29-07-2025, 05:54 PM
Soy uno. Como tal pereceré, entre mosaicos de sangre y entrañas, entre la sal de los mares y la tierra de la playa, entre mi espada y el dolor que provoque. Mi descanso se hallará en las tierras que conquiste. Mi legado en el miedo que provoque. El mundo será mío o no habrá mundo. Pues yo..
Soy el demonio que nació para dominarlo. Soy la noche que atormenta a los críos. Soy la ruina que aterra a sus mayores. La falta de dinero, oxígeno y sueños.
Soy Ashura.
La silla de mi camarote chirrió a la par que me reclinaba a hacia atrás.
Soy…
Susurré
Seré…
La palabra escapó de mi boca como un murmullo, como un deseo, como una intención, como lo que era.
Fui…
Y entonces recordé.
Los días siguientes al incidente de Sabaody habían invadido las noticias y las conversaciones del planeta, los sucesos que aquellos dichosos y tormentosos manglares habían presenciado azotaron a las lenguas como los látigos a los mulos de carga, apremiando a que se movieran y araran el ruido de un cuchicheo global. Según Korg – quién me había leído el periódico dada mi nula capacidad para las letras – Yugu dejó del combate porque no nos consideró los suficientemente relevantes (incluso siendo tres) como para enfrentarnos, tuvo que sumarse a la defensa de la isla contra un Yonko.
Un Yonko, había sacado información sobre lo que eran, los emperadores del mar. En plural, con s. Emperadores. Patéticos. El control es para uno, el mundo es para uno ¿qué son putos comunistas? No. Se. Comparte.
Tarde o temprano mi futuro y el de ellos se entrelazarían como dos gatos callejeros se matan por una rapa de pescado. Tarde o temprano acabaría con todos. Pero primero…
Primero tenía que parar, primero tenía que replegarme, primero tenía que pensar. Necesitaba tiempo, necesitaba mejorar, necesitaba entender a mi espada, la cual susurraba el nombre de Lily con un gélido aliento, sentía el frío de su filo susurrarme, casi había muerto, intentaba alejar ese momento, el frío que sentí… Las puertas que había abierto. Los gélidos vientos que coreaban mi nombre contra las paredes, que me ordenaban llevar o ser se llevado. El frío de esa espada tenía el olor de la muerte...
Aquella derrota total cambió mis planes temporalmente. Ahora tendría que parar, parar por nuestro bien, debíamos planear y urdir planes, pues a partir de aquí, como ya le había comentando al navegante, éramos los más débiles. Mis capacidades que hasta ese momento me habían convertido en un ser de leyenda, un demonio en esencia, habían palidecido hasta la llegada del Haki.
Y como ese nuevo poder había cambiado las tornas, yo también debía doblegarlo. Así fue como me perdí en mi mismo, durante mucho tiempo y acabé dejando de lados mis ocupaciones como capitán y llegué hasta el punto de que debía de llegar a dominarlo o perdería completamente la cabeza. El Haki se doblegó ante mi tesón, llegué a mejorarlo por fuerza bruta, mis reflejos se incrementaron y mis capacidades naturales de fuerza y golpeo también. Me sentía más poderoso, más fuerte, más yo, forje ese nuevo poder entre dolor y sangre, esta vez la mía propia. Pero todo eso no fue suficiente, también doblegué el frío que me susurro la muerte y me espada empezó a entonar réquiems a lo perdido, mi espada fue capaz de invocar el frío del infierno y gracias a ella pude descubrir que la podía hacerla más afilada, más poderosa, más letal.
En todo esto se basó mi tiempo, pues tenía que mejorar todas estas aptitudes y drenaron mi espacio, me encerraron en mi mismo, en cierto modo me volví loco y me centré, estaba centrado en mi y en mi espada. Estaba centrado en mejorar en ser el mejor y como tal debería encontrar mi espacio y mi lugar. Tenía una meta clara: dominaría el mundo y las metas no son imposibles, lo único imposible de ellas es que no seas capaz de entenderlas, de recordarlas y de reconocerlas.
Korg se había vuelto mi mano derecha, aunque él no lo supiera. Le había encargado una misión, debía recobrar la información de nuestro siguiente golpe mientras yo me volvía más fuerte. Y nuestra siguiente misión sería importante, azotaríamos el mundo desde los cimientos y lo haríamos quisieran o no quisieran aquellos que estaban en mi tripulación.
Una vez más, tras entrenar conmigo y conocer sus debilidades, como paso hace tiempo algunos desaparecieron. Una vez más era demasiado exigente, pero no por eso cambiaria, pero no por eso dejaría de apretar para conseguir mis objetivos.
Nuestro siguiente paso sería entrar en la cadena de mando del mundo, iríamos a conquistar un territorio pondríamos nuestra primera piedra sobre el mundo que levantaríamos de pena y dolor, todo esto, lo haríamos sin dudar y Korg me había dicho e insistido que un Yonko era demasiado... Así qué... Lo que deberíamos hacer sería enfrentarnos a algo menos poderoso, quizá, y solo quizá deberíamos elegir a uno de los que están debajo de su escala en el poder. Los Shichibukais, perros que tenían una correa atada por los putos fascistas de los marines, educados para recibir su ordenes y con capacidad para ser inmunes a sus tratados solo por sentarse y mover la cola cuando lo pidieran.
La incógnita estaba en si yo tomaría el lugar del tipo al que mataría... Era una duda bastante brusca, pues ambas opciones tenían su ventajas. Congelarían mi Wanted pero me dejarían ser un tirano donde quisiera y hasta cuando quisiera... Hasta que estuviera preparado para lo siguiente, el paso natural de mi ascensión a señor del mundo y de los mares. Mi lugar no era otro que el de convertirme en un Yonko y este paso solo era para acercarme un metro más a ese objetivo.
La investigación de Korg me había traído islas, opciones, enemigos. Pero había una, una sola que se había llevado mi corazón - y el de Nicolás - para convertirse en nuestra base de operaciones, en nuestro centro neuronal, en el lugar para que descansáramos después de las batallas y que protegeríamos con nuestras vidas... Y ese lugar no era otro que Hachinosu - o como quisiera que se llamara - La isla pirata por antonomasia, aquel lugar estaba defendido por un Shichibuakai, había mucha gente, un ejercito esperándonos y Korg me había avisado que igual moriríamos... Daba igual, ese era lugar que debería cimentar nuestro progreso y nuestro futuro, ese era el sitio que habíamos elegido para que nuestra banda prosperara, y sería allí donde lo haríamos, no veía otro lugar para nosotros.
Y así los días pasaron. Si yo tenía que enfrentarme a un ejercito, debería de ser un ejercito en primera instancia. Debería de ser un hombre lleno de problemas.
Mi arsenal había crecido, el humo que me conformaba era un arma letal contra mis enemigos, mi espada había crecido conmigo, y mis hakis... Mis hakis rezumaban poder. Si me encontraba con el viejo aquel que me enseño lo básico... Ahora sería yo quien le diera una lección... Igual podría hasta destruirlo si quisiera.
Mis arrugas se pronunciaban con el esfuerzo, todos los días eran sudor, sangre y esfuerzo. Mi espada se volvía más letal, mis pasos más pesados y mi humo más volátil, más especial. Nada era parecido a lo que había esperado. Un año atrapado en una selva, un año viajando y esos dos años me mandaron directo otros dos años para que tuviera que detenerme, para enseñarme que no era lo suficientemente fuerte como para enfrentarme al destino que esperaba, el destino que tenía mi nombre. La gloria tras la batalla, la sangre tras la muerte, el sudor tras el esfuerzo en esencia, ser Ashura.
Todo eso era lo que necesitaba, todo esto era lo que había deseado y mi ser, mi corazón, solo me pedía que lo hiciera cuanto antes, pero mi cabeza, pues la notaba cada día más aguda, más calculadora, más rápida, me repetía que esperara, que no era mi momento, que no estaba listo para progresar con tanta fuerza, que no podía seguir adelante sin pararme a meditar, sin saber cual era mi límite. Que partir de aquí todos serían como Yugu y cada combate sería una potencial entrada a la muerte, cada movimiento de mi espada decidía sobre si sería válido o será destruido. Solo eso era lo que hacía tambalear mi voluntad, que se forjaba por encima de los miedos de las personas comunes y volaba por encima de los cielos de las dudas que podían titubear redoblando a solas y sin permiso sobre mis pensamientos.
El Niebla, el buque que se había mantenido rodeado siempre por un halo de niebla nos permitía perdernos, acechar sin ser vistos y ser parte del mar, había sido nuestro hogar hasta que nos vimos completamente listos, completamente preparados para proseguir con el viaje. Yo nunca huyo, pero esta vez no habíamos huido, nos habíamos retorcido entre nuestro dolor y vísceras para volver más fuerte, para ser más claro, para estar más listos y preparados para lo que nos esperaba.
Y tenía que cuidarme de traidores, de aquellos que no querían mi bien, pues se que se podían encontrar en cualquier lado, incluso yo podría ser uno de ellos, incluso yo podría traicionarme, incluso yo podría ser una persona que se perdiera entre sus dudas para no apoyarme a mi mismo. Los traidores se irían a otro barco, solo por su debilidad, solo por que ellos no eran capaces de verse superiores en estos mares y se engañarían a ellos mismos, diciendo que la culpa era de un Dios inexistente que no les dejaba progresar, que les convertía en marionetas. Esos hombre débiles no progresaran ni en este mar ni en el siguiente, pues las reglas de navegación son las misma siempre y mientras ellos no vean su debilidad esa pequeña pero enorme traba a la vez siempre se encontrará en su interior, siempre se verá anidada en su estómago. Y nunca serán capaces de reconocer que fue su error y que ellos los cometerían peores si fueran Dios, pero yo les esperaría, como un padre a todos esos traidores que se marcharon, pues seguirían siendo débiles y tendrían que volver para reconocerlo. Y en mi solo habría pena no furia, porque significaría que todavía no habían aprendido nada, pues significaría que todavía no eran conscientes de la manera ilusa en la que ven el mundo.
Hubo un tiempo que tuve que encargarme de la compra de suministros, tuve que comprar municiones y armas para Korg, el cual estaba muy nervioso por que íbamos a enfrentarnos de nuevo a un mal superior. Pero ya habíamos estado mucho tiempo lamiéndonos las heridas, ya habíamos avanzado los suficiente, era el momento de que todo lo que habíamos preparado se diera. Así que compre la lista de la compra que me había pedido, al igual que él estaba haciendo un trabajo de investigación yo decidi que podía devolverle lo que me ofrecía.
El niebla de guerra aguanto en el mar durante bastante tiempo, parábamos en islas o comerciábamos con buques mercaderes de otros lugares, todo en pos de seguir avanzando, de conseguir que todo lo que habíamos hecho se fuera a bien, pero de todos maneras, nada de eso era relevante porque teníamos que seguir avanzando hacia nuestro objetivo, teníamos que seguir siendo más fuertes, que prepararnos. Yo sentía mi Haki avanzar y mis ojos se habían vuelto más agudos, se habían propuesto como algo más poderoso, al igual que mi cuerpo que había sido capaz de mejor de maneras abismales y ahora era capaz de recibirse con el armamento, tanto mi cuerpo como mi espada, todo estaba conectado y todo dirigía y apuntaba hacia el mismo sitio, hacia la gloria.
Pero todo este tiempo me cambio, mi mal humor se fue perdiendo, ya no era tan agresivo, era más comedido en mi cabeza se elaboraban planes, métodos de conquista, sueños que algún día dejarían de ser sueños para convertirse en el presente. Mi relación con Nicolás mejoraba, no es que fuéramos almas gemelas, pero me ayudaba, sabía que aquella derrota, que haber perdido contra Yugu había dejado en mi ser algo que no quería contar, una humillación que me sofocaba, quería llamar la atención de ese almirante para enfrentarme de nuevo contra él, quería que me buscara, que temiese el día de nuestro recuento y se me ocurría alguna que otra manera de conseguirlo, pero... Eso implicaba acabar con la vida de un Yonko y aunque no fuera fácil, sabría que podría conseguirlo, sabría que podría destruir a un Yonko, sabía que tarde o temprano llegaría mi momento para enfrentarme con él y sabía que podría destruirle hasta que lo que quedara de su legado estuviera pegado a mi espada en forma de sangre y huesos. Sabía todo eso de buena manera y no espera menos que conseguirlo, por eso mismo mis manos cada día se elevaban para buscar nuevas formas de dañar, cada día se enfrentaba de mejor manera para enfocar un entrenamiento, me sentía mucho más fuerte, mucho más fuerte que la vez que me había enfrentado a él, ahora era un ser que había pasado dos largos años enfrentando su debilidad y por ende me había convertido en algo mucho más peligroso, mucho más duro, solo tendí que saber enfocar toda la rabia y toda la ira que había estado acumulando todo este tiempo, solo tenía que ser yo. Si Yugo me había ignorado por un yonko la única manera de llamar su atención era convertirme en uno, esa era la verdad que no quería compartir con nadie.
Solo tenía que seguir sufriendo, sufrir para esparcir el sufrimiento un lema que espera que no tuviera que volver a repetir, una derrota que esperaba que no volviera a probar, pues siendo justos, el sabor de la derrota era algo que no me gustaba y que no estaba acostumbrado a sentir, aunque desde que llegué a Sabaody me había convertido en un ser que peleaba en las grandes ligas, aunque mi nombre no resonara con tanta fuerza como lo hacían otros, era un nombre que ya se tenía en cuenta, era una palabra que asustaba y respetaba a partes iguales, mi nombre: Ashura, ya no era solo un hombre, ya no era solo una intención, me había conseguido hacer hueco, en menos de un año había surcado el Grand Line, aunque Korg se hubiera perdido y solo hubiéramos estado en 2 de sus islas, me había convertido solo con dos incidentes de relevancia en un supernova. Había destruido una base junto a mi banda y había enfrentado a un almirante junto a dos don nadies. Y eso era mucho más de lo que esperaba, era mucho más de lo que sentía, pero aún así, era mucho menos de lo que merecía, pues me merecía el mundo, me merecía que los grandes reyes se arodillasen cuando pasara, esa era mi mayo intención, convertirme en algún día en el amo y señor de las cenizas que hubiera dejado a mi paso para gobernar, no espera menos.
Los hombres hablarían el futuro de un demonio que azoto los mares, de un ser que nadie pudo derrotar, que sumió el mundo en una era de oscuridad y miedo, en un futuro muy lejano, cuando mi legado estuviera extinto, cuando mi se hubiera acabado. Pero eso sería en un futuro muy lejano, en un lugar muy alejado de este, en los blues donde todo es intranscendente, donde los pequeños empiezan a soñar con ser pirañas, donde no pisamos los tiburones.
Hasta que el día llego, sin darme cuenta los días pasaron, viviendo en una vida de desdicha, de continuo entrenamiento, de martirio auto provocado, el tiempo se volvió volátil en mis manos, deje de contar los segundos. Empecé a pensar en toda una vida, en la que me quedara y lo que tardaría alguien en arrebatármela, pero si nadie lo hacía... Si esta vez no moría, las probabilidad de éxito se dispararían hasta cotas que ni siquiera yo sabría contar, el dinero llovería y yo sería el ser que habría deseado, la pena y la ruina condesada en un cuerpo humeante. Todo eso me estaba esperando, escondido en mi cofre en forma de mi armas y protecciones, todo lo que necesitaba ya lo tenía y todo lo que quería ahora se levantaba enfrente de mi como una roca esperando a que la doblegara. Mi tesoro, tras días de navegación estaba en mi cara.
Me encontraba en mi camarote encerrado, la brisa salina del mar azotaba sus puertas. Me acerqué a mi cofre y agarré todo lo que necesitaba, mi espada hiere almirantes, mi tanto, mi querida hoja del luto y la caracola. Todo lo que había conseguido en base al dolor que le había generado a los demás todo eso, lo podría usar para tener más dolor aún, por eso, juntando todo eso a Nicolás me prepare. Guarde en su guarda la espada hiere almirantes, a mi espalda atado a mi cinturón el tanto, mi katana, como siempre en mi mano diestra, desenfundada, la hoja del luto no merecía funda, no merecía ser ocultada. Atado al cinturón también Nicolás.
Había cambiado mis pantalones viejos por unos nuevos de cuero, había comprado un colgante de una calavera y tenía una nueva chupa de cuero que había cambiado por mi chaleco desgastado. Por eso, poco a poco había cambiado mi indumentaria, ahora era lo un corsario, ahora me enfrentaría contra los piratas más poderosos para controlar los mares, ya no era un simple bruto con una katana que atizaba sin preguntar. Ahora era un capitán pirata, conocido en más de un confín del mundo y como tal, y como Nicolás me había comentado, tenía que guardar una imagen.
Con mis nuevas ropas listas, y mi armas preparadas, era momento de doblegar a mis poderes. Llamé al humo, el cual estaba esparcido por mi camarote como una bruma, que me susurraba que matase, que quitase, que destruyese. Lo doblegué hasta que llegó a mi interior y volvió a mi forma que se perdía entre pequeños pulso pues hasta que lo había doblegado toda mi esencia estaba esparcida por mi camarote.
Con todo listo y preparado agarré una fuerte bocanada y me di un golpe en el pecho, mi mano sonó hueca y casi dejo una marca en el mismo. Era el momento, era la hora. Con pasos firmes y pesados me aproxime a la puerta y...
Dude, por un momento dude, mi mano pareció temblar pero, fue un momento fue fugaz, apreté el pomo y abrí la puerta. Frente al niebla de guerra se levantaba la isla que íbamos a conquistar, Hachinosu. Un gran piedra forma de calavera se encontraba en su interior, en el medio de la isla. Yo lo sentía, ese lugar me esperaba desde hace siglos, era algo que se me debía, esa isla sería la piedra angular de mi imperio y hoy, hoy daría el primer paso.
- Vamos a follarles ese culo pirata churrita -
Y yo le asentí a Nicolás. El humo explotó en mis tobillos y salí despedido hacia el mascarón del barco, era momento de desembarcar, era momento de escribir mi historia, ERA mi momento, esta sería mi ERA.
Soy el demonio que nació para dominarlo. Soy la noche que atormenta a los críos. Soy la ruina que aterra a sus mayores. La falta de dinero, oxígeno y sueños.
Soy Ashura.
La silla de mi camarote chirrió a la par que me reclinaba a hacia atrás.
Soy…
Susurré
Seré…
La palabra escapó de mi boca como un murmullo, como un deseo, como una intención, como lo que era.
Fui…
Y entonces recordé.
Los días siguientes al incidente de Sabaody habían invadido las noticias y las conversaciones del planeta, los sucesos que aquellos dichosos y tormentosos manglares habían presenciado azotaron a las lenguas como los látigos a los mulos de carga, apremiando a que se movieran y araran el ruido de un cuchicheo global. Según Korg – quién me había leído el periódico dada mi nula capacidad para las letras – Yugu dejó del combate porque no nos consideró los suficientemente relevantes (incluso siendo tres) como para enfrentarnos, tuvo que sumarse a la defensa de la isla contra un Yonko.
Un Yonko, había sacado información sobre lo que eran, los emperadores del mar. En plural, con s. Emperadores. Patéticos. El control es para uno, el mundo es para uno ¿qué son putos comunistas? No. Se. Comparte.
Tarde o temprano mi futuro y el de ellos se entrelazarían como dos gatos callejeros se matan por una rapa de pescado. Tarde o temprano acabaría con todos. Pero primero…
Primero tenía que parar, primero tenía que replegarme, primero tenía que pensar. Necesitaba tiempo, necesitaba mejorar, necesitaba entender a mi espada, la cual susurraba el nombre de Lily con un gélido aliento, sentía el frío de su filo susurrarme, casi había muerto, intentaba alejar ese momento, el frío que sentí… Las puertas que había abierto. Los gélidos vientos que coreaban mi nombre contra las paredes, que me ordenaban llevar o ser se llevado. El frío de esa espada tenía el olor de la muerte...
Aquella derrota total cambió mis planes temporalmente. Ahora tendría que parar, parar por nuestro bien, debíamos planear y urdir planes, pues a partir de aquí, como ya le había comentando al navegante, éramos los más débiles. Mis capacidades que hasta ese momento me habían convertido en un ser de leyenda, un demonio en esencia, habían palidecido hasta la llegada del Haki.
Y como ese nuevo poder había cambiado las tornas, yo también debía doblegarlo. Así fue como me perdí en mi mismo, durante mucho tiempo y acabé dejando de lados mis ocupaciones como capitán y llegué hasta el punto de que debía de llegar a dominarlo o perdería completamente la cabeza. El Haki se doblegó ante mi tesón, llegué a mejorarlo por fuerza bruta, mis reflejos se incrementaron y mis capacidades naturales de fuerza y golpeo también. Me sentía más poderoso, más fuerte, más yo, forje ese nuevo poder entre dolor y sangre, esta vez la mía propia. Pero todo eso no fue suficiente, también doblegué el frío que me susurro la muerte y me espada empezó a entonar réquiems a lo perdido, mi espada fue capaz de invocar el frío del infierno y gracias a ella pude descubrir que la podía hacerla más afilada, más poderosa, más letal.
En todo esto se basó mi tiempo, pues tenía que mejorar todas estas aptitudes y drenaron mi espacio, me encerraron en mi mismo, en cierto modo me volví loco y me centré, estaba centrado en mi y en mi espada. Estaba centrado en mejorar en ser el mejor y como tal debería encontrar mi espacio y mi lugar. Tenía una meta clara: dominaría el mundo y las metas no son imposibles, lo único imposible de ellas es que no seas capaz de entenderlas, de recordarlas y de reconocerlas.
Korg se había vuelto mi mano derecha, aunque él no lo supiera. Le había encargado una misión, debía recobrar la información de nuestro siguiente golpe mientras yo me volvía más fuerte. Y nuestra siguiente misión sería importante, azotaríamos el mundo desde los cimientos y lo haríamos quisieran o no quisieran aquellos que estaban en mi tripulación.
Una vez más, tras entrenar conmigo y conocer sus debilidades, como paso hace tiempo algunos desaparecieron. Una vez más era demasiado exigente, pero no por eso cambiaria, pero no por eso dejaría de apretar para conseguir mis objetivos.
Nuestro siguiente paso sería entrar en la cadena de mando del mundo, iríamos a conquistar un territorio pondríamos nuestra primera piedra sobre el mundo que levantaríamos de pena y dolor, todo esto, lo haríamos sin dudar y Korg me había dicho e insistido que un Yonko era demasiado... Así qué... Lo que deberíamos hacer sería enfrentarnos a algo menos poderoso, quizá, y solo quizá deberíamos elegir a uno de los que están debajo de su escala en el poder. Los Shichibukais, perros que tenían una correa atada por los putos fascistas de los marines, educados para recibir su ordenes y con capacidad para ser inmunes a sus tratados solo por sentarse y mover la cola cuando lo pidieran.
La incógnita estaba en si yo tomaría el lugar del tipo al que mataría... Era una duda bastante brusca, pues ambas opciones tenían su ventajas. Congelarían mi Wanted pero me dejarían ser un tirano donde quisiera y hasta cuando quisiera... Hasta que estuviera preparado para lo siguiente, el paso natural de mi ascensión a señor del mundo y de los mares. Mi lugar no era otro que el de convertirme en un Yonko y este paso solo era para acercarme un metro más a ese objetivo.
La investigación de Korg me había traído islas, opciones, enemigos. Pero había una, una sola que se había llevado mi corazón - y el de Nicolás - para convertirse en nuestra base de operaciones, en nuestro centro neuronal, en el lugar para que descansáramos después de las batallas y que protegeríamos con nuestras vidas... Y ese lugar no era otro que Hachinosu - o como quisiera que se llamara - La isla pirata por antonomasia, aquel lugar estaba defendido por un Shichibuakai, había mucha gente, un ejercito esperándonos y Korg me había avisado que igual moriríamos... Daba igual, ese era lugar que debería cimentar nuestro progreso y nuestro futuro, ese era el sitio que habíamos elegido para que nuestra banda prosperara, y sería allí donde lo haríamos, no veía otro lugar para nosotros.
Y así los días pasaron. Si yo tenía que enfrentarme a un ejercito, debería de ser un ejercito en primera instancia. Debería de ser un hombre lleno de problemas.
Mi arsenal había crecido, el humo que me conformaba era un arma letal contra mis enemigos, mi espada había crecido conmigo, y mis hakis... Mis hakis rezumaban poder. Si me encontraba con el viejo aquel que me enseño lo básico... Ahora sería yo quien le diera una lección... Igual podría hasta destruirlo si quisiera.
Mis arrugas se pronunciaban con el esfuerzo, todos los días eran sudor, sangre y esfuerzo. Mi espada se volvía más letal, mis pasos más pesados y mi humo más volátil, más especial. Nada era parecido a lo que había esperado. Un año atrapado en una selva, un año viajando y esos dos años me mandaron directo otros dos años para que tuviera que detenerme, para enseñarme que no era lo suficientemente fuerte como para enfrentarme al destino que esperaba, el destino que tenía mi nombre. La gloria tras la batalla, la sangre tras la muerte, el sudor tras el esfuerzo en esencia, ser Ashura.
Todo eso era lo que necesitaba, todo esto era lo que había deseado y mi ser, mi corazón, solo me pedía que lo hiciera cuanto antes, pero mi cabeza, pues la notaba cada día más aguda, más calculadora, más rápida, me repetía que esperara, que no era mi momento, que no estaba listo para progresar con tanta fuerza, que no podía seguir adelante sin pararme a meditar, sin saber cual era mi límite. Que partir de aquí todos serían como Yugu y cada combate sería una potencial entrada a la muerte, cada movimiento de mi espada decidía sobre si sería válido o será destruido. Solo eso era lo que hacía tambalear mi voluntad, que se forjaba por encima de los miedos de las personas comunes y volaba por encima de los cielos de las dudas que podían titubear redoblando a solas y sin permiso sobre mis pensamientos.
El Niebla, el buque que se había mantenido rodeado siempre por un halo de niebla nos permitía perdernos, acechar sin ser vistos y ser parte del mar, había sido nuestro hogar hasta que nos vimos completamente listos, completamente preparados para proseguir con el viaje. Yo nunca huyo, pero esta vez no habíamos huido, nos habíamos retorcido entre nuestro dolor y vísceras para volver más fuerte, para ser más claro, para estar más listos y preparados para lo que nos esperaba.
Y tenía que cuidarme de traidores, de aquellos que no querían mi bien, pues se que se podían encontrar en cualquier lado, incluso yo podría ser uno de ellos, incluso yo podría traicionarme, incluso yo podría ser una persona que se perdiera entre sus dudas para no apoyarme a mi mismo. Los traidores se irían a otro barco, solo por su debilidad, solo por que ellos no eran capaces de verse superiores en estos mares y se engañarían a ellos mismos, diciendo que la culpa era de un Dios inexistente que no les dejaba progresar, que les convertía en marionetas. Esos hombre débiles no progresaran ni en este mar ni en el siguiente, pues las reglas de navegación son las misma siempre y mientras ellos no vean su debilidad esa pequeña pero enorme traba a la vez siempre se encontrará en su interior, siempre se verá anidada en su estómago. Y nunca serán capaces de reconocer que fue su error y que ellos los cometerían peores si fueran Dios, pero yo les esperaría, como un padre a todos esos traidores que se marcharon, pues seguirían siendo débiles y tendrían que volver para reconocerlo. Y en mi solo habría pena no furia, porque significaría que todavía no habían aprendido nada, pues significaría que todavía no eran conscientes de la manera ilusa en la que ven el mundo.
Hubo un tiempo que tuve que encargarme de la compra de suministros, tuve que comprar municiones y armas para Korg, el cual estaba muy nervioso por que íbamos a enfrentarnos de nuevo a un mal superior. Pero ya habíamos estado mucho tiempo lamiéndonos las heridas, ya habíamos avanzado los suficiente, era el momento de que todo lo que habíamos preparado se diera. Así que compre la lista de la compra que me había pedido, al igual que él estaba haciendo un trabajo de investigación yo decidi que podía devolverle lo que me ofrecía.
El niebla de guerra aguanto en el mar durante bastante tiempo, parábamos en islas o comerciábamos con buques mercaderes de otros lugares, todo en pos de seguir avanzando, de conseguir que todo lo que habíamos hecho se fuera a bien, pero de todos maneras, nada de eso era relevante porque teníamos que seguir avanzando hacia nuestro objetivo, teníamos que seguir siendo más fuertes, que prepararnos. Yo sentía mi Haki avanzar y mis ojos se habían vuelto más agudos, se habían propuesto como algo más poderoso, al igual que mi cuerpo que había sido capaz de mejor de maneras abismales y ahora era capaz de recibirse con el armamento, tanto mi cuerpo como mi espada, todo estaba conectado y todo dirigía y apuntaba hacia el mismo sitio, hacia la gloria.
Pero todo este tiempo me cambio, mi mal humor se fue perdiendo, ya no era tan agresivo, era más comedido en mi cabeza se elaboraban planes, métodos de conquista, sueños que algún día dejarían de ser sueños para convertirse en el presente. Mi relación con Nicolás mejoraba, no es que fuéramos almas gemelas, pero me ayudaba, sabía que aquella derrota, que haber perdido contra Yugu había dejado en mi ser algo que no quería contar, una humillación que me sofocaba, quería llamar la atención de ese almirante para enfrentarme de nuevo contra él, quería que me buscara, que temiese el día de nuestro recuento y se me ocurría alguna que otra manera de conseguirlo, pero... Eso implicaba acabar con la vida de un Yonko y aunque no fuera fácil, sabría que podría conseguirlo, sabría que podría destruir a un Yonko, sabía que tarde o temprano llegaría mi momento para enfrentarme con él y sabía que podría destruirle hasta que lo que quedara de su legado estuviera pegado a mi espada en forma de sangre y huesos. Sabía todo eso de buena manera y no espera menos que conseguirlo, por eso mismo mis manos cada día se elevaban para buscar nuevas formas de dañar, cada día se enfrentaba de mejor manera para enfocar un entrenamiento, me sentía mucho más fuerte, mucho más fuerte que la vez que me había enfrentado a él, ahora era un ser que había pasado dos largos años enfrentando su debilidad y por ende me había convertido en algo mucho más peligroso, mucho más duro, solo tendí que saber enfocar toda la rabia y toda la ira que había estado acumulando todo este tiempo, solo tenía que ser yo. Si Yugo me había ignorado por un yonko la única manera de llamar su atención era convertirme en uno, esa era la verdad que no quería compartir con nadie.
Solo tenía que seguir sufriendo, sufrir para esparcir el sufrimiento un lema que espera que no tuviera que volver a repetir, una derrota que esperaba que no volviera a probar, pues siendo justos, el sabor de la derrota era algo que no me gustaba y que no estaba acostumbrado a sentir, aunque desde que llegué a Sabaody me había convertido en un ser que peleaba en las grandes ligas, aunque mi nombre no resonara con tanta fuerza como lo hacían otros, era un nombre que ya se tenía en cuenta, era una palabra que asustaba y respetaba a partes iguales, mi nombre: Ashura, ya no era solo un hombre, ya no era solo una intención, me había conseguido hacer hueco, en menos de un año había surcado el Grand Line, aunque Korg se hubiera perdido y solo hubiéramos estado en 2 de sus islas, me había convertido solo con dos incidentes de relevancia en un supernova. Había destruido una base junto a mi banda y había enfrentado a un almirante junto a dos don nadies. Y eso era mucho más de lo que esperaba, era mucho más de lo que sentía, pero aún así, era mucho menos de lo que merecía, pues me merecía el mundo, me merecía que los grandes reyes se arodillasen cuando pasara, esa era mi mayo intención, convertirme en algún día en el amo y señor de las cenizas que hubiera dejado a mi paso para gobernar, no espera menos.
Los hombres hablarían el futuro de un demonio que azoto los mares, de un ser que nadie pudo derrotar, que sumió el mundo en una era de oscuridad y miedo, en un futuro muy lejano, cuando mi legado estuviera extinto, cuando mi se hubiera acabado. Pero eso sería en un futuro muy lejano, en un lugar muy alejado de este, en los blues donde todo es intranscendente, donde los pequeños empiezan a soñar con ser pirañas, donde no pisamos los tiburones.
Hasta que el día llego, sin darme cuenta los días pasaron, viviendo en una vida de desdicha, de continuo entrenamiento, de martirio auto provocado, el tiempo se volvió volátil en mis manos, deje de contar los segundos. Empecé a pensar en toda una vida, en la que me quedara y lo que tardaría alguien en arrebatármela, pero si nadie lo hacía... Si esta vez no moría, las probabilidad de éxito se dispararían hasta cotas que ni siquiera yo sabría contar, el dinero llovería y yo sería el ser que habría deseado, la pena y la ruina condesada en un cuerpo humeante. Todo eso me estaba esperando, escondido en mi cofre en forma de mi armas y protecciones, todo lo que necesitaba ya lo tenía y todo lo que quería ahora se levantaba enfrente de mi como una roca esperando a que la doblegara. Mi tesoro, tras días de navegación estaba en mi cara.
Me encontraba en mi camarote encerrado, la brisa salina del mar azotaba sus puertas. Me acerqué a mi cofre y agarré todo lo que necesitaba, mi espada hiere almirantes, mi tanto, mi querida hoja del luto y la caracola. Todo lo que había conseguido en base al dolor que le había generado a los demás todo eso, lo podría usar para tener más dolor aún, por eso, juntando todo eso a Nicolás me prepare. Guarde en su guarda la espada hiere almirantes, a mi espalda atado a mi cinturón el tanto, mi katana, como siempre en mi mano diestra, desenfundada, la hoja del luto no merecía funda, no merecía ser ocultada. Atado al cinturón también Nicolás.
Había cambiado mis pantalones viejos por unos nuevos de cuero, había comprado un colgante de una calavera y tenía una nueva chupa de cuero que había cambiado por mi chaleco desgastado. Por eso, poco a poco había cambiado mi indumentaria, ahora era lo un corsario, ahora me enfrentaría contra los piratas más poderosos para controlar los mares, ya no era un simple bruto con una katana que atizaba sin preguntar. Ahora era un capitán pirata, conocido en más de un confín del mundo y como tal, y como Nicolás me había comentado, tenía que guardar una imagen.
Con mis nuevas ropas listas, y mi armas preparadas, era momento de doblegar a mis poderes. Llamé al humo, el cual estaba esparcido por mi camarote como una bruma, que me susurraba que matase, que quitase, que destruyese. Lo doblegué hasta que llegó a mi interior y volvió a mi forma que se perdía entre pequeños pulso pues hasta que lo había doblegado toda mi esencia estaba esparcida por mi camarote.
Con todo listo y preparado agarré una fuerte bocanada y me di un golpe en el pecho, mi mano sonó hueca y casi dejo una marca en el mismo. Era el momento, era la hora. Con pasos firmes y pesados me aproxime a la puerta y...
Dude, por un momento dude, mi mano pareció temblar pero, fue un momento fue fugaz, apreté el pomo y abrí la puerta. Frente al niebla de guerra se levantaba la isla que íbamos a conquistar, Hachinosu. Un gran piedra forma de calavera se encontraba en su interior, en el medio de la isla. Yo lo sentía, ese lugar me esperaba desde hace siglos, era algo que se me debía, esa isla sería la piedra angular de mi imperio y hoy, hoy daría el primer paso.
- Vamos a follarles ese culo pirata churrita -
Y yo le asentí a Nicolás. El humo explotó en mis tobillos y salí despedido hacia el mascarón del barco, era momento de desembarcar, era momento de escribir mi historia, ERA mi momento, esta sería mi ERA.
![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)
