Kouka
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C. de Haki
C. de Akuma
Muchas historias comienzan en un lugar como este: en una taberna.
Su kimono de miko, de un impecable blanco y rojo, se sentía un poco fuera de lugar, y más dentro de un establecimiento rudimentario como aquel. Este lugar, construido a los pies de la montaña y cerca de los arrozales, estaba destinado a una clientela que se limitaba a unos pocos trabajadores locales y a algún turista ocasional que se desviara del principal atractivo de la isla, el cual estaba en lo alto.
No sería sorpresa que alguien sospechara que estaban en presencia de un fantasma, pues el contraste que su presencia generaba era muy fuerte. A un noble le darían escalofríos con solo sentarse frente a una mesa relativamente sucia, sobre una silla que bien podría estar cubierta de polvo.
Pero Kouka no. Rodeando un vaso de té caliente con ambas manos, en su rostro solo se veía una sonrisa gentil y despreocupada, como si estar allí fuese de lo más normal del mundo. En retrospectiva, era afortunada de que aquella fuese una de sus primeras paradas en el South Blue. Todo el mundo sabía que el alcohol era la bebida preferida de todo aventurero, y pedir algo que pudiera considerarse un igual podía terminar en burla en más de una ocasión.
"..."
Tampoco estaba allí para llamar la atención ni en búsqueda de alguien en particular. Contenta con un silencio tranquilo, disfrutaba de un momento de descanso. Para alguien que no estaba del todo acostumbrada a los viajes, moverse de manera constante podía resultar agotador. Por más disciplinada que fuese, había tenido que abandonar muchos lujos convenientes con solo poner un pie fuera de su isla natal. Pero estaba bien. Después de todo, todo sucedía por algo. Así lo veía ella.
¿Nos olvidamos de algo importante? Ah, sí, Kouka no era humana. No del todo. Por si las orejas sobre su cabeza o la cola inerte en su retaguardia no eran pista suficiente, diremos que se trataba de una Humink perro. Tal vez por eso ninguno de los presentes se había animado a acercarse a ella hasta el momento, a pesar de ser el tipo de personas que jamás rechazaría una conversación, fuesen cuales fuesen las intenciones.
De manera lenta y grácil, se llevó el vaso a la boca y tomó un sorbo de aquel elixir, sintiendo el calor trazar un camino desde su paladar hasta su pecho.
Lucarne Ashveil
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Un murmullo se deshizo en el eco del olvido en el instante en el que ese hombre entro por las grandes puertas de madera. Un olor férreo y a leña húmeda inundo el lugar, tan digno de un trotamundos, tan inherente a la de un marino que surca los mares en plena libertad. Sin embargo no fue ese hedor lo que hizo que los ojos de los desdichados posaran los ojos en la entrada, sino aquella figura que se dibujaba en el umbral
«El águila ha aterrizado…»
Lastimosamente para el pelinegro no era muy difícil llamar la atención, pese a su baja estatura y ser no mas que un mero humano en un mar de monstruos, sus ojos afilados y sus agallas de terror siempre le hacían resaltar. Su abrigo largo y negro caía sobre su cuerpo cual velo, no había aire de nobleza, tampoco la gracia de un soldado, solo la informalidad y ambición propia de un pirata. — Quiero ron, sólo eso — Se adentró al lugar, como toda taberna no tardó en notar el especial toque del cigarrillo, el alcohol y todo aroma característico de la vida de un desdichado. Tomo asiento en una esquina, en solitario, esperaba beber un poco para calmar el dolor de cabeza.
En el proceso, la vio, no era difícil. Sus ojos no paraban de parpadear ante la mujer de kimono impoluto, el blanco y rojo danzaban llamativamente en la seda y era tan poco usual que un espejismo se quedaría corto ante el contraste que estaba apreciando. Tenia orejas erguidas y cubiertas de pelaje, una cola que era capaz de moverse a voluntad. Ella no era del todo humaba. Ashveil la observo, incluso más de lo prudente. ¿Le incomodaría? No le interesaba, en absoluto. Lo que mas le generaba intriga no era en sí mismo el hecho de que fuera una Humink, sino que su serenidad era algo extraño y escaso en ese entorno áspero.
—Un sitio inusual para encontrar a alguien como tú —
Se levantó de la silla, con un paso algo brusco pero manteniendo su elegancia tan característica de él. — Mira este lugar… — Señalo a su alrededor, con una sonrisa altanera en su rostro. — Desdichados, criminales, lobos de mar, todos acá tienen cicatrices por osar navegar con libertad. El gobierno quiere sus cabezas, y tú, en cambio, luces con tanto sosiego que arruinas la miseria de esta pocilga — Fue directo, bebiendo otra vez su ron puro y mirándole con cierta indiferencia. O al menos eso aparentaba.— Estos hombres no son miserables por haber perdido su barco o compañeros, lo son porque tratan de recuperar lo que ya esta muerto —.
Un grupo de cinco hombres se manifestaba en la esquina, uno jugando con un puñal, otro observaba la al entrada como un jodido perro cazando un hueso al que roer. Misma calaña, mismas ratas del bajo mundo. — Así que… — Murmuro, tomando asiento frente a ella.
—O eres un lobo o un cordero con muchos escrúpulos. —
El South Blue era un mar amable en apariencia, pero sus islas podían ser trampas llenas de lobos disfrazados de corderos. Y él lo sabía bien. En ese lugar, cualquiera podría llegar a ser peligroso sin necesariamente aparentarlo. — Camarero, dos de sake para mi y la canina — Diría para invitarla a un trago, como muestra de su «hospitalidad».— ¿Por qué navegas? ¿Qué buscas en estos mares? — Pregunto, antes de reír y posar su mano sobre su rostro.
—¡Joder, cierto! ¿Dónde están mis modales? —
Echo a reír un poco, con las mejillas rojas por el efecto del alcohol por sus venas. La felicidad antes del caos.
—¡Soy Ashveil! El ojo de águila, ¿puedo saber el tuyo? Un placer encontrarte en este lugar de mala muerte. Ideal para una cita romántica —
Kouka
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23-08-2025, 04:27 AM
(Última modificación: 23-08-2025, 04:30 AM por Kouka.)
"¿... Así es como lo ves?" Kouka dibujó una sonrisa gentil, lejos de sentirse incómoda por el abrupto actuar del pirata. Como doncella de santuario, había interactuado desde pequeña con todo tipo de personas, y había tenido que aprender como tratar a cada una de ellas para marcar límites sin cerrarles la entrada al lugar sagrado. Tenía plena confianza de que podía entablar una conversación con Ashveil sin meterse en problemas. "Puede que sea inusual, sí, pero lugares como estos son los que debo visitar."
La religión Shintoista era diferente a la religión cristiana. Seguramente, Kouka no se encontraba allí para convertir a un par de piratas de mala muerte en fieles creyentes, sino que tenía más que ver con una conexión espiritual con sus dioses, y lo que estos querían de ella.
"Mi nombre es Kouka. Simplemente estoy de paso, Ashveil. Es un gusto conocerte, pero temo que tendré que rechazar tu invitación." Dijo con voz serena, diciendo que no a los tragos gratis con la vista, señal que el dueño de la taberna captó inmediatamente. "El alcohol y yo no nos llevamos muy bien." Mantuvo sus manos alrededor del vaso de té en su mesa. "Espero no te moleste."
Debía ser difícil leer lo que pasaba por su mente. Seguramente el pirata ya había encontrado en sus viajes un buen número de personajes del sexo femenino. Sabría, para este entonces, entender cuando presionar y cuando ceder, de acuerdo a la reacción que se llevase de sus compañeras.
Pero en este caso, la expresión de Kouka no le pedía que se retirase, pero tampoco le decía que era seguro insistir. Su sonrisa creaba más interrogantes que certezas.
"Tú tampoco pareces ser de por aquí, Ashveil ¿Verdad?" Soltó finalmente, con algo de curiosidad envuelta en su voz. "¿...Vienes a ahogar penas, como los demás?"
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Simplemente le observo con calma serena mientras ella hablaba, midiendo sus gestos y palabras antes de tomar accion en su siguiente movimiento. Ella tenia una sonrisa gentil y sin reservas, Ashveil no encontraba ni miedo ni cautela en su rostro. Esa serenidad, esa seriedad, le tentaba; no por deseo, sino por costumbre: ver hasta dónde podían resistir los demás antes de ceder ante su presencia.
—Tal vez no soy de por aquí — Tenia un tono de indiferencia calculada para agregar diversion al asunto. Jugueteaba con sus dedos por debajo de la mesa mientras la canina tomaba un sorbo de su té. Su atención centrada en no ofender, en no quebrar sy cortesía. Pero Ash sabia aprovechar la concentración de alguien.
Casi de una forma imperceptible, deslizo su diestra por debajo de la mesa, tocó el borde de la bolsa de tela de Kouka que se hallaba a su lado, adicional su arma. Toco el borde de la bolsa para rápidamente mover los objetos a su posición. Con movimientos precisos, evaluó la presión del cierre, la textura y anticipó la resistencia de la cuerda que mantenia seguro su objetivo.
—No, no estoy en estos lares para ahogar mis penas — Un atisbo de burla se hizo presente al compas de sus ojos divertidos, su diestra se deslizaba silenciosamente en la superficie lisa del vaso de té de Kouka. En el mas mínimo parpadeo, deslizo la bolsa y el arma hacia si, la aseguro contra su costado bajo la mesa, y con un gesto natural como si acomodara su abrigo, la oculto en su regazo. Sus labios traviesos se encontraron presentes
La conversación continuo, rapida, serena, Ashveil acomodo los objetos lentamente. Documentos, berries y un extraño metal que al momento no pudo identificar. Todo siendo analizado antes de simplemente colocarlos en su largo abrigo Finalmente, cuando Kouka terminó de hablar, Ashveil se levanto. Se despidió de ella y prefirió retirarse.
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