos cruzados, caminando muy ligeramente mientras sentía en los gemelos de las piernas el suave roce de la grama, prestándole suma atención y más cuando ella mencionó que tal vez, por otros crímenes, le harían colgado hace rato -Ah, ¿Por eso? ¡JAJAJA!- parecía no tener respeto alguno por las normas o por figuras de autoridad. Vivir toda la vida en plena impunidad, teniendo que buscarse la vida envuelto en la mala junta le habían creado una confianza suprema por absolutamente todo, y todos. Algo que, en muchos casos, rozaba la estupidez -Cuando te dije que soy un demonio te lo dije literal, Gwenchu.- si bien su tono de voz sonaba fuertemente simpático y agradable, casi sin darle demasiada importancia al no ser un verdadero creyente de nada más que de sí mismo, en su interior sentía...un poco de angustia, de querer saber lo que podría ser tener una vida un poco más normal o, al menos, sentirse un poco más normal que el resto.

Owen no buscaba conocerla más, sino...tal vez, gozar de su compañía. Por más rebelde, pendenciero, malandro y desagradable que se pueda mostrar, parecía un niño que había sido incapaz de poder vivir una infancia con tranquilidad y diversión más allá de una penumbra llena de dolor y castigo. Todo el mundo parecía tener problemas, pero el viento se agitó con una fuerza un poco mayor, silbando, incluso, en cuanto la chica lo puso en situación: Su barco había naufragado y, muy posiblemente, era la única superviviente -...qué pena, joder.- fue lo único que llegó a balbucear mientras su mirada (La cual no podía coincidir con la de ella) se desviaba hacia un lado, incómodo. Si él estaba jodido al estar encallado en aquella isla y con dos terceras partes de la misma conociéndole por ser un pendenciero, provocador y conflicitivo, no quería imaginarse lo que debía ser una chica ciega, pobre y por encima de todas las cosas...sola. Porque esto último, desgraciadamente, es lo que siempre termina por marchitar el espíritu.

—¿Y tú, qué haces aquí? Te metes en muchos problemas para sonar tan joven —
[Imagen: 35e98c47a66d509f590b4beb73529e99.jpg]
-Estoy igual de perdido que tu Gwenchu, honestamente.-

Pese a lo animal que podía ser, la actitud tan desastroza, loca y explosiva, su tono de voz sonaba tan sereno y amigable que contrastaba enormemente con...el listado de crímenes que había cometido. Aunque tal vez, lo único que si empezó a retumbar en su cabeza como si esta tuviese una cámara de eco dentro de ella, fue el recordatorio tan fehaciente y que los vinculaba: Aquella entidad conocida como Dios, alguien que demostró tener una habilidad sobrenatural con Gwen y que, al menos en el corazón se Owen, lo había abandonado hacía demasiado. Sintió el toque de la muchacha para tomarle del brazo mientras afirmaba que mucho de todo lo que les había ocurrido, en buena medida, había sido originado por sus problemas (Y los que faltaban), pero...el pelirrojo tenía segurísimo que era lo que quería con ella. Con un movimiento tan ágil y grácil como pudo, giró su muñeca para capturar el brazo de la muchachita con suavidad, tratando de hacerle sentir que él estaba allí, volteado, mirándole en aquellos párpados cerrados cubiertos por el velito en forma de reja blanquecina y transparente. Ella era, de verdad, espectacularmente bonita, resaltando como un conejo blanco en un bosque -¿Te gustaría pedirle a Dios que te quedes conmigo un rato más?- sonaba...nostálgico, sereno, calmado, domado, mientras el viento les sacudía a ambos -Ven.- la tiró hacia abajo, suavemente, pero como si quisiese darle la indicación sin decirle absolutamente nada.

Owen procedió rápidamente a sentarse exactamente en el lugar en el que estaba: Ciertas flores coloridas le rodeaban, pero el crujir de la grama destacó y más si la muchachita religiosa tenía buen oído -Yo...no sabría qué pedirle, ¿Sabes?- se mantenía sentado, algo encorvado, cabizbajo, podía escucharse cierta angustia en su tono de voz -¿Dinero? ¿Amigos? ¿Tranquilidad? ¿Expiarme de mis pecados?- ¡TAF!, cayó de espaldas hacia el césped, rompiendo alguna que otra flor revoltosa que era apisonada por su cuerpo. Su flequillo, caído hacia atrás, mantenía su mirada entre-cerrada hacia el cielo, un cielo que tenía exactamente el mismo color que sus iris brillantes. No sabía si ella le acompañaría o correspondería, pero cruzó ambas piernas, tumbado, con las manos en el pecho -Gwenchu.- se dirigió hacia ella, algo...melancólico, diferente a como se expresaba normalmente -Puedo decirte así, ¿No?- ya lo había hecho varias veces, ¿Se estaba empezando a sentir más inseguro? -¿Porque Dios es tan cruel?- en su mente, un sacudón de recuerdos volaron, como si fuese un fotograma de su vida vivida hasta llegar a Isla del Karate -Suelo tener mucho tacto con las personas, y tu eres una mujer maravillosa. Pero...también fuiste azotada por la desgracia, incluso, siendo la persona más devota que conocí hasta ahora.- pese a ser un malandro, un pendenciero y no tener la mejor educación, el pelirrojo resultaba tener una gran capacidad de análisis que chocaba con su porte burdo y algo más bruto -La mayoría de mi vida no la pasé bien, por eso aprovecho momentos como este, momentos con personas como tú.- desviaba su mirada, como si le costase un horror abrirse a quien sea. Incluso, ventilando su vida, seguía mostrándose evasivo y poco concreto en "esos eventos en los que no la pasó bien" -¿Eres feliz, Gwen? ¿Qué es lo que tu ves, que yo no?- volvía a insistir en las preguntas, la inseguridad le carcomía. El muchacho, quedándose solo con sus propios pensamientos...era duro para su psiquis.

[Imagen: 04nFDMV.png?1]
-Siempre mi madre me decía que soy una desgracia andante, pero tan malo no debo ser...si una Diosa como tú se me aparece. No tienes prisa en volver al reino de arriba, ¿No?-
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
  Responder
#12
—¿Es peligroso? ¿Crees que las personas del hostal nos sigan hasta acá? — ese es el peligro para ella, porque no conoce el mal de cerca. No lo ha vivido tampoco, encerrado en un sitio que se declara sagrado, el mayor mal es la ignorancia que todos cargan, pero es por un bien mayor, para poder creer mejor. — ¿De verdad me puedo quedar contigo?

Sonó sorprendida porque lo está. Es una sorpresa que sale legítimamente de los labios, que hasta se muestra en su rostro, para terminar en una sonrisa suave. Se sintió calmada a pesar de estar lejos de todo, con un extraño que ha conocido ese día. Quizás otra persona se habría alarmado, pensado que es una trampa, pero ella no, simplemente pensó que es una ayuda caída del cielo, aunque él no quiera aceptarlo.

—Huh, sigues empecinado con eso — negó con la cabeza, pero no hubo nada más. Porque los demonios que ella conoce no tienen forma de humano, no muestran piedad o ayudan a otros sin pedir nada a cambio. Aun así no deseó el insistir más.

Una risa fue lo único que soltó ante su petición a Dios — No necesitas pedírselo a él, puedes decirme a mi que me quede — porque basta con que lo diga y se cumplirá. No tiene a dónde ir, no puede volver al pueblo e incluso si pudiera, prefirió quedarse ahí.

Se sentó con cuidado sobre la hierba, soltando finalmente el bastón, dejándolo cerca de su mano izquierda — Ya me dices así, aunque suena extraño — no mal, no bien, extraño ¡Curioso! Porque los apodos siempre acortan las cosas y él parece empecinado en alargar su apodo, no lo suficiente como para competir con su nombre, pero ahí está.

Su cuerpo terminó también sobre el pasto y las flores, pero de costado, mientras escucha las preguntas. — ¿Crees que es él? — ¿Es Dios el que pone las piedras en el camino? ¿O estaban ahí desde antes? —  Yo no lo sé. Nunca me ha respondido ni una vez — es una confesión que suena suave, casi como un secreto que le cuenta a alguien, porque lo es. Nadie de la iglesia debe saber que no ha hablado nunca con Dios, solo el sacerdote conoce lo que siente.

— ¿Es Dios el cruel o es... la gente?

Porque ha escuchado historias que parecen solucionarse con buena voluntad de alguien más. Pero eso no existe siempre. No conoce el egoísmo o la rabia por cuenta propia, pero sabe que existen ¡La envidia incluso! No son sentimientos que no estén en el mundo, pero encerrada se ha perdido de conocerlos.

— Lo soy. Soy feliz, pero no por Dios — su mano se movió y finalmente se encontró el cuerpo ajeno. La dejó reposar sobre el torso de su acompañante — Soy feliz porque puedo hacer cosas que antes no. Porque la gente es amable conmigo. 

Como probar comida nueva, ayudar a otros sin promesas vacías o plegarias que no serán escuchadas ¡Incluso puede no hacerlo! El no mentir, la hace inmensamente feliz.

—Es un poco cruel que me digas que yo veo algo que tú no — se rió de eso, porque nunca ha sentido pena por no poder observar ¡Si es la favorita de Dios! ¿Qué más podría necesitar? Así le han enseñado en la iglesia, en un placebo tan efectivo, que ya no duele.

¿Qué decir ante su declaración? Separó los labios, pero nada salió. Nada puede decir, porque no tuvo madre, padre o una familia común.

— Yo no creo que seas malo 

¿Pero quién es ella? Nadie, no tiene peso su palabra. Son dos extraños que están perdidos — Ya te dije que no soy una Diosa — golpeó con suavidad el torso ajeno, es un gesto que seguro no duele, pero demuestra que no le gusta — ¿Y si te hago compañía un tiempo? Así me aseguro que no seas malo — rodó ligeramente, para luego usar sus manos para quedar sentada — ¿Qué tal suena eso?

Se arrastró con suavidad, tapando parte del sol que choca con el rostro de Owen — Hasta que puedas encontrar tu camino de nuevo — habló solo de él, porque incluso si repite que quiere volver a su hogar, la idea cada vez más sale de sus labios porque debería y no porque quiera hacerlo.

—Te acompaño hasta entonces.
[Imagen: Gwendolain.gif]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)